Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2011

LA DIVERSIDAD DE LOS CONTEXTOS SOCIOCULTURALES EN EL PROCESO DE FORMACIÓN DE LOS PROFESIONALES A TRAVÉS DEL MÉTODO ETNOGRÁFICO FORMATIVO
 

Liana Fuentes Seisdedos (CV)
liafusei06@yahoo.es  liana.fuentes@gmail.com 
Katerine Regueira Batista
katerinerb@yahoo.com  katerinerb@ucp.ho.rimed.cu 

 

 

Resumen

El objetivo de este artículo consiste en la necesidad de relacionar los centros de educación con el marco contextual-comunitario ha sido una necesidad recogida en diversos estudios a nivel nacional e internacional. La Educación Superior Cubana y con ella el proceso de Universalización están inmersamente vinculadas con las instituciones sociales, tanto en su organización como en sus fines y objetivos específico. Por ello se presenta al hacer la educación como un proceso dinamizador y contextualizado, al desarrollar una “universidad en la sociedad y desde la sociedad”. Promover el método etnográfico formativo como trascendente en la formación de los profesionales, que parta del rescate de la cultura del contexto, la cultura universal desde una nueva interpretación de la realidad, con una ética individual y social de los valores socioculturales que actúan sobre el proceso de formación profesional, consecuente con los actuales retos de la Revolución del Conocimiento.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Fuentes Seisdedos y Regueira Batista: La diversidad de los contextos socioculturales en el proceso de formación de los profesionales a través del método etnográfico formativo, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, mayo 2011, www.eumed.net/rev/cccss/12/

“La sociedad urbana de la era de la globalización se caracteriza por una desigualdad sin movilidad, por una vida social en la que prevalece la inestabilidad y la inseguridad. [...] los jóvenes son los principales afectados y les acecha la exclusión. La violencia difusa que hoy se identifica con la vida cotidiana de muchas ciudades es más producto de la anomia que de la conflictividad social.” Borja. J (1996)

El proceso de inserción sociocultural de jóvenes marginales y carentes de vínculos laborales y educacionales ha sido un reto en la sociedad cubana actual desde la primera década del siglo XXI, consecuente con la Era de la Sociedad del Conocimiento.

En este reto la apropiación del conocimiento se desarrolla a través de asimetrías, pero la generación del conocimiento constituye el sustento de las transformaciones que en todo orden se tienen que producir en la Universidad, la que debe ser capaz de liderarlas, aunque las propias universidades requieren de reconocerse y replantearse como instituciones sociales obligadas a comprometerse con los cambios de la sociedad. Las consideraciones anteriores imponen una nueva visión del proceso de formación de los profesionales, con nuevos conceptos didácticos, que caractericen el desarrollo personal y profesional de los sujetos implicados, que se han de formar como ciudadanos comprometidos social y profesionalmente, flexibles ante los nuevos conocimientos y trascendentes en su medio, a través de una dinámica que se ha de sustentar en nuevas relaciones didácticas que se connotan desde un proceso contextualizado de interacción entre diferentes sujetos socializadores, inmersos en cambios que son inherentes al desarrollo creciente de la sociedad.

En consecuencia, la Universidad debe insertarse en un proceso de acceso y expansión que llegue a cualquier ciudadano, permitiendo la formación de una cultura universal; como una de las tareas más nobles y humanas, porque sin ciencia, arte, letras, tecnologías, tradiciones y utopías, tampoco existiría economía, producción, salud, bienestar, en síntesis, calidad de vida.

Por lo cual, en el marco educativo se dinamiza desde el proceso de formación de los profesionales en la Universalización. Donde el desarrollo y las transformaciones de la sociedad actual, la cultura se erige como un elemento esencial y puntal, teniendo como objeto de múltiples investigaciones y estudios teóricos de los procesos pertinentes a las ciencias sociales. Desde este enfoque, el estudio acerca de la cultura y sus procesos culturales hacen referencia a la dinámica de producción e interpretación desarrollada en este contexto, y a cómo esa dinámica altera el propio contexto, es decir la propia cultura.

