Contribuciones a las Ciencias Sociales
Febrero 2011

ENRIQUE JOSÉ VARONA Y EL MODELO DEMOCRÁTICO BURGUÉS NACIONAL

 

Sira Delia Varona Vega (CV)
sira@suss.co.cu



El orden económico capitalista quebrantó la antigua estructura económica y la superestructura política y jurídica del orden feudal, a la divinización del universo le antepuso la nueva concepción del mundo fomentada en su interpretación más racionalista y ajustada a la lógica del desarrollo capitalista que se imponía internacionalmente.

La conquista y colonización convirtió a la burguesía en clase universal, portadora del nuevo sistema de valores humanos que resumía las incipientes relaciones sociales fundamentadas en la propiedad privada capitalista y la libre competencia. Asimismo, internacionalizó el enfoque racionalista de análisis de la esencia del hombre y la circunstancialidad material objetiva que enmarca su actividad sociohistórica y participa como su objeto fundamental.
 



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Varona Vega, S.D.: Enrique José Varona y el modelo democrático burgués nacional, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, febrero 2011, www.eumed.net/rev/cccss/11/

Los valores humanos de solidaridad, racionalidad, legitimidad, igualdad, libertad, fraternidad, entre otros, atravesaron la actividad mancomunada humana y se convirtieron en los catalizadores de la actividad humana durante el citado período sociohistórico. En sus límites ocurrieron los procesos socioeconómicos, políticos, culturales, la conformación en unos y cristalización otros de la cultura nacional, la aplicabilidad de las ciencias, los consustanciales ajustes a las nuevas relaciones socioeconómicas de la organización política y de la educación.

En el diálogo crítico con las demandas materiales durante la gestación y consolidación de la nación y con las tendencias filosóficas universales que interpretaron el proceso de transición de la Ciencia a su fase teórica, maduró el ideal republicano democrático cubano, esquema de pensamiento y forma particular de asimilación de los valores universales burgueses y que, a la vez, constituyó el marco filosófico, político, económico y sociocultural de los procesos históricos que matizaron los acontecimientos del siglo XIX e inicios del XX en Cuba.

En la misma medida que los pensadores cubanos interpretaron la realidad de la Isla desde el sistema de valores universales burgueses y en los términos epistemológicos predominantes desde la primera mitad del siglo XIX con la transición de la Ciencia a su fase teórica; floreció la visión cubana de república democrático burguesa, asentada en el pensamiento filosófico independiente, electivo, antiespeculativo, reflexión teórica sobre el movimiento ilustrado burgués europeo de los siglos XVII, XVIII; movimiento que rechazó el conservadurismo filosófico – social de la Filosófica Clásica Alemana sin dejar de asumirlo en el tratamiento que hizo de los problemas heredados del iluminismo universal a la luz de las tendencias que interpretaron la transición de las ciencias a su fase teórica.

En los marcos del ideal republicano democrático burgués nacional, como uno de sus temas más importantes, nació la visión endógena de organización democrática que profundizó a lo largo del siglo XIX e inicios del XX según los dictámenes objetivos emergentes de las particularidades de las sociedades incorporadas al sistema capitalista por la política colonial capitalista.

El presente trabajo tiene como objetivo explicar el aporte de uno de los representantes más sistematizados de la interpretación endógena del concepto república democrática burguesa: Enrique José Varona (1849 – 1933).

La obra del filósofo maduró en la valoración de las nuevas esferas del conocimiento científico y sus consustanciales interrelaciones filosóficas. Entre los problemas teóricos emergentes del nivel de desarrollo de la Ciencia durante la segunda mitad del XIX que ocuparon a Varona destacan, en lo filosófico: el estudio del hombre como la forma cualitativamente superior de la vida, la naturaleza social del conocimiento y el pensamiento humano, las fases analítico – inductiva y sintético – deductiva de las ciencias, las particularidades del reflejo psíquico – sensorial humano, las derivaciones filosóficas del transito de la Ciencia a su fase teórica, la esencia social y contradictoria de la vida espiritual social.

En lo social: el impacto de la conquista y el dominio lusitano – español en la formación de las naciones latinoamericanas, las particularidades del proceso democratizador burgués de la metrópolis española en sus colonias, el proceso emancipador revolucionario continental, asimismo, Varona valoró los cambios económico – políticos que sucedían en el sistema capitalista durante la segunda mitad del siglo XIX.

