Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2012

LOS HOLGUINEROS Y SU REPRESENTACIÓN SOCIAL: UN ACERCAMIENTO A SU ESTUDIO




Iliana Betancourt Chacón (CV)
ibetancourtch@gmail.com

 


Resumen
El artículo analiza la manera en que las características de los habitantes de la provincia Holguín han evolucionado a través de las diferentes épocas y acontecimientos del territorio. Un ejemplo de ello es la formación socio clasista de la población, apoyada en una economía de plantación a mediados del siglo XVIII. Para sustentar la prevalencia de algunos rasgos de la población holguinera, se recurre a la categoría de representaciones sociales, la cual encuentra sus orígenes en la obra del sociólogo francés E. Durkheim. Se realiza un recorrido por los escritos de los holguineros referidos a su representación social como antecedentes al tema tratado y se concluye con características que prevalecen en dicha población.

Palabras claves: Representaciones colectivas,representaciones sociales, holguinero.




Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Betancourt Chacón, I.: "Los holguineros y su representación social: un acercamiento a su estudio ", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Mayo 2012, www.eumed.net/rev/cccss/20/

Introducción
Los procesos de conquista y colonización iniciados en octubre de 1452, dieron paso a la fundación de las primeras villas cubanas. El desarrollo particular de estas poblaciones, conjugándose luego con factores económicos y sociales; proporciona características específicas a sus habitantes. Entre estos factores se encuentra la trata negrera en territorios como Santiago de Cuba, donde la mayoría de la población es negra. En el caso de Holguín, el desarrollo económico no estuvo determinado por las grandes plantaciones azucareras, sino que se caracterizó por tener una esclavitud mayoritariamente doméstica, con prevalencia de personas blancas.
De forma general, cada una de las provincias posee características establecidas por múltiples factores que las hacen diferentes de las demás regiones del país. Esta diferencia generada de la fusión de hechos desde el siglo XV hasta la actualidad, no deja de estar en constante modificación y enriquecimiento. Desde épocas tempranas se encuentran valoraciones como la realizada por N. Joseph de Ribera en 1756, donde especificó: a Sancti Spíritus el gozo “de un temperamento bellísimo”; a Puerto Príncipe lo retrató como “muy aplicado al trabajo”; de Santiago proclamó el ser un “pueblo de gente bien civilizada”, gozador ‘de buen temperamento’ y a Holguín lo reflejó como un “pueblo hermoso de poca antigüedad y de temperamento novelístico”.1
Al mezclar esta imagen de particularidad en cada territorio, con las bases teóricas y conceptuales de las representaciones sociales, se pueden mostrar las características que diferencian a un holguinero de otro cubano aunque sea oriental también. De esta manera, tradicionalmente cuando se habla del individuo de esta región se alude a una persona blanca, con ciertos comportamientos aristocráticos y presencia de prejuicios raciales. Esto puede asociarse a la formación socio clasista de la provincia de Holguín, sus formas de hablar y de comportarse específicas que significaban cierto status social en otra época y que se han mantenido como parte de la representación social del holguinero.
En este escrito se hace referencia al habitante de la capital provincial, heredero de aquel período y no incluye al residente en municipios adyacentes, el cual es resultante de otros factores económicos y políticos, por lo cual tiene poca similitud con estas características. Por ejemplo, los municipios de Moa, Mayarí y Sagua de Tánamo, pertenecientes a la provincia después de la División Político-Administrativa de 1976, incorporan incipientemente la herencia de esta región.  
Partiendo de la diferenciación del holguinero del resto de los cubanos, se recurre a las bases epistemológicas de las representaciones sociales, esenciales para entender la construcción de un pensamiento colectivo sobre una colectividad determinada.

