Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2013

UN MUNDO IMPACIENTE. CORRIENDO HACIA UN FUTURO QUE DESCONOCEMOS



Sheina leoni (CV)
davidlee@adinet.com.uy

Resumen.
Vivimos en un mundo instantáneo, el célebre aviso de algunas propagandas televisivas se ha vuelto realidad: Llame  ya, el momento es ahora, no pierda su tiempo.
El vértigo nos consume y el futuro nos apremia, pero ¿podremos soportarlo?
¿Estamos preparados para vivir el presente y el futuro al mismo tiempo? Sociedades estresadas, inquietas, en las cuales todo dura muy poco parece ser  la regla, y cada vez más es visto como algo  normal. Un planeta que vive en una montaña rusa permanente cuya vuelta parece que no va a cavar nunca. La velocidad con que vivimos es una de la característica de los tiempos actuales, pero tal vez llegó el momento de bajar los cambios.
Quizá debemos reaprender a vivir más despacio y saborear el momento, paso a paso, como un niño que aprende a caminar y es feliz al lograrlo.
Lento, pero seguro…y especialmente  satisfechos con los objetivos que vamos alcanzando.
Tags: vértigo, incertidumbre, época, shock.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Leoni, S.: "Un mundo impaciente. Corriendo hacia un futuro que desconocemos", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Mayo 2013, www.eumed.net/rev/cccss/24/mundo-impaciente.html

Un mundo con prisa.
Apenas llegamos  de las vacaciones de verano, en casa se pusieron a preparar el siguiente descanso de invierno.
 Por suerte, podré adelgazar en solo  tres meses los kilos engordados, y quitarme las arrugas que me produjo el sol en diez días, para estar  en forma para el próximo viaje.
 Como hemos decidido hacerlo a Brasil, mi hija decidió aprender portugués en cuatro meses, así podría salir sola por todos lados sin ningún tipo de inconveniente al comprender el idioma.
¡Todo con rapidez, sin perder tiempo!
¿Pero qué es lo que estamos buscando? ¿Cuando perdimos  la capacidad de  disfrutar el momento y saborear la felicidad de vivir al día? No lo recuerdo, como tampoco encuentro en mi memoria el rostro de esa persona  que veo en una foto  mucho más descansada  y serena. Tiene algo parecido a mí, pero no estoy segura.
Y entonces, mientras me descubro en la feliz y apacible mirada del retrato, reflexiono:
 ¿Por qué corremos tanto, y hacia dónde vamos realmente?

Los profesionales opinan.
Hemos creado la cultura de la gratificación inmediata y esperamos que todo sea rápido, eficaz y a nuestro gusto. Si no sucede así, tendemos a frustrarnos e irritarnos cada vez más, lo cual es un síntoma de impaciencia. Como si fuera poco, los resultados instantáneos que obtenemos gracias  a los avances tecnológicos han aumentado y fomentado dicha conducta, extendiéndola a toda nuestra vida. Definitivamente, no queremos esperar los pocos instantes que tarda el elevador en llegar, el semáforo en ponerse en verde o la computadora en encenderse.
El famoso sociólogo Zigmunt Bauman  habla  del síndrome de la impaciencia, y señala que toda demora, dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad. La posición de cada uno en la escala jerárquica s e mide por la capacidad de reducir o hacer desaparecer por completo el espacio de tiempo que  separa el deseo de su satisfación.A su vez, investigadores científicos de la Universidad Furman  de Carolina del Sur, han descubierto el síndrome  de la aceleración; caracterizado por la intolerancia a cualquier tipo de espera.
La era del no compromiso.
El mismo sociólogo Bauman  nos muestra que vivimos en mundos líquidos: modernidad líquida, miedo líquido, amor líquido… Las sustancias liquidas tienen dificultades para conservar la forma, según plantea Bauman en sus diversas obras literarias. Esta metáfora es aplicable a nuestra situación actual social. En la actualidad nos encontramos con estructuras institucionales que resultan fugaces y transitorias, son liquidas. Sufren un continuo cambio de forma cuando se los somete a tensión. Esta fluidez crea incertidumbre, haciendo prácticamente imposible pronosticar lo que va a suceder y a que crisis nos vamos a tener que enfrentar próximamente.
En el pasado, había una modernidad sólida, los individuos se encontraban en situaciones más estables y duraderas. En la actualidad ocurre todo lo contrario, esa solidez se ha derretido, desapareciendo con ella muchos lazos tradicionales, derechos y obligaciones. Ahora un joven se encuentra en una situación de total incertidumbre, no sabe por qué camino anda o cual debería escoger ,la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles.

Cuando el futuro nos alcance
Alvin Toffler (Nueva York, 3 de octubre de 1928) es un escritor y futurista estadounidense  que edita en 1970 el libro :  “El shock del futuro”, que aunque nunca se logró comprender como un estudio serio y científico en su momento tuvo récord de ventas.
En este texto se plantea , que llegaría un momento en el cual  la ciencia iría tan rápido que el hombre se vería fatigado y oprimido al no poder afrontar los cambios con esa misma velocidad.
El mundo, sobre todo la sociedad desarrollada occidental, se vería minimizada, abrumada y conmocionada sin remedio ante la oleada de incesantes y rompedoras novedades socio-culturales, científicas y, sobre todo, tecnológicas.

Toffler no se equivocó. La evolución ocurre con tanta rapidez que lo enseñado hoy será inservible mañana.


¿Qué podemos hacer ante esto?
Difícil respuesta, tal vez seguir con lo que el mismo Toffler sugiere: Educar con vistas a saber anticiparse a lo venidero, ¿pero qué es lo venidero?
¿Nos   adaptaremos a estos cambios vertiginosos?
Pues deberemos hacerlo, o correremos el riesgo de padecer  la    desastrosa tensión y desorientación que provoca en los individuos un cambio excesivo en un lapso de tiempo demasiado breve.
Un mundo en permanente transformación
El futuro llegó y nos arrastra con el. Las personas debemos convertirnos en seres  infinitamente más adaptable y sagaces  que en cualquier época anterior. Debemos  buscar maneras totalmente nuevas de vivir, pues todas las viejas raíces —religión, nación, comunidad, familia o profesión sienten ahora el golpe del cambio.
En pocas palabras , es hora de que comprendamos que estamos en la era de la transitoriedad, de la incertidumbre, en una nueva temporalidad de la vida cotidiana.
Es el momento de tomar  ya la rienda de nuestro destino, de nuestra vida, de aprehender el tiempo y el espacio y manipularlos dentro de nuestras expectativas. De lo contrario, no deberemos correr hacia el futuro, porque secillamanete, ya no existirá.