Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2010

RECONOCIMIENTO Y CUESTIONAMIENTO MEDIÁTICO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN ESPAÑA

 

Rogelio Fernández Reyes (CV)
rogeliofreyes@hotmail.com
 

RESUMEN

El reconocimiento de la intensidad y del origen humano del cambio climático ha evolucionado hacia un amplio consenso científico. Sin embargo, en los medios de comunicación prevalece cierta confusión: la imagen que se presenta en numerosas ocasiones es que el debate científico aún no ha llegado a un consenso. Tres de los motivos pueden ser: a) la desproporción que resulta al otorgar el mismo peso a todas las fuentes informativas; b) la tendencia a valorar el conflicto; y, sobre todo, c) la presencia de grupos con intereses.

Percibimos que la demarcación ideológica tiene un especial peso en la percepción científica que muestran los medios. En el presente artículo abordamos cómo editoriales de prensa española, de distintas ideologías políticas, emiten un discurso polifónico en torno a este reto ambiental, cuestionando o validando los resultados científicos. Los discursos mediáticos promueven campos de acción o de inacción. El resultado del cuestionamiento científico del cambio climático sostiene el status quo y frena el cambio social, político, económico e individual hacia una nueva cultura de la sostenibilidad; por el contrario, el resultado del reconocimiento científico del cambio climático incita a la necesidad de dicho cambio.

Nos preguntamos: el reconocimiento mediático del cambio climático, ¿favorece la resolución del cambio climático?

PALABRAS CLAVE

Cambio climático, Comunicación, Periodismo Ambiental, Medios de Comunicación

ABSTRACT

The recognition of intensity and the human origin of climate change has evolved into a broad scientific consensus. However, in the media prevails some confusion: the image that appears repeatedly is that the scientific debate has not yet reached a consensus. Three of the reasons can to be: a) the disproportion is to give equal weight to all sources of information; b) the tendency to assess the conflict; and, above all, c) the presence of interest groups.

We note that the ideological demarcation has a special weight in the scientific perception portrayed in the media. In this article we examine how the Spanish newspaper editorials from different political ideologies, they emit a polyphonic discourse on this environmental challenge, questioning or validating scientific results. Promote media discourse fields of action or inaction. The result of climate change scientific inquiry holds the status quo and impedes the social, political, economic and individual to a new culture of sustainability, on the contrary, the result of scientific recognition of climate change prompts the need for such change.

We ask ourselves, media recognition of climate change, favors the resolution of climate change?

KEY WORDS

Climate Change, Communication, Enviromental Journalism, Mass media
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Fernández Reyes, R.: Reconocimiento y cuestionamiento mediático del cambio climático en España, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2010, www.eumed.net/rev/cccss/10/ 


1.- Introducción

En el año 2007, el Premio Nobel de la Paz recaía en el equipo del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas y en el ex vicepresidente estadounidense Al Gore. Con ello, se valoraba la relevancia de este reto en el ámbito científico y en el panorama sociopolítico. Sin embargo, el reconocimiento de este desafío ambiental no ha sido -ni es- un camino de rosas.

El profesor Velázquez de Castro señala cuatro elementos por los cuales el cambio climático ha llegado a ser el problema ambiental más importante: su carácter global, la persistencia de los elementos que lo provocan durante décadas y siglos, la rapidez con la que se está originando y la incertidumbre que acarrea el cambio del clima (2005, 65 a 67). Y si bien las soluciones están planteadas, la fuerte inercia del impacto humano frena la mitigación o la adaptación. El cuestionamiento científico es uno de los elementos que más obstaculizan la toma de medidas.

Para medir el reconocimiento del cambio climático en la población española, el estudio del CIS de 2007 (2682), sobre Ecología y Medio Ambiente, apuntaba que 8 de cada 10 entrevistados reconocía el calentamiento de la tierra, frente a un 5,7% que opinaba que no existían pruebas suficientes para confirmarlo. El 54,2%, señalaba que se le está dando menos importancia de la que tiene, el 34,6% opinaba que se le está otorgando la relevancia que tiene, y un 6,6 % pensaba que se le está dando demasiada importancia (Meira, 2008, 27). La ciudadanía ha conocido este reto ambiental desde los medios de comunicación, donde, se plantea el cuestionamiento antrópico o de la intensidad del cambio climático en una proporción considerable. Este cuestionamiento está presente en el panorama internacional.

La ciencia, como fuente esencial, propone una construcción del significado del cambio climático. Pero ésta es filtrada por otros actores: los políticos, los medios de comunicación, los grupos empresariales, las ONGs, la propia ciudadanía, etc., que participan en los procesos interpretativos con percepciones propias. Estas percepciones buscan convencer al público de la legitimidad de sus creencias a través de la apropiación y difusión de la información científica (Ladle, Jepson, y Whittaker, 2010, 1). Van acompañadas de riesgos de amplificación o reducción de la incertidumbre, que pueden confundir los resultados científicos. De todos los filtros, los medios de comunicación, a través de la cobertura de la ciencia, son determinantes para la construcción del cambio climático en la opinión pública.

Los estudios sobre la relación entre ciencia y los medios de comunicación han variado. De la visión “transmisional”, centrada en aspectos de cantidad y rigor, se ha pasado a una atención hacia los procesos discursivos (Carvalho, 2010, 2). La codificación del tema en el discurso mediático está influenciada por el interés percibido, el impacto social, otros valores informativos, cuestiones económicas y líneas editoriales. De esta manera, determinados valores y visiones del mundo se producen, reproducen y transforman en los discursos de los medios, mientras que otros son excluidos de los mismos (ídem, 1).

El cambio climático conlleva en sí una fuerte dosis de complejidad, al tratarse de un tema sistémico de envergadura. “Todos, o prácticamente todos, los sistemas ecológicos y humanos están implicados en él y se están viendo o se verán afectados por sus impactos y consecuencias a corto, medio y largo plazo” (Meira, 2008, 72). Sin embargo, en el caso del cambio climático no tendría por qué ser un tema de controversia en cuanto al reconocimiento del impacto humano y de su intensidad, que ya cuenta con un nivel de consenso amplio. Dicho consenso no es proporcional al ruido mediático en torno a él.

El estudio del cambio climático cuenta con una tradición científica de, al menos, siglo y medio. El británico John Tyndall, en 1863, propuso que las eras glaciares eran consecuencia de una disminución en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y que los periodos interglaciares se debían, por el contrario, a un aumento de esta concentración. Tres décadas después, Svante Arrhenius, sería el primero en vaticinar que la quema de combustibles fósiles podría tener una repercusión negativa en el clima. Conjeturó que si se duplicaba la concentración de CO2 en al atmósfera, la temperatura del planeta podría aumentar entre 5 y 6º C. Pero fue Charles David Keeling quien mostró el aumento de CO2 en la atmósfera. Observó que la concentración de dióxido de carbono había aumentado de 315 partes por millón (ppm) en 1950 a unas 370 ppm a finales de la de 1990. Mostró este incremento en una gráfica cuya curva aumentaba exponencialmente. Las consecuencias que apuntaba: si la quema de combustibles fósiles continúa a este ritmo desenfrenado, hacia 2050 la cantidad de CO2 en la atmósfera podría duplicar los niveles de épocas preindustriales (el cual permanecía estable en torno a los 280 ppm) (Alcíbar, 2007, 262-263).

Varias instituciones, como la Organización Metereológica Mundial, llegaron a un consenso científico sobre el calentamiento global: los seres humanos estamos cambiando el clima de forma inadvertida. En 1987, un equipo franco-soviético advirtió una correlación entre el CO2 de la atmósfera y la temperatura terrestre en los últimos 160.000 años. A partir de aquí comenzaron a gestionarse respuestas en el ámbito político, como la creación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), quien ha elaborado informes que admiten que el calentamiento global es una realidad, lo que implica la necesidad de averiguar cómo afectan el impacto humano y los factores naturales. Veamos la evolución de los informes de dicho Panel:

El Primer Informe de Evaluación (FAR en inglés o PIE en castellano) fue publicado por el IPCC en 1990, y formó la base científica para la negociación del Convenio Marco de la ONU sobre Cambio Climático, abordado en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. Determinó que el incremento de los gases invernaderos en las concentraciones atmosféricas había alterado el balance natural, y que el calentamiento global podría ser el resultado de ese desequilibrio.