Acercamiento a la categoría representación social.
Los primeros antecedentes de esta categoría se encuentran a fines del siglo XIX, cuando en el año 1898 el sociólogo francés E. Durkheim expone el concepto de “producciones mentales sociales” que se forma en las colectividades. Este concepto constituye una forma de expresión de la relación de los individuos con las sociedades y sus contextos, lo cual influye en las prácticas sociales como sistema cultural de esos grupos. Según E. Durkheim las representaciones colectivas constituyen: “...producciones mentales colectivas que van más allá de los individuos particulares y que forman parte del acervo cultural de una sociedad (…) y sobre estas representaciones se forman las representaciones individuales que no son más que su expresión particularizada según las características concretas del sujeto”. 2
Esta definición se erige conociendo la relación entre el ser social y su contexto, resumiendo así, la significación que le atribuyen los individuos a su medio, con sus significados y sentidos específicos. Las representaciones colectivas mantienen diferencias con las representaciones individuales; las primeras nacen en la mente de cada ser social pero dependiendo de las representaciones colectivas.
Después que E. Durkheim formulara este concepto, surgen diversos estudiosos, escuelas y teorías sociológicas, que plantean concepciones teóricas relacionadas con ella y que regirían las representaciones sociales. Entre los estudiosos se encuentran a G. de Tarde (1843-1904), el cual propuso que la psicología social se hiciese cargo del estudio comparativo de las conversaciones. Entre las escuelas se destaca la psicología evolutiva con representantes como J. Piaget, y la Escuela de Ginebra, quienes plantean que dentro de las etapas de evolución de la inteligencia del niño, primero se representan los objetos que le rodean para luego poder nombrarlos. El Interaccionismo Simbólico también presenta elementos afines con la Teoría de la representación social, la cual le concede especial atención al significado atribuido a los fenómenos sociales.
Con independencia de las críticas que se exponen a esta teoría existen defensores de sus planteamientos, aunque no se excluyen los ataques a sus bases teóricas. Al respecto, E. Lamo, J. González y J. Torres, (1994) plantean que:
…la representación colectiva siempre es verdadera, a pesar de atribuir con frecuencia propiedades falsas a las cosas desde un punto de vista objetivo. Las representaciones colectivas y las categorías conocimientos son plenamente reales, por cuanto rigen la vida colectiva, ante todo, porque la organización del mundo, la clasificación de las cosas, la unidad del conocimiento, es, en su fundamento, la clasificación, la organización de los hombres, la unidad de la sociedad.3
No fue hasta la década de los 60, al tomar auge los aportes de la psicología social, que aparece el concepto de representación social, contribución de S. Moscovici en su Tesis Doctoral "El psicoanálisis: su imagen y su público", en París, 1961. Luego de varios años de estudios donde toma como base la manera en que la sociedad francesa ve el Psicoanálisis, mediante el análisis de la prensa y entrevistas en diferentes grupos sociales, S. Moscovici enfatiza la infinidad y pluralidad de las representaciones en el grupo. De esta manera, el grupo centra su interés en los procesos creativos y en la generación de nuevos contenidos llenos de sentido, que surgen de la transformación de las configuraciones sociales y mentales, las que están en constante proceso de elaboración.
Los planteamientos de S. Moscovici comienzan a tener aceptación en Europa a partir de la década de los 70, principalmente por una de sus mayores continuadoras: Denise Jodelet, la cual posteriormente reelabora este concepto, definiendo las representaciones sociales como:
…informaciones, imágenes, opiniones, actitudes, etc. Dicho contenido se relaciona con un fin, un trabajo a realizar. Pero también se define como una relación entre sujetos: es la representación que se forma un sujeto de otro sujeto. La representación social no es un duplicado de lo real o de lo ideal, ni la parte subjetiva del objeto, ni la parte objetiva del sujeto: es la 'relación' del hombre con las cosas y los demás hombres.4
La investigadora cubana S. Morales (2001), plantea aproximaciones conceptuales de las representaciones sociales, pero profundiza en la función de este concepto en el comportamiento de los individuos en el medio social.

