Contribuciones a las Ciencias Sociales
Octubre 2011

LAS RELACIONES INTERACTIVAS DE LOS TALENTOS DE LA CULTURA Y LA COMUNIDAD



Rafaela Macías Reyes
Universidad de Las Tunas, Cuba
rafaela@ult.edu.cu



RESUMEN

Dada la necesidad de reflexiones conceptuales que respalden los proyectos liderados por talentos de la cultura, se aporta en este trabajo la caracterización de las relaciones interactivas de los talentos de la cultura y la comunidad,  del proceso interactivo en  la sociedad, se analizan diversas aristas de la dialéctica de estos con los talentos de la cultura, y se define al talento de la cultura como una categoría no restrictiva al arte, sino extensiva hacia la ética y la cultura.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Macías Reyes, R.: Las relaciones interactivas de los talentos de la cultura y la comunidad, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, octubre 2011, www.eumed.net/rev/cccss/14/

INTRODUCCIÓN

El estudio de los vínculos de los talentos de la cultura  con el trabajo comunitario, ha sido un terreno poco explorado por  los investigadores de las temáticas socioculturales. Hace más de un dos décadas que el sector de la cultura ha organizado su trabajo a través de programas y proyectos cuya razón de ser es  la aplicación acertada de la política cultural cubana, para lo cual se diagnostican previamente a las comunidades. Estos empeños, deben tomar más en cuenta el carácter aportativo de la interacción que establecen los talentos de la cultura con las comunidades en las que se desenvuelven.
Cuando en  intercambio constante la cultura proporciona un modo de actividad entre las personas, caracterizado por la interdependencia de estos actos mediante un proceso de comunicación asertiva, las relaciones sociales llegan a personificarse. Los talentos se convierten entonces en portadores de una forma de ser, de hábitos de educación, de valores humanos y sobre todo, en promotores de la cultura cubana
En este artículo se aborda  uno de los perfiles menos atendidos por la bibliografía y los estudios culturológicos, ya que los talentos de la cultura han sido tratados desde la perspectiva individual, a veces vistos por otros  o por sí mismos, en forma de ensayos, biografías, entrevistas, en los que no pocos se limitan a exaltar los logros alcanzados por ellos  en la creación artística sin tener en cuenta el componente de la  cultura comunitaria.
La relación entre la creación del talento individual y la creación popular directa e inmediata, no siempre se aprecia en el sentido de estrecha relación de intercambio, como ha expresado Armando Hart, en Cambiar las reglas del juego: “…  porque creo que la creación de los talentos individuales es también una creación del pueblo a otro nivel... “
En  Las Tunas, el intercambio entre los talentos de la cultura y las comunidades, se ha ido incrementando pues los  artistas del territorio tienen un sentido muy particular de pertenencia a su terruño. Ningún nutriente es mejor que sus propias raíces, a pesar de los imperativos de promoción en otros espacios, que ha hecho que nos veamos privados por mucho tiempo de talentos de la cultura que surgieron y se formaron en nuestras comunidades. Aquellos que han emigrado a otros espacios  en muchos de los casos retornan  a sus propios espacios. Al respecto Carlos Martí, ha referido lo siguiente: “… han retornado constantemente a la plaza propia, a la nación, con el criterio de que sólo bebiendo en las fuentes de la identidad y confrontándose con su público, puede continuar realmente renovando sus obras respectivas...”
Fundamentos epistemológicos para el abordaje del problema de las relaciones interactivas de los talentos de la cultura y la comunidad
Reconocer las evidentes carencias de un enfoque integrador en el campo teórico de las categorías talento  y  relaciones interactivas, no significa que se les entienda como factores en conflicto, sino  como factores que forman parte de un mismo proceso dialéctico que se proyecta con este carácter tanto en la vida cotidiana de la comunidad, como en el plano laboral. A propósito escribió Lenin que la dialéctica  consiste en...” la dependencia mutua de los conceptos, transición de unos a otros. Relatividad de la oposición entre los conceptos”...”
Desde la praxis cultural se puede encausar la teoría que respalde  las razones de estas relaciones interactivas de los talentos de la cultura, y caracterizar los modos en que se proyectan. En el trabajo sociocultural,  la élite  existe como minoría entre los creadores, pero de lo que se trata es de encontrar fórmulas para  un acercamiento mayor de estos a la población y viceversa, partiendo de la voluntad unitaria de los creadores, de su sensibilidad, y de la disposición institucional de estimular este intercambio que debe ser sistemático.
La razón principal que nos asiste para ello, es el  ejemplo de la obra creadora de un talento artístico de Las Tunas: Félix Ramos Acosta cuya interacción constante con la comunidad fructifica en sí misma, Aunque no sea  esta  la única  muestra posible de exponer  en torno al problema que nos ocupa, lo cierto es que su forma de  ejercerlo es privativa de una peculiar metodología en la que prevalece el carácter interactivo con la comunidad.
La lógica de la interacción social, como premisa necesaria para que esta  se produzca, es la existencia primaria de una relación, que comienza siendo espontánea y natural, hasta convertirse en un proceso de intercambio de carácter consciente. Otra premisa es la existencia de dos o más elementos, sujetos o grupos entre los cuales debe producirse el intercambio.
Los vínculos que se establecen a través de las relaciones interactivas en una comunidad, trascienden de tal manera que llegan a convertirse en un indicador para cualificar las relaciones establecidas para lo que hay que tener en cuenta las influencias entre los miembros, estados de relaciones interactivas, y su evolución expresada en resultados concretos de desarrollo.
Entre los elementos que interactúan sistemáticamente, se produce una relación de dependencia, en la que puede apreciarse la gradación de la intensidad y la interdependencia de dichas relaciones. Es así que se establecen las relaciones interactivas de carácter dialéctico en las que se hace determinante el rol de cada una de las partes, y sobre todo incide directamente en el desarrollo social. Al hacerse conscientes estas se incorporan a la subjetividad de las personas y adquieren un sentido para la comunidad de tal modo que pueden llegar a ser sentidas como una necesidad, y ser incorporadas al estilo de vida de sus miembros.
De acuerdo al análisis realizado se puede  precisar que los rasgos que caracterizan  a las relaciones interactivas son los siguientes:
CARÁCTER PROCESUAL.-  Se manifiesta en diversas etapas en sentido evolutivo, en ellas se concretan:

