Contribuciones a las Ciencias Sociales
junio 2011

LA CESTERÍA COMO GÉNERO ARTESANAL EN LA ZONA SUR DE LAS TUNAS



Yumairys Diamela Candó Gámez (CV)
yumairys@ult.edu.cu

Resumen

La artesanía expresa y revela la tradición en su constante dinámica, como resultado de los hábitos y costumbres que conllevan a la fijación de la identidad nacional. La presente investigación es fruto de un acercamiento a la artesanía en el sur de Las Tunas; enfatizando en las características más representativas de la cestería, por ser este uno de los géneros portadores de una tradición que se ha mantenido vigente desde generaciones pasadas. Persigue como objetivo revelar los rasgos y elementos que distinguen a la cestería en la zona sur del territorio tunero, tomando como principal fuente de información los testimonios de sus creadores. Después de haberse realizado un análisis se determinaron las categorías que conformaron el eje teórico, ellas son cultura popular tradicional y artesanía popular, las cuales fueron sometidas a reflexiones teóricas. Para el desarrollo de esta investigación se elaboró un cuerpo metodológico conformado por enfoques, perspectivas, paradigma, así como los métodos y las técnicas frutos de la síntesis multimetodológica, que permitieron la obtención de una valiosísima información para poder realizar, no solo la caracterización de la cestería en el sur tunero, sino también, determinar los elementos más significativos de este quehacer artesanal. El esbozo acerca de la artesanía en Cuba, su origen, condicionamiento histórico y principales manifestaciones culturales, así como la caracterización de la cestería en la zona sur de Las Tunas y otros rasgos que condicionaron su surgimiento y desarrollo constituyeron los principales resultados de la presente investigación.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Candó Gámez, Y.D.: La cestería como género artesanal en la zona sur de Las Tunas, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, junio 2011, www.eumed.net/rev/cccss/12/

La presente investigación precisa como resultado la caracterización de la cestería como género artesanal en la zona sur de Las Tunas, teniendo en cuenta varios elementos como el escenario donde se produjo su surgimiento y desarrollo. Además de determinar las características y los rasgos tales como: el empleo de las fibras del yarey, el guaniquiqui y la anacahuita; la utilización de técnicas como la de la empleita y el tejido directo y el uso de las manos como principal instrumento de trabajo, que distinguen esta manifestación de la artesanía popular, como un componente de la cultura popular tradicional de la provincia.

- Escenario sociohistórico desde el quehacer artesanal en la zona sur de Las Tunas.

Los territorios que abarcan hoy la zona sur de Las Tunas estuvieron poblados por varios grupos aborígenes de los que se conservan aún sus huellas arqueológicas. Estudiar estos componentes étnicos que posibilitaron el surgimiento y desarrollo de la nación cubana se hace necesario para conocer sus principales manifestaciones culturales en el ámbito material y espiritual, ambas relacionadas entre sí y vinculadas al proceso histórico iniciado desde la época colonial hasta su actual fase de consolidación.

En el año 1492 existían varios grupos aborígenes agrupados en zonas como Cueybá, Siboney, Caguazal, El Indio, entre otros. A los que se deben las primeras labores artesanales de la localidad, aportando entre otros elementos el arte del tejido en fibras naturales. Los aportes en este caso son escasos, lo que se debe a las propias características del clima y la textura de la fibra, no existen hallazgos de estos tipos de objetos. Aunque sí se han encontrado huellas en fragmentos de alfarería con impresiones de tejido, sobre todo en los burenes.

El contacto que se produce entre aborígenes y españoles a causa del choque cultural entre dos modos de producción diferentes es avalado por la historia con el nombre de genocidio y no específicamente un genocidio cultural, ya que aún perduran varios elementos culturales de su cotidianidad. Un ejemplo de esto son las siguientes palabras: bohío, hamaca, cazabe, tabaco, areito, entre otras.

La historia recoge que ya en 1521 se introduce en Cuba, el primer cargamento de negros procedentes del África, destinados para la extracción de oro en las minas de Caobilla, en Jobabo, actual municipio de Las Tunas. Aunque es importante citar que en este territorio la esclavitud era mínima, ya que su economía era agropecuaria en lo fundamental y estaba poblado por campesinos libres y hacendados.

