Contribuciones a las Ciencias Sociales
Febrero 2012

DETERMINANTES DEL CONOCIMIENTO SOCIOLÓGICO PARA EL ANÁLISIS CULTURAL

María Eugenia Espronceda Amor (CV)
meugenia@csh.uo.edu.cu
Universidad de Oriente, Cuba

RESUMEN
El artículo nace de la necesidad de incursionar acerca de los desarrollos de la ciencia sociológica en la región de Santiago de Cuba, particularmente en lo relativo a los temas culturales en los últimos 20 años. El hilo conductor del artículo es el análisis de las determinantes sociales para la construcción sociológica del conocimiento a partir de procesos articuladores tales como las instituciones científicas, el papel de las políticas científicas, los espacios socializadores de conocimiento y las publicaciones gestadas en las últimas 3 décadas. Se argumenta el renacimiento académico de dicha ciencia en las universidades, la lógica investigativa seguida por las instituciones dedicadas a los temas culturales y los retos que deberán ser asumidos por los académicos para su abordaje.

PALABRAS CLAVE: sociología, conocimiento, análisis cultural, determinantes sociales, sociología cultural.




Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Espronceda Amor, M.: "Determinantes del conocimiento sociológico para el análisis cultural ", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Febrero 2012, www.eumed.net/rev/cccss/18/

Producir sistematizaciones que pretendan problematizar la información acumulada por la sociología se torna tarea ardua hasta para el más avezado. Ya suman décadas que exceden un siglo desde que algunos pensadores (filósofos primero y sociólogos después) se sumergieron en una afanosa y polémica búsqueda para explicar, fundamentar y avizorar las transformaciones que venían ocurriendo en occidente en el siglo XIX -entiéndase la naturaleza de sus relaciones sociales, las estructuras y su dinámica- en función de la variada naturaleza de un contexto social que cambiaba recurrentemente, y del que poco se podía asegurar acerca de la dialéctica de dichos cambios y los destinos de la sociedad. Los desajustes entre la aparición, consolidación o renacer de una determinada problemática y la reflexión que de forma paralela debía acompañarla, impusieron retos donde rezagos, letanías o ausencias entre construcción de conocimiento y emergencia analítica, iban cobrando cuerpo a modo de plataforma general; tales desajustes son concomitantes al desarrollo de la ciencia sociológica y constituyen un aspecto de relevancia para las ideas que pretendemos debatir aquí.
Toda vez que el alcance de este artículo no pretende ir mas allá del contexto expedito que lo condiciona: la noción de región (Santiago de Cuba), estamos de inicio renunciado a la búsqueda de argumentos más allá de sus propios límites; esto es, intentar esbozar algunas ideas acerca de las determinantes para la construcción de un conocimiento sociológico regional centrado en la cultura. Otros textos de esta naturaleza, pero caracterizados por una visión más general, han ido apareciendo en publicaciones nacionales e internacionales con las mas variadas intenciones desde lo histórico – teórico y/o metodológico, dibujando una epistemología que envuelve la escritura sociológica y pertinencia de un tipo de conocimiento que no ha seguido una trayectoria lineal, sistemática y coherente en nuestro país1 . La existencia de estas sistematizaciones, más allá de intenciones y pretextos, o sus ausencias, decididas aún cuando sobraban razones para su sostenimiento, colman una accidentada historia en la que casi siempre al comenzar el interés por un tema se tiene la sensación de reiniciar el viejo y transitado camino del conocimiento, cuando ya pareciera que la construcción de consensos en torno a sus virtudes hace innecesaria la regresión.
También habrá que renunciar por el momento a inquirir acerca del discurso sociológico en la región en su totalidad o diversidad temática. Nuestro interés central surge de la necesidad de polemizar en torno al análisis y comprensión de las condicionantes estructurales para la construcción de un conocimiento sociológico que cargue, -casi en condición de cordón umbilical- el sentido más hondo de su ser: la cultura, considerando las sobradas razones que tenemos para visibilizarlo, en tanto sustento de reflexión en torno a lo social.
Los textos que explican la construcción del conocimiento podemos identificarlos con tres áreas complementarias, perfectamente torneadas y diferenciadas entre si: la epistemología, la metodología y la sociología del conocimiento. Esta última, se esmera en explicar las condicionantes sociales para la construcción del conocimiento en la denominada también sociología de la sociología.2
Las dos primeras acumulan toda la carga que atañe a esa historia de términos, modelos explicativos y diversidad analítica, contenida en textos, artículos, ensayos y otros géneros expositivos del discurso, donde a favor de la argumentación del objeto de estudio, se suelen superponer epistemologías que pueden ser diversas según regiones, países, trayectorias, antigüedad y reconocimiento social.3 Escribir sobre un tema que no acumule con suficiente claridad modos de discursar en cuanto a métodos, actores o aparato conceptual -según usos y costumbres en algunos espacios académicos-, o una trayectoria temporal que avale su sostenimiento, supone un esfuerzo doble toda vez que nos lleva a la búsqueda de su argumentación desde otras geografías y contextos a partir de los cuales, temas similares fueron tratados y avalados por prestigiosos pensadores décadas atrás; por tanto, resulta irrelevante e innecesaria una justificación sociológica que muchas veces se convierte en el fantasma de cursistas, cuando lo dicho “no compite si se encuentra fuera de determinados cánones”, según los modelos para garantizar consenso, aceptación y validez de un análisis.
La sociología del conocimiento, por su parte, aporta una visión estructurada y estructuradora acerca de: a) la naturaleza y carácter de las instituciones: sus objetivos, principios, funciones y alcance; b) el papel regulador de las políticas científicas en tanto sustento de lo que necesita ser investigado de forma prioritaria, a lo que es necesario dar respuesta y ante todo, orienta la reflexión en sentido propositivo; esto es, portadora de soluciones funcionales y viables a introducir en la práctica social en razón de ciencia con responsabilidad social; c) todo el soporte material del conocimiento contenido en libros, folletos y artículos – entiéndase el texto en tanto objeto en sí y para sí, como cristalización de un saber que es cuanto tal si es recuperada la realidad a través del discurso contenido en la escritura- y, por último; d) el valor que otorgamos a los procesos y espacios socializadores de dicho conocimiento, no solo visto como resultante, sino la propia vía crucis de su construcción, las formas de obtener y/o garantizar el consenso, el papel de los micro laboratorios donde van cobrando sentido las ideas (papel de los colectivos científicos), y las variantes de su circulación en sus moldes tradicionales de intercambio –eventos, talleres, conferencias y presentaciones, básicamente-.
Declarados los elementos de partida, ordenamos la exposición de los referentes en varios puntos temáticos acerca del proceso de construcción de conocimiento en torno a la cultura en el contexto santiaguero, la pertinencia de su abordaje y los retos que supone una incursión favorecida.