Para comprender el lugar de su obra en la gestación del modelo organizativo democrático cubano, se hace necesario ubicar al pensador en la cristalización de las concepciones filosóficas que fundamentaron teóricamente el ideal democrático burgués cubano.

Fue el pensador uno de los representantes del iluminismo endógeno, ocupado de las mismas problemáticas que estudiaron sus máximos exponentes de la primera mitad del siglo XIX: la naturaleza emancipadora y específica de la filosofía, el origen y el método del conocimiento, la esencia activa y social del conocimiento humano, las particularidades del reflejo psíquico consciente que permite distinguir al hombre de la animalidad, las asimetrías de la modernidad burguesa, que profundizaba los procesos económico – políticos que se sucedían desde la segunda mitad del XIX, el problema de la unidad nacional, de la incorporación de los diferentes componentes de la nación a la república democrática por fundar. Asimismo, concretizó el modelo educativo endógeno que nació ajustado a la búsqueda de vías para la emancipación humana, el concepto de república como institución fundamentada en el esfuerzo de todos los componentes de la nación y benefactora de todos los ciudadanos de la Isla.

En Varona, las apreciaciones acerca de las peculiaridades de la organización republicana en las naciones no industrializadas se fundamentaron en tres ideas directrices: el análisis de lo social como trasfondo de la base epistemológica de las ciencias y de la teoría del conocimiento, la definición de lo humano como forma cualitativamente superior del reino animal, el liberalismo burgués, interpretado y ajustado a las especificidades del lugar de los países no industrializados en la lógica del capital internacional.

Contextualizado por las derivaciones cosmovisivas del desarrollo científico – naturalista y las nuevas problemáticas que emergían de las especificidades históricas que enmarcaron su obra; el intelectual asumió lo biológico y lo social como los dos factores fundamentales de lo humano.

En Varona, implícitamente, lo social determina las tendencias del proceso cognitivo, el perfeccionamiento continuo anatómico – fisiológico del hombre que lo convierte fisiológicamente en apto para el reflejo psíquico – consciente, que el filósofo comprendió como la forma superior del reflejo psíquico sensorial.

Además, según su criterio, la contextualizad histórica que enmarca la actividad humana define la esencia y las tendencias del progreso moral y científico naturalista. Por último, buscó y encontró en la historia y las particularidades del dinamismo de la modernidad burguesa las causas de las polarizaciones regionales que otorgaba sustanciales desniveles en su dinámica interior de desenolvimiento.

En uno de sus artículos, cuando enfatizó en la esencia predominante de lo social sobre lo biológico en lo humano puntualizó; “(..) El hombre sólo es hombre en el trato de sus semejantes, por eso sus emociones más gratas ó más dolorosas, las mejor definidas, las que dejan tras sí las huellas más duraderas son debidas a la comunicación social″

Según las apreciaciones del pensador cubano, la conciencia colectiva de cada período histórico concentra las contradicciones y tendencias históricas de la circunstancialidad social que encuadra la actividad humana. Los cambios objetivos que ocurran en el entorno social se expresan continuamente a partir de un sinnúmero de mediaciones en la vida espiritual.

En uno de sus escritos subrayó lo anterior con las palabras siguientes; ″(..) la opinión: nace de las circunstancias objetivas y a ellas se acomoda, en virtud de las impresiones que hacen estas sobre esa especie de conciencia colectiva de cada pueblo (..)”

En la obra de Varona implícitamente aflora, sin que llegue a constituir una conceptualización teórica terminada y completamente elaborada, la idea acerca del papel determinante de las condiciones materiales en la acomplejización de las relaciones sociales humanas ya que en la misma medida que florece la producción madura la cooperación durante el trabajo creador; “ (..) La industria no puede dar un paso sin dividir de algún modo el trabajo; aquí división es cooperación (..)″

Pero Varona no sólo definió que la industria determinaba la multiplicación de las relaciones que los hombres contraían en su contexto, sino, enfatizó en las relaciones causales objetivas entre ella y la vida espiritual humana. En específico, subrayó que las divisiones sociales del trabajo, puntualmente, la emancipación del trabajo intelectual del físico condicionó la aparición del arte;

″ (..) para llegar de la industria al arte es forzoso que la primera haya adquirido cierta amplitud, por tanto, que sea mayor la cooperación (..)”

