Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2011

UNA MIRADA A LA ORIENTACION PROFESIONAL DESDE EL ENFOQUE HISTORICO CULTURAL EN LA EDUCACION SUPERIOR ACTUAL



Odalia Llerena Companioni
odalia@humanidades.unica.cu



Resumen

En el trabajo se aborda el significado que en las condiciones actuales tiene hacer orientación profesional en el contexto universitario desde el enfoque histórico - cultural del desarrollo humano. Se refiere que la orientación profesional puede ser una herramienta que permita enlazar los intereses individuales con los requisitos actuales de la sociedad acerca de la formación de profesionales. La orientación profesional no se restringe a los años de vida universitaria ni siquiera a los primeros años de vida laboral. Actualmente se considera como un proceso que acompaña al sujeto durante toda su vida laboral y posibilita un continuo proceso de renovación de los intereses en el área de su profesión.

Palabras Claves: Orientación profesional, contribución, enfoque histórico cultural

   



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Llerena Companioni, O.: "UNA MIRADA A LA ORIENTACION PROFESIONAL DESDE EL ENFOQUE HISTORICO CULTURAL EN LA EDUCACION SUPERIOR ACTUAL.", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2011, www.eumed.net/rev/cccss/16/

INTRODUCCIÓN.


La cada vez más compleja y cambiante sociedad en la que se desenvuelven actualmente los seres  humanos conlleva a que el tiempo que se invierte en la educación deba ser necesariamente aprovechado al máximo, esto implica centrarse en aprender lo que de verdad vale la pena aprender, o sea, aquello que de verdad prepara para proseguir aprendiendo y creciendo, y que, a la vez, es más beneficioso en una mayor variedad de situaciones.


A lo largo de las últimas dos décadas se ha venido haciendo hincapié en el convencimiento de que la sociedad actual exige la promoción del aprendizaje a lo largo de la vida, entendiendo “aprendizaje” en un sentido amplio que abarca todos los contenidos, procesos, y áreas de la vida que posibilitan el crecimiento y desarrollo integral del ser humano.
Uno de los retos actuales para los orientadores profesionales, es sin lugar a dudas, encontrar las herramientas necesarias para conectar a la persona con las fuerzas que desde su interior, impulsan el proceso de construcción de saberes relacionados con la adquisición y desempeño en alguna profesión en específico. Es la motivación que se halla en la propia persona, en estrecho vínculo con otras formaciones personológicas como el sentido de vida quien posibilita un continuo proceso, permanente y auto generado de adquisición de nuevos conocimientos  que contribuyan al sucesivo enriquecimiento del quehacer personal profesional.
La orientación profesional puede ser una de las herramientas que favorezca enlazar los intereses individuales con los requerimientos actuales de la sociedad en relación con la formación de profesionales.


EL ORIGEN Y EVOLUCION DE LA ORIENTACION PROFESIONAL.


La naturaleza de la orientación profesional ha variado a través de las diferentes etapas de desarrollo de la humanidad hallándose en estrecha   relación con los cambios sociales, el papel del trabajo en la sociedad y la forma en que el hombre percibe las distintas profesiones.


Al analizar los orígenes de la orientación profesional es posible realizar una organización en dos etapas, que están estrechamente relacionadas con el desarrollo de las ciencias.


Primera Etapa: Pre científica: Estuvo signada por formulaciones de tipo mágico, filosófico, antropológico y religioso generadoras de diferentes concepciones del hombre y de la organización social, de las cuales surgieron determinadas formas de consejo y de ayuda para la elección vocacional, marcadamente intuitiva y muy supeditada a las instituciones sociopolíticas. Dentro de esta etapa se distinguen varios momentos con sus especificidades:
1.- La orientación profesional en el Mundo Antiguo.
2.- La orientación profesional en la Edad Media.
3.- La orientación profesional en la Época Moderna.
En el mundo Antiguo por tratarse la orientación profesional de una actividad cuyo carácter es esencialmente de ayuda,  adoptó un carácter de transmisión de doctrinas de tipo filosófico. Existen referencias de que en esa etapa, importantes filósofos tomaban  discípulos a quienes orientaban  sobre sus doctrinas. Ejemplo conocido es el de Sócrates (469-399 ANE)  de quien fueron discípulos Platón y Antístenes o el propio Platón ( 428-427-347 ANE) a quien se le atribuyen varios discípulos,   (Rosental, 1981).
La idea de orientar el aprendizaje de oficios o profesiones fue ampliamente aplicada en la Edad Media, durante la cual la enseñanza de los oficios se realizaba directamente en el puesto de trabajo, no existían entonces las instituciones escolares aparte del taller. La función de orientar para el aprendizaje de los oficios se realizaba en pequeñas corporaciones en el seno de las ciudades de la época y a través de los maestros de oficios.


