Contribuciones a las Ciencias Sociales
Marzo 2012

IDENTIDADES FRAGMENTADAS

Osvaldo Velázquez Mejía (CV)
rhazihel@live.com.mx
Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, México

Resumen

Este ensayo propone hacer una exploración en la forma en que se van conformando las identidades individuales y nacionales. La idea principal se estructura entorno a que la identidad no sólo implica la relación individuo-espacio, sino que va más allá, ya que en está relación individuo-espacio se gesta una fragmentación de la comunidad, es decir, la unidad se fragmenta en distintos individuos y distintos espacios, donde cada individuo habita un espacio particular y diferenciado y que por está diferencia se puede establecer una identidad propia, la cual puede ser entendida, por los individuos, gracias a la mediación del sistema valorativo (cultura) que normaliza, organiza y reproduce las relaciones sociales de los grupos.

Palabras clave: identidad, fragmentación, sistemas valorativos, cultura




Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Velázquez Mejía, O.: "Identidades fragmentadas ", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Marzo 2012, www.eumed.net/rev/cccss/19/

Para comenzar el presente artículo es de suma importancia preguntarse ¿Las identidades fragmentadas construyen culturas cívicas? En primera instancia, para responder a la pregunta hay que preguntarse ¿Qué es la identidad? la forma más simple de rastrear la identidad es la cartilla militar, el acta de nacimiento, el número del seguro social, la identificación personal, el nombre, el sexo, la estatura, el color de piel, cabello etc. En éste sentido la identidad son una serie de características y cualidades, únicas y propias, que nos distinguen de otras series de características y cualidades. Solo que, aquí, hay algo muy peculiar, que la mayoría de estas características y cualidades no son naturales sino artificiales, es decir, a excepción de los rasgos físicos, la cartilla, las matrículas, actas de nacimiento etc., son producto de procesos históricos, son producto de los procesos de construcción y consolidación de un grupo, de una sociedad, de una ciudadanía, de una nación. Luego entonces, la identidad no solo implica un papel, un nombre, un número, sino también una fortísima relación individuo-espacio, donde el individuo es componente del sistema cultural, fragmentado y expresado en valores, normas y costumbres; mientras que el espacio es el punto de referencia, el anclaje, el lugar recurrente donde se practican los valores, las normas y las costumbres del grupo social. 

Pero la identidad no solo implica la relación individuo-espacio, sino que va más allá, ya que en está relación individuo-espacio se gesta una fragmentación de la comunidad, es decir, la unidad se fragmenta en distintos individuos y distintos espacios, donde el individuo de a lado habita un espacio particular diferente al de a lado y que por está diferencia se puede establecer una identidad propia, la cual puede ser entendida, por los individuos, gracias a la mediación del sistema valorativo (cultura) que normaliza, organiza y reproduce las relaciones sociales de los grupos. “Es frecuente observar, en el seno de la misma familia ruandesa, irlandesa, libanesa, argelina o bosnia, y entre dos hermanos que han vivido en el mismo entorno, unas diferencias en apariencia mínimas que sin embargo les harán reaccionar, en materia política, religión o en su vida cotidiana, de dos maneras totalmente opuestas, y que incluso pueden determinar que uno de ellos mate y otro prefiera el diálogo y la conciliación” (Maalouf, Amin; 1999: 20).

Así pues, la construcción de identidades es un proceso histórico, que implica la exclusión, en el sentido de yo soy esto, porque no soy lo otro. Y que además está identidad va a ser relativa según el espacio o punto de referencia, precisamente, por el sistema valorativo.”Toda una serie de indicaciones que muestran, sin posibilidad de error, que el titular de ese momento es fulano y que no hay, entre los miles de millones de seres humanos, ningún otro que pueda confundirse con el, ni siquiera su socia o su hermano gemelo. Mi identidad es lo que hace que yo no sea idéntico a ninguna otra persona” (Maalouf, Amin; 1999: 20).

