Contribuciones a las Ciencias Sociales
Julio 2011

LAS MASCULINIDADES EN EL CINE: UN ACERCAMIENTO A CASA VIEJA



Gledymis Fernández Pérez (CV)
cinetunas@tunet.cult.cu



Un acercamiento al tema de las masculinidades no podría hacerse desde aquella mirada asociada únicamente a los hombres debido a que su existencia guarda una estrecha relación con lo femenino. Precisamente esta imbricación es lo que ha generado la complejidad de la temática, pues constituye un factor relacional que solo tiene cabida en su vínculo con la femineidad. No en vano, los investigadores de las masculinidades han erigido sus análisis a partir de los Estudios de Género, preeminentes en la década de los ochenta, nutriéndose así del feminismo que tomando como base la opresión de las mujeres, ha logrado mostrar las relaciones entre estas y los hombres.

Al revisar la literatura sobre masculinidades, saltó a la vista de esta autora que generalmente se aborda en ella el tema del poder que han adquirido los hombres en la sociedad, constituyendo una problemática a la que se presta una atención especial, pues ha permitido explicar la subordinación padecida por las mujeres, pero además el conflicto generado al interior de las masculinidades. En este sentido, resulta interesante el análisis que realiza Michael Kaufman explicando las disparidades que padecen los hombres, teniendo en cuenta que no todos disfrutan de los privilegios del poder patriarcal. Su análisis nos conlleva a vislumbrar que todos los hombres no ejercen el ejercicio del poder sobre las mujeres, y que entre ellos mismos se establecen diferencias, ocasionadas por el éxito, las posibilidades económicas o el reconocimiento social .
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Fernández Pérez, G.: Las masculinidades en el cine: un acercamiento a Casa Vieja, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/13/

Estos elementos permiten entender que el poder no es algo dado, una asignación homogénea para todos los hombres, al contrario, demuestra la existencia de hombres que también pueden ser oprimidos por el patriarcado al no cumplir las expectativas que impone el sistema. De este análisis, parten los estudios sobre el dolor experimentado por los hombres. La generalidad de ellos, al no alcanzar las exigencias del patriarcado, se convierten en seres frustrados. De aquí se desprenden también los estudios realizados sobre la violencia, explicándose como origen de esta, la necesidad de mantener el dominio y control masculino sobre las mujeres.

Otro aspecto que cobra vida en la literatura sobre las masculinidades es el referido al movimiento de hombres que ha emergido en las últimas décadas, lo que ha tenido como sustrato un proceso de entendimiento y comprensión hacia la opresión femenina, pues en alguna medida ellos han sido víctimas también de esa opresión, y por tanto, han entendido el costo de vivir en una sociedad patriarcal. Este grupo de hombres que ha declinado en su propósito de ejercer una masculinidad hegemónica, forman parte de una corriente contemporánea denominada profeminista, que aun cuando está integrada por homosexuales y gays, estos no constituyen la esencia del grupo .

Precisamente de ello parte otro elemento tratado cuando se habla de masculinidades: la homosexualidad. La mayoría de los hombres sienten aversión hacia la homosexualidad, debido a que ello significa desde el punto de vista cultural, debilidad, fragilidad, en oposición a las normas de la masculinidad hegemónica. El temor a encontrarse en ese estado lleva a los hombres a revelarse contra la homosexualidad, la que se vincula a la pérdida de poder y dominio sobre otros grupos vulnerables.

Ahora bien, ¿podemos hablar de múltiples formas de masculinidades?

Teniendo en cuenta las referencias anteriores, por supuesto que existen diversas formas de plantearse la masculinidad. Así, en primer lugar, puede hablarse de la masculinidad hegemónica, aquella en la que los hombres son fieles herederos del patriarcado, detentan el poder y dominan a los grupos vulnerables; en segundo lugar, la masculinidad subordinada asociada a la homosexualidad; en tercer lugar, la cómplice que guardando estrecha relación con la primera, no alcanza la magnitud de esta; y en cuarto lugar la marginalizada, asociada a aquellos hombres que pertenecen a clases sociales o grupos étnicos subordinados. Sin embargo, la clasificación de las masculinidades no puede conducir a un análisis arbitrario y esquemático.

