Contribuciones a las Ciencias Sociales
Octubre 2011

LAS COMUNIDADES VIRTUALES DE APRENDIZAJE: UN NUEVO PUENTE PARA LA COMUNICACIÓN ENTRE LOS HOMBRES



José Luis Montes de Oca Montano (CV)
Licenciado en Gestión de Información en Salud
Profesor instructor de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Cuba
Alexis Sebastián García Somodevilla (CV)
Licenciado en Gestión de Información en Salud
Profesor instructor de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Cuba
lexissgs@ucm.cfg.sld.cu
Beatriz María Fuster Cabrera (CV)
Licenciado en Gestión de Información en Salud
Profesor instructor de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos. Cuba
ebsco@spicm.cfg.sld.cu y beatriz@polcfa2.cfg.sld.cu



RESUMEN

Fenómenos muy curiosos se operan en la actualidad hacia el interior de las comunidades, estas se visten hoy con el atuendo de los nuevos tiempos, cambian algunos de sus rasgos distintivos mientras persisten otros, ya no se caracterizan necesariamente por residir en una localidad específica y presentar una herencia cultural e histórica común, aparecen formas muy particulares de grupos humanos, denominados comunidades virtuales, en cuyos casos sus miembros no presentan proximidad física y a pesar de esto, entre ellos se desarrollan lazos similares a los de las comunidades territoriales. Algunas de estas comunidades virtuales concentran a determinados grupos humanos con objetivos muy específicos como es el caso de las comunidades virtuales de aprendizaje. El presente trabajo pretende abordar las variadas aristas que dibujan el tema de las comunidades virtuales y en específico hará alusión a aquellas dirigidas a potenciar la labor docente y educativa que desarrollan aquellas comunidades académicas que le dan origen.

Palabras Claves: Comunidades virtuales, Aprendizaje, experiencia docente



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Montes de Oca Montano, García Somodevilla y Fuster Cabrera: Comunidades virtuales de aprendizaje: un nuevo puente para la comunicación entre los hombres, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, octubre 2011, www.eumed.net/rev/cccss/14/

INTRODUCCIÓN

La presencia del término comunidad se advierte tanto en el lenguaje científico como en el lenguaje popular. Se habla, por ejemplo, de comunidad de intereses, comunidad académica, comunidad de naciones, comunidad europea, entre muchas otras. Sin embargo, la tradición social ha considerado la comunidad como una agrupación de personas que, además de exhibir las características de los grupos sociales, presenta una base territorial, o sea, un territorio o área geográfica que le sirve de asiento, y al respecto Rappaport (1980: 12) define a la comunidad como “[…] un grupo social de cualquier tamaño cuyos miembros residen en una localidad específica, tienen una herencia cultural e histórica común y comparten características e intereses comunes”.

El uso actual del concepto de comunidad es muy diferente, pues responde a una diversidad de contextos en los cuales no se circunscribe la comunidad, necesariamente, a un ámbito geográfico específico. Quienes pusieron de relieve la naturaleza no territorial de las comunidades modernas fueron los sociólogos especializados en el análisis de redes sociales (Scott, 1994;  Wasserman y Faust, 1995).

Wellman y Gulia (1999), por su parte, estudiaron comunidades cuya red de relaciones se extienden más allá de sus fronteras geográficas, y en opinión de estos autores la red de relaciones en las cuales participa una persona pueden comprender individuos que se encuentran muy distantes en el espacio geográfico y mostrar además variaciones en el tiempo. Esa tendencia se reafirma aún más ahora, en el ciberespacio, donde se potencia la capacidad de sociabilidad de las personas y aparece la posibilidad de una nueva forma de relación entre ellas. Wellman y Gulia mostraron que las comunidades virtuales son también comunidades, aunque sus miembros no tengan proximidad física y entre ellos se desarrollan lazos similares a los de las comunidades territoriales.

Sánchez (1991) observa en estos grupos humanos, la presencia de un fuerte componente psicológico de carácter identificativo y relacional en dos dimensiones: vertical (identificación del sentido de pertenencia a la comunidad que tienen los miembros) y horizontal (interpersonal, o sea, un conjunto de relaciones y de lazos que desarrollan los miembros entre sí). Es bajo este ambiente propiciador que se dispone de instituciones o servicios que identifican al grupo humano de que se trate, así como una base material que posibilita el desarrollo de los miembros de la comunidad. En opinión de este autor, las comunidades crean estructuras o sistemas sociales formales de carácter político, cultural, ideológico, profesional y otros.