  • Constituyen una forma de interpretación de los hechos cotidianos y una vía más para captar el mundo concreto.
  • Se sustentan por el sentido común, constituido a partir de la experiencia, las informaciones y los modelos de pensamiento recibidos y transmitidos a través de la tradición, la educación y la comunicación social.
  • Están influidos por la pertenencia de los sujetos a determinados grupos y surgen ante la necesidad de explicación de los sucesos de la vida cotidiana.5

En estos apartados la autora citada sintetiza la manera en que las representaciones sociales guían las percepciones del ser social y ayudan a interpretar la vida cotidiana en dependencia del estatus obtenido por el individuo y de su contexto social. Sin embargo, este trabajo se regirá por la definición expuesta por la trabajadora social costarricense S. Araya, en el cual se fusionan las ideas que plantea D. Jodelet y S. Morales. La definición propuesta por S. Araya responde por una parte a qué son las representaciones sociales, desde lo teórico, pero también expresa la relación de este concepto con la realidad de cada ser social, la autora enuncia que:
Las representaciones sociales constituyen sistemas cognitivos en los que es posible reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una orientación actitudinal positiva o negativa. Se constituyen, a su vez, como sistemas de códigos, valores, lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores de las prácticas, que definen la llamada conciencia colectiva, la cual se rige con fuerza normativa en tanto instituye los límites y las posibilidades de la forma en que las mujeres y los hombres actúan en el mundo. 6
Las concepciones teóricas, hasta aquí expuestas, facilitan la interpretación de las características actuales del holguinero. Estas particularidades son expresión del proceso histórico social vivido por los habitantes de este territorio. Las representaciones sociales brindan las herramientas necesarias para analizar y comprender las percepciones que tienen los pobladores tanto del propio Holguín como fuera de este. Tomando como sustrato dichas apreciaciones se logra la imagen del holguinero actual.
Una vez valoradas las propuestas epistemológicas esenciales sobre las representaciones sociales se realizará un recorrido por las particularidades del holguinero, analizando así cada una de ellas en su respectivo contexto.

Caracterizaciones sobre el holguinero.
En las obras de D. de Ávila y Del Monte, H. Leyva, J. Albanés, R. Varona y sin olvidar a J. García Castañeda, se encuentran acercamientos a la representación social del holguinero. Actualmente la provincia cuenta con varios investigadores como J. Vega, J. Abreu, J. Novoa, H. Pérez C., entre otros que se han ido sumando a la tarea de construir la historiografía local. El territorio cuenta con publicaciones periódicas como son las Revistas Ámbito y Diéresis donde salen a la luz estos resultados; además de los Suplementos especiales editados en fechas conmemorativas de la Ciudad.
En el curso 1991-1992 se realizó un trabajo de diploma titulado: “Caracterización socio-psicológica del holguinero de 1752-1898”, de G. Feria, en el cual se hace una fragmentación del período estudiado. La autora delimita un primer momento comprendido entre 1752, año de fundación de Holguín como ciudad, y 1800 aproximadamente, donde el holguinero comienza a manifestar sentido de pertenencia por el lugar donde habita y no como cubano, es muy amante a su localidad, a su tierra. Como segunda fase a partir de 1801 a 1898, donde ya el holguinero siente como cubano, es decir, se identifica con los problemas de la nación.
Como conclusiones generales de esta investigación, G. Feria declara las siguientes peculiaridades del holguinero de mediados del siglo XVIII y finales del XIX:

  • El pequeño y medio propietario, blanco, agricultor y ganadero es el signo característico de Holguín en lo referente a lo socio-clasista.
  • La pobreza cultural y socio-económica provoca una pobre espiritualidad en la población.
  • Estas características son un reflejo del marco socioeconómico e histórico de la región y forman parte de la idiosincrasia del holguinero y se integran a las raíces de nuestra nacionalidad.