Y es que, la construcción de las masculinidades obedece a factores de múltiples procedencias. En este sentido, la investigadora Laura E. Asturias aborda el tema señalando a la familia como primer eslabón en la conformación de estos caracteres, teniendo en cuenta que este medio es portador de un conjunto de normas y valores inspirados por la subjetividad social que incorpora progresivamente estilos de vidas diferentes para hombres y mujeres. A estas últimas se les enseña que deben ser frágiles, sensibles, dadas al hogar y la atención a los hijos y enfermos, y a los hombres, por su parte, se les inculca que deben ser fuertes, seguros, agresivos. De estas diferencias mostradas en el seno familiar parten las actitudes de hombres y mujeres en la sociedad.

Un segundo eslabón en la conformación de la masculinidad reside en las enseñanzas de la escuela, institución socializadora por excelencia. En ella, los varones, al interactuar con otros de su mismo sexo, provocan relaciones en los que el poder garantiza la superioridad de unos sobre otros. Por tanto, existirán los varones más fuertes, ágiles e inteligentes, en contraposición a los débiles y poco enérgicos. En esta institución comienza a experimentarse la discriminación y la opresión de unos sobre otros.

Otra vía para la construcción de la masculinidad la constituye los medios de comunicación, pues en ellos, según Laura E. Asturias, los niños están expuestos a visualizar “hombres deportistas, violentos o criminales y el alcohólico o drogadicto” . Los medios influyen, por tanto, en la conformación de la masculinidad. Según la investigadora cubana Isabel Moya, los estudios sobre la representación masculina en los medios de comunicación iniciaron fundamentalmente a partir de los años noventa, de ahí que hayan sido en menor proporción con respecto a los estudios de mujeres .

En este sentido, resulta interesante destacar que la representación de la mujer en estos espacios está marcada por los presupuestos estereotipados que impone la sociedad patriarcal, pero la presencia femenina ha sido más despiadada que la de los hombres. Para afirmar tal planteamiento solamente debe tenerse en cuenta que las mujeres son utilizadas en los medios generalmente como objetos sexuales para vender la imagen de un país o un producto comercial, o pueden ser presentadas a partir de su rol de madres y esposas sacrificadas, lo cual legitima el papel de subordinación femenina. De todo ello se deriva el hecho de que los medios son espacios donde se reproducen los estereotipos construidos culturalmente.

Ahora bien, dentro de los medios de comunicación masiva, el cine constituye una importante vía para trasmitir mensajes a los receptores, pues tiene la posibilidad de llegar a un amplio público, no solo desde las instituciones creadas para este fin, sino también desde otros medios comunicativos como la televisión. El cine se ha convertido también en un espacio para vender ideas y estilos de vida. Así, lo ha planteado Merce Coll: “el grado de analogía de las imágenes audiovisuales es tan elevado que la impresión de realidad que producen nos hace olvidar su carácter de signo, facilitando de este modo su efecto ideológico al presentarse como la realidad emergiendo ante nuestros ojos.“

Para los receptores, el cine es una forma de vivir a través de los personajes representados. Se produce una identificación entre los personajes y la realidad objetiva, a tal punto que somos capaces de mostrar nuestros sentimientos cuando vemos el reflejo de nuestras historias en la pantalla. Por ello, es que resulta difícil percatarse de la manipulación que provoca este medio sobre los espectadores. De ahí la importancia de desentrañar el significado de las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación.

El examen a una de las últimas producciones del cine cubano, conlleva a la autora de este trabajo a analizar la imagen masculina en el filme Casa vieja, realizado en el 2010 por Lester Hamlet, sin embargo es necesario destacar que aun cuando el objetivo de estas líneas sea la representación masculina, también se hará referencia a la imagen de la mujer, pues resulta imposible hablar de hombres sin analizar su relación con las mujeres.