Los grupos sociales trascendieron las fronteras geográficas mucho antes del advenimiento de la comunicación electrónica por medio de computadoras, a modo de ejemplo, Silvio (2005) refiere la existencia de sociedades científicas y profesionales aún cuando no existía siquiera el teléfono como medio de comunicación, donde “[…] los científicos se reunían en sociedades para compartir intereses comunes, intercambiar experiencias y conocimientos y realizar actividades de concertación de diversa índole”. Así, la comunicación mediante computadoras potenció las actividades científicas debido a la facilidad, prontitud e instantaneidad de la comunicación, así como a una menor dependencia del espacio y el tiempo.

Desde su inicio Internet se mostró como un factor facilitador de la comunicación interpersonal, entre otros medios, principalmente a través del correo electrónico, y los científicos y académicos encontraron en esa vía un instrumento para discutir e intercambiar resultados y avances de investigaciones. La simple reiteración en el uso de esta herramienta propició la aparición de otros servicios de comunicación que tornaron factible el surgimiento de las primeras comunidades virtuales.

En opinión de Silvio (2005) algunos de estos servicios fueron los newsgroups  de USENET, así como las listas o conferencias electrónicas, que son instrumentos de comunicación en tiempo diferido (o comunicación asincrónica), sin olvidar los ambientes de comunicación en tiempo real (o comunicación sincrónica), como el Internet Relay Chat o ICR por sus siglas en inglés.

Como se ha podido apreciar, el fenómeno Internet, de la mano con el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), ha hecho posible la formación e interacción de grupos distribuidos tanto geográfica como temporalmente. Estos grupos pueden tener su lugar de encuentro en el ciberespacio, es decir, pueden ser virtuales, y en estos casos, muchos de sus integrantes sólo se conocen por el medio electrónico.

La capacidad de Internet para actuar como una gigantesca biblioteca electrónica, donde se pueden almacenar enormes cantidades de documentos con informaciones sobre los más diversos temas propició el surgimiento de la telaraña de alcance global (World Wide Web). Esta web permite ahora integrar también funciones de comunicación y así ha dado nacimiento a las comunidades virtuales que poseen un sitio como centro de coordinación tanto de reservorios de información como de comunicaciones.

Silvio (2005) expresa que “el sitio web se ha convertido en el territorio de la comunidad virtual.  Un territorio no geográfico como el de las comunidades que estudiaron los sociólogos en una etapa del desarrollo de la sociología, sino un territorio electrónico, distribuido en el nuevo espacio que llamamos ciberespacio”.

El término “comunidad virtual” parece haber sido acuñado por Howard Rheingold (1993: 5) quien define a estas comunidades como “[…] agregaciones sociales que emergen de la red cuando un número suficiente de personas entablan discusiones públicas durante un tiempo lo suficientemente largo, con suficiente sentimiento humano, para formar redes de relaciones personales en el ciberespacio. En la presente definición, resaltan tres rasgos distintivos de estas agrupaciones humanas: la interactividad, el componente afectivo y el tiempo de interactividad, manifestándose estos como ingredientes indispensables para la existencia de una comunidad virtual.  Esta interacción se viabiliza a través de relaciones sociales entre personas que sustituyen el convencional territorio físico por un nuevo concepto que es virtual, consistente con el lugar donde se produce el encuentro, el intercambio y la focalización de las acciones que le son comunes. Su finalidad es agruparse en torno a asuntos de común interés, dotados de aplicabilidad diversa de acuerdo con la ubicación geográfica o física en que cada integrante de la comunidad se encuentre.

Lo antes referido soporta el criterio de que las comunidades virtuales permiten una interacción simultánea tanto en lo global como en lo local, y que la mayoría de sus miembros permanecerán en ese vínculo mientras sea relevante para los fines que persigan y para sus propios intereses.

Debido a que el concepto enunciado por Rheingold fue escrito en el año 1993, época en la que aún no se había afianzado la web como servicio telemático integrador, se torna necesario acudir a los criterios de otros autores con el fin de actualizar el término “comunidad virtual” ya que estas agregaciones sociales abandonaron el paradigma de la comunicación textual y transgredieron sus ambientes iniciales, tales como el académico y el de activismo social para extenderse a prácticamente todas las áreas institucionales de la sociedad.

