Contribuciones a las Ciencias Sociales
Julio 2011

CUERPOS DEFICIENTES: UN RECORRIDO POR LA HISTORIA BIOPOLÍTICA DE LA DISCAPACIDAD



John Richard Jiménez Peñuela (CV)
eyethfilms@hotmail.com




RESUMEN

Esta presentación aborda la mirada de cuerpo en relación con la población en condición de discapacidad, desde un análisis histórico de la exclusión del discapacitado en la sociedad, y la formalización de las instituciones para su atención. Luego, presenta un análisis de la forma en que el Estado desde una biopolítica caracterizada por el planteamiento de bienestar y normalización corporal y social, desconoce a la población en condición de discapacidad. Finaliza presentando la respuesta de estas poblaciones ante condiciones tan adversas presentes en sus sociedades.

Abstract

This presentation is about the look of the body in relation to population in disability status, from a historical analysis of the exclusion of the disabled people in society, and the formalization of institutions for your care. Then, show an analysis of how the state from a biopolitical approach characterized by the well-being and physical and social standards, known to the people in disability status. Finishes presenting the response of these populations to such adverse conditions present in their societies.

Palabras claves: Discapacidad, Historia de la Biopolítica, Cuerpo, Instituciones

Key words: Disability, Biopolitics History, Body, Institutions
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Jiménez Peñuela, J. R.: Cuerpos deficientes: Un recorrido por la historia biopolítica de la discapacidad, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

UN RECORRIDO HISTÓRICO-POLÍTICO POR LOS CUERPOS DIFERENTES

¿Desde cuándo existen personas discapacitadas? Los primeros registros escritos de la humanidad hablan de códigos, normas, leyes donde se disponía el tipo de atención que se debía prestar a casos particulares de limitaciones, deformidades o monstruosidades presentes en algunos de los individuos en las comunidades. Sin embargo, existen evidencias más antiguas de su existencia, huesos que no esconden las marcas de enfermedades o deformidades, como el cráneo de un humano, probable ancestro de los neandertales encontrado en el yacimiento de Atapuerca, con obstrucción en el conducto auditivo, por lo que se deduce que en vida debió haber sido sordo. Así mismo, los neandertales llevaban en sus esqueletos las muestras del duro ambiente, huesos que revelan fracturas mal soldadas. Es posible que en un estado avanzado de deterioro óseo no pudiesen cazar, pero si participar de las actividades comunes, ocupándose de otras tareas, mientras recibían cuidado por parte de los miembros de la comunidad.

A través de la historia, los valores y las necesidades de las sociedades determinan los hechos sociales y el trato dado a sus minorías económicas, físicas o culturales. Este contexto social es la base para establecer lo que la sociedad define como adecuado o inadecuado, lo diferente, y por supuesto, las instituciones que se encargará de esta rotulación. Para ello, cuenta con unos encargados, unos expertos que acuerdan criterios de selección para distinguir a los sujetos diferentes, la terminología, los calificativos con los que serán tratados y clasificados, y el papel que han de cumplir en la sociedad .

Desde la antigüedad hasta el presente, los enfoques pasivos y activos acerca de las deficiencias y las diferencias, permean las prácticas sociales, educativas y médicas dirigidas hacia los diferentes. El enfoque pasivo considera que las deformidades, son causadas por el pecado del hombre, por los demonios, por el castigo divino de los dioses, por lo que las diferencias visibles e invisibles del cuerpo y el alma, son incontrolables e inmodificables. La única cura posible son los ruegos a los dioses, por lo cual no pueden hacer parte de la sociedad “normal”; actitud traducida en rechazo, segregación y hasta eliminación de los deficientes .

En cambio, el enfoque activo responsabiliza de las causas de las deformidades y diferencias a la naturaleza, a la enfermedad y al ambiente, y, por lo tanto, son susceptibles de ser modificadas a través de la prevención, los tratamientos y la integración de los individuos a la comunidad .