El Segundo Informe de Evaluación (SAR o SIE) fue publicado en 1995. Reconocía el cambio climático, concluyendo que existían evidencias que discernían una influencia humana sobre el clima global. El informe fue decisivo en la negociación del Protocolo de Kyoto en diciembre de 1997.

El Tercer Informe de Evaluación (TAR o TIE) se adoptó en septiembre de 2001 en una sesión Plenaria del IPCC en Londres. Cambio climático 2001 consta de tres informes de grupos de trabajo sobre “La base científica”, “Efectos, adaptación y vulnerabilidad”, y “Mitigación”, así como un informe de síntesis en el que se abordan diversas cuestiones científicas y técnicas útiles para el diseño de políticas. En sus conclusiones se especificaban la influencia antropogénica con mayor argumentación.

El Cuarto Informe de Evaluación (AR4 o CIE) se aprobó en 2003, aunque se complementó en los años posteriores y se publicó en febrero de 2007. En él se señaló una tendencia creciente en los eventos extremos observados en los pasados cincuenta años y consideró probable que se acrecentaran en frecuencia y virulencia en el futuro, lo cual supondría una amenaza para la humanidad y el resto de los seres vivos.

El Primer Informe apuntaba a la advertencia de que el cambio climático era un reto ambiental importante. El Segundo reconoció que el problema era el impacto humano. El tercero consolidó la relación entre el aumento de CO2 y la acción antrópica. En 2007, el Cuarto Informe reconoció la dimensión del peligro del cambio climático como uno de los mayores retos de la humanidad.

El esquema que usa el IPCC sobre el grado de probabilidad es el siguiente:

>99% atribuyen a que es “prácticamente cierto”

Del 90 al 99% se considera como “muy probable”

Del 66 al 90% es “probable”

Del 33 al 66% es “tan probable como improbable”

Del 10 al 33% es “improbable”

Del 1 al 10% es “muy improbable”

< 1% sería “excepcionalmente improbable”

Los dos primeros informes del IPCC comenzaron enmarcados en que la influencia humana era “tan probable como improbable” en el cambio climático. El tercero ya se ubicaba en la orquilla de “probable”, esto es del 66 al 90 %. En el cuarto se ha decantado por considerar que es “muy probable” el impacto humano. “Hoy se da por finalizado el debate sobre la responsabilidad del ser humano en el cambio climático”, afirmaba Achim Steiner, director del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), el día de la presentación del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC, en febrero de 2007.

El Quinto Informe del IPCC se espera para 2014. Se vaticina que las previsiones máximas sean superiores en el futuro. Si bien el Cuarto Informe del IPCC (2007) indicaba que las temperaturas podrían subir entre 1,1 y 6,4 ºC de aquí a final de siglo, varios expertos, algunos de ellos el IPCC, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en febrero de 2009, señalaba que esa horquilla será entre 2 y 11,5 º C: “Ahora tenemos datos que muestran que entre 2000 y 2007, las emisiones de gases de efecto invernadero se incrementaron mucho más rápidamente de lo que esperábamos, sobre todo debido a los países en vías de desarrollo, como China e India, que han tenido un enorme crecimiento de la producción eléctrica casi todo basada en el carbón”, apuntó Chis Field, uno de los responsables del próximo informe del IPCC, que se emitirá en 2013-2014 y que “indicará un calentamiento muy superior para el futuro” .

Los modelos climáticos articulan lo conocido, por lo que están limitados por las fronteras del conocimiento científico, subestimando o sobreestimando los cambios. Según recoge la obra coordinada por Carlos Duarte, “los cambios observados superan los previstos en el escenario más desfavorable de entre los planteados por el IPCC. Sin embargo, esto no significa necesariamente que los modelos sean deficientes, sino que muy posiblemente son los escenarios los que fueron demasiado conservadores” (Duarte, 2006, 82).

Como reconoce Miguel Delibes de Castro, los científicos “tienden a ser muy prudentes, a veces en exceso, como con frecuencia se encargan de denunciar los grupos ecologistas (…) Y es cierto, las dudas son muchas, pero la fundamental no lo es: sólo los cambios atmosféricos debidos a la actividad humana pueden explicar los aumentos de temperatura en la Tierra detectados en los últimos decenos” (Delibes y Delibes de Castro, 2006, 52).

Los informes del IPCC sitúan los hallazgos científicos en un contexto político. A pesar de la incertidumbre existente respecto a los detalles, manifiestan que el cambio climático es un riesgo indudable que reclama medidas políticas radicales (Peter y Heinrisch, 2010, 1). Pero si los científicos suelen ser prudentes, y los informes del IPCC se consideran conservadores, los políticos aún requieren de más tiempo para atender la importancia del cambio climático. Los informes del IPCC suponen el mínimo común denominador científico sobre el calentamiento dado que los gobiernos miden cada palabra. Para R. K. Pachauri, Presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, es “profundamente decepcionante” que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático se adoptara en 1992, y se tardara cinco años en lograr un acuerdo para su aplicación, el Protocolo de Kyoto, y que éste no entrara en vigor, a falta de ratificaciones nacionales, hasta 2005. “Lamentablemente, todo ello no dice mucho de la importancia concedida al problema por la comunidad internacional”, expresaba .

Es, por tanto, evidente, que la actividad humana tiene un papel decisivo en los cambios fundamentales que el planeta está sufriendo. Como recoge la obra de Duarte, “presenta un amplísimo -aunque no universal- consenso en el seno de la comunidad científica” (Duarte, 2006, 153).

Una pequeña parte de la comunidad científica está en desacuerdo, tal como lo reflejan, en demasía, los medios de comunicación. A las argumentaciones de esta minoría científica, se le añaden episodios de incorrecciones en las conclusiones planteadas por el IPCC. Se trata de datos erróneos que han alimentado las especulaciones de negacionistas y escépticos . Varios casos han puesto en evidencia varias incorrecciones. Se trata de errores ocasionales en un informe basado en más de 10.000 trabajos científicos que son amplificadas hasta cuestionar el conjunto del trabajo.

En diciembre de 2009, justo antes de la Cumbre de Copenhague, los medios se hicieron eco de la acción de unos hackers que provocaron lo que se denominó el climagate. Colgaron en Internet correos electrónicos internos del Centro de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) en los que aparecían graves errores en datos de medición que luego fueron tomados por el IPCC para su informe de 2007.

En enero de 2010, el IPCC reconoció que su informe había sobrevalorado el ritmo de deshielo de los glaciares del Himalaya (conocido como glaciargate), señalando que desaparecerían en la década de los 30. En febrero 2010 el informe también admitió que había sobreestimado la superficie de los Países Bajos que se halla bajo el nivel del mar. El IPCC explicó que en el caso del Himalaya los datos erróneos se originaron al tomar como fuente a una revista de divulgación en vez de un trabajo científico; en el caso de los Países Bajos, los datos medición procedían de Agencia Holandesa de Medio Ambiente. Esta situación fuerza un mayor rigor científico de las publicaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Por ello, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, anunció una revisión independiente de la labor del IPCC, a la par que defendía que “no hay pruebas que refuten la principal conclusión del informe” del IPCC de que el hombre es responsable del calentamiento global” . Como concluía el premio Nobel de Economía de 2008, Paul Krugman, “los supuestos escándalos se esfuman al analizarlos más de cerca, y solamente revelan que quienes investigan el clima también son seres humanos” . A pesar de todo, la comunidad científica sigue respaldando mayoritariamente el trabajo del Panel Intergubernamental y consideran que este episodio no cuestiona sus resultados.

