Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2012

SUICIDIO: EL GÉNERO COMO FACTOR DE RIESGO VIOLENCIA AUTOINFLINGIDA: CASO DE MEXICALI, BAJA CALIFORNIA. FRONTERA NORTE DE MÉXICO



Elsa de J. Hernández Fuentes (CV)
elsahdezf@uabc.edu.mx
David F.Fuentes Romero (CV)
Irma A. González Hernández (CV)
irma@uabc.mx
Elsa del Carmen Villegas Morán (CV)
evillegas@uabc.edu.mx
Universidad Autónoma de Baja California

 



RESUMEN
El presente artículo tiene como objetivo caracterizar la mortalidad debido a suicidios y su comportamiento por género en la ciudad de Mexicali, Baja California, México, Municipio de Mexicali.
Este estudio parte de la consideración de la dinámica social como la relación e interacción de las variables exógenas o variables autónomas, es decir aquellas que no se explican a través de un modelo económico determinado, por lo cual el suicidio será visto como un fenómeno social, producto de la dinámica en la sociedad y de la coevolución del hombre con ella, debido a esto consideramos, a la tasa de suicidios como elementos constituyentes de un orden único de hechos sociales, que a pesar de ser un acto individual tiene un impacto social.
Visto así, la tendencia creciente a los suicidios aflige colectivamente a la sociedad, pues los actos que en ocasiones un individuo lleva a cabo, y que a simple vista expresan una decisión personal, son en realidad consecuencia y prolongación de un estado social que el individuo experimenta en su interacción con la sociedad. Ya que por cada suicidio se ven afectados al menos 4 familiares directos y 4 indirectos (según datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática INEGI 2000, la familia se compone de 4 personas en promedio), sin contar a su grupo de amigos y compañeros de escuela y trabajo. De ahí su trascendencia e impacto social a pesar de que numéricamente el índice de suicidio no es tan alto comparado con otras formas de muerte violenta como el homicidio y los hechos de tránsito (choques vehiculares y atropellamientos), entre otras.
Es importante notar además que en gran parte del mundo el suicidio está estigmatizado, es decir, es condenado por razones religiosas o culturales, y en algunos países el comportamiento suicida constituye un delito castigado por la ley, es pues, un acto subrepticio y rodeado de tabúes, y es probable que no se reconozca, se clasifique erróneamente o se oculte de forma deliberada en las actas oficiales de defunción. A pesar de que el suicidio es sólo la parte más visible de un problema con amplias conexiones sociales, psicológicas y personales, y de que con frecuencia se ha argumentado que los registros habituales de suicidios tienden a subestimar el problema (Marusic, et. al, 2003) la mayor parte de las conclusiones que se pueden obtener a partir de las cifras oficiales son en esencia correctas (Speechley, et. al, 1991).
Este es un estudio de caso de carácter descriptivo utilizando como fuentes de información los registros oficiales de muerte violenta del Servicio Medico Forense (SEMEFO) durante el periodo de 1999 a 2005. Para calcular las tasas de mortalidad se usaron las poblaciones estimadas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO), describiendo la mortalidad por género, por grupo de edad y por zona del municipio en estudio, así como los cambios observados en las tasas y los métodos de suicidio en el periodo estudiado. Sin embargo, debido a la complejidad del tema existe información que se ignora ya que los familiares no se encuentran en disposición de otorgarla o bien la desconocen.
La importancia de éste estudio se basa en la consideración de que  aunque las sociedades son cambiantes a través del tiempo y contexto, el suicidio sigue siendo la expresión más lamentable de las dolencias que aquejan a las sociedades actuales. La Organización Mundial de la Salud asegura que más personas mueren cada año debido al suicidio que a la suma de homicidios y guerras (OMS, 2002).

PALABRAS CLAVE: Suicidio, mortalidad, tasa de mortalidad, género, hecho social, violencia.




Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Hernández Fuentes, E.; Fuentes Romero, D.; González Hernández, I. y Villegas Morán, E.: "Suicidio: el género como factor de riesgo violencia autoinflingida: caso de Mexicali, Baja California. Frontera norte de México", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Mayo 2012, www.eumed.net/rev/cccss/20/

INTRODUCCIÓN
La República Mexicana ocupa  5'152,406 km² de superficie.  Tiene actualmente una población total de 112, 337 mil habitantes presentando un crecimiento anual de 1.8 porciento. El Estado de Baja California está situado en la región noreste de la República Mexicana, limita al oeste y al sur por el Océano Pacífico, al este por el Golfo de California y al norte con Estados Unidos de Norteamérica formando parte de la península de Baja California. Actualmente se encuentra integrado por cinco municipios: Mexicali, Tijuana, Ensenada, Playas de Rosarito y Tecate, siendo Mexicali la Capital del Estado de Baja California. (INEGI 2010).
La ventaja de operación en la frontera ante los mercados de los Estados Unidos de América. Ha permitido el avance de actividades económicas como la agricultura, la industria y los servicios turísticos. De acuerdo con el XIII Censo General de Población y Vivienda 2010 realizado por el Instituto Nacional de Geografía Estadística e Informática (INEGI, 2011) la población del Municipio de Mexicali era de 936,826 habitantes con una densidad poblacional calculada para el todo el Estado de 44 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir una zona de baja densidad poblacional. El Municipio de Mexicali tiene una población joven numerosa distribuida proporcionalmente en ambos sexos, viviendo en las zonas urbanas en mayor medida, siendo en su mayoría católicos. Un elemento poblacional importante tanto en el Municipio de Mexicali como en el Estado es la migración.
Este estudio inicia en el conocimiento de que el Estado de Baja California presentó por dos años consecutivos (1999 y 2000) la más alta tasa de muerte violenta por cada 100 mil habitantes a nivel nacional, manteniendo esta tendencia durante 2004 cuando alcanzó el segundo lugar nacional con 15.4 %  de muertes violentas muy superior al nivel nacional de 10.8 %, continuando para 2010 en los primeros tres primeros lugares nacionales por Estado. Por su parte, el municipio de Mexicali, capital del Estado, registró de 1999 a 2002 una tasa que lo ubicaba como el centro de población con más muertes violentas (entre ellas el suicidio) en el Estado, por encima de localidades importantes como Tijuana (Fuentes, 2006).
Reconociendo la relación del suicidio y las muertes violentas el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud (OMS, 2002) nombra al suicidio como violencia autoinfligida o comportamiento suicida (parasuicidio o intento deliberado de matarse) definiendo a la violencia como “el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”..
En 1897, Emilio Durkheim (2000,4-17) realizó una investigación de corte sociológico sobre el suicidio de la que se desprende una tipología de este fenómeno. Además, existen diversas obras con enfoque psicológico y sociológico; sin embargo, todos ellos retoman gran parte de la teoría de Durkheim, debido a lo cual ésta se tomó como base teórico-metodológica del presente estudio.
Karl Menniger (2002) afirma que el suicidio revela tres elementos: el deseo de matar, el deseo de ser muerto y el deseo de morir. Al igual que Freud, vincula al suicidio “con el instinto de la muerte”. Al sentirse derrotado, el sujeto sometido a presiones y tenso por la frustración de algún motivo, impulso o deseo, puede apelar a la agresión, cuyas formas más graves son, evidentemente, el suicidio y el homicidio.
METODOLOGÍA
Para este estudio se construyó una plataforma de información soportada por dos bases: la del Servicio Médico Forense (SEMEFO), donde se analizaron el 100% de las necropsias, esto es, la totalidad de los suicidios consumados, sumando 288 casos; y la información proporcionada por la prensa local (periódicos de mayor circulación como El Mexicano, La Voz de la Frontera y La Crónica de Baja California) alcanzando el 47.9% de los casos antes mencionados. Además, se realizó un análisis de información de las dos bases para generar así el perfil del suicidio en el municipio de Mexicali, Baja California.
Para este estudio se registraron las siguientes variables: Sujeto identificado, número de acta, fecha de necropsia, año del evento, mes del evento, sexo de la víctima, edad, grupos de edad, prueba de laboratorio, estudio toxicológico, causa determinante de la muerte, ubicación geográfica, fuente de información, método utilizado, lugar del deceso, estado civil, ocupación, sector económico laboral, escolaridad, servicio medico, señas particulares, lugar de nacimiento, horas de deceso, domicilio particular.
Cabe mencionar que en algunas variables (ocupación, escolaridad, lugar del deceso, lugar de nacimiento, acceso a servicio médico y estado civil) no se obtuvo el 100% de los datos debido a que es información que se ignora (casos perdidos) porque el familiar o amigo que identificó a la víctima no la otorgó. Sin embargo, el porcentaje de casos perdidos es menor que el presentado por INEGI en las mismas variables.
Se referenció la información otorgada por el INEGI (2002) y por el Consejo Estatal de Población (CONEPO), la cual se registró en una base de datos en el Programa “Statistical Package for the Social Sciences” (SPSS). El 51% de la información tuvo como fuente principal el SEMEFO y el 47.9% se obtuvo de Semefo-Prensa local.

