Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2011

ESTUDIOS SOBRE CIENCIA, TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD. RELEVANCIA DE ESTA INTERPRETACIÓN PARA CUBA



José Luis Montes de Oca Montano (CV)
joselmo@ucm.cfg.sld.cu




Ciencia, Tecnología y Sociedad transitan un mismo camino

Lejanos están los días en que la ciencia era una actividad de aficionados, dominada principalmente por la aristocracia o por una clase media recientemente incorporada que presionaba por su profesionalización.

La ciencia actual ha abierto sus ámbitos de influencia, así como los ambientes y modos en que se gestiona, recombina y difunde el conocimiento. No sólo se hace ciencia tras los muros de una universidad, laboratorio o instituto de investigación, sino también en clínicas, hospitales, empresas, en disímiles centros de trabajo y estudio, todo lo cual implica que los escenarios se multipliquen con igual intensidad con la que se diversifican los actores y público interesado.

Los estudiantes no siempre se sientan a esperar a que los fondos universitarios sufraguen sus gastos, o a que sus proyectos sean aprobados por los que en tales instituciones tienen el poder para decidir. Los procesos de miniaturización e integración de componentes electrónicos, han abaratado los costos de mucha de la actual tecnología comercial, esto facilita cierto nivel de soporte tecnológico y torna viables algunos proyectos, sobre todo los relacionados con la informatización y la inserción de plataformas colaborativas en Internet.

Los médicos no adoptan una postura pasiva en espera a que los conocimientos gestionados por encumbrados científicos lleguen para resolver problemáticas que les atañen directamente y afectan a diario, los ingenieros buscan alternativas y revolucionarias soluciones que pasan por las fraguas de la práctica e ingresan en el terreno de la innovación y las mega construcciones. Los gerentes y especialistas de mercado gestionan nuevas variantes para promocionar sus productos y servicios. Todos, absolutamente todos, publican, publican y publican sus nuevos hallazgos sobre temas de interés.

El nuevo conocimiento se fracciona, un segmento toma el oscuro camino de la apropiación privada del conocimiento. La otra parte, obtenida por mentes lúcidas y preclaras y por instituciones que persiguen algo más que el mero afán de lucro, llega a la mayoría en las más diversas formas: ya sea a modo de artículo científico, presente en revistas especializadas o de forma mucho menos ortodoxa, a través de blogs y plataformas de colaboración en línea. Estas más recientes formas de agregación de la materia denominada “conocimiento” se tornan cada vez más frecuentadas y comunes.

Los tiempos actuales están permeados de una abundante influencia de la ciencia y la tecnología en la sociedad. Las poblaciones humanas son testigos de un proceso galopante de polarización de la riqueza, provocado en gran medida por el fenómeno conocido como globalización mundial, globalización que utiliza como caballos de batalla a la ciencia y a la tecnología, potenciadores por excelencia del avance de las fuerzas productivas.

Como podemos apreciar la civilización que ha sido cuna y soporte de la ciencia y la tecnología ha sabido también permearla de sus defectos y tendencias, por lo que no es de sorprender que en la actualidad no pocos sectores de la sociedad expresen sus preocupaciones con respecto a las consecuencias negativas derivadas del desarrollo científico y tecnológico. En un número creciente de naciones tanto la ciencia como la tecnología se encuentran subordinadas a intereses exageradamente mercantiles y militares, esto ha originado fallas en el control tecnocientífico que han disparado sendas alertas centradas en la necesidad de una cierta dosis de control social.

En opinión de algunos autores, a partir de la etapa industrial que se inicia en 1945, se manifiestan ya algunos cambios significativos en la actitud de la comunidad científica y la sociedad ante el problema del desarrollo científico-técnico. Es aquí cuando surge el llamado período de alerta que se extiende hasta principios de la década del 60. Estos son años en los que los desastres nucleares y químicos, la carrera armamentista producto de la Guerra Fría, la guerra de Vietnam, las manipulaciones irresponsables de insecticidas y fertilizantes, entre otros sucesos, generaron una gran preocupación en el mundo académico y ésta inquietud se ha reflejado en la sociedad y persiste hasta nuestros días. (Hernández y Morejón, 2000)