Estas conclusiones sobre el holguinero, están influidas por el contexto social de la época. Algunas de estas características han persistido como representación de los habitantes de esta región oriental, como puede ser el color de la piel, preferentemente blanco. La “pobreza cultural” fue quedando atrás, a medida que surgieron espacios de reproducción cultural como fueron las sociedades de recreo y el teatro. Estos eventos culturales, preferentemente para la pequeña y mediana burguesía, generaron efectos de superioridad, sobre todo por el color de la piel, su ascendencia canaria unido a los privilegios que esta brindaba sobre los negros y mulatos aunque fueran libres. El holguinero blanco, de estirpe burgués y con acceso a la máxima expresión de la cultura en la época, marcaron las principales representaciones que han perdurado a través de los siglos, unida a la tenencia de prejuicios raciales expresados actualmente a través de cuentos, chistes, refranes, comentarios, vivos en la conciencia popular.
Después de logrado el desprendimiento de Holguín de la Villa de Bayamo, comienza la unión de sus habitantes al interior de la región dando origen a ciertas peculiaridades de “aquellos hatos y corrales iniciales (…) se fueron fraccionando progresivamente en pequeñas propiedades. La pequeña propiedad marcará el rumbo económico y las características peculiares más esenciales de esta zona”7 . El desarrollo económico de la jurisdicción fue dejando huellas en todos los sentidos, expresado en “los índices demográficos, que durante los siglos XVIII y XIX indicarán del 70 al 80 % de población blanca y del 20 al 30 % de población negra y mestiza libre y de color” 8, específicamente “La población de Holguín en 1752 era de 1426 habitantes. De ellos 1291 eran blancos y 135 negros esclavos”.9 En este dato se manifiesta la diferencia significativa entre la cantidad de blancos y negros, situación que se mantuvo durante muchos decenios después, lo que originó arraigadas representaciones sociales con respecto al negro, siendo ésta una de las consecuencias por las que aún se le reconoce al holguinero como racista.
A nivel territorial esta es la causa fundamental del racismo como una de las principales representaciones del holguinero, presente en la isla desde las guerras por la independencia. El racismo en Cuba ha sucedido en diferentes etapas de la historia nacional y a pesar de las medidas que ha tomado el gobierno revolucionario en diversos momentos no se ha podido eliminar. 10
En el habla popular se representa esta característica holguinera como racismo, sin embargo, las manifestaciones de perciben a través de los prejuicios raciales. Los términos prejuicios raciales y racismo son cuestiones polémicas en Holguín. La explicación a ciertos comportamientos se debe a la “idea bastante extendida en la conciencia social de que el prejuicio racial es negativo o al menos inaceptable, por lo que de declararse abiertamente racista puede afectar la imagen que se quiere ofrecer”. 11
Pero en realidad ¿qué es el racismo?
fenómeno netamente social, derivado de las relaciones interraciales, generador de prejuicios, y estructurado a partir de dos elementos consustanciales; uno constituido por un cuerpo de formulaciones teóricas (concepto de raza, función social de esta, naturaleza de las características psicológicas y culturales, etc.); el otro por la práctica social de tales postulados e identificado con el término de discriminación racial.12
Partiendo de esta concepción se puede afirmar que: “en el campo de las ideas o creencias, [el racismo] tiene una proyección específica a través del prejuicio racial”.13 Y el prejuicio racial es entendido como “un fenómeno socio-psicológico del comportamiento humano, una actitud que se forma en el proceso de socialización del individuo y en la asimilación de la cultura de su entorno, al entrar en contacto con la realidad (…) en dependencia de las normas y valores de su colectividad”.14
Como dijera J. Claude: “(…) si las representaciones son determinadas por las normas y valores, por la historia del grupo y su memoria colectiva, por sus matrices culturales de interpretación, también lo son por el conjunto de conductas, pasadas o actuales de los actores sociales”.15 Esta es una de las causas por las cuales todavía hoy día el holguinero posee prejuicios raciales y es tildado de “racista”, como se le designa popularmente.
Uno de los libros que han marcado la historiografía local: “La municipalidad holguinera” de J. García, se hace referencia al holguinero de la primera mitad del siglo XVIII:
(…) la  formación mental del Holguinero, quienes a pesar de ser bayameses de origen, se desarrollaron mentalmente en sentido opuesto al de su progenitora debido al aislamiento en que vivían los ocupantes de la Costa Norte, por la falta de vías de comunicaciones, que les hacía no tener tratos ni con la Villa a cuya jurisdicción pertenecían, excepto las visitas que una vez al año les hacían sus “Justicias”, en cuya situación de aislamiento se mantuvieron hasta el 1719-1720 en que fundaron su pueblo. 16
Este “aislamiento” ayudó a mantener la diferencia de los naturales de estas tierras. Una vez fundada la Villa de San Isidoro de Holguín, se logra una mayor unión hacia el interior de la población y superior autonomía en sus funciones en cuanto a que ya no dependían de Bayamo y comienza a nacer el sentido de pertenencia hacia la localidad. Es de esta manera en que mantiene otra de las principales características por las que el holguinero de hoy día se autoidentifica: gran sentimiento de pertenencia hacia su territorio.
Después de este período de la fundación de la Villa hasta mediados del siglo XIX, no se ha encontrado, dentro de la bibliografía consultada, ninguna referencia que indique características distintivas del poblador de estas tierras. No fue hasta la publicación de “La municipalidad holguinera…” donde su autor señala las singularidades del ser social de esta región de la siguiente manera:
Siendo esta falta de educación causa de nuestros vicios, el juego y la prostitución, los que nos hacen más insociables, menos educados aún de lo que somos, más groseros y más huraños, más egoístas y más vanidosos, al extremo de hacernos trabajar sin procurar honestidad, el vivir sin finalidad, independientes del medio ambiente que nos rodea, al caminar por nuestras calles con la cabeza baja. 17
J. García exalta los males de la sociedad cubana en esa década, tomando como ejemplo la ciudad de Holguín y sus moradores. Actualmente, muchos de esos males se han erradicado, lo que no quiere decir que no existan representaciones negativas del habitante de estas tierras. Existen muchos orientales que piensan del holguinero como una persona que no es capaz de ofrecer un vaso de agua al caminante, que no saluda en su andar y que sus rasgos refinados obstaculizan la comunicación. Estos son algunos de los rasgos negativos más sobresaliente de la representación que otros habitantes de la isla poseen del holguinero.
Se han encontrado varios artículos donde se aprecian diferentes características del holguinero del siglo XX, por ejemplo en la Revista Ámbito, G. Pérez publicó “La holguinera costumbre”. En esta publicación el autor formula una serie de respuesta a la conducta del holguinero teniendo como justificación determinados hechos históricos que han tenido lugar en la provincia. Una de las características que ve en los habitantes de este lugar, es que se cree el gran iniciador, el elegido, debido a:
(…) que en sus arenas se produjo el Encuentro con el Viejo Mundo en 1492, sus aguas fueron las de la Aparición, en 1606, a Rodrigo y a los dos Juanes, de quien hoy es considerada la Patrona de Cuba, en la más grande bolsa del mundo, la bahía de Nipe, ubicada a su vez por antítesis, en el municipio de Antilla, el más pequeño de la Isla. 18
Estas coincidencias geográficas pueden haber producido en los holguineros cierto sentimiento de orgullo por su tierra, aunque existan muchos que no acepten al holguinero como orgulloso, principalmente los propios holguineros. Existen algunos que sí creen en esta característica, como es el caso de F. Parra quien expresa: “Orgullosos de su estirpe, los holguineros gustan de comparar a su ciudad con lo mejor del mundo”.19 Quizás la calificación de orgullosos sea otorgada desde hace dos siglos atrás debido a que:
Holguín fue la ciudad que más generales puso al servicio de las guerras de independencia del siglo XIX, por lo cual fue considerada ‘la Nodriza de la Revolución’. Las arterias de este tejido urbano vieron nacer en 1839, a quien la historia conoce, como el General de las Tres Guerras: Calixto García Íñiguez. 20
Este orgullo es muy diferente a vanidad, a suficiencia. Es sencilla demostración de respeto por la tierra en la que nacieron hijos ilustres en diferentes etapas históricas y campos específicos. Más adelante el autor califica a Holguín como:
(…) pueblo jactancioso, metafórico, presumido y altivo por excelencia. (...) de fuerte arraigo al terruño, grande es el sentido de pertenencia, (...) fiel continuador de tradiciones, (...) fabulador, imaginativo. (...) Ecléctico como su arquitectura, a veces peca de arcaico, al persistir en él cierta tendencia al conservadurismo que lo muestra aldeano".21
La pedantería que hace alusión el autor, puede contrarrestarse si se logra interactuar con algún holguinero, diestro en las atenciones hacia los demás, honesto si de orientaciones a extraviados de trata, gentil al conducir a sus invitados. Según G. Pérez, el holguinero tiene una manera de hablar peculiar, "en lo coloquial, es de habla pausada y cordial. El hombre de aquí, al hablar no canta como el habanero, ni grita como el santiaguero. El común holguinero fabula, y está más europeizado que africanizado". 22
Aquí volvemos a las raíces, a Europa, a España. La población holguinera no puede estar africanizada cuando la herencia que recibimos de ese continente fue escasa, en cuanto a número de habitantes para legarnos sus tradiciones, sus santos y leyendas. Hoy se guardan reliquias como la Tumba francesa en Sagua de Tánamo, justamente uno de los municipios del este que no asumió los procesos históricos dados en el centro de la actual provincia de Holguín.
Al unirse todas estas características del holguinero puede hablarse de una fuerte representación, tanto de los propios holguineros como de otros cubanos al hablar de los habitantes de esta provincia. De esta manera afloran las funciones de las representaciones sociales que, según J. Claude Abric, la primera es la: “constitución de un saber común, la de la orientación de las conductas y comportamientos, la tercera función: constitución y refuerzo de la identidad, y por último la justificación de los comportamientos y de las tomas de posición”.
En estas funciones quedan resumidas las actitudes generadas frente a una persona o cosa representada. La primera función responde a que todos los holguineros mantengan un grupo de características que para ellos es invariable, que los identifica del resto de los cubanos. Estas características no son exactamente las mismas que tienen las personas de otras provincias sobre el holguinero, siendo las  negativas las que prevalecen. En dependencia de la representación que posean las personas del holguinero, ya sea positiva o negativa, generará comportamientos específicos dirigidos al poblador de esta provincia.
Sólo queda ofrecer una última caracterización del holguinero desde la visión del historiador de la ciudad, enlazando virtudes y defectos:
Ante todo pienso que el holguinero es una persona crítica, también emprendedora, renovadora. Esa creación constante lo lleva a la búsqueda de lo novedoso, y desde mi punto de vista –el de un conservador, dispuesto siempre a preservar– a veces llega a ser dañino, porque puede atentar contra un patrimonio tangible23 .
En el año 2006 se realizó un trabajo de diploma sobre el tema en el que se aplicaron diversas técnicas de la investigación cualitativa a dos muestras: una de ellas a holguineros y la otra a personas que, a pesar de haber nacido en otras provincias, conocieran a los pobladores de la región. Cada una de las muestras fueron divididas por sexo y grupos etáreos. Al finalizar la investigación se llega a las siguientes conclusiones24 :