La selección del filme Casa vieja se ha hecho a partir de la aceptación que ha tenido esta película en el público cubano en los últimos meses. Ganadora del Premio del Público en el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el filme ha causado profunda emoción en los espectadores. Su historia tiene como centro un personaje masculino, Esteban, un joven que luego de 14 años de ausencia regresa a su hogar cuando se entera de la inminente muerte de su padre. Basada en la obra teatral de Abelardo Estorino, La Casa Vieja, perteneciente a la primera década revolucionaria, la película ha sido recreada con una visión contemporánea, aunque posee imprecisiones en cuanto a su ubicación temporal y espacial, sin dejar por ello de hacerse alusión constantemente al territorio cubano.

Sin el objetivo de profundizar en la factura visual del filme, la primera mirada a Casa vieja conlleva a mencionar los principales personajes que predominan en ella. De esta forma, debe señalarse al personaje protagónico de la película, Esteban, un joven que se ha ido a vivir a España y que construye a su alrededor la historia del filme. Asimismo, se encuentra Diego, su hermano mayor, quien trabaja como chofer y aparece casado con Dalia; el personaje del Padre, que aun convaleciente, sin emitir diálogo alguno, conocemos de él a través de otros personajes, y en caso semejante, se encuentra Agustín, novio de Laurita, la hermana de Esteban. También aparece Onelia como madre de Esteban y Flora, como auxiliar de servicios comunales del pueblo.

Después de esta breve exploración la interrogante va encaminada a discernir cómo se han representado los personajes masculinos en el filme.

En Esteban podemos encontrar a un joven melancólico y nostálgico, no solo por la desventura que vive su familia, sino, al parecer, como consecuencia de la personalidad que se ha construido él mismo. Esteban siente dolor por lo que ve a su alrededor. Su reaparición en el contexto cubano produce en él un cuestionamiento sobre la búsqueda de la felicidad.

Si se tuviera que enmarcar a este personaje dentro de uno de los tipos de masculinidades citadas anteriormente, tendríamos que señalar que su conformación genérica pertenece a la masculinidad subordinada, teniendo en cuenta el hecho de que este personaje es homosexual. Uno de los aspectos esenciales de la película es precisamente la existencia de esta verdad que aterroriza a todos aquellos que rodean a Esteban. Podría decirse que ese es el gran secreto de la familia, pues existe un temor entre todos ellos a nombrar lo que constituye un hecho, y que Esteban asume con total normalidad.

Ese temor infundado demuestra todo el entramado existente alrededor de la homosexualidad. Por tanto, es visible que la familia de Esteban es heredera de un conjunto de normas y valores que analizan la homosexualidad como “lo otro”, “lo diferente”, “lo anormal”, como una desviación del patrón de la masculinidad hegemónica. Y es que, la homosexualidad es una manera de oponerse, en cierta medida, a los valores del poder patriarcal, y por supuesto, de no cumplir con las expectativas que impone este sistema.

En ese aspecto reside el mayor sufrimiento de Esteban. Su incapacidad para formar parte de un aparataje social provoca en él sentimientos de culpa, de distanciamiento. Quizás por eso su madre señala en algún momento del relato que Esteban ha decidido vivir en España para huir de algo, como si lo persiguieran. Y tal vez esté en lo cierto, porque la homosexualidad es tan castigada socialmente, es tan discriminada y censurada que las personas que han elegido este camino no encuentran espacio para difundir sus verdaderos propósitos de vida. La homosexualidad para la masculinidad hegemónica es sinónimo de debilidad, de resquebrajamiento de una identidad ampliamente aceptada. Esteban se ha refugiado en otro país para evitar la discriminación que sufren los hombres como él, pues no llegó a ser lo que esperaba la sociedad. Por eso, siente que antes de morir su padre debe pedirle perdón. Pedir perdón por lo que no llegó a ser, por no cumplir con la disposición social que debe prevalecer para todos los hombres.

