Contribuciones a las Ciencias Sociales
Junio 2012

VIGENCIA DEL PENSAMIENTO MARTIANO EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO ACTUAL

 

Eyedelkis Medina García (CV)
eyedelkism@fcs.cug.co.cu
Ileana Jáñez Reyes (CV)
ileana@fcs.cug.co.cu
Maricel Batalla Barcelay
mbatalla@fcs.cug.co.cu
Ricardo Rey Riquenes (CV)
rriquenes@fcs.cug.co.cu
Universidad de Guantánamo

 

 

RESUMEN
Los países menos favorecidos de América Latina se resisten a las nuevas recetas económicas impuestas por las naciones más ricas, y se enfrentan a un peligroso contexto internacional asociado a notables cambios que están produciéndose en las concepciones sobre relaciones políticas internacionales, como parte de las acciones impulsadas por las principales potencias para estructurar un nuevo orden mundial acorde con los fines a que aspiran.
Ante los desafíos del mundo unipolar donde el imperialismo impone su recetas intentando hacer perdurar su sistema y donde la realidad es cada vez más cruel para la América  Latina, es apremiante el surgimiento de alternativas que solucionen la situación, por lo que se hace más preciso el reordenamiento político, y nuevos movimientos e ideales revolucionarios. Entre ellos es clave el ideario martiano. Su estudio es parte constitutiva y consultiva del pensamiento y la acción liberadora en defensa del desarrollo armónico de todos los países del continente
En el presente trabajo se defiende el criterio de que es tarea prioritaria para los pueblos latinoamericanos el conocimiento de la obra martiana, que en las condiciones de la lucha actual es necesario divulgar más su pensamiento porque desde la época en que vivió avizoró muchos de los problemas de hoy, advirtiendo tempranamente que las potencias imperialistas imponen referentes que no solucionan los problemas; por lo tanto -por su autenticidad y vigencia- es una de las plataformas de pensamiento más coherentes de las que disponemos para sostener y encauzar las ansias redentoras por un mundo mejor.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Medina García, E.; Jáñez Reyes, I.; Batalla Barcelay, M. y Rey Riquenes, R.: "Vigencia del pensamiento martiano en el contexto latinoamericano actual", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Junio 2012, www.eumed.net/rev/cccss/20/

INTRODUCCIÓN
Hay hombres que nacen para dignificar y hacer crecer la historia de la humanidad, que se alimentan con la savia de muchos retoños y de las mejores tradiciones patrióticas de sus pueblos; hombres incondicionales, entregados por completo al deber que les impone la época  en que les toca vivir, entre ese grupo de  ilustres hombres, debemos destacar al Héroe Nacional cubano: José Martí.
Analizar aspectos de su vida tan integral y completamente dedicada al mejoramiento humano, de su obra escrita, y de su pensamiento revolucionario es un compromiso legado por la Patria que se radicaliza ininterrumpidamente como tarea obligada para nosotros los cubanos y (por extensión del deber) para todos los latinoamericanos y revolucionarios del mundo.
En las difíciles condiciones en que se desarrolla la vida de millones de personas del mundo de hoy, donde la distribución de las riquezas es completamente desigual y donde el imperialismo a través de sus políticas y leyes apabullantes impone sus recetas para saquear a las naciones menos favorecidas, se hace cada vez más necesario el resurgimiento de reflexiones revolucionarias, que propongan la paz y la justicia social como metas urgentes e inmediatas para la humanidad.
En este sentido nadie como Martí puede guiarnos en el empeño de enfrentar los retos para contrarrestar al imperialismo norteamericano, ya que el fue el primero que lo caracterizó y denunció públicamente. Su pensamiento transciende y se convierte hoy en guía para la lucha universal dirigida a hacer posible ese mundo mejor al que aspiramos, y constituye un símbolo imperecedero para convocar al protagonismo activo de las luchas liberadoras que desarrollan  los pueblos oprimidos
El valor de las ideas martianas es inconmensurable porque son emanadas de toda una vida dedicando toda su inteligencia y energía para develar a sus contemporáneos y las generaciones posteriores los caminos para labrar un destino mejor, y enseñó con su ejemplo personal las maneras de luchar, en cualquier escenario oportuno, por lo que no cultivó en vano.
La historia de la lucha revolucionaria que a nivel mundial se está llevando cabo por un mundo mejor es una muestra de la actualidad del pensamiento martiano, la constatación de su influencia y de su permanencia en esta generación 150 años después de su nacimiento. La obra escrita de José Martí es una fuente de consulta obligada para todos los humanistas y revolucionarios del continente americano.
Constituye objetivo esencial de este trabajo demostrar con argumentos concretos que los pueblos de la América Nuestra  tienen en el conocimiento de la obra martiana un referente paradigmático para la lucha que hoy libramos. Es necesario divulgar más su pensamiento y su obra para descubrir su genialidad, que desde época temprana le permitió avizorar muchos de los problemas políticos y socioeconómicos que nos afectan actualmente. José Martí pudo ver desde muy temprano que las potencias imperialistas nos imponen modelos que para nada solucionan los graves problemas de nuestros pueblos. Por lo tanto, por su autenticidad y vigencia, el ideario martiano es  y seguirá siendo una de las plataformas de pensamiento más coherentes y profundas de  las que disponemos para sostener y encauzar estas ansias redentoras  por un mundo mejor.

