Contribuciones a las Ciencias Sociales
Agosto 2011

NECESIDADES DE HOY: MEMORIA HISTÓRICA, PATRIMONIO, COSTUMBRES Y/O TRADICIONES E IDENTIDAD CULTURAL EN LA FAMILIA



Náyade Caridad Reyes Palau (CV)
Máster en Ciencias de la Educación
yamilka.becerra@mincex.cu




RESUMEN

La familia como agente educativo, tiene una alta responsabilidad en formar adecuadamente a sus hijos sobre la base de la transmisión de normas y valores socialmente valiosos; es por ello, que en estos momentos la dimensión de esta temática cobra una mayor fuerza y se hace necesario conocer las problemáticas familiares y a partir de ese conocimiento elevar la preparación de los padres para la adecuada atención de los hijos.

Importantes estudios y publicaciones realizadas en Cuba por pedagogos e investigadores de ciencias afines permiten caracterizar a la familia y las vías para su orientación. Estos resultados enriquecen los fundamentos teóricos y metodológicos relacionados con la familia, a partir de los presupuestos epistemológicos de las ciencias; no obstante, aún se evidencian carencias en el tratamiento teórico y metodológico en la preparación de los docentes acerca del cómo contribuir a desarrollar la orientación familiar desde la memoria histórica, patrimonio, costumbres y tradiciones e identidad cultural.

Palabras claves: memoria histórica, patrimonio, costumbres, tradiciones e identidad.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Reyes Palau. N.C.: Necesidades de hoy: memoria histórica, patrimonio, costumbres y/o tradiciones e identidad cultural en la familia, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, agosto 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

DESARROLLO

La familia constituye un importante núcleo de influencias en la formación y desarrollo de la personalidad, el método educacional, las condiciones materiales y de vida, el nivel de instrucción y otros factores se interrelacionan y determinan el funcionamiento familiar, así como la dinámica en cada familia.

La cultura cumple dos funciones básicas, la de dar continuidad y sentido a la existencia humana; es por ello que al estudiar la función cultural, sea pertinente analizar las costumbres, tradiciones, valores, memoria histórica, patrimonio e identidad en la familia cubana por la importancia en la formación cultural de las y los jóvenes y sus familias.

Costumbres, mitos y tradiciones constituyen legados culturales heredados y trasmitidos de generación en generación por lo que:

La tradición es el reflejo de la actividad material y espiritual del hombre, que por la dignificación histórica que adquiere dentro de las relaciones sociales en un contexto determinado más o menos local, es estructurada, asumida y expresada a través del proceso histórico y se constituye en uno de los principales medios de construcción de significados y dinamización de los mismos y en la vida objetiva para la formación de valores, especialmente en el plano de las actividades pedagógicas.

La autora Ana Vera (2000) enfatiza, que las tradiciones constituyen un sistema de símbolos construidos y reconstruidos en la práctica social a partir de la interactuación de los grupos sociales y el medio. Se elabora mediante la actividad material y espiritual de forma compartida por los sujetos de esta actividad, que es reflejada en la conciencia individual y colectiva y se consolida en el accionar social, pertenecen a la historia de los grupos humanos territorialmente establecida e interactúan formando la historia de los pueblos y naciones, elementos estos indispensables para accionar con nuestros adolescentes y jóvenes desde la escuela, integrando al proceso de enseñanza-aprendizaje de forma organizada, además, de las tradiciones patrióticas y políticas de nuestras familias y comunidades.

La tradición debe ser analizada como una construcción histórica–social que expresa todo el proceso formativo de la cultura y se constituye en un elemento esencial del desarrollo de la espiritualidad del cubano, y es reflejado en la conciencia social e individual de los miembros de la sociedad.

El concepto de tradición se alza como una estructuración de determinadas actividades históricas que refleja, explica y describe las condiciones histórico–sociales de un momento determinado.