En un momento del relato, Esteban señala que cuando niño siempre quiso ver a su padre desnudo, sin embargo, este nunca lo permitió, lo que esta autora interpreta como un símbolo, pues la negativa del padre de que Esteban lo viese desnudo puede significar un método para que su hijo no tenga otro referente de conocer la sexualidad masculina que no fuese su propio cuerpo, lo que a la postre, no impidió que Esteban explorara ese mundo del cual querían privarlo. Por ello, también en algún momento, Esteban alude a que nadie tuvo la culpa de que él fuese así. En este aspecto es importante detenerse, pues existe la falsa creencia de que ser homosexual es un problema de crianza o genético, sin tener en cuenta que se trata de un problema de elección, si es que puede considerarse como problema. ¿Por qué juzgar a la gente por el estilo de vida que ha escogido? ¿Acaso, juzgamos a alguien porque prefiera bailar o leer?.

A ello se suma el sufrimiento padecido por Esteban cuando vivía en Cuba, patentizado en en el clímax de la discusión con su hermano Diego. La gente le tenía lástima, se reían de él- decía Esteban. Y es que, la sociedad cubana se ha caracterizado por ser machista, que al decir el Dr. Julio César González Pagés, es la versión estereotipada de la masculinidad . Por tal motivo, existe desde los hombres, rechazo hacia ese tipo de masculinidad. Quizás por eso, Esteban señala en algún momento que él deseó siempre ser como su hermano, tener una familia, porque uno de los costos de la homosexualidad es la soledad que padecen estas personas. Un tema prácticamente vedado en Cuba es el hecho de que un homosexual pueda casarse y/o adoptar hijos. Todavía debemos despojarnos de un grupo considerable de prejuicios para llegar a esa escala de comprensión.

En los últimos años, ha resultado meritorio el esfuerzo realizado por la Dra. Mariela Castro Espín en aras de defender los derechos de los homosexuales, lo que constituye una prueba, sin lugar a dudas, de que la Revolución, en sus 50 años de existencia, no ha logrado despojarse del pensamiento machista prevaleciente desde la República Neocolonial. Este aspecto se suma a la discriminación de las mujeres en la sociedad, aunque es válido señalar que estas han ganado más terreno en su afirmación igualitaria en relación a los homosexuales.

Por otro lado, en reflexión con su hermana acerca del miedo, Esteban pone en sus labios una frase que resulta una luz en el discurso masculino. Quizás le ha correspondido a él este parlamento porque su posición es contraria al discurso de la masculinidad hegemónica, teniendo en cuenta que él ha sido también víctima de ella. Esteban señala: la gente se ríe cuando un hombre llora porque les han metido en la cabeza que los hombres no pueden llorar. La sociedad ha marcado esta disposición, privando a los hombres de expresar sus emociones. No se considera masculino el hecho de que un hombre pueda canalizar sus sentimientos, llorar o contar sus intimidades, constituyendo una limitación para ellos, una forma de reprimir su dolor.

Un aspecto interesante es el hecho de que Esteban sea presentado en el filme como arquitecto, profesión reconocida socialmente. Tal vez este elemento guarde relación con la idea de que los homosexuales también pueden y deben integrarse a la sociedad y ser tan útiles como cualquier otra persona.

En contraposición a ello se encuentra su hermano Diego, que trabaja como chofer, un empleo no tan reconocido, sin embargo, ha demostrado ser no homosexual, es decir, ser lo normal, lo aceptado, según las normas sociales. No obstante, Diego no podría definirse dentro de la masculinidad hegemónica. Aunque posee rasgos que sí lo enmarcan dentro de ella, se ajusta más al prototipo de la masculinidad cómplice. Diego, al mismo tiempo que es capaz de llorar y no sólo por la muerte de padre, sino también por las circunstancias familiares que lo envuelven, reprime el cariño y amor que siente por su hermano. En él se trasluce una especie de conflicto interno entre lo que desea interiormente y lo que es permitido. Además, Diego se considera domesticado por el matrimonio. Dalia -su esposa- es una mujer con cierta influencia sobre él.