Carácter dialectico: La interdependencia genera cambios y desarrollo.

Carácter social: La actividad es la esencia de la interacción. En la cultura, el deporte, la educación y múltiples esferas de la vida, u otros proyectos de desarrollo

Carácter dialógico: La comunicación es imprescindible, sin la cual no hay intercambio.

Carácter motivacional: En la medida en que los intereses y motivos de la comunidad estén representados, la interacción se manifiesta de diversas formas. Actúa en el campo volitivo- afectivo, y se consolidan los sentimientos de solidaridad y apoyo.

Carácter sinalagmático: Estímulo- respuesta interactúan  de manera recíproca constantemente de un sujeto a  otro, se comparten responsabilidades mutuas, que garantizan la bilateralidad.

Carácter cooperativo: Es el otro elemento que consolida al proceso mediante el cual se manifiesta la necesidad – satisfacción de la espiritualidad de la comunidad. Colaboran entre sí y se  apoyan para avanzar juntos.

Carácter multiplicador: las relaciones fructifican en hechos y acciones concretas, fluyen y amplían el espectro de la interacción.

Carácter crítico: Permite ir evaluando el estadio de los resultados, con el propósito de mejorar al hombre desde la cultura. El rigor, la exigencia y el cumplimiento de los roles de cada uno es visto desde una mirada crítica.