En las sociedades agrícolas las profesiones solían ser hereditarias y las habilidades propias de cada profesión se transmitían de padres a hijos.
En general fue esta una época en la cual la familia, la herencia y las tradiciones signaron la orientación profesional, sin que se observasen elementos de darle una organización formal, por lo cual continuaba siendo una actividad de carácter no científico y no formal.
Durante la Edad Media la enseñanza estuvo marcada por la división del trabajo que condujo al surgimiento de violentos conflictos entre maestros, oficiales y aprendices lo cual  trajo como consecuencia que la orientación del aprendizaje de los oficios y profesiones se simplificara a tales límites que pasó a ser una mera repetición de gestos o acciones básicas de un oficio o profesión, (Cerezal Mezquita et al, 2000).
En esta etapa- hasta el Renacimiento- las formas de consejo eran totalmente vivenciales e intuitivas y continuaban cargadas de fundamentos mágicos, filosóficos y con gran influencia de la religión.


El Renacimiento fue un período de carácter marcadamente empirista, signado por profundos cambios en la propia concepción del ser humano, lo cual se reflejó en todos los procesos sociales.


En el Siglo XV con el alza de la producción, el desarrollo del comercio y de las ciencias las condiciones de la enseñanza comienzan a variar y se produce una primera división entre el trabajo manual y el intelectual, fenómeno que progresivamente se acentuó y permitió una primera diferenciación entre los empresarios y los productores  directos, (Cerezal Mezquita et al, 2000).


El propio desarrollo de la Revolución Industrial con el surgimiento de las producciones manufactureras impulsó el papel del estado como mediador entre las necesidades del aparato productivo y las exigencias de formación de la población. Fue así que se crearon los primeros sistemas escolares quienes pasaron a ser el principal instrumento de formación en todos los niveles de enseñanza y para todas las categorías sociales.
Durante el siglo XVII se comienza a entrar en una fase de pre industrialización con lo cual se comienza a plantear el problema de las potencialidades, tomando importancia la educación.


La llegada del siglo XVIII y específicamente la Revolución Francesa dio un fuerte impulso a la educación siempre sobre la base de los intereses económicos.
Durante ese siglo y comienzos del XIX tiene lugar la revolución industrial, con una problemática de tipo sociolaboral muy fuerte (supresión de puestos de trabajo, explotación, inmigración, bolsas de pobreza, etc.), añadido a lo anterior el predominio de una la filosofía signada por  el culto a la razón y la confianza absoluta en el hombre, creó una situación propicia para el surgimiento de la Orientación Profesional.
Figuras importantes en la época fueron Rosseau, quien con su Emilio, hizo referencia a diferentes tipos de ocupaciones vistas con un prisma psicológico y Pestalozzi a partir de unas cartas dirigidas a los padres de sus alumnos que mostró  un riguroso trabajo de observación sistemática en el aula considerado un precedente de los actuales registros de observación acumulativos del escolar.


En el propio siglo XIX se deben referir los aportes de la medicina y la Psicología Experimental quienes de conjunto con los servicios sociales creados para aminorar las problemáticas generadas por la Revolución Industrial tuvieron gran importancia en el desarrollo científico e instrumental posterior de la orientación.
Aunque los elementos mencionados no pueden ser considerados orientación profesional propiamente dicha al no poseer una sólida base científica ni una intencionalidad orientadora manifiestas si deben apreciarse por su carácter precursor de lo que actualmente se concibe como orientación profesional.