  • Reaparición del quehacer sociológico en los 90 en el contexto académico santiaguero.

La sociología como ciencia aparece y desaparece durante el siglo XX en Santiago de Cuba si de formación académica se habla. Su renacer tuvo en el marco universitario una variante tradicional para potenciar la relación conocimiento – sociedad 4 donde la responsabilidad docente e investigativa descansó en los hombros de especialistas de la filosofía, quienes debían a paso de gigantes completar currículo y asumir paralelamente el ejercicio sociológico a su propio desarrollo cognoscitivo, aun cuando se contaba con potencial humano formado en esta ciencia en décadas anteriores que pudo haber contribuido de forma mas directa y eficiente a la nueva especialidad que se estaba fomentando. Ciertamente, la presencia de sociólogos en la región en el momento de su reapertura estaba mas concentrada en instituciones diversas vinculadas a la salud, los medios de difusión, centros de investigación cultural o de la planificación y ordenamiento urbano, entre otras, -aun cuando en la práctica no ejercieran la profesión para la cual fueron preparados-, y no en la planta de docentes que debía asumir este nuevo reto. Ello condujo a la formación acelerada y completamiento de currículo de un grupo de profesores de filosofía fundamentalmente, a favor de manejar las habilidades profesionales necesarias a la renaciente especialidad. 5
El quehacer de la sociología comenzó a ser construido de forma independiente, unas veces y en complicidad, otras, a partir de estructuras generadas por el contexto o condicionadas desde el sistema social, ello asociado a un contexto excepcional de la historia de Cuba (la década de los noventa), donde muchas cuestiones de carácter epistemológico y metodológico fueron quedando como deudas –por omisión o insuficiencia, en menor grado-, máxime cuando durante décadas se han perdido de forma temporal o definitiva, reflexiones en torno a temas que acompañaran de forma paralela las transformaciones que se venían operando desde el contexto regional.
A tenor de lo anterior, las reflexiones sociológicas en torno a lo cultural reciben como preciada herencia un caudal variado y polémico relativo a contenidos, formas de acercamiento, estrategias metodológicas y aparato conceptual, funcionalizados desde el papel social de las instituciones que lo producían y que accionaban como referencia obligada para cualquier aproximación. Sus trayectorias epistemológicas no podemos ubicarlas de forma expedita en la sociología, aún cuando tributan a una concepción integradora acorde con el discurso interdisciplinario que pretende ser construido para bien de las ciencias sociales.6 El espacio comunitario o el institucional fueron los escenarios por excelencia donde se reiniciaron los primeros trabajos signados por el análisis de relaciones sociales asentadas en costumbres y prácticas, cuyo contenido era la cultura; en esta coyuntura ésta era entendida en su acepción estrecha, esto es, el estudio de fiestas o aquellas rutinas y regularidades que componen también el campo artístico. Una sociología de la cultura fue pensada y aplicada instrumentalmente, buscando ante todo comprenderla como cauce potenciador de procesos de ajuste, a favor de propiciar su conexión con otras esferas de lo social, básicamente la función preventiva del delito o cualquier otra problemática social. 7
Con posterioridad aparecen otros trabajos que abordan de forma específica la sociología teatral, conservando las esencias ya introducidas y mas recientemente se avistan textos que resignifican el papel del carnaval, las fiestas populares, el quehacer de la plástica y alguna que otra reflexión intenta penetrar en fenómenos como el rap, el rastafarismo, la cultura popular tradicional, sus cultores y los estudios de público, fundamentalmente.8
Si hablamos a favor de una perspectiva instrumental de la sociología, pensada en razón de introducir cambios a favor del ajuste institucional, estamos en presencia de su concepción aplicada, en la que esta constituye solo una de sus aristas y donde lamentablemente se tiene una visión parcial si se piensa que la aplicación es en sí su única misión, toda vez que se relega el pensamiento solo a su carácter transformador. La conexión pensamiento – acción en una acepción mas profunda es incorporada por uno de sus teóricos contemporáneos cuando refiere:
…El pensamiento y la investigación sociológicos contribuyen en la práctica a la elaboración de políticas y a la reforma social de muchas maneras evidentes. La más directa es, simplemente, haciendo comprender de forma mas clara o adecuada que antes una situación social. Esto puede ser en el nivel del conocimiento fáctico, o mejorando la forma de captar por qué ocurre algo (en otras palabras mediante la comprensión teórica)…9