DESARROLLO
La humanidad vive hoy en continuas y profundas transformaciones que constituyen la transición hacia un  nuevo ordenamiento de la economía mundial y regional. El dinamismo de los cambios en las esferas tecnológicas, productivas, comerciales, y financieras ha conllevado a la creciente integración mundial de estas actividades, lo que deriva en la necesaria y creciente interdependencia económica o disposición a la globalización.
El proceso de la expansión globalizadora del capitalismo ha presionado a los países de la región para adoptar complejos cambios en sus políticas nacionales, provocando  efectos negativos en sus economías. Este proceso ha conducido a la agudización de la rivalidad capitalista y a la lucha competitiva por la conquista de nuevos espacios económicos integrados, observándose además una tendencia política y económica de giro hacia la dependencia, como consecuencia de la creciente globalización de la economía internacional
Resulta evidente que la globalización -con sus políticas de apertura- se desarrolla  desigualmente. Bajo el entendimiento de que las perspectivas de los países subdesarrollados están cada vez más condicionadas por la forma a que están incorporados a las cadenas globales de la industria, el consenso general de la época parece ser que la integración regional ofrece determinados beneficios al respecto. Sin embargo, la integración se realiza en un nuevo contexto altamente asimétrico y toda la historia regional muestra que los procesos integracionistas se desarrollan bajo circunstancias muy contradictoras.
A inicios del sigo XXI América Latina y El Caribe presentan -en términos sociales y económicos- un panorama desolador y alarmante. Un número elevado de los países de la región confrontan graves problemas por el subdesarrollo y atraso económico a que están sometidos.
En este nuevo contexto los Estados Unidos de Norteamérica, (la superpotencia capitalista mundial) ha realizado un repliegue estratégico hacia el continente americano, tomando medidas urgentes para asegurar su predominio en la zona. Previendo el agotamiento de sus recursos, el Norte monopolizador, a través de diversos tratados y mecanismos, intenta apropiarse de las riquezas naturales y de las reservas de América Latina y El Caribe.

En este sentido pueden mencionarse la concertación de acuerdos y tratados, tanto con los países del norte como con  los del sur, mediante los cuales trata de asegurar el control de los principales recursos y mercados de la zona, como son: la configuración de una Zona de Libre Comercio (ZLC) en América del Norte, y la creación del acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre Estados Unidos y Canadá, entre otros. En el ámbito latinoamericano y caribeño el interés consiste en afianzar su hegemonía en la zona de más inmediata influencia, traducido en las iniciativas para la cuenca del Caribe y la región andina, los pasos que se han dado para integrar la economía mexicana a la de Estados Unidos, el Plan Puebla-Panamá, el más nefasto y expoliador tratado para controlar el área, el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID, o el más reciente engendro patrocinado por la CIA, el llamado Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL)
Estas alternativas son resultado de la disminución del rol que otrora desempeñara en la economía mundial y que trata de recuperar nuevamente, reconsiderando la idea de favorecer un mayor acercamiento a los países de su hemisferio. El ALCA, el CADAL y otras, tras su fachada de libre comercio, en la práctica están llamadas a convertirse en los mecanismos idóneos que le garanticen la dominación absoluta de toda la vida  en el continente.
Estos tratados desiguales condenan a la pobreza a sectores cada vez más amplios de la población (tanto del sur como del norte), al otorgarles derechos a las grandes corporaciones transnacionales; por encima de los propios estados americanos, sobre sus recursos naturales, productivos, financieros, y humanos.  Aparentemente la posición reduce las pretensiones estadounidenses, pero en el fondo se abren las puertas para que impongan sus intereses de una forma o de otra; a través de acuerdos bilaterales o puntuales por sectores, Estados Unidos se impone, aunque no sea consenso de los demás países.
Diferentes corporaciones y transnacionales capitalistas otorgan libertades para  realizar sus inversiones y operaciones en cualquier lugar donde tengan acceso, en detrimento del derecho de los pueblos a manejar sus propios recursos,  inhabilitando a los países para desarrollar sus  propias estrategias y políticas nacionales. Esto constituye un nuevo intento de dominación colonial que condena a la pobreza a sectores cada vez más amplios de la población, al concederle derechos a los consorcios transnacionales para explotar y saquear indiscriminadamente nuestros recursos, a costa del sacrificio de cualquier intento de desarrollo soberano de las naciones americanas.
Los nuevos tratados convierten en un compromiso jurídico internacional al modelo imperialista, bajo la hegemonía de la administración de Obama. Esta nueva propuesta justifica el uso de la violencia y la militarización de los pueblos, de lo cual los convenios como los firmados con Colombia, son un ejemplo fehaciente, ya que reconocen todos los derechos y libertades de las corporaciones transnacionales para explotar los principales recursos de este país, sin respetar la identidad nacional, sus técnicas, su cultura y su conocimiento.