Segunda Etapa: Surge la orientación profesional como actividad científica a partir de una serie de condicionantes sociales y económicas: La industrialización, la escolarización, la revolución científica y el desarrollo del sistema capitalista de producción y de organización del trabajo. Esta etapa se ubica a finales del siglo XIX y se extiende hasta nuestros días.


A  principios  del  siglo XIX surge  en  Europa,  y  dentro  del  campo  de  la  medicina,  cierta preocupación por disminuir los riesgos de accidentes laborales y prevenir las enfermedades profesionales. Estos estudios van a constituir la base u origen de la Psicotecnia como disciplina específica, la cual  es iniciada formalmente por Münsterberg, quien la considera como la disciplina que trata de adaptar el hombre al trabajo mediante la aplicación de la psicometría a la selección industrial. Esta visión supone el estudio con vistas a la selección de trabajadores motivada por la división científica del trabajo; las destrezas necesarias para el desempeño de un puesto laboral e impone,  ineludiblemente  la  investigación  del  diagnóstico  de  las capacidades humanas.


Al revisar la literatura especializada existe coincidencia entre la mayor parte de los autores al referirse a la etiología del término orientación, remontando la misma a principios del siglo XV en los Estados Unidos con  Parsons,  considerado el padre  de  la  Orientación Vocacional,  Davis  el  cual  introdujo  el  primer  programa  de  Orientación  en  la  escuela  y Kelly   que   utiliza   por   primera   vez   el   adjetivo   educativo   referido   a   la   orientación, así lo reseñan Rodríguez Moreno (1995), Bisquerra (1995), Sanz Oro (2001) , y González Gómez (2003).
La Orientación Vocacional tuvo sus orígenes en 1908 con la creación en Boston, Estados Unidos, del Primer Buró de Orientación Vocacional  por F. Parsons, quien lo fundó con el fin de brindar asistencia a jóvenes que solicitaran ayuda para la elección de la profesión.
 El trabajo de Parsons en el área de la orientación vocacional estuvo fuertemente ligado al establecimiento de un compromiso con la vida de los miles de inmigrantes que llegaban a Norteamérica en busca de mejores condiciones de vida y su respuesta fue buscar condiciones de cambio social para esas familias utilizando la orientación profesional como instrumento para conciliar elección profesional y aptitudes.
Tanto el movimiento de la Reforma Social al cual pertenecieron Parsons y Davis como el de la Psicometría/ psicotécnica, constituyeron dos factores de gran peso en el surgimiento de la orientación profesional como la conocemos hoy.
Distintos autores como Brewer (1970); Beck (1973); Patterson (1974); Roig Ibáñez (1982); Whitley (1984); Rodríguez Espinar (1993); Repetto Talavera (1994), citados por Bisquerra (1995),   han   referido   los   orígenes   de   la   Orientación coincidiendo al  identificar  tres  movimientos  decisivos  en  el  surgimiento  de  la  misma,   aunque   cada   uno   toma   en consideración distintos aspectos para explicar su  surgimiento:
a)   El  movimiento  reivindicativo  de  reformas  sociales  en  Europa  y  en  los  Estados Unidos.
b)   El  desarrollo  del  movimiento  psicométrico  y  el  modelo  basado  en  la  teoría  de  los rasgos y factores.
c)   El movimiento Americano de "Couseling".
El Psicoanálisis no escapó al abordaje de la orientación profesional, los partidarios del enfoque psicodinámico, entre los cuales descuellan los trabajos de Bordin, Nachman y Holland, quienes atribuyen cualquier elección profesional a la actuación de determinadas fuerzas interiores instintivas (González Maura, 2003).


El conductismo aún en sus variantes más contemporáneas, centra más su atención en el papel de los agentes externos en la formación de los intereses hacia una u otra profesión, ya que cualquier inclinación del sujeto se determina por la acción de estos agentes.