La constante presencia de lo social como trasfondo de lo humano en los escritos de Varona, distó a Enrique José Varona del positivismo universal y el continental. Uno de los investigadores del pensamiento latinoamericano, Francisco Larroyo expresó lo siguiente; “ (..) Varona supera al comtismo y spenciarismo, pero sin ruptura oportunista, sin estridencia ruidosa; es de cierto, una de las figuras más prominentes representativas del positivismo en América (..) De Comte, con decorosa burla, rechaza todo constructivismo, cuyo extremo es la prédica de una nueva religión, la religión de la humanidad. De Spencer, rechaza, con dejo volteriano, la optimista idea del progresivismo humano (..)”

El liberalismo - ideología que definió las bases del desarrollo y el bienestar social en la libre competencia y el mercado – y los delimitó como los mecanismos que generaban el protagonismo ciudadano y la libertad personal, contrario al naturalismo y compleja estratificación social del medioevo; fundamentó el pensamiento de Enrique José Varona y sostuvo teóricamente sus apreciaciones acerca de la organización democrática de Cuba.

El intelectual lo atemperó a las demandas de los países no industrializados, designados por él como protagonistas de la democratización de la modernidad burguesa durante la culminación de la transición de la humanidad a su completa democratización.

Según su opinión; “(..) Vivimos ciertamente una época de transición; y sería difícil bosquejar en todas sus partes la concepción cabal del universo y el hombre que pueda presentarse como el resultado definitivo de la labor mental de nuestro tiempo (.. )”

La asunción del liberalismo como la ideología emancipadora de las naciones no industrializadas a finales del siglo XIX e inicios del XX cuando la dinámica capitalista objetivamente lo degradaba debido a que los cambios estructurales económico – políticos lo conducían a la concentración monopolista de las relaciones capitalista, fue condicionado por factores endógeno y exógeno del desarrollo social.

En lo exógeno: el sacudimiento de la economía capitalista por los efectos de la ascendente concentración monopolista comenzó en la segunda década del siglo XX, con la Primera Guerra Mundial, 1914 -1918 y la Crisis Económica de la década del treinta del siglo XX; fueron los dos hechos que demostraron con brusquedad el impacto de los cambios estructurales del capitalismo sobre la lógica y la dinámica de su economía.

Es decir, hasta las primeras décadas del siglo XX pese a que las leyes del capital liquidaban las bases de la mediana empresa, célula económica del liberalismo, en la percepción psicológico-ideológico social burgués el liberalismo continuaba siendo la base doctrinal que propiciaba la humanización del hombre y desde cuyos marcos era posible justificar teóricamente la necesaria democratización de la modernidad burguesa para liquidar sus desniveles y contradicciones internas.

El cuestionamiento psicológico – ideológico del liberalismo burgués ahondó durante y con posterioridad a la Primera Guerra Mundial y de la crisis capitalista de los años treinta del siglo XX porque fueron los procesos que conmovieron estructuralmente la economía capitalista internacional y mostraron la modernidad burguesa a la teoría desdoblada en sus múltiples simetrías y contradicciones.

En lo endógeno, por las particularidades de los países no industrializado con sus economías deformadas, dependientes y vulnerables a los vaivenes del capitalismo internacional; el liberalismo era la ideología concordada a la lógica interna de su desarrollo y con las potencialidades pertinentes para sustentar teóricamente la redefinición de la modernidad burguesa desde el protagonismo del mundo no industrializado.

En Varona, junto a la incorporación de lo social a los análisis filosóficos y las valoraciones de las perspectivas de la democratización del capitalismo desde el protagonismo de las regiones no industrializadas en los cánones de la ideología liberal burguesa; la profundización del concepto iluminista endógeno de lo humano constituye una de las ideas directrices de su visión organizativa democrática de la Isla.

El filósofo enriqueció la visión iluminista nacional de lo humano a la luz de los avances de las ciencias de su época, especialmente de las ocupadas del estudio de la vida y el hombre: la biología, psicología y la fisiología. Para el intelectual, el hombre era el organismo anatómicamente superior del reino animal; bien formado y apto para pensar, un ser socialmente condicionado, cuya esencia se desplegaba en el sistema de relaciones sociales que lo contextualizaba y definía .su actividad histórico – transformadora.

El hombre es síntesis de los factores biológicos y lo sociales; pero la determinación de los últimos resulta decisiva. En este sentido, estudiarlo como parte del reino animal resulta racional siempre y cuando el investigador, concluida la abstracción científica necesaria, lo incorpore al sistema de relaciones sociales y las consustanciales instituciones que la concretan esencialmente.

