Contribuciones a las Ciencias Sociales
Julio 2011

UNA MIRADA DE GÉNERO A LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA



Pilar Morales Pérez
pmorales@ucf.edu.cu
Diadenys Aday Juan (CV)
daday@ucf.edu.cu




RESUMEN

El presente trabajo investigativo se titula “Una mirada de género a la ciencia y la tecnología” y tiene como objetivo caracterizar la participación femenina en actividades de ciencia y tecnología desde lo regional, nacional y local.

La introducción relativamente reciente del enfoque de género en diferentes ámbitos sociales, y fundamentalmente en los estudios sobre desarrollo humano, encuentra en este marco un espacio importante para analizar la vinculación género – actividad científica. Sus resultados pueden contribuir a fundamentar estrategias específicas desde esta perspectiva, considerando que la articulación de ambos campos, actividad científico-técnica y equidad de género, ha sido identificada como una debilidad dentro del campo de los problemas sociales de la ciencia y la tecnología.

Actualmente, la inclusión del enfoque de género en este terreno se dirige a reconocer y eliminar las inequidades entre hombres y mujeres, producidas por las desigualdades económicas y sociales en la distribución de los recursos y los niveles de accesibilidad a ellos. Por otra parte, aunque no siempre se puede hablar de una exclusión explícita de las mujeres, se reconocen mecanismos y microdesigualdades implícitas, que contribuyen a mantener y legitimar la segregación de la mujer.

Se abordan en este estudio, de manera panorámica, logros y dificultades relacionadas con la participación femenina en el proceso de desarrollo científico- técnico en Latinoamérica y Cuba, que demuestran la imposibilidad de reclamar la equidad entre hombres y mujeres en el sector de la ciencia y la tecnología al margen de un proyecto económico y social de liberación de los seres humanos.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Morales Pérez y Aday Juan: Una mirada de género a la ciencia y la tecnología, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

INTRODUCCIÓN

El desarrollo social humano es un proceso en el que los hombres son protagonistas en los acontecimientos que dan lugar a la ampliación de sus propias oportunidades, que rechaza la existencia de barreras al avance de las capacidades de los seres humanos y a su utilización por concepto de clases explotadas, género, etnias, etc. (UNESCO,1995)

De un análisis del propio concepto se desprende la relevancia de la equidad de género como un indicador de los niveles a alcanzar.

Desde otra perspectiva el desarrollo científico tecnológico es también una evidencia de progreso.

Visto como proceso, se hace énfasis en que todas las esferas e indicadores del desarrollo se encuentran íntimamente relacionados de manera dialéctica y no pueden ser considerados en forma aislada para una evaluación integral.

La introducción relativamente reciente del enfoque de género en diferentes ámbitos sociales, y fundamentalmente en los estudios sobre desarrollo, encuentra en este campo un espacio importante para analizar la vinculación género – actividad científica, cuyos resultados pueden contribuir a fundamentar estrategias específicas desde esta perspectiva.

El tema de la articulación de ambos indicadores, desarrollo científico técnico y equidad de género, ha sido objeto de análisis por diversos autores internacionales (Pérez, E.; Kochen, S; Franchi, A) y nacionales (Fernández, L.; Echevarria, D) quienes han identificado como una debilidad dentro del campo de los problemas sociales de la ciencia y la tecnología las desigualdades relacionadas con el acceso y participación de las mujeres en el proceso de desarrollo científico técnico.

A lo largo de la historia en diferentes momentos la lucha de las mujeres por el acceso a la educación ha sido reconocida (Pérez, E. 2001). El primero se puede situar entre el renacimiento y la evolución científica, a mediados del siglo XVII, cuando se plantea el acceso y posibilidad de las mujeres a la educación elemental. El segundo momento, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las mujeres tratan de acceder a las instituciones educativas de más alto nivel. Así se permite el acceso de las féminas a las universidades y academias científicas. El tercer momento comienza en los años sesenta del siglo pasado cuando se trata de averiguar los motivos por los que, no existiendo discriminación legal, el número de mujeres en el ámbito de la ciencia y la tecnología es escaso. Ello condujo al análisis de las causas de este fenómeno.