Dentro del enfoque cognitivo conductual de orientación vocacional, Krumboltz y colaboradores desarrollan la teoría de aprendizaje social (interacción personas - medio) donde las conductas, las actitudes, los intereses y los valores se adquieren y modifican de forma continua debido a las experiencias de aprendizaje.
Un intento de superar estas concepciones lo realiza D. Super quien considera a la vocación como una expresión del desarrollo alcanzado por determinadas cualidades personales manifiestas a la hora de elegir profesión. Esta concepción evolucionista si bien contraria a las psicodinámicas y conductistas, ubicadas en dos polos diametralmente opuestos donde los intereses del sujeto quedan a merced de fuerzas instintivas o ambientales, no alcanza a superarlas totalmente por su visión atomista de las cualidades personológicas.


Un papel especial corresponde a la Psicología humanista la cual favoreció atribuir al sujeto un papel más independiente en la toma de decisiones profesionales.
Para  ellos,  orientar  es  un  conjunto   de  acciones   que   deben  llevarse  a  cabo   en  clase  y  no   precisan   de   personal   especializado   estrictamente   hablando;    va   dirigida a   todo   el  alumnado  —no   sólo   a  aquellas   personas   con  conductas   de aprendizaje  patológicas—,  y  su  proyecto   más   característico   es  el   esfuerzo   en   adaptar   el   curriculum   a   las   necesidades   individuales   del  aprendizaje,   tanto   cognoscitivo   como   afectivo.


En los últimos años y especialmente en Europa se ha producido un reforzamiento de la idea de educar para toda la vida y se enfatiza que desde las escuelas no sólo se deben aprender conceptos, sino también actitudes y procedimientos (Pérez González, 2005).
Para la universidad del nuevo siglo la continuidad del éxito en la formación de los profesionales tiene que ver con su sistemática renovación y armonización con los cambios que vertiginosamente se suceden en todos los ámbitos de la vida social y económica. Los cambios que acaecen en el panorama económico, tecnológico y social en el mundo entero inciden en el terreno educativo que debe elaborar sucesivas transformaciones para estar en correspondencia con ellos.


El inicio del siglo XXI ha planteado a la Educación Superior el doble reto de transmitir de forma masiva y eficiente un volumen siempre creciente de información, sin permitir, en segundo lugar; que tanta diversidad informativa la sumerja.
En los momentos actuales puede hablarse de algunos elementos que matizan la vida social y consecuentemente afectan la vida de la universidad: el rápido y progresivo desarrollo del conocimiento científico, la necesidad de dar a éste un carácter transdisciplinario y  el  creciente uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Estos tres elementos condicionan la necesidad de que la educación adopte un carácter permanente, dirigido no solo a algunas etapas del desarrollo personal sino a toda la vida.


Hasta hace relativamente corto tiempo la formación de un profesional con sólidos conocimientos daba garantías del éxito de una institución universitaria. Hoy, la realidad es bien diferente. El profesional de la actualidad no solo precisa conocer con profundidad de su ciencia en particular. Un egresado de las universidades actuales debe estar preparado para insertarse en su entorno de vida de forma eficaz, para lo cual debe contar con un arsenal de herramientas no solo intelectuales sino también éticas, favorecedoras del bienestar y el progreso de los seres humanos.


Para la Educación Superior la formación de los profesionales con un enfoque humanista garantiza no solo desarrollar la esfera intelectual sino también la esfera motivacional de la personalidad del estudiante de forma plena. Esto garantiza la formación de un profesional integral y comprometido con su labor, capaz de contribuir a lo largo de su vida al desarrollo social desde su profesión.


Varios son los cambios esenciales de la universidad de esta época que le imprimen un carácter básicamente diferente a épocas pasadas: “Un primer aspecto, de suma importancia, relacionado con la real capacidad de la universidad de dar respuesta a las demandas de este siglo, que se ha dado en llamar siglo del conocimiento, es la denominada masificación de la educación superior. Como consecuencia de ello se aprecia una tendencia al incremento de los jóvenes en las edades comprendidas entre 18 y 24 años cursando estudios superiores. En algunos países, entre los cuales está incluida Cuba, esa población rebasa ya el 50 %” (Horruitiner, 2008: 48).
Es particularmente importante la adjudicación a la universidad del papel de formadora integral de los profesionales que reclama la sociedad. En ella debe ser posible la formación de profesionales creativos, dotados de sólidos conocimientos y también de un conjunto de valores que le permitan poner esos conocimientos al servicio pleno de la sociedad dentro de la cual existen. “Implica también la necesidad de lograr un profesional creativo, independiente, preparado para asumir su autoeducación durante toda la vida; que sea capaz de mantenerse constantemente actualizado, utilizando igualmente las oportunidades ofrecidas por las universidades de atender al profesional con una educación posgraduada que responda a las necesidades del desarrollo del país” (Horruitiner, 2008: 48).