En los escenarios de esta batalla, el interés por lo cultural tiene un doble rasero: por un lado, situarlo en y desde la noción institucional, aspecto este de larga y sostenida polémica con la ciencia antropológica en razón de su objeto de estudio; por el otro, la raigal y desacertada noción de que lo sociológico debe privilegiar por encima de cualquier otra función, la naturaleza instrumental de sus acercamientos en una potenciación de su aplicabilidad. Lo anterior, supone clarificar lo sociológico, su objeto y diferencias con otras ciencias, al tiempo que condena, aún sin siquiera pretenderlo y sin medir sus consecuencias, toda reflexión que no cumpla estos requisitos y “solo pretenda situar en su justo valor” aquellos temas que favorecen estudios relativos a las identidades, la diversidad regional, las costumbres, patrones, creencias y prácticas del objeto cultural y su consabido mundo de los significados.
Desde aquí la relevancia del abordaje de problemáticas sobre la cultura tiene valor en sí misma en tanto razón de ser, al tiempo que sus resultados pueden ser introducidos en la práctica siempre que el objeto de investigación así lo requiera. Lo aplicado en si, tampoco debe ser su razón última. No podemos perder de vista que la construcción de los modos de investigar en una ciencia se configuran en consonancia con sus especificidades, pero en una relación de semejanzas y diferencias específicas respecto al resto de las ciencias sociales.
La ausencia académica de la Antropología en el ambiente universitario ha incidido negativamente en la clarificación de la construcción de objetos de estudio relativos a lo cultural10 , y por otro lado, la ausencia profesional de Trabajo Social ha reservado a lo sociológico la introducción de acompañamientos y solución a determinados problemas en los niveles de individuo, grupo y comunidad, absorbiendo y abarcando a través de sus competencias profesionales una pretensión que desborda sus alcances; relegando o postergando lo que por justicia, trayectoria e historia, le corresponde a dicha disciplina. Esta tendencia de superponer los objetivos y modos de actuación del trabajo social con el quehacer sociológico, en su variante instrumental, no ha sido privativa de nuestro contexto.
No desentona completamente la investigación de una problemática particular de la cultura, privilegiada desde el marco sociológico, si rendimos tributo al legendario estructural funcionalismo cuando en la práctica su discurso, intenciones y objetivo, ha rebasado de forma palpable su aplicación respecto al resto de las matrices teóricas construidas durante mas de un siglo, en una lógica que busca la armonización entre las partes del sistema social en pos de garantizar su estabilidad y coherencia. Sin embargo, y contradictoriamente, es la arista cultural la mas vulnerable desde este enfoque, atendiendo a lo siguiente:
a) la visión institucional de la cultura y la noción aplicada de la investigación como correctora de procesos sociales es solo una parte del análisis, en tanto el reconocimiento de la identidad cultural, las historias de los procesos y sus representaciones y la construcción de sentido resultan ejes referenciales esenciales para toda explicación sociológica que parta de un contexto, incluso para aquellos temas en los que de forma epidérmica “lo cultural” no cobra relevancia en lo que acertadamente J. Alexander denominó, sociología cultural 11;
b) atender como pertinente y legítimo solo los aspectos de la mirada institucional, suprime e inhabilita como válidos y viables aquellos supuestos teóricos asociados a la visión subjetiva, micro y, por ende, potenciadora de recursos explicativos acerca del papel de la acción social, siendo precisamente ésta la mas compulsada y representativa en la epistemología de los estudios culturales y su acompañamiento metodológico per se: la estrategia cualitativa;12
c) el sostenimiento de un desfasaje teórico y metodológico entre la creación de un conocimiento regional y los avances mas significativos que están teniendo lugar en la sociología a nivel internacional, los debates entorno a sus limitaciones, formas de superación y encrucijadas, en las que se tienden a reproducir ideas y esquemas ya empleados con anterioridad, sesgando posibles desarrollos;
d) los estudios relativos a la cultura se han basado en la idea de que las “partes de la cultura” o “las artes” (aquí los autores hablan a favor de una sociología de la música, del teatro, del cine, sus públicos y consumos, los procesos religiosos, segmentos culturales tales como los raperos, rastafaris, y la temática racial, etc.) constituyen los nutrientes esenciales de la reflexión, y donde lo cultural emerge desde las esencias de las relaciones sociales;
e) la tendencia a la búsqueda de compatibilidad teórica y metodológica entre el estructural funcionalismo y los restos de la variante marxista mas clásica, en la que la construcción de conocimiento suele proyectarse con frisos de idealidad, por encima de particularidades propias de fenómenos y procesos sociales concretos, reclama enfoques más cercanos a la singularidad y a un tratamiento micro localizado donde tengan cabida, creadoramente, otros encuadres teóricos.