En el ámbito científico, la obra de Meira subraya las barreras del factor de la complejidad, la dificultad para la ciudadanía de comprender lo oportuno o inoportuno de las acciones aisladas, la realidad de que se trata de un problema diferido en el tiempo y ubicuo en el espacio, y la doble cara de la incertidumbre para la ciencia y para la sociedad (Meira, 2008, 72 a 91)

La incertidumbre es inherente a la investigación científica. Sin embargo, trasladada por los medios a la relación científico-técnica, la incertidumbre suele conseguir atraer una gran atención y es un campo de batalla para encontrar significados. Algunos analistas concluyen que introducir la incertidumbre en el discurso antropogénico del cambio climático, tanto en la ciencia como en los medios, es una estrategia empleada por actores políticos intransigentes para invalidar la preocupación pública por el calentamiento global (Boykoff, 2010, 6).

En el presente artículo abordamos cómo editoriales de prensa española de distintas ideologías políticas emiten un discurso polifónico en torno a este reto ambiental, cuestionando o validando los resultados científicos.

2.- Metodología

Partimos de la base de que el cambio climático es uno de los límites planetarios transgredidos . El presente artículo aborda un análisis mediático a través de editoriales de prensa de cuatro publicaciones, tres de ellas en papel (El País, El Mundo y El Ecologista) y otra en formato electrónico (Libertad Digital). La metodología se basa en el análisis de contenido del discurso. Nos apoyamos en la concepción de análisis de discurso como comunicación estudiada no sólo a nivel de sus elementos constituyentes elementales (la palabra por ejemplo), sino también, y sobre todo, a un nivel igual y superior a la frase (proposiciones enunciados, secuencias)” (Bardin, 1986: 131). En nuestro caso, el discurso se ciñe a editoriales de prensa.

Los soportes elegidos son la prensa escrita y de Internet, por considerar que permiten un análisis y una reflexión profundos. La elección de cabeceras la justificamos porque se acercan a los modelos de cosmovisión sociopolítica de los cuatro principales partidos europeos : El Mundo, El País, Libertad Digital, y El Ecologista son, ideológicamente, referentes del conservadurismo, la socialdemocracia, el liberalismo y el ecologismo. El Mundo y El País son los dos diarios de mayor tirada españoles, sin contar los diarios deportivos. Libertad Digital es un diario electrónico con una postura liberal clara; y El Ecologista es la revista de una de las asociaciones ecologistas de mayor influencia en el territorio: Ecologistas en Acción.

El periodo estudiado va desde la Cumbre de la Tierra, en 1992, hasta la Cumbre de Poznan, en 2008. Comenzamos en 1992 porque previamente, en España, el cambio climático fue tratado por los medios de comunicación de manera ínfima. Fue en esta fecha cuando comenzó a tener algo de atención por la Cumbre de la Tierra, y no en todos los diarios. El análisis lo efectuamos en 2009, por lo que acotamos el estudio a final de 2008. Dos de los medios elegidos ya existían en 1992, los otros dos nacerían más tarde.

Para el estudio cualitativo del reconocimiento mediático del cambio climático nos hemos apoyado en inferencias. Elaboramos categorías que permitían diferenciar desde qué posicionamiento ideológico se habían abordado. Englobamos las cuatro principales cosmovisiones sociopolíticas en tres posturas: discurso neoliberal, ambientalista y ecologista con el propósito de contemplar tres propuestas en torno al sistema socioeconómico hegemónico actual: mantenimiento del sistema (neoliberalismo), reforma del sistema (medioambientalismo o ambientalismo) y cambio del sistema (ecologismo). Nos basamos en la diferenciación que efectúa el catedrático de Política Andrew Dobson entre medioambientalismo y ecologismo , y añadimos neoliberalismo.

Las categorías para el análisis cualitativo que hemos diferenciado son: actores, grado de reconocimiento, argumentos contrarios al reconocimiento, argumentos contrarios a la toma de medidas, atribución de responsabilidad, previsión de consecuencias, reconocimiento de las causas, energía nuclear y caracterización.

Una vez efectuado el análisis de contenido a las cabeceras elegidas, procedimos a un análisis comparativo, con el objeto de diferenciar la línea ideológica y conocer los discursos polifónicos en torno al cambio climático. Nos basamos en la teoría de la agenda setting, que subraya la influencia mediática sobre el público a la hora de fijar o establecer qué temas poseen interés informativo, cuanta relevancia se le otorga o desde qué postura ideológica se aborda. Ello es deliberadamente mostrado a través del editorial, donde se muestra la identidad de la publicación.

La influencia del editorial, también denominado artículo de fondo, comentario editorial e incluso columna, se muestra en el hecho de que todos los dirigentes políticos de los países occidentales desayunan con la selección sintetizada de los artículos editoriales pertenecientes a los principales periódicos de prestigio reconocido de todo el mundo (Santamaría y Casals, 2000: 282). El editorial explica, valora e interpreta los hechos noticiosos de especial trascendencia según una convicción de orden superior representativa de la postura ideológica del periódico (Vivaldi, 1972: 313). Es la opinión del diario respecto a las noticias que publica, por lo que se confía tan solo a personas perfectamente identificadas con la línea política de la dirección o los propietarios de la empresa (Martínez, 1983: 384). El editor se reserva la exposición de sus propias ideas pensamientos y opiniones (Esteve y Fernández, 1998: 22) afines a la cosmovisión de la publicación.

Como apunta Borrat, al ser el escenario de los periódicos para explicitar su línea política, ocupa un rango singular dentro del discurso polifónico que ni los artículos ni las columnas de opinión pueden disputarse. Artículos y columnas manifiestan opiniones que sólo involucran a los autores; el editorial involucra institucionalmente al propio periódico. Y el periódico es el primer interesado en subrayar esta involucración (1989: 33 y 138).

Nos decantamos, pues, por el género periodístico editorial por su riqueza como validador o no del reconocimiento del cambio climático.

Antes de efectuar el análisis en medios españoles, recogemos referencias del cuestionamiento del cambio climático en el panorama internacional.

3.- Cuestionamiento científico

En la ciencia hay numerosas teorías que prevalecen a pesar de contar con mucho menor consenso científico. Sin embargo, son reconocidas mayoritariamente. ¿Por qué, con un amplio consenso, el reconocimiento del cambio climático está tan cuestionado? Una de las razones es el gran peso que tiene la actuación de grupos de interés.

Hay autores que defienden no dedicar interés a dicho ruido. Meira (2008) cita a Futerra (2005), quien recomienda dedicar poca o ninguna atención a los que cuestionan la existencia del cambio climático, niegan la responsabilidad humana en las causas que lo originan o relativizan su importancia o la urgencia de actuar.

La complejidad del fenómeno, la incertidumbre, los efectos a medio y largo plazo alimentan los argumentos de negacionistas y escépticos, quienes arguyen que las predicciones son exageradas, no científicas y un despilfarro económico. Esta postura, por ejemplo, queda reflejada por el profesor Carlos Cachán, quien opina que el cambio climático, “es otra negra profecía con la que se asusta a la gente” (2008, 39). Desde una postura liberal, parte de la premisa que “el medio ambiente es un activo empresarial si se gestiona con eficacia” (idem, 115). Defiende que el salto mental que lleva de un aumento de CO2 a un cambio climático global no es evidente. El problema estriba, según este autor, en determinar hasta qué punto la mano del hombre puede alterar o modular esos inevitables cambios climáticos a largo plazo: “Aunque las estimaciones son aún poco fiables, los expertos sobre todo los del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU, temen que el cambio climático sea inevitable. También son muchos los que afirman que, por ahora, no hay pruebas suficientes de que ya se haya iniciado el tan temido cambio climático, aunque la prensa ya lo da por hecho, haciendo caso a los anuncios catastrofistas de los grupos ecologistas más radicales” (ídem, 38 al 41).

Hay una obra que es ilustrativa de la postura escéptica y negacionista, afín al liberalismo : Guía políticamente incorrecta del calentamiento global y del ecologismo. Su primer capítulo se titula: “El verde es el nuevo rojo. El programa antinorteamericano, anticapitalista y antihumano de los ecologistas actuales”. Para su autor, “las políticas de calentamiento global destinadas a poner el mundo a dieta amenazan el bienestar de la humanidad” (Horner, 2007, 101). A pesar de que niega el calentamiento, se pregunta hasta qué punto es destructivo (ídem, p. 94) y si un tiempo más cálido es necesariamente peor, dando ejemplos de la benignidad de un aumento de temperatura (ídem, 95 y 96).