La tradición, como buen legado, se describe a beneficio de inventario. En último análisis, esto es la tradición: legado que va de una a otra generación. Más allá de las manifestaciones objetivas que la personalizan en su aspecto documental, se elevan ágiles, sutiles, inaprensibles, las imponderables que dan la fisonomía y forman el genio de los pueblos. Son el modo de hablar, de ver, de reír, de gritar, de llorar y de soñar que distingue y configura como si fuese una dimensión hartmantiana, el propio ser de las familias y de los pueblos. Diríase que constituyen la conciencia que trasluce en el drama de la historia. Defenderlos es defender la propia vida de la sociedad.

Signifiquemos que las tradiciones y costumbres se expresan en diferentes aristas entre las que se señalan: artísticas, culinarias, profesionales, religiosas, entre otras. De padres a hijos se produce un proceso de comunicación de saberes. Éstas constituyen un legado heredado de nuestros antepasados (ritos, costumbres, creencias, mitos), históricamente formados y que se transmiten de una generación a otra.

La historia general parece adquirir todo su sentido a escala de la vida humana cuando está enmarcada en el tiempo de las familias; ella – la historia colectiva transmitida de una generación a otra, en un marco familiar – constituye factor de identificación enriquecedor de la memoria colectiva en el intercambio con las memorias familiares, en cuya reconstrucción confluyen la historia oral, la antropología histórica, la historia de las mentalidades, y todas las ciencias híbridas que han enriquecido el universo de los estudios sociales en general. La memoria necesita de cierta retórica, de cierta verbalización para que perduren los recuerdos. “La ritualización – como afirma el italiano Mauricio Catani – es una de las condiciones de la transmisión”.

La formación de la memoria histórica contiene la memoria social, en tanto que los sujetos que actúan en el presente tienen que sentirse herederos y comprometidos con su pasado. Por esto su accionar frecuente tiene que estar atravesado por la línea de la historia como firmes seguidores de una tradición que los ha antecedido y de las que son portadores activos.

La historia para mantener vivas las tradiciones: “Se impone recuperar imágenes, elaborar y reconstruir símbolos significativos de nuestra vida para elegir caminos, para evaluar el camino recorrido y redimensionarlo como hecho individual. Cada generación tiene la obligación de contribuir a este proyecto con la generación a la que sucede dando su aporte a la conformación de la identidad.

El Dr. Alexis Cuevas (1998) destaca que la historia debe obligarnos a una auto-reflexión, hacia una vuelta a nosotros mismos, con el fin de tratar de conocer quiénes somos, y con quiénes y con qué estamos comprometido

Memoria de la vida, memoria familiar, memoria de un grupo, memoria local,  memorias de una época, todas confieren vida a la memoria como categoría que es esencial a la historia de la nación y en las tradiciones culturales de la patria. La tradición antes planteada, desde la revisión de diccionarios enciclopédicos, es definida como: costumbre, ritos, leyenda, entre otras.

En la memoria histórica la tradición oral, es un recurso para la transmisión cultural, junto al documento escrito y a otras fuentes, con lo cual pasa a ser aceptada como factor estructurador de la identidad y contribuye a reafirmar la pertenencia a una cultura. “Para la familia la memoria histórica constituye el mecanismo de conservación y divulgación de sus saberes y contribuye a la conformación, del patrimonio cultural familiar”.

Según la Dra. María Caridad Novoa (2002), la memoria histórica trasciende a la sociedad para conservar y transmitir fenómenos o acontecimientos sociales que han tenido una determinada significación. Estas forman parte de las cristalizaciones de las acciones y hechos producidos en diferentes épocas históricas, lo que por su significado, llegan a formar parte del conjunto de saberes que el hombre conserva y reproduce de generación, en generación, influyendo en cierta medida en la formación cultural general. “El rescate de la memoria histórica constituye una importante tarea para que perduren en la población elementos significativos, de su génesis, de sus raíces. Un pueblo sin memoria histórica viviría sólo del presente y del futuro, desconociendo el por qué de muchas situaciones que tienen sus orígenes en tiempos pasados”.