No constituye además un mero acuerdo comercial entre dos o más países, en el cual todos pueden ganar. Es apenas un marco jurídico, un paraguas para dar legalidad a la libertad de acción que el capital de las más de una centena de grandes empresas transnacionales norteamericanas necesitan para hacer en los territorios latinoamericanos lo que ellos quieren, con la energía, las riquezas, los servicios, etc.
Sin embargo, estas propuestas no han solucionado hasta el presente el triste panorama de deterioro y subdesarrollo de las naciones americanas. Si echamos una mirada crítica sobre los países  latinoamericanos del continente, nos percatamos de que éstos han entrado al siglo XXI en medio de una aguda crisis económica, con niveles de pobreza nunca antes vistos. Se ha producido con excepción de unos pocos como Venezuela, Bolivia, Brasil, Cuba un retroceso en la mayoría de los sectores económicos de la región, tanto desde el punto de vista de su producción como de su modernización tecnológica y comercialización internacional. En el aspecto social, el efecto se ha conjugado con el reforzamiento de las políticas de ajustes puestas en práctica en los estados de la región, los cuales han dejado un desolado panorama social.
Como consecuencia de ello muchos países del área se han visto afectados por un aumento sustancial de la violencia, la delincuencia, y la criminalidad. La falta de un desarrollo armónico con equidad constituye la base material para esta mayor connotación de la violencia. Se hace cada vez más evidente que Estados unidos con su política de falsa apertura, ha acentuado el desarrollo desigual, dando la impresión de que la integración regional por sus vías es factible para las economías subdesarrolladas del continente; sin embargo, los elementos referidos anteriormente desmienten las propaladas ventajas que traería para las naciones latinoamericanas.
La cruda realidad de los países del área es alarmante. El 58% del empleo es informal y los salarios se deterioran como nunca antes. Lo que las personas ganan, en muchos casos no les alcanza para vivir. Uno de cada cinco niños trabaja en actividades domésticas e ilegales, y en la mayoría de los casos se les paga poco y veces nada. Uno de cada cinco niños muere antes de alcanzar la adolescencia y aumenta la tasa de desnutrición. Los hogares carecen de agua potable, por lo que un número elevado de personas son presas del parasitismo, y otras enfermedades infectocontagiosas de fácil curación. En 30 años se ha pagado más de cuatro veces lo que se debía pagar en materia de deuda externa y aún quedan muchos países debiendo grandes sumas de dinero por concepto de interés.
En el continente (según cifras del CEPAL) el 45% de la población tiene más de 100 millones de indigentes, los pobres superarán la cifra de 200 millones para el 2020 y el 43% de la población vivirá en la extrema pobreza. En la región ha crecido también la vulnerabilidad. América Central, con más de 37 millones de habitantes, tiene más de 22 millones de pobres y la cuarta parte de los niños padecen de desnutrición crónica. Existe gran atraso tecnológico y económico, y hay escasez de recursos humanos competentemente capacitados. Estos desastres y desajustes no son más que el reflejo de la aplicación esquemática y malintencionada de recetas específicas, con realidades desiguales, a los países latinoamericanos. Los problemas de desarrollo, de justicia y de equidad no se resuelven. El abismo entre los países pobres y los más ricos se hace cada vez más grande. No existe una independencia real, pues en todo caso se agudiza la dependencia de un mundo donde prevalecen la injusticia social y la desigualdad.
Como puede verse las propuestas imperialistas no constituyen una vía efectiva para solucionar los graves problemas por los que atraviesan la mayoría de los países del continente. Hoy por hoy no se han globalizado el progreso ni el bienestar. Se han globalizado el desequilibrio social, la deuda, y la pobreza; por lo tanto se hace cada vez más necesario luchar contra los mecanismos integracionistas imperialistas, lo que significa también luchar contra la anexión y la indigencia. La supervivencia de las naciones americanas depende del enfrentamiento de todos contra estos tratados desiguales.
A pesar del poderío bélico y económico de los Estados Unidos, los pueblos  latinoamericanos no aceptan pasivamente la imposición de nuevos de tratados y recetas excluyentes. En las últimas décadas del siglo XX y en los inicios del siglo XXI vienen gestándose exitosamente una serie de movimientos que se resisten a la privatización de la economía, al saqueo de los recursos y a la pérdida de la identidad como naciones. Existen ejemplos paradigmáticos en el continente, como son los movimientos emancipadores encabezados por Evo Morales, en Bolivia; Hugo Chávez, en Venezuela; Dilma Rusef, en Brasil; Rafael Corea en Ecuador y las luchas sociales que se han llevado a cabo en Argentina, donde se ha manifestado la ineptitud del modelo neoliberal y se auguran promisorios cambios encabezados por la presidenta Cristina Fernández.
Los movimientos de resistencia son cada vez más numerosos y se multiplican en todas partes, sobre todo en aquellos lugares donde están encabezados por pueblos indígenas, los sectores marginados y donde la mujer ocupa un lugar destacado. Está abriéndose camino una nueva etapa en las luchas de liberación del continente, y produciéndose además, un salto en el enfrentamiento contra el nuevo intento de dominación colonial, convencidos de que siguiendo el ejemplo de nuestros próceres cambiaremos el destino de la marginación y la miseria que quieren depararle como futuro a las repúblicas americanas los grandes amos y señores del mundo.