Por lo general, aunque estos enfoques se hacen presentes al mismo tiempo en las sociedades, uno de ellos puede tomar mayor relevancia para una u otra época. No obstante, han sido las prácticas desde un enfoque pasivo las más populares entre las sociedad antiguas y modernas. En los albores de la civilización el rechazo total ante los deficientes se hace evidente en el infanticidio, común en la mayoría de los pueblos animistas, que "siguió practicándose a lo largo de la historia en todo el mundo, por razones que oscilaron entre la necesidad y el egoísmo". Incluso, se puede observar un rechazo más severo a la condición diferente, como el que se presentó entre "los habitantes de las Nuevas Hébridas, quienes no sólo sacrificaban al niño malformado, sino también a la madre" .

Dentro de estas primeras civilizaciones occidentales, de acuerdo a la ética griega, el “kalos”, representaba todo aquello que es sano y bello, y a la vez “agathos” o bueno. Es por esta razón que el enfermo es del mismo carácter que el niño y el viejo. La enfermedad hace incompleto a quien la padece, por lo que se compara al enfermo con un niño que no ha finalizado su proceso de madurez, o, a un anciano cargado de años que ha vuelto corrupto su cuerpo físico aunque su mente y alma tengan un mayor desarrollo respecto a las de un joven. Son entonces 3 los estados considerados en el desarrollo humano: la niñez, la juventud o plenitud de un ser bello que a la vez es bueno, y la vejez. Es en el joven, en el adulto sano donde se encuentra el punto más alto de la bondad . No es de extrañar entonces prácticas eugenésicas Espartanas, en las que los recién nacidos examinados y determinados por sus ancianos como no sanos, fueran arrojados por los barrancos del monte Taigeto.

En Roma antigua, se observa “la existencia de toda una serie de prácticas crueles, infanticidio y, en especial, las mutilaciones con fines de mendicidad, enmarcadas en un contexto social en el que la vida de los no acomodados vale bien poco”, aceptadas por la mayoría de intelectuales de la época. Aunque existieron prácticas contrarias, apoyadas por una minoría de intelectuales, como Cicerón, algunos gobernantes y varios médicos, en general griegos asentados en Roma, estas no llegaron a ser tan populares cono las primeras.

El auge del cristianismo inspira la caridad, el amor a un Cristo sufriente que debe motivar la ayuda al necesitado, el amor al prójimo; el lavamiento de los pecados lleva a brindar ayuda a quienes lo necesitan. Si bien, esta ayuda focalizada contribuyó al aislamiento y marginamiento social de enfermos y discapacitados que continua representada en ciertas instituciones actuales dedicadas a tal fin, sienta un precedente de atención real. Con el auge del imperio bizantino, la Iglesia, la familia y el poder feudal se responsabilizan parcialmente de los cuidados hacia las personas con discapacidad. Las Hermandades o Montepíos como sistemas de previsión social y primeros referentes de los sistemas de seguridad social actuales, se encargaban de auxiliar en caso de enfermedad, invalidez, vejez y muerte.

Durante la Edad Media, la atención caritativa y solidaria que caracterizó a Bizancio, se torna en la búsqueda de condenas y de herejes responsables. La contradicción de lo que era o no pecado traspasaba los límites de la fe y se asentaba en el poder de la Iglesia sobre las sociedades. La Iglesia definía los cuerpos del demonio, del pecado, y las señales que obligaban su exterminio. Por lo general, los cuerpos deformes y de extranjeros eran los culpables de las plagas, idea que se recicla una y otra vez como sucedió durante el auge del socialismo nazi en Europa, o, en el racismo blanco norteamericano de la década de 1950.

Con el Renacimiento se inventan las prótesis que intentan devolver a los cuerpos su funcionalidad perdida durante las guerras. Es una forma en la que la sociedad paga parte de su deuda social hacia el caído, al mutilado que se sacrificó por el bien de toda la sociedad en batallas por su tierra. Es en este contexto que aparecen no de la fe omnipresente católica sino de los mismos gobiernos, las primeras instituciones de atención y rehabilitación. El interés de la época por la anatomía, da origen a las primeras prácticas terapéuticas. De igual forma, aparecen las primeras prácticas educativas documentadas con personas discapacitadas.