Desde hace algunas décadas, los estudios sobre la mujer se han institucionalizado, tanto en los medios académicos como en los extra-académicos, y su literatura en crecimiento se caracteriza por su vertiginosidad, diversificación y garantía literaria. Todo esto se inserta en un nuevo contexto social, donde se ha logrado, por una parte, trascender los enfoques tradicionales que por muchos años de historia han posicionado a la mujer en una situación de explotación y marginación; y por otra, un mayor conocimiento de los cambios que se producen en la relación hombre-mujer y las desigualdades que aún persisten.

La importancia de comprender las relaciones entre ciencia, género y mujeres ha sido enfatizada en importantes cumbres y documentos internacionales como la IV Conferencia de la Mujer, celebrada en Beijing, China, en 1995; la III Conferencia Mundial de la Ciencia, organizada por la UNESCO en 1999; la Declaración de Santo Domingo en1999, donde se expuso una nueva visión y un marco de acción para la ciencia en América Latina; los Congresos Iberoamericanos de Ciencia, Tecnología y Género, y otros. En el año 2000 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración del Milenio, que tiene entre sus objetivos promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer en todos los órdenes.

Cuba ha ratificado todas las Convenciones y documentos globales que condenan la discriminación femenina y se ha pronunciado por una política científico - tecnológica que ofrece garantías de equidad social, incluida la equidad de género. Diferentes documentos legales de carácter nacional así lo atestiguan al facultar en el plano jurídico el ejercicio de la igualdad de la mujer, encabezados por la Constitución de la República (1976, 1992, 2002), que reconoce iguales derechos y deberes para todos los ciudadanos, proscribe y sanciona la discriminación por motivo de sexo.

Los estudios sobre ciencia, tecnología y género han ganado espacio y profundidad en nuestro país. En ese contexto el presente trabajo investigativo tiene como objetivo caracterizar la participación femenina en actividades de ciencia y tecnología desde lo regional, nacional y local.

DESARROLLO

Perspectiva de género en ciencia y tecnología

El género es una categoría de análisis social, que aparece a partir de los años 1990, utilizada fundamentalmente por las ciencias sociales, aunque en los últimos tiempos se emplea por otras ciencias o desde una perspectiva interdisciplinaria. La noción de género se define como una categoría social que trasciende diferencias biológicas entre sexos y se concentra en las diferencias y desigualdades de roles entre hombres y mujeres por razones de contexto socioeconómico, condiciones históricas y políticas, patrones culturales y religiosos de las diversas sociedades en las cuales ellos y ellas interactúan (Ruiz, B. 2002).

La perspectiva de género ha resultado ser decisiva e influye en la diferenciación de la división social del trabajo. Esto se debe en gran medida, al proceso de aprendizaje de roles en función del género, lo cual a su vez, ha influido en las motivaciones de un sexo y otro para la selección de actividades y profesiones, de acuerdo con los estereotipos creados culturalmente para el sexo masculino y el femenino, y en la construcción de identidades profesionales sexuadas. De esta manera, el género asegura la existencia de una esfera no remunerada donde la fuerza de trabajo se reproduce y es puesta en circulación (trabajo reproductivo); mientras que por otro lado, condiciona las alternativas en el ámbito del trabajo remunerado (trabajo productivo).

La inclusión de esta categoría tiene el objetivo de reconocer la realidad de desigualdad e inequidad multifactorial entre mujeres y hombres. A la mujer se le predeterminan determinados roles y estatus que, en comparación con los del hombre, la sitúan en general en condiciones de inferioridad y marginación. Por tanto, muchos estudiosos del tema, han enfatizado en este término, como un concepto relacional donde el objeto de interés no es la mujer o el hombre, sino las relaciones de desigualdad entre los ámbitos del sexo masculino y el femenino, en torno a la distribución del poder. Esta situación de desigualdad e identidad de un sexo y otro, repercute en todas las esferas de la vida social, y encuentra resistencia en los patrones culturales establecidos en cada sociedad.

Los debates generales dejan claro que la ciencia es generada en contextos históricos y sociales que implantan en ella sus valores e intereses, sin embargo los asuntos relacionados con mujeres y género han sido prácticamente ignorados.