Partiendo de la misma revisión bibliográfica de los estudios e investigaciones dedicados al campo antropológico, etnográfico y sociológico, autores tales como: S. Castro-Gómez (2000), C. Geertz (1973), F. Boas (1920), N. García Canclini (1973, 1991, 1995,1997, 2005), M. Harris (1981), Macías, R. (2003), J. Martín -Barbero (1998, 2002, 2004), S. Hall (1980, 1994), J. Valderrama (1998) entre otros, han asumido diferentes ópticas para determinar los rasgos más característicos que definen a la cultura, como el todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad.

Por otra parte, se incluyen todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida que son determinadas por dichas costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos que gobiernan la conducta, de igual manera es comprendida como la expresión de relaciones establecidas entre los hombres, con sus semejantes y con el entorno en que se desarrollan, ocurre en determinadas condiciones de tiempo y espacio y donde existen elementos que pueden agrupar las esencias culturales como son “los símbolos, códigos e imaginarios. “(...) La idea de cultura, bajo esta concepción antropológico-cultural, se refiere pues a todo aquello - conocimientos, valores, tradiciones, costumbres, procedimientos y técnicas, normas y formas de relación... que se transmite y adquiere a través del aprendizaje." N. García Canclini (1991:31)

Por ello, los estudios socioculturales deben ser comprendidos y estudiados desde el reconocimiento de que el desarrollo de la cultura de los hombres y su progreso social está íntimamente vinculado con el rescate de sus tradiciones, raíces históricas y sociales, en un proceso en que a partir de la contextualización cultural, los hombres se reconozcan y construyan las transformaciones de la propia cultura. En una época de tránsito hacia el paradigma que impone la globalización y con los retos de las tecnologías de la información y la comunicación, el rescate de las raíces se convierte en un tema de alta prioridad y en ello se sustentan los estudios culturales.

Desde la década de los noventa ocurren múltiples y diversos fenómenos y procesos socioculturales que deben ser estudiados para así llegar a la búsqueda de su esencia, lo que permitirá revelar las amenazas y problemáticas que de ellos se derivan y afectan a los países, muy en particular a los del Tercer Mundo. Se parte de la conciencia y la sensibilidad que se ha venido desarrollado en relación con los tiempos caracterizados por la influencia primero de la Revolución Científico - Técnica, el Postmodernismo y el desarrollo tecnológico hasta los días actuales en que emerge con gran incidencia la Globalización y la Revolución del Conocimiento.

La globalización, como una forma de dominación y sometimiento entre los países capitalistas del primer mundo sobre los países subdesarrollados, además de las tendencias actuales “...de los supe monopolios a transnacionales, la economía mundial y por ende el ganar espacios de mercado, constituyen una seria amenaza para las grandes mayorías por las repercusiones que tienen no sólo en la esfera económica sino en los aspectos sociopolíticos y socioculturales”. N. Moya (2000; 558)

Como consecuencia de estos procesos, se produce la pérdida de la transmisión de los valores, códigos, símbolos y tradiciones socioculturales que identifican a los pueblos, que van hacia el camino del retraso y la ceguera frente a un mundo en constante movimiento y centrado en el campo de la informática y la tecnología, también al dominio centralizado de los medios de comunicación, lo que hace privar la gracia de símbolos culturales relacionados con un territorio, un pueblo y sus costumbres.

En el corriente siglo XXI, como plantea N. Moya (ídem) “... estamos viviendo un nuevo sofisticado proceso de desculturación...”. El mismo puede ser entendido como un desarraigo de la cultura nacional, al ser expandida de forma desmesurada a otras creaciones culturales, que debido a los intereses económicos y comerciales de los grupos de poder financiero las imponen sobre las genuinas tradiciones culturales de los países.

La problemática cultural para los estudios culturales o socioculturales está encaminada en buscar la armonía entre los valores culturales nacionales con los universales, teniéndose en cuenta las esencialidades de cada cultura. En ese sentido M. Wolf (1987) señala que “... para los estudios culturales la cultura no es una práctica, ni es simplemente la descripción de la suma de hábitos y costumbres de una sociedad. Pasa a través de todas las prácticas sociales y es la suma de sus interacciones, donde su objetivo está en definir el terreno de análisis conceptualmente importante, pertinente y teóricamente fundado”.