LAS INSTITUCIONES Y EL ESTADO

Las instituciones para discapacitados, de carácter caritativo y asistencial como las hermandades y monasterios, y aquellas recién creadas para la rehabilitación durante el renacimiento, comienzan a guardar semejanzas con instituciones sociales gubernamentales. Estas, empiezan a pertenecer al Estado, moldeando individuos a su imagen, de acuerdo al papel que les sea asignado.

Durante los siglos XVII y XVIII en los cuarteles, las escuelas, las prisiones o, “instituciones de encierro”, se disciplinaron las operaciones del cuerpo en aras de aumentar la utilidad del individuo, a partir de un control minucioso de cada cual sobre el cuerpo propio. Se examinaron los gestos y las actitudes, con disciplinas que “normalizaban” a los individuos, buscando maximizar su obediencia y su utilidad. Del mismo modo, al interior de dichas instituciones, se desarrolló una relación entre conocimiento y poder en áreas como la psiquiatría, la pedagogía y la medicina, con vago rigor científico, pero con bastante legitimidad.

El Estado racionaliza los problemas que surgen en la población relativos a la salud, la higiene, la natalidad, la longevidad, y, los grupos étnicos, entre otros, constituyéndose en puntos cruciales para su política y economía a partir del siglo XIX. Es entonces cuando la lucha de clases cede su protagonismo a la normalización, en la constitución de Estados que institucionalizan su poder en centros de rehabilitación, ratificando dicha normalidad, y determinando si aquellos que son “no normales”, podrán o no hacer parte de la sociedad. Es por eso que hasta la fecha, subsisten organizaciones que supuestamente brindan rehabilitación, aunque en la práctica no sean más que recolectores de fondos, que valiéndose de los medios masivos, utilizando la desgracia y las pruebas de los cuerpos de quienes las “padecen” como el fin para lograr riquezas.

En la actualidad las instituciones especiales y los asilos para indeseables y físicamente no atractivos, sirven para esconder a estas poblaciones de la política. Si no es así, ¿por qué la educación especial no demuestra cambios significativos en la atención brindada y en los logros alcanzados por parte de sus recluidos con retardo mental, desde principios del siglo XIX, hasta la fecha? El que ingresa interno hasta su “curación”, es un preso de por vida, pues esa cura no ocurre sino hasta su muerte. En estas instituciones, son el pan de cada día las victimas de tratamientos abusivos, violentos, la inanición, las operaciones médicas forzadas, y por supuesto, el derecho a opinar.

La medicina se frustró en el intento de una cura, por lo que se suponía que era la educación especial la que daría las respuestas de atención a las poblaciones discapacitadas. No fue así, por lo que la educación pública, que antes era propia de preceptores en familias acaudaladas y en algunas parroquias, tomó el deber de educar a los no enseñables. Lastimosamente, en muchos países las instituciones educativas estatales esta respuesta educativa constituyó en adoptar las mismas prácticas de la educación especial. Es así que el Estado, a través de sus instituciones, termina por ratificar el papel del discapacitado como un sujeto ineducable, aunque si, objeto del asistencialismo, al crear instituciones para este fin o avalar prácticas asistencialistas de instituciones no gubernamentales.

En este panorama, en la biopolítica actual de los gobiernos, la salud pública como política interviene activamente en la “solución” de problemas que la afectan, interviniendo activamente en sus condiciones de vida y asimilándolos a las normas impuestas , manipulando la vida, objeto de su interés, de perfección y de selección. En el caso de la población discapacitada, un bienestar que es visto como la respuesta médica a un cuerpo diferente, cuya atención se sigue ratificando en instituciones que hacen a los diferentes, diferentes, y los alejan de la población “normal”. Un Estado en la búsqueda de un bienestar para los normales, entiende el bienestar para sus discapacitados como el encierro de sus cuerpos, lejos de la conciencia pública.

LA SOCIEDAD ACTUAL Y EL CONTROL DE LOS CUERPOS

Antes que bienestar, el aislamiento es una clara violación del derecho del libre desarrollo del ser, atentando contra la libertad de las personas. Dentro de los principios de igualdad y derecho a la diferencia entre todas las personas, la "necesidad especial" será contemplada como situación de excepcionalidad a la que el entorno debe dar respuesta mediante las adaptaciones y medios que sean precisos, más allá de un asistencialismo aislante.