De está forma, los sistemas valorativos, parecen permanecer como inmutables para las identidades nacionales, que ven como certeros los ordenes tradicionales. Sin embargo ¿Por qué se trastocan? Si bien es cierto, que las identidades permanecen inamovibles, solo en algunos casos como el número de registros (cartilla, seguro social, cedula profesional, certificado de estudios etc.). En otros casos la identidad, por su naturaleza de proceso histórico, siempre va a estar en constante choque, con otras identidades, ya sea  para prevalecer, dominar o evitar su extinción. En éste sentido, lo otro o lo extraño, lo extranjero es un choque directo, que perturba el orden y la certeza del sistema valorativo tradicional que da sentido, no solo a la identidad sino también a la vida.  Y cuando se nos presenta lo extraño, lo extranjero no solo irrumpe él individuo sino también irrumpe en otros significados, otra cultura, otro sistema valorativo, otro sentido de vida; por lo que el rechazo no es solo al choque de culturas, sino que también es un choque de certezas, es al choque de sentido de la vida: es un choque de sistemas valorativos.”El extranjero en tanto tal es un emblema: ella o él son la figura que nos coloca frente a las presiones de nuestro presente. Por que el extranjero representa una amenaza para la clasificación binaria que se despliega en la construcción del orden y nos pone frente al enigmático desplazamiento de la ambigüedad” (Chambers, Iain; 1996: 21).

De tal forma observamos que la construcción, conformación y defensa de la identidad de un grupo, de una ciudad o de una nación, no solamente pesa, en cuestiones, de ámbitos económicos o de recursos naturales (comestibles). Sino, que está defensa recae profundamente en ámbitos subjetivos que definen, identifican y dan sentido de pertenencia al sujeto. La teoría psicoanalítica, menciona: “la identidad no es otra cosa que la manera ñeque un determinado individuo adquiere una fisonomía particular a través de su identificación con otro u otros sujetos. A su vez, tal identificación es concebida como el proceso psicológico mediante el cual el sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total y parcialmente, sobre el modelo de éste, de tal manera que la personalidad se construye y se diferencia mediante una serie de identificaciones”. (Gutiérrez Roberto; 1993: 15).

 Ahora bien, lo anterior es en cuanto a la conformación de la identidad. ¿Pero que hay con la modificación o nula modificación de las identidades? Ya que si lo objetivo no es peso especifico, lo subjetivo como interviene directamente.  

Como observamos, anteriormente, la identidad – de un grupo, de una sociedad o de una nación- es un proceso histórico. Pero su construcción no solo fue, por azares del destino, sino que está o estas identidades – recordemos que son relativas – tienen un fundamento, el cual trataremos de aislar, para observarlo mejor.

En cualquier época, la humanidad ha construido su realidad y la ha planificado sobre ideales – utópicos, si, se les quiere llamar – que han construido un orden, un significado y una certeza. Ideales, es decir, las sociedades en cualquier época le imprimen sentido a la acción, que además es compartida  y es generadora de expectativas mutuas. De tal forma el esclavismo, feudalismo, liberalismo, protestantismo, cristianismo, socialismo, ilustración, revolución industrial, modernidad, nacionalismos, racismos etc. Son discursos, los cuales tienen y conllevan un sentido, sistemas valorativos, “Los imaginarios sociales, son un conjunto de normas y valores que se reproducen simbólicamente y que identifican a un grupo común, del establecimiento y la interiorización de una estructura de sentido” (Ladin Oscar; 1981: 19).

Ahora bien, si las identidades son a sí de fragmentadas, ¿Qué las unifica o las cohesiona? Para responder a esto, hay que tomar en cuenta, que todo ser humano vive en grupos o sociedades, los cuales funcionan en base a imaginarios colectivos, los cuales son las bases para construir un orden colectivo, un conjunto de representaciones sociales, desde las cuales, las practicas individuales comparten con los demás un conjunto de representaciones humanas que permiten que haya un orden. “los imaginarios sociales, son un conjunto de normas y valores que se reproducen simbólicamente y que identifican a un grupo común, del establecimiento y la interiorización de una estructura de sentido” (Mairet, Gerard; 1981:19).

Entonces, si los imaginarios colectivos cohesionan, ¿Estos también son excluyente? Como sabemos, tanto el mito como la religión y la ideología política, son imaginarios y estos difunden ideas idealizadas, sobre un aspecto de índole, ya sea, trascendental o de índole pragmático. Todos ellos tienen la finalidad de proporcionar certeza y significado. Por lo que, al pisar los terrenos de las verdades, todos excluirán a todos aquellos ideales que pretendan autodefinirse y proclamarse como verdaderas.