Diego tiene principios muy altos por la Revolución. Sin embargo, alrededor de él existe una atmósfera gris. Su antigua relación con Flora ha traído al presente el caso de “la muchacha” quien se ha ganado una beca en el exterior y es juzgada por haber tenido amoríos con un extranjero. Los decisores de la cuestión analizan como obstáculo que la intención de la joven es quedarse en el extranjero. Flora arremete contra Diego, diciéndole que él puede influir en la decisión y su insistencia desencadena una discusión severa en la funeraria, en la que Diego señala que él piensa como todos los machos del pueblo. Y ¿qué es lo que piensan todos los machos? Pues bien, piensan que la muchacha es una cualquiera, que pretende aprovecharse de la situación para vivir en el extranjero.

En este pensamiento se manifiestan dos aspectos de la sociedad cubana. Uno de ellos es el tema de la emigración, tan abordado por el cine y el arte en sentido general, y el otro, el machismo, y con él se trae a escena el techo de cristal que lacera las posibilidades de superación de las mujeres. En este sentido, resulta interesante vislumbrar cómo opera el pensamiento masculino sobre la vida de una mujer, cómo inmediatamente se realiza un análisis sobre las decisiones que competen a un ser individual y que es tan íntimo como la elección de pareja. Esta muchacha ha sido juzgada por elegir en el pasado como pareja un extranjero, de manera que ahora son otros los que deciden por ella. En la historia, como en tantas otras de la vida cotidiana, los hombres deciden el destino de las mujeres, y para ello las juzgan sin conocer sus verdaderas intenciones. Sin lugar a dudas, somos testigos de una de las características de la masculinidad hegemónica, sin embargo, Diego no forma parte del grupo de los decisores, lo que no quiere decir que esté en oposición con ellos, al contrario, su línea de pensamiento va dirigida en esa misma dirección al principio de la película.

Flora también es juzgada por ese conjunto de hombres. Su imagen ha sido cuestionada al plantearse que es una prostituta. De ahí que en este filme, la mujer ha sido representada con una visión bastante machista, que no es un asunto que compete a los personajes, pues pertenece meramente al mundo de guionistas y directores.

Sin embargo, es notable cómo Flora desenmascara al verdadero Diego, lo pone en tela de juicio, y en alguna medida ello significa que existe una actitud diferente hacia los hombres en esta época. Ya no prevalece la tendencia al silencio y la aceptación de sus opiniones. Se evidencia un enfrentamiento, una disputa verbal, una inconformidad a admitir un discurso marcado por los prejuicios.

Algo semejante ocurre con Laurita, quien también se ha escondido durante mucho tiempo para tener relaciones con Agustín, un hombre casado que al parecer prometió consolidar su relación con ella, pero en la funeraria rompe los vínculos. Laura no se conforma con su decisión y por tanto le grita poco hombre, lo que posee como trasfondo que Agustín no tenga el valor suficiente para enfrentar la nueva posibilidad que trae la muerte del padre de Laura, es decir, la materialización del casamiento con Laura. Agustín no quiere cumplir lo prometido, por tanto, utiliza a Laura, se aprovecha de su ingenuidad para jugar con sus sentimientos. Sin embargo, de ello resulta revelador el hecho de que Laura juzgue la masculinidad de Agustín a partir del dolor que le provoca. En alguna medida Laura está abogando porque Agustín haga uso de las normas que caracterizan la masculinidad hegemónica, lo que corrobora que las mujeres también pueden asumir conductas y formas de pensamiento basadas en la masculinidad.