Las diferencias que ha establecido Pablo Guadarrama entre cultura teórica y cultura práctica, permiten advertir la interdependencia el contenido de cada una de ellas...”a la hora de analizar la actividad humana- escribe el autor- como portadora y generadora de cultura debe distinguirse entre el fundamento práctico de toda ella y la elaboración teórica, que aunque imbricada con la práctica, debe ser diferenciada...”
Es así como aprecia a las relaciones interactivas en la base del  contenido de la cultura práctica, al nivel social, las cuales no pueden manifestarse sin tener presente los niveles de cultura teórica, que incluye todos los conocimientos  que el hombre acumula. De ahí que en el afán de ubicar a los talentos de la cultura en este proceso interactivo, podemos concluir que ellos están presentes como formas personificadas tanto de la cultura teórica como en la práctica, que es en definitiva lo que les posibilita revelarse como creadores excepcionales.
Las relaciones interactivas de los talentos al nivel social pueden manifestarse de manera espontánea o de forma dirigida. Esta última se emplea con frecuencia en la aplicación de proyectos institucionales a nivel micro. Estimular estas relaciones tanto a nivel micro, como macro-social, se traduce en el mejoramiento humano que la cultura potencia desde su quehacer cotidiano.
De manera espontánea, los talentos interactúan como miembros que son de los conjuntos humanos en la vida cotidiana de las comunidades, y de manera dirigida desde su labor profesional, por instituciones y personas, con el fin de que la comunidad perciba su obra creadora y sea valorada por esta.
Para el desarrollo  de las relaciones interactivas de la vida cotidiana de  la comunidad, se emplean métodos y medios muy específicos de intercambio mutuo, propios del nivel social en el que se produzcan, aunque en algunos de los casos las formas de intercambio pueden ser las mismas de acuerdo con  los objetivos democráticos  y  participativos de la política cultural cubana. Pueden  manifestarse en actos públicos, en  el accionar frente a frente de organizaciones sociales, como los CDR, la FMC, los Órganos del Poder Popular, entre otros.
Los talentos de la cultura por su parte aplican métodos muy peculiares de interacción comunitaria, si se tiene en cuenta que nuestra cultura práctica se expresa en todas las acciones que se realizan no sólo para consolidar la cultura creada, sino también para incorporar  elementos nuevos  que contribuyan al desarrollo sociocultural.
Por otra parte no es posible en este proceso de intercambio prescindir de la creatividad colectiva   e  individual, como una actitud de respeto hacia la inteligencia de los demás, porque a partir de la categoría  cultura   se entiende la concepción de creatividad de una manera  mejor definida.
La colectividad está formada por seres creadores que están constantemente aprendiendo en el proceso de intercambio con los demás. Y  si la inteligencia colectiva se une en torno a motivaciones e intereses comunes, la creatividad  se eleva a un nivel máximo en el que la cultura y el contexto social son decisivos. Para pretender alcanzar mayores niveles de creatividad, debe considerarse a esta como  a un valor cultural que trascienda hacia toda la comunidad
En este sentido diversos especialistas convocados por la Revista Educación en 1996 a un coloquio sobre el tema de la  creatividad, han coincidido en considerar a esta como  un valor cultural, y reconocen que ello implica hablar de la relación que se establece entre creatividad, talento e inteligencia. La Dra. Gloria Fariñas, por ejemplo afirmaba en aquel encuentro: ...”Para poder aspirar a niveles mayores de creatividad en nuestras escuelas tiene que considerarse la creatividad un valor cultural que impregne toda la sociedad, la familia, la escuela...” En la base de la formación del talento existe una plataforma cultural difícil de eludir, en la que los  niveles de creatividad determinan o no  su talento en dependencia de sus capacidades e intereses.
Durante e el proceso interactivo hay que tener en cuenta los niveles creativos.  No bastan la inteligencia y el talento si no hay amor, motivación por lo que se hace, deseos de aprender, de transformar, y de impulsar el avance de la comunidad. He ahí el papel de los talentos de la cultura, en este nivel de interacción: estimular con las relaciones que establezcan en la comunidad, a la creatividad colectiva, y al aprendizaje y apreciación de los valores culturales.
El talento individual  es un creador que no puede prescindir del intercambio humano para su creación,  pero además se caracteriza por su capacidad de autoeducación, de diálogo consigo mismo.  Es un...uno mismo...” como ha dicho  la propia Dra. Fariñas (Rev. Educación 1996) - Irrepetibles, diferentes a los demás,  con una identidad muy  propia.” Los talentos interactúan en tres direcciones consigo mismo, en las relaciones interpersonales de pequeños grupos y en toda la comunidad. Este proceso lo enriquece y lo desarrolla espiritualmente.
Para unos,  talento  es una categoría, mientras que para otros,  es una  cualidad  del carácter. El talento va más allá de la posesión de capacidades elementales o potenciales para la realización de determinada actividad. En el desarrollo de estas capacidades  es que llegan a constituirse como rasgos del carácter, que le permiten inclusive superar los obstáculos. Es por esto que el talento,  se pone de manifiesto en toda la vida del individuo, que suelen ser muy creativos, de enorme capacidad para el trabajo y de gran tenacidad en sus empeños.
En el quehacer cultural estos rasgos van cualificando a la figura, en la medida en que sus aportes sean cada vez más apreciados e influyentes en el desarrollo de la cultura. Es así como se convierte el talento en una categoría distintiva y diferenciadora, que ubica al creador en un status social    de gran reconocimiento. Su alto nivel creativo le proporciona el éxito, y el impacto que produce su obra cualifica y marca la cultura de la región o país en que se desenvuelven. En el Sector de la Cultura se emplea en la práctica el término talento,  como  categoría, con independencia de que en comentarios publicistas  se  hagan referencias bastante frecuentes a la cualidad de tener mayor o menor talento  en determinada rama del arte o de la cultura en general
A propósito Hart ha ofrecido reflexiones sobre este asunto, que hoy cobran gran interés:    “... otras profesiones, como la ciencia, la educación, la técnica, tienen una tradición de reconocimiento profesional. El arte lo tiene en cierta medida. Porque el arte, en muchas ocasiones, se producía espontáneamente y algunas personas podían creer que eran artistas sin serlo. Ese es uno de los problemas más grandes del sector, pues nadie diría que es médico o ingeniero sin el título correspondiente, pero se puede escribir, cantar o bailar sin ser un profesional de arte...El conocimiento técnico y profesional no bastan para ser un gran artista, se requiere  talento. Y no debemos caer en criterios demagógicos  igualitaristas, pues todos no pueden poseer un gran talento artístico”.
A partir de la literatura especializada sobre talentos deportivos, de las artes, de las ciencias, de la Pedagogía; y de la experiencia personal del trabajo cultural, se puede concluir que entre los rasgos que particularizan a los talentos de la cultura, pueden considerarse como predominantes los siguientes:

La creación artístico-cultural suele presentarse de diversos modos y en diferentes niveles:

En estas formas de presentarse la creación es importante tener en cuenta los paradigmas creativos, es decir,   a partir de qué  modelos el  creador va desarrollando sus capacidades. Si se tiene en cuenta que los paradigmas de la creación espiritual se consolidan para luego  ser imitados y que tienen  un condicionamiento social, es posible entonces orientar el origen del paradigma, de manera que  el talento pueda llegar  a su máxima expresión de creatividad, revolucionar  códigos y convertirse a su vez en paradigmas para otros creadores, y formar parte de la verdadera vanguardia.
La vastedad de lo creativo en el quehacer social en el intento de definir conceptualmente qué es un talento de la cultura, nos imponen despojar a esta categoría de la carga de mito o de misterio  con que se ha venido  apreciando. Julio L. Riverand ha analizado con acierto que con un enfoque historicista  la creación ha sido vista encerrada entre paréntesis sociales  que la limitaron a considerar indigno a toda creación que implique un servicio público. Así el elitismo puro es un residuo heredado del estilo de vida feudal, al igual que los que han sido considerados siempre  como “alta cultura”. Todas estas divisiones han respondido a concepciones clasistas y esquemáticas, entre  cultura de masas y cultura de élites, alta cultura y cultura popular, refinamiento y folclorismo.
La sociedad  socialista cubana, sin embargo concibe un proyecto de desarrollo social en el que otorga a las personas dedicadas a las artes y a las ciencias, u otro campo de la intelectualidad, un incuestionable rol de incidencia en el desarrollo de la sociedad, porque es el hombre el centro de  las preocupaciones de todo el país. Ese grupo de creadores de mayor nivel, se ha distinguido por su fecundidad y en mucho de los casos han asumido su papel de vanguardia intelectual, de compromiso político.
En medio de la crisis generada por el período especial, no pocas fisuras han existido—como se advirtió en el quinto congreso de la UNEAC—en la comunicación entre talentos e intelectuales con los problemas sociales, momentos en que   “... se percibe más nítidamente la necesidad de capitalizar la inteligencia en función de los problemas nacionales...”según  se expresó en el citado evento. Desde el surgimiento de esta organización  se ha trabajado para el logro de ese objetivo. No obstante, todavía no se ha logrado el nivel al que se aspira en el cumplimiento de la  estrategia de integración cultural que permita potenciar aún más ese capital de inteligencia en   función de estos problemas.
En muchas ocasiones, suele confundirse la popularidad de un creador como un   resultado del proceso interactivo con la comunidad, en una evidente degeneración del significado del verdadero talento. Para establecer algunas coordenadas en el análisis de este fenómeno, vamos a asumir lo que algunos de ellos piensan sobre sí mismos como talentos de la cultura que hablan del talento. Esto posibilita  apreciar tres visiones generales tomadas de Eliseo Diego, Fina García Marruz y Félix Ramos Acosta respectivamente, en torno  a este problema.
Eliseo Diego: “no creo que se trate de un además, sino del talento de-ser –popular, esto es, el talento de comunicarse como a un  tu con el ser del pueblo tal cual se manifiesta en el hoy del artista.”
Fina García Marruz. : “el artista no debe poseer nada para ser popular: a veces lo es (incluso careciendo de talento) y otras no. se popularice o no, todo autentico artista  expresa a su pueblo. Todo depende entonces del grado de maduración alcanzado por cada uno para reconocerse en el otro.”
Félix Ramos Acosta: ...” no siempre que hay talento hay popularidad, y no siempre que hay popularidad hay talento. El tiempo es el que decide si eres talento o no, si has hecho obra que merezca ese reconocimiento. El talento es alguien que deja huellas, eso lo hemos discutido mucho porque cada creador acumula su obra pero no se detiene a ver qué ha dejado con ella. El talento es una semilla que se siembra.”
De estas ideas- temas se derivan rasgos generales que deben poseer los verdaderos talentos  de la cultura en relación dialéctica con las comunidades con las que interactúan que no deben confundirse con la fama  o la popularidad.  Son decisivas la ética y la formación del creador, sus características personológicas.
El concepto de talentos de la cultura se identifica con aquellos individuos que han alcanzado un máximo nivel de creatividad en cualquier campo de la actividad humana, y que devienen en productores de valores  culturales tanto en la creación material como espiritual  que  cualifican a la cultura;  en cuyo proceso de formación y desarrollo intervienen factores determinantes como el contexto social y las características personológicas del individuo.
Cuando el talento de la cultura es un artista, en este tipo de creador se dan especificidades dignas de tener en cuenta, pues por tradición el artista suele considerarse a sí mismo diferente, porque su creación no forma parte de la producción material, y llega a sentirse independiente y un poco separado de la mayoría, como una manera de proteger su obra del carácter utilitario y que se vea disminuida su calidad. Sin embargo, las condiciones objetivas de la sociedad le están ilustrando constantemente que en su realidad hay una verdadera relación de dependencia.
Es preciso distinguir que aunque el artista sea un creador que interactúe con su comunidad, este no se inserta en las relaciones sociales al igual que un científico o un obrero, aunque sientan la misma intensidad de la vida cotidiana. La obra creada es concreta, apreciable y valorada por la sociedad porque es a su vez  el reflejo de la conciencia colectiva, y es la misma sociedad la que la irá dotando de un verdadero valor.