 Para hacer frente a esta aguda crisis, los pueblos de América Latina están diseñando su propia estrategia de desarrollo, y han proyectado nuevos acuerdos como el ALBA, que están perfiladas en función de las metas de progreso económico y social, y que presuponen un adecuado manejo de los recursos naturales, estableciendo además los parámetros para una colaboración estratégica equitativa y racional. Se han firmado acuerdos y establecido proyectos integracionistas en materia de seguridad, transporte, salud, educación, intercambio comercial, entre otros, liderados por Venezuela, Cuba y Bolivia.
En esta nueva estrategia adquiere mayor relevancia el ideario martiano, ya que éste sigue teniendo una presencia continental en todos los pueblos oprimidos de Latinoamérica por sus ideas, por la profundidad de sus conceptos antiimperialistas y  por su ininterrumpida lucha para alcanzar la independencia económica, política y cultural de estos pueblos oprimidos. José Martí es figura cimera de Iberoamérica y ocupa un lugar privilegiado entre los próceres de este continente. Por eso, le reconocemos a su pensamiento la extraordinaria fuerza de poder para convocar a las naciones hermanas, constituyendo una fuente inagotable de orientación para la lucha que  tenemos que librar.
José Martí supo continuar el ideario de los patriotas que le antecedieron luchando porque los pueblos latinoamericanos fuesen libres e independientes. Martí  aportó ideas sustentadoras de las bases  para defender la independencia nacional de las entonces nuevas repúblicas, elaborando para esto una estrategia continental identificada actualmente como la más auténtica, democrática, y autóctona para la transformación revolucionaria continental americana. Esta es la importancia relevante de la figura martiana en la lucha actual.
 Alejo Carpentier expresó acerca de la presencia obligada del Maestro que                                Martí sigue respondiendo a todas las preguntas que sobre Nuestra América nos hacemos cada día  [Alejo Carpentier. Tres artículos en el Centenario.                                Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1989. p.166.] porque en los albores del siglo XXI, y con los problemas tan acuciantes a los que se enfrentan nuestros pueblos resistiéndose a una globalización unipolar y hegemónica del imperialismo, América Latina tiene  que armarse de ideas fundamentales como las que proyectó el Apóstol de Cuba sobre el equilibrio del continente y del mundo; ideas que deben servirle de asidero a las masas para poder enfrentar  esa pretensión hegemónica del Imperio, ya que esas proyecciones políticas martianas constituirán su arma de combate inclaudicable.
A pesar de que la globalización es un hecho irrefutable, los pueblos de América  Latina no quieren perder su identidad y se esfuerzan  porque su gente conozca los fundamentos de su historia y su cultura, así como los rasgos de pertenencia a una sociedad definida. En este sentido estamos obligados a difundir lo mejor del ideario martiano, para desentrañar sus esencias en la lucha definitiva, ya que América Latina y El Caribe se enfrentan -en circunstancias distintas y en unos contextos diferentes- a problemas que  son secuelas de los males a los que se enfrentó Martí, pero por lo convulso del momento actual resultan mucho más peligrosos y complejos.
Las soluciones que propuso Martí son aplicables hoy en día porque coinciden con el ideal martiano de apego a la verdad y a la justicia social, el desdén por aquellos que vienen desde fuera a imponernos sus ajenos patrones de conducta y fórmulas de desarrollo, que incluso han fracasado en sus naciones. Martí hace una propuesta genuina a la que nos hace el imperialismo norteamericano, por lo tanto es un deber ineludible de cada latinoamericano hacer suyos los postulados revolucionarios y fraternales de Martí para evitar que el gigante de las siete leguas nos pase por encima.
La obra genial de este pensador de alcance internacional crece día a día en la medida en que América va despertando, iluminándonos el camino que debemos seguir para la liberación definitiva. En la actual coyuntura planetaria, las generaciones presentes de latinoamericanos encontramos en su vida y extensa obra la fuente inagotable en donde beber para estimular pensamientos alternativos que den solución a la cruda realidad. Es ineludible e impostergable enseñar los fundamentos ideológicos del pensamiento martiano, como único camino posible para alcanzar un porvenir mejor, un mundo que asegure  nuestra identidad, nuestra soberanía y nuestra supervivencia.
Los cubanos, los caribeños y los latinoamericanos, tenemos el privilegio de contar con el legado martiano, con la obra colosal que nos aportó este hombre que en tan poco tiempo (42 años de vida) hizo tanto por los oprimidos del mundo. Se identificó tempranamente, desde la infancia, con los pobres de la tierra, y su pensamiento fue y sigue siendo de lo más radical y progresista que consta en el pensamiento universal. Cumplió con las exigencias que le reclamaba su época, y nos tributó una escala de valores y principios muy importantes para las generaciones presentes y futuras de latinoamericanos.
Martí nos exhorta revalorizar y defender sin temor los intereses de los pobres, y a salvaguardar todos los valores espirituales sin excepción; nos orienta para situar a los pueblos y a los hombres en el lugar que resulte más útil.