Es este un contexto de marcada interacción, no siempre beneficiosa, entre ciencia, tecnología y sociedad en el que, como plantea Núñez Jover “se hace cada vez más claro que la ciencia y la tecnología son procesos sociales profundamente marcados por la civilización donde han crecido” razón por la cual “el desarrollo científico y tecnológico requiere de una estimación cuidadosa de sus fuerzas motrices e impactos y un conocimiento profundo de sus interrelaciones con la sociedad”. (Núñez, 2000)
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Montes de Oca Montano, J.L.: Estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad. Relevancia de esta interpretación para Cuba, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, mayo 2011, www.eumed.net/rev/cccss/12/

Estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad: Su amplia variedad de temáticas

Los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad constituyen, precisamente, un movimiento que centra su atención en la existencia de variadas interacciones entre estos tres elementos de vital importancia para el desarrollo y supervivencia de la humanidad.

Las consecuencias medioambientales y los aspectos sociales condicionantes del fenómeno científico y tecnológico constituyen temáticas de interés para estos estudios. Son analizados, además, aquellos valores sociales, políticos y culturales que afectan a la investigación científica y a la innovación tecnológica y cómo estas, al mismo tiempo, afectan a la sociedad, a la política y a la cultura.

Una gama de nuevos campos interdisciplinarios fueron puestos en marcha en la segunda mitad de los años sesenta con la ayuda de estudiantes y movimientos sociales de facultades de Estados Unidos, del Reino Unido y de Europa. Se iniciaron estudios feministas, que fueron vistos como asuntos relevantes que el plan de estudios tradicional no tenía en cuenta. Un amplio conjunto de especialistas versados en estos programas crearon los planes de estudio dedicados a explorar las cuestiones que surgían a través del análisis crítico de la ciencia y la tecnología, estos análisis tenían lugar desde una gran variedad de disciplinas (incluyendo la antropología, la historia, la ciencia política y la sociología).

Según Núñez Jover (Núñez, 2000), “el sentido que se le concede a los estudios CTS es diverso: unos autores parecen atribuirles sólo interés académico, otros le ven un lado práctico y tratan de utilizarlos con fines variados, como recursos de crítica social, como vehículo de renovación de los sistemas educativos y como fundamentos de políticas en ciencia y tecnología”.

Por naturaleza la perspectiva CTS se enfrenta a la visión tradicional o concepción heredada de la ciencia que emana del positivismo lógico, desde el cual se ve a la ciencia como un instrumento destinado al descubrimiento de nuevos conocimientos sobre la realidad, lo cual la torna fríamente neutral y objetiva. Toda mirada CTS es enfáticamente crítica en este punto, colocando al desnudo el error que implica subestimar el papel de los factores sociales en el desarrollo científico-técnico de cualquier país, lo cual proyectaría una imagen formalista y abstracta de la ciencia que conduce a una interpretación distorsionada de la realidad.

No estaría siendo justo si dejara de mencionar que aquellos autores que abordan con seriedad las temáticas CTS procuran aproximaciones imparciales y evitan en todo momento las dos actitudes sociales extremas y acríticas que en ocasiones se suscitan ante la ciencia y la tecnología, me refiero a la tecnofília y la tecnofobia. Según nos plantea Gordillo “los tecnófilos ven a la tecnología como la herramienta para cumplir sus sueños. Su mirada es totalmente optimista ya que las prótesis y los trasplantes son consecuencias de la misma. En cambio, los tecnófobos ven a la tecnología como la herramienta para producir monstruos que causan males y enfermedades deteriorando el medio ambiente”. (Gordillo, 2001)

Estoy de acuerdo con el texto de Gordillo, pues reconoce que a grandes rasgos, la tecnología puede aportar un alto grado de autonomía y confort pero muchos aspectos de ella generan ambigüedad a la hora de valorar situaciones cotidianas como el acceso a la información. Por ejemplo, al usar Internet podemos llegar a bajar datos, fechas, direcciones que nos facilitan acciones o nos sacan de situaciones problemáticas del día a día. Pero a su vez podemos pensar que esa información puede fácilmente ser accesada por un delincuente para quien Internet se convertiría en la herramienta que le facilito su búsqueda y ayudó a cumplir su delito. Lo mismo pasa con la biotecnología. Cuando se aplica a la ganadería o a la agricultura, ayuda a la producción e incrementa las ganancias económicas pero éstos proyectos biotecnológicos también traen aparejados riesgos al medio ambiente que afectan la salud humana.