Según el intelectual, la psicología como ciencia que estudia al hombre como organismo biológico está obligada a asumirlo en la multivariedad de su esencia por lo que está constreñida a asumirlo en; ″ (..) todos los estados mentales dentro y fuera de la conciencia, toma en cuenta todo su organismo, establece sus relaciones, forma tal vez su teoría, y entonces compara, desde el punto de vista de su problema social, ese hombre con el hombre general, con todo lo que los actos, el lenguaje, la industria, el arte, la religión, las asociaciones de los hombres en el tiempo y el espacio descubren de su ida intima (..)″

A partir de los datos de las ciencias de la época, de la fisiología y la psicología, Varona definió el concepto de vida como la constante asignación de funciones primordiales a estructuras cada vez más aptas, cuyo grado de complejidad, determinan el nivel de organización de los organismos vivos.

El hombre es deslindable del reino animal, entre otros factores, por las particularidades de su sensoriedad que es esencialmente especial por lo siguiente: su carácter consciente ya que en lo humano la conciencia mediatiza todos los procesos mentales; por la integralidad de sus formas fundamentales, pues la sensación, la percepción y la representación son separables sólo para su estudio. Asimismo, por la riqueza y multivariedad del contenido de la sensoriedad humana que incluye, junto a las impresiones dejadas por los órganos especiales, las sensaciones musculares y las residuales que no atravesaron la esfera consciente.

Según el pensador, la sociedad y la educación coadyuvan el perfeccionamiento y especialización de los órganos especializados que originan la sensoriedad en los hombres;“ (..) el hombre ha ido encontrando mayor variedad en los placeres que le proporciona el sentido del color, ha descubierto nuevas combinaciones, ha enriquecido su capacidad para esta suerte de placer (..)”

Lo humano es la forma superior de la organización de la vida, en la cual la sensoriedad y el intelecto desempeñan funciones importantes durante la asunción del universo. Asimismo, para el intelectual, él hombre refleja la realidad objetiva racional y emocionalmente, de tal manera que la sensibilidad, con su base en el reflejo psíquico sensorial humano influye sobre toda la actividad transformadora humana: la cognitiva, la religiosa, las relaciones morales y constituye el contenido fundamental del sentimiento artístico.

Es el hombre el organismo fisiológicamente más apto en el mundo animal; y el perfeccionamiento de sus aptitudes no depende completamente de los factores biológicos, sino que lo cataliza los factores sociales; “ (..) Hay,(..), aptitudes orgánicas, (..) que hacen más favorable el órgano (..) Una nutrición abundante y una circulación libre y reparadora, (..) De modo que la economía viene a ser una ley, para la adquisición de riquezas intelectuales (..)”

Desde su visión del individuo como sujeto activo, deslindado del mundo animal, protagonista de los procesos reformadores sociales que condicionan su actividad, construyó su programa social propiciador del bienestar de las sociedades no industrializadas y el ciudadano, designado a liquidar las bases económicas objetivas de las contraposiciones existentes en la modernidad burguesa universal.

Las ideas directrices ya explicadas cimentaron su propuesta de reformas en las instituciones políticas propiciatorias de la instauración de la republica independiente, justa y democrática que centró la atención del pensamiento cubano del siglo XIX y el primer tercio del XX.

Según sus palabras; ”Hagamos de nuestra nueva República un país de veras nuevo. Donde el nativo y el extraño, el cubano y el español vayan olvidando todo lo que hizo dura y poco sociable la vida de nuestros predecesores y poniendo su corazón y su inteligencia al servicio de un presente mejor y más seguro”

La piedra angular de la democratización burguesa de las estructuras dependientes en las naciones no industrializadas estaría en el logro de la independencia económica y el fomento del capital nacional.

La transicionalidad económica que se dirigía a multiplicar el capital endógeno en los países por emanciparse, estaría respaldada por la provisionalidad política, caracterizada por las limitaciones democráticas y la concentración de la gestión económica en el estado como la institución que condensaría los intereses fundamentales de las naciones no industrializadas.

Varona definió que el objetivo fundamental de los cambios en las instituciones políticas y cívicas era la eliminación de las trabas que limitaban el protagonismo cívico ciudadano para lograr la democratización institucional burguesa.