En el siglo XVII ya se podían delimitar mucho mejor lo niveles de influencia en cuanto a la inmigración española tanto isleña como peninsular. Estos fueron antecedentes de la cultura del campesino, montero o guajiro cubano. En el ámbito de la cultura material, el inmigrante isleño trajo diferentes útiles de trabajo entre los que podemos citar la carreta tirada por bueyes, el arado, entre otros. Los mismos serían empleados a lo largo de la historia hasta llegar a ser imprescindibles en la cultura campesina cubana.

Con el tiempo estos artículos que eran elaborados de forma manual van a asumir características propias, en dependencia de la utilidad que se le de y de la función que posean. Dentro de los objetos de cestería que más se realizan se encuentran las alforjas y algunos tipos de cestas para el traslado de la carga. Como se puede advertir, ya en esta época tan temprana, se manifiestan algunas labores de cestería.

Con la penetración del capital norteamericano ocurrido a finales del siglo XIX, se produjo la introducción de diversos productos industriales que provocaron un estancamiento en los géneros de la artesanía popular, quedando esta subvalorada por la sociedad. En esta etapa la tradición artesanal, se refugia en la tradición familiar, asociada en lo fundamental, a la capa más humilde.

En algunas zonas, portadoras de una arraigada tradición, como Jobabo, las labores de cestería eran practicadas en conjunto con otros géneros artesanales, unidos por las necesidades existentes entre los grupos que las practicaban.

Con el advenimiento del siglo XX, específicamente en 1898 se produce la introducción de capitales con la fundación de grandes emporios azucareros, como el Francisco en Amancio Rodríguez. Esto provocó que se llevara a cabo una expropiación forzosa de una suma considerable de campesinos de sus tierras, produciéndose uno de los mayores desalojos conocidos por la historia cubana. Un ejemplo lo constituye el de Las Maboas en el Francisco.

A pesar de estas dificultades en esta época se produce un auge en cuanto al movimiento artesanal, muy vinculado a las nuevas labores agrícolas que acompañaban la expansión de la industria azucarera; esto se hizo posible debido a la falta de mano de obra barata necesaria para garantizar el corte de caña y la fabricación del preciado dulce.

Al pasar el tiempo y con el objetivo de practicar algunas labores de azúcar, se produce una inmigración española, dentro de los que se encontraban árabes para el comercio, colombianos, coreanos, mexicanos, asiáticos para trabajar en las centrífugas del ingenio, armenios, entre otros, que al cruzar sus razas con la local, enriquecieron el mosaico cultural.

El sur de Las Tunas, que estaba poblado en su mayoría por campesinos alcanzó gran auge en varios géneros artesanales portadores de un carácter popular tradicional, dentro de estos se encuentra la cestería, género que se ha trasmitido de una familia a otra, de una generación a otra, y fue practicada tanto en el campo como en la ciudad. En estos momentos se desarrolló mucho el tejido con la fibra del yarey, utilizándolo en la fabricación de cestas, alforjas, escobas, y otros artículos. El tejido era considerado como un modo para sobrevivir.

Al respecto la artesana Elucrecia Leyva, recordando sus orígenes apunta:

En mi casa mis abuelos se dedicaban a tejer, fue entonces que mi mamá aprendió. Luego mis hermanos y yo también comenzamos a tejer, para ayudarlos a ellos, porque se vivían situaciones muy difíciles. Aquí tejemos jabas, escobas, pencas, sombreros, y otros objetos.

El artesano es el que busca los diferentes materiales que va a emplear para realizar sus trabajos y utiliza preferentemente los elementos naturales presentes en el medio en que se desarrolla. Además de que a la hora de comercializar estos objetos lo hacían por sí mismos. Corrobora estas ideas la entrevista realizada al artesano Rubén Medina Fuentes cuando expresa:

Desde que comencé a tejer, lo primero que hice fue sombreros y jabas de esta misma fibra. Los tiempos que se vivían eran muy duros y para ayudar a mis padres empecé a vender los artículos que hacía, las jabas me las compraban a 8 reales y los sombreros a 6 reales, que no era mucho, pero era algo que entraba a la casa. El yarey mi papá se lo compraba a un señor que tenía una finca y se dedicaba a este negocio, él lo vendía un poco seco y nosotros le hacíamos todo el proceso que lleva esta fibra antes de comenzar a tejer.

Refiriéndose a este tema la Instructora de Arte Sara Lai Monteagudo plantea:

En aquella etapa tan difícil que nos tocó vivir los artesanos se veían obligados a vender los artículos que confeccionaban, ya que este era un medio para lograr sobrevivir, casi siempre los vendían por encargos, el que los compraba era porque se dedicaba a revenderlos a un precio más elevado. Aquí había muchas personas que lo hacían, ya que no tenían ningún lugar donde ofertar estos objetos al pueblo.