Por lo que se infiere por la autora que la memoria histórica es una fuente generadora de significaciones socio–culturales e históricas que trasciende y nutre a las nuevas generaciones en la formación de un pasado común que posibilite identificarse como grupo social y en concepciones determinadas.

La palabra “patrimonio” según Martha Arjona (1996) significa lo que se recibe de los padres y lo que es de uno por derecho propio. En este sentido se habla del patrimonio familiar. Pero hay también un significado mucho más abarcador, que no tiene que ver con un individuo ni con los bienes materiales que heredó y reunió de manera legítima, sino que se refiere a una nación entera y abarca el territorio del país, y la historia que se desarrolló en él, acumulada en forma de leyendas, tecnologías, conocimientos, creencias, arte y sistema de producción y organización social.

La autora referida expresa que, cuando mencionamos el patrimonio cubano, hablamos de nuestro patrimonio común, de lo que es nuestro, de cada cubano individualmente y de todos los cubanos como pueblo, por ser propiedad de la Nación. El patrimonio, en este amplio sentido, constituye nuestra máxima riqueza y nos identifica entre otros pueblos, que también tienen su propia identidad. Señala además que el patrimonio es inicialmente pasivo, existe como objeto, independientemente del reconocimiento o no de su valor cultural, y es la comunidad que, en un momento determinado de su desarrollo, lo selecciona, lo escoge como elemento que debe ser conservado por valores que trascienden su uso y función primitiva.

La identidad cultural existe en el grado en que permite el reconocimiento de los objetos históricos seleccionados y que conforman el patrimonio cultural de un grupo humano; pero a la vez, es este mismo reconocimiento de ellos, en sus condiciones de bienes culturales, lo que genera este tipo de identidad cultural. “El patrimonio familiar no solo se refiere al legado de bienes materiales, sino también a los espirituales, los cuales están estrechamente relacionados con las categorías y términos anteriormente analizados, especialmente los trasmitidos y conservados mediante la memoria histórica y las tradiciones reveladas de esta”  

Se coincide con lo expresado por la Dra. María Caridad Novoa que el patrimonio guarda una estrecha relación con la función cultural de la familia, no sólo por bienes materiales que se heredan para el disfrute de sus miembros, sino también, por bienes espirituales, ambos inciden en el modo, las condiciones, y el estilo de vida familiar.

Según la autora referida con anterioridad, el patrimonio incluye los bienes que son expresión de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, por tanto su conocimiento y conservación es de vital importancia para preservar el legado de la humanidad. Las familias como subsistemas de la sociedad no solo son herederas de ese patrimonio para su disfrute y bienestar, son además en gran medida responsables de promover en sus miembros acciones dirigidas a su conocimiento e identificación, a su preservación y construcción.  

La educación que se fomenta en el hogar para conformar una cultura ambiental o dirigida a la apreciación y disfrute del legado patrimonial, contribuirá a la formación de un sentido de responsabilidad hacia lo que nos rodea y una identificación hacia los valores que éste atesora, bajo esta premisa es que debemos incidir en los alumnos acercándonos de esta forma al modelo cultural de la familia y toda la sociedad en general. 

Algunas familias no tienen una clara conciencia de su papel con relación al patrimonio, destruyendo con sus acciones tanto el entorno natural como determinados bienes, documentos y otros valiosos recursos, de ahí la necesidad de orientar a las familias en función de la protección patrimonial, promoviendo desde la comunidad una educación ambiental como parte de la cultura general integral dirigida a la población.

La identidad existe, en el grado, en que permite el reconocimiento de los objetos históricos seleccionados y que conforman el patrimonio cultural de un grupo humano; pero a la vez, este mismo reconocimiento de ellos en sus condiciones de bienes culturales es lo que genera esta identidad cultural.