Durante la transición hacia la democratización de las bases objetivas de la modernidad burguesa a través del protagonismo universal de las regiones no industrializadas, las naciones organizarían la vida política nacional estructurando instituciones provisionales flexibles y muy sencillas;

Al analizar lo acontecido en la Isla subrayó; “Para dar lugar a que el trabajo social de reconstrucción hubiese ido progresando y afianzándose, debimos haber adoptado formas políticas muy sencillas susceptibles de fácil mejora. Debimos haber empezado por un régimen provisional que no propendiera a exagerar las agitaciones políticas, que no hiciese de los servicios públicos despojos ofrecidos como premio a la lucha encarnizada de las fracciones, que no elevase a la exageración los gastos (..)″.

Los cambios en las estructuras políticas de las regiones no industrializadas, elegidas por el intelectual para democratizar la modernidad burguesa; atravesaría tres períodos, cada uno de los cuales cumpliría tareas específicas, dirigidas a incrementar los espacios que pudieran propiciar el ejercicio democrático ciudadano.

Período preparatorio de inmediata oxigenación social, destinado a dar solución rápida a los problemas más acuciantes de la sociedad que pudieran limitar la normal realización de la democratización burguesa. Las principales problemáticas que resolverían serían propiciar la alfabetización de la población y la eliminación de la insalubridad nacional, legada por la política colonial.

Segundo período caracterizado por la centralización estatal y la limitación de la democracia burguesa y control de la libre competencia en cuyo transcurso sería creada la infraestructura de la capitalización independiente: reorganización agrícola, industrialización, reforma educacional y los necesarios cambios institucionales.

Tercer período consolidado el capital nacional y lograda su preponderancia dentro de la economía cubana, la nación estaría en plenas condiciones para la descentralización democrática y la creación del sistema de organizaciones e instituciones burguesas, que garantizarían el protagonismo cívico ciudadano, y su participación en la gestión política de sus naciones.

Para la correcta interpretación de las reflexiones de Enrique José Varona es necesario puntualizar que el autor proponía su proyecto reformador institucional para la forja de las condiciones políticas de la capitalización independiente de las regiones no industrializadas.

Para el intelectual, la historia de los países que se interesaban en su emancipación y la realización de los cambios en las estructuras sociales que consolidaban su creciente dependencia del capital internacional, atestigua que su sujeción y vulnerabilidad material respecto al capital internacional hegemonizado por la potencia de turno, tenía sus bases en el predominio de la percepción política que justificaba la supeditación de los intereses de los nacionales a los extranjeros.

En la medida que se destruyeran las bases de la dependencia económica, se eliminarían las restricciones de la democracia porque los integrantes de las sociedades económico y políticamente estarían aptos para gestionar y defender la democracia nacional.

Durante las reformas económicas y la centralización democrática, Varona propuso la restricción del voto para evitar la concentración del poder político en manos minoritarias y que las repúblicas transitaran a la tiranía como sucedió en América Latina después de la independencia.

El intelectual explicó que psicológicamente los pueblos del continente eran propensos a sobredimensionar el papel de las personalidades políticas en la gestión social y personificar constantemente los resultados favorables o desfavorables de los procesos reformadores sociales.

El ajuste racional de una de las instituciones democrático – burguesa más importante: el sufragio universal a los requerimientos y especificidades de la construcción de las condiciones materiales y espirituales de la humanización de las relaciones dependientes coloniales, constituye uno de los momentos más importantes del programa de reformas institucionales del intelectual cubano.

La educación de los ciudadanos en la apreciación consciente del encargo social del voto resultaba de suma importancia para los pueblos que comenzaban su democratización Se necesitaba que la ciudadanía comprendiera que el voto era un acto responsable y emancipador y no la simple visita a las urnas electorales para elegir de manera impensada a sus representantes, sino que el voto encerraba serios compromisos y responsabilidades del elector y los representantes elegidos con la sociedad.

Según sus criterios; “(..) A todos importa que la administración pública descanse en buenas manos, pero no puede quejarse de que esté en poder de inhábiles o poco escrupulosos el que abandona el ejercicio del privilegio que lo contiene (..)”.

Al votar, los individuos depositaban en las urnas su apoyo y respaldo a las estrategias concebida por los gobiernos; por lo tanto, en las sociedades que forjaban las bases para su democratización durante la provisionalidad política ejercerían el derecho aquellos que tuvieran la capacidad intelectual indispensable para imprimir al acto la significación seria y ciudadana que poseía en la realidad social.

Durante la transición hacia la democracia, cuando se construían las bases materiales de la democratización de la modernidad burguesa, el ciudadano, designado como elector, condensaría los intereses de las amplias masas populares, que depositaban en su persona la confianza debida para que los representara en las urnas.