Por ello, desde una visión genérica, la cultura es universal por ser el equilibrio entre lo práctico- espiritual de los hombres al conocer otros valores culturales sin obviar su propia idiosincrasia e identidad cultural, que al final puede conducir a una pérdida de la fidelidad y amor a las más auténticas tradiciones y costumbres de los grupos sociales, comunidades y regiones, anulándose o destruyéndose la convicción de la existencia esencial de la cultura, la identidad de los pueblos y del hombre mismo.

El Postmodernismo, como otra de las tendencias actuales y en relación con la cultura, tiene otra connotación producto a la diversidad de géneros o expresiones socioculturales, por lo que se puede decir que la cultura postmoderna se vuelca hacia el “multiculturalismo o pluriculturalismo”, donde no existen las fronteras entre las diversas culturas y subculturas de una misma región, es como plantea A. Finkielkraut (1987), “ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni inversión, ni belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres diferentes e iguales. La democracia que implicaba el acceso de todos a la cultura, se define ahora por el derecho de cada cual a la cultura de su elección.”

Las concepciones postmodernistas evidencian un peligro para la región de Latinoamérica, al “…aparecer al menos dos vertientes fuertemente diferenciadas. Una de ellas, refiere al tratamiento de los "síntomas" de lo postmoderno, sus manifestaciones culturales: remite principalmente al análisis de las nuevas sensibilidades, los modos de constitución de las identidades, la licuación de las tradiciones”. La otra, se ubica más bien en el plano de la filosofía a secas, o de la filosofía política: intenta tipificar en términos teóricos el significado de los nuevos tiempos históricos.” R. Follari (2000)

De esta manera y para contrarrestar las concepciones postmodernistas, el logro fundamental está en la identificación, el reconocimiento y la unidad sociocultural, el hombre de la Era postmoderna, se aísla por estar centralizado en los comportamientos y fundamentos axiológicos de este tipo de sociedad, provocando que los valores éticos y estéticos de la sociedad moderna vayan desapareciendo. El hombre postmoderno está inmerso en los avances tecnológicos y como sujeto moral ya no tiene con quien interactuar e intercambiar la cultura contemporánea con otros hombres.

Por ello, considerando al postmodernismo desde lo más significativo para el ámbito sociocultural, es defender la identidad y autenticidad, de los valores culturales como el camino hacia una proyección universal de reconocer una civilización superior al preservarse las riquezas del patrimonio nacional y universal.

En Latinoamérica, diversos investigadores han contribuido a darle gran relevancia a los estudios culturales latinoamericanos realizados en el campo de la cultura y con ello, los “estudios culturales o socioculturales” que estuvieron influenciados y fundamentados a través de las experiencias aportadas por los movimientos o procesos sociales, recogidos en los trabajos investigativos desarrollados en la escuela británica sobre la inserción de los medios de comunicación en las dinámicas de la cultura contemporánea y la relación de las culturas juveniles con las industrias culturales y las transformaciones de la ciudad.

J. Martín -Barbero, F. López de la Roche (1998:13) En ese sentido los estudios desarrollados por los analistas del campo de la comunicación y la cultura, tales como: S. Castro-Gómez (2000), N. García Canclini (1991,1995, 1997), C. García-Bedoya, (2001), R. Grandi (1995), J. Martín-Barbero (1998, 2002, 2004), B. Sarlo (1997), J. J. Brunner (1993) y R. Follari (2001,2002), J. Jaramillo (1998), N. Richard (1998), entre otros analistas del campo en la región, han contribuido “...al desbloqueo de las ciencias sociales y los estudios humanísticos para pensar de manera maniquea y con la necesaria distancia de las visiones demonizantes, pero también de las políticamente ingenuas, la cultura de masas, la globalización cultural y comunicativa, la industrialización de los bienes simbólicos, su papel en la vida cotidiana [y] en la organización del tiempo de la diversión y el ocio, la publicidad y sus implicaciones culturales y valorativas, así como la reestructuración de culturas e identidades nacionales en las condiciones de la globalización.” J. Martín -Barbero, F. López de la Roche (1998:17)

En el marco latinoamericano se encuentra Cuba donde investigadores tales como F. Ortiz (1963), R. Fernández Retamar (2000), A. Hart (1978), P. Guadarrama (2000, 2002), I. Monal (2000), A. Delgado (2000), J. Ramírez (2000), entre otros, la han caracterizado como un mosaico de heterogeneidad cultural debido al pluralismo de sus tradiciones y costumbres más autóctonas, en los cultos sincréticos y religiosos, que lo convierte en ser representante genuino de un proceso de transculturación que se ha ido conformando desde el siglo XVI hasta la contemporaneidad.