Los estudios de género en el campo de la ciencia y la tecnología se ocupan de examinar desde distintas perspectivas las relaciones existentes entre las mujeres, la ciencia y la tecnología. Actualmente, la inclusión del enfoque de género dentro de ese campo se dirige a reconocer y eliminar las inequidades entre hombres y mujeres, producto de las desigualdades en la distribución de los recursos y accesibilidad a ellos y de los roles de género.

La perspectiva de género en ciencia y tecnología implica además la utilización de indicadores que midan la relación entre la cantidad de mujeres y de hombres ocupados en espacios similares, sustentándose en la premisa de igualdad y equidad genérica. Entre estos indicadores algunos autores establecen, entre otros, el análisis etário con relación al sexo, la relación entre los niveles jerárquicos alcanzados por las féminas con relación a la edad, el análisis por disciplina científica con elación a la edad y el nivel jerárquico, el acceso a becas, el análisis de la proporción de mujeres en los grados o cargos más altos, en particular en el sector público. (CEPAL, 1999). Como puede verse, muchas áreas de exploración constituyen referencia para dar cuenta de las diferencias de género en el desempeño de la formación, investigación y práctica científico-tecnológica. Partiendo de estas realidades, los estudios de ciencia, tecnología y género, se ocupan de analizar las causas que producen esta situación con el objetivo de realizar propuestas que ayuden a aumentar la integración de la mujer en las actividades tecnocientíficas.

Situación de la mujer en la actividad científico-tecnológica en América Latina

Para la elaboración de estas propuestas debe tenerse en cuenta que el paradigma de la RCT se apoya en la profundización de la brecha que separa a los países centrales y periféricos, las diferentes clases sociales y a su vez a hombres y mujeres.

Aunque la reciente presencia de mujeres en el ámbito de las ciencias constituyó un elemento novedoso y uno de los sucesos más revolucionarios del siglo XX, su carácter androcéntrico se mantiene desde su surgimiento. El cuestionamiento acerca de quién hace la ciencia y para quién, plantea la posibilidad de que la incorporación de las mujeres resultaría un aporte positivo para socializar los objetivos del conocimiento científico.

En todos los ámbitos de su vida y en todo el mundo casi por igual, la mujer vive en condiciones de sometimiento e inferioridad en relación con las posibilidades de realización de los varones de su propio entorno; ello se asienta en los principios estructurales de una organización social injusta y ha tenido su reflejo históricamente en el campo de las ciencias. Aunque las mujeres representan un 51% de la población mundial, constituyen, dentro de la sociedad, una minoría cualitativa, siendo muy baja la tasa de inserción de la mujer en el sistema de ciencia y tecnología.

En América Latina, donde existe la cuarta parte de científicos/as que en Europa Occidental, la incorporación de las mujeres al sector es una necesidad. Sin embargo predominan barreras formales para el acceso femenino a una formación científica. En nuestros países entre el 30 y el 50 % de los menores, la mayoría niñas, nunca llegan al sistema escolar formal, y por ende tampoco al conocimiento científico y tecnológico. Las mujeres representan casi dos terceras partes de los analfabetos.

En un estudio de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología acerca de la situación de la mujer en el sector científico-tecnológico en Latinoamérica, que abarca los países que constituyen casi el 90% del gasto de producción de ciencia y tecnología de la región, se resumen, a manera de regularidades, los siguientes elementos (RAGCyT 2001):

En todos los países del continente el financiamiento a las actividades en el campo de la ciencia y la tecnología no alcanza el 1%.

Desde una vertiente socio-institucional, se observa que la presencia de mujeres en instituciones dedicadas a la educación o práctica científica es minoritaria con relación a la participación masculina. Por edades las mujeres son mayoría en el sistema de ciencia y tecnología únicamente hasta los 35 años, siendo franca minoría en edades avanzadas. En el nivel académico alcanzado, hasta los 40 años, hay una mayoría femenina entre graduados y especialistas, cuestión que se invierte en edades posteriores. En las maestrías existe una distribución simétrica hasta los 50 años. En el nivel superior, doctorado, mientras las mujeres representan cerca del 80% hasta los 30 años, luego se invierte esta relación.