Pablo A. Meira aborda las barreras para enfocar el reto de la comunicación del cambio climático. Considera que “la principal barrera para el cambio es, precisamente, la naturaleza estructural del problema”. Propone diferenciar tres grandes ámbitos: el primero se refiere a aquellos obstáculos que derivan de la naturaleza compleja del problema desde un punto de vista científico; el segundo repasa las implicaciones morales y socio-políticas del cambio climático; y el tercero se ocupa de los procesos psicosociales y comunicativos que más pueden estar influyendo y distorsionando la socialización del cambio climático (2008, 72 a 91).

Reconocer el cambio climático es cuestionar todo un sistema, todo un paradigma, todo un orden mundial, toda una cultura, toda una cosmovisión. En definitiva es reconocer el advenimiento de un cambio potencialmente brusco que desinstala lo establecido. Entonces no es de extrañar ese freno tanto en el ámbito social como en el individual. Y dado que las evidencias científicas son cada vez más contundentes, no es descabellado que se busque desacreditarlas por los resquicios que lo permitan. Como expone el climatólogo Manuel de Castro, “es obvio es que hay mucha gente que está radicalmente en contra del IPCC y del calentamiento global, y que se han agarrado a un clavo ardiendo” , refiriéndose al caso climagate.

Como expone Antilla (2005), quien analiza los discursos de periódicos y agencias de noticias respecto a la ciencia del cambio climático, el contraste entre el creciente consenso de la comunidad científica y la imagen de controversia o incertidumbre generada por los medios se debe a la enorme atención prestada a unos cuantos “escépticos” del clima.

El ámbito sociopolítico se inmiscuye en la ciencia intentando aplicar un filtro interesado. Esta realidad es especialmente intensa en EE.UU. . Naomi Oreskes, de la Universidad de San Diego, California, publicó en Science una investigación sobre los artículos que trataban sobre cambio climático en revistas científicas entre 1993 y 2003. De una muestra de 928 artículos, había consenso pleno de la existencia del calentamiento global. Sin embargo, otro estudio de artículos sobre el calentamiento global, durante catorce años en los periódicos más influyentes de EE.UU. (New York Times, Washington Post, LA Times y el Wall Street Journal) dio como resultado que más de la mitad de ellos daba la misma importancia a la idea consensuada por los científicos que a la idea científicamente desacreditada de que los seres humanos no desempeñan ningún papel en el calentamiento. La conclusión de los autores fue que los medios informativos estadounidenses habían estado dando la falsa impresión de que la comunidad científica estaba metida en un agitado debate acerca de si los seres humanos estaban contribuyendo al calentamiento global. Por ello, no es rara la confusión en buena parte de la sociedad (Al Gore, 2007, 262 y 263).

Greenpeace ha denunciado fondos para el negacionismo por parte de empresas. Según un informe de la asociación ecologista, Industrias Koch, una compañía privada estadounidense centrada en el sector petrolero y químico, invirtió de forma secreta entre 2005 y 2008 unos 18 millones de euros para financiar a “organizaciones de la maquinaria negacionista del cambio climático”. La ONG asegura que otros 28 millones de euros se destinaron a fomentar grupos de presión sobre asuntos energéticos. Según Greenpeace, esta última cifra fue eclipsada por las de Exxon y Chevron, que triplicaron y duplicaron respectivamente la suma dedicada por Koch a hacer lobby.

La Exxon Mobil (la cual ha otorgado durante varios años becas de 10.000 dólares a investigaciones que pusieran en cuestionamiento el cambio climático) y otras empresas han tratado de paralizar políticas que pudieran interferir en sus planes de negocios. El periodista Ross Gelbspan, ganador del Premio Pulitzer, descubrió una de las comunicaciones internas preparadas por este grupo para los empleados involucrados en su campaña de desinformación. El objetivo expreso del grupo: “Volver a posicionar el calentamiento global como una teoría, en lugar de como un hecho”(Al Gore, 2007, 263b).

La actuación de estos lobbies acaban llevando las leyes hacia su terreno, unas veces con más discreción que otras. En 2001, el presidente Bush contrató a Phillip Cooney para dirigir la política ambiental de la Casa Blanca. Había trabajado los seis años anteriores para el Instituto Estadounidense del Petróleo. Según apunta Al Gore, era el principal encargado de la campaña para confundir al pueblo estadounidense llevada adelante por las empresas productoras de petróleo y carbón. Aun sin preparación científica, corregía y censuraba las investigaciones oficiales de la Agencia de Protección Ambiental y de otras partes del Gobierno Federal. En 2005 un informe filtrado al New York Times evidenciaba cómo Cooney había eliminado toda mención de los peligros del calentamiento global. La revelación del diario provocó su dimisión y al día siguiente pasó a trabajar para la Exxon Mobil (ídem, 264).

En junio de 2008, la NASA admitía haber manipulado informes sobre calentamiento global . La oficina de control y ética de la Agencia Estadounidense del Espacio y la Aeronáutica (NASA) reconoció que su oficina de prensa manipuló varios estudios de sus propios científicos sobre calentamiento global. “Desde otoño de 2004 a principios de 2006”, dice en un informe, “gestionó el asunto del cambio climático de una forma reduccionista, distorsionada y equívoca de cara al público en general”. El propio subinspector general de investigaciones, Kevin H. Winters, calificó las acciones de los portavoces de la agencia de “interferencia política inapropiada”. James Hansen, reputado experto en cambio climático y director del Instituto Godard de Estudios Espaciales de Nueva York, denunció dos años antes la cultura de mutismo que existía en la NASA respecto a este problema. En una entrevista a la cadena CBS dijo: “Nunca en las tres décadas de trabajo para el Gobierno he visto tantas restricciones en la capacidad de los científicos de comunicarse con la ciudadanía”. El Senado encargó una investigación que arrojó estos resultados.

El peso de los escépticos de EE.UU. en el inicio del cuestionamiento sobre la certeza y la evidencia científica es llamativo. Trumbo (1996) indica que los científicos eran, inicialmente, la fuente primaria. Posteriormente entraron en escena otros actores, como los políticos y los grupos industriales. Entre ellos se encuentran los grupos de pensamientos (think tanks) conservadores, que tratan de restar importancia al cambio climático apoyando la incertidumbre científica al discurso. Corbett, Young y Davis recogen cómo los think tanks conservadores son la organización más influyente en la contracorriente anti-medioambiental estadounidense. Su papel es muy activo en torno al cambio climático, con una proyección directa en los discursos del Congreso y de los medios. A menudo su forma de trabajar es subterránea, con el objetivo de entrar en el debate (2010, 17).

Como señala McCright, el papel principal de los detractores se basa en la distorsión de los esfuerzos comunicativos de la comunidad científica ante la política y el público en general respecto al cambio climático (2007:201). El objetivo mantener el status quo y frenar el cambio hacia una nueva cultura de la sostenibilidad. Como afirman Trumbo y Shanahan (2000:200) en su editorial en Public Understanding of Science: “las condiciones que nos han traído el cambio climático, así como las que rodeen las futuras opciones para hacerle frente, están enraizadas en las estructuras socioeconómicas y los sistemas de valores, que abrazan el progreso material y el empleo de los combustibles fósiles, estructuras y valores que son altamente resistentes al cambio” .

McCright y Dunlap (2000, 2003) examinaron cómo el movimiento antimedioambiental se movilizó en Estados Unidos para defender la “no problematicidad” del calentamiento global mediante la creación de alianzas entre think tanks conservadores, intereses empresariales relacionados con los combustibles fósiles y los científicos “escépticos”, y observaron las repercusiones de todo ello en los medios de comunicación y en el diseño de las políticas (Carvalho, 2010, 2). Concluyendo, los medios de comunicación es un campo de batalla primordial en el que se validan o invalidan los discursos sobre cambio climático. “En esta mezcla de presiones e influencias, gana terreno un desafío especial en la cobertura mediática de la ciencia y la política del cambio climático, junto con muchos factores relacionados, y por tanto requiere un mayor debate: saber tratar adecuadamente la incertidumbre” (Boykoff, 2010, 6).