Más recientemente intentando dar respuesta académica a esa multiplicidad de comportamientos culturales que engloban a segmentos de población mayormente juvenil13 , las dinámicas que tonifican las redes urbanas en términos de uso de los espacios, las ofertas institucionales y una gama de temas a tono con la diversidad social han ido cobrando cuerpo en diversas propuestas académicas, construidas con el paso del tiempo desde el esquema conceptual y estructural que constituye el postgrado, generando espacios de discusión proclives a visibilizar estos temas y a construir un conocimiento paralelo como respuesta necesaria a las acuciantes demandas de la realidad.14
Por otra parte, se pueden encontrar algunas investigaciones culturales de corte regional interesadas en abordar temas de actualidad superponiendo el término “sociológico” como sinónimo de “análisis social”, privilegiándose entonces la historia de un proceso, suceso o fenómeno, los cambios que en él han tenido lugar y, no menos importante, se sobrevalora con creces el papel que las técnicas de recopilación de información aplicadas a sus protagonistas, procesos o los públicos podrían aportar en la explicación de un determinado asunto.15 Las ausencias de referentes directos del argot sociológico, -entiéndase autores clásicos o reconocidos o sus líneas de reflexión-, o el asumir “la perspectiva sociológica” aún cuando estén implícitas sus constantes teóricas y no hayan sido visibilizadas, favoreciendo el “historiar” solo como intensión o meta, son caminos recurrentes en estos textos en los que no falta razón cuando reclaman la necesidad de que determinados comportamientos o problemáticas deban ser estudiados desde una de las ciencias que le compete; donde, no obstante, en su lectura muchas veces queda mas el sabor de lo histórico que lo sociológico en sí, y en la que esta última siquiera es parte del título o conforma algún que otro contenido, del que solo se recupera la intención. Esta vertiente historicista es predominante en instituciones investigativas del territorio, no así en los predios universitarios.
Otras instituciones donde la investigación cultural de forma más acendrada toma cuerpo son la Casa del Caribe, el Centro Cultural Africano “Fernando Ortiz”, la Oficina del Historiador, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, junto a otras estructuras docentes y del campo de aplicación de la política cultural en las que se conforma una buena parte del sustento cognoscitivo en torno a estos temas.

  • Los espacios editoriales como agentes del conocimiento: sus alcances y funciones.

El tipo de conocimiento legitimado en el contexto santiaguero para abordar lo cultural tuvo en la historia y la literatura sus mejores aliados. Cientos de textos sobre temas culturales cobraron cuerpo toda vez que la lógica de su elaboración respondía a los cánones tradicionales de sendas ciencias, en lo tocante a discurso, rigor metodológico y alcance de resultados. Lo sociológico, ha tenido que abrirse camino en medio de agudas críticas a su “clásica y polémica ausencia de historia”, el papel que desempeñan los esquemas conceptuales en la construcción del conocimiento y el abigarrado estilo al elaborar ideas, en el que predomina cierta inclinación por ofrecer tendencias de procesos y generalidades, cuando la lógica funcionalista pareció ser la única herramienta posible y aún más, cuando en razón de su carácter aplicado, ésta parece ser, pese a su propia historia, su única potencial razón de ser. 16
Es consecuente con lo anterior el hecho de que nuestras publicaciones y su diseño editorial en lo tocante a libros responden a un esquema general que no balancea las ciencias sociales de forma amplia, ello implica que estudios filosóficos, psicológicos y sociológicos, casi no tengan presencia. El análisis sociológico de problemas como la violencia intrafamiliar, la prevención social, las crisis ambientales y sus impactos, los usos de los espacios urbanos y muchos otros, tienen un mejor perfil en aquellas que responden a este tipo de objeto (estudios urbanos, de salud, sexualidad, comunicación y otras) siendo escasas, circunstanciales y mayormente producidas bajo ciertos requerimientos asociados a proyectos, necesidades docentes o alguna situación concreta que amerite la incursión; por lo que, no pocas veces, ello conduce a que sus autores, renuncien a la publicación del libro como cuerpo integrado, a favor de presentar estudios fragmentados o parciales en los que el formato artículo en diversas revistas, constituye su forma mas habitual o, en el peor de los casos, quedan solo como fuente de información de escasa difusión en determinados estancos universitarios, usados por cursistas del pre y postgrado que las reciclan reiteradamente, sin cumplir a cabalidad el destino para el cual fueron concebidas.
Otro formato –las revistas- corre similar suerte. Las ausencias de una publicación seriada a nivel nacional dedicada particularmente a lo sociológico, lastra en mucho las intenciones de otorgarle reconocimiento y valía a una ciencia en la que, debido a presencias discontinuas, no siempre se tiene una representación más o menos clara de su objeto y alcances entre los no especialistas y, por consecuencia, no fructifican las virtudes y potencialidades de este tipo de conocimiento, contribuyendo a conocimientos parciales y fragmentados de la profesión. Lo dicho es también válido para la región.
En el trazado editorial, es justo lo cultural con perfil histórico – visto desde la sociología – el que lleva ventaja por encima de otros temas ya anunciados. Esto quizás responda a que en la construcción de un estudio sobre temas culturales, una parte de la argumentación cubre un contenido histórico, propiciándose identidad profesional con el oficio de historiador; ello contribuye, en cierto modo, a recorrer el camino en la socialización del conocimiento y, por tanto, colocar una forma distinta de presentar el abordaje del objeto de estudio desde una perspectiva que, si bien por un lado apunta a las esencias, por el otro, tampoco complace en su totalidad los objetivos y perfil de la profesión. Este tipo de investigación es un análisis a medio camino entre sociología e historia, tributando a la perspectiva interdisciplinaria.
No podemos olvidar que las ubicaciones laborales de los egresados de sociología están concentradas en diversas instituciones ya mencionadas, y no se avizora la realización de estudios sobre sociología del público en las que éstos pudieran participar aportando, no solo en razón del conocimiento de que disponen para ello, sino participando desde la propia concepción de lo que se debe y puede publicar. En la toma de decisiones, no se conforman equipos interdisciplinarios donde este profesional tenga al menos la capacidad o intención de aclarar, inquirir o pulsar las ventajas, aciertos o valor de este tipo de análisis y las carencias que puede suplir, resultando muy complejo el escenario al que los sociólogos se enfrentan en su cotidianidad. En sentido amplio, los estudios del mercado del libro no parecen ser de interés por parte de los gestores de estos procesos, en los que pudiesen tener una intervención significativa dichos profesionales, aportando análisis sistémicos que cierren brechas a criterios puramente gremiales, preñados de la subjetiva mirada que nos aporta el aprendizaje de una profesión. Resulta altamente beneficiosa la producción y circulación del conocimiento si se piensa desde las necesidades de los lectores, si se detectan aquellos temas que deben ser estimulados, o los que debido a escasa demanda, han ido quedando en la obsolescencia.
Las ausencias de publicaciones particularmente diseñadas para abordar lo sociológico, puede ser extensible al tratamiento de temas culturales. La ausencia de gremio o asociación que aglutinen a los sociólogos limita la existencia de estrategias gremiales donde aflore la necesidad de colegiar intereses comunes, se discutan álgidos problemas teóricos y metodológicos, se realicen balances donde se ponderen los abordajes alrededor de los fenómenos y procesos sociales más agudos, o se hagan visibles aquellos que aún están sumergidos en el silencio, constituyen vacíos inexcusables para las formas de intercambio y socialización necesaria del conocimiento; ello es doblemente lastimoso pues tanto los espacios diseñados para ello (congresos, talleres, conferencias y otros), y lo dicho acerca de la carencia de publicaciones disciplinares y sus impactos, se observan en menor cuantía en la región, dejando la impresión de fallas en el ordenamiento estructural de la ciencia y su expresión articulada desde una política que potencie de forma integral el desarrollo de la sociología.17