A pesar de que las mujeres representan más de la mitad de los egresados universitarios sólo un 35% tiene la oportunidad de iniciar una carrera de investigación. En la distribución de los investigadores por categorías el 72% de las mujeres ocupa los niveles más bajos, asistente y adjunto, mientras que el 51% de los hombres está en las mismas categorías. El nivel superior de la carrera sólo es alcanzado por el 0,4% de las mujeres, mientras que el 4,5% de los hombres se ubica en dicho nivel.

También existe una discriminación jerárquica, según la cual científicas capaces y brillantes son mantenidas en los niveles inferiores de la escala de la comunidad o topan con un "techo de cristal" que no pueden traspasar en su profesión. La posición de las mujeres líderes en el sistema de investigaciones resulta menos de la mitad. Las mujeres se encuentran infrarrepresentadas en los lugares de decisión cuando se asciende en jerarquía. Esto lleva a un círculo vicioso: la escasez de mujeres en cargos de decisión dificulta la implementación de políticas y medidas que estimulen una mayor participación femenina en ciencia y tecnología.

En virtud de la discriminación territorial, se relega a las mujeres a ciertas áreas de la actividad científica, áreas marcadas por el sexo, tales como computar datos astronómicos, o clasificar y catalogar en historia natural. Así ciertos trabajos, "feminizados", adquieran menor valor que otros.

Determinadas carreras son más "femeninas" que otras: Se observa que las mujeres no eligen, de manera mayoritaria, cursar disciplinas científicas y tecnológicas. Ellas constituyen mayoría en ciencias humanas. En ciencias agrarias, ingenierías y exactas es claro el predominio masculino. Hay menor participación de mujeres en los proyectos de mayor financiación

La producción científica femenina es menor que la de los hombres, con lo que se ha tratado tradicionalmente de justificar la lentitud de sus carreras profesionales con respecto a la de sus homólogos.

Existen además comportamientos de exclusión, microdesigualdades, inadvertidos a veces, pero que tiene por efectos singularizar, apartar, ignorar o descalificar a un individuo en función de características que no dependen de su voluntad como es el caso del sexo, creando un clima hostil que disminuye el rendimiento de esos sujetos.

Deben tenerse en cuenta otro tipo de barreras informales basadas en el modo en que los prejuicios inciden en la diferente formación que reciben niñas y varones, tanto en el hogar como en el sistema educativo. Por tanto, se analizan aspectos como: la manera en que se enseña la ciencia y la tecnología en la escuela, los contenidos que se imparten en estas disciplinas, las actitudes de quien los imparten hacia las estudiantes, etc. para, en base a este análisis, diseñar propuestas que contribuyan a revertir esta situación y conseguir, así, una presencia mas equilibrada de hombres y mujeres en estas disciplinas (Farré, A. 2000). Tampoco abundan los modelos femeninos en ciencias que puedan servir de paradigmas.

Las razones femeninas que las propias científicas esgrimen cuando analizan los obstáculos para iniciar una carrera en ciencias, permanecer en ella o ascender profesionalmente se relacionan también con la dificultad de compatibilizar las demandas laborales con la exigencia familiar. Buscando soluciones, científicas regionales han estimulado la discusión sobre el papel de las mujeres en la ciencia a través de foros y estudios, además de generar redes de intercambio a nivel regional.

De todos estos análisis no debe concluirse que la desventaja numérica es el único problema, sino uno de sus síntomas. Los prejuicios de género, además, serían parte de la base del problema.

Es evidente la imposibilidad de reclamar una equidad entre hombres y mujeres en el sector de la ciencia y la tecnología sin que exista un proyecto económico y social de liberación que acompañe al mismo. Cuba, un pequeño país subdesarrollado, puede enorgullecerse de ser uno de los pocos que alcanza la referida meta.

Una mirada de género al desarrollo de la ciencia y la tecnología en Cuba

En Cuba las reflexiones sobre el tema de la mujer, forma en que inicialmente comenzó a manifestarse la preocupación por el género, aparecieron en fecha tan temprana como mediados del siglo XIX. Cabe destacar a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda y el eminente sociólogo Enrique José Varona. Es importante señalar que la instrucción diferenciada era un criterio dominante en la época y una de las formas en que se manifestaba la discriminación de la mujer. Un ejemplo que revela datos precisos sobre este tipo de prejuicio social corresponde al período 1885-1889, cuando solo se graduaron seis mujeres en la Universidad de la Habana.

