Contribuciones a las Ciencias Sociales
Noviembre 2011

ARQUEOLOGÍA MOENSE



Ibrahim Montero Ramos (CV)
Instituto Superior Minero Metalúrgico: Dr. Antonio Núñez Jiménez
imontero@ismm.edu.cu


Resumen
Investigaciones arqueológicas realizadas en Moa, han confirmado la presencia aborigen en la comunidad rural de Cañete, lo que permite arribar a conclusiones sobre la existencia de topónimos vinculados a los primeros habitantes de la Isla de Cuba y establecer una relación etnocultural a partir del estudio de artefactos arqueológicos fabricados en concha de caracol,  material lítico y cerámica de barro que por sus rasgos tecnotipológicos se vinculan a la cultura aruaca o Taina insular. La actividad económica fundamental, la minería, agrede de forma directa el suelo, reserva de de una valiosa información sobre nuestra historia que se puede perder  por falta de investigaciones más profundas que incluyan excavaciones in situ científicamente controladas.

Palabras claves:  
Arqueología, Comunidad de Cañete, relación etnocultural, Cultura Aruaca, Artefactos arqueológicos, asa antropomórfica, material lítico, ambiente estuarino, topónimos, rasgos tecnotipológicos, excavaciones científicamente controladas.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Montero Ramos, I.: "Arqueología Moense", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, noviembre 2011, www.eumed.net/rev/cccss/15/