Viltres (2010) admite que en la actualidad se manifiesta una tendencia integradora en orientación profesional que se sustenta en una concepción más protagónica del maestro como orientador y afirma que en la orientación profesional se puede hablar de una dimensión psicológica y una pedagógica. Este autor realiza una crítica a las investigaciones realizadas en el contexto cubano acerca de la temática,  afirmando que las mismas tienen un carácter reduccionista, al centrarse en aspectos específicos de la orientación profesional para su análisis y posterior desarrollo.
Este autor especifica como regularidad en las investigaciones por él reseñadas en el contexto educativo cubano, el empleo de las categorías diagnóstico, objetivos y método; considerando que el diagnóstico de la orientación profesional es parte del diagnóstico integral y debe estar estructurado en dimensiones, indicadores y rangos que le posibiliten a la institución caracterizar integralmente el proceso. También reconoce la existencia de una dimensión psicológica de la orientación profesional, a la cual pertenecen categorías tales como la motivación, los intereses y la autodeterminación profesional; entre otras.


La autora de este artículo considera que la orientación profesional es un proceso complejo que debe ser abordado con una visión de carácter interdisciplinario. Con él se relacionan diferentes disciplinas que tienen que ver con la educación de la personalidad y no sólo la Pedagogía. Particularmente importante es el referente aportado por la Psicología acerca de la evolución de las concepciones de la personalidad y su sistema motivacional, pues, ante todo la orientación profesional como proceso pedagógico se dirige al desarrollo de la motivación hacia la profesión, mientras en paralelo fortalece todo el sistema ideo-valorativo de la personalidad.
Calzada (2004: 9) afirma en su conceptualización de interdisciplinariedad que abarca no solo la relación entre las ciencias, sino también entre las personas con el fin de identificar y solucionar problemas profesionales, es así que las define como “…los nexos entre profesionales y/o disciplinas con el objetivo de integrar contenidos en el proceso de solución de problemas del desempeño. Permite garantizar un sistema general de conocimientos, habilidades, valores y modos de actuar, tanto de carácter intelectual como práctico para el establecimiento de relaciones hacia el mundo real y objetivo en el que le corresponde vivir y laborar al profesional.”
A juicio de la autora los distingos deben realizarse entre los términos orientación profesional como tendencia orientadora que integra los  motivos de la personalidad relacionados con la elección, formación y desempeño en una profesión determinada y orientación profesional como proceso pedagógico.
Una respuesta posible a esta aparente dicotomía puede ser encontrada desde el enfoque histórico cultural.
Grandes son los retos que se presentan ante la Universidad del Siglo XXI, sin embargo, las ambiciosas aspiraciones formativas difícilmente puedan lograrse desde algunas de las concepciones abordadas. Desde sus posiciones de partida no puede ser explicada la unidad dialéctica entre la naturaleza subjetiva, activa de la personalidad y su determinación histórico-social.


EL ENFOQUE HISTORICO SOCIAL DEL DESARROLLO HUMANO.