El Dr. Fernando Ortiz, establece direcciones precisas para el análisis concreto del fenómeno de la identidad, donde se percibe en su dinámica como proceso activo de creación y reconstrucción permanente, asegurador de la inserción de las diferencias frente a la unidad. Aspecto que se materializa en los rasgos y valores de identidad, cuya peculiaridad se expresa en las particularidades nacionales y locales, en su relación con el devenir histórico nacional, regional y global; cuestión que apunta hacia la percepción de la identidad como un proceso de interacción entre lo macro y lo micro en el ámbito socio-histórico.

Varios son los autores cuya dirección científica se proyecta hacia la conceptualización de la identidad, en tal sentido pudieran señalarse a: F. González Rey la identidad es "un fenómeno subjetivo que pasa por los sentimientos y las emociones, espacio donde nos expresamos y vemos emocionalmente ¨.  En este análisis se enfatiza en el plano psicológico.

La amplitud y profundidad de la identidad se expresa en distintos niveles de resolución: personal, grupal, local, nacional, supranacional, etc.; al significar una respuesta a la comunicación que se establece con sujetos de otra, o de una misma cultura.

Al asumir y reconocer el proyecto social de la comunidad, con el que nos identificamos y al cual debemos nuestra vitalidad existencial y espiritual, debemos comprender la riqueza, variedad y policromía de nuestros valores y en  esencia la identidad , que confluyen en ese espacio, nunca acabado, en el cual se conoce lo más trascendente de nuestras raíces, donde la diversidad étnica precedente se funda en una sola cultura, en una sola nación. Estamos abocados a la defensa de una concepción social que distingue, vivifica y renueva la naturaleza y profundidad de ese ajiaco que, a juicio de Don Fernando Ortiz, constituye nuestra identidad nacional: "es decir, la síntesis lograda de una diversidad de procesos universales”.

Es la identidad cultural cubana un proceso que condiciona y refleja nuestro comportamiento y el modo de reaccionar ante cualquier intento que ponga en peligro la unidad e integridad nacional, no es el resultado de un proceso de civilización  tradicional.

En el proceso de identidad la cultura no puede asumir únicamente las expresiones de los logros, realizaciones y paradigmas; junto a ellos han de situarse las utopías racionales y los errores, que contribuyen a perfeccionar nuestro proyecto social.

La identidad y el proyecto de vida del individuo vienen dados, en gran parte, por su adscripción a determinado universo familiar. Los hábitos adquiridos en ese ámbito son un dato previo para entrar en la liga por las oportunidades que ofrece la sociedad moderna, es en la familia–incluso más que en la escuela–donde se nutren los valores sociales más generales que configuran la identidad cultural de un país y conforman la identidad colectiva…Aunque su defensa y el reforzamiento de los valores familiares tienden, en ciertas coyunturas, a verse como el cultivo de una ideología conservadora, hay que tener en cuenta que es posible provocar un cambio relativamente brusco en la continuidad del sistema cultural, inculcando en las jóvenes generaciones unas tradiciones familiares nuevas, de ahí que los Estados se preocupen cada día más por trazar una política familiar mejor controlada.

Es necesario para que el individuo se sienta parte de su historia, la presencia de los elementos que lo identifiquen como miembro de ésta y como resultado de todo el devenir histórico de su nación, provincia o localidad. […] “sin memoria histórica no hay continuidad. Lo nuevo si no se vincula a lo conocido y a lo existente, carece de raíces, es frágil y superficial. Lo viejo si no se enriquece con lo nuevo se estereotipa” […].

Resulta de incalculable valor formar a los estudiantes con un correcto sentido de la identidad, reflejado esto en el devenir de la vida cotidiana en los preuniversitarios, ayudar a desarrollar criterios y opiniones propios porque así la pertenencia se reflejará en un profundo compromiso social.

La confirmación de la identidad es un aspecto de suma importancia en el desarrollo de la personalidad. Por lo que la autora define la identidad como la autóctono, lo propio de cada núcleo básico de la sociedad, son las diferencias que identifican unas de otras, modo de actuar, vestir, comportarse, etc., que esta identidad se conforma con arraigo y sentido de pertenencia.

