Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2012

¿PARTIDO ÚNICO EN CUBA?

Eyedelkis Medina García (CV)
Pedro Tejera Escull
Jaime Tamayo Rodríguez (CV)
eyedelkism@fcs.cug.co.cu
Universidad de Guadalajara y Universidad de Guantánamo

 

Resumen.

El sistema de partido único en Cuba es cuestionado por los enemigos de la Revolución Cubana.  En tal sentido se afirma, que tal praxis se opone a la democracia y constituye una violación de derechos humanos elementales de los cubanos. Habitualmente se argumenta la existencia del actual Partido Comunista de Cuba desde la historia Patria en tanto se legitima en determinados antecedentes históricos de la lucha revolucionaria del Los estudios acerca de la crisis de los partidos políticos, en sentido general, abordan lados del problema y no el mismo en su integralidad, por lo que hacemos un análisis del desde diversas aristas.
Palabras claves: Partido, democracia, único, pluripartidismo.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Medina García, Y.; Tejera Escull, P. y Tamayo Rodríguez, J.: "¿Partido único en Cuba?", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Enero 2012, www.eumed.net/rev/cccss/17/

Introducción.

Múltiples razones atraen la atención sobre el tema. El sistema de partido único en Cuba es cuestionado por los enemigos de la Revolución. En tal sentido se afirma, que tal praxis se opone a la democracia y constituye una violación de derechos humanos elementales de los cubanos. Habitualmente se argumenta la existencia del actual Partido Comunista de Cuba desde la historia Patria en tanto se legitima en determinados antecedentes históricos de la lucha revolucionaria del pueblo cubano desde el siglo XIX. Los más convencidos revolucionarios consideran que siempre ha de haber un solo Partido a partir de tales presupuestos. Al mismo tiempo, con un solo Partido uniendo los esfuerzos de los cubanos se han logrado los mayores éxitos en el afán dignificador y emancipador del pueblo cubano.

Ahora bien, encontrar respuestas a las siguientes interrogantes - ¿qué es lo singular y qué lo general?, ¿en qué nos parecemos o nos diferenciamos según los fundamentos teóricos y la práctica política internacional?,- es la pretensión de este trabajo. Con el se pretende sistematizar un material disperso en función de la comprensión de los fenómenos objeto de análisis.

Acerca de los partidos políticos y los sistemas de partidos en la actualidad.

Las ciencias políticas en su primer medio siglo de existencia marchan de forma decidida hacia el estudio en profundidad de los sujetos políticos. A juicio de muchos autores, los partidos políticos, además del Estado, constituyen un actor muy significativo en los sistemas políticos actuales. Entre los autores más socorridos para el estudio de los partidos políticos están, a juicio de Hugo Mancini, Ostrogorski, Michels, Weber, Schumpeter, Duverger, Neumann, Downs, Rokkan, Kirchheimer, Sartori y Panebianco 1.

La incipiente ciencia política cubana, con un enfoque revolucionario, en sus publicaciones mejor reconocidas realiza, a partir de los estudios de tales autores, algunas consideraciones importantes sobre la teoría de los partidos políticos en los países capitalistas2 , atendiendo a la definición, orígenes, estructuras, funciones, sistemas de partidos y la crisis de los partidos políticos en el capitalismo en la actualidad. Sin embargo, si bien se aporta compresión al fenómeno de los partidos políticos en el mundo capitalista, muy útil al lector cubano, no aportan elementos que permitan entender las características de los partidos políticos en la construcción del socialismo y mucho menos, la singularidad cubana actual, aún cuando esta realidad ha sido considerada con mucha razón uno de los pilares ideológicos de la Revolución.

Algunas consideraciones si resultan muy claras, a partir de las publicaciones disponibles:

Primero. No existe una definición única de partido político. Como fenómeno histórico en la dinámica de su evolución la aproximación teórica ha propiciado diversas definiciones. Algunos prefieren no definirlo por la propia complejidad intrínseca del fenómeno 3. Entre las más usadas están las siguientes: 1- Una forma de socialización que descansa en el reclutamiento formal y libre, que tiene como fin proporcionar el poder a sus dirigentes, dentro de una asociación, y otorgar por ese medio a sus miembros activos determinadas probabilidades, ideales o materiales (M. Weber); 2- Organización que existe para la lucha por el poder político (M. Duverger); forma de asociación política, que expresa los intereses de una determinada clase o grupo social que aglutina en su seno a los representantes más activos de esta, y la guía, a partir de un determinado programa político en la consecución de determinados ideales u objetivos (C. Cabrera). Este mismo autor señala que en la literatura se reflejan dos tipos de definiciones: las normativas (hace el énfasis en las particularidades funcionales) y las descriptivas (describe las actividades de los partidos políticos). A partir de esa clasificación agrupa a un sinnúmero de autores de reconocido prestigio en la ciencia política de Occidente.

Segundo. El origen de los partidos políticos modernos se asocia, como consenso, a la extensión del sufragio y de las prerrogativas parlamentarias desde mediados del siglo XIX. En realidad, el término es usado desde la antigüedad y de una forma u otra existieron organizaciones que cumplieron algunas de las funciones que hoy desarrollan los partidos políticos, sin embargo, les faltó membresía, estabilidad y estructura organizativa. Duverger4 admite que hacia 1850, sólo en Estados Unidos existían partidos políticos modernos. Al mismo tiempo, distingue dos grandes grupos: los que tienen un origen electoral y parlamentario y los que poseen un origen exterior. Por origen exterior, según Fabio Raimundo Torrado, Duverger entiende los casos, “(…) cuando el conjunto de un partido se establece esencialmente por una institución ya existente, cuya actividad propia es ajena a las elecciones y a los parlamentos5 . Aunque no se trata, según el sentido asignado por Duverger a la clasificación, de las organizaciones revolucionarias de los oprimidos, lo cierto es que los partidos proletarios se enmarcan dentro de esta condición. No es la lucha electoral y por el parlamento el objetivo en si mismo, sino que históricamente y doctrinariamente ha sido señalado como medio para fines superiores – la toma del poder político y la transformación de la sociedad.