L. S. Vigotsky (1896-1934), psicólogo ruso con  una corta pero fecunda obra dentro de la psicología fue el creador de un nuevo paradigma psicológico: el Histórico-Cultural.
Vigotsky aplicó de forma creadora la filosofía marxista a la Psicología, partiendo de lo cual  formula un conjunto de ideas sobre el desarrollo ontogenético histórico-social del hombre, que se contraponen tanto a las corrientes biologicistas e idealistas predominantes en dicha ciencia, como a los puntos de vista sobre el desarrollo de la cultura, independientemente de la historia de la sociedad. Estas ideas paulatinamente han alcanzado una gran influencia en el desarrollo de la Psicología a nivel mundial.
Vigotsky partiendo de una concepción materialista de la psiquis, la considera como una propiedad del hombre como ser material, (que tiene un cerebro), pero a la vez como un producto social, resultado del desarrollo histórico de la humanidad. Por esta razón no puede buscarse en las leyes de la evolución biológica, la clave para explicar la psiquis humana, sino en la acción de otras leyes, las del desarrollo histórico-social.
Una de las principales ideas del enfoque histórico-cultural radica en  el carácter mediatizado de los procesos psíquicos. Para Vigotsky, al igual que la actividad humana se convierte en una actividad mediatizada a partir de los instrumentos que el hombre utiliza en su ejecución, los procesos psíquicos se hacen también mediatizados, actuando como elementos mediadores los fenómenos de la cultura humana.
La cultura en la concepción histórico-cultural, es el producto de la vida  y de la actividad social del hombre que halla su expresión mediante  los signos, quienes poseen  un significado estable por haberse formado en el desarrollo histórico y transmitido de generación en generación. Entre ellos están las obras de arte, la escritura, los signos numéricos y  el lenguaje el cual posee un papel especialmente importante.
En la actividad el hombre se apropia de la experiencia histórico-social y asimila no sólo las distintas formas de actividad humana, sino también los “signos” o medios materiales o espirituales elaborados por la cultura.
Es por esto que, los procesos psíquicos inicialmente poseen un carácter interpsicológico, o sea, se dan en el plano del sistema de relaciones sociales, de comunicación que el niño establece con otras personas en la realización de una actividad conjunta. Posteriormente estas funciones psíquicas se interiorizan, adquieren un carácter intrapsicológico (interno) y pasan a formar parte de la actividad individual del hombre. Entonces, los signos que inicialmente poseían un carácter externo se convierten en signos internos mediatizando el tránsito de las funciones psíquicas superiores.
“Cualquier función en el desarrollo cultural del niño aparece en escena dos veces, en dos planos: primero como algo social, después como algo psicológico; primero entre la gente, como una categoría interpsíquica, después, dentro del niño, como una categoría intrapsíquica. Esto tiene que ver, por igual, tanto con la memoria voluntaria como con la memoria lógica; tanto con la formación de conceptos como con el desarrollo de la voluntad.....  el tránsito de afuera hacia adentro transforma al propio proceso, cambia su estructura y sus funciones” (Vigotsky, 1987: 161).
Aunque Vigotsky no explicitó una teoría de la enseñanza, algunas de sus ideas constituyen elementos importantes a ser tomados en cuenta. Una de ellas referida a la relación enseñanza y desarrollo tiene una importante repercusión en la psicología del desarrollo y en la pedagogía. En posición divergente de las corrientes predominantes en su época que identificaban la enseñanza con el desarrollo, los separaban de forma desigual o intentaban combinarlos Vigotsky considera que el papel rector en el desarrollo psíquico del niño corresponde a la enseñanza, ella es su fuente,  lo precede y conduce y puede considerarse desarrolladora sólo cuando tiene en cuenta dicho desarrollo.


Para la comprensión del papel del medio en el desarrollo psíquico infantil, Vigotsky introduce una categoría de suma importancia: “la situación social del desarrollo”, con la cual designa la peculiar combinación que se produce entre los procesos internos del desarrollo y las condiciones externas típicas de cada etapa las que condicionan asimismo la dinámica del desarrollo psíquico durante el correspondiente período evolutivo y las nuevas formaciones psicológicas surgidas hacia el final del período.
El concepto introducido por Vigotsky de “zona de desarrollo próximo” constituye un valioso instrumento al posibilitar conocer tanto el estado actual del desarrollo individual como sus potencialidades, favoreciendo de esta manera su dirección. En ese sentido se refiere a ella como la distancia que separa el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema y el nivel de desarrollo potencial, que se determina mediante la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otros más capaces.
Luego de la desaparición física de Vigotsky, otros investigadores continuaron enriqueciendo su legado científico. Algunos de ellos como A. Leontiev  con sus estudios sobre la actividad y L. I. Bozhovich sobre la motivación contribuyeron no solo a dar continuidad al enfoque histórico cultural sino también a su enriquecimiento.
Es indudable que este enfoque ofrece al psicólogo educativo y  al pedagogo un soporte de mucha utilidad para encarar los problemas de la escuela actual y la búsqueda de solución a los retos y problemas que ésta plantea.
Partiendo de un enfoque histórico cultural del desarrollo humano puede integrarse dialécticamente lo externo- manifiesto en la influencia determinante del medio social- al desarrollo de la subjetividad humana. Desde sus posiciones logra entenderse que el sujeto –si las condiciones de vida y educación lo propician- pueda alcanzar niveles superiores de regulación y autorregulación, o sea, alcanzar la autodeterminación de su actuación partiendo de su propia individualidad.