Debido a los altos niveles de analfabetismo, heredados del dominio colonial y por las características de la transición hacia la institucionalidad burguesa, Varona optó por la representatividad democrática con la consiguiente educación de la población en el ejercicio democrático en su entorno inmediato; “(..) Un país, así compuesto entrega masas al impulso de los demagogos, no congrega ciudadanos en los comicios para escoger entre programas políticos o decidir con acierto quienes hayan de aplicarlos (..)”

Varona pretendió evitar las manipulaciones y los engaños de los sectores con mayores posibilidades económicas y la consustancial universalización de sus intereses en detrimento de las aspiraciones de las amplias mayorías.

El voto constituye, según Varona, cierta relación de compromiso que se establecen entre el electorado que elige y el representante gubernamental elegido, donde el primero con plenos conocimientos deposita en el segundo las riendas de la gestión política y cívica, por su parte, el elegido defenderá los intereses populares durante su gestión de gobierno y cumplirá con los deberes contraídos ante sus electores.

Al definir las obligaciones de gobernantes y gobernados aseguró; “(..) La primera forma de esa obligación en los gobernantes es mirar por el bien público, garantizar la paz, tender al desarrollo de la fortuna general. En los segundos, (..) cooperar cada uno en su esfera a que se realicen propósitos que redunden en provecho de todos (..)”

La concepción ilustrada nacional del siglo XIX e inicios del XX interpretó la democracia como los compromisos de los gobiernos y electores con las demandas de su país y, por consiguiente, las gestiones política y cívica debían responder adecuadamente a las urgencias multiplicadas de la nación. La buena ciudadanía estaba obligada a situarse a la altura de las demandas sociales y contribuir con su trabajo honrado al mejoramiento humano.

Por su parte, los buenos gobiernos debían gestionar para crear los fundamentos materiales del enaltecimiento humano y su política condensaría las aspiraciones de todos los factores de la sociedad sin exclusiones de ningún tipo.

Para Varona, continuador del legado iluminista nacional en los finales del siglo XIX y primer tercio del XX, la democracia trascendía al sufragio universal, su arista externa, pues la democracia incluía la gestión de los gobiernos para sentar las condiciones del bienestar social, posibilitar el protagonismo cívico ciudadano, defender los intereses de la nación por encima de las aspiraciones de los sectores con mayor ascendencia económica y garantizar la concordia nacional.

Según sus criterios, el sufragio universal siempre refleja el estado de la democracia porque demuestra la correlación real y objetiva entre la gestión gubernamental y las necesidades de la población, asimismo, atestigua en qué medida las estrategias sociales diseñadas por los estados concentraban las aspiraciones ciudadanas.

Durante el período de la transición de las naciones emergentes a la democracia las transformaciones económicas que conducirían a la liquidación de las estructuras dependientes serían acompañadas por las pertinentes restricciones democráticas que posibilitarían la tranquilidad necesaria y la unidad de los diferentes sectores de la sociedad alrededor de la realización del programa social.

La manipulación de la democracia a favor de ciertos sectores de clases con predominio económico engendra el abstencionismo que es el peor enemigo de los gobiernos democráticos, porque la inasistencia de los electores a las urnas, expresa su desinterés por las problemáticas nacionales, la tendencia ciudadana a priorizar los intereses personales sobre los sociales; asimismo, los altos índices abstencionistas demuestran la impopularidad de la política gubernamental, o sea, su tendencia a priorizar las aspiraciones de los sectores con predominio en las naciones, sobre las urgencias de los países.

Varona subrayó; “ (..) El pueblo holgaba lejos de los Colegios electorales o los designaba con sonrisa burlona e indiferente. Buscaba con mirada entristecida la valla de gallos clausurada o la taberna difícilmente entreabierta (..)”

La multiplicación de la riqueza nacional y su disposición para el disfrute de todos los miembros de la sociedad sin distinciones de raza, y posición económica, junto a la socialización de la cultura eran las premisas para la eliminación del abstencionismo y la plena concurrencia de la población a las urnas.

Fiel al legado de los pensadores de La primera mitad del siglo XIX, para el intelectual, el objetivo fundamental de la organización política de las sociedades no industrializadas estaba en trascender la personificación del poder: gobernar y no ejercer el poder era lo más adecuado y ajustado en los citados países.