Tercero. Las funciones de los partidos políticos son esenciales en el funcionamiento de la sociedad capitalista y su sistema político. Ramón García Cotarelo clasifica las funciones en sociales e institucionales. Entre las funciones sociales se agrupan: la organización política, la movilización de la opinión pública, la representación de intereses, y la legitimación del sistema político. Entre las funciones institucionales están el reclutamiento y la selección de las elites, la organización de las elecciones, la organización del parlamento y la determinación de la composición del Gobierno 6.

Existen propuestas como la de Klaus Von Veyme, quién plantea las siguientes: 1- La identificación del público con las metas (la ideología y el programa del partido); 2- La articulación del interés social; 3- La socialización y movilización del público; 4- El reclutamiento de la elite y la formación del Gobierno 7. Se observa que no hay una diferencia esencial en el planteo - lo electoral y lo parlamentario están presentes como regla. Según Carlos Cabrera8 y otros autores cubanos, para García Cotarelo, los partidos políticos constituyen una instancia intermedia entre el Estado y la sociedad civil. En ese sentido se trata de un mecanismo efectivo mediador y movilizador de lo que llaman público. G. Burdeau los señala como medio irremplazable para que el individuo ejerza influencia en la gestión de los asuntos públicos9 . Lo que se hace evidente es la ausencia de compromiso con la solución de los problemas sociales o los cambios revolucionarios por parte de los partidos políticos en el desempeño de sus funciones dentro de la sociedad capitalista actual.

Cuarto. La tipología de los partidos políticos en la sociedad capitalista también expresa diversas propuestas, según los criterios seleccionados por los autores para efectuarla. Según el autor cubano José M. Salinas López10 , Max Weber clasificó los partidos políticos en carismáticos (sostenidos por la personalidad de un Jefe), tradicionales (cuando obstruyen la innovación), doctrinarios (donde la ideología tiene un gran peso) y pragmáticos (donde los intereses predominan sobre los valores), entre los más importantes. Entre los doctrinarios estarían los partidos comunistas. Maurice Duverger hace otra clasificación muy usada, a partir del criterio de la organización estructural del partido político, que permite diferenciar a los partidos De cuadros de los De masas11 . Ambos tienen en común los indicadores organizativos básicos, es decir: 1- Estatutos; 2- Membresía; 3- Organizaciones de base (Ejemplos – milicia, comité, célula, sección). Se diferencian por la fortaleza de la ideología en su funcionamiento interior, por el compromiso y composición de la militancia con el Partido, por las formas de financiamiento de las actividades partidistas, por la representación socioclasista que se asume; así como las características de la proyección de sus programas políticas.

Otras clasificaciones existen en la literatura especializada, sin embargo, en todas se oculta lo esencial, desde la perspectiva marxista – leninista, consistente en la naturaleza clasista de los partidos, con  la consecuente orientación ideológica hacia la conservación, la reforma, la transformación o el perfeccionamiento de las relaciones sociopolíticas. Según expresa Carlos Cabrera12 la teoría de los partidos políticos en el sistema capitalista nos hace creer que constituyen instrumentos de toda la sociedad, que en los “grandes partidos” su actividad no es ideológica y que la existencia de variados partidos en el juego de las fuerzas políticas es expresión de la madurez alcanzada por la democracia.

Quinto. Los sistemas de partidos es un aspecto esencial dentro de la teoría de los partidos en la literatura especializada. En esencia el sistema de partidos es el “resultado de las interacciones entre las unidades partidistas que las componen; más concretamente: son interacciones que resultan de la competición política electoral”13 . El sistema de partidos se caracteriza por atributos que no son propios de las unidades partidistas tomadas de forma aislada. Las clasificaciones más populares son las aportadas por Maurice Duverger y Giovanni Sartori. En esencia no se contradicen. Podría decirse que la de Sartori explicita algunos matices adicionales. Sin embargo, la más conocida y aceptada es la de Duverger14 que distingue el sistema de partido único, el dual de partido o bipartidista y el multipartidista.

Esta clasificación no se refiere al número de partidos que existe en una sociedad determinada, según su constatación en a práctica, sino a la relación de los mismos con el poder del Estado. José M. Salinas nos describe la comprensión del sistema de partido único al señalar – “es el monopolio del poder político por un solo partido 15. A continuación explica que:
Este sistema no sólo recoge la experiencia de los países socialistas. Ha sido efectivo en la implementación de proyectos políticos en sociedades en transición, inmersos en procesos anticapitalistas para alcanzar logros sociales y económicos. En los países de África los partidos únicos han tenido gran presencia en sus sistemas políticos, y muchos de ellos desempeñaron un importante papel en la emancipación de estas sociedades del colonialismo…16 .

En esta dirección se inserta el pensamiento de G. Sartori17 , que ubica en el sistema de partido único a aquellos países donde un partido gana de manera continuada el control del Estado por un largo período de tiempo, como en el caso de México, o podría evaluarse en el mismo sentido los nuevos países industriales (NPI) en su momento de ascenso económico, (Por ejemplo, Taiwan, Brunei. Malasia, Singapur, Corea del Sur, entre otros).

En los sistemas de partido existen también excepciones, como el caso de la República de Arabia Saudita, donde no hay partidos políticos. Por otra parte, el sistema bipartidista, como paradigma anglosajón no indica cuantos partidos existen en países, como EE.UU., Canadá, Australia, o Reino Unido, sino cuales acceden al poder y son considerados los “grandes partidos” de esas sociedades. La práctica política muestra que en esos países hay otros partidos nacionales y locales, pero sin opciones de acceder al poder del Estado.