CONTRIBUCION DEL ENFOQUE HISTORICO CULTURAL A UN ABORDAJE ACTUAL DE LA ORIENTACION PROFESIONAL EN EL CONTEXTO UNIVERSITARIO.


Tomando como base las ideas de Vigotsky y sus seguidores es posible entender que la orientación profesional es un proceso y en calidad de tal transcurre a través de las diferentes etapas en el desarrollo de la personalidad, no hallándose predeterminado específicamente por el nivel de enseñanza o las características específicas de cada edad sino por el nivel real de desarrollo alcanzado por el sujeto en cada una de ellas.
En cada edad se presenta una peculiar combinación entre los procesos internos de  desarrollo de los intereses profesionales y las condiciones externas típicas de cada etapa, ello  condiciona la dinámica del desarrollo de esos intereses a lo largo de ese período evolutivo y las nuevas formaciones motivacionales que hacia el final del mismo marcan el momento de la aparición de intereses cualitativamente diferentes a los precedentes.


Si se concibe la posibilidad de desarrollar evolutivamente aquellas características individuales que determinan el éxito en la actividad bajo el influjo de la educación puede entonces precisarse que durante el período de vida universitaria el proceso de orientación profesional no sólo debe garantizar la consolidación de intereses por la solución de problemas profesionales durante un tiempo limitado.
La orientación profesional no se restringe a los años de vida universitaria ni a los primeros años de graduados. Es un proceso que acompaña al sujeto durante toda su vida laboral y le posibilita un continuo proceso de renovación de los intereses en el área de su profesión,  lo que garantiza que las fuerzas se reorganicen con sistematicidad a pesar de las dificultades, como tener que adaptarse a nuevas situaciones, sortear circunstancias adversas o ser creativos al solucionar problemas profesionales.
Tomando como base una concepción histórico-cultural hacer orientación profesional significa tomar como punto de partida para ejercer cualquier ayuda en la elección o formación en una profesión determinada, el nivel actual de desarrollo de las inclinaciones profesionales individuales para crear las condiciones de aprendizaje a través de las cuales pueda desarrollarlas hasta alcanzar el nivel de desarrollo potencial de éstas.


Investigadores como V. González Maura (2001) se han referido a la relación específica que se establece entre orientador y orientando planteando que no es una  relación de dependencia en la cual el orientador dice al orientando qué hacer o cómo hacerlo, sino el espacio comunicacional donde se organizan aquellas situaciones de aprendizaje que le permiten al estudiante mediante el desarrollo de sus potencialidades llegar en el más pleno ejercicio de la autodeterminación a tomar decisiones respecto a su vida profesional.


Sin embargo, en la realidad existen casos específicos en los cuales la profesión elegida se aleja un tanto de las inclinaciones individuales. Aunque esta situación se considera nociva para el desarrollo individual, puede suceder a partir de instituyentes individuales ligados al proceso de ejercicio de la autodeterminación, por ejemplo, la profesión soñada se estudia en un centro alejado del lugar de residencia del alumno al cual no desea abandonar y se decide por otra en un lugar cercano; o, a partir de exigencias sociales, por ejemplo, las convocatorias realizadas para priorizar una profesión socialmente deficitaria.