A diferencia de otras formas de convivencia, según Vera (2000), la familia tiene la propia y se caracteriza a partir de la complementariedad, dando lugar al vínculo más importante en la vida de una persona que es el parentesco. La familia genera identidad, los nombres familiares identifican y son los que nos permiten ser alguien. Pero la familia no solo agota su contenido natural en concebir identidades con caracteres irreemplazables (cada ser que nace tiene en sí mismo talentos que ningún otro ser lo podrá igualar). En el hecho de que están unidas a una particular identidad solidaria las personas que viven en la familia, comienza a formarse el género social, con personalidades contenidas en el afecto y en la responsabilidad solidaria que surgen en este tipo de relaciones.

La situación que impone el enfrentamiento a nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje en las condiciones de universalización condicionado por las exigencias cada vez más complejas de este proceso y su incidencia en la formación de la personalidad del adolescente, obliga cada día más a la sensibilización y compromiso con la realidad social proyectada a través de los estudiantes que serán en cuestión los que recibirán los beneficios de una adecuada educación familiar. Compromiso que se materializa en el desarrollo de la presente investigación dirigida a la búsqueda de alternativas para potenciar las costumbres, tradiciones, memoria histórica e identidad, lo que integra una tarea social trascendente para contribuir a su rescate, específicamente aquellas que son valiosas por su incidencia en la formación de valores socialmente necesarios y a consolidar nuestra cubanía.

Los valores constituyen otro aspecto de especial importancia al analizar la función cultural familiar. Es a través de los parentescos afectivos prevalecientes al interior de la familia, sobre todo en relación con los hijos y los modelos culturales familiares de los que se produce la apropiación de  las orientaciones primarias de valor.

Las primeras instrucciones de valor que recibe el niño desde que es pequeño, según Fabelo (2001),  son aquellas vinculadas a su propia sobrevivencia, lo que es imprescindible garantizar. Los primeros elementos sobre lo que se puede y no se puede o lo que se debe y no se debe, tienen el propósito fundamental, de confirmar la supervivencia de ese pequeño y frágil ser humano. Donde se logran las primeras nociones culturales y estéticas y los valores a ellas asociados, valores ideológicos, políticos, filosóficos también tienen en la familia a uno de los primeros y principales medios de transmisión ya en etapas más avanzadas del desarrollo de la personalidad. (Anexo 1)

Diferentes autores cubanos coinciden que en el seno familiar se reciben las primeras normas de conducta y de relación, vinculadas a lo que se considera un comportamiento moralmente bueno y a una adecuada relación de respeto con el otro.

En muchas ocasiones los padres no tienen plena conciencia de la gran responsabilidad que recae sobre ellos en lo relacionado con la educación valorativa de sus hijos, en ocasiones no están lo suficientemente preparados para asumirla. No pocas veces muestran más preocupación por los aspectos formales de la educación que por el contenido racional de la misma. Pensando tal vez que el peso de su autoridad es suficiente, no se ocupan de explicar el por qué de lo bueno y de lo malo y de trasmitirles las orientaciones necesarias para que ellos aprendan a valorar por sí mismos. Obvian el hecho evidente de que en algún momento sus hijos tendrán que asumir una posición independiente ante la vida y enfrentarse a situaciones complejas y nuevas, probablemente no contempladas en las normas que sus padres le trasmitieron.
Apunta Fabelo (2001), que por supuesto, aunque los valores adquiridos en el seno familiar son de gran arraigo, eso no significa que necesariamente marquen con un sello predeterminado toda la evolución de la personalidad en lo que a los valores se refiere. En el transcurso de toda su vida, el individuo se inserta en otros grupos humanos, el barrio, la escuela, y de todos ellos recibe determinadas influencias. La propia realidad social a la que pertenece condiciona variaciones en su mundo individual de valores.