  • Las investigaciones centradas en estudios culturales. Incomprensiones y corrimientos innecesarios.

En estas herencias cabe destacar las contribuciones de la Casa del Caribe en tanto institución generadora de conocimiento, la que paralelamente y junto al esfuerzo de historiadores, literatos y algunos filósofos ubicados en disímiles instituciones entre las que cuentan la Universidad de Oriente, la Oficina del Historiador y las muy variadas instituciones culturales de la ciudad, dedicadas por años a estos temas, constituyen fuentes obligadas si el requisito de la exhaustividad lo tenemos incorporado por oficio. Otros procesos paralelos, fuentes y sustento de temas entre los cuales cuenta el carnaval, las fiestas tradicionales, las festividades religiosas, los procesos migratorios y la conformación de las identidades, o el quehacer de las artes plásticas, el cine, la música o el teatro, por citar las mas recurrentes, pesan como los más investigados y cuyas epistemologías gozan de diferencialidades.
Es justo reconocer que la relación entre la docencia e investigación sociológica universitaria y la Casa del Caribe ha favorecido una dinámica muy peculiar del quehacer sociológico en la región. El liderazgo de su fundador J. James y su vocación por los estudios del Caribe, han sustentado la preclara noción del papel de la cultura como sustento de la nación, cobrando cuerpo en el estudio sistemático de procesos religiosos, las identidades, las migraciones y otros muchos temas con el concurso de las ciencias sociales y humanas de forma amplia, nutriendo y dándole actualidad al término círculo cultural, una de las corrientes teóricas que configura el primigenio pensamiento antropológico a inicios del siglo XX, en las infinitas posibilidades de otorgarle coherencia y actualidad a viejos esquemas, supuestamente superados en el decursar del siglo. Las razones para una vocación caribeña fueron sostenidas desde el entramado de historias comunes, formas de despoblamiento y repoblamiento, y los modelos ideológicos a partir de los que se configuran las identidades en su capacidad regeneradora de autoreconocimiento y diferenciación entre los pueblos del Caribe. Aquí resalta el aporte de James de construir un concepto de cultura caribeña entroncado en la historia que hoy debiera constituir referente obligado para los estudiosos del Caribe. 18
Los argumentos que acompañan la trayectoria investigativa de dicha institución en la búsqueda explicativa de nuestras raíces, posibilita comprender la forma en la que emergen representaciones de la identidad en su expresión multifórmica, resultando esencial para el desarrollo de otras instituciones del territorio en la doble condición investigativa y de la creación artística.19 Para el caso particular de la sociología, estamos en deuda con su fundador cuando de forma preclara advirtió la triple potencialidad que significaba: compulsar a un equipo de estudiosos a hurgar en las raíces de la región dando lugar a numerosos y prolijos textos; crear y colocar la revista Del Caribe, no solo en su condición expedita y natural como facilitador de la socialización del conocimiento regional, sino de su calidoscopio natural, la región caribeña; y, por último, el Festival del Caribe en el que se combinan de forma armónica la discusión académica con la presencia de las fuentes legitimas de la cultura popular.
Las formas de argumentar las investigaciones culturales cobran funcionalidad según el lenguaje mertoniano de acuerdo al objeto y carácter de la institución que la cobija. Para la sociología académica, la parada necesaria en los estudios de la Casa del Caribe significó en apretadas líneas:

  • tomar el puente natural que esta ofrecía en tanto conocimiento construido en libros, ensayos y artículos como asideros de sentido de una memoria regional;
  • acercarse, racional y afectivamente a los actores que habían propiciado dichos esclarecimientos en su doble condición (investigadores y cultores), facilitando la articulación entre ambas estructuras, desde una docencia de compromiso, al involucrarse como conferencistas en ese cordón excepcional entre sus gestores y aquel estudiante que casi siempre se acerca por primera vez a este tipo de saber;
  • y, por último, no despreciable, facilitar la publicación de ensayos desde los que emana una crítica reflexiva que puede coincidir o no con algunas ideas defendidas desde el diseño de la institución, lo que ennoblece, sin lugar a dudas, una teleología del conocimiento en la que deben primar, como sus razones máximas, el carácter multiparadigmático con el que suelen ser enfocados diversos temas sociales, así como la necesaria e inevitable trascendencia de todo conocimiento.


Para el conocimiento sobre la cultura en nuestra región la Casa del Caribe ha sido, y esta llamada a seguir siendo, una fuente enriquecedora de investigaciones donde los sociólogos deberán continuar bebiendo los enfoques conjuntos desde una sociología de la cultura hoy se presentan como una urgencia del desarrollo cognoscitivo.
Al tema que nos convoca le restan grandes desafíos. Una realidad compleja por explicar, de la que somos deudores cuando tardamos tiempo en dar respuesta científica a necesidades acuciantes; unas formas de estructuración del conocimiento científico que no consigue superar las carencias del pasado, que incluyen la ausencia de revistas de perfil sociológico o las asociaciones de sociólogos, entre algunas condicionantes ya adelantadas, junto a modelos de pensamiento que solo ven en la aplicación instrumental la única legitima función del conocimiento o, y en esto va el reto mayor, una comprensión de lo cultural ceñido fundamentalmente a algunos temas, sin apreciar a cabalidad que la sustracción de cualquier problemática social de su plataforma natural: esto es, la cultura, genera razonamientos a modo de esquemas universales, carentes del sentido mas íntimo que le otorga la pertenencia a un contexto, como nutriente esencial de los significados que desde la cultura han sido construidos.

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1 Algunos trabajos que por su importancia merecen ser señalados son de Jorge Núñez Jover: “Aproximación a la sociología cubana” en Papers,No. 52, pp. 187 – 203; “La ciencia sociológica en Cuba y la perspectiva metodológica del género” de Teresa Muñoz Gutiérrez en Panorama da realidade cubana. Cadernos do Ceam, No. 8, pp. 11 – 22, la compilación elaborada con fines docentes Introducción a la sociología, Selección de lecturas, tomo 3, elque en voz de sus autores, fue un material preparado con rigor para abordar trabajos que exceden en mucho las intensiones de un texto introductorio, este contiene: “En Cuba revolucionaria: espacios intermitentes para la sociología” de Teresa Muñoz Gutiérrez y Aymara Hernández Morales, pp. 404 – 432, “Sociología y revolución. La continuidad de una reflexión impostergable” de Rafael Hernández, pp. 433 – 450; “Cuba: la hora de las ciencias sociales” de Mayra Paula Espina Prieto, pp. 472 – 492, y de esta última autora, un texto que hemos utilizado recurrentemente “Tropiezos y oportunidades de la sociología cubana”, pp. 36-49.

2 En el texto La sociología del conocimiento y de la ciencia de los autores Emilio Lamo de Espinosa, José María González García y Cristóbal Torres Albero, el primero argumenta que: “(…). Pues la sociología del conocimiento, como cualquier otro tipo de conocimiento, emerge bajo condiciones sociales concretas que es necesario indagar, y a eso, justamente, se dedica la sociología del conocimiento: a indagar las variables que favorecen/dificultan la construcción/emergencia del conocimiento y, por lo tanto, a indagar las variables que dificultan/favorecen la emergencia de ese tipo especial de conocimiento", p. 19. Por su parte el Diccionario de Sociología de Salvador Giner, E. Lamo de Espinosa y Cristóbal Torres, al introducir el término metasociología y su concretización en la sociología del conocimiento hablan de “… una mezcla extraña y desordenada de análisis (filosófico), de los supuestos ontológicos, estudio (sociológico) de las condicionantes sociales y clasificación (historiográfica) de los quehaceres sociológicos”, pág. 480.