Todos estos elementos antes mencionados no eran suficientes para que la producción artesanal existente en el sur de Las Tunas alcanzara una completa evolución en todos los ámbitos. Hacía falta mejorar en cuanto a las técnicas, a la obtención de nuevas formas de diseño, al empleo de otros materiales, con el fin de embellecer los objetos artesanales, objetos que además de poseer una utilidad práctica, son considerados como medio de expresión artística.

La época moderna irrumpió de forma violenta la tradición y se rompieron los límites que hubieran podido garantizar la continuidad en el desarrollo de hábitos y pautas culturales. Las labores domésticas, cargadas de valores estéticos, fueron relegadas de tal manera que hoy es casi imperceptible la necesidad de utilizar objetos tan necesarios como pencas, abanicos, sombreros, carteras, canastas, cestas, por sólo citar.

En cuanto a lo institucional, en el sur de Las Tunas no existía ninguna escuela pública donde los artesanos pudieran tener superación, ya que la que había quedaba muy lejos y muchos no tenían el dinero para pagarla. Estas eran privadas como el Colegio Victoria de Las Tunas, Verbo Encarnado y la Escuela del Hogar, dirigidas a la formación de valores en las señoritas de la clase media. Algunas entrevistas a los artesanos validan con sus testimonios la formación artesanal, dentro de los que se pueden citar:

La artesana Magdalena Causilla afirma:

Yo no tuve formación en ninguna escuela, aprendí con mi mamá y a ella la enseñó mi abuela. En aquellos tiempos no podía ir a ninguna escuela, ya que las que habían quedaban muy lejos y no teníamos el dinero suficiente para pagarlas. A mi me hubiese gustado mucho poder asistir a alguna escuela, pero no tuve esa suerte, tanto mis hermanos como yo tuvimos que aprender aquí en la casa con nuestros abuelos, padres, tíos y otras familias.

El artesano Esmeraldo Morales Aguilera plantea:

Mi papá fue el máximo responsable de que yo aprendiera a tejer, ya que desde que yo era muy joven me enseñó todos los procesos que se le realizan a las fibras antes de comenzar con el tejido. Además de que mi mamá también era tejedora y con ella aprendí mucho. Mis padres trabajaban juntos día y noche y siempre quisieron que yo asistiera a alguna escuela, pero por aquí no había ninguna, y las que estaban en Las Tunas me quedaban lejos y no teníamos el dinero que se necesitaba para eso, por eso los conocimientos los adquirí aquí en mi casa con ellos.

Con el triunfo revolucionario, la cestería trabajada por los sureños, alcanza una mayor connotación, esto se debe en lo fundamental, al vínculo que se establece entre las artesanías y algunas cuestiones trascendentales, que matizaban la vida del pueblo. Se comienzan a realizar labores de rescate de tradiciones, con el fin de que se produciera un cambio de concepción social ante el trabajo.

No se puede dejar de destacar que en el año 61 se llevó a cabo un movimiento con las mujeres y para ellas, que hasta ese momento no tenían vínculo laboral, con el fin de motivarlas a incorporarse a grupos de creación en artes manuales, alternativa para integrar a la mujer al movimiento revolucionario en diferentes esferas. En estos momentos se reiniciaba una nueva etapa de rescate, conservación y transmisión de las tradiciones artesanales. Este movimiento fue fuerte en municipios del sur, que en la actualidad mantienen vigente un fuerte quehacer artesanal.

Todas estas cuestiones fueron trascendentales en el movimiento artesanal que se mantenía vigente en el sur del territorio tunero, pero con las nuevas tareas económicas y sociales de la Revolución, se incorporan a ellas hombres y mujeres que hasta ese entonces solo se habían dedicado a la cestería, esto provocó el desvío de muchos artesanos de sus oficios, trayendo un parcial estancamiento en estos géneros artesanales.

El Estado cubano al percatarse de lo que ocurría comenzó a fomentar la creación de Talleres, fundamentalmente en Las Tunas, lo que no favoreció en gran medida a los artesanos cesteros del sur, ya que muchos de ellos no lograron vincularse a estos talleres, aunque no se puede dejar de decir que algunos artesanos se esforzaron y lograron incluirse. El taller tiende a la reiteración y fijación de prototipos que con frecuencia nada tienen que ver con la tradición, por lo que la artesanía popular se limitó a satisfacer necesidades de la población, los artículos que más se realizaban eran carteras, cestas, jabas, sombreros entre otros.