De lo anterior se infiere que la familia, como forma de organización humana, es capaz de conformar ciertas normas que regulan el comportamiento de sus miembros y que se basan en valores que, por una u otra vía, se convierten en condicionantes de sus acciones. La familia instituye, convierte en normas, ciertos valores que son los que operan a su nivel, regulan las relaciones intra-familiares y proyectan una determinada actitud hacia el mundo, conformando un modelo axiológico que se expresa en la vida cotidiana, incidiendo en la forma en que se educan  a los hijos. Este proceso formativo adquiere en la edad juvenil nuevos matices por las características socio psicológicas de los hijos.

El autor referido anteriormente alude, que la formación de valores en la familia se inicia desde edades tempranas y se va consolidando, reajustando en el desarrollo evolutivo de sus miembros, condicionados por factores diversos, inherentes a la familia, y otros extra familiares.

Por lo que se considera que la familia, conforma y expresa un modelo axiológico, sin embargo, éste no está estático, ya que lo social impacta de alguna manera produciéndose ajustes y/o confrontaciones que pueden ser favorables o no.    

Según el autor José R. Fabelo:

Se valora por algunos autores lo  poco útil que resultaría, a fin de constituir ciertos valores, el gran " discurso axiológico" que un padre dirija a sus hijos, si al rato hace totalmente lo contrario y realiza una práctica que no es entendible desde el punto de vista de la lógica valorativa que poco antes estuvo tratando de explicar…ante tal situación, la reacción natural del niño o el joven es asumir como suyo más el "valor" hecho que el valor dicho, el mundo real y no el mundo de un abstracto deber ser, los valores introducidos en la praxis cotidiana y no los de los sueños o los cuentos infantiles.

Es por estas razones que puede afirmarse que la familia es una especie de supervisor social que reproduce y refleja en qué situación se encuentra la sociedad, a qué sistema socio-económico pertenece, por dónde anda éste, en qué etapa se encuentra. El ejemplo es la principal vía que tiene la familia para la formación de valores, no obstante, se reconocen además las orientaciones, el diálogo, la sistematización de experiencias, entre otras.

En un estudio realizado en el año 1988 -escribe Patricia Arés- por el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas sobre orientaciones de valor en la familia (...) se constató que tanto en padres como en hijos las orientaciones se relacionaban con valores tales como afán de conocimiento, familia, trabajo, valor estético y, por último, el valor de lo material".

Los estudios realizados permiten reconocer que estos cambios reflejan la crisis económica por la que atraviesa la sociedad y su incidencia en la cotidianeidad, como resultado, se produce un cambio en los sistemas de valores que predominan al interior de la familia, varía su ordenamiento jerárquico y ascienden a un primer plano los valores incorporados a la satisfacción de las necesidades materiales.

Por la complejidad de esta situación, se requiere de una adecuada orientación por parte de la familia a los hijos, dada en el rescate de los valores esenciales que dignifican al ser humano y que pueden ser resquebrajados por una situación económica adversa.

Es a través del ejemplo, el diálogo, la argumentación que la familia puede contribuir a la formación de valores en la juventud, destacando acontecimientos familiares como son: costumbres, tradiciones, valores, memoria histórica, patrimonio e identidad en la familia, reafirmando la importancia de la dignidad ante la necesidad.

La influencia de una cultura mercantilista en la familia depende por supuesto de sus condiciones de existencia y de la actitud misma que ella adopte ante este influjo. Ello se refleja en el tipo de necesidades que en el seno familiar se entronice como jerárquicamente superior. De acuerdo a las necesidades que se asuman como preponderantes en las relaciones intra-familiares, así serán los valores que predominen en su seno y la forma de familia que sobre esta base se construya.

Precisamente al reconocer la incidencia de la familia en la formación de valores en los jóvenes, sus fortalezas, debilidades y los recursos educativos con que cuentan, permite direccionar la orientación que debe desarrollar el docente a través de diferentes vías en especial en las Escuelas de Educación Familiar, las entrevistas y consultas; pero para lograr la efectividad se requiere de una sólida preparación.  