En estos casos hacer orientación profesional, conducir la formación de motivos profesionales partiendo de una concepción histórico cultural del desarrollo humano significa ayudar al estudiante a identificar aquellas condiciones individuales que posee para llevar adelante el proceso de aprendizaje dentro de la profesión elegida y “descubrir” cuáles pueden favorecer en mayor medida sus aspiraciones profesionales. Significa además preparar las situaciones de aprendizaje a través de las cuales el alumno pueda desplegar a través del proceso de formación en esa profesión -que tal vez no era la soñada- sus aptitudes, para progresivamente ir favoreciendo el surgimiento de intereses generales que los orienten en la búsqueda de información, la obtención de conocimientos y la formación de habilidades que puedan servir de base para la formación de intereses hacia la profesión.


Investigaciones desarrolladas han comprobado que la existencia de intereses profesionales al iniciar una carrera universitaria favorece el éxito en el proceso formativo pero no es garantía absoluta de triunfo, González Maura (2001, 2003).


Un proceso de orientación profesional bien enfocado durante el período de formación profesional puede contribuir a la formación de conocimientos, habilidades e intereses profesionales o a la consolidación de estos intereses si los mismos ya existían previo al ingreso.
Una vez hayan ingresado a la universidad existen elementos a tener en cuenta que favorecen el desarrollo de la motivación profesional, Prieto Hernández (2010), plantea que el profesor de nivel superior tiene la ventaja de trabajar con un alumno cuya personalidad ya está formada y propone tres niveles de trabajo para la formación de la motivación profesional:

Gessa Gálvez (2007), significa que las carencias formativas en los docentes obstaculizan el desarrollo de la motivación profesional en los alumnos y considera la necesidad de compensar la formación inicial del profesorado como parte de su preparación continuada como una vía superior de tratamiento del tema de la motivación profesional de los alumnos.


CONCLUSIONES.


A modo de resumen puede afirmarse que el enfoque histórico cultural brinda una base de gran utilidad para encarar los problemas de la orientación profesional en la actualidad y la búsqueda de solución a los retos y problemas que ésta plantea.
Partiendo de un enfoque histórico cultural del desarrollo humano puede integrarse dialécticamente lo externo- manifiesto en la influencia determinante de la educación- al desarrollo de los intereses hacia una profesión determinada. Desde esta óptica puede entenderse que el sujeto –si las condiciones de vida y educación lo propician- llegue a  desarrollar niveles superiores de regulación y autorregulación, o sea, alcanzar la autodeterminación de su actuación profesional.


Desde este precedente puede entenderse la necesidad de organizar las diferentes situaciones educativas de acuerdo al nivel de desarrollo real del educando para llevarlo progresivamente al desarrollo de todas sus potencialidades.


La Orientación Profesional como proceso complejo de educación de la motivación profesional de la personalidad se inicia desde edades tempranas, transcurre durante la vida escolar y no culmina con el egreso del estudiante de la universidad. Ella se extiende durante toda la vida laboral y posibilita el continuo proceso de renovación de los intereses en el área de la profesión,  posibilitando una reorganización sistemática de sus potencialidades para adaptarse a nuevas situaciones, sortear circunstancias adversas o ser creativos al solucionar problemas profesionales.

 

 

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CURRÍCULO VITAE BREVE


Odalia Llerena Companioni, es Máster en Ciencias de la Educación, psicóloga, profesora auxiliar e investigadora del Centro de Estudios Educacionales de la Universidad de Ciego de Ávila, Cuba. Ha participado en varios congresos de carácter nacional e internacional relacionados con su profesión y la labor que realiza actualmente. Ha impartido varios cursos de postgrado en Cuba y en Universidades de México y Ecuador. Su investigación doctoral se relaciona con el desarrollo de la motivación profesional en estudiantes universitarios de las carreras de Ciencias Sociales. Posee varias publicaciones acerca de la temática y de otras relacionadas con la Pedagogía y la Psicología de la Educación.

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Editor:
Juan Carlos M. Coll (CV)
ISSN: 1988-7833
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15 al 29 de
julio
X Congreso EUMEDNET sobre
Turismo y Desarrollo




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Próximos congresos

 

06 al 20 de
octubre
I Congreso EUMEDNET sobre
Políticas públicas ante la crisis de las commodities

10 al 25 de
noviembre
I Congreso EUMEDNET sobre
Migración y Desarrollo

12 al 30 de
diciembre
I Congreso EUMEDNET sobre
Economía y Cambio Climático