Por último, el multipartidismo, según Carlos Cabrera, sitúa correctamente sus causas en la agudización que, en determinados momentos, caracterizó la lucha de clases entre la burguesía monopolista por un lado y, las capas trabajadoras, conjuntamente con la pequeña y mediana burguesía de otro18 . Sartori 19 destaca tres niveles en el pluripartidismo: el pluralismo limitado (entre 3 y 5 partidos), el pluralismo extremo (6 a 8  partidos) y el sistema atomizado. Robert Dahl, por su lado, identifica el pluralismo político con el criterio supremo de ejercicio de la democracia. Esta apreciación subyace en mayor o mayor medida en todo el pensamiento político de Occidente de la actualidad, con ecos más o menos fuertes en todos los países del mundo. Pero el eco del pensamiento de Dahl no toma en cuenta las grandes diferencias existentes entre los sistemas de partidos en el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado, donde generalmente dichos sistemas implantados han sido resultado de exigencias foráneas, condicionadas a ayudas para el desarrollo, de fórmula fondomonetarista.

La fortaleza aparente en el pensamiento actual entre el multipartidismo y la democracia exige atención a la relatividad y falsedad real de tal vínculo. Entrevistado en la Universidad de Amsterdam, Holanda, en 1971, por Fons Elders20 acerca del carácter democrático de las sociedades de Occidente, Michel Foucault respondió:
Nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad. Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, es claro que estamos muy lejos de una democracia. Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo 21.

Ni una sola alusión a los partidos políticos o el multipartidismo. Por otra parte el mundo capitalista no tiene razones para enaltecer el papel de los partidos políticos. Cada vez son más frecuentes y profundos los estudios acerca de la crisis de los partidos políticos en el mundo capitalista.

Sexto. Los estudios acerca de la crisis de los partidos políticos, en sentido general, abordan lados del problema y no el mismo en su integralidad. La crisis de los partidos es parte de una crisis más profunda que abarca todas las relaciones sociales capitalistas. José M. Salinas López 22 en sus análisis señala como indicadores los siguientes:

  • Los programas políticos se alejan de sus funciones clásicas (atracción de afiliados, organizar elecciones, agitación) para centrarse pragmáticamente en criterios exclusivamente electorales.
  • Los partidos no presentan un solo programa íntegro, sino varios: de acción, de fundamentación teórica, de plataforma electoral de gobierno, si acceden al control del mismo.
  • Los programas no están dirigidos a solucionar los graves problemas sociales en su conjunto.
  • Se expresan problemas que limitan su condición de mediadores entre el Estado y la sociedad civil (No respuesta a los cambios exigidos y las demandas sociales; no aseguran los canales de participación efectiva de las masas; no acercan el electorado a la toma de decisiones; las elites desechan las potencialidades de los partidos para recurrir a los grupos de presión para el logro de sus propósitos de manera encubierta generalmente; inadecuada integración de intereses, trasladándose ese espacio cada vez más hacia los movimientos sociales; menor influencia en la formación de la opinión pública por la potenciación de los mass-media e internet; el crecimiento de la corrupción de las elites que resta legitimidad y credibilidad a los partidos, principalmente en el mundo subdesarrollado).

Fabio Raimundo Torrado23 , apelando al análisis de la bibliografía especializada acerca del tema, introduce nuevos elementos que ilustran los indicadores de la crisis de los partidos, a saber:

  • Deformaciones internas, asociadas al envejecimiento y no renovación de las elites, violación de sus estatutos, empleo de métodos autocráticos (formas personales de autoridad).
  • La tendencia al imperio del burocratismo y la oligarquización en las direcciones de los partidos.
  • La partiditis (número elevado de agrupaciones sin significación política real) y la partitocracia (monopolio de las decisiones por las cúpulas de dirección partidarias).
  • Falta de autenticidad en las proyecciones de los partidos políticos.
  • Tendencias a la desintegración de los valores partidarios y reducción de la membresía de los partidos.

Naturalmente, el reconocimiento de estos indicadores en la actualidad no significa que todos los partidos políticos se encuentren en crisis. No obstante, en términos generales, son insuficientes aún los estudios vinculantes entre la situación de los partidos políticos y el resto de los procesos sociales críticos que transcurren en el mundo capitalista.

Lo cierto es que, no son los partidos electorales los que pueden dar atención y solución estratégica a la solución de los problemas del mundo que se enfrentan. Ugo Mancini, al referirse a los modelos competitivos en la clasificación de los sistemas de partidos según el Manual de Ciencia Política de Gianfranco Pasquino, señala que:
Se hace el énfasis en la competencia en el mercado político, entre los partidos y los líderes, que aparecen como empresarios que calculan racionalmente sus estrategias de maximización de votos, escogiendo los problemas con este propósito. Los electores son consumidores que – de un modo igualmente racional – escogen a los partidos por medio del voto, valorándose la proximidad a las propias posicione políticas24 .

Por tanto, en esta analogía entre mercado económico y mercado político, no hay lugar para que los partidos atiendan en profundidad y con la seriedad necesaria las demandas sociales a largo plazo, que es, a mi juicio, lo que necesita el mundo de hoy.

La singularidad de los partidos en la construcción del socialismo.

Constituye prácticamente una regla la intención de desconocer la singularidad del sistema político de la construcción del socialismo, en tanto se sale de los  patrones establecidos por la ciencia política predominante en estos tiempos. Por otra parte, el estudio de lo político se encuentra más en el orden de lo que se aspira, que de lo que realmente existe en los países que han iniciado la construcción del socialismo. Son pocas las investigaciones que profundizan en los errores y desviaciones para extraer experiencias y aportar recomendaciones que contribuyan a una construcción más racional de la nueva sociedad.