El proceso sociocultural en Cuba no se desarrolla en las esferas elitistas como ocurren en Latinoamérica, donde se evidencian problemas entre los diversos sectores sociales con sólidos y fuertes arraigos étnicos y culturales, como los grupos amerindios, los campos populares- urbanos y la elite citadina. En Cuba ocurre lo contrario, al presentar manifestaciones y rasgos de heterogeneidad cultural como resultado del proceso de transculturación, donde las expresiones y manifestaciones culturales se propician desde las propias familias, los diferentes grupos sociales, barrios y comunidades, constituyendo espacios de tramados socioculturales de cada región, para sí propiciar una cultura nacional que se resumirá en una identidad nacional o cubanía.

En este sentido, la comunidad ocupa un lugar privilegiado dirigido a ser un espacio de intercambio sociocultural entre el hombre y el contexto en que se desarrolla. Este intercambio está direccionado hacia la sostenibilidad y la gestión de los procesos sociales y culturales que se manifiestan en cada comunidad donde”... porta y genera valores particulares de la cultura que identifican a sus miembros; la autoconciencia de estas características... constituye su identidad" (L. Tejeda del Prado 1999:125)

Siendo consecuente y reafirmando lo anteriormente planteado, se hace necesario desarrollar los Estudios Socioculturales en Cuba, pero como una nueva propuesta de carrera transdisciplinar de la Educación Superior Cubana actual; sin embargo se convierte en una disciplina integradora de contenidos de otras disciplinas relacionadas con las carreras de Letras (Filología), Historia del Arte, Historia, Sociología y Ciencias Sociales y al mismo tiempo, complementa la formación de profesionales del sistema de cultura y turismo que no poseen este perfil en la Educación Superior.

La carrera Estudios Socioculturales aboga por el trabajo sociocultural, donde está encaminada a la formación de grupos especializados dentro de la comunidad para la participación en los controles y transformaciones que se dan en la cotidianidad para poder participar en la toma de decisiones sobre política y estrategias culturales, para así promover la creatividad y la participación ciudadana. También, plantea que el modo de actuación de estos profesionales en su desempeño sociocultural, está dirigido a la investigación social, promoción, animación, gestión cultural y turística, entre otros.

Aun cuando la carrera de Estudios Socioculturales no presenta antecedentes en la Educación Superior Cubana, en el ámbito internacional y fundamentalmente en América Latina han tenido tradición y repercusión y como se expresa por A. Ochoa (1998:185) los estudios socioculturales “surgen y funcionan como espacios para ampliar el marco de reflexión sobre los problemas concretos de la sociedad en la que se inscriben”.

En este sentido, la carrera estudios socioculturales como disciplina que estudia la sociedad y los hombres en su relación con el contexto cultural, debe partir de una historia local y no de una teoría estable dada en los marcos académicos, por lo que su significado está en el nexo de estos estudios con el autodesarrollo o desarrollo sostenible de las propias comunidades y la relación entre lo universal, nacional y local de los mismos.

El estudio de las comunidades y su cultura adquieren en la actualidad un lugar privilegiado en los diferentes países latinoamericanos y hoy día en Cuba, lo que se fundamenta en la importancia que se le otorga al sujeto y a los distintos grupos sociales en el ámbito comunitario, comprendido como un espacio de construcción de significados y sentidos, generando en los sujetos implicados un nivel de socialización, de desarrollo individual, lo que se refleja en su modo de pensar y actuar, en los modelos individuales de conducta y de reacción ante diversas situaciones. De igual manera se reconocen las potencialidades que tienen estos estudios para responder a lo que hoy se denomina el desarrollo autosostenido y autogestionario.