Para la América Latina del siglo XXI su vida y su obra adquieren una nueva dimensión interpretativa, revelándose con más claridad en el alcance universal de su pensamiento, ya que profundizando en éste podremos encontrar los caminos de la unidad, y la cohesión en la búsqueda para encontrar soluciones conjuntas a problemas comunes.
Desde los tiempos en que vivió nuestro Apóstol a los tiempos actuales no ha cambiado la política gubernamental norteña hacia  el resto de las naciones del área latinoamericana. Sus objetivos siguen siendo los mismos y por eso constantemente están a la búsqueda de fórmulas más sorpresivas e inauditas que les aseguren la supervivencia de sus intereses de dominación.
Muchos de los problemas que enfrentamos hoy fueron previsoramente vaticinados por nuestro Héroe Nacional, sus reflexiones alertaban del peligro que representaba y continúa representando el monstruo que entonces se estaba gestando. El tiempo que vivió en el exilio le permitió conocer cómo se estaba produciendo este proceso a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en el mercado capitalista, donde estaban produciéndose una cadena de transformaciones que repercutieron directamente en la aparición de diversas agrupaciones bancarias e industriales que concentraron en su poder cuantiosas sumas de capital, además de que estas agrupaciones económicas o monopolios controlaban la política de muchas naciones.
La llegada del capitalismo a su fase final y última: el imperialismo, con sus rasgos peculiares, fue un fenómeno que no pasó inadvertido para Martí. La prédica martiana contra el imperialismo fue amplia y pública, y surgió desde los momentos iniciales de las manifiestas pretensiones anexionistas hacia Las Antillas. Desde la década de los años ´80 del siglo XIX este proceso fue estudiado por el Apóstol de la Independencia de Cuba, consciente de la ventaja que representaba impedir a tiempo la expansión de Estados Unidos por el resto de las nacientes repúblicas. El Héroe Nacional de Cuba refleja en su obra la realidad de su época, especialmente en relación con los Estados Unidos, describiendo el ambiente político-económico de esa sociedad, y a la vez, permite apreciar el proceso de transformación del capitalismo industrial hacia la etapa imperialista.
Pudo penetrar agudamente en las reales causas de un fenómeno que recién comenzaba a surgir con la confrontación de pequeños y medianos capitales de un país, y que luego se expandiría fuera de las fronteras nacionales, convirtiéndose en un grave peligro para los países menos favorecidos y desarrollados. En la medida en que fue apreciándose la formación y el crecimiento del poderío  monopolista -empeñados en dominar la política y el gobierno de los Estados Unidos para cubrir sus necesidades de mercado (de consumidores y de materias primas)- fueron  multiplicándose sus denuncias (en alegatos públicos y en artículos periodísticos) sobre el inevitable choque entre el norte revuelto y brutal y Latinoamérica, y las advertencias de los peligros que se cernían sobre esta última debido a las apetencias vecinales norteamericanas fueron multiplicándose cada vez más, con especial énfasis en sus formidables crónicas sobre la Conferencia Internacional Americana de Washington.
En sus escenas norteamericanas fue explicando que los Estados Unidos era un exponente de la nueva época en que estaba entrando la humanidad. Hizo una temprana observación del espíritu mercantilista de ese país y describió magistralmente las entrañas de su sociedad para poder comprender cómo el propio desarrollo socioeconómico de aquel país, y sus deseos de controlar grandes riquezas lo llevaban a aplicar políticas despiadadas y crueles.
Fue muy certera la crítica realizada por Martí acerca de la posición de los acreedores norteamericanos y de su gobierno, que saqueaban la economía mexicana con el cobro de la deuda que estaban obligados a pagarles por la construcción de un ferrocarril, y cómo México (por distintas dificultades en su economía interna)  se vio en la necesidad de suspender el pago de esta deuda, porque si no, terminaría con la quiebra de la Nación.
Como puede verse, en este análisis Martí deja bien establecida la posición de principios que deben tener actualmente los pueblos del continente con el pago de la deuda externa, ya que ésta se ha convertido en un mal que afecta a la mayoría de los países del área, y que ni por razones políticas ni morales, ni económicas debe procederse al pago de ésta.
En los artículos realizados por él en importantes publicaciones (como La Nación,  de Buenos Aires, y La Opinión Nacional, de Caracas) expresa su convicción de que los latinoamericanos somos un policromo mosaico de pueblos diferentes a Norteamérica en cuanto a idiomas, costumbres, idiosincrasia, y valores; que constituimos una raza nueva y un conglomerado político social desigual, al que denominó Nuestra América
Su combate se dirigió a la búsqueda de la unión de todos los habitantes de la América Nuestra, tan necesaria para enfrentar las fuerzas del imperio y para no ser devorados uno a uno todos los pueblos del continente. Enfatizó en que  esta unidad debía comenzar por el comercio para poder crear un espacio de sobrevivencia ante el empuje arrasador del enorme poder imperialista, al respecto decía: puesto que de la desunión fue nuestra muerte, ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón  mezquino,   ha menester que se le diga que de la unión depende  nuestra vida?  Idea que todos repiten, pero  para la que                                  no se buscan soluciones prácticas. [Apud. Cintio Vitier. Cuadernos Martianos, Tomo III, p.121.]