3 En el diccionario antes mencionado, las diferencias entre epistemología y metodología atienden a que la primera es una disciplina que trata de explicar la naturaleza, origen, objeto y límites del conocimiento y su validez, en un trazado que va desde una epistemología de las ciencias sociales, de una disciplina -en este caso la sociología- y del tema que se esté abordando en cuestión; por su parte, la metodología es el estudio lógico y sistemático de los principios que guían la investigación científica o el estudio de los métodos, pág. 485

4 El papel de las universidades es clave en la creación, formación, reproducción y conformación de un conocimiento científico en cuestión. La enseñanza de la ciencia sociológica en la Universidad favoreció la reaparición de textos, prácticas docentes y estudiantiles, investigaciones y sobre todo, la profesión de sociólogo en diversas instituciones y espacios de la ciudad. La necesaria conexión entre la realidad que estudia y la impartición de docencia aboga por “tocar” desde la ciencia aquellos problemas que la aquejan a través de materias o temas que no signifiquen alejarse de los discursos de la sociología a nivel mundial. Los cambios de planes de estudio, la introducción de horas justificables desde materias o temas que respondan a necesidades de la región y la inteligencia con la que puedan conectarse “universidad y sociedad”, hacen más que pertinente y válida cualquier aproximación.

5 Esto se traduce en la capacitación en un grupo de materias que no fueron recibidas por los egresados de filosofía que constituyen el núcleo de partida del Departamento, que si cuentan como esenciales para el particular de la sociología. Estas fueron Estadísticas, Teorías sociológicas, Estudios latinoamericanos y computación de forma general y luego entrenamientos particulares según las materias que como docentes debían ser impartidas en la reapertura de la carrera en el año 1990.

6 El libro Abrir las ciencias sociales cuyo coordinador es el excelente académico I. Wallerstein reunió, bajo la denominación de Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales a especialistas de diversos países, 6 de las ciencias sociales, 2 de las humanidades y dos de las ciencias naturales para discutir los aciertos y dificultades básicas a que se enfrenta esta compleja y amplia rama del conocimiento. En el texto se plantea que los problemas eran y son considerables: jerarquía entre pasado y presente, entre universalismo y particularismo, entre enfoques ideográficos y nomotéticos, multiculturalismo, interdisciplinariedad, proliferación confusa de programas universitarios de investigación, escasez de recursos, implicaciones políticas, etc. Por ello, centrado en el papel que la universidad desempeña en la construcción, difusión y aplicación de conocimientos propone 4 ámbitos específicos para intentar superar la situación antes descrita, a partir de lo siguiente: 1- agrupamientos de estudiosos, por un año, con apadrinamiento institucional, en torno a puntos específicos apremiantes; 2- establecimiento de programas universitarios de investigación, con fondos para cinco años, cortando interdisciplinariamente las líneas tradicionales; 3- nombramientos de profesores en dos áreas o departamentos de estudios diferentes y 4- incorporación a los grupos de investigación de estudiantes involucrados también en dos distintos campos académicos. Como se puede observar la propuesta va desde aspectos estructurales y formales de la ciencia, hasta los propiamente epistemológicos.

7 Los primeros trabajos realizados desde la sociología académica sobre el tema fueron en el marco del Proyecto de trabajo comunitario de transformación integral en San Pedrito por las profesoras Isabel Taquechel Larramendi y María E. Espronceda Amor, cuyo contenido refería la formación del barrio y el papel de la conga como estructura potenciadora de inserción social para jóvenes con problemas de conducta. Este tema fue continuado en otras comunidades a lo largo del tiempo en el Proyecto socio - urbanístico Novoa, La Ceiba y otras, donde el resto de las esferas de la sociología tributaran a dicha concepción.

8 Algunos trabajos sobre el tema realizados por estudiantes de Sociología fueron “Movimiento Santiago Rap: para un análisis de su composición a partir del estrato y el estatus social”.(Universidad de Oriente), 2004, “El Movimiento Santiago Rap: delimitando lo marginal” (2004), Para un análisis de las representaciones sociales en el mundo de las artes plásticas: condicionantes estructurales desde la visión institucional. (2006) La sociología de las artes plásticas en el contexto sociocultural comunitario. (2008). “El rap como Representación Social: estudio comparativo de dos Instituciones Culturales” (2010).

9 A. Giddens En Sociología, Capítulo 1: Sociología. Problemas y perspectivas, p. 55

10 Solo se imparte como materia en el currículo de carreras como Sociología y Filosofía, así como en diversas maestrías del territorio desde la década de los 90, avanzando muy lentamente desde la especificidad que requiere un conocimiento que desde hace ya mucho legitimó su valía y cuyo objeto está centrado en la cultura. Ver de la autora el artículo Para una epistemología de la enseñanza de la Antropología sociocultural: algunas experiencias en Revista Santiago, mayo – agosto, Universidad de Oriente, 2011

11 Un trabajo de la autora sobre este tema es Pertinencias y alcances de la sociología cultural en el encuadre sociológico. Algunas notas. En Revista Santiago, No. 118, Págs. 36-48. Alexander ejemplificando investigaciones desarrolladas con este corte, menciona los trabajos relacionados con censura y exclusión (Beisel, 1993), raza (Jacobs, 1996), sexualidad (Seidman, 1998), violencia (Wagner y Pacifici, 1995) al tratarlos como instituciones o procesos que refractan los textos culturales de un modo colmado de significado y son considerados como metatextos, véase Alexander, J. y P. Smith: “¿Sociología cultural o sociología de la cultura? Hacia un programa fuerte para la segunda tentativa de la sociología”, del texto Sociología cultural. Formas de clasificación en las sociedades complejas, p. 53

