Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2012

LA CONCEPCIÓN MARTIANA DE LA DIGNIDAD COMO CONTRIBUCIÓN AL PENSAMIENTO MODERNO

Jesús Armando Martínez Gómez (CV)
jesusarmando1963@yahoo.es

 

RESUMEN:
Nuestro trabajo se dirige a analizar la concepción martiana de la dignidad, destacando en ella los aspectos que contribuyeron a fijar su dimensión universal como valor básico en el que descansa el respeto a la persona humana, y la contribución que hiciera Martí al pensamiento moderno de su época en lo atinente a su fundamentación. Para lograrlo esbozamos las diferentes acepciones con que el Héroe Nacional cubano solía utilizar este término, ponderando su alcance en el contexto de su época y la trascendencia universal que tuvo.  
Palabras claves: Concepción, dignidad, persona, pensamiento moderno, trascendencia.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Martínez Gómez, J.: "La concepción martiana de la dignidad como contribución al pensamiento moderno", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Enero 2012, www.eumed.net/rev/cccss/17/

Hoy nos resulta familiar la palabra “dignidad”, ampliamente usada en el leguaje de las ciencias sociales en diferentes contextos, y también de forma coloquial. Sin embargo, no se suele reflexionar sobre el sentido de esta palabra que a todas luces nos enuncia un juicio moral de realce o reconocimiento del valor del ser humano. En su sentido originario dignidad(lat. dignus) significó igual, del mismo precio o valor, de donde se derivaría la acepción de algo justo o merecedor de respeto. La tradición religiosa de la dignidad se centró en el concepto Imago Dei, sobrecuya base elaboró los rasgos universales y distintivos de la persona humana y fundamentó la obligación de respetarla dada su condición de intermediaria entre el Creador y lo creado. La tradición filosófica contribuyó a desarrollar esa visión universal del hombre como merecedor del respeto de sí mismo y de los demás, que constituye una característica distintiva de su condición  humana.
El pensamiento premoderno se valió de diferentes conceptos para expresar la dignidad, siendo frecuente con anterioridad al liberalismo del siglo XIX todavía el uso de palabras más antiguas y menos susceptible de ser universalizadas, tales como “honra”, “honor”, “decoro”, “alma” o “espíritu”, para referirse al respeto que merece la persona humana. En general son palabras que significan el valor de la persona en función de su conducta moral y la condición ontológica inherente a su peculiar modalidad de existencia1.                    
Con el tiempo se impuso la idea moderna de que la actitud de respeto hacia los seres  humanos tiene por base su dignidad, en la cual se origina todo el plexo de los derechos humanos reconocidos. Inmanuel Kant insistió en que el hombre tiene dignidad y no precio porque su condición humana está libre de cualquier tipo de ponderación, logrando una síntesis importante de su pensamiento en la conocida sentencia: “obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como fin, nunca sólo como medio” 2.  
José Martí se formó en el contexto del siglo XIX europeo y latinoamericano, en el que tuvieron un particular impacto las tradiciones medievales y el pensamiento liberal, que supieron acrisolar de manera creadora los pensadores de su talla, enfrascados en la construcción de un ideario moral desde el cual poder acometer la difícil tarea de la liberación de su patria de las garras del colonialismo y la construcción de una república independiente con todos y para el bien de todos, en la que los hombres fueran respetados por igual, sin reparar en su origen étnico o nacional, su sexo o condición socio-económica.            
 Las injusticias emanadas de la realidad social y económica de la Cuba colonial llevaron al apóstol de nuestra independencia a meditar profundamente sobre el tema de la dignidad, y a percatarse de que “ese respeto a la persona humana (…) hace grandes a los pueblos que lo profesan y a los hombres que viven en ellos”, pues sin él “los pueblos son caricaturas, y los hombres insectos”3. En su concepción de dignidad se pueden distinguir una serie de aspectos en los que transparenta su proyección universal:  