Durante la etapa pre-revolucionaria la sociedad cubana se caracterizó por la ausencia total de acciones gubernamentales para apoyar o fomentar la Ciencia, no existían Centros de Investigación, únicamente existían tres universidades, era prácticamente nula la investigación científica y muy escasa la participación de la mujer, excepto aisladas representaciones. Precisamente una las mayores desigualdades sociales que existían entre mujeres y hombres se exhibía en los campos de la educación y el empleo. Los indicadores de género presentaban altos índices de analfabetismo, la mayoría de las mujeres que trabajaban fuera del hogar lo hacían como “domésticas”, con único acceso a las carreras de magisterio, enfermería, labores de oficina (Álvarez, L. 2008). En el Censo de Población de 1953, del total de trabajadores sólo 17,6 % eran mujeres, de ellas poco más del 6%, profesionales y técnicas, un 2% ocupaba cargos de dirección.

Cuatro décadas de profundas transformaciones a partir de 1959 han propiciado la integración de la mujer en igualdad de condiciones que el hombre en lo laboral, educacional, político, científico, económico y social, sustentado en un principio fundamental: el desarrollo sostenido desde una dimensión amplia para la mujer cubana.

En el plano internacional Cuba fue el primer país en firmar y el segundo en ratificar la Convención Internacional contra todas las formas de discriminación hacia la mujer.

Como resultado de las políticas estatales hacia la mujer, es notable el salto cuantitativo y cualitativo logrado por éstas en su preparación y vinculación al empleo en general y a la actividad científica en particular. Según las informaciones nacionales publicadas en “Cuba en Cifras. Objetivos de Desarrollo del Milenio” (noviembre 2009) el seguimiento a la igualdad de género muestra que:

En Cuba las mujeres son el 49,91% de la población y el 56% de la fuerza laboral cubana. De la fuerza técnica dedicada a la Ciencia y la Tecnología que laboran en numerosas entidades representan el 66.6%.

En lo concerniente a la educación la relación entre mujeres y niñas y niños en la enseñanza primaria, secundaria y superior, expresada en porcentaje es de 95,2; 90,7 y 172,1 respectivamente, lo que demuestra la igualdad de oportunidades educativas. Son mujeres el 43,3% de las personas graduadas en la enseñanza técnica y profesional y el 67,7 % de los graduados universitarios.

En las esferas de dirección la proporción de escaños ocupados por mujeres en los parlamentos nacionales es de 43,3%. De acuerdo con la actualización sobre la representación de mujeres en los parlamentos realizada por la Unión Interparlamentaria en febrero de 2010, Cuba ocupa el 4to lugar entre 140 países del mundo, sólo superada por Ruanda (56.3%), Suecia (46.4%) y Sudáfrica (44.5%). Este indicador expresa las oportunidades de la mujer en la vida política y pública y en la toma de decisiones.

Profundizando en la participación femenina en ciencia y tecnología, si en 1988 el 47% de los trabajadores de los centros de I+D eran mujeres, en el año 2000 constituían ya el 51,9% y en el 2009 el 60 %. Existe una presencia femenina relevante en la dirección de los principales centros de investigación y de servicios científico-tecnológicos. La Orden Carlos J. Finlay, con la cual el país honra a los científicos más destacados, ha sido otorgada, hasta el año 2009, a 382 personas, entre las cuales 83 son mujeres.

Del 52 % de cubanas dedicadas a la investigación, el 32 % posee categoría principal y una de cada cuatro ostenta el título de Doctora. Las mujeres dirigen el 23% de los 4 000 proyectos del Sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica y constituyen casi la mitad de quienes integran los polos científicos del país (Álvarez, L. 2009).

En esta década obtuvieron grados científicos algo más del 60% del total de profesores e investigadores de la Educación Superior, 37% del total de doctores en el país son mujeres. (Baute, R. 2010). Se observa que muchas alcanzaron este nivel académico en especialidades consideradas especialmente para hombres como es el caso de las disciplinas de Física y Matemática. (Simeón, R. 2008).