Otro de los personajes masculinos que aparece en la película es el Padre. Su nombre no lo sabemos, pero sí cuál ha sido su forma de pensar con respecto a la familia. Es un hombre de 67 años de edad, en coma, no habla, apenas puede moverse. Durante el velorio y el entierro se hace alusión a sus méritos como combatiente, revolucionario. Cuando joven vestía de miliciano, y Onelia, su esposa, también. De hecho, ella cuenta que vestir de miliciana le trajo, en aquella época, problemas en el pueblo, pues era criticado que una mujer se dedicara a cuestiones consideradas de hombres. La relación de ambos duró aproximadamente 40 años. A su muerte, Onelia, abatida, señala que se ha quedado prácticamente sin nada en qué ocupar su tiempo, porque al parecer, después de crecidos los hijos, la única persona que necesitaba de ella era su esposo. En este sentido, se vislumbra la dependencia de las mujeres a los quehaceres domésticos y el cuidado de los otros. Y es que en este filme es notable la distribución de los roles de género. Mientras la mujer se encargaba de las cuestiones de la casa, el hombre dedicaba su tiempo a otras tareas como por ejemplo construir jaulas de pájaros, -no se hace alusión a otra filiación laboral por parte del Padre.-

A establecer esa diferenciación también contribuye el personaje de Laura quien se encargaba del cuidado del padre, de bañarlo, inyectarlo, mostrando el rol de cuidadora que prevalece culturalmente para las mujeres.

En determinados momentos, Esteban caracteriza a su Padre señalando que era un hombre con defectos, que también supo equivocarse y que al morir su madre, lloró sin convencionalismos. Con estas palabras, Esteban pretende humanizar la figura del padre, que no lo conviertan en héroe, pues fue también un hombre que supo disfrutar la vida, que sentía orgullo de ser hombre, que hablaba con placer de las mujeres.

Sin embargo, el Padre también estaba permeado por los principios de la masculinidad, en tanto su hija era la que debía hacerle café y otras tantas cosas, de manera que privó a esta de tener una vida más plena, de tomar sus decisiones. Quizás por ello, Laura señaló en conversación con Esteban que no podía develar su relación con Agustín, porque su padre no le permitiría estar con un hombre casado, y además, negro. Sin lugar a dudas, en estas palabras se coloca la discriminación hacia otro hombre, por el color de la piel, provocando así que Laura tuviese miedo de salir adelante con su vida, y que se convirtiese en una joven frustrada. Cuando se analiza la masculinidad no solamente podemos mostrarla tras el espejo de la relación de pareja, también incide en otros actores de la sociedad.

Un elemento interesante del personaje del Padre que aparece en forma de símbolo es el hecho de que se dedicara a hacer jaulas para pájaros, lo que desde otro punto de vista, puede interpretarse que su intención siempre estuvo dirigida a mantener un dominio absoluto sobre la vida de sus hijos. Con Esteban no pudo lograrlo, pero a Laura le encerró sus emociones y su deseo de tener una vida plena.

En sentido general, la imagen de los hombres en la película está viciada por las normas patriarcales actuales. Quizás podríamos encontrar en ella el afán de mostrar una realidad que en décadas anteriores estaba vedada, como es la presencia de la homosexualidad, aunque en los últimos años esta temática ha sido abordada en el cine cubano. En cuanto a las masculinidades no predomina abiertamente el modelo patriarcal hegemónico, sino otras formas que de igual manera contribuyen a eternizar el dominio masculino sobre las mujeres y grupos vulnerables.

Casa Vieja no es un filme ajeno a la reproducción de los estereotipos sociales asignados a hombres y mujeres. De alguna forma, su discurso contribuye a perpetuar la desigualdad en las relaciones de género, no solo mostrando la imagen de la mujer subordinada, sino también evidenciando la opresión experimentada por la homosexualidad. Casa vieja está permeada por los viejos principios de la sociedad, que aún no han encontrado la manera de evolucionar en el tiempo.

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• Montecino, Sonia: Devenir conceptual: de la mujer al género. (Digital)

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