 En sus artículos en el periódico La América se convirtió en un firme defensor de la identidad, soberanía y desarrollo de Nuestra América. Decía que la América Latina en su rica composición y diversidad exigía hallar a sus problemáticas vías propias de solución, métodos autóctonos que incluso servirían como referentes a otras regiones del mundo; que era necesario estructurar las naciones partiendo de su historia, de sus tradiciones, sus intereses, sus clases, y comunidades existentes.
Poco a poco fue configurando una visión conjunta e integral del continente, y en la misma medida en que va conociendo las verdaderas entrañas del monstruo va precisando cada vez más el objetivo fundamental de su lucha: la liberación de nuestras tierras y la creación de una República nueva, con todos y para el bien de todos.
Caracterizó esclarecedoramente la realidad norteamericana, definiéndola como una sociedad deshumanizante y cruel, y alertó acerca de los peligros que entrañaba para los pueblos la creciente expansión territorial de este país, a costa de la apropiación de otros territorios del continente; además, supo descubrir y apreciar, cuando aún era incipiente, su desarrollo, y su esencia  dominadora y expansionista más profunda.
José Martí vivió un período de tiempo largo en Norteamérica. Su residencia en ese país norteño le permitió caracterizar fundamentalmente los rasgos enajenantes de esa sociedad, y además, advertir el peligro de que la gran potencia de Norteamérica se proyectaría a la conquista de sus vecinos más débiles, para luego lanzarse con toda la fuerza y el poderío acumulados, hacia la dominación de Europa.
El tiempo vivido fuera de Cuba le permitió conocer a fondo las peculiaridades y contradicciones existentes del mundo en que le tocó vivir; considerando que era necesario incorporar a las grandes masas al disfrute de los beneficios sociales y a la búsqueda común de las grandes soluciones para los grandes problemas.
En sus escritos se manifiesta a favor del avance económico de nuestros pueblos, en ellos apuntaba que el desarrollo económico tendría que revertirse en el mejoramiento de las condiciones de vida de las capas más desposeías de la sociedad: los pobres. Estas palabras que han sido materializadas cabalmente en el contexto latinoamericano actual por los procesos y las transformaciones emprendidas en países como Venezuela, Bolivia, etc. José Martí en  su prédica clamó porque los pueblos latinoamericanos se defendieran de lo que se avecinaba y alertaba sobre la necesidad de hacernos dueños de nosotros mismos y prepararnos de tal manera que no sirviéramos ciegamente a sombrías intenciones ni a vergonzosos intereses. En los momentos actuales Argentina y Bolivia  son un claro ejemplo de la presencia del ideario martiano al llevar a cabo la nacionalización de empresas y recursos que han sido saqueados por siglos por las potencias imperialistas.
Martí avizoró del peligro que representaba -y que hoy en día sigue representando- el imperialismo que se estaba desarrollando, invadiéndolo todo y ejerciendo un poder absoluto sobre el estado; tomando en su manos la riendas de la dirección de la economía y de la vida en general.
Pudo prevenir a Latinoamérica de las consecuencias y de los obstáculos que encontrarían nuestros países en el camino hacia la liberación, y comprendió que la lucha de entonces se repetiría una y otra vez hasta que se asegurara la plena soberanía de los pueblos.
José Martí señaló que una de las características esenciales de los Estados Unidos era (y continúa siendo) la apetencia de territorios de otros países. Esta particularidad no escapa a su gran poder de observación y utiliza  las diferentes tribunas a su alcance para alertar a los pueblos del continente sobre la necesidad de ponerle coto a esta pretensión, esta llamado de alerta no ha dejado de tener actualidad.
La actuación irracional de los Estados Unidos y otros países desarrollados con relación a nuestros dolidos territorios hermanos así lo demuestra. Con un discurso aparentemente nuevo, pero que en esencia sigue siendo el mismo, saquean a las naciones menos desarrolladas las convierten en mercados seguros para vender su producción excedente, además de serviciar los intereses, las necesidades, y las exigencias de las potencias imperialistas.
En la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, convocada por los Estados Unidos con el interés de lograr acuerdos beneficiosos para sus planes de expansión comercial, y de control político y económico en la región, desarrollada entre octubre de 1889 y abril de 1890 dijo: "a todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas [...] si dos naciones no tienen intereses comunes no pueden juntarse […] los pueblos menores que están aún en los vuelcos   de la gestión no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos". [T. VI. O.C. p. 158]
En su época hizo un llamado a los pueblos del continente para que estuviesen alertas y que no se dejaran confundir por el falso ropaje con el que se visten los imperialistas, que debían pensar que la solución de los problemas nuestros debían encontrarse en las variantes nacidas de nuestra gente, con recetas propias y no imitando modelos que provinieran de un vecino tan poderoso, que tanto nos desdeña y maltrata. Hoy su mensaje de advertencia tiene más vigencia cada día y en su ensayo Nuestra América apunta: "ni el libro europeo, ni el libro yanqui daban la clave del enigma hispanoamericano". [Ibid., p. 20].