ANÁLISIS
La tasa de suicidios en México ha aumentado un 200% en los últimos treinta años. Desde 1970, se ha registrado un incremento sostenido de muertes por suicidio, ya que en ese año atentaban contra su vida 1.13 personas por cada cien mil habitantes, en tanto en 1994 esa cifra había aumentado a 2.89 personas, lo que revela un incremento de 1.56 personas por cada cien mil habitantes. En ese periodo la mayoría de los suicidas fueron hombres, por lo que su tasa de muerte por cada mil habitantes aumentó 169%, el mismo año, el suicidio llegó a representar el 0.6% del total de muertes en el país.
Es de notar que la evolución del suicidio indica incrementos recientes entre los adultos jóvenes, con marcado énfasis en adolescentes (10 a 14 años de edad) presentándose también incremento en los casos conforme avanza la edad de los individuos (personas mayores de 65 años).
Esta tendencia se observa de igual manera globalmente, ya que en el mundo se produce una media de tres suicidios masculinos por uno femenino, proporción que fluctúa entre los distintos países, desde apenas 1:1 en China, a 10:1 en Puerto Rico. Las tasas de suicidio también varían dentro de los países entre las poblaciones urbanas y rurales y entre diferentes grupos raciales y étnicos (Lester, 1997). Aunque tradicionalmente las tasas de suicidio han sido más altas entre el anciano masculino, las tasas en la gente joven han aumentado a tal magnitud que éste es ahora el grupo de más alto riesgo en un tercio de los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo.
A escala nacional, en 1999 ocurrieron 417 intentos de suicidio; de ellos 158 (37.9%) fueron de hombres y 259 (62.1%) de mujeres; en es mismo año hubo 2531 suicidios, de los cuales 2142 correspondieron a hombres y 389 a mujeres (15.36 %)(INEGI, 2000).  En el caso de nuestro trabajo en Mexicali podemos encontrar que de los 288 suicidios reportados entre 1999 y 2005, 260 fueron cometidos por hombres y sólo 28 mujeres, alcanzando una proporción de una mujer por cada 10 hombres.
Adentrados en los casos de la localidad pudimos observar los siguientes resultados: Se realizaron pruebas de laboratorio en el 80.2% de los casos para identificar el nivel de alguna sustancia tóxica en el organismo de la víctima, encontrándose resultados positivos en 52.8% de ellos. La principal sustancia identificada fueron las metanfetaminas (16.5%), seguidas por el alcohol (10.4%) y la combinación de alcohol y drogas (8.2%). El resultado negativo se ubica en el 47.2% restante. Cabe señalar que 19.8% no fue procesado o especificado por motivos ajenos a la investigación.
Del total de hombres, 55.7% dio positivo en algún tipo de sustancias tóxicas, en tanto que entre las mujeres la prueba toxicológica sólo resultó positiva en el 23.8% de los casos. El 17.6% de los hombres consumieron metanfetaminas antes de consumar suicidio, promedio que entre las mujeres es de 4.8% para la misma sustancia. Asimismo, del total de hombres 10.0% consumió alcohol antes de consumar el suicidio, en tanto que entre las mujeres dicha circunstancia se presentó en 14.3% de los casos. El 9% de las personas del sexo masculino dio positivo a una mezcla de alcohol y drogas, mientras que ninguna persona del sexo femenino presentó rastros de dicha mezcla. El 44.3% de los varones obtuvo un resultado toxicológico negativo al consumar el suicidio, mientras que en mujeres se obtuvo un resultado negativo del orden del 76.2%, lo cual indica un patrón de consumo de drogas ilícitas más elevado entre hombres que entre mujeres y una mayor adicción en general a algún tipo de droga, ya sea de curso legal o no.
Consideramos entonces que, el consumos de drogas y alcohol ligados al varón que pueden estar relacionados de manera directa con la frecuencia de suicidios. No obstante, estas diferencias no explican por qué los intentos de suicidio son más frecuentes entre las mujeres que entre los hombres.
Con respecto al estado civil de los suicidas durante el periodo de estudio, se ignora en el 35.1% de los casos, pero de la información obtenida, se desprende que 32.1% era casado, 17.1% vivía en unión libre; el 43.3% era soltero y el 7.5% restante eran viudos, divorciados, o separados.
Del total de hombres, 41.5% era soltero. A mismo estado civil correspondía el 56.5% de las mujeres. El 3.7% de los hombres eran viudos sin que se registrara ninguna mujer en la misma condición. El 8.7% de las mujeres y el 1.8% de los hombres eran divorciados. El 17.7% de los hombres y el 13.0% de las mujeres vivían en unión libre, en tanto que 34.1% de los varones y 17.4% de las mujeres eran casados. Por último, 4.3% de las mujeres y 1.2% de los hombres estaban separados.