Ya en las décadas del sesenta y setenta se fomenta la artesanía con los conocimientos y valores adquiridos de épocas pasadas, pero se introducen nuevas formas, objetos y valores acorde con las necesidades que se tenían. Se desarrollan los Festivales de Arte Popular (1973,1974), y las Ferias Nacionales de Arte Popular (1978), con sede en las provincias de Ciego de Ávila Y Santi Spíritus.

Algunas de las entrevistas realizadas corroboran estas ideas, tal es el caso de las opiniones expuestas por la instructora de artes plásticas, Sara Lai Monteagudo cuando afirma:

Cuando se crearon las Ferias Nacionales de Arte Popular se logró la participación de varios artesanos y se obtuvieron hasta 7 premios nacionales, esta fue una de las oportunidades más significativas que tuvieron nuestros artesanos.

A partir del 66, se comenzaron a realizar en Las Tunas unas celebraciones populares que se mantienen vigentes hasta la actualidad y han sido uno de los escenarios donde los artesanos han logrado exponer sus trabajos. Las Jornadas Cucalambeanas que se realizan en el Cornito, con la finalidad de afianzar tradiciones y valores autóctonos del arte de nuestros campos, dieron la oportunidad de que se creara un lugar para el intercambio de la población con los artesanos, para que aquellos artesanos que no habían expuesto su obra lograran ser reconocidos.

Años más tarde se crea el Sistema Nacional de Casas de Cultura, a partir de estos momentos con las Casas de Cultura Cándido González, Sergio Reinó Reina y Perucho Figueredo, para los artesanos cesteros pertenecientes al sur de Las Tunas se presenta una nueva oportunidad, ya que con una Casa de Cultura en su propio municipio, les era mucho más fácil establecer relación con instituciones de este tipo.

Por esta misma etapa (1978) se funda el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FBC), institución del Ministerio de Cultura, encargado de la promoción y comercialización nacional e internacional de las artesanías cubanas. Algunos artesanos establecieron relaciones con el FBC, pero en el caso de los tejedores en fibras, esta institución no le propiciaba ninguna materia prima, por lo que era el artesano quien la buscaba. En estos momentos los artículos que más se realizaban eran: pequeñas cestas, jabas, cestos de ropa, cestas para frutas con tapas bien decoradas, pamelas, sombreros, entre otros objetos, todos con un alto nivel estético.

A partir de este momento se crea en cada uno de los municipios sureños una tienda de bienes culturales donde se ofertaban todos estos productos y artículos de arte y como norma cada tienda debía representar e identificar a los creadores de su localidad. A través de este medio se realizaban intercambios entre tiendas de otras provincias con el objetivo de que los artesanos vieran lo que se hacía en otros territorios.

En 1992 se funda en Las Tunas la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) con el fin de promocionar el trabajo de los artesanos y las artesanías artísticas, poniendo énfasis en el aspecto creativo. A partir de este momento se prepara una exposición con las obras de los artesanos que estuvieran interesados. La convocatoria fue a través de las casas de cultura, con el fin de integrar las filas de la ACAA. Se organizó una comisión para evaluar las obras, integrada por la Presidenta Nacional de la ACAA, la Vice-presidenta, otro miembro nacional y el director del Fondo de Bienes Culturales. En este evento participaron muchos artesanos, destacándose el municipio de Colombia. De esta manera fueron seleccionados los miembros de la ACAA.

Recordando lo sucedido Sara Lai Monteagudo expresa:

Cuando se es espectadora de un evento tan maravilloso como este, es imposible olvidarlo, los artesanos estaban llenos de alegría y entusiasmo, la participación fue masiva, vinieron artesanos de los lugares más intrincados para exponer sus obras, había muchas familias, madres, hijos, sobrinos, hermanos, tíos, fue un evento que además de servir para que se realizara la fundación de la ACAA en los municipios, sirvió para recocer la existencia de varios artesanos que por una u otra razón no estaban en contacto con las instituciones encargadas.

Sin lugar a dudas los años setenta y ochenta fueron momentos de pleno auge para la cestería en el sur del territorio tunero. Los artesanos tuvieron la oportunidad de participar en varios eventos y de exponer su obra en diferentes espacios creados con este fin. Pero los 90 provocaron un estancamiento en esta expresión de la cultura popular tradicional. Aunque cuando la economía cubana empieza a sentir los abatares del Período Especial, vuelven a ponerse en práctica nuevas experiencias permitiendo que un importante sector poblacional que perdía el empleo, producto de las contradicciones económicas, incursionaran en la artesanía.