Como expone el periodista científico Ferrán Puig, “incertidumbre” es, científicamente, una expresión de error máximo dentro de un rango de probabilidades bien definido. “En cambio, la idea popular es la de que no lo sabemos del todo o no se sabe bien. Ambas expresiones han sido aprovechadas por la maquinaria de negación con gran fruición e intensidad” (2010, 8).

Boykoff se refiere al grupo cohesionado de contrarians como opositores del reconocimiento del cambio climático, con vínculos con los think tans conservadores estadounidenses, los movimientos anti-medioambientales y la industria basada en el carbono. Son escépticos y también denominados como el “club del carbono”, que han ganado una gran atención en los medios y, como resultado, han influido en la percepción del público de manera notable (2010, 6 y 7). Desafían la evidencia científica sobre el clima y han logrado establecerse en el discurso nacional e internacional sobre las causas del cambio climático (McCright y Dunlap 2000).

Han existido experiencias en las que el negacionismo retrocedió, como la Global Climate Coalition, que se creó en 1989 y estuvo operativa hasta 1997. Los miembros iniciales eran un amplio espectro de industrias, entre las que se incluían empresas petrolíferas y de gas, minería, automoción y otras. Como recogen Corbett, Young y Davis, la coalición hizo un lobby intensivo, compró espacios publicitarios y facilitó vídeos a periodistas sobre los beneficios del incremento del dióxido de carbono. Cuando se incrementó la evidencia del cambio climático, los miembros comenzaron a retirarse de la Coalición, que en torno al 2000 se disolvió (2010, 8 y 9). Se aprecia cierta evolución del negacionismo y del escepticismo. Ante la evidencia de la realidad biofísica, se abren a reconocer la existencia del calentamiento global y defienden el libre mercado como solución. Es la postura que se reconoce como adaptacionistas , en la que se descarta la mitigación y se centra en la adaptación.

El escepticismo no tiene la misma fuerza en todos los países. Como recogen Peter y Heinrichs, las fuentes científicas tienen en Alemania un estatus excepcionalmente alto en cuanto al tema de cambio climático. Los científicos aparecen, sobre todo, dando la voz de alerta en los medios (2010, 3). Ambos autores otorgan a la ciencia un protagonismo esencial, el cual realiza una contribución decisiva al conocimiento público del cambio climático. “La alta proporción de fuentes científicas es una prueba de la cientificación del debate político y social sobre temas de riesgo, especialmente del cambio climático” (ídem, 16).

En Reino Unido, Carvalho demuestra que la representación del conocimiento científico sobre el cambio climático tiene continuidad en algunos de los diarios y transformaciones en otros. En el segundo lustro de los 80, tres rotativos británicos de referencia (The Independent, The Times y The Guardian) ejercían como portavoces del establishment científico, resaltando su autoridad y poder social. Pero a finales de los 80, al politizarse el cambio climático, varió su valoración de la ciencia en algunos de ellos. Como expone la autora, el escepticismo y la oposición a las principales afirmaciones científicas aparecieron en el diario conservador The Times y, en menor medida, en The Independent. The Times comenzó a cuestionar el efecto invernadero y la responsabilidad humana. No dudó en desacreditar a científicos e incluso en dañar la reputación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). En ocasiones se apoyó, según Carvalho en “ciertos individuos, ajenos a la ciencia respetada” que proponían una visión del mundo y un determinado orden social afín al diario (2010, 17 y 18).

El cambio climático es uno de los principales temas que están provocando un cambio en la percepción de la ciencia en cuanto a su imagen. Carvalho señala que la ciencia ha estado sujeta a una fuerte en algunos medios, siendo interpretada como una fuente de conocimiento con autoridad y fiable o como una tentativa rechazable. Para Anabela, los factores clave que explican estas variaciones en el discurso mediático son ideológicos. “Las formas de interpretar y reconstruir el discurso de la incertidumbre científica son uno de los indicadores más contundentes de los puntos de vista ideológicos” (ídem, 18).

Los medios presentaron fundamentalmente una imagen de certeza del conocimiento científico sobre el cambio climático en Alemania y de incertidumbre en Estados Unidos. En el Reino Unido, las lecturas de incertidumbre han variado ampliamente de unos periódicos a otros (ibídem). En la actualidad está creciendo o consolidándose la imagen de incertidumbre en los EE.UU.

4.- Reconocimiento y cuestionamiento mediático del cambio climático en medios de comunicación españoles

En España se pude defender que hay una relación concurrente entre la atención científica y la de los medios de comunicación. Los informes científicos tienen eco, en general, en los medios. Podemos concluir que ha prevalecido la imagen de certeza del conocimiento científico en los editoriales analizados de las principales publicaciones españolas (El País y El Mundo). Hemos observado que la incertidumbre tiene algo de peso en el resto de informaciones de dichos diarios. El editorial está más libre que los géneros informativos de la norma periodística de equilibrar las fuentes y atender la polémica.

No obstante, existen otras publicaciones españolas en las que la incertidumbre es la protagonista, como el caso de Libertad Digital, con un componente ideológico determinado. Como en otros países, la construcción del discurso científico está tamizada por las posturas ideológicas.

El papel de la ideología en las representaciones mediáticas de la ciencia está todavía poco investigado (Carvalho, 2010, 3). En esta línea proponemos, a continuación, un análisis sobre discursos de varias publicaciones españolas de diferente cosmovisión. Se trata de resultados de la tesis doctoral titulada El cambio climático en editoriales de prensa. Ecología Política y Periodismo Ambiental: una propuesta de herramienta de análisis (Fernández, 2009). A través de las cabeceras Libertad Digital, El Mundo, El País y El Ecologista observamos la postura ante el cambio climático de una buena muestra del arco ideológico, que va desde el liberalismo hasta el ecologismo, pasando por el conservadurismo y la socialdemocracia.

a) Presencia en los editoriales como tema principal:

En primer lugar presentamos un gráfico con el número de editoriales que abordan el cambio climático como tema prioritario. Este análisis cuantitativo muestra que, salvo la aparición puntual en 1992 en el diario El País, la atención mediática no se iniciaría hasta el segundo lustro de los noventa, decaería en 1999 y volvería a remontar en 2001, siendo 2007 el año con más editoriales dedicados al tema. Los picos de más cobertura coinciden con la Cumbre de la Tierra (y el Convenio Marco sobre Cambio Climático) (1992), el segundo informe del IPCC (1995), el Protocolo de Kyoto (1997), el tercer informe del IPCC (2001), la entrada en vigor de Kyoto (2005) y la presentación del cuarto informe del IPCC (2007) (Fernández, 2010, 9).

b) Actores:

Los actores más frecuentes son los “Políticos” (integra las decisiones políticas), sean en el ámbito nacional o en el internacional. En El País, tras los “Políticos”, toma protagonismo los “Ecosistemas globales o locales” a raíz de efectos naturales relacionados con el cambio climático. Por último se encuentran los “Científicos” y “Al Gore”. El Mundo sigue el mismo orden.

En Libertad Digital, tras “Políticos” toma protagonismo “Al Gore”, seguido de los “Científicos” y los “Ecologistas”. Llama la atención que esta publicación alude en mayor cuantía que los otros a los ecologistas, como referentes enemigos del liberalismo. El Ecologista aborda como actores a los “Políticos” y a los “Ecologistas” mismos (para expresar sus ideas).