Diversas instituciones han jugado un papel relevante en estos logros, entre ellas la Federación de Mujeres Cubanas, organización que es el mecanismo nacional para el adelanto de la mujer en Cuba y la igualdad de género. Su accionar se vincula con ministerios sectoriales, universidades, instituciones académicas y de investigación, ONG, gobiernos locales, comunidades y sociedad civil.

La FMC auspició la creación de Cátedras de la Mujer en centros de enseñanza superior del país, las que contribuyen a aglutinar diversos intereses en torno al tema de género, ciencia y tecnología, entre otros. Las Cátedras y centros de orientación femeninos han realizado eventos científicos, talleres, seminarios y otros de diversa índole. En el campo de la investigación social esta organización femenina desarrolla una amplia labor, que incluye asesoramiento de tesis, elaboración de estudios sobre familia, inserción de la mujer en el desarrollo, presentados en eventos científicos internacionales. En muchas de estas investigaciones se realizan aproximaciones a las causas de la inferior calificación de las mujeres.

Aunque las estadísticas indican una creciente participación de las cubanas en el mundo de la ciencia, todavía pervive cierta segregación horizontal y vertical, con desventajas para ellas, según diversos estudios parciales (Álvarez, L. 2009).

Independientemente de que las mujeres representan más del 60% en la rama científica apenas son el 15% entre las que dirigen. (Fernández, A. 2009). Se han realizado estudios en entidades científicas y docentes, que demuestran la mayoritaria presencia femenina, en contraste con su disminución gradual a medida que se escala en puestos de dirección y toma de decisiones, categorías científicas, docentes y grados científicos, y su posición en grupos de investigación y en estructuras de la Ciencia como los Consejos Científicos, las Comisiones de Grado, los Tribunales permanentes, etc. (Alfonso, R. 2008).

Todo ello nos demuestra que no es suficiente contar con la posibilidad de acceder a empleo, a educación, etc., si no se produce un profundo cambio en los patrones de conducta, que garanticen verdadera igualdad en las condiciones de actuación, de comportamiento, de decisión, de autonomía. Como manifestara en entrevista de prensa la Directora del CENESEX MSc. Mariela Castro Espín, "Las leyes, por sí solas, no son suficientes para lograr verdaderos cambios subjetivos, culturales y sociales que sustituyan prejuicios y actitudes...”

Lo peor es que las tradiciones culturales y los prejuicios que históricamente le asignan un determinado rol social a la mujer están arraigados, no sólo en las concepciones de los hombres, sino también de las propias mujeres, siendo preciso cambiar la mentalidad de ambos, para que se reconozcan mutuamente en un espacio de igualdad social, en todos los ámbitos de la vida.

Por encima de estas limitaciones la elección de Cuba como sede del VII Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género en el año 2008, demuestra el desarrollo alcanzado por las féminas en estas esferas. La apropiación femenina del mundo de la ciencia y la tecnología visible en nuestro proceso revolucionario conquista un peldaño superior en el ascenso social de las cubanas, y es un indicador del desarrollo social humano del país.

Mujer, ciencia y tecnología en Abreus

El desarrollo humano social también se valora en su aspecto territorial al tener en cuenta que la comunidad local es capaz de asumir liderazgos desde su potencial endógeno. En tal sentido el concepto de desarrollo local se acerca al de desarrollo humano por cuanto insiste en la potenciación de los individuos en los procesos y decisiones que son decisivas en sus vidas y sugiere examinar las fuerzas productivas en un sentido concreto de asociación a un territorio o localidad específicos.

El desarrollo local ha de conducir no solo a mayores niveles de sustentabilidad de desarrollo, sino también a mayor equidad, al despliegue y enriquecimiento de la individualidad, su finalidad última es la elevación de la calidad de vida de las personas en el sentido, no solo de mejorar sus niveles de ingreso y condiciones materiales de existencia, sino también de elevar su espiritualidad y los niveles de equidad social en los planos clasistas, de genero, raciales y etneos.

En Cuba a lo largo de todo el país y en cada uno de los territorios existe un fuerte desarrollo institucional en materia comunitaria y se ha avanzado notablemente en términos de infraestructura, así como en la creación de un importante potencial humano. Son indudables las potencialidades que tienen las comunidades para dar respuesta a las múltiples necesidades con los recursos locales. En este contexto, la equidad e igualdad de género sigue siendo una condición necesaria e indispensable para un desarrollo social sostenible y democrático. Un proyecto local de desarrollo social con enfoque de género es el que incorpora estrategias y acciones, sistemáticamente, tendientes a crear condiciones de equidad e igualdad entre hombres y mujeres.