Ya que esto implicaría, que la verdad manejada por una u otra corriente es falsedad y estaría poniendo en peligro su dominio y permanencia, a sí, como la identificación, para, con los demás.  Por lo que excluirá todo aquella acción y practica que desequilibré el orden del imaginario. “Hay que insistir, en provecho de un análisis de las ideologías, en está inmanencia esencial del sentido en la practica, pues todo análisis de los hechos de significación sufre la tentación de romper está relación, disociar el sentido y la acción” (Mairet, Gerard; 1981: 21).

Entonces, tenemos que no obstante la fragmentación de identidades en distintas concepciones, en la relación espacio-individuo, los imaginarios sociales, cohesionan y normalizan la fragmentación, identificando al colectivo, ya sea como ente con tendencias míticas, religiosas o políticas. Luego entonces, tenemos que la identidad, es decir, la diferenciación individual no es suficiente para cohesionar, sino que hace falta el sentido de pertenencia y éste sentido de pertenencia lo dan las ideologías, el mito o la religión, cada una de ellas tocando diferentes dimensiones subjetivas y objetivas. Sin embargo, no obstante estos imaginarios, hay algo que dará una construcción y una generalidad y una continuidad y esto es: la cultura.

La cultura es pues, todo el sistema valorativo y de significados, que le darán un rasgo común y diferente a una sociedad. En el sentido de cultura política, es el conjunto de informaciones, valores, juicios, expectativas y vínculos afectivos que definen la actitud frente al fenómeno del poder. Del cual podemos desprender tres valores básicos: cognoscitivo, evaluativo y afectivo. Donde:

  • El nivel cognoscitivo, está relacionado con la información
  • El nivel evaluativo, está relacionado con los valores, juicios y expectativas
  • El nivel afectivo, está relacionado con los vínculos afectivos (nacionalismo)

Ahora bien, si las identidades son fragmentadas, según su relación individuo-espacio, pero que, al mismo tiempo están cohesionadas por el imaginario social, ¿Qué generalidad se observara en un colectivo? Es importante señalar, la relevancia, de las instituciones, ya que estas tienen la encomienda de socializar e interiorizar y  reproducir practicas. En este sentido y para ejemplificar, un poco, quisiera describir, el funcionamiento de la institución familiar, como productora  y reproductora de normas, valores y expectativas, las cuales impacten directamente en la noción o visión de lo que es el fenómeno del poder.

Así pues, la familia, es el lugar donde todos los seres humanos reciben las normas de comportamiento, conducta, reglas y disposiciones generales, primigenias, para su conducción e interacción en el mundo social, es decir, es la primera introyección  o internalización de normas de conducta sociales.

Ahora bien, estas normas que recibe el individuo, van a ser relativas en el sentido, de que unas familias van a contar con más información y por lógica  van a trasmitir más información; o bien van a ser más tolerantes y eso van a trasmitir, -esto puede ocurrir con todas las características del tipo ideal del hombre cívico-, a sí pues, la relatividad de estas reproducciones normativas van a implicar que algunos trasmitan más valores, otros menos valores u otros ningún valor; o bien más valores, pero menos intensos o bien menos valores, pero con más intensidad.

Los cuales impactaran en el individuo de forma importante, ya que está primera formación, es lo que se va a tomar como valido y norma. De aquí la, tremenda, diferenciación de lo que es una relación entre desconocidos. Ya que cada uno de ellos tiene una serie de prejuicios, los cuales los ven como validos y normales, prejuzgando a los demás como equívocos y anormales o bien fuera de lo común.

Ahora bien, en está primera socialización, va a formarse  una idea “normal” de lo que son las relaciones de poder. Luego entonces, a saber d lo que el individuo observe eso concebirá como normal y por lo tanto eso que concibe como normal lo llevara a la práctica.

Así pues, si observa autoritarismo  o despotismo o violencia o pasividad o indulgencia o corrupción  o irresponsabilidad o responsabilidad, legalidad, participación, inclusión y  respeto; eso practicara y reproducirá y lo abrazara como un prejuicio sumamente e internalizado.