Desde el mes de abril del 2004 un equipo de investigación del Departamento Centro Oriental de Arqueología (CISAT, CITMA, Holguín) ejecuta labores de exploración  en distintos puntos del Consejo Popular de Cañete, a unos 20 Kms al Este de la ciudad de Moa, muy próximo al litoral norte del municipio de igual nombre. Inicialmente se pretendía esclarecer el carácter cultural y la cronología de un supuesto cementerio, situado en Cayo Guarico, a dos kilómetros al norte del poblado de Cañete, del cual no se tenía ninguna referencia histórica.
La tradición popular en Cañete reconoce la existencia de un conjunto de tumbas delimitadas por caracoles marinos y con cruces de madera  ubicadas en Cayo Guarico. En entrevistas realizadas a vecinos del poblado de Cañete con más de 90 años de edad, hacen suponer que estas tumbas pudieran tener más de 100 años de antigüedad y remontarse a periodos anteriores al poblamiento de la zona.
El equipo de arqueólogos estuvo integrado por el MSc Roberto Valcárcel Rojas, la Lic. Lourdes Pérez Iglesias, el MSc Manuel Garit Sánchez; también por el  técnico Juan Guarch Rodríguez, la museóloga Georgina Bornot Colombá y el Lic Ibrahim Montero Ramos, autor de este trabajo.
Se realizó una búsqueda superficial de materiales y pequeñas calas excavatorias de 20 a 30 cm de diámetro y 10 a 30 cm de profundidad. Las evidencias arqueológicas fueron colectadas en superficie, según su nivel de representatividad respecto al contexto. Se tomaron fotos digitales de los lugares y objetos de interés. El sitio fue ubicado mediante un sistema de posicionamiento global tipo GARMIN y usando mapas del área del ICGC en la escala de 1:50 000. Con posterioridad el material colectado se clasificó en el Departamento Centro Oriental de Arqueología.
Cayo Guarico es una franja  de arena de 10  metros de ancho, 60 de largo y un metro de alto, rodeado de  espesos  manglares establecidos entre Punta de Mangle y Punta de Guarico a unos 800 metros de tierra firme y muy cerca del borde Norte del manglar, frente al cual aparece una amplia zona de fondos marinos muy bajos que prácticamente quedan expuestos durante la marea baja. El acceso es difícil pues se realiza a través de canales que al bajar  la marea impide el paso de las embarcaciones. En Cayo Guarico predomina el mangle Rojo (Rhizophora mangle), aunque también se reportan ejemplares de Mangle Blanco (Avicenia germanis) en su parte superior crecen algunos árboles entre los que se identifican la casuarina (Casuarina equisetifolia). En su superficie y en las calas excavatorias se observaron caracoles completos o sus fragmentos   y artefactos aborígenes elaborados usando partes de estos, se reconocieron preliminarmente, tanto como posibles restos de dieta que como materiales de artefactos, ejemplares de las especies Strombus gigas, Strombus costatus, Cassis tuberosa, Codakia orbicularis, Citarium pica, Lucina pectinatus y Fasciolaria tulipa.
Muchos caracoles de Strombus gigas y Strombus costatus muestran la perforación circular asociada a las labores indígenas de extracción  de moluscos. Se colectaron también  fragmentos de cerámica de manufactura aborigen.
En el extremo Oeste del cayo se encontró lo que parece ser una cruz, pero se descarta cualquier vínculo de este objeto con la cultura indocubana por su pertenecía a la cultura cristiana occidental y por la certeza de que  los cultos religiosos de nuestros aborígenes eran animistas. Excluye cualquier manifestación que pertenezca al cristianismo. En sus proximidades se realizaron calas de 30 cm de profundidad sin encontrar restos humanos.
Fueron colectados 39 restos de taller en los cuales resultó notable la reiteración de algunas partes como espinas, y fragmentos de  labios y mantos de caracoles. Esto sugiere el desarrollo de  trabajos de transformación de conchas y de elaboración de artefactos en el lugar.
En la superficie de Cayo Guarico se encuentran dispersos abundantes fragmentos de cerámica de pequeñas dimensiones que por la ausencia de elementos diagnósticos no se puede identificar a que parte pertenecen. En uno de estos fragmentos se notan huellas de levantamiento por acordelado.
 También se obtuvo un fragmento de apariencia antropomórfica a manera de asa de vasija. Muestra ojos grandes, redondeados, elaborados por aplicación y con una perforación al centro. La nariz resulta pronunciada, con fosas desarrolladas mediante incisiones. La boca es alargada, representada a partir de una incisión ancha.
El asa por sus rasgos iconográficos y por el uso de incisiones anchas realizadas con el barro bastante seco recuerda materiales asociados al estilo Boca Chica propios de las formas taínas clásicas que solo se encuentran con profusión en el caso cubano en las zonas de Guantánamo. Resulta posible que los hallazgos en este sitio tengan vínculos con los núcleos poblacionales del cercano espacio de Baracoa.
El hallazgo de artefactos indígenas y restos de conchas derivados de su elaboración en el sitio, así como el reporte de caracoles con perforación circular, indica que gran parte del depósito que forma el montículo fue generado por la acción humana y no por  traslado natural. Los artefactos de concha, martillos principalmente, señalan acciones que como la percusión, parecen haber estado dirigidas al procesamiento de materias primas. En este caso pudiera tratarse de artefactos usados para la manipulación de los caracoles de los que se extraía el molusco.