Para Michael Powers (1998: 3), una comunidad virtual es “un lugar electrónico donde un grupo de personas se reúne para intercambiar ideas de una manera regular”. Una definición más técnica sería: “[…] un grupo de personas que se comunican a través de una red de computadoras distribuidas, donde se reúne una localidad electrónica, usualmente definida por un software servidor, mientras el software cliente administra los intercambios de información entre los miembros del grupo. Todos los miembros conocen las direcciones de estas localidades e invierten suficiente tiempo en ellas como para considerarse una comunidad”.

Existe un relativo consenso sobre la existencia de tres pilares fundamentales sobre los cuales descansa toda comunidad virtual, a saber: los habitantes, los lugares y las actividades; al respecto Silvio (2005) asegura que “una comunidad tiene todas las probabilidades de formarse si un conjunto de personas, encuentra un lugar donde reunirse regularmente y una razón para interactuar unas con otras”. García (2001) coincide con el antes citado autor al mencionar “[…] otros dos componentes que no son necesarios para la existencia de la comunidad virtual, pero que usualmente surgen cuando la comunidad comienza a funcionar: un gobierno y una economía”. En opinión de estos especialistas, el establecimiento de un conjunto de normas reguladoras de la conducta a seguir por parte de los miembros de la comunidad, así como la necesidad de administrar un bien escaso (material o inmaterial) y efectuar transacciones en las cuales se intercambia ese bien, son factores propiciativos para la incorporación de estos dos componentes adicionales.

Se puede aseverar que los miembros de una comunidad se concentrarán en torno a un fin común, lo cual constituirá un motor generador de actividades a realizar, y circularán contenidos de información como producto y evidencia inequívoca de la interacción entre sus miembros; toda esta actividad mutuamente beneficiosa y productiva será aupada por una economía mediante la cual se administren los recursos de la comunidad. Este autor comparte el criterio de Silvio (2005) cuando plantea que “el concepto sociológico de comunidad como grupo social inclusivo, con una base territorial, se recrea en el de comunidad virtual, sólo que el territorio de ésta última es virtual y no geográfico. La comunidad no ocupa un espacio en el mundo físico sino en el ciberespacio”.

Tipos de comunidades virtuales

Muchas son las aristas que presentan las comunidades virtuales visibles en la Internet actual. Esta es una razón por la cual tales comunidades rara vez se ciñen estrictamente a las tipologías existentes hasta el momento, no obstante, con ánimo de definir algunas características que permitan agruparlas conviene hacer referencia a la relación que las comunidades virtuales mantienen con las comunidades físicas. Al respecto Aoki (1994) establece tres grupos:

Válida es la posibilidad de que una comunidad virtual solape, parcial o totalmente a la comunidad física que le dio origen, esto puede tener lugar en instituciones o empresas que disponen de un sitio web sólido y maduro, dotado de un conjunto de servicios que van en ascenso tanto en cantidad como en grado de estructuración y complejidad. Por otra parte, determinados segmentos de comunidades pueden haber dado el paso al frente en la construcción, por su propia iniciativa, de un territorio virtual que ha terminado convirtiéndose en una comunidad del mismo tipo, y este puede ser el caso de aquellas comunidades virtuales que aglutinan profesionales y colegas para el intercambio (segundo grupo). En cuanto a un típico curso en el que los alumnos se desenvuelven en un entorno virtual de formación, se pudiera estar hablando del tercer grupo, o del primero si se trata de un grupo-clase que ya constituye una comunidad y participa parcialmente mediante comunicación mediada por computadora. Las particularidades que presenten los casos reales pueden ser muy variadas.

Entre las diversas tipologías de comunidades virtuales planteadas hasta el momento y atendiendo a los aspectos que se propone abordar el presente estudio, se consideran pertinentes, además, los criterios de Jonassen, Peck y Wilson (1999) para establecer cuatro tipos de comunidades:

Las comunidades virtuales de aprendizaje

Como es de esperarse entre los tipos descritos en el punto anterior no existen un ajuste exacto de estos con la realidad, por ejemplo: las comunidades virtuales de aprendizaje incorporan muchas de las características de las comunidades de discurso y de las de práctica o de construcción del conocimiento. Estos elementos en común tornan difícil de trazar la línea divisoria entre los distintos tipos de comunidades, así como determinar cuándo una comunidad virtual (creada para otro tipo de funciones) desarrolla, adicionalmente, algunas actividades de aprendizaje.