En lo que respecta a su ocupación, se ignora en un de un 35.4% de los decesos por suicidio, pero de acuerdo a la información válida 44.6% laboraba en el sector terciario, 17.2% en el sector primario y 14.5% en el sector secundario. Un porcentaje de 8.6 estaba desempleado, el 13.4% se dedicaba al hogar o a estudiar y 1.6% se ubica como trabajador independiente.
En el rubro de la escolaridad se encontró que 41.2% terminó la primaria, 35.7% la secundaria, 13.2% la preparatoria y 4.4% alcanzó el nivel profesional. En general, 94.5% tuvo acceso a la educación y sólo el 4.5% no cursó ningún grado escolar.
   Con respecto a los métodos empleados, el 65.4% utilizó como medio la asfixia por ahorcamiento (soga), el 30.6% un arma de fuego (herida por arma de fuego, principalmente en la cabeza) y el 4% restante algún otro medio, como arma blanca, veneno o precipitación, entre otros.
La relación entre medio utilizado y género muestra lo siguiente: del total que utilizaron un arma de fuego, 88.6% eran varones y 11.4% mujeres; del total que consumaron suicidio por medio de la asfixia por ahorcamiento (soga), 91% eran varones y 9% mujeres; del total que utilizaron un arma blanca, 66.7% eran varones y 33.3% mujeres. El resto de los medios fueron utilizados únicamente por varones, entre ellos envenenamiento, precipitación, machacamiento, intoxicación y quemaduras. Esto ubica al arma de fuego y la asfixia por ahorcamiento como los medios más utilizados por ambos sexos.
Sin embargo, entre las personas de sexo masculino el método más utilizado fue la asfixia por ahorcamiento alcanzando un 59 % del total de suicidios estudiados, mientras que entre las mujeres el mismo método llegó al 3.1 %. El arma de fuego, como método utilizado para consumar el suicidio alcanzó el 27.4% entre los varones, y sólo el .48% del total en mujeres. En un lejano tercer lugar, se encuentra el uso del arma blanco con un .69 % de hombres y .34% de mujeres.
Con respecto al lugar elegido, la mayoría de los sujetos –esto es, el 71%– consumó el suicidio en casas-habitación, de las cuales el 58% era el domicilio de la víctima, lo cual genera mayor impacto y dolor en la familia que le sobrevive y continúa residiendo en el lugar del deceso. Lo anterior refleja a su vez que el suicidio se práctica a puerta cerrada por el estigma social. Por su parte, el 13% consumó el suicidio en casa de otra persona conocida, el 8.3% se suicidó en la vía pública y sólo el 15% tuvo atención médica y por lo tanto falleció en un hospital o consultorio.
De los hombres, el 70.3% cometió el suicidio en casa-habitación, incluyendo su domicilio particular. Esta circunstancia también se presentó en 76.2% de las mujeres del total de casos observados. De lo anterior se desprende que la mayoría de mujeres y hombres culminaron su vida en casa, aunque estos últimos en un porcentaje menor pues también utilizaron otros lugares, tal como se describe a continuación: en vía pública (9.3% de los hombres, ninguna mujer), en alguna cárcel o tutelar de menores (2.3% de los hombres, ninguna mujer), en otro lugar (3.5% de los hombres, 4.8% de las mujeres), en algún hospital o consultorio (14.5% de las personas de sexo masculino, 19% de las personas de sexo femenino) debido a que fueron auxiliadas por algún amigo o familiar en su esfuerzo fallido por salvarles la vida.
El 57.2% de los hombres era originario de Baja California y de las mujeres el 47.6%. El 7.2% de los hombres era originario de Sonora y de las mujeres el 14.3%. El 6.5% de los hombres era originario de Sinaloa y de las mujeres el 4.8%. El 11.6% de los hombres era originario de Guanajuato y Michoacán, sin embargo ninguna mujer. El 3.6% de los hombres era originario de Jalisco y de las mujeres el 4.8%. El 3.6% de los hombres eran originarios del DF. y Durango, y en las mujeres el 9.5% y el 4.8% del DF. y Durango respectivamente. El 9.6% de las mujeres eran originarias de Coahuila y Nayarit.
El solo el 1.4% de los hombres era originario de los Estados Unidos de América y de las mujeres el 4.8%. Y el resto de los hombres 8.9% eran de otros Estados Aguascalientes, Colima, Guerrero, Hidalgo, Nayarit, Querétaro, Tabasco, Tlaxcala, Zacatecas y El Salvador.
CONCLUSIONES
La relación entre el género y el suicidio– es evidente. Concluyendo que el perfil del suicida en el municipio de Mexicali, Baja California, posee las siguientes características:

  • Sujeto de sexo masculino. Entre 20 y 30 años de edad, nativo de Baja California, residente de la zona urbana. Utilizó como medio para cometer el suicidio la asfixia por ahorcamiento  y lo consumó en su domicilio particular. Era soltero, laboraba como empleado en el sector terciario y su última escolaridad era la primaria. No contaba con servicio médico (seguridad social) y dio positivo en el examen toxicológico (alcohol o drogas). El deceso se llevó a cabo entre las 12:00 y las 16:00 horas en los meses de mayo y septiembre mayoritariamente.
  • Sujeto del sexo femenino. De entre 15 y 29 años de edad, nativa de Baja California y residente en la zona urbana. Utilizó como medio para cometer el suicidio la asfixia por ahorcamiento y consumó el hecho en su domicilio particular. Era soltera, laboraba como empleada en el sector terciario o era ama de casa (es decir, se dedicaba al hogar) y su última escolaridad era secundaria. No contaba con servicio médico (seguridad social) y dio negativo en el examen toxicológico. El deceso se registró entre las 8:00 y las 16:00 horas en el mes de julio mayoritariamente.

Por lo cual la mayor coincidencia entre la teoría de Durkheim y el contexto social nacional se da en la manifestación del fenómeno entre sexos, ya que a pesar de que dicha teoría se elaboró hace 115 años, es aplicable dada la carga social mayor del varón. Lo mismo puede decirse respecto a la cuestión del empleo y del desempleo, así como del incremento de la violencia en general en el país.
Como se ha indicado el total de suicidios en el municipio de Mexicali durante el periodo de 1999 a 2005 suma 288 casos, el 90.3% de los cuales corresponde a personas del sexo masculino en comparación con el 9.7% restante, el cual ocupan las personas del sexo femenino. La proporción es de 9 a 1, lo cual establece una notable diferencia entre un sexo y otro. Lo anterior coincide con la media de suicidios consumados a nivel nacional. Durkheim también reconoce que existe una diferencia entre sexos respeto al suicidio, y sostiene asimismo que la actitud femenina está muy lejos de ser superior o equivalente a la masculina.
Tomando en consideración los resultados obtenidos a través del estudio se han identificado los siguientes factores relacionados con la incidencia de este fenómeno en mayor medida sobre la población de género masculino:

  • Inseguridad económica ya que en los casos analizados el suicidio se presenta en una etapa de alta productividad económica –dado que de acuerdo al INEGI (2011) la población económicamente activa en el país que se localiza entre los 15 y 34 años de edad por lo que representa aproximadamente el 41.03% (Villegas, 2012) de la fuerza laboral– podría estimarse una pérdida de años, o bien suponerse que los procesos de competitividad propios de las condiciones laborales (desempleo, relación sueldo-salario) pueden promover actitudes ante el suicidio en quienes inician su vida económica. Esto debido a que la sociedad mexicana dentro de su visión conservadora considera que el peso económico del hogar corresponde específicamente en el hombre, por lo cual se considera un fracaso el no poder proporcionar estabilidad financiera a sus dependientes.
  • Ruptura de los vínculos familiares, debido a que el municipio de Mexicali y en general el Estado de Baja California está conformado en gran parte por inmigrantes (43.1%  de población inmigrante según lo reportado por INEGI en 2009) y muchos de ellos tienen como fin cruzar hacia los Estados Unidos, lo que lo convierte a Baja California en el segundo Estado con mayor población no nativa. El género juega un papel importante en esta variable ya que de los 619, 554 migrantes mexicanos devueltos a en el intento de cruce internacional por la frontera norte en 2002 el 82.5% eran hombres y sólo el 17.5% mujeres, esta tendencia de género-frecuencia permanece ya que en 2005 variaba apenas 4 décimas siendo para 2009 de 81.1% de hombres y 18.4% mujeres. De esta manera muchos de los deportados se establecerán en las ciudades fronterizas en espera de una nueva oportunidad, evitando regresar derrotados a sus lugares de origen e incrementando el número de varones sin familia en la localidad (CONAPO, 2009).
  • Altas expectativas económicas generadas por los imaginarios fronterizos, que llevan a las personas, a migrar de sus lugares de origen esperando poder apoyar desde lejos a su familia y que debido a la problemática económica no se cumplen, generando esto, sentimientos de ansiedad e insatisfacción en los individuos.
  • La fácil obtención de armas de fuego que existe en la localidad de Mexicali, provocada por la cercanía con Estados Unidos donde la legislación sobre su compra, uso y portación es más laxa. De igual manera debido a la visión social conservadora, se considera socialmente más aceptable el uso y posesión de armas de fuego entre los hombres que entre las mujeres. Ilustrándose esto con claridad cuando sabemos que en México de los 2 millones 105 mil 120 ciudadanos que tienen permiso para portar armas el 99% son hombres. Este uso no sólo considera al personal del ejército y distintos niveles de grupos policiacos,  va mas allá observando que en México el 80% de las armas que fueron importadas legalmente al país de 2000 a 2006 están en manos de civiles (González, 2009).
  • El empleo de droga que facilita la pérdida de los límites vitales, morales, sociales y religiosos, ya que el Estado de Baja California, se encuentra en el tercer lugar nacional en consumo de drogas ilegales agrupándose dentro de estas: heroína, cocaína, marihuana, ketamina, GHB y éxtasis. Dentro de los usuarios de estas sustancias se observa una diferencia importante en consideración al sexo ya que en los hombres el consumo alcanzan el 9.3% contra el 4.6% de mujeres (INEGI, 2010), manteniendo esta tendencia tanto en el uso de la marihuana como de la cocaína. Sin embargo, es relevante notar que las mujeres de la entidad se encuentran en primer lugar nacional en el uso de drogas.
  • El consumo de alcohol donde también se revela una diferencia por género ya que los hombres identificados como bebedores altos en Baja California alcanzan el 18.4 % mientras que las mujeres llegan al 13.1 % (cinco copas o más por evento en el caso de los hombres y cuatro copas o más en el caso de las mujeres) (INEGI, 2010).
  • Los trastornos depresivos, ya que a pesar de que estos se reporten con mayor frecuencia en mujeres que en hombres en México (9.9 y 3.2 % de la población respectivamente), se sabe que estos agravan su presencia al estar relacionados con el consumo de alcohol y abuso de sustancias tóxicas, ya que la intoxicación con depresores se acompañan de idea suicida y el abuso de sustancias puede precipitar el estado depresivo, por otro lado, la supresión de estimulantes lleva a cuadros depresivos, y las personas deprimidas consumen en gran medida alcohol y sustancias toxicas para aliviar la depresión (Espinoza 2011). Aunado a esto, la pertenencia a una sociedad conservadora incide sobre la falta de educación emocional en los varones, lo cual les dificulta dar a conocer sus sentimientos o bien en caso de requerirlo, asistir con especialistas ya que esto supone un signo de debilidad.