Los partidos políticos que representan los intereses de las amplias masas trabajadoras surgieron como una necesidad de la evolución histórica de la clase obrera en los países de avanzada a mediados del siglo XIX. Precisamente, en los momentos en que se producía la aparición de los partidos políticos modernos, asociados a la ampliación del sufragio y el avance del parlamentarismo, según hemos valorado más arriba. La necesidad de la clase obrera de organizarse en partido político para alcanzar los fines sociales que se le asignaban apareció de la mano del marxismo, teoría que estableció la misión histórica universal de la misma, a partir del estudio profundo de las contradicciones y tendencias en la sociedad capitalista de aquel entonces.

Los partidos llamados comunistas o de nuevo tipo, no constituyen una derivación de asociaciones mutualistas o sindicales. Desde el primer momento surgen como instrumentos de lucha que agrupaba a la vanguardia de la clase obrera, se distinguía de los sindicatos e interactuaba con ellos. El primer partido con estas características fue el partido bolchevique. Los ideólogos del movimiento comunista temprano comprendieron la diferencia entre la lucha económica de los obreros y la importancia de la lucha política y teórica para alcanzar el poder. En su momento se hizo evidente que era imprescindible utilizar los parlamentos burgueses en la lucha por educar y liderar a la clase obrera en la lucha revolucionaria.

Tampoco, los comunistas constituían el único partido de la clase obrera. Dicha base social era compartida con otros partidos proletarios, como los socialistas y, como se hizo norma luego, con los partidos de la clase burguesa, que se proyectaron temprano por la asimilación partidaria de las más diversas capas de la población en función de la atracción de votos electorales. En el ABC del comportamiento externo de los partidos comunistas se incorporó la necesidad de los compromisos y las coaliciones políticas con otros partidos. Al mismo tiempo, se convirtió en principio inalienable de su comportamiento político el internacionalismo.

Todos estos elementos antes subrayados conformaron las características distintivas de organizaciones que, apoyadas en valores políticos proletarios, en la cohesión de la militancia en función de una disciplina férrea, apoyada en una ideología revolucionaria, se proponía encabezar la lucha de las masas trabajadoras, no sólo por alcanzar el poder político o participar en él, sino iniciar, utilizando dicho poder una revolución social que trastocara los fundamentos del régimen existente, en los órdenes político, económico, social y cultural.

Tales elementos, a saber: a- la distinción partido comunista – sindicato y el trabajo con estos últimos; b- la lucha por y en los parlamentos burgueses; c- la necesidad de entrar en compromisos y coaliciones con otros partidos en función de los intereses de la clase trabajadora; d- la aplicación consecuente del internacionalismo en el comportamiento del partido; e- la selectividad y la disciplina férrea y consciente; así como f- el significativo papel cohesionador de la ideología revolucionaria en la militancia del partido – constituyen la singularidad práctica de los partidos políticos que han luchado por ello y/o encabezaron25 la construcción del socialismo en una serie de países.

Dichos elementos, consolidados en la lucha, condicionan un nuevo papel y responsabilidad de estos partidos ante la nueva construcción societal. La tendencia resultante es el incremento constante de la autoridad y el papel del partido comunista en la construcción del socialismo. Por tanto, en ningún caso es loable desentenderse de la atención y solución a los asuntos sociales y, el primer paso, es no involucrarse como partidos electorales y parlamentarios, capaces de construir un nuevo mercado político para la nueva sociedad, desviándola de sus altruistas objetivos.

En el orden teórico, también se pueden advertir un conjunto de singularidades, al alinear la teoría marxista, con algunos presupuestos teóricos vigentes de la teoría burguesa de los partidos políticos. La existencia de partidos comunistas, entre otros de semejante formación organizativa, permitió teorizar acerca de los partidos de masas. Aquí se distingue que los partidos de masas son sostenidos por las finanzas que aportan sus militantes y, siendo estos trabajadores asalariados en su gran mayoría, la magnitud del aporte depende realmente del número de militantes. Tales partidos disponen de medios exiguos para enfrentar los gastos de elecciones y, por tanto tienen pocas oportunidades de triunfo por la vía electoral. Por otra parte, en tanto la ideología es muy fuerte, como elemento que cohesiona a la organización es lógico que, ante crisis en la ideología, en su credibilidad, se produzca la desintegración, fraccionamiento o colapsus de la organización. Tal fue el efecto desmovilizador de la crisis de credibilidad en que cayó la ideología marxista a partir del derrumbe del “socialismo real” en Europa del Este. Igualmente, los programas políticos de los partidos comunistas incorporan un elaborado proyecto de futuro, que sirve de orientación a las tareas estratégicas planteadas para cada etapa de lucha. En ningún otro partido se alcanzan proyectos de futuro tan elaborados, aunque los socialdemócratas, del mismo tipo, presentan con el “socialismo democrático” una alternativa digna de tomarse en cuenta.

Otra de las singularidades teóricas parte de la consideración del origen exterior de los partidos comunistas. Se trata de que no son sus fines electorales, como otros partidos predominantes en el espacio político de los países capitalistas. Su surgimiento está asociado a la evolución e intensificación de la lucha de clases a escala nacional e internacional. Igualmente pueden ser el resultado de la evolución política de organizaciones concebidas con igual finalidad – para la lucha por el poder, pero sin la estructura que caracteriza a un partido político moderno, o la conversión en partido político de algún movimiento popular en franca radicalización revolucionaria.

Por último, resulta singular la propia noción del pluripartidismo en el socialismo. En su momento se desarrollo el debate en torno a la distinción entre el pluripartidismo y el pluralismo en la construcción del socialismo. El pluralismo se aceptaba como norma general, sin embargo, el pluripartidismo abarcó sólo algunas prácticas de la construcción del socialismo26 , las cuales nunca fueron consideradas tales según los teóricos burgueses, por el simple hecho de que no existía libre juego de fuerzas políticas. La distinción del pluripartidismo en el socialismo es que todos los partidos aceptan el liderazgo del partido comunista y, al mismo tiempo, cooperan desde diversas perspectivas a la construcción de la nueva sociedad. La competencia está ausente, por tanto, tales prácticas fueron descalificadas por la gran prensa y por los teóricos burgueses.