Las comunidades virtuales de aprendizaje constituyen un caso particular de comunidad virtual, pues ellas difieren de la interpretación usual de comunidades al no estar sujetas a límites geográficos ni a otros factores tales como la industria, la profesión, el sexo, la raza, la religión o la edad.

Las comunidades virtuales de aprendizaje tienen el poder de trascender estas fronteras artificiales, y hacer que este particular estado de interrelación permita que las clases vía Internet se conviertan en comunidades virtuales de aprendizaje, en comunidades no limitadas por el espacio físico. En este contexto, es preciso subrayar la importancia de la colaboración en el objetivo de crear una “experiencia compartida”. A propósito Salinas (2000) plantea que “los entornos electrónicos y las actividades grupales ofrecen un inmenso potencial […] “.  La premisa para la comunidad virtual de aprendizaje es efectivamente la colaboración o creación compartida. El tema no es la comunicación o el trabajo en equipo, sino la creación de valor. Se trata, en todo caso, de procesos de aprendizaje colaborativos en donde se enfatizan las interacciones inter e intragrupo. Aquí los miembros participan de manera autónoma en un proceso de aprendizaje, mientras resuelven un problema como grupo”.

En opinión de Salinas (2003) Existe mayor probabilidad de lograr comunidades virtuales de aprendizaje cuando se dan una serie de ingredientes críticos, como por ejemplo:

Comunidades virtuales de aprendizaje orientadas a objetivos

En este caso, como señalan Palloff y Pratt (1999), la comunidad surge desde una institución educativa y comienza por crear un sitio web donde se registrarán los mensajes intercambiados por los alumnos entre sí y con el profesor, los documentos que servirán de base al curso y enlaces con otros sitios web que sean relevantes para el tema de discusión del grupo. Así, el sitio define y configura el espacio virtual de la comunidad, que es al que se le denomina entorno viritual de formación. Igualmente, surge una forma de gobierno al establecerse las reglas de participación en el grupo y las normas referentes al proceso de aprendizaje. Estas reglas son establecidas en primer lugar por el profesor, pero para que se desarrolle el carácter comunitario de ese agrupamiento es deseable que sean negociadas entre profesores y estudiantes.

Modelos muy semejantes pueden surgir en centros educativos diversos, todos de una forma u otros matizados con elementos únicos, que emanan de las características particulares de su entorno, así como de las necesidades e intereses que dieron origen a la comunidad. Dichos elementos esculpirán el diseño final del sitio web o territorio, al dotarlo del entorno de aprendizaje necesario y de las secciones que tornen factible los procesos de aprendizaje colaborativo.

Existen varios criterios en lo tocante a los elementos que deberían formar parte del diseño de los entornos de aprendizaje, de tal modo que estos entornos puedan ofrecer oportunidades de intercambio y trabajo colaborativo. Sobre ello Fenton-Kerr (1998) proponen los siguientes:

Muy acorde con lo antes expresado, Pérez Garcías (2002) considera que, como mínimo, una comunidad de aprendizaje debería contar con los siguientes espacios:

Actualidad de las comunidades virtuales de aprendizaje

Un conjunto de comunidades virtuales destinadas al aprendizaje han aparecido en el escenario latinoamericano actual, este es el caso del Tecnológico Mexicano de Monterrey, una entidad perteneciente al Sistema Tecnológico de igual nombre; se trata de una institución de educación superior quien a través de su Universidad Virtual ha creado una Comunidad Virtual de Aprendizaje, según declaran sus propios creadores, este es “un espacio virtual de interacción para promover la construcción de conocimiento a través de la creación de redes de aprendizaje”. Esta comunidad se afana por integrar a personas de todo el mundo (lo cual incluye a ex alumnos, profesores y diversos especialistas interesados) y ofrecerles en forma gratuita diferentes servicios y espacios de interacción donde puedan obtener conocimiento, compartiendo experiencias y buenas prácticas en temas de relevancia actual. En el sitio web creado a este efecto se explica que la mencionada comunidad virtual de aprendizaje “[…] se compone de agrupaciones de interés denominadas Comunidades de Práctica Virtuales, todas ellas enfocadas en distintas áreas del conocimiento, tales como la ingeniería, las tecnologías de la información y la educación“.