Estos hallazgos que por primera vez se realizan dentro de los límites de Moa, permiten ir despejando algunas interrogantes que el moense, ávido de conocer su historia, se pregunta desde hace mucho, como la interrogante ¿Quiénes fueron los que bautizaron a esta tierra con el nombre que la distingue, y por qué?
La hipótesis de que Moa es un vocablo aruaco comienza a tener fundamento cuando los restos arqueológicos encontrados en Cayo Guarico, de indudable factura taína, nos permiten establecer una relación etnocultural con estos grupos humanos que dominaron el arte  de la navegación y se desplazaron desde el Orinoco suramericano para poblar nuestra Isla. Según los estudios que hizo de esta lengua Fray Gerónimo Pané el vocablo Moa significa agua aquí. La sapiencia de  nuestros primeros pobladores tuvo en cuenta la presencia del  agua en Moa, llanura costera de más de 40 Kms de largo bañadas por las aguas del Océano Atlántico, con un sistema orográfico de abundantes precipitaciones, su manto freático se extiende a pocos centímetros de la superficie terrestre y una importante red hidrográfica que integran varios ríos drenan su suelo.
Durante la estancia en Cañete vecinos de la zona mostraron a los investigadores una pieza de piedra tallada de indudable factura aborigen encontrada durante una faena agrícola en la finca Tiguabillo.
Se trata de una punta lítica de 13,4 centímetros de largo por 4 centímetros de ancho y 1,8 centímetros de profundidad, elaborada en silicita, posee una sección trapezoidal con retoques dorsales finos, consecutivos, en los lados y en la base. Muestra retoque semiplano en la parte distal de la cara ventral.
En el sitio -que es un potrero cubierto de hierbas- se encontraron algunos fragmentos de piedra descortezada aunque sin huellas de precisas de talla, no se halló ningún artefacto, razón por la cual se decidió ampliar el área de exploración, encontrándose material de piedra tallada a unos 70 metros al suroeste. Es un amplio espacio de unos 60 metros cuadrados  que desciende hasta un arroyo que lo bordea por su lado oeste y en el que aparecen algunos árboles frutales. Las piezas están bastante dispersas y solo se hallaron en la superficie al igual que algunos fragmentos de concha marina.
El reporte de numerosas preformas y restos de taller de piedra indican que el lugar es un sitio arqueológico ubicado con el nombre de Tiguabillo I, lo que constituye a su vez la denominación del lugar.
Atendiendo a la importancia de la punta lítica encontradla norte de este sitio, el lugar donde fue hallada fue asumido como un lugar de reporte arqueológico con el nombre de Tiguabillo II.
Aunque solo se dispone de una visión superficial de estos lugares ya que no se realizaron excavaciones, la abundancia de piedra tallada y el reporte de  varias preformas evidencian con seguridad la existencia de un sitio arqueológico, donde hasta ahora la ausencia de cerámica y las reducidas dimensiones de las piezas encontradas parecen asociar, en una consideración preliminar, con comunidades  de pescadores recolectores.
La pieza hallada en Tiguabillo II resulta muy interesante y en términos tecnotipológicos se relaciona con una tradición distinta a la que genera los materiales vistos en Tiguabillo I. Recuerda puntas líticas de tradición Seboruco, encontradas en Mayarí
Otros hallazgos se reportan desde la comunidad de La Melba, se trata de dos piezas líticas consistentes en 2 majadores. Ambos artefactos son de formas diferentes, el más pequeño es cilíndrico, tiene 11 centímetros de largo por 4 centímetros de diámetro, el mayor tiene forma de embudo, en su parte inferior es esférico, semiconvexo con 7 centímetros de diámetro y en su parte superior es aguzada. Ambos artefactos tienen en común estar confeccionados en piedras que resultan  muy abundantes en las márgenes del río Jaguani, donde fueron encontrados.
A diferencia de los hallazgos de Cañete, el reporte del río Jaguani en La Melba no se encuentra en una zona llana, ni en la costa, sino, hacia el sur en una zona montañosa en la profundidad del territorio rozando los límites de la provincia Guantánamo. Atendiendo a la diferencia que se observan entre los hallazgos de Cayo Guarico, Tiguabillo y río Jaguani podemos llegar a la conclusión de que en la zona costera o hacia la profundidad montañosa encontramos  una presencia aborigen  mixta en lo referido a grupos poblacionales. El alcance de los estudios realizados no nos permite ver más allá de posibles vínculos con manifestaciones agroalfareras o recolectoras pescadoras ya que no se han reportado hallazgos de asentamientos o de restos humanos, por lo que no existe la certeza de si fueron grupos humanos que transitaron por esta zona o se asentaron. Lo que si es comprobado que dejaron sus huellas en nuestro suelo y para cerciorarse de ello se precisa de  investigaciones mas profundas que incluyan excavaciones científicamente controladas, sobre todo si tenemos en cuenta que la actividad económica fundamental de Moa, la minería,  agrede el suelo y puede perderse una importante información de nuestros antepasados   y de nuestra prehistoria en general .

Bibliografía.

 

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