Por otra parte, desde las concepciones de la sociología marxista, el hombre es considerado un ser o ente social, el cual convive y se desarrolla en comunidad formando ésta parte sustancial de la existencia misma del hombre, y desde la literatura especializada aparecen numerosas definiciones sobre Comunidad que la definen diversos autores, como un fenómeno multidimensional donde intervienen aspectos geográficos, sociológicos, naturales, territoriales, políticos, culturales y sociales que deben ser conocidos, respetados e integrados para hacer de la localidad un organismo social eficiente y efectivo en lo material y espiritual. De igual manera constituyen grupos de personas que comparten un territorio, tareas, actividades comunes, con rasgos culturales similares, de comportamientos, sentimientos de ciudadanización y niveles de organización que les permita interactuar como un tramado de relaciones sociales donde el sentido de pertenencia, identificación y arraigo adquieren una validez de suma importancia.

De esta manera, la esencia de la carrera Estudios Sociocultural es proponer una nueva interpretación de la realidad, con una ética individual y social de los valores que actúan sobre la cultura. Esta nueva interpretación se concibe desde una óptica de análisis sociocultural de los movimientos y procesos culturales de la sociedad, revelando el conocimiento tácito de las diferentes culturas que se traman en esa sociedad que son objeto de estudio. Es necesario también el conocimiento de las disciplinas de las ciencias sociales y humanísticas, al tener cada una sus particularidades, conceptos, y enfoques respecto a la sociedad, la cultura, los hombres y sus costumbres. A. Ochoa (1998).

En ese sentido reconocer el contexto como una totalidad, de igual forma sus realidades y relaciones que se sustentan en las convicciones y el conocimiento tácito de sus actores en cuanto a las tradiciones, roles, valores y normas del ambiente en que viven los sujetos se van configurando paulatinamente en estos, como síntesis holística y generan comportamientos en estos sujetos, por lo que si son revelados y expresados en regularidades y relaciones, permiten comprender, sistematizar, explicar e interpretar el comportamiento individual y grupal, en aras de su transformación social.

Por lo que se hace necesario abordar el estudio de estas relaciones entre los sujetos y la comunidad desde una investigación etnográfica, en la cual se valora, se describe y se reconstruye los escenarios reales a través de una lógica implícita en las etapas de la etnografía y en la relación de las categorías que se revelan en el propio proceso de la investigación cualitativa, esencialmente hermenéutica, lo que propiciaría transformar la propia realidad en un proceso de desarrollo humano ascendente, pues la realidad que se estudia es la vida de los hombres y mujeres, el ámbito en el que se desarrolla esta vida y todo aquello con lo que se relacionan, lo que implica el saber de dónde se viene, donde se ésta, a dónde se quiere ir y cómo hacerlo.

Desde la perspectiva etnográfica se interesa recuperar las dimensiones culturales y sociales del sujeto, subrayar la importancia de reconstruir los procesos sociales implicados en el quehacer educativo, intentando incorporar el carácter constructivo del trabajo conceptual y analítico desarrollado en cada caso durante su proceso de formación en la carrera de Estudios Socioculturales.

En ese sentido reconocer el contexto como una totalidad, de igual forma sus realidades y relaciones que se sustentan en las convicciones y el conocimiento tácito de sus actores en cuanto a las tradiciones, roles, valores y normas del ambiente en que viven los sujetos se van configurando paulatinamente en estos, como síntesis holística y generan comportamientos en estos sujetos, por lo que si son revelados y expresados en regularidades y relaciones, permiten comprender, sistematizar, explicar e interpretar el comportamiento individual y grupal, en aras de su transformación social.

Por lo que se hace necesario abordar el estudio de estas relaciones entre los sujetos y la comunidad desde una investigación etnográfica con carácter formativo, en la cual se valora, se describe y se reconstruye los escenarios reales a través de una lógica implícita en las etapas de la etnografía y en la relación de las categorías que se revelan en el propio proceso de la investigación cualitativa, esencialmente hermenéutica, lo que propiciaría transformar la propia realidad en un proceso de desarrollo humano ascendente, pues la realidad que se estudia es la vida de los hombres y mujeres, el ámbito en el que se desarrolla esta vida y todo aquello con lo que se relacionan, lo que implica el saber de dónde se viene, donde se ésta, a dónde se quiere ir y cómo hacerlo.