    • Se puso de manifiesto que algunos de los rasgos socio-psicológicos del holguinero de otros tiempos, aún se mantienen en la actualidad. Estos son: gran sentimiento de pertenencia hacia la localidad, poco comunicativos, individualistas y presumidos. Los rasgos expuestos con anterioridad se manifiestan como estables y constituyen una característica distintiva del holguinero actual.
    • El holguinero de hoy –tanto jóvenes como adultos– se identifica como: presumido, arraigado a la tradición, educado y con prejuicios raciales.
    • Las diferencias distintivas entre los holguineros jóvenes y adultos, acerca de su propia auto-percepción se manifiesta en que los primeros se califican como regionalistas, orgullosos, de habla pausada y cordial, conformistas, con creencias religiosas, materialistas, pesimistas, informales y elitistas; mientras que el segundo grupo se identifica como comunicativos, solidarios, espiritualistas, optimistas, formales y responsables.
    • Los naturales de otras regiones de Cuba, tanto jóvenes como adultos, coinciden que el holguinero es: regionalista, hace alarde de méritos que se atribuye, presumido, arraigado a la tradición, orgulloso, con prejuicios raciales, educado, materialista, elegante, aristocrático, citadino, con alto nivel de aspiraciones, formal, responsable y elitista.
    • El holguinero debido a su formación etno-social, por la raíz hispánica de su población, predominantemente de la raza blanca, mantiene una mentalidad permeada por el prejuicio racial, aunque de forma muy velada o intimista.
    • En el holguinero actual sobreviven rasgos como el refinamiento, modales “aristocráticos” y elitistas, herencia de otra época histórico-social, cuando tales rasgos expresaban una aspiración social o una pertenencia clasista y que en la actualidad se trasmutan a través de la elegancia al vestir, el habla pausada y cordial y en un alto nivel de aspiraciones.
    • El holguinero ha mantenido como herencia de su fondo socio-cultural un marcado conservadurismo, demostrado en las respuestas ofrecidas por los adultos naturales de Holguín.
    • Uno de los rasgos socio-psicológicos más distintivos del holguinero es su gran sentido de pertenencia, como revelación de un orgullo especial por ser o sentirse holguinero.
    • La auto-identificación de los holguineros adultos como solidarios, comunicativos y espiritualistas, no se corresponde con la visión que expresan los de afuera, quienes consideran al holguinero un ser individualista, poco comunicativo y materialista, es decir todo lo contrario, por lo que se puede afirmar que tales diferencias denotan una alta auto-estima en el holguinero adulto y un bajo nivel auto-crítico ante sus propias defecciones.
    • A pesar de no ser calificados como descuidados con su entorno, el holguinero sí lo expresa en la vida cotidiana.
  • Los criterios de los especialistas, en relación con el perfil socio-psicológico del holguinero de hoy, coinciden en los siguientes aspectos: diferencian al holguinero “histórico” con tradiciones hispánicas expresada en su manera de hablar, se manifiesta elitista, conservador y cierta ética en su comportamiento, elegancia al vestir y expresiones de prejuicios raciales notorios en el habla popular; por su parte el holguinero actual lo muestran como resultado de los “movimientos migratorios actuales” y la División Político Administrativa de 1976, es autosuficiente, creído y poco autocrítico.