Así pues, podemos ver que la identidad, en cuanto a su formación, también implica el uso y concepción de lo que es el poder. Siendo entonces está concepción de poder el vinculo más próximo y la línea de interacción más directa entre cultura política (concepción del fenómeno del poder) y el sistema político.

De tal forma, la interacción de expectativas mutuas, de definen la orientación de la relación, es decir, puede haber una modificación impulsada por la base social o bien puede haber una modificación impulsada por el régimen político. 

En donde  la identidad fragmentada (individual, es decir, la relación espacio-individuo) es socavada para dar paso  a una identidad colectiva, donde está puede ser de rasgos cívicos con regímenes democráticos o bien de rasgos autoritarios con regímenes autoritarios y lideres carismáticos.”Lifton analizo  la reforma del pensamiento (popularmente conocida como lavado de cerebro), la cual utilizaba diversas técnicas coercitivas para minar la identidad y conquistar la lealtad  de quienes se oponían al régimen comunista Chino. Los procedimientos incluían la alternancia de la tortura y la humillación organizadas con la tolerancia y los ofrecimientos de amistad, rupturas repetidas en las rutinas, exigencias continuas de confesión y revelación pública y reevaluación del estado interior pasado y presente de la persona, la simulación de culpa y una intensa presión del grupo de pares para cooperar y participar. Este bombardeo incesante conducía  a los reacios prisioneros a sanciones interiores de desintegración de la identidad, una regresión a estados de dependencia infantiles y drásticas transformaciones de personalidad presentadas en términos de muerte del viejo yo individualista y renacimiento  como una nueva identidad “colectiva” (Lindholm, Charles; 1990: 107).

La cita anterior, de Lindholm, a un cuando, es un caso extremo, donde se manifiesta a su máxima capacidad la imposición del poder.

Los aparatos de socialización como la familia, el sistema educativo, la iglesia, partidos políticos, medios de comunicación etc. modifican la identidad, pueden ser sutiles o violentos, difundiendo ideales, parámetros de comportamiento, valores y practicas.

Así pues en cualquier institución, los parámetros de medición para observar, si una institución es de orden democrático o no, es:

  • La visión y las practicas de lo es el poder
  • Así como su apego a la legalidad

Ahora bien, el funcionamiento, de la interacción entre sociedad civil y sistema político, a través de la identidad, se da de la siguiente forma:

La identidad al ser un proceso histórico  y que éste responde a los niveles de información, valores, juicios, expectativas y vínculos afectivos con respecto al fenómeno del poder, luego entonces, éste conjunto le da la generalidad a la cultura política, por lo que está es relativa, según la ideología, mito o religión, difusora de ideales.

Así pues, habrá una correlación, la cual se puede ver su desarrollo en cortes históricos, donde las generalidades e intensidades de la cultura política matizan los regímenes o etapas históricas sociales de un régimen. (Cosa que no pasa con la religión, ya que está es trans-histórica, además  que los conocimientos y certezas que difunde la religión son de corte trascendental, por lo que se desprende de su esencia pragmática).

Ahora bien, las identidades, si en primera instancia tienen un carácter, sanguíneo o afectivo- primero socialización. También las identidades se van a ir modificando, su información, valores, juicios, expectativas y vínculos afectivos. De tal forma que el individuo se vera inmerso en la segunda socialización, la cual lo dotara de relaciones y subjetividades despersonalizadas, es decir, esta segunda socialización establece parámetros de conducta claros especifico, donde el  individuo no puede mantener un vinculo sanguíneo ni difuso, como ocurre en la familia. Esta despersonalización no solo trae consigo desorientación o confrontación con otros significados de vida y otras concepciones de lo que es el fenómeno del poder. Si no que también trae consigo nuevas expectativas y nuevos horizontes y la necesidad de pertenecer a un grupo ajeno que el grupo familiar. Por lo que las instituciones, grupos, asociaciones etc., cobran un papel muy importante, ya que son estas las que impartirán y difundirán ideales, los cuales el individuo optará, por los más convincentes, según sus necesidades subjetivas es decir, el individuo buscará una ideología que cubra sus necesidades de protección, seguridad, verdad, y sobre todo que le de una certera orientación y explicación de, lo que es, de donde viene y a donde va.