Como puede observarse, las ideas martianas ofrecen argumentos sólidos en la defensa de la posibilidad de alternativas de desarrollo para la América Latina y otras regiones del mundo; criterios que  hoy en día no han perdido validez ante el discurso unificador y hegemónico prevaleciente, porque además, trabajó arduamente en la búsqueda de fórmulas prácticas que condujeran a la unidad de las fuerzas democráticas del continente americano. Por lo tanto, si tenemos un amplio conocimiento de la cultura martiana podremos asumir los nuevos retos que tenemos hoy ante nosotros.
En su lucha recurre a la necesidad de que no debemos imitar al extranjero, que la solución más factible para nosotros es crear nuestras alternativas atendiendo a los elementos naturales de nuestros pueblos y no sobre la base de modelos que no se ajustan a nuestras características e impuestos desde afuera, que es lo que hoy en día quieren establecer los dueños de mundo.
Una idea de Martí que es necesario destacar es que los pueblos de Latinoamérica deben organizarse conformes a su propia realidad, decía que el gobierno debía de nacer del país y no desde fuera. La vida ha demostrado fehacientemente los inescrupulosos procedimientos de todo lo realizado por el imperio para imponer gobiernos que respondan a sus intereses. Por ejemplo: ha favoreciendo y financiado golpes de estado en la región, ha incidido en el uso de las instituciones judiciales, de las fuerzas policiales y agencias federales para presionar e incidir en el orden interno y legal de algunos países, ha apoyado las campañas de candidatos de derecha para que asuman la presidencia en muchos países, y más recientemente tratan de sabotear el avance incontenible de procesos revolucionarios progresistas como los liderados por Hugo Chávez, en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador,  Evo Morales, en Bolivia, entre otros.
Las medidas norteamericanas aplicadas de forma punitiva están diseñadas en contra de la soberanía nacional para influir mediante la presión en la implementación de políticas nacionales de los países afectados; en esta política el concepto de seguridad ya no es el único objetivo,  sino que tiene que ver también con cuestiones económicas.
En los momentos actuales se habla de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), sin embargo debemos buscar sus antecedentes en otros convenios que se firmaron en la época en que vivió Martí y que fueron desenmascarados públicamente por él, como el tratado entre México y los Estados Unidos, que calificó como acontecimiento de gravedad mayor para los pueblos de América Latina. Con relación a este hecho dijo: "No es el tratado en sí lo que atrae a tal grado la atención; es lo que viene tras él. Y no hablamos aquí de riesgos políticos [...] hablamos de riesgos económicos".[Apud. CintioVitier. Cuadernos Martianos, T. IV, p.130].
El Tratado Comercial entre Estados Unidos y México es uno de los artículos martianos que más vigencia tiene hoy en día. En él hizo un agudo análisis en torno al contexto situacional en que se desarrollaban los pueblos de América en su época, adelantando una reflexión que sigue siendo muy contemporáneo y aplicable ante la presencia amenazante que constituye hoy Estados Unidos para los países del área.
La historia de América ha servido para demostrar cuanta razón expresaba el Maestro en sus palabras, y cuan importante es actualmente para los pueblos, cuando se les quiere imponer un modelo único, porque con el TLC se habla de unión económica entre las Américas, sin embargo no tienen en cuenta las necesidades objetivas y subjetivas de los pueblos y los invitan a una unión desigual sin ninguna utilidad para ellos. Martí  llamó la atención en torno a esta cuestión cuando decía: "quién dice unión económica, dice unión política. El que compra, manda. Al pueblo que vende sirve. Hay que equilibrar el comercio para asegurar la  libertad." [O.C. T VI, p. 160.]
La situación de hoy está demostrando sus aciertos y su vigencia, cuando quieren firmar ese tratado pretendiendo reconocer condiciones de igualdad entre naciones que a todas luces son desiguales, la firma del  tratado de ese modo tiene un fin político: separarlas y hacerlas más débiles. Esta realidad ya había quedado planteada por Martí cuando dijo: "Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar  a otro, es separarlo de los demás pueblos [...] El caso  geográfico de vivir juntos en América no obliga a unión política." [Ibid. p. 160]
La independencia política según él es importante, pero esta no se logra sin la independencia económica y para lograrla supo trazar líneas de acción que determinaran el control nacional de las riquezas y el comercio exterior.
Era una necesidad poner a salvo nuestros suelos y contraponernos a la expansión de las empresas monopolistas en nuestras tierras, sobre todo las norteamericanas, que concentraban un volumen elevado de capitales sobrantes y acciones, y estaban deseosas de ponerlos en circulación para sacarle el máximo de ganancias. Según Martí se hacía necesario además equilibrar el comercio para asegurar la libertad, ya que el flujo excesivo de mercancías de un país hacia otro, a la corta o la larga, conduciría al influjo político; por consiguiente era condición obligatoria que para garantizar la  libertad económica  debían distribuirse equitativamente los negocios entre todos los países, para que ninguno en especial controlara grandes recursos, y en caso tal de que precisase de alguno en especial, fuera con el que menos  comercio tuviésemos establecido.
Comentaba además acerca de la necesidad de sostener relaciones comerciales entre todos los países del área y del mundo, pero enfatizaba en la importancia de que este comercio debía ser en igualdad de condiciones y que existieran posibilidades de provecho para todos. También alertaba  del peligro  de lo que esto podría significar si no se establecían sobre  bases de igualdad, que es lo que sucede en la actualidad con los convenios que Estados Unidos está tratando de implementar.