CONCLUSIONES

Entre los aspectos que revolucionan el rol del docente en la actualidad y que se refiere a la responsabilidad con la familia esta precisamente el fin de la Educación: lograr la formación integral del joven en  su forma de sentir, pensar y actuar en  los contextos escuela-familia-comunidad. 

La tarea pedagógica esencialde todo docente en su desempeño profesional consiste en lograr la unidad de la instrucción y la educación, siempre teniendo en cuenta, que para que se constituya esa unidad dialéctica, la educación no puede quedarse atrás en la práctica educativa. Por eso, los docentes han de centrar su labor en la adquisición de conocimientos, desarrollo de habilidades, hábitos y capacidades en los estudiantes y, al mismo tiempo, en la formación de motivos, sentimientos, valores, normas de convivencia, patrones de conducta, entre otros, que hagan realidad el vínculo de lo cognitivo, lo afectivo motivacional, y lo volitivo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Libros:

Arjona, M.: (1996). Patrimonio cultural e identidad. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba.
Cuevas, A y otros.: (1989). La dinamización sociocultural comunitario una alternativa de desarrollo a las puertas del tercer milenio. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.
Fabelo, R. J. y otros.: (2001). La formación de valores en las nuevas generaciones. Editorial Ciencias Sociales. La Habana.
González, A. M. y C. Reinoso.: (2002). Nociones de sociología, psicología y pedagogía. Editorial Pueblo y Educación, La Habana.

Artículos:

Hart, A.: (1996). La personalidad social de la cultura cubana. Periódico Trabajadores.
Novoa, M. C.: (2002). La función cultural de la familia: una propuesta teórica para su estudio. Tesis en opción al título de master en desarrollo cultural comunitario. Universidad de Oriente. Santiago de Cuba.
Sorín, M.: (1990). Cultura y vida cotidiana. Revista Casa de las Americas 178 marzo-abril. La Habana.
Vera, A.: (2000). Historia y antropología ante la familia como objeto de estudio. Revista Temas 22-23julio-diciembre. La Habana.

 

 

Anexo 1

Consejos básicos a la familia.
Estos Consejos Básicos a la familia tienen como objetivo primordial reflexionar acerca de la educación familiar a partir de la presentación de los mismos.
Existen muchos modos de decirles a tus hijos lo que deben o no hacer, pero ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica, enseñarles a valorar y respetar lo que le rodea:
- No olvides, que a través de la conversación se pueden recordar y preservar los principales acontecimientos que han marcado la historia de tu familia para lograr el éxito en la formación de costumbres y hábitos familiares no olvides el ejemplo, la repetición y la consistencia.
- Ten presente que el diálogo es la mejor vía para conocer a los demás y expresar sus sentimientos, el modo de hablar, compartir, reír, llorar y soñar distingue y tipifican la expresión cultural de tu familia.
- Aproveche el tiempo libre para realizar visitas a museos, galerías de artes, parques.
- Les sugerimos que cuando vean la televisión juntos aprovechen para comentar, intercambiar ideas, opiniones, punto de vista.
- Estimule en sus hijos el interés por la lectura predicando usted  con el ejemplo.

- Oriéntale a tus hijos como realizar las diferentes tareas del hogar.         

Vera, A. 2000. p. 24.

Vera, A. 2000. p. 206.  

Vera, A. 2000. p. 207.    

Cuevas y otros, 1998. p. 5.

Novoa, M. C. 2002. p. 31.

Novoa, M. C. 2002. p. 40.

Arjona, M. 1996. p. 13.

Novoa, M. C. 2002. p. 40.

Novoa, M. C. 2002. p. 41.

Gonzáles, A. M. y C. Reinoso.2002. p .28.

Hart, A. 1996. p. 28. 

Vera, A. 2000. p. 205.

Sorín, M.1990. p. 41.

Fabelo, José R. 2001.p.24.

Fabelo, José  R. 2001 p.59.

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