Es preciso matizar que las negociaciones en las cumbres internacionales no se desarrollan en una arena de todos frente a todos, sino que hay varios grupos que engloban a países de intereses y posturas más o menos afines (Rivera, 2008, 110). Es oportuno diferenciar los grupos de presión: la Juscanz (Japón, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) se resistió a una reducción de emisiones porque sus integrantes son grandes productores y grandes consumidores de combustibles fósiles. Es conocido como el Grupo Paraguas. Vio su cohesión afectada por la salida de Estados Unidos del Protocolo, que le pareció excesivo a los demás. La Unión Europea ha mantenido posiciones más responsables y avanzadas. La UE es partidaria de la reducción de emisiones no sólo por sensibilidad ambiental, empujada por los movimientos verdes, muy activos en Europa, sino también por intereses económicos y tecnológicos. G77 más China es el grupo que reunía a los llamados “países en vías de desarrollo”. Son los países menos industrializados que quieren una reducción de las emisiones, pero exigen que sean los países industrializados quienes la realicen, ya que contribuyen más a la emisión de gases invernadero a la atmósfera. El grupo de los países islas, la Aoasis, agrupa a pequeños estados insulares, sobre todo del Pacífico, que frente al cambio climático se juegan su propia existencia. Y en conferencias puntuales como la de la Haya, los pueblos indígenas también aparecieron como grupo para defender los intereses de sus tierras (Velázquez, 2005, 244-245).

c) Grado de reconocimiento:

Libertad Digital se diferencia del resto de publicaciones negando o cuestionando el calentamiento global. El País y El Mundo no lo cuestionan y en pocas ocasiones se refieren a una falta de consenso científica como remite continuamente Libertad Digital. Para El Ecologista es una evidencia y no nombra si quiera el argumento de una falta de consenso.

d) Argumentos contrarios al reconocimiento:

En la mayor parte de los editoriales de El Mundo y de El País, y en la totalidad de El Ecologista se reconoce el cambio climático, por lo tanto presentan muy pocos argumentos contrarios a su reconocimiento. Lo contrario de Libertad Digital, que aporta argumentos que no reconocen dicho reto ambiental. Estos argumentos son, por importancia, la defensa de una “Postura ideológica”, la alusión a “Poca información científica” o directamente “Intereses económicos”.

e) Argumentos contrarios a la toma de medidas

Es preciso especificar que en este apartado no se reflejan los argumentos de las propias publicaciones en El Ecologista, El País y El Mundo, dado que ninguno es contrario a la toma de medidas. Así que optamos por clasificar los principales argumentos aparecidos en sus editoriales aportados por los principales actores protagonistas.

Por su parte, cuando en Libertad Digital señala los “Intereses económicos” como argumentos contrarios a la toma de medidas, se refiere a su línea ideológica, criticando el gasto en la mitigación del cambio climático. Como exponía en el editorial del 23 de febrero de 2008: “La industria española ha advertido ya de la cancelación de futuros proyectos, la deslocalización y la pérdida de cientos de miles de empleos como resultado inevitable de los planes de racionamiento energético”.

Varios de los ítems están presentes en los editoriales pero aparecen discriminados en este gráfico por ser argumentos secundarios. Ocurre eso con “Culpabilidad histórica”, con “Escasez de recursos”, con “Interés climatológico” o con “Abordaje global”. La “Culpabilidad histórica” es atribuida por los países pobres y por los “en vías de desarrollo” ; la “Escasez de recursos” aparece de la mano de los países pobres; el “Interés climatológico” fue un argumento de Putin para minimizar e incluso aplaudir el cambio climático en Rusia; el “Abordaje global” era reclamado por EE.UU. como excusa para ratificar Kyoto en la última década, y últimamente se asume como una directriz para el documento que ha de sustituir Kyoto.

La inmensa mayoría de los argumentos contrarios a la toma de medidas están relacionados con los “Intereses económicos”. Por ejemplo, Australia ha sido reticente a ratificar el Protocolo por sus fuertes intereses en la explotación de carbón; EE.UU. se alejó de Kyoto por su fuerte dependencia de la quema de combustibles fósiles y por el coste que supondría para su industria el recorte de emisiones; China, India y Brasil se encuentran en una etapa de desarrollo económico a la que no renuncian por obligaciones del clima; España, aunque haya firmado y ratificado el protocolo de Kyoto, se ha alejado de sus compromisos con un itinerario de gobierno nacional -y autonómicos- bicéfalo en cuanto a afrontar la reducción reemisiones de CO2. Lo normal es que las distintas “carteras” apunten a direcciones contrarias.

Esta tendencia a no invertir para mitigar el cambio climático va en contra del informe Stern, quien vaticina que supondrá un coste superior. Como expone Tim Flannery, “los costes de no hacer nada con respecto al clima son astronómicos” (2007, 215).

A los “Intereses económicos”, le siguen los argumentos de “Cuestionamiento científico” y el requerimiento de “Abordaje global del problema”.

f) Responsabilidad:

Libertad Digital, al cuestionar el cambio climático, no atribuye la responsabilidad “A nadie”. En todo caso responsabiliza a los “Políticos” por gastar dinero en mitigar dicho reto ambiental, y a los “Ecologistas” por sus demandas.

Cuando el resto de las publicaciones achacan la responsabilidad a los “Políticos” no es porque les atribuyan culpabilidad por el cambio climático sino que consideran que no toman medidas suficientes. El Mundo, en once editoriales, responsabiliza a los “Países industrializados” y en otro tanto no aborda la responsabilidad. El siguiente ámbito es el de los “Políticos”, seguido de la “Actividad humana” y de los “Países emisores”. El País centra la responsabilidad en los “Países industrializados”, seguido de la “Actividad humana”, de los “Políticos” y de los “Países emisores”. No aborda la responsabilidad en 9 ocasiones. El Ecologista lo atribuye a la “Actividad humana”, a los “Países industrializados” y a los “Países emisores”. Se percibe una evolución en la atribución de responsabilidades en El País, El Mundo y El Ecologista. En un principio, la responsabilidad apuntaba a los “Países industrializados”. Conforme se han hecho más evidentes las emisiones de países conocidos como “en vías de desarrollo”, la atribución ha evolucionado a los “Países emisores”, ya sean industrializados o no.

Es llamativa la cantidad de veces que aparece EE.UU. como el malo de la película. La postura de los dos mandatos de George W. Bush provocó un aluvión de críticas en las tres publicaciones de papel, al contrario que en Libertad Digital. La posición de Bush quedó reflejada en una declaración que hizo: “No haremos nada que perjudique nuestra economía”, recogida por El Mundo en un editorial del 31 de marzo de 2001 titulado “Bush el Contaminador”. El mismo diario, en otro editorial, del 15 de junio de 2001, denominaba al presidente estadounidense como “el texano tóxico”.

Igualmente, el esfuerzo europeo por abanderar la lucha contra el cambio climático se ve aplaudido en los editoriales de El País y de El Mundo. Europa aparece criticada por El Ecologista y por Libertad Digital por motivos contrarios: la primera cabecera critica su corto compromiso y la segunda su gasto excesivo.

g) Previsiones de consecuencias:

En buena parte de los editoriales no se abordan las consecuencias. Las principales consecuencias que se tratan son las “Naturales”, posiblemente influidos por la información científica del IPCC. Este hecho es fuente de crítica para quienes demandan que se relacione con los desastres humanos. Por otra parte, también se da la circunstancia de que Libertad Digital aborda las consecuencias “Naturales” para cuestionarlas.

Le sigue en importancia el tratamiento de las “Consecuencias Globales”.

h) Reconocimiento de las causas:

Libertad Digital no reconoce el origen antrópico del cambio climático. Y cuando llega a tratar la hipótesis de que es así, lo justifica por el desarrollo. Y como solución sigue abogando por la fe en el mercado. Así decía una parte del editorial del 22 de abril de 2007: “No se trata sólo de que tanto los futuros aumentos de temperatura como los grandes cataclismos propios del apocalipsis sean hipótesis de futuro que probablemente no ocurran. Es que la humanidad haría mejor en procurar prosperar, porque así estaríamos más preparados en el supuesto de que, finalmente, el apocalipsis llegara. Nuestros hijos y nietos dispondrán de mucha mayor capacidad para hacer frente al aumento de temperaturas, debido a la mejora tecnológica y al mayor capital acumulado”.

El resto de las publicaciones reconocen las causas humanas como las originantes del cambio climático.

i) Alusiones a la energía nuclear:

La publicación que más abiertamente trata la “Defensa de la energía nuclear” como argumento para abordar el calentamiento global es Libertad Digital, a pesar de no reconocer el cambio climático como certeza ni evidencia. También lo hacen en 2007 El Mundo (dos ocasiones) y El País (en una ocasión). En otras dos veces que aparece el tema de la energía nuclear, El País no se posicionaba a favor (en un editorial del 5 de febrero de 1995), ni El Mundo (en otro del 24 de julio de 2001). El Ecologista se mantiene contrario a la energía nuclear.