Todo parece indicar que hacia la sociedad van dirigidas una buena parte de las ventajas y desdichas derivadas del uso de la ciencia y la tecnología, por ello debe ponerse en primer plano a la propia sociedad como protagonista en la orientación del desarrollo de las actividades tecnocientíficas, no obstante los planteamientos de evaluación de tecnologías que se iniciaron en los años setenta buscaron solamente el asesoramiento técnico por parte de expertos, acerca de las consecuencias sociales del impacto de nuevas tecnologías.

Más recientemente varios autores se refieren a ciertos modelos participativos que se han venido ensayando, sobre todo, en países industrializados, tales como audiencias parlamentarias, encuestas de opinión, audiencias públicas, paneles de ciudadanos y congresos de consenso, entre otros (Núñez y Macías, 2008). Estos modelos basan su razón de ser y sus bondades en el argumento de que la inclusión y la pluralidad deberían facilitar el emerger de nuevas ideas y significados. Si aceptamos que el conocimiento científico, como todo conocimiento, es falible y en gran medida sometido a las parcialidades de un contexto dado, es de suponer que sus aplicaciones puedan fallar o tener efectos indeseados o insospechados, por estas razones y para un mejor manejo de los riesgos científicos, los ciudadanos deben ser incluidos en la toma de decisiones técnicas, e incluso en la producción de conocimiento, considero lógico suponer que esta inclusión dará lugar a soluciones más respetuosas, eficientes y democráticas.

Gibbons, por su parte, se refiere a un “modo 2” de producción de conocimientos que en su opinión se utiliza para designar los cambios más recientes en la práctica científica y su relación con la sociedad (Gibbons, et. al, 1997). Según Jover, entre los atributos del “modo 2”, el definitorio y desencadenante de las restantes propiedades está el de ser un conocimiento “producido en el contexto de aplicación”, o sea, dirigido a satisfacer intereses prácticos. El mismo autor es de la opinión de que “tanto del lado de la oferta como del lado de la demanda, actúan diversos públicos, actores y organizaciones y por ello la producción del conocimiento puede originarse en una variedad de organizaciones e instituciones y no sólo en los clásicos laboratorios universitarios. Por eso, al caracterizar el modo 2 se habla de un conocimiento socialmente distribuido”. (Núñez y Macías, 2008)

Relevancia de los Estudios CTS para Cuba: Puntos de vista de un profesor.

El hábito no hace al monje, pero lo viste casi en todo momento. Como profesor me mantengo rodeado de estudiantes la mayor parte del tiempo, estos esperan que yo pueda aconsejarlos, instruirlos, orientarlos y hacia estos objetivos dirijo no pocos esfuerzos diarios. Por consiguiente es de esperar que mi primer pensamiento acerca de la utilidad que presentan para nuestra nación los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, valla dirigido a la educación de las nuevas generaciones.

Nuestros estudiantes deben comprender hasta qué punto el desarrollo científico-técnico ha puesto en juego la supervivencia humana. Las amenazas se expresan en el deterioro del medio ambiente, en las calamidades del subdesarrollo, en el agotamiento de los recursos energéticos, en el uso y manejo de la ciencia y la tecnología con fines no pacíficos e inhumanos; entre otras muchas amenazas. Estas realidades no pueden estar ausentes en aquellas asignaturas que versan sobre el uso de la ciencia, la técnica y la tecnología con fines médicos.

Para salvaguardar la vida de nuestros ciudadanos y de aquellos que en otras naciones necesitan de nuestra colaboración desinteresada, es preciso determinar con certeza las verdaderas implicaciones de nuestros actos. Es por ello que surge la necesidad de insertar cursos y programas en los diversos centros educacionales que propicien la enseñanza y aprendizaje de las ciencias, para que estos funjan como pilares de la renovación educativa, y para ello es preciso partir del papel fundamental que juega el enfoque Ciencia-Tecnología-Sociedad.

En lo particular, tengo el inmenso honor de participar en la formación de Tecnólogos en la Especialidad de Sistemas de Información en Salud, este profesional desarrolla sus habilidades en el campo de los Registros Médicos, la Estadística de Salud, la Información Científico-Técnica y la Informática de Salud, en la gerencia, diseño, implementación, explotación, procesamiento y salidas, referidas a los Sistemas de Información de Salud (SIS) y Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC), apoyando a los directivos y personal de la salud en las tareas inherentes a las mismas y colaborando con otras disciplinas en investigaciones de salud.