1 Novoa Betancourt, J. Nuestras Raíces Regionales, una vía de autoafirmación. Revista Ámbito, Holguín, (Agosto): 2, 1990.

2 Knapp, E., Suárez M., y Mesa, M. Aspectos teóricos y epistemológicos de la categoría representación social. Revista Cubana de Psicología, 20, (1): 23–34. 2003.

3 Lamo, E., González, J. y Torres, J. Durkheim y la escuela francesa, en: Sociología del conocimiento y de la ciencia. Alianza Editorial. 1994

4 http://galeon.hispavista.com/pcazau/index.htmn Jodelet D., La representación social: fenómenos, concepto, teoría.

5 Morales, S. (2001). El negro y su representación social. Aproximación a la estructura social cubana actual. Ciencias Sociales. p. 39.

6 Araya, S. “Las representaciones sociales: Ejes teóricos para su discusión”. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), 2002, (versión digital).

7 Legón, R. Un Problema de Nuestra Historiografía: Zonas Culturales en Holguín. Ámbito, (Abril), 5.

8 Ibid.

9 Ibid., p. 2.

10 Ver: De la Fuente, A. (2005) “Un debate necesario: raza y cubanidad” en La gaceta de Cuba # 1.

11 Alvarado, J. “Relaciones raciales en Cuba. Notas de investigación” en Temas # 7, 1996.

12 Pérez, M. (1996) “Los prejuicios raciales: sus mecanismos de reproducción”. Temas (7), p. 45.

13 Ibid.

14 Ibid.

15 Abric, J. Claude. Prácticas sociales, representaciones sociales. En: Abric, J. Claude (comp.). Prácticas Sociales y representaciones. México D. F., Ediciones Coyoacán, 2001. (versión digital).

16 García, J. A. (2002). “La municipalidad holguinera. Su creación y su desenvolvimiento hasta 1799”. Holguín: Ediciones Holguín. p. 90.

17 Montejo, M. Suplemento Especial en ocasión del Aniversario 460 del Hato San Isidoro de Holguín. Entrevista realizada a Hiram Pérez Concepción historiador de la Ciudad. ¡ahora!, 2 de abril, 2005: 4.

18 Pérez, G. La Holguinera Costumbre. Revista Ámbito, Holguín: 18 (jul-sep) 2001.

19 Parra, F. Rescate por un Aniversario. ¡ahora! Suplemento Especial en ocasión del Aniversario 460 del Hato San Isidoro de Holguín. Holguín, 2 de abril, 2005: 5.

20 Pérez, G.  Op. cit

21 Ibid.

22 Ibid, p.19.

23 Montejo, M. Op. Cit.

24 Betancourt, I. “Aproximaciones al estudio de los rasgos socio-psicológicos del holguinero de hoy”. Tesis en opción al título de Licenciada en Estudios Socioculturales. Holguín. 2006. (Inédita)

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