En este ejemplo latinoamericano de comunidad se dispone también de distintos servicios que hacen posible consultar la experiencia y el conocimiento acumulado de sus miembros, como es el caso del apartado de Noticias y Artículos, la sección de Sitios de Interés y el Administrador de Documentos. Estos apartados son indispensables para fomentar el intercambio de ensayos, casos de estudio, investigaciones de los miembros, fuentes de información relevantes al grupo de interés, entre otros. Se dispone además del apartado de Foros de Discusión y los Canales de Chat. Estos mecanismos de interacción permiten compartir experiencias, buscar ayuda sobre problemáticas relacionadas al área de conocimiento o ayudar a otros compañeros, creando redes de colaboración.

CONCLUSIONES

Pensamos que la simple disponibilidad de una comunidad virtual de aprendizaje constituye un factor de flexibilización de las estructuras docentes, aún cuando el escenario haya sido construido para facilitar el acceso a la comunicación entre miembros de esta comunidad, así como para garantizar la difusión controlada de algunos documentos y la elaboración conjunta de otros.  Semejante ambiente potencia el surgimiento de nuevas interpretaciones del proceso de enseñanza y aprendizaje en las que se acentúa la implicación activa del alumno en el proceso de aprendizaje y se torna manejable el papel del docente como guía y facilitador.

Salinas (2000) opina que en estos casos se trata de lograr que los actuales alumnos se transformen en nuevos usuarios de la formación, participantes de un proceso de enseñanza-aprendizaje donde el énfasis se traslada de la enseñanza al aprendizaje y que se caracteriza por una nueva relación con el saber, por nuevas prácticas de aprendizaje adaptables a situaciones educativas en permanente cambio.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Fenton-Kerr, T.; et al. (1998). Multi-agents Desing in flexible learning environments. ASCILITE'98 Proceedings, disponible en: http://cedir.uow.edu.au/ASCILITE98/asc98-pdf/fenton-kerr0057.pdf

García, I. (2001). Comunidades virtuales. Delitos Informáticos. Disponible en: http://www.delitosinformaticos.com/trabajos/comunidades1.htm

Jonassen, D.; Pech, K.; y Wilson, B. (1999). Learning with technology. A constructivist Perspective. Prentice May Upper Saddle River, New Jersey.

Palloff, R. y Pratt, K. (1999). Building learning communities in cyberspace. Jossey-Bass, San Francisco, USA.

Pérez Garcías, A. (2002). Elementos para el análisis de la interacción educativa en los nuevos entronos de aprendizaje. Píxel BIT: Revista de medios y educación, 19, 49-61.

Powers, M. (1997). How to program a virtual community. Ziff-Davis Press, New York.

Rappaport, J. (1980): Community Psychology: Values, research and action. Holt, Rinchart and Winston. New York.

Rheingold, H. (1993). The virtual community. Addison-Wesley Reading, USA.

Sánchez, A. (1991). Psicología Comunitaria. Bases conceptuales y operativas. Métodos de intervención. Segunda edición. Promociones y publicaciones Universitarias. S. A. Barcelona

Salinas, J. (2003). Comunidades virtuales y aprendizaje digital. EDUTEC’03, artículo presentado en el Congreso Internacional de Tecnología Educativa y NNNT aplicadas a la educación: Gestión de las TIC en los diferentes ámbitos educativos realizado en la Universidad Central de Venezuela del 24 al 27 de noviembre del 2003.

Salinas, J. (2000). El aprendizaje colaborativo con los nuevos canales de comunicación. En: Cabero, J.; Salinas, J.; Duarte, A. y Domingo, J. Nuevas tecnologías aplicadas a la Educación. Editorial Síntesis, Madrid. pp. 199-228.

Scott, J. (1994). Social networks analysis: a handbook. Sage Publications, Londres.

Silvio, J. (2005). Las comunidades virtuales como conductoras del aprendizaje permanente. Universidad de Santiago de Compostela: Espacio comunitario. Disponible en: http://www.firgoa.usc.es/drupal/node/23150
Tecnológico Mexicano de Monterrey, Sistema Tecnológico de Monterrey. (última actualización 2006-6-7). Comunidad Virtual de Aprendizaje. Disponible en: http://www.tecvirtual.com.mx/portal/luminis/comunidad/recursos/sitios.htm

Wasserman, S.; Faust, K. (1995). Social networks analysis: Methods and applications. Cambridge University Press, New York.

Wellman, B.; Gulia, M. (1999). Virtual communities as communities: net surfers don’t ride alone. In: Smith, M. y Kollock, P. Communities in cyberspace. Routledge, London.

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