Desde la perspectiva etnográfica formativa se interesa recuperar las dimensiones culturales y sociales del sujeto, subrayar la importancia de reconstruir los procesos sociales implicados en el quehacer educativo, intentando incorporar el carácter constructivo del trabajo conceptual y analítico desarrollado en cada caso durante su proceso de formación.

De esta manera el Método Etnográfico Formativo constituye un método didáctico sustentado en las características propias de la Etnografía y con el desarrollo de eventos propios de los procesos formativos, esto es de la Didáctica, se ha concebido en la formación de profesionales en estudios semipresenciales, pero es factible y apropiada su aplicación cuando se trate de grupos de personas desvinculadas de los estudios por diversas causas, donde su contexto cultural puede influir como factor que propicie la motivación al estudio, al tener una incidencia en su vida laboral y social. En general también se puede desarrollar en aquellos grupos de estudiantes que comparten o se guían por formas de vida y situación que los hacen semejantes, como los artesanos, trabajadores de un sector productivo o de servicios, personas que viven en sitios aislados o en algún tipo de reclusión, entre otros.

De tal consideración se sustenta el planteamiento de que los miembros de un grupo étnico, cultural o situacional comparten una estructura lógica o de razonamiento que, puede o no ser explícita, pero que se manifiesta en diferentes aspectos de su vida y les permite sistematizar el contenido de la cultura desde los propios referentes culturales. Constituyen grupos sociales, complejos de estructuras dinámicas, que al ser reveladas en el proceso formativo permiten soportar su formación autogestionada, construyendo con ello su proyecto personal de formación profesional.

El proyecto de formación profesional personal emerge de la propia realidad del contexto social y cultural de cada estudiante y la etnográfica permite revelar dicha influencia y con ello poder desarrollar el proceso formativo su estructura, su función y significado.

El método se conforma por un sistema de procedimientos que se determinan en la unidad de los criterios etnográficos y los eventos didácticos.

Se requiere la integración de los criterios etnográficos con el desarrollo de los eventos didácticos propios de los procesos de formación de profesionales en la semipresencialidad, los que determinarán el sistema de procedimientos que se desarrollan, dependiendo de las condiciones concretas del proceso, en una estructura de técnicas que dinamizan y tipifican las etapas del proceso formativo que se desarrollan según la lógica propia de la etnografía.

De igual forma se incorpora la consideración de los denominados eventos didácticos con la precisión de los procedimientos, formas e instrumentos didácticos que en dependencia del contenido, las condiciones concretas del proceso y de los actores implicados.

Aplicación del método etnográfico formativo Los criterios generales para aplicar el método etnográfico formativo, se especifican las condiciones que permiten aplicar lo etnográfico y los eventos didácticos contextualizados se consideran y constituye la existencia del objeto (proceso de formación semipresencial de los profesionales) en un espacio y un tiempo, en el que se alcanza un objetivo o propósito y donde se desarrolla una actividad humana formativa y en la que están identificadas determinadas acciones de carácter formativo, encaminadas a la comprensión, sistematización, generalización y motivación de los contenidos a través del método, en la contradicción que dinamiza el proceso.

El método se sustenta en rescatar las experiencias de los estudiantes a partir de su contexto según los criterios y condiciones en que viven y que deben ser precisados, ya que ello lo distingue notablemente de otros métodos formativos, aun cuando sean participativos. Permite la valoración por parte de los propios actores del proceso de formación, con lo que adquiere una relevancia especial las técnicas de la observación participante, en el rescate de sus experiencias, la realización de proyectos individuales o por pequeños grupos, los debates sobre los contenidos, los encuentros en lugares y espacios en el contexto social, abiertos a la diversidad de situaciones, elaboración de valoraciones de observaciones participantes, el estudio y valoración de documentos y artefactos de la cultura, la elaboración de ensayos sobre temáticas comunes, entre otros.