En el municipio Abreus las mujeres constituyen el 47,71% de la población y el 53% de la fuerza laboral. De la fuerza técnica dedicada a la Ciencia y la Tecnología que laboran en numerosas entidades representan el 63,2%.

En las esferas de dirección integran la Asamblea Municipal del Poder Popular 23 mujeres, es decir, un 38,9%, entre ellas 2 son vicepresidentas y 3 dirigen Consejos Populares.

En lo concerniente a la educación la relación entre mujeres y niñas y niños en la enseñanza primaria, secundaria y superior, expresada en porcentaje es de 93,2; 90,2 y 150,1 respectivamente. Son mujeres el 40,2% de las personas graduadas en la enseñanza técnica y profesional y el 65,0 % de los graduados universitarios.

En el campo de la investigación científica el 57% son mujeres, 76,6 % de las cuales ostentan la categoría de Master.

El 65,56 % de la matrícula del CUM es femenina, con mayoría de mujeres en las carreras de Contabilidad, Enfermería, Derecho, Técnico de la salud y Psicología.

El Consejo Municipal de Ciencia y Técnica así como el Grupo de Dirección de Proyectos de Desarrollo Local están dirigidos por mujeres y tienen una numerosa membresía femenina.

En el Forum, movimiento de integración concebido como instrumento organizativo, e incorporado al Sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica, cada vez es mayor la participación femenina, que ascendió a un 62 % (Forum 2010). Los mayores aportes se registran en la producción, los servicios, la salud y la enseñanza, que acumulan el 86,7% de todas las soluciones (Forum 2010).

Los Joven Club de Computación han graduado en el período un 73,4 % de mujeres que voluntariamente matricularon cursos lo que denota el interés que despierta entre ellas el dominio de las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones.

Un número importante de eventos y talleres científicos desarrollados en la localidad tuvieron una marcada presencia femenina, entre ellos: Evento de Mujeres Creadoras, auspiciado por la FMC; Evento Martiano, dirigido por la Sociedad Cultural José Martí; Taller Científico Estudiantil Municipal, convocado por el CUM; Evento de Mujeres Economistas, de la Asociación Nacional de Economistas. Municipal; Evento Pedagogía; Evento universidad 2012.

Todos estos elementos demuestran que en el municipio Abreus la participación femenina en las actividades de ciencia y técnica, está en correspondencia con el desarrollo social alcanzado a nivel de país.

En cuanto a las inequidades que aún subsisten en forma de discriminación jerárquica y territorial y pervivencia de estereotipos sexistas, debe considerarse que, aún cuando existe la voluntad política que otorga iguales derechos a mujeres y hombres y, a pesar de que evidentemente los logros son notables, es muy difícil arrancar de la conciencia colectiva y de la práctica social concepciones patriarcales en un tiempo históricamente corto, como son los apenas 50 años transcurridos. De manera que lograr una mayor equidad entre quienes están en las áreas de la actividad científico-tecnológica sigue siendo un desafío en el siglo XXI.

CONCLUSIONES

• El número de mujeres vinculadas a la actividad científico tecnológica ha aumentado, pero su presencia sigue siendo minoritaria en el sector.

• La plena incorporación femenina a los sistemas de ciencia y tecnología es, además de una reivindicación igualitaria, una necesidad económica y social.

• Es imposible reclamar equidad entre hombres y mujeres en el sector de la ciencia y la tecnología sin que exista un proyecto económico y social de liberación que acompañe al mismo.

 En Cuba los avances en cuanto a la equidad de género en ciencia y tecnología son evidencias del desarrollo social alcanzado.

 Para resolver las limitaciones aún existentes y elaborar las posibles estrategias para su progresiva eliminación no basta tener aseguradas iguales condiciones y derechos al empleo y calificación para mujeres y hombres, son necesarios además cambios subjetivos en la sociedad y sus integrantes de ambos sexos, que aseguren la verdadera equidad de género.

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