12 Es conocido que en defensa de lo cultural en la perspectiva sociológica debemos privilegiar temas, formas de incursión, escrituras y presentación de análisis desde raíces teóricas asociadas a las determinantes de la estructura social en su carácter conformador de normas, roles y conducta. La dinámica que emana de relaciones sociales que cobran cuerpo en su interior, en tanto sustento de dichas relaciones, constituyen explicaciones que pretenden armonizar la naturaleza estructuradora de las instituciones respecto a los comportamientos de los actores sociales. Otro tipo de ejercicio analítico resulta si priorizamos la capacidad de acción de los actores en tanto las motivaciones, intereses y subjetividad constituyen acicates esenciales de su pensamiento y comportamiento. La combinación de ambas posturas teóricas, sujetas a un conjunto de procesos que han acompañado a la teoría sociológica durante más de un siglo, potenciada por los teóricos contemporáneos en función de la complementariedad, constituye la salida mas expedita a sus históricas limitantes y contradicciones.

13 El tema de las tribus urbanas, los denominados friki, hemo, hippie, rastas y otros grupos de jóvenes que asumen determinadas ideologías y formas de comportamiento en un autoreconocimiento respecto a otros subgrupos juveniles. Los elementos que los distinguen suelen ir desde los usos de la moda, la música, la proyección social hasta comportamientos asociados como la depresión, etc.

14 Nos referimos a la Maestría en Desarrollo Cultural Comunitario y el doctorado en Estudios sociológicos de la cultura, en los que durante más de una década se han venido desarrollando investigaciones con un espectro amplio, propiciando el debate desde referentes de la educación popular, la investigación acción y los aspectos mas generales de la metodología cualitativa y usos de la cuantitativa, intentando darle respuesta académica a diversos temas necesarios para la región santiaguera.

15 Se ha generalizado la noción de que la Sociología, al aportar un conjunto de procedimientos para la recogida de información, tienen en éstos su única razón de ser, siendo éste uno de los elementos que la distingue. Ciertamente, en su seno se multiplicaron y desarrollaron aquellos métodos que por naturaleza pretenden pulsar opinión y conducta de los actores sociales desde los constructos del discurso, predominando lo relativo a contenido, por encima de aspectos formales; sin embargo, el siguiente paso a la elaboración y aplicación de instrumentos, esto es, su procesamiento estadístico, alcanza una singular relevancia en la búsqueda de tendencias, mayormente asociada a ella durante cerca de 6 décadas del siglo XX. Para nada éstos son privativos de la sociología, en tanto el resto de las ciencias sociales se valen de sus recursos para construir diversos tipos de análisis.

16 No olvidemos las profundas críticas que el sociólogo Charles Wright Mills dedicara en su obra La imaginación sociológica(1959), acerca de la deformación que significó el funcionalismo para los estudios sociológicos, cuando al definir la imaginación sociológica plantea “… es la forma más fértil de esa conciencia de sí mismo. Por su uso, hombre cuyas mentalidades sólo han recorrido una serie de órbitas limitadas, con frecuencia llegan a tener la sensación de despertar en una casa con la cual sólo habían supuesto estar familiarizados. Correcta o incorrectamente llegan a creer con frecuencia que ahora pueden proporcionarse a si mismos recapitulaciones adecuadas, estimaciones coherentes, orientaciones amplias. Antiguas decisiones, que en otro tiempo parecían sólidas, les parecen ahora producto de mentalidades inexplicablemente oscuras. Vuelve a adquirir agudeza su capacidad de asombrarse. Adquieren un nuevo modo de pensar, experimentan un trastrueque de valores; en una palabra, por su reflexión y su sensibilidad comprenden el sentido cultural de las ciencias sociales”, p. 27.

17 Actualmente no están diseñados congresos o eventos especialmente dedicados a presentar y discutir resultados investigativos centrados en dicha perspectiva. Antes bien, en los que se realizan con otras miras, se incorporan trabajos elaborados en este orden. Los impactos en la práctica de las condicionantes sociales para la producción de conocimiento en la región ha dilatado en mucho la configuración o representación del profesional de la sociología, asociado a su aparición académica de forma reciente y al escaso número de egresados antes de su apertura en los 90, lo que ha hecho muy compleja la inserción laboral de los egresados, los que rondan entre 450 y 470 solo del curso regular diurno, al que habría que agregar el curso para trabajadores de Sociología con salida al Trabajo social.

18 Para un enfoque promocional y crítico de la obra de James en este sentido, véase Barrios Montes, O. : “Joel James y la cultura caribeña”, Ciencia en mi PC No. 4, 2010, en http.//169.158.189.18/ciencia pc

19 A propósito del aniversario de nacimiento de su fundador se organizan homenajes, se realizan talleres y se convocan a especialistas de diversas instituciones y cultores populares a fin de provocar la memoria desde la perspectiva emic, es decir, se trata de comprender el alcance de lo hecho, repasar lo que queda y proyectar lo que se puede hacer en aras de sostener lo alcanzado. De forma particular, los integrantes del Cabildo Teatral Santiago, se autoreconocen como deudores excepcionales y acompañantes insustituibles de los avances cognoscitivos de la institución.

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