Los principales criterios del Método Etnográfico Formativo son las siguientes:

1. El contenido del proceso de formación se determina de la cultura del contexto y la cultura universal, pero el proceso no puede ser comprendido fuera del espacio tiempo del contexto en que se desarrolla.

2. El profesor se convierte en el principal propulsor de sus estudiantes en el reconocimiento de su realidad cultural y social, en el sentido de que cada estudiante se trace su propio proyecto de formación profesional.

3. Incorporación del conocimiento tácito, es decir, el correspondiente a intuiciones, aprehensiones o sentimientos que no se expresan de forma lingüística, pero que se refieren a aspectos conocidos de algún modo y que están presentes en el diálogo.

4. Los temas de trabajo en las asignaturas son propuestos por los propios estudiantes, según sus intereses y motivaciones.

5. La teoría se genera a partir de los trabajos contextualizados en una realidad concreta, no partiendo de generalizaciones y por el contrario de la reflexión de los estudiantes y profesores, en el diálogo y la consulta «a priori».

6. Se desarrolla con grupos de estudiantes pequeños en el sentido que permitan el diálogo y la reflexión de los proyectos contextualizados en que se desarrollan.

7. Es necesario distinguir o contrastar las experiencias de los diversos estudiantes sobre una determinada temática en la que cada uno propone sus alternativas.

8. El profesor, aunque actúe en calidad de consejero y sea un experto, debe hacer entender que está para compartir y aprender de la reflexión del grupo y para conocer de las experiencias de los estudiantes en el contexto.

9. El profesor nunca se identificará con una parte o grupo de ese contexto, sino que tratará de percibir cómo se proyectan los estudiantes, lo cual le permite jugar el rol de guía y de promotor de la autoformación de los estudiantes.

10.Se propiciará el surgimiento de promotores y que lideran equipos de trabajo en la solución de determinados temas.

11.Ante una situación o determinados contenidos se promoverán estudiantes con diversas posiciones que aporten versiones diferentes sobre la misma temática. Se propicia la constatación, corroboración, empleo de técnicas de triangulación combinación de diferentes métodos y fuentes de datos), entre otros con lo que se propicie la autoformación y el diálogo o consulta.

En los eventos se introducen determinados procedimientos, formas e instrumentos didácticos en dependencia de la naturaleza del contenido desarrollado, las condiciones concretas del proceso y de los actores implicados.

El sistema de procedimientos del Método Etnográfico Formativo se constituye en una lógica que permite transitar desde el reconocimiento de la realidad contextual de donde emerge la comprensión de las necesidades y posibilidades culturales que dinamizan la sistematización del contenido en el proceso formativo que parte precisamente de ese contexto, hasta generar un proceso de transformación en los estudiantes, actores de su propia transformación en la construcción de proyectos contextualizados que se integran, propiciando la construcción del proyecto de formación profesional personal como autodesarrollo del estudiante.

Se estructura según la lógica de los estudios etnográficos y con el desarrollo de los eventos didácticos en tres etapas, que se identifican con el reconocimiento, la transformación y la integración, en cada una de las cuales se desarrollan técnicas y estas a su vez, se estructuran en procedimientos.

Se integran los criterios etnográficos en el desarrollo de los eventos didácticos propios de los procesos de formación de profesionales en la semipresencialidad, lo que permite que en dependencia del contenido, las condiciones concretas del proceso y de los actores implicados, se determinen los procedimientos específicos de las diferentes técnicas que conforman el Método Etnográfico Formativo.

A modo de conclusión, podemos plantear que el método se sustenta en rescatar las experiencias de los estudiantes a partir de su contexto según los criterios y condiciones en que viven y que deben ser precisados, ya que ello lo distingue notablemente de otros métodos formativos, aun cuando sean participativos. Permite la valoración por parte de los propios actores del proceso de formación, con lo que adquiere una relevancia especial las técnicas de la observación participante, en el rescate de sus experiencias, la realización de proyectos individuales o por pequeños grupos, los debates sobre los contenidos, los encuentros en lugares y espacios en el contexto social, abiertos a la diversidad de situaciones, elaboración de valoraciones de observaciones participantes, el estudio y valoración de documentos y artefactos de la cultura, la elaboración de ensayos sobre temáticas comunes, entre otros.

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