Para evitar las tiranías, el caciquismo, y el abstencionismo político el intelectual cubano se interesó no sólo por crear las condiciones sociales indispensables para el despliegue democrático burgués, sino, fiel al legado ilustrado nacional, en la socialización de la cultura dentro de la ciudadanía.

La austeridad administrativa y el compromiso con la nación serían los principios de los gobiernos autónomos, y la manera principal de evitar la desmedida concentración del poder en cualquiera de sus formas históricas.

Evitar por todos los medios las inútiles confrontaciones políticas entre partidos, sobre todo en el período de gestación del capital nacional; las naciones aprovecharían las ventajas sociales del capital nacional que se multiplicaba por los efectos de la aplicación del programa de reformas económicas y las utilizarían en su reorganización y garantía de los fundamentos de su futuro.

Asimismo, los intereses de los sectores sociales tenían que trascender las estrecheces de sus posiciones económicas, y tenían que propiciar la unidad de todos alrededor del objetivo fundamental de las naciones: crear las bases objetivas del capitalismo independiente para lograr el desplazamiento del capital extranjero y disminuir continuamente su influencia sobre la vida política de los países que son económico y políticamente más vulnerables al dinamismo del capitalismo internacional.

Según sus apreciaciones, en ningún momento se podía favorecer la preponderancia de los intereses más egoístas de la sociedad y su enfrentamiento a los sociales, poner freno al fraccionamiento político que deteriora la unidad nacional y principal causa de los desequilibrios sociales;“ Si queremos, como debemos, ser un pueblo fuerte;(...) colocada muy alto en la esfera de la cultura humana, es necesario(...), que no multipliquemos a placer las causas de discordia, y que procuremos, por una vez al menos, aprovechar las circunstancias favorables que nos han permitido hacer éste gran ensayo”

Varona diferenció, en el espíritu de los pensadores ilustrados cubanos de la primera mitad del XIX, los conceptos democracia y modelo pluripartidista democrático. El primero designa al sistema de relaciones en torno al poder que en condiciones normales estarían asentadas en la igualdad, la justicia, el protagonismo ciudadano, la libertad, la condescendencia social. La segunda es la forma específica de organizar las citadas relaciones según las condiciones políticas y las tradiciones de las naciones.

La unidad nacional sería la base de las reformas económicas e institucionales que Varona encaminó a eliminar las trabas de la libre actividad cívica ciudadana en sociedades que definían al trabajo como fuente forjadora de la riqueza social y de los beneficios personales.

Su proyecto humanista pretendía, desde las reformas económicas, conducentes a la multiplicación de la pequeña propiedad, la reorganización de las instituciones político – sociales, la incorporación de todos los sectores de la sociedad al trabajo colectivo y a la administración consciente de la nación; forjar una sociedad participativa, que fuera baluarte enriquecedor de los valores ilustrados de la nación y muro de contención del proceso degenerativo de la modernidad burguesa en las nuevas condiciones a de desarrollo del sistema capitalista.

Edel Tusell, uno de sus estudiosos, definió la sociedad que diseñó Varona con las palabras siguientes; “ (..) una sociedad en la que fuera posible la armonización de los intereses de clases, en que los pequeňos productores desempeňarían un papel preponderante, cerrándole el paso a la oligarquía opresora; y en la que la gran masa de los desheredados tuviesen sus necesidades básicas, tanto materiales como espirituales, decorosamente satisfechas, (..) Una sociedad en que la unidad étnica, social, política, en fin, nacional, se constituyera en valladar (..) para posibles enemigos (..)”.

Varona desde su ateismo científico naturalista definió las relaciones que se establecerían en la República libre y democrática por fundar entre la Iglesia, el Estado y la Escuela.

El filósofo defendió el laicismo y la libertad de credo. La diferencia fundamental del laicismo varoniano y el preconizado por Varela, reside en que si el primero propuso la separación del Estado y la Escuela del tutelaje eclesiástico desde la crítica que hizo a los fundamentos teóricos de la enajenación religiosa, Varela lo defendió a partir de su propuesta de nueva Iglesia católica y ecuménica que se asentara en el humanismo cristiano originario - propiciador de la igualdad entre los creyentes

Según las apreciaciones de Varona; “(..) El estado moderno (..) es un estado sin religión (..) Una religión oficial trae como colorario una clase sacerdotal avanzada; es decir, organizado para resistir con todo su enorme poder a las innovaciones del pensamiento, por las cuales se transforman y mejoran las sociedades (..)”.