  1. El hombre debe tratar de merecer moralmente la dignidad que se le reconoce, haciendo el bien y no el mal a los demás. Esta idea es constante en el ideario  moral martiano en el que se revela con claridad su convicción de que la vida humana cobra verdadero sentido cuando se asume con honradez, lo que lo induce a considerar que es preferible perder la vida a la honra4. Martí es consciente de que quien sacrifica la honra compromete su dignidad porque la vida inmoral es la presa predilecta de las fuerzas del mal, a las que el hombre verdaderamente honrado debe sentirse llamado a combatir. Esto también se explica por su vocación por el deber, al que consideró verdad suprema. 
  2. La necesidad de lograr la igualdad y garantizar la libertad de todos los hombres y pueblo con la práctica de la solidaridad. El reconocimiento de que todos los hombres eran iguales le permitió a Martí combatir al racismo, la esclavitud y la discriminación por razón de origen nacional o sexo. Es ampliamente conocida la fuerza con que combatió la brutal práctica de la esclavitud, a la que consideró “¡…la gran pena del mundo!”, entendiendo que hombre “es más que blanco, más que mulato, más que negro”5 porque “sobre las razas (…) está el espíritu esencial humano que las domina y unifica”6. Respecto a la libertad, consideraba que se  debía ejercer de forma responsable, en relación con el cumplimiento del deber. Por ello sostuvo que la “dignidad del hombre es su independencia”7 y que todo hombre tenía el deber de extender su libertad a los demás.  
  3. La indignación ante las violaciones de la dignidad de cualquier ser humano. Sostuvo siempre el criterio de que el hombre digno no debe ser indiferente ante el mal que padecen los demás. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”8, apuntaba; y dominado por ese sentimiento altruista, al observar todas las calamidades y vejaciones de que eran objeto los hombres de una hermana tierra americana, la mexicana, señalaba: “cuando yo veo a esta grande corriente de hombres libres, como azotados y abatidos por las calles, con su personalidad mustia y enferma, con su pensamiento flagelado y vejado, con su voluntad omnipotente y augusta trocada en sierva inerme, en empujada masa, en arena y en pasto de corcel; cuando las voluntades son burladas, olvidada la conciencia, irrespetado el propio fuero, las leyes suspendidas, las hipocresías mismas de las leyes autocráticamente desdeñadas;-la conciencia, voz alta, se sacude; la indignación, gran fuerza, me arrebata; sonrojo violentísimo me enciende, y sube a mis mejillas ardorosas la vergüenza de todos los demás”9.
  4. La necesidad de tomar conciencia de que la dignidad redime al hombre, porque en ella va su fuerza moral. Martí era consciente de que en la dignidad se concentra la fuerza moral del hombre, y que “es como la esponja: se la oprime, pero conserva siempre su fuerza de tensión”10, por lo que todo lo que no sea compatible con ella, “caerá”11. Eso explica su vocación por el cumplimiento del deber, sin el cual no es posible el respeto a los derechos que dimanan de la dignidad humana. Por eso dijo: “sólo el deber es grato; sólo él es digno de obediencia; sólo él da fuerzas para enfrentar la malignidad de los hombres”12.
  5. No comprometer los principios morales a cambio de dinero o prebendas porque los hombres dignos no tienen precio. Al respecto en una ocasión expresó que “da pena por la dignidad humana ver a hombres que manejan la pluma prestarse a ser, por unos cuantos dineros al mes, repugnantes esbirros”13. Y es que para Martí “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”14.

