Contribuciones a las Ciencias Sociales
Marzo 2011

LA CULTURA DEL DETALLE

 

Ernan Santiesteban Naranjo
Kenia María Velázquez Ávila
ernansn@ult.edu.cu


 

RESUMEN: El presente artículo trata sobre la cultura del detalle, donde se define y describe este concepto y se revela la necesidad de la búsqueda constante y la lucha continua por su perfeccionamiento

PALABRAS CLAVES: cultura, detalle, perfeccionamiento.

ABSTRACT: This article deals with the detail culture, where it is defined and described such a concept, and it is revealed the necessity of the constant searching and continuous struggle for its improvement.

KEY WORDS: culture, detail, improvement.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Santiesteban Naranjo y Velázquez Ávila: La cultura del detalle, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, marzo 2011, www.eumed.net/rev/cccss/11/

INTRODUCCIÓN

La cultura resulta ser uno de los aspectos más importantes en los proyectos sociales de transformación revolucionaria de la sociedad. Cuando se habla de construir una nueva sociedad y de las vías que se deben emplear para lograrlo no se puede dejar de tener en cuenta la importancia que lo cultural tiene para ello. Hoy, cuando se habla de “Batalla de Ideas” y de construir una sociedad más justa y cualitativamente superior, se enfrentan retos que implican transformar revolucionariamente la cultura como medio de transformación de la sociedad misma. De ahí, la necesidad de potenciar la cultura del detalle como parte de la cultura general integral.

MATERIALES Y MÉTODOS

Análisis y crítica de la fuente, análisis-síntesis, y triangulación de datos e información. Se analizó el Sistema Computarizado de Contenidos Actuales (Current Content), las microfichas, revistas especializadas. Se analizaron también los textos que aunque tienen varios años de publicación constituyen obras clásicas sobre el tema.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Si la cultura en general es el alma de la nación, a través de la cual se expresan sus sentimientos, intereses y aspiraciones comunes más elevadas, la cultura popular es el rostro de cualquier comunidad humana, es el factor identitario más importante y definitorio que la caracteriza y distingue de toda la diversidad y riqueza del entramado social.

El grado de cultura, la elevación alcanzada por cualquier comunidad en este sentido se observa de manera directa e inmediata por lo que se denomina cultura del detalle.

Cultura del detalle es un determinado modo de vida en el que prevalece la búsqueda constante y la lucha continua por el perfeccionamiento humano. Es planificar, prever, anticiparse, evitar lo negativo o neutralizar sus efectos, es provocar la ocurrencia de lo positivo, lo bueno y lo agradable. Es hacer en cada momento y lugar lo que cada momento y lugar exigen; es decir sin palabra ni punto de más ni de menos lo que hay que decir; es el acercamiento cada vez más a la exactitud.

Cultura del detalle es desterrar la banalidad, la improvisación, la imprevisión, el desorden y el descuido. Es el cuidado, conservación, mejoramiento y embellecimiento de los recursos y medios de que nos valemos y nos servimos.

Es la excelencia en la presentación y calidad del producto que se elabora y en la prestación del servicio que se ofrece; es el esmero por hacer sentir bien e importante a los demás. Es el reto ante las dificultades, la búsqueda de soluciones más efectivas, duraderas y racionales.

Es el deber que se tiene de ser agradable con los demás, de embellecer el entorno. Es la palabra oportuna y precisa: esa que salva, que fortalece, que ilumina. Es el gesto amistoso, la mirada piadosa, la reparadora sonrisa.

Es el trato respetuoso, considerado y cortés con las demás personas. Es aplicar la regla de oro en las relaciones sociales: no hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti mismo.

Es lograr la elegancia en el comportamiento, en el vestir, en las relaciones humanas; es elegir el adorno preciso, el decorado propio para cada ocasión.

Es la capacidad de mirar y ver donde los demás no ven nada; es mirar cada día las cosas de forma distinta; es romper con la rutina, hacer lo mismo siempre y de forma diferente.

La cultura del detalle se alimenta con la reciprocidad, por ejemplo: el hombre que presta un servicio de excelencia, necesita del reconocimiento y estimulación constantes, por cuanto, los seres humanos necesitamos de esa aprobación y aprecio social. De ahí que la cultura del detalle no se pueda identificar con un hecho, ni con una acción, es, además de una conducta, un proceso dinámico y participativo, no puede ser estático; ya que lo que hoy es novedoso, mañana es cotidiano y pasado rutinario, y por tanto, deja de ser una distinción merecedora de la admiración y el premio.

La cultura del detalle es la base, el principio y el alimento de la amistad y del amor; sin los detalles no es concebible la materialización de estos sentimientos humanos. Es hacer de cada acto de la vida un regalo a la felicidad propia y ajena. Es el constante descubrimiento del deseo ajeno, la lucha por la satisfacción de las necesidades y gustos de los seres que se aman, sin que ello implique riesgos que pongan en peligro la educación e integridad de la persona amada.