Otra cuestión ocurre con las prácticas pluralistas de China y Viet Nam, reconocidos como sistemas de partido único, sin embargo existen otros partidos políticos, agrupados en frentes patrióticos y vinculados de diversas formas a la asesoría e influencia en el gobierno, aceptando el papel rector de los partidos comunistas.

Actualmente, tanto en la República Popular y Democrática de Corea (Partido del Trabajo) y en la República de Cuba (Partido Comunista de Cuba) existe un sistema de partido único. Si bien, corea maniobra en función de cambios trascendentes que podrían modificar tal status, en Cuba, no se avizora otra posibilidad que la consolidación del papel del Partido Comunista como garantía de la independencia, de la resistencia y de la continuidad de la construcción socialista.

 

Los fundamentos de la existencia del Partido único en Cuba.

Los partidos políticos en Cuba surgen en el proceso de formación de la nación cubana, precedidos por el enfrentamiento de tendencias ideológicas que enrarecieron el clima político de la época y dieron lugar a diversas manifestaciones de crítica, protesta e, inclusive, enfrentamiento a la metrópoli española. El autonomismo, el reformismo y el abolicionismo, como tendencias desde los umbrales del siglo XIX, emergieron junto al anexionismo y el independentismo, que si trascendieron el siglo XIX y se manifiestan hasta el presente.

Los primeros partidos políticos en Cuba27 surgieron en agosto de 1878 y fueron el Partido Unión Constitucional (PUC) y el Partido Liberal, que posteriormente pasó a llamarse en 1881 Partido Liberal Autonomista (PLA). Constituyeron organizaciones políticas de las clases adineradas cubanas y en particular de la burguesía y a tono con la Constitución española de 1876. En 1893 surgió el Partido Reformista, resultante de la escisión de los integristas (PUC). Estos partidos existieron hasta 1898. Se caracterizaron por rechazar y frenar el proceso de creación del Estado Nacional.

En la tendencia independentista, el 10 de abril de 1892, surge el Partido Revolucionario Cubano (PRC), encabezado por José Martí28 para dirigir la “Guerra Necesaria” y que en su concepción y organización se distanció del curso que tuvieron los partidos políticos del mismo tiempo en el continente europeo y otras partes del mundo. Se distinguió por concebirse como un partido de masas, según la concepción de Maurice Duverger – su base social estaba constituida por obreros de la emigración, principalmente tabaqueros y por los sectores más débiles de la pequeña burguesía, en su mayoría intelectuales al servicio de la nación cubana, quiénes con su cotización y contribuciones personales sostenían la actividad del partido. No era un partido excluyente – a él podían pertenecer todos aquellos que aceptaran sus bases y su programa. Fue un partido para alcanzar la independencia de Cuba, auxiliar y fomentar la de Puerto Rico, y enfrentar la expansión imperialista yanqui hacia el sur.

El fin del colonialismo y la formación de un Estado nacional creo condiciones para la aparición del pluripartidismo en Cuba. Sin embargo, hemos visto que los tres partidos existentes se disuelven en 1898. Cuatro factores incidieron de manera importante en la configuración de un sistema pluripartidista en Cuba, así como en las singularidades de su implantación y evolución: 1- Ser el resultado del estímulo propiciado por las autoridades yanquis de ocupación entre 1898 y 1902. 2- El reflejo del caudillismo no desaparecido en el comportamiento político de los cubanos. 3- La no solución real del problema nacional en cuba. 4- El inconcluso proceso de formación de la nación cubana, el cual aportó inmadurez al proceso.

El sistema pluripartidista se integró con partidos nacionales y locales, generalmente en la tendencia ideológica anexionista. Se crearon los primeros partidos socialistas de corta existencia. Luego surgió el primer Partido Comunista ya en el año 1925. El sistema pluripartidista se caracterizó por la fuerte influencia del caudillismo, el limitado activismo político y movilizativo, la competencia electoral desleal entre los partidos principales, el cambio de denominación y atributos, la desaparición de unos y surgimiento de nuevos partidos burgueses. A las orientaciones anexionistas e independentistas en la proyección política de los partidos se sumó la nacional–reformista a partir de la cuarta década del siglo XX.

En 1952 se produce la crisis del sistema pluripartidista con el golpe de estado perpetrado por Fulgencio Batista y Morales. La Constitución aprobada en 1940 dejó de regir los destinos políticos de la Isla. Se entronizó una feroz dictadura en alianza con el imperio yanqui. Se hizo muy difícil la actividad de los partidos políticos y los más conocidos líderes de los partidos burgueses se refugiaron en Estados Unidos de Norteamérica y desde allí encabezaban la oposición formal al régimen militar de Batista.

Después del triunfo de la revolución en 1959 desaparecen los partidos políticos supervivientes (los de las clases y sectores adinerados) y en consecuencia, no se reconstruye el pluripartidismo. Como resultado importante de la Revolución cubana se construye (1961-1965) un partido único para conducir la edificación y defensa de la nueva sociedad – el Partido Comunista de Cuba. En 1976, después de una amplia discusión popular, se aprueba con el voto mayoritario de los electores cubanos la Constitución de la República de Cuba, que establecía el marco legal para dar continuidad a la construcción socialista en el país. En ese documento trascendente, reformado en 1992 y 2002 respectivamente se reconoce en el artículo 5, el papel dirigente del Partido Comunista en la sociedad cubana. De esta forma el partido ratifica su legitimidad, su legalidad y el consenso del pueblo cubano, el cual se consolida desde 1997, cuando el electorado públicamente analiza y luego se aprueba en el 5to congreso la Resolución Ideológica – “El Partido de la Unidad, la Democracia y los Derechos Humanos que defendemos”, donde se fundamentan las bases ideológicas de la existencia de un solo partido en Cuba.