El hecho de que los artistas verdaderos talentos de la cultura, merezcan un tratamiento diferenciado por los aportes que hacen a la cultura nacional, no los exime de sus deberes sociales. las élites forman parte de la diversidad, y  realmente existen quizás sin torres de marfil. Se trata de que existan en la doble acepción de  vanguardia estética y  vanguardia social
Las relaciones interactivas de los talentos de la cultura con la comunidad determinan la posibilidad de percepción y apreciación que el público tenga de la obra creada. En este proceso de intercambio también es muy importante la reacción del receptor para las etapas del acto creador del talento. Al respecto, el búlgaro Goránov analiza en su texto arte, cultura y sociedad, el papel de las instituciones en la socialización de las obras creadas, pero además plantea lo siguiente:  ..” Pero para que ella devenga realmente hecho social, deber atravesar el camino desde el creador al perceptor, un camino a menudo muy complicado y largo, que se supera con la ayuda de los diferentes medios de influencia...”
 Esto significa que existen vías y formas generales mediante las cuales   el talento interactúa con la comunidad, comunes a todas las artes y a la creación en general: los medios de confrontación directa con el público, y los medios de difusión masiva, pero que la reproducen y retardan el proceso de percepción. Las relaciones directas son las de mayor alcance y de influencia recíproca, que los miembros de la comunidad agradecen porque los enriquece, y sienten la vida de otra manera, en un proceso constante que al principio puede ser lento, pero que luego pude fructificar en un engrane habitual del que ya no se podrá prescindir.
Cuando el talento de la cultura interactúa de manera viva con la comunidad, y tiene la posibilidad de captar la percepción que esta hace de su obra creadora; y tanto el acto de creación como el de percepción marchan juntos  lo cual favorece al crecimiento el talento y al enriquecimiento espiritual de la comunidad.
Cada rama del conocimiento tiene sus formas propias de interactuar con la comunidad, desde el valor de su creación, la difusión y la percepción de la obra de arte. Las artes escénicas, el cine, tiene formas de contacto directo con el público, como en el teatro, la danza en los que la participación directa del público dentro de la actuación es de disfrute y de placer. Sin embargo la Literatura, las artes plásticas tienen formas aparentemente más pasivas de participación porque es un proceso más intelectual. La música hace vibrar el alma, emociona, excita, hace bailar o cantar, tiene un potencial enorme  de posibilidades de interacción con cualquier tipo de público. La música siempre es bien recibida, y sobre todo para el público cubano que es poseedor de una gran tradición musical y bailable en la cultura.
Los talentos de la cultura tienen el deber de tomar la iniciativa en el proceso interactivo con la comunidad y colaborar con los proyectos y los agentes culturales en el trabajo sociocultural comunitario que se desarrolla en las comunidades y barrios. Actualmente la difusión masiva de la cultura permite fórmulas nuevas de acercamiento y participación, pero no se trata de extrapolar peñas, tertulias  u  otro tipo de espacios creativos cuyo atractivo principal sea el liderazgo de un talento de la cultura o el arte, sino encontrar formas más novedosas y organizadas en que desde la propia cultura de la comunidad, se enriquezcan los paradigmas creativos.
La interacción social de los talentos de la cultura  con la comunidad constituye hoy día un reclamo social.  Ya existen proyectos cuyos resultados son elocuentes. Las giras artísticas, las presentaciones, realizar acciones docentes de apreciación, talleres de reflexión, las relaciones institucionales, que las autoridades de las comunidades exalten los valores de los talentos y personalidades que  residen  en su área, y que la obra creadora sea conocida por la comunidad, el barrio, por los vecinos a nivel micro social. Pero este tipo de interacción tiene que ser dirigido  intencionado. Sin embargo el  lado inverso de la interacción del talento con la comunidad, es su voluntad, su ética personal,  la disposición, el amor a las personas y la consagración que los talentos de la cultura, y en particular los del arte, deben disponer para llegar a cada ser humano que espera en el alma por una semilla que se siembra.
La relación ética-cultura, es determinante en cualquier proyecto de desarrollo sociocultural comunitario. Los valores conductuales de los talentos de la cultura deben formarse de acuerdo con los objetivos de la política educacional y cultural, de manera que la voluntad severa pueda dominar el ego, y surja a su vez en ellos  una actitud hacia los demás, no sólo hacia sí mismos.
Se trata de que los talentos de la cultura asuman la vanguardia en el doble sentido de la creación y de proyección social, como guías de las comunidades a las que pertenecen, de manera que se evite el desbalance frecuente entre la formación académica que en oportunidades prioriza el tecnicismo, y no atiende suficientemente la formación de valores humanos. La educación ética basada en estos principios brindan las coordenadas posibles en las que pueden sustentarse las relaciones interactivas de los talentos de la cultura con la comunidad.
En el marco de los razonamientos realizados hasta aquí, se convocó a un taller de reflexión de manera que cada participante en número de 20 en mayo de 2011 escribieron los cinco requisitos principales que debían poseer los talentos de la cultura, la reflexión individual se produjo después de la colectiva. El resultado se expone a continuación como muestra de la selección realizada por la mayoría de los participantes:

  1. Ser muy creativos en el sentido más amplio de la vida, y no sólo en el arte, sino también en las ciencias, u  otro quehacer. La creatividad debe ser entendida como una condición positiva que conduzca al progreso humano, y no sorprenderse en triunfalismos individualistas.
  2. Aspirar a  los cambios y aportar en el rol transformador del hombre, en busca  de la mayor perfección de la obra. No sentirse el centro del  mundo, y ser capaz de asumir a los demás en su diversidad. Reflejar el talento desde la coherencia y la humildad.
  3. Creer siempre que más adelante hay sorpresas y novedades, saber buscar las esencias, y estar por encima de la vileza.
  4. La obra creada debe alcanzar la perdurabilidad por la condición revolucionaria del lenguaje, la técnica, los códigos, la maestría en la expresión. Ser multiplicador de nuevos talentos y aspirar a ser un paradigma creativo de las generaciones siguientes.
  5. No perder nunca el sentido de pertenencia a un grupo o a su comunidad, a su país. Proteger los sentimientos de su identidad personal, e identificarse con un estilo de vida enriquecedor de acuerdo con la identidad cultural nacional.
  6. Saber comunicarse con los demás y encontrar felicidad en el intercambio recíproco con las comunidades. Saber nutrirse de ellas. Ser un activo agente de  cambio socializador de su creación y de sus experiencias, y no dejarse arrastrar por la vanidad. Mostrar un comportamiento social adecuado y recibir a cambio un amplio  reconocimiento social por el prestigio alcanzado.
  7. Definir un código ético ante la vida, en el que primen la honestidad y la honradez, sin que ello impida ser desprejuiciado, de pensamiento abierto, y con posiciones críticas hacia todo aquello que pueda mejorar la vida humana.