Es saber descubrir y tocar la fibra más sensible para fortificar el alma; es ver la grandeza humana a través de sus detalles. Es mirarse por dentro y encontrar las propias imperfecciones y hacer el propósito de elevarse para ser cada día mejor.

La ciencia no podría avanzar sin la existencia de hombres con sentidos capacitados para percibir los detalles. Los más grandes descubrimientos se han hecho a partir de la percepción y análisis de pequeños detalles. A través de ellos se arriban a grandes conclusiones en todos los ámbitos de la vida.

La naturaleza está conformada de pequeñas partículas y la vida en ella es un complejo sistema de detalles. Sobre este particular el J. Martí (2, VII, 224) precisó: “(...) en la fábrica universal no hay cosa pequeña que no tenga en sí todos los gérmenes de las cosas grandes”.

Cultura del detalle es mostrarse tan alto y fuerte como el más alto y fuerte de los hombres, y tan pequeño, humilde y sencillo como el que más, también. Este sistematización de valores significa saber encontrar el equilibrio en todo y ser en todo equilibrados, es no dejarse llevar por apariencias; es saber encontrar las causas para saber explicarnos los fenómenos, los hechos y las conductas. Es comprender la armonía en la naturaleza y en la sociedad, y orientarse en el eterno e infinito sistema de contradicciones que en ellas prevalece.

“Detalle” no siempre significa pequeño e insignificante, pues en la medida en que aumente nuestra cultura, esos que hoy son considerados detalles, irán convirtiéndose progresivamente en importantes factores de las vidas, sin consideración de los cuales será incómoda y pobre la existencia. “Cuando lo pequeño e insignificante deje de existir, -dijo J. Martí- lo grande y virtuoso perderá fuerza”.

No se trata ahora de atender al detalle en detrimento de lo macro, pues ambos lados del asunto son igualmente importantes, por eso, al referirse al campo del conocimiento, J. Martí (2, VIII, 154) ponderó ambos aspectos en pareja significación cuando dijo: “Unos perciben la composición del detalle, y son los que analizan, y como los soldados de la inteligencia; y otros descubren la ley del grupo, y son los que sintetizan, y como los legisladores de la mente”.

Aumentar la percepción acerca de los detalles y ser consecuentes con ellos en la actuación cotidiana, es el factor más visible y patente de la cultura general de cualquier pueblo, de su grado de humanismo y de su fortaleza espiritual.

El que una persona se proponga agradar a otra, no garantiza que el objetivo se cumpla satisfactoriamente, ya que se necesita que esa otra persona esté dotada de una cultura receptiva que le permita interpretar adecuadamente la finalidad del mensaje.

Es común que se decodifique inadecuadamente las frases de halago, es cierto que muchas veces son utilizadas con un fin de conquista sexual, por lo que al escuchar un elogio pone en alarma la persona a quien va dirigido. Sin embargo, esta situaciones no deben confundirse con el elogio sincero, ese que no tiene otra meta que engrandecer el alma, ese calor humano que todos necesitan para alimentar el autoestima.

Más triste aún es cuando pasa inadvertido un gesto de cortesía, es inadmisible que alguien dedique parte de su tiempo a favor de otro, y ese otro pase por alto tan importante detalle. Si bien es real el stress que hoy se vive, nunca es muy tarde para una sonrisa o para decir “gracias”. Ante esta situación es necesario recordar las palabras de J. Martí (2, VIII, 157) “Que la dureza de estos tiempos no nos haga perder la ternura de nuestros corazones”.

Por tanto, la cultura del detalle se define como el sistema de valores formados en el hombre mediante y a través de la actividad social; así como la concienciación de este del mundo que le rodea y su actuación acorde con los principios éticos y morales. Es el proceso y facultad que le permite resaltar rasgos, cualidades o características positivas de los demás, y por consiguiente les ofrece ayuda incondicional con el fin de hacerlos sentir felices y fecundos. Es además, la sensibilidad con la que se percibe el mensaje.

CONCLUSIONES

La cultura del detalle es la manera de crecer como hombres, ella nos eleva cada vez más del reino animal haciendo que prevalezca la conciencia por encima de los instintos.

La misma pone al hombre en condiciones de encontrar el equilibrio justo entre la razón y el corazón, y a la ciencia con la naturaleza en la búsqueda de soluciones a las crecientes necesidades sociales. Por tanto contribuye a desarrollar el nivel de responsabilidad consciente en las relaciones del hombre con sus semejantes y con el medio natural.

BIBLIOGRAFÍA

1.- Martí Pérez, José: Epistolario --La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1993. 5 Tomos.

2.- ---------------------: Obras Completas --La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1975. 28 Tomos.

3.- Roig de Leuchsenring, Emilio: Tres estudios martianos. --La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1984.

4.- Zacharie de Baralt, Blanche: El Martí que yo conocí –La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1990.

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