La energía nuclear está encontrando en el cambio climático un elemento decisivo para su justificación. Se percibe una decantación más clara tanto en El Mundo como en El País en los últimos años. Cuando los editoriales de El País aluden a abrir el debate “quiere decir” que apoya la energía nuclear.

j) Caracterización:

Sobre cómo se define el fenómeno, desde qué paradigma, el “Paradigma ecológico” sólo lo contiene el discurso de El Ecologista, aunque, como dato curioso, en un editorial de El Mundo (29 de noviembre de 1997) nos encontramos con elementos propios del pensamiento verde.

5.- Resultados

La atención mediática del cambio climático en España se inició en el segundo lustro de los noventa, decaería en 1999 y volvería a remontar en 2001, siendo 2007 el año con más editoriales dedicados al tema. Los picos de más cobertura coinciden con la Cumbre de la Tierra (y el Convenio Marco sobre Cambio Climático) (1992), el segundo informe del IPCC (1995), el Protocolo de Kyoto (1997), el tercer informe del IPCC (2001), la entrada en vigor de Kyoto (2005) y la presentación del cuarto informe del IPCC (2007). Los hitos más importantes en la cobertura del cambio climático en España tienen que ver, al igual que en la comunidad internacional, con eventos políticos internacionales como la Convención Marco sobre el Cambio Climático (UNFCCC) y Protocolo de Kyoto (PK), principalmente, así como los informes científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) (Fernández, 2010, 1).

En cuanto al coeficiente de aparición en los últimos cinco años analizados (2004-2008), la publicación con el mayor coeficiente es El Ecologista (45 %). Casi la mitad de sus editoriales aborda el tema del “cambio climático”. De los rotativos diarios es El País el que más veces lo trata (3,6 % del total de los editoriales), más del doble en su totalidad a El Mundo (1,4 %) y a Libertad Digital (1,3 %). Ante estos datos cabe preguntarse: ¿Es una tendencia al protagonismo mediático de lo catastrófico o hay un déficit por omisión de este reto considerado por autoridades internacionales, como el presidente de la ONU, como el “reto que define nuestra época”?

Los políticos y las decisiones políticas son los actores protagonistas de los discursos. El papel de los científicos es bastante menor. El reto del cambio climático se aborda como un problema político.

En cuanto al grado de reconocimiento, los editoriales de los diarios mayoritarios El País y El Mundo no lo cuestionan y en pocas ocasiones se refieren a una falta de consenso científico. Hemos apreciado que los editoriales de ambos diarios son mucho más claros en el reconocimiento del cambio climático que el resto de los artículos informativos, donde hay más cabida a tratar de equilibrar los puntos de vista de la mayoría de la comunidad científica con la del pequeño número de científicos escépticos. Libertad Digital se diferencia del resto de publicaciones negando o cuestionando el calentamiento global. Para El Ecologista es una evidencia y no nombra si quiera el argumento de una falta de consenso.

En la mayor parte de los editoriales de El Mundo y de El País, y en la totalidad de El Ecologista se reconoce el cambio climático, por lo tanto presentan muy pocos argumentos contrarios a su reconocimiento. Lo contrario de Libertad Digital, que aporta como argumentos que no reconocen dicho reto ambiental: la defensa de una “Postura ideológica”, la alusión a “Poca información científica” o directamente “Intereses económicos”.

La inmensa mayoría de los argumentos contrarios a la toma de medidas están relacionados con los intereses económicos. Al coste económico, le siguen los argumentos de cuestionamiento científico y el requerimiento de abordaje global del problema. Puntualmente también aparece el interés climatológico y la culpabilidad histórica.

Se percibe una evolución en la atribución de responsabilidades en El País y El Mundo y El Ecologista. En un principio, la responsabilidad apuntaba a los países industrializados. Conforme se han hecho más evidentes las emisiones de países conocidos como “en vías de desarrollo”, la atribución ha evolucionado a los países emisores, ya sean industrializados o no.

Cuando las publicaciones achacan la responsabilidad a los políticos no es porque los culpabilicen del cambio climático sino que consideran que no toman medidas suficientes. Es llamativa la cantidad de veces que aparece EE.UU. como el malo de la película. La postura de los dos mandatos de George W. Bush provocó un aluvión de críticas en las tres publicaciones de papel, al contrario de en Libertad Digital. Igualmente, el esfuerzo europeo por abanderar la lucha contra el cambio climático se ve aplaudido en los editoriales de El País y de El Mundo. La Unión Europea aparece criticada por El Ecologista y por Libertad Digital por motivos contrarios: la primera cabecera critica su corto compromiso y la segunda su gasto excesivo.

En la categoría de atribución de responsabilidad no incorporamos el item “Responsabilidad individual” porque en el preanálisis que efectuamos no aparecía referencia alguna. Consideramos que la percepción generalizada del cambio climático como un problema ajeno, a cuya resolución poco pueden contribuir las acciones individuales (Parrat, 2010, 1) puede ser una disfunción de la comunicación del cambio climático en los medios. Los discursos mediáticos calan y se integran, en diferente grado, en el entendimiento y comportamiento personales (Boykoff, 2010, 2). Por ello, puede ser oportuno el tratamiento mediático del ámbito personal.

Como reconoce la periodista ambiental María Josep Picó, el cambio climático sigue siendo percibido mayoritariamente como fenómeno global y no local. Es preciso que los medios lo vinculen a la vida cotidiana de los ciudadanos (Larena, 2009, 53). Meira apuntaba que quizás sea preciso ayudar a identificar mejor y más nítidamente cómo dicha responsabilidad se concreta en la actividad y el comportamiento de cada persona, de cada comunidad y de cada sociedad. “Una cosa es aceptar que la humanidad es la variable principal que explica el cambio climático y otra reconocer la responsabilidad concreta de cada individuo y de las sociedades de las que formamos parte en dicha causalidad” (2008, 43). Existe una dificultad de la población para entender cómo el cambio climático afecta y se proyecta a escala local. Este fenómeno, conocido como “hipermetropía”, es “una de las claves para entender la percepción amortiguada de las amenazas para la vida cotidiana que pueden derivarse del cambio climático y tiene también mucho que ver con la dificultad para identificar nuestras responsabilidades, individuales y colectivas, tanto en la generación del cambio climático como en la adopción de acciones de respuesta al mismo” (Meira, 2008, 22).

Las principales consecuencias que se tratan son las naturales, posiblemente influidos por la información científica del IPCC. Este hecho es fuente de crítica para quienes demandan que se relacione con los desastres humanos. Le sigue en importancia el tratamiento de las consecuencias globales.

Los principales diarios reconocen que el cambio climático es de origen antrópico. En pocas ocasiones dudan. El Ecologista no duda de las causas humanas. Libertad Digital no reconoce el origen antrópico del cambio climático. Y cuando llega a tratar la hipótesis de que es así, lo justifica por la necesidad de desarrollo. Y como solución sigue abogando por la fe en el mercado.

La publicación que más abiertamente trata la defensa de la energía nuclear como argumento para abordar el calentamiento global es Libertad Digital, a pesar de que no lo reconoce como certeza ni evidencia. También lo hacen en 2007 El Mundo y El País. El Ecologista se mantiene contrario a la energía nuclear.

El paradigma ecológico sólo lo contiene el discurso de El Ecologista, con alguna salvedad en discursos de algunos editoriales de los dos diarios impresos, que contienen algún elemento de dicho paradigma. En Libertad Digital, El Mundo y El País, prevalece el paradigma analítico-productivista.

En cuanto a las alternativas, Libertad Digital no reconoce el calentamiento global o propone la alternativa de no gastar dinero en tratar de mitigarlo confiando en el mercado. El Mundo y El País proponen alternativas ambientalistas, reformistas, más o menos de igual calado, con la diferencia que El País aborda el tema el doble de veces. Para El Ecologista, la alternativa ha de ser verde, esto es, con medidas de cambio de sistema.