Desde la época en que vivió José Martí las potencias imperialistas están proponiendo (e imponiendo) modelos que para nada han representado la erradicación de los problemas económicos  de nuestros pueblos; al contrario, si hubiesen podido trazar sus propios destinos lo hubiesen resuelto, y tenemos como un ejemplo palpable que así lo demuestra el caso de Cuba.
América Latina dispone de argumentos sólidos para demostrar que la supervivencia del hombre en un mundo mejor es posible, nuestras culturas autóctonas acumuladas y desarrolladas por más de varios siglos constituyen elemento fundamental en esta lucha.
El espíritu libertario, generoso y humanista de José Martí preside la lucha de los pueblos de América Latina, proyectándose en la actualidad por lograr su liberación, el respeto a sus derechos, la igualdad, la democracia, la justicia y la vida plena para todos los seres humanos.
El imperialismo trata de establecer un dominio mundial exclusivo sobre fundamentos del desarrollo material y tecnológico, y ello no basta para hacer prevalecer y perdurar históricamente un sistema gubernamental opresivo.
Si América Latina quiere salvarse debe exponer en todas las tribunas de combate la solidez de nuestras tradiciones culturales, con sus valores encaminados al propósito de integración continental.
Para alcanzar este propósito estamos llamados a estudiar la digna historia de nuestros pueblos conducidos por las ideas de los grandes luchadores como Juárez, Bolívar, Hidalgo, San  Martín y otros muchos, que buscaron caminos de articulación, cohesión, y unidad para la libertad Latinoamericana, y entre estos magnos héroes el legado escrito y el ejemplo de José Martí tiene todavía mucho que hacer por la independencia de los pueblos. Tenemos que tomar de su extensa obra los fundamentos necesarios para enfrentar los retos del mundo actual.
En las nuevas generaciones del continente explotado y su pueblo escarnecido se mantienen latentes las palabras de José Martí, al igual que la de todos los demás precursores que pusieron sus vidas al servicio de la más justa causa social: la libertad.  América enarbola las banderas de la justicia y la soberanía de los pueblos, y avanzar con ellas contra el imperialismo brutal, hasta que al fin la luz permanente de la igualdad social ilumine nuestras tierras y consolide el progreso de los pueblos soñado por Martí.
Cuba juega un papel determinante en este enfrentamiento porque debe trabajar conjuntamente con Las Antillas y el resto de los pueblos del continente para lograr su verdadera independencia económica y política. Cuba representa la idea de la integración cultural latinoamericana, que sitúa la justicia como su valor más alto; ésta es la respuesta más enérgica y acertada con que podemos hacerle frente a la fragmentación que genera el capitalismo de hoy.
A la vanguardia en este enfrentamiento contra el imperialismo y sus recetas antidemocráticas tenemos el ejemplo imperecedero de la Revolución Cubana, que en poco tiempo ha podido alcanzar enormes logros. El pueblo cubano se levanta más erguido y unido que nunca ante las constantes agresiones y amenazas del imperialismo. En Cuba se ha erradicado el analfabetismo, la obra revolucionaria se engrandece más cada día con la implementación de los programas priorizados para la salud, la educación, la agricultura,  el deporte, entre otros.
Se continúan llevando adelante las transformaciones para elevar la cultura general integral del pueblo cubano. En esta tierra han desaparecido la mendicidad de los niños, la pobreza y el desalojo campesino; ha disminuido la mortalidad infantil a niveles de países del primer mundo; con la instauración del gobierno revolucionario quedaron barridos para siempre más de dos siglos de atraso y dominación extranjera. Al triunfar la Revolución Cubana el 1ro de enero de 1959 se hicieron realidad por primera vez todos los sueños de justicia social y equidad por los que ofrendó su vida nuestro Héroe Nacional, el Apóstol de la Independencia de Cuba.

CONCLUSIONES
En una época en crisis donde los pueblos requieren fórmulas que les permitan hacer perdurable la vida en el planeta, ocupa un lugar privilegiado el conocimiento de todo el pensamiento revolucionario presente y pasado y en especial el pensamiento de José Martí.
La imagen simbólica y la presencia viva de José Martí, a través de su ideario político; constituye referente ineludible a estudiar por todos los latinoamericanos para incidir en los programas y proyectos que puedan salvar el mundo, una urgente necesidad ante la difícil coyuntura hegemónica y globalizante que protagonizamos millones de seres humanos.
La preocupante situación de los pueblos del continente americano obliga a reproducir el pensamiento económico, latinoamericanista, y antiimperialista de este héroe continental, cuyo asombroso mérito revolucionario y vigencia social -expuestos vibrantemente en sus palabras- lo convierten en postulados ineludibles que estamos obligados a estudiar y difundir.
Aunque actualmente su vida y obra son temas objeto de estudio y motivos de disfrute para muchos intelectuales y revolucionarios, se hace necesario propagar su legado político humanista, por la realidad apremiante en que están sumidos millones de americanos. En este mundo cada vez más desigual asumimos radicalmente los retos que la época nos manda y para ello nos apoyamos en la vasta cultura martiana.

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