Sobre los hombros de quienes como yo se dedican a la formación de estos profesionales recae una enorme responsabilidad, nuestra batalla es ardua, tiene lugar en medio de carencias de todo tipo, pero el alumno que he mantenido vivo dentro de mí, recuerda y mantiene vivas las palabras de sus maestros, a propósito acuden a mi mente las palabras de Fidel con motivo del X aniversario de la Sociedad Espeleológica, el 15 de enero de 1960. En aquel histórico momento nuestro Comandante nos revelaba que "El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia…”. (Castro, 1960)

En mi opinión, los verdaderos hombres de ciencia no son ciegos replicadores de los últimos adelantos científico-técnicos preconizados por unas pocas trasnacionales ávidas de poder político y económico, definitivamente estos papagayos seudoconocedores no tienen cabida en nuestra sociedad ni serán jamás convertidos en factores activos de nuestras fuerzas productivas.

A propósito Núñez Jover nos plantea que “la educación en CTS persigue cultivar ese sentido de responsabilidad social de los sectores vinculados al desarrollo científico tecnológico y la innovación”. Núñez asegura que “[...] en Cuba no sólo hay conciencia del enorme desafío científico y tecnológico que enfrenta el mundo subdesarrollado sino que se vienen promoviendo estrategias en los campos de la economía, la educación y la política científica y tecnológica que intentan ofrecer respuestas efectivas a ese desafío [...]”. Este autor nos refiere que en nuestra nación “[...] existe una percepción ético política del trabajo científico que incluye la clara concepción de que el mismo se realiza, sobre todo, para satisfacer las necesidades del desarrollo social y la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. Esa percepción es compartida por los autores involucrados en los procesos científico tecnológicos y de innovación y tiene sus raíces en las transformaciones sociales que el país ha vivido y la ideología revolucionaria que lo ha conducido”. (Núñez, 2000)

Los hombres de ciencia que necesitamos para nuestro país deberán ser especialistas de perfil amplio, capaces de trabajar, estudiar y hacer ciencia en diversos escenarios y ambientes. Han de ser amantes del buen conocimiento, aquel que nos libra de dependencias tecnológicas nocivas y necesidades fabricadas a capricho. Profesionales que amplíen y democraticen la ciencia de nuestros tiempos y de tiempos futuros que ya no pertenecerán más que a nuestros hijos.

Me enorgullece ser una gota más del cemento que fragua el camino hacia la democratización de la ciencia en mi país, una ciencia humanista, más cuidadosa del medio ambiente y de la sociedad bajo la que se cobija.

Con semejantes propósitos el lugar del profesor se torna privilegiado, en nuestras manos está evitar que nuestros estudiantes vean a la ciencia y a la tecnología como factores desligados de la sociedad, sin apreciar el sutil entramado de consecuencias que se extienden desde un factor al otro, creo que este tipo de interpretaciones parcializadas de la realidad han causado ya demasiado daño.

BIBLIOGRAFIA

Castro Ruz, F. (1960). Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, primer ministro del Gobierno Revolucionario, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960. Disponible en: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f150160e.html.

Gibbons, M. et. al. (1997). La nueva producción del conocimiento. Barcelona: Ediciones Pomares Corredor.

Gordillo, Mariano M. (2001). De lo concreto a lo abstracto. Materiales para la educación CTS del Proyecto Argo. España: Grupo Norte.

Hernández de la Pedraja, M. y Morejón Hayes, A. (2000). La importancia de los estudios ciencia-tecnología-sociedad en la educación científica de los estudiantes. Revista electrónica de la Universidad de Ciencias Pedagógicas "Héctor A. Pineda Zaldívar", 15, 2. Disponible en: http://www.pedagogiaprofesional.rimed.cu/Vol5%20no2/Monyka.htm

Núñez Jover, J. (2000). La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la educación científica no debería olvidar.

Núñez Jover, J. y Macías Llanes, María E. (2008). Democratización de la ciencia y geopolítica del saber: ¿Quién decide? ¿Quién se beneficia? En Reflexiones sobre ciencia tecnología y sociedad lecturas escogidas. La Habana: Editorial Ciencias Médicas. p. 58.

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