Fue constante en su obra la alusión a la dignidad, aunque se sirvió al hacerlo de diversas palabras, encontrándonos con que “honra”, “”honor”, “decoro” y “espíritu” están entre las más utilizadas, sin faltar tampoco la expresión de “dignidad”, mucho más universal y abarcadora para expresar el valor en que se fundamenta el respeto a los seres humanos. Por eso fue esa y no otra la palabras que usó para referirse al fundamento de los derechos que debía garantizar la república que aspiró a construir después de lograda la independencia. : “Yo quiero –dijo- que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”29.  La Constitución cubana actual recoge este profundo anhelo martiano en el Preámbulo, donde la alusión a una dignidad plena ya apunta a la necesidad de que sea expresado el respeto a la persona humana a través de todo el plexo de derechos fundamentales que en ella se consagran.  
El hombre debe ser respetado porque tiene dignidad y no precio, de ahí que su dignidad sea la condición ontológica más importante. Sin embargo, si es coherente con la condición humana de que es portador debe luchar toda su vida por demostrar que realmente merece el respeto inherente a esa condición. Estas ideas figuran sin duda en la contribución martiana a la concepción moderna de la dignidad, de la que trascienden como intuiciones geniales que avizoran ya las concepciones posteriores que advierten en el hombre la presencia de una dignidad ontológica y una dignidad moral15 y la necesidad de que la primera sirva de soporte a la formulación y el reconocimiento jurídico de los derechos humanos y fundamentales.   

      
Notas y referencias bibliográficas
1. N. Salomón: Cuatro estudios martianos. Casa de las Américas y Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1980, pp. 53-63; Jesús Armando Martínez Gómez: “El problema de la licitud de la eutanasia”, en: Saúde em revista, Universidad de Metodista de Paracicaba, junio 2002, vol. 4, No. 7, p. 72; Jesús Armando Martínez Gómez: “La dignidad como fundamento del respeto a la persona humana”, en: Reflexión y Diálogo, Revista del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, Cárdenas, No 21, octubre – diciembre 2009, pp. 13-19.
2. Inmanuel Kant: Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Espasa Calpe, Madrid, 1995,  p. 104.
3. José Martí: “Carta a la República”, Honduras, 14 de agosto de 1886, en Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t. 8, p. 20.
4.  José Martí: Drama “Adúltera”, 2a versión incompleta, en Obras Completas, cit., t. 18, p. 86; José Martí: “Discurso escrito en Nueva York en la década de los 80”, en: Obras Completas, cit., t. 28, p. 331.
5. José Martí: “Mi raza”. Patria, Nueva York, 16 de abril de 1893, en: Obras Completas, cit., t.2, p. 299. 
6. José Martí: “La República Argentina en los Estados Unidos”. La Nación, Buenos Aires, 4 de diciembre de 1887, en: Obras Completas, cit., t. 7, p. 331.
7. José Martí: “Carta a Carmen Mantilla”, [Cabo Haitiano], 9 de abril [de 1895], en: Epistolario, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1993, t. 5, p. 150.
8. José Martí: “Discurso en el Liceo Cubano”, Tampa, 26 de noviembre 1891. Obras Completas, cit., t. 4, p. 270.
9. José Martí: “Extranjero”. El Federalista, México, 16 de diciembre 16 de 1876, en: Obras Completas, cit. t. 6, p. 362
10. José Martí: Folleto “Guatemala”, escrito en 1877 y publicado en México en 1878, en: Obras Completas, cit., t. 7, p. 140.                                        
11. José Martí: “Cartas de Martí”. La Nación, Buenos Aires, 24 de julio 1885, en: Obras Completas, cit., t. 10, p. 259.
12. José Martí: “Fragmentos”, cit., t. 22, p. 77. 
13. Ibídem, p. 14.  
14. José Martí: “Discurso en conmemoración del 10 de Octubre de 1868”, en Hardman Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1890, en: Obras Completas, cit.,  t. 4, p. 247.
15. Diversos autores de filiación personalista diferencian entre dignidad ontológica y dignidad moral, considerando que la primera es intrínseca a la persona humana, valiosa en sí, mientras que la segunda es relativa a la conducta libre de ésta, con la que puede hacerse o no acreedora de la estimación social, y en tal sentido de la dignidad ontológica en que se funda la moralidad. Vid. María Sánchez Álvarez: “Naturaleza y persona, sus implicaciones bioéticas”, en: La bioética en el milenio biotecnológico, Luis Miguel Pastor García y Modesto Ferrer Colomer (Editores), Sociedad Murciana de bioética, Murcia, 2001, pp. 31-34.

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