La convergencia entre uno y otro estuvo en la designación de las vías para liberar al hombre, a las ciencias y a la educación del autoritarismo eclesiástico y en la definición que la Ciencia, la Religión, el Estado y la Filosofía son formas concretas de la actividad humana que se condensan en Instituciones independientes con encargos sociales diferentes.

El intelectual asumió la problemática religiosa en toda la riqueza y multivariedad de su esencia, lo que lo convirtió en el pensador más radical dentro de la ilustración cubana, el cual definió en sus trabajos las raíces gnoseológicas de la religiosidad, acotó su naturaleza moral, planteó que según fueran las características contextuales, lo que él llamo el molde social, así serían las particularidades de los cultos religiosos, luchó por la separación de la Iglesia, la Escuela y el Estado.

Según sus valoraciones, en las sociedades que él designó para protagonizar la democratización de la modernidad burguesa a partir de su capitalización independiente, se necesitaba encontrar instituciones capacitadas para organizar la formación cívica ciudadana. En el caso particular de Cuba, Varona lo encontró en la universidad: formadora de los intelectuales y profesionales de las naciones emergentes, forjadora de la infraestructura tecnológica productiva y espacio idóneo para la incorporación de la juventud, fuerza decisiva de la sociedad, a la continua democratización.

Según su definición la universidad tenía;“ (..) Su más alta incumbencia consiste en formar hombres cada vez más aptos de realizar la plena vida humana y más capaces de asegurar a su país condiciones favorables al desarrollo armónico y continuado de sus elementos de bienestar, cultura y moralidad superior (..)”

El protagonismo de las universidades no sería sólo académico; la universidad supeditaría su actividad científica a la tarea fundamental social, dictaminada por la democratización de la modernidad burguesa desde el protagonismo histórico de los países no industrializados: la socialización de la cultura científica aplicada a través del activismo creciente de su claustro de profesores y de los estudiantes y la educación de la ciudadanía en el ejercicio consciente de la democracia. Si el estado centralizado, con la colaboración del capital nacional, diseñaba y ponía en práctica la estrategia económica para independizarse del gran capital internacional, la universidad mediante la potenciación del protagonismo de sus claustro y de sus estudiantes preparaba el potencial técnico del país y coadyuvaba a la propagación de la cultura como el instrumento importante de la formación cívica de sus habitantes.

Si el estado centralizado, con la colaboración del capital nacional, diseñaba y ponía en práctica la estrategia económica para independizarse del gran capital internacional, la universidad mediante la potenciación del protagonismo de sus claustro y de sus estudiantes preparaba el potencial técnico del país y coadyuvaba a la propagación de la cultura como el instrumento importante de la formación cívica de sus habitantes.

A MODO DE CONCLUSIÓN

El programa de reformas económico – políticas y sociales que configuró Varona y dirigió a la liquidación de la dependencia del capital extranjero contenía en sí no sólo los proyectos de cambios en la agricultura y la educación, sino aquellos ajustes organizacionales políticos que le otorgaran a la institucionalidad burguesa nacional en formación la debida flexibilidad para crear las condiciones subjetivas imprescindibles para la forja de la infraestructura del capital cubano.

Para el período preparatorio de la democracia, Varona propuso realizar los siguientes arreglos a la institucionalidad burguesa durante la provisionalidad política, expresión superestructural de la transicionalidad internacional hacia la democracia: la centralización del estado, el ejercicio del sufragio universal a través de la representatividad democrática, la designación de la universidad como la institución social capacitada para, con su ejemplo, organizar el protagonismo cívico ciudadano y propagar la cultura en la población con el objetivo de garantizar su preparación para gestionar y administrar socialmente

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6. --------------------------:“La enseñanza pública”, 1899, en Trabajos sobre la educación y la enseñanza, prólogo de Elías Entralgo, Habana, Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, 1961.

7. ----------------------------:“El estudio”, 11 de septiembre de 1906, en De la colonia a la República, selección de trabajos políticos, ordenados y prologados por el autor, La Habana, Editorial Cuba Contemporánea, 1919, primera edición

8. ------------------------------:“A nuestros correligionarios, 1913,en De la colonia a la República, selección de trabajos políticos, ordenados y prologados por el autor, La Habana, Editorial Cuba Contemporánea, 1919, primera edición

9. -------------------------------: “La reconquista”, 6 de agosto de 1915, en Por la patria ,y la República, compilación y prólogo de Emilio Roig Leuschering, Municipio de La Habana, Oficina del historiador de la ciudad, 1940

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