Lo anterior nos lleva a suponer que entonces las identidades buscaran identidades afines a sus necesidades o mejor dicho afines a lo que conoce y tiene interiorizado, como es el caso de la concepción y uso del poder. Así pues, como ya lo hemos visto en el ejemplo de la familia;  las identidades trastocadas por un autoritarismo, paternalismo o violencia, asumirán como verdaderas y le darán un sentido de pertenencia a las ideologías o tendencias de corte mítico o religioso,-aun cuando se presenten como ideologías o como corrientes políticas. Ya que como vimos, anteriormente las instituciones políticas pueden tender a mitificarse o a volverse sagradas (teocráticas)-. Según la concepción de lo que es el poder y de que tan difusas o concretas, formales o informales sean las relaciones al interior de las instituciones.

De tal forma las identidades fragmentadas, pero cuestionadas en torno a una ideología, manifestaran su reciprocidad e interacción con similares, además de que requerirán de suministros acordes a sus requerimientos, los cuales el sistema político suministrara. Matizando todo este sistema la subjetividad de los individuos, es decir, la identidad, la cual generalizara y dará peculiaridad a las formas y  a las practicas de incursionamiento, expectativas y reciprocidad, de la participación o nula participación de la sociedad;  de la transparencia o no del sistema político; de la legalidad o no de la normatividad y el estado. Es decir, las identidades darán forma y reproducirán y seguirán instituciones e ideologías, según su noción del poder y significado de vida.

Conclusión:

Este ensayo, aun cuando de forma no muy contundente, trato de abordar la creación, transformación e incorporación de identidades en el sistema político, y de cómo estas van a modificar o le van a dar su particularidad a la relación masa-sistema político.  Si toco algunos temas o puntos que nos sirven para conocer mejor el funcionamiento y de cómo la subjetividad, la forma y transforma las relaciones sociales, manifestando sus generalidades en las tendencias históricas que cada sistema político y régimen optan, por la lectura que hace de las necesidades de la masa.

De tal forma que el sistema político o régimen político, buscara mantenerse o bien derrotar a los discursos, es decir, a las intencionalidades, para poder sustituirlo por otras ideologías y discursos, que a las masas satisfaga o bien que cubra sus necesidades.

Está puesta en claro de que la significación de los discursos atrae y forma identidades, que en primera instancia pareciera fragmentadas, pero que, sin embargo, traen ya consigo una disposición histórica, y no divina, sino cultural para inclinarse a una u otra tendencia, que no solo llena sus necesidades pragmáticas, sino también trascendentales de, no solo, la noción que se tiene de lo que es el poder, si no también de la significación o significado de sentido de la vida.

Bajo ese contexto, vemos una pugna, entre lo pragmático y lo trascendente, vemos una pugna entre lo sacrílego y lo sacro vemos una pugna entre yo y el otro, es decir, vemos la conformación contradictoria de la identidad que trata de conciliarse con los otros, a través de las ideologías que,  por su difusividad de sus conceptos atrapan a lo pragmático o a lo trascendente de la identidad neutralizando la contradicción dentro de su ideología, pero exacerbándola al exterior de todo aquello que es ajeno, me atrevería a decir, que ya no son individuos o identidades en pugna, si no grandes sistemas ideológicos- conceptuales, que pugnan, por ser reconstruidos por las identidades fragmentadas.

   
Bibliografía:

  • Gutiérrez, Roberto (1993) “El campo conceptual de la cultura política” en argumentos, UAM-X, pp. 73-79.
  • Landi, Oscar (1981) “lenguaje, identidades y ciudadanías políticas”, en estado y políticas en América Latina, Siglo XXI, México.
  • Maalouf, Amin (1999) “Identidades asesinas, Alianza Editorial, Madrid, España.
  • Lindholm, Charles (1992) Carisma, Gedisa, Barcelona, España.
  • Mariet, Gerard (1981) “Ideología de occidente: significación de un mito orgánico”, en Historia de las ideologías, t. II, Premia Editorial, México.
  • Chambers, Iain (1996) identidad y migración, Porrúa, México.

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