Con base en los resultados del presente estudio, se propone una serie de recomendaciones generales para disminuir la magnitud del suicidio en el municipio de Mexicali y en el país en general.

  • Realizar un análisis multidisciplinario de las cartas póstumas de los suicidas que permita generar un mayor conocimiento científico de dicho fenómeno y elaborar un perfil del posible suicida determinando su comportamiento y el impacto social del suicidio consumado entre la familia y grupo de amigos de la víctima.
  • Establecer la obligatoriedad legal de reportar los intentos de suicidio en hospitales públicos y privados, escuelas, agencias del Ministerio Público y centros de detención y rehabilitación de adictos.
  • Focalizar pláticas de prevención del suicidio en escuelas a nivel medio superior que involucren el manejo de las crisis y el mejoramiento de la autoestima, así como el análisis de mitos y realidades en torno a este fenómeno.
  • Asegurar el seguimiento de las personas que sobreviven a un atentado contra su propia vida para prevenir muertes prematuras y el abordaje inicial con personas en riesgo para promover el autocuidado entre sus familiares más cercanos a fin de reducir los efectos letales posteriores asociados a la conducta suicida (conocimiento de los factores de riesgo y protección).
  • Incluir en la agenda gubernamental tanto los intentos fallidos como los suicidios consumados.
  • Implementar una política pública que destine un presupuesto específico para el seguimiento de los intentos fallidos de suicidios en hospitales públicos y privados, escuelas, agencia del Ministerio Público y centros de detención y rehabilitación.
  • Reducir la disponibilidad y acceso a los métodos de suicidio entre ellos el uso de sustancias tóxicas y de armas de fuego.
  • Incrementar la conciencia general en torno al suicidio.
  • Generar un sistema de evaluación y seguimiento del fenómeno a nivel municipal

El incremento acelerado de este fenómeno, particularmente en hombres y mujeres jóvenes, debe ser una llamada de atención para implementar a la brevedad medidas tendientes a disminuir su magnitud, por lo que de continuar esta tendencia en la región, aunada al escaso interés y a la falta  de una política de prevención por parte del Estado, la situación se agravará creando cada vez más conflictos de carácter social y psicológico para los integrantes de los diferentes entornos en los que se desenvuelve el suicida.


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