    • Tener amplia cultura y disfrutar de sus manifestaciones.
    • Enriquecer su espiritualidad. Soñar y se original.
    • Tener un amplio sentido de la vida. Vivir y no estancarse.
    • Procurar la estabilidad, la constancia, y la tenacidad en las ideas, de pensamiento profundo y aguda visión.

  8. Sentir la necesidad de la autosuperación y de ampliar constantemente el espectro cognitivo. Asumir sin barreras la cultura popular tradicional y la cultura artística como componentes de una misma cultural general e integral.
  9. Saber identificar con su actitud ante la vida, la pertenencia a una generación de vanguardia cultural y social.
  10. Sentir placer en compartir su talento con los demás, y enseñar desinteresadamente.

CONSIDERACIONES FINALES

Las relaciones interactivas de los talentos con la comunidad constituyen un proceso de carácter dialéctico, tanto a nivel macro como micro-social cuyo resultado esencial está en la multiplicación del talento que proviene de la comunidad y en el mejoramiento humano de esta, entre otros rasgos que lo caracterizan como una interdependencia de influencia recíproca. Ello es posible si se aprecia a la creatividad como un valor cultural  facilitador del intercambio, y que está en la base misma del proceso. Suelen presentarse estas relaciones interactivas de manera espontánea o dirigida; con métodos muy propios peculiares de los talentos que se interesan en este quehacer comunitario. Pueden manifestarse también de manera directa, frente a frente, o través de los medios de difusión masiva.
Asimismo favorecen mucho al trabajo de los talentos en el desarrollo sociocultural, las relaciones directas en las que la labor creadora y la perceptiva marchan casi a la par, no así con los medios de difusión en que se hace más mediato este proceso. El rol institucional que respalde los proyectos en que se involucran los talentos es una condición para facilitar el proceso de las relaciones interactivas de los talentos con la comunidad.

La interacción de los talentos de la cultura con la comunidad hoy constituye un reclamo social, a tenor con los propósitos de la difusión masiva de la cultura, por lo que de lo que se trata es de despojarse de concepciones elitistas, se trata de contribuir a repartir el saber que la propia comunidad les aportó. De ahí que se le conceda una gran importancia al aspecto ético-personológico  en la formación y evolución del talento de la cultura con relación a los  DEMÁS, que no se traduce en fama ni en popularidad, sino como “la semilla que se siembra”.
A manera de colofón se significa el valor de las siguientes ideas de José Martí:
“...El talento, es el deber de emplearlo en beneficio de los desamparados. Por ahí se mide a los hombres... El talento viene hecho, y trae consigo la obligación  de servir con él al mundo, y no a nosotros, que no nos lo dimos. De modo que emplear en nuestro beneficio exclusivo lo que no es nuestro, es un robo. La cultura, por lo que el talento brilla, tampoco es nuestra por entero, ni podemos disponer de ella para nuestro bien, si no es principalmente de nuestra patria, que nos la dio, y de la humanidad, a quien heredamos. Es un ladrón el hombre egoísta...”

BIBLIOGRAFÍA

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