En junio de 1994, la UNESCO celebró en Salamanca (España) la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, bajo el lema "Acceso y Calidad", en donde se abordó la educación no desde la normalización, sino desde la inclusión, argumentando que una educación de calidad para la población con necesidades educativas especiales no se logra manteniendo las políticas tradicionales segregatorias y excluyentes, sino abordando aquellas que promuevan la “diferencia” y sistemas educativos efectivos ante la diversidad. La razón de ser de la Educación Inclusiva posibilita el desarrollo individual de habilidades, atendiendo a las diferencias en un amplio espectro de proyección a la comunidad.

Esta declaración reafirmó los derechos de las personas en condición de discapacidad a la igualdad de oportunidades, a su participación íntegra en la sociedad, y a que sean considerados socios equitativos en la planeación e implementación de las políticas que afectan su vida. Es así que, el principio de integración se asienta en una necesidad de aproximación al entorno del sujeto, desde las adaptaciones necesarias, no solo desde los currículos, sino también en los demás campos de la vida como el laboral y de esparcimiento, definiendo a la persona por quien es, y no por aquello que es imposible ser o hacer.

Es por ello que la cuestión semiótica toma tal relevancia, ya que rotulaciones de antaño como minusválido (el que menos vale), impedido (el que no puede), reflejan concepciones de la atención que se han brindado a las poblaciones discapacitadas. Ante el nuevo contexto expuesto, la definición de “persona en condición de discapacidad”, pone en primer lugar al sujeto antes que a sus características particulares, y se enfoca en sus necesidades desde un ambiente social que ofrece o no los apoyos requeridos para su desarrollo como persona, y la igualdad de oportunidades respecto al total de quienes componen una sociedad.

Sin embargo, las sociedades actuales giran en torno a la regulación de los cuerpos, y ponen sus esperanzas acerca de sus temores y angustias sobre las ciencias de la vida. Se da un culto a la belleza y a la perfección física tal como ocurría en la Grecia antigua, y como entonces, surgen discusiones, y aún, prácticas que giran en torno a la decisión de quien debe vivir. No es raro que hoy en día se defienda el aborto como una medida eugenésica que evita posibles seres “anormales” con posibles malformaciones.

Sociedades que desde su biopolítica juegan a ser dioses que deciden lo que es y no es un cuerpo normal, lo anormal, lo innombrable, desde los discursos jurídicos y médicos; los irreconocibles de la democracia. Seres excluidos del discurso normal-biológico, objetos de experimentación; con el cuerpo normal no se experimenta, pero si con el anormal para que sea normal . El cuerpo entonces reprime lo que debe hacer y se hace inútil desde la perspectiva de la normalidad corporal. Se dictamina la forma en que debe moverse, saludar, hablar, ver o escuchar. Se limitan los cuerpos diferentes y se prohíbe que hagan lo mismo, pero de forma diferente. En este sentido, ¿cómo puede hablarse de rehabilitación, cuando nunca se ha estado habilitado? Hay muchos modos de hacer las cosas, hay muchos modos de aprender y de adaptarse .

UN POSIBLE CAMINO

Ante este abrumador panorama, son los mismos sujetos de esta exclusión quienes han propendido por un modelo de vida independiente, que abandone la caridad y asuma una posición de sujetos de derechos y deberes, pero no desde un mundo moderno, tecnológico competitivo y globalizado que por reducción de gastos trata a las personas en condición de discapacidad como mano de obra barata. No así, sino desde la posibilidad de que todos los individuos están sometidos a riesgos en diferentes grados, por lo que al ser discapacitado, podría disponerse o no de las oportunidades necesarias para el desarrollo de la vida, fomentadas desde el Estado. Un Estado que cuente con la participación activa de estas poblaciones, que no imponga sus decisiones sobre lo que cree más conveniente para su bienestar, sino que permita su voz y voto en estas decisiones, como agentes de su propio cambio.

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