A partir de estos importantes acontecimientos, reflexionando en torno a la trascendencia del papel del Partido Comunista de Cuba en la construcción de una nueva sociedad en Cuba; así como a los constantes cuestionamientos que los enemigos de la revolución realizan a su existencia y papel en la sociedad, es que se argumenta por qué un único Partido en Cuba en la actualidad. A nuestro juicio existen tres grupos de argumentos:
I.- Los que se derivan de la historia revolucionaria del país.
II.- Los que se explican a partir del contexto en que se ha desarrollado hasta nuestros días la Revolución triunfante en 1959.
III.- El análisis de las tendencias en la proyección de futuro de la sociedad cubana.

En esta valoración hay dos cuestiones constantes, que atraviesan los tres grupos de argumentos: 1- La conflictividad histórica entre la nación cubana y la estadounidense, producto de las ambiciones y pretensiones de esta última de destruir la cubanidad independiente y; asociado a este, el conflicto entre las tendencias ideológicas - independentista y anexionista - que se han puesto de manifiesto a través de la historia de la nación.

Primer grupo de argumentos.

El triunfo político de la Revolución en 1959 fue la consumación de las luchas iniciadas en 1868. Como expresara Fidel Castro en su momento – en esta oportunidad los mambises entraron a Santiago. Se trata del triunfo de la tendencia independentista, que dio origen al actual Partido Comunista y al sistema de Partido único, refrendado en la Constitución de la República y que es resultado de la lucha y construcción colectiva del pueblo cubano en Revolución. En esta línea:

    • El Partido Comunista de Cuba se legitima en el Partido Revolucionario Cubano creado por José Martí (independentista, antimperialista e internacionalista) y en el primer Partido Comunista, fundado por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella en 1925, el cual se planteó, tempranamente, la vinculación de los objetivos de emancipación nacional y social en la lucha de los oprimidos cubanos – su pueblo29 , frente al imperialismo yanqui y a las oligarquías nacionales. Estos partidos, en su momento histórico interpretaron las contradicciones principales que afectaban el proceso de formación de la nación cubana y plantearon soluciones trascendentes.
    • Los partidos políticos que ocuparon un espacio en la nación cubana, siempre plantearon soluciones arribistas, de compromiso con los enemigos de la nación cubana y se caracterizaron por su entreguismo. Nunca estuvieron en el centro de la solución del problema nacional cubano. El anexionismo y el nacional-reformismo fue su bandera u siempre, de una forma u otra, adoptaron una posición de reserva o abiertamente contraria a la acción independentista.

Segundo grupo de argumentos.

La magnitud creciente de la agresividad norteamericana frente a los cambios revolucionarios, el peligro real de aislamiento de la causa independentista cubana y la necesidad de salvar el ejemplo que constituía para el mundo fueron el punto de partida de la unidad de los revolucionarios cubanos en torno a un solo partido. Primero la renuncia a las banderas particulares que identificaban a las organizaciones que se fueron involucrando en la lucha liberadora y anti-dictatorial, luego, la agrupación de sus vanguardias en una organización que se radicalizaba constantemente, junto a su Revolución. Por último, la toma de posición al calor de los acontecimientos y de la efervescencia popular – el socialismo, en cuya defensa, consciente o inconscientemente se asumió los riesgos en Playa Girón y posteriormente en la Crisis de Octubre.

Los hechos, a continuación, justificaron el proceso: La construcción del Partido Único de la Revolución Socialista (PURS) fue una consecuencia de la radicalización del proceso revolucionario30 , su vanguardia y sus instituciones, para dar continuidad a los objetivos estratégicos de consolidación de la independencia y la soberanía de la nación. El 1965, se termina la construcción del Partido a nivel nacional, se adopta por los representantes de las organizaciones de base el nombre de Comunista de Cuba y se elige su Comité Central. Es decir, una construcción de abajo hacia arriba. Esto demuestra que la Revolución creó al Partido Comunista de Cuba actual a su imagen y semejanza, con la creatividad de su pueblo. No fue el Partido quién realizó la Revolución en el sentido que se expresó en la Revolución de Octubre u otras en diversos países del mundo.

En esta línea:

    • La erosión de las bases de los partidos tradicionales en Cuba, creó un vacio que debía llenarse con el nuevo activismo político, ya desbordante y que requería de organización. El consecuente liderazgo de Fidel Castro Ruz, los antecedentes de confianza y seguimiento de los caudillos, la temprana definición de los objetivos socialistas y la necesidad de unidad crearon un marco propicio para la formación del Partido Comunista de Cuba.
    • La actitud continuada y prepotente del Gobierno de los Estados Unidos que tempranamente inició un bloqueo, devenido en genocidio contra el pueblo cubano, planteó la exigencia de una estrategia de unidad, que multiplicara las fuerzas y evitara todo efecto desestabilizador y debilitador entre las fuerzas de la nación cubana que defendían su proyecto social socialista. Carlos Méndez Tovar, analizando la conducta del Imperio frente a la Revolución Cubana reconoce que “no hay país ni continente que pueda enfrentarse dividido a una potencia con semejante filosofía hegemónica (…)31 , refiriéndose a los Estados Unidos de Norteamérica.
    • La influencia del ejemplo de la Revolución de Octubre, la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la existencia del Campo Socialista, aportaron elementos de juicio para confiar en la causa comunista y en la potencialidad de la dirección de un Partido Comunista que suponía una férrea disciplina, según los principios leninistas de vida interna, una actitud combativa y revolucionaria y una capacidad de vínculo y movilización del pueblo en contextos realmente complejos y hasta desfavorables.
    • La complejidad para enfrentar las tareas de la construcción societal, remontando el subdesarrollo acumulado, el aislamiento a que era sometida la Isla y con recursos naturales, materiales y humanos escasos. Se hacía imprescindible la ejemplaridad de la vanguardia, detectar, formar y promover nuevos cuadros de dirección, multiplicar la capacidad movilizativa de las amplias masas para vencer los vicios del pasado, las discriminaciones que separaban a los cubanos y construir una institucionalidad nueva, fomentando la libertad a partir del incremento de la cultura, de la dignidad, de la seguridad ciudadana, de la organización y el esfuerzo individual y colectivo. Se hizo imprescindible construir caminos propios de desarrollo, con constancia y creatividad; así como enfrentar grandes riesgos, crisis y el incremento de la actividad subversiva y divisionista interna.
    • Igualmente, ha sido complejo el contexto internacional en que se ha insertado las transformaciones asumidas por la sociedad cubana. Guerras injustas, competencia entre los dos sistemas opuestos, potenciación de la capacidad destructiva, de la agresividad y de la subversión del imperio contra los países del mundo, empoderamiento de la mentira como instrumento de la política, avalado y multiplicada por los grandes medios de comunicación masiva en manos de los poderosos, violentos conflictos étnicos de y de todo tipo, entronización de la injusticia contra los pueblos, terrorismo de estado, desprestigio de instituciones internacionales, crisis de la deuda, bancarrota del modelo eurosoviético de socialismo, tendencia a la unipolaridad del mundo, globalización neoliberal, rearticulación de los movimientos sociales, junto a la necesidad de la recomposición de la izquierda frente a la derechización del mundo actual. Sólo el talento colectivo de un solo partido, la sapiensa de sus líderes, la férrea voluntad de mantener una proyección exterior principios, junto al sacrificio irrestricto de los mejores cubanos han constituido herramientas de unidad y triunfo en tales circunstancias.

Tercer grupo de argumentos.

En la proyección de futuro nada indica que tenga que seguir existiendo un solo partido en Cuba, excepto el deseo de los buenos cubanos y el respeto por lo alcanzado en tales condiciones. Solo los caminos que recorra la sociedad cubana futura podrán determinar que se mantenga el sistema de Partido único tal cual lo conocemos hoy. Es decir, sólo las generaciones futuras y los contextos determinarán el papel del Partido Comunista de Cuba en la sociedad cubana futura.

Sin embargo, un análisis predictivo, a partir de las tendencias visibles o inmanentes indica que los contextos serán más complejos; que la sociedad cubana se hará más diversa y compleja y que los problemas del mundo se acrecentarán, anunciando soluciones violentas. Son visibles las tendencias a la polarización del mundo en ricos y pobres, a la aparición y enfrentamiento de terribles enfermedades y pandemias; al deterioro ambiental y el agotamiento de recursos imprescindibles, pero escasos. Son inmanentes las tendencias al agravamiento de la crisis sistémica del capitalismo y su agotamiento como sociedad que promueva progreso social, al desajuste del sistema ecológico mundial, a la deshumanización de la sociedad en su conjunto de de los individuos en particular, al reacomodo de las fuerzas sociales y su orientación transformadora del status quo. Otras tendencias pueden ser identificadas en correspondencia con la contradictoriedad del mundo actual.

En esta línea:
-Los caminos por recorrer están más distantes de los conocidos o pensados objetivamente a partir de las tendencias actuales. Gravitarán en esos caminos las consecuencias acumuladas de las medidas anti-crisis aplicadas y por aplicar en la sociedad cubana de nuestros días. La innovación social debe conducirse a planos superiores. Ahora bien, como alcanzar la conducción de la innovación social más efectiva, desde la diversidad política por ensayar o desde la unidad probada en el tiempo, con un Partido Comunista que naturalmente debe perfeccionarse.
- Lograr la cohesión de una sociedad más culta en todos los sentidos, más libre, más creativa, más inconforme con lo mal hecho, más activa, libre, consciente; al mismo tiempo, más envejecida, más numerosa, distribuida de una forma distinta desde el punto de vista geográfico, en una nueva relación entre los cubanos de dentro y de fuera, construyendo una identidad más fuerte, en un país más independiente – esa será la tarea de un Partido Comunista capaz, mejor vinculado con las masas, compuesto por la vanguardia, basado en la ejemplaridad selecta de sus militantes y encabezado por lideres depositarios de la confianza de su pueblo y emergidos de este, incorruptibles, activos, honestos.
- La agresividad del imperio, víctima de sus contradicciones y de las contradicciones del mundo en que existe se hará más peligrosa. Su enfermedad anticubana crónica estará en una nueva fase que, siendo más intensa, ofrezca nuevos matices de apertura y reaconomodo; que incremente la peligrosidad para la nación cubana que se deje llevar por la confianza en un cambio real. Sólo el estudio riguroso del enemigo, la cautela, la fortaleza que representa la unidad de acción bajo la dirección de un solo partido puede asegurar el éxito.
- El contexto internacional debe tornarse más violento y peligroso, lo cual exigirá de mayor capacidad negociadora y el fortalecimiento y renovación de organizaciones y organismos internacionales; al tiempo que la necesidad de cooperación por desastres y catástrofes se incrementará. La alternativa es enfrentarse unidos o divididos a ese mundo cambiante.

Consideraciones finales.

1.- El Partido Comunista de Cuba ha mostrado sus características singulares, como ningún otro de su tipo, superándose a sí mismo en cada momento crucial. Veamos:

    • No posee un origen electoral: Ni postula ni nomina.
    • No es ateo. Acepta creyentes y religiosos en sus filas.
    • No condujo la Revolución, es resultado de ella.
    • Su proceso de ingreso es sui generis: el pueblo le propone, el evalúa y comprueba, acepta o no y luego informa el resultado al pueblo.
    • Se arma con la ideología de la Revolución Cubana, síntesis creativa entre el marxismo leninismo y las ideas de los grandes próceres de la independencia de la Isla.
    • Observa un respeto irrestricto a los principios de vida orgánica.
    • Está estrechamente vinculado con su pueblo, los destinos del mismo y comprometido con la transformación social que lidera.
    • Posee legitimidad, legalidad y consenso.