Nuevamente la artesanía marcó el momento histórico por el que atravesaba nuestro país, pues se hizo necesaria la utilización de bolsos y jabas para cargar y trasladar productos, principalmente alimenticios, los trabajos de cesterías, fundamentalmente la confección de jabas, desempeñaron una importante función social.

Corrobora estas ideas el artesano colombiano Rubén Medina Fuentes afirma:

Para esta fecha yo no descansaba, a cualquier hora venía alguien a comprarme alguna jaba, las compraban de todos tamaños, aunque las que más salida tenían eran las más grandes. A veces hasta se parqueaba un carro aquí frente a mi casa de personas que venían de otros municipios a que yo les hiciera jabas.

Es de reconocer que la década del noventa, representara un estancamiento en esta expresión de la cultura popular tradicional. El sistema de símbolos de identidad construido alrededor de las familias fue deteriorándose para dar paso a nuevos conceptos de creación industrial. La sustitución de tiendas para la venta de artesanía por tiendas puramente comerciales y en moneda convertible ha incidido en los gustos estéticos de la población; así como la apertura de espacios para la venta de artesanía local pero en moneda convertible, a la cual no puede acceder la mayoría de la sociedad. A pesar de lo señalado, se mantuvieron los géneros artesanales reconocidos en el territorio como la cestería con tradición popular.

Actualmente por parte del Centro Nacional de Artesanía y la Casa Matriz del Fondo Cubano de Bienes Culturales organizan diversos eventos y ferias con categoría internacional, nacional y regional. Estos eventos se distinguen por la presencia de los artesanos reconocidos del territorio, fundamentalmente los que se dedican al tejido de la fibra o cestería.

El Salón de Artesanía Utilitaria, organizado por el FCB en las Tunas, que se realiza anualmente, alrededor de septiembre u octubre, constituye un proyecto, en el que se involucra el Fondo fundamentalmente partiendo de la creación del Centro Nacional de Artesanía con el fin de incentivar la producción de aquellos objetos que tradicionalmente fueron usados en los hogares.

Los artesanos cesteros de los municipios Amancio, Colombia y Jobabo, se encuentran inmersos en una labor que para ellos forma parte de su historia. Una labor que se desarrolla mediante todo el movimiento artesanal llevado a cabo en estos territorios, de cuyas manos nacen diversos tipos de objetos, en unos casos con la unidad de lo estético y lo utilitario, en otros con una evidente intención de expresar un contenido espiritual, o a través del dominio técnico y las posibilidades expresivas del material.

La cestería trabajada por los artesanos cesteros de la zona sur de la provincia de Las Tunas, posee características propias que la distinguen y diferencian de otras zonas de la provincia, dentro de estas las más representativas son:

 Dentro de los materiales más utilizados están el yarey, la anacahuita y el guaniquiqui, ya que estas son las fibras más representativas de la zona.

 Las técnicas más empleadas son el tejido directo, dentro de este el punto santo domingo, el tejido simple, sencillo, plano o punto damas y el conocido como plumilla; además de la técnica de las empleitas.

 Los objetos realizados se caracterizan teniendo en cuenta los diferentes tipos de cestería, dentro de los cuales están la cestería para la carga y el transporte, la cestería de uso doméstico y la cestería de uso personal.

Al transitar por los caminos del tejido de la fibra o cestería en el quehacer artesanal existente en los municipios del sur del territorio tunero se puede considerar que sus fines utilitarios y decorativos responden a las necesidades del hombre. Este género ocupa uno de los primeros lugares en la tradición artesanal, con el fin de mantener vigente las tradiciones heredadas de generaciones anteriores y de dar continuidad al proceso que se inicia en la base de la cultura popular tradicional.

Las tareas de cesterías constituyen en la actualidad una labor primordial para muchas familias, las cuales emplean como principal útil de trabajo las manos, donde se conjuga la función práctica con la belleza. Los artesanos cesteros del sur, protagonistas de un género de la artesanía popular que ha mantenido su vigencia a lo largo de la historia, llevan a cabo una labor basada en la memoria colectiva, como un elemento que se ha trasmitido de padres a hijos, de una familia a otra, de una generación a otra, imprimiéndole cada una su sello de distinción.

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