2.- Se trata de un Partido con identidad propia, paradigma de la nación, ejemplo para otros pueblos. Es un Partido político distinto a lo estudiado en la teoría de los partidos que promueve la ciencia política en boga.

3.- El Partido Comunista de Cuba es la garantía de la unidad de los cubanos frente a los desafíos presentes y futuros. Los ataques del enemigo a la identidad y papel del Partido Comunista de Cuba es la prueba evidente de su importancia para el futuro de la construcción societal en Cuba.

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1 Mancini, Ugo. Percepciones acerca de los partidos políticos y grupos de presión, en Colectivo de Autores. Una ciencia política desde el Sur, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004, p. 202.

2 Colectivo de Autores. Una ciencia política desde el Sur, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004; Colectivo de Autores. Teoría Sociopolítica. Selección de Temas, en dos tomos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2002; Carlos Cabrera Rodríguez (Compilador). Sociología Política. Selección de Lecturas, en dos tomos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004; Emilio Duharte García (Compilador). Teoría y Procesos Políticos contemporáneos, en dos tomos, Editorial Félix Varela, La Habana, 2006; Fabio Raimundo Torrado. La crisis de los sistemas electorales del mundo capitalista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009.

3 En esa posición están Ugo Mancini (p. 200), Fabio Raimundo Torrrado (p. 49); José M. Salinas (pp. 238-239)

4 Citado por F. Raimundo Torrado. La crisis de los sistemas electorales del mundo capitalista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, pp. 55, 56.

5 Vea, F.R. Torrado, Ibid, p.59.

6 Vea, Cabrera Rodríguez, C. Los partidos políticos en el sistema político capitalista, en Carlos Cabrera Rodríguez (Compilador). Sociología Política. Selección de Lecturas, en dos tomos, tomo 1, Editorial Félix Varela, La Habana, 2004, p. 13.

7 Vea, Ibid., p. 14.

8 Vea, Ibid., p. 13.

9 Vea, Ibid., p. 14.

10 Vea, Salinas López, José M.Los partidos políticos en el sistema capitalista, en Emilio Duharte García (Compilador). Teoría y Procesos Políticos contemporáneos, tomo 1, Editorial Félix Varela, La Habana, 2006, pp. 239-240. Hace alusión a una clasificación que realiza Weber en su importante obra “Economía y sociedad”, tomo 1, escrita en 1919.

11 Vea, Duverger, M. Sociología Política, Editorial Ariel, Barcelona, 1970, capíttulo V.

12 Vea, Cabrera Rodríguez, C. Op. Cit., pp. 5-6.

13 Vea, Salinas López, José M. Op. Cit., p. 244.

14 Vea, Duverger, M. Los partidos políticos, Fondo de la Cultura Económica de México, México, 1974.

15 Vea, Salinas López, José M. Op. Cit., pp. 244-245

16 Vea, Ibidem.

17 Ibidem.

18 Vea, Cabrera Rodríguez, C. Op. Cit., p. 17.

19 Referenciado por Cabrera, C. Op. Cit., p. 16.

20 Filósofo formado en las universidades de Amsterdam, Leiden y Paris. Director del International Philosophers Projet en la década de los años 70 del siglo XX. Recientemente, en cooperación con la Fundación Forum 2001 está dedicado a la puesta en marcha de dos centros de investigación y discusión en Italia.

21 Vea, Noam Chomsky, Michel Foucault. La naturaleza humana: Justicia versus poder. Un debate. Entrevista en la Univesidad de Amsterdan en 1971 y trasmitido por la televisión holandesa. (Material mimeografiado)

22 Vea, Salinas López, José M.,  Op. Cit., pp. 247-248.

23 Vea, Torrado, Fabio R. Op. Cit., pp. 69-80.

24 Vea, Mancini, Ugo. Op. Cit., pp. 203-204.

25 No puede descartarse, que muchos de esos partidos se apartaron de las normas, se produjeron traiciones, desviaciones, se cometieron graves errores de principios, que afectaron la autoridad de sus líderes y de todo el partido en su conjunto ante las masas.

26 Se está haciendo alusión al pluripartidismo en Polonia (3 partidos), República Democrática Alemana (5 partidos), Checoslovaquia (4 partidos), Bulgaria (2 partidos). Esta temática requiere de mayor profundización, aunque se han publicado algunos títulos que incurionan en la misma. Por ejemplo Ilimski. El sistema político de los países socialistas extranjeros, Editorial de Relaciones Internacionales, Moscú.

27 Vea más detalle, Torres – Cuevas, Eduardo, Loyola Vega, Oscar. Historia de Cuba. 1492-1898. Formación y liberación de la nación, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2001., pp. 309-317.

28 Vea más detalle, Torrado, Fabio Raimundo. Op. Cit., pp. 89-91.

29 Vea, Castro, F. La historia me absolverá. Editora Política, La Habana, 1991, pp. 34-36.

30 Vea, Méndez Tovar, Carlos. ¿Democracia en Cuba? Editorial José Martí, Ja Habana, 1997, pp. 110. Este autor señala: “La génesis del Partido cubano es el resultado de la unión de todas las fuerzas que intervinieron en el derrocamiento de la tiranía batistiana (…) El incremento de la agresión externa y el virtual estado de sitio decretado contra el país, hizo que el sistema cubano se radicalizara rápidamente”. Carlos Méndez Tovar nació en Caracas, Venezuela en 1938.

31 Vea más detalle, Méndez Tovar, Carlos. Op. Cit., pp. 11-114.

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