6.- Conclusión y discusión

Percibimos que la demarcación ideológica de los medios de comunicación tiene un especial peso en la percepción científica. Como hemos podido observar en el análisis de los editoriales, la ideología influye en la interpretación de los resultados científicos del cambio climático a través de: el paradigma en el que se enmarca el relato, una mayor o menor cobertura, selección de actores (instituciones, expertos y contra-expertos), los argumentos (en los que se interpretan y construyen la realidad), la propuesta de tomas de medidas (campos de acción o de inacción), la atribución de responsabilidades, el reconocimiento de las consecuencias y, en definitiva, el grado de reconocimiento o cuestionamiento de las afirmaciones científicas.

Creemos que entre los principales motivos que facilitan la imagen de cuestionamiento científico se encuentra:

1.- La desproporción que resulta al otorgar el mismo peso a todas las fuentes informativas. Se trata de una tendencia a equilibrar las partes en confrontación en un mismo nivel, aunque el peso de cada parte sea de una diferente dimensión. De esta manera, el cuestionamiento del cambio climático, siendo minoritario en el ámbito científico, disfruta de una mayor amplificación. Esta asimetría provoca que los datos rigurosos de un equipo de investigación durante veinte años aparecen refutados o disponen del mismo espacio mediático que la opinión de un aficionado a la meteorología (Montero en Larena, 2009, 51). Esto es, 10.000 artículos científicos en los que se basa un informe del IPCC pueden confrontarse con el trabajo de un solo científico. Los receptores consideran ambas posturas como simétricas, con el mismo peso, provocando confusión. Esta manera de informar, equilibrando las fuentes, es corriente para los profesionales del ejercicio periodístico, pero criticada desde el exterior por el ruido que genera. Hemos observado que está menos presente en el género editorial que en los géneros informativos.

Ante esta disfunción planteamos dos propuestas desde el ejercicio periodístico: a) Evitar esa falsa simetría relatando en el mismo discurso periodístico la dimensión de cada versión; b) Cambiar el eje del debate o de la dialéctica del tratamiento informativo a partir de la realidad biofísica. Esto es, los datos científicos del IPCC están demandando una dialéctica y un debate informativo a la hora de afrontar el cambio climático entre la postura reformista y el cambio de sistema, no entre el negacionismo y el reformismo (Fernández, 2010, 12).

2.- La propensión mediática al conflicto

3.- Es el de mayor peso: De la falsa simetría y de la tendencia a valorar el conflicto en los medios de comunicación se aprovecha la labor distorsionadora de grupos con intereses, que persiguen obstaculizar el reconocimiento científico del cambio climático. Se pueden apuntar, principalmente, tres frentes que han cuestionado el origen antrópico o la virulencia del cambio climático: por un lado, empresas con intereses especiales en la producción de petróleo, carbón y servicios relacionados; por otro, la propia administración política (los estados emisores y consumidores defienden sus intereses con pocas atenciones a la globalidad); y por otro, un sector científico (si bien es verdad que no todos los científicos escépticos o negacionistas tienen intereses creados).

Ante la distorsión de los grupos con intereses, creemos acertada la propuesta de Anabela Carvalho de una lectura politizada de los reportajes de la ciencia (en nuestro caso, especialmente de los editoriales) en los medios de comunicación. Al igual que los medios leen los artículos científicos con un enfoque político, así deberíamos también leer los periódicos. De esta manera el público puede efectuar una interpretación más activa de las representaciones del conocimiento en los medios y lograr un entendimiento crítico de sus implicaciones. Para ello es precisa una alfabetización mediática sobre asuntos de ciencia y promover las herramientas necesarias para llevar a cabo una deconstrucción crítica de la comunicación científica (2010, 20).

Los periodistas tenemos presente los filtros de las distintas fuentes que intervienen en la información del cambio climático. La construcción científica del significado del cambio climático es filtrada por: políticos, medios de comunicación, grupos empresariales, ONGs, la propia ciudadanía, etc., que pueden amplificar o reducir los resultados científicos en función de su percepción. En el caso de los grupos empresariales con intereses, mantienen una dinámica de mantener el status quo y la estructura del actual sistema. Ello les dificulta para disponer de una mayor capacidad de atención de la realidad biofísica en el reconocimiento del impacto antropogénico y la virulencia del cambio climático. Las informaciones científicas contrarias a su dinámica son cuestionadas y, cuando se reconocen, se asumen como un reto más a batir desde la misma dinámica productivista. Las informaciones científicas favorables a su dinámica son potenciadas. El resultado de su construcción del significado del cambio climático está tamizado por sus intereses económicos.

La práctica totalidad de países reconocen la información científica del cambio climático, pero los intereses particulares de los países emisores y consumidores impiden abordar medidas de resolución, las cuales se reconocen que han de ser globales. Se baraja que la política no evitará la subida de 2º centígrados . La construcción científica del cambio climático sí se reconoce, pero no implica un campo de acción serio de los países emisores y consumidores hacia su resolución. La inacción de éstos se justifica en el ámbito político, pero detrás prevalecen los intereses económicos. El resultado de la construcción del significado del cambio climático es afín a la información científica, aunque no supone un reactivo para los países emisores y consumidores . Ello genera desconfianza en el ámbito internacional. ¿Debemos dejar de soñar en una respuesta institucional que nunca se materializará?, se preguntaba el periodista George Monbiot ante el fracaso de Cancún .

Quisiéramos, antes de proseguir, detenernos en el ámbito personal, en el que la disonancia cognitiva puede evadir del reconocimiento de la responsabilidad ante las informaciones científicas. Si bien es cierto que su capacidad de acción es limitada, el elemento de responsabilidad ciudadana está muy poco abordado en los medios de comunicación. Una manera de evadir este ámbito es atribuir la responsabilidad exclusivamente a la esfera sociopolítica. Los relatos son, prácticamente en su totalidad, de análisis de las realidades sociales y nunca individuales. Ello favorece que el cambio climático, como tantas realidades ambientales y sociales, se perciba como un reto externo, exclusivamente social o político. En los discursos mediáticos se puede estar perdiendo un referente con gran potencial: el comportamiento personal. Las herramientas de huella ecológica o la de huella del carbono pueden ser válidas para remitir al comportamiento individual.

Centrándonos en el análisis efectuado, constatamos que el liberalismo y parte del conservadurismo español no reconoce el cambio climático como un reto importante, o lo minimiza; que otra parte del conservadurismo y la socialdemocracia sí lo reconoce, desde una postura ambientalista; y que el ecologismo lo reconoce desde una actitud verde . Percibimos que Libertad Digital sigue la línea del liberalismo, que El País sigue una línea editorial propia de la socialdemocracia y que El Ecologista sigue una directriz verde. El Mundo, considerado a la vez de ideología liberal y conservadora, se aleja de la postura liberal ante el cambio climático y se instala en la línea conservadora europea, de manera similar a los gobiernos actuales de Francia y Alemania (Fernández, 2010, 11)

La imagen que prevalece en los editoriales de los dos diarios de referencia más leídos en España, El País y El Mundo, es que el cambio climático está aumentando su presencia y protagonismo, se reconoce como un reto importante, se aborda como un problema político y se considera que los motivos para no afrontarlo adecuadamente son económicos. Igualmente, atribuye la responsabilidad a los países industrializados y a los países emisores, se centran en las consecuencias naturales y reconocen el origen antrópico. Muestran su apoyo a la energía nuclear y proponen alternativas ambientalistas. En ambos diarios prevalecen los discursos desde el paradigma analítico productivista. ¿Es eficaz esta determinada construcción del cambio climático para facilitar su resolución?

¿Cómo afecta la decantación de dos diarios de referencia, El País y El Mundo, por el reconocimiento del consenso científico del cambio climático? Sin duda, sus editoriales reconocen el riesgo y, por tanto, incitan a campos de acción. Ambos diarios encajan en el ambientalismo, proponiendo una mayor regulación del mercado. Pero ninguno pone en cuestión la estructura socioeconómica capitalista. El PNUMA señala al crecimiento económico y demográfico como los factores más importantes que impulsan la creciente demanda de recursos y que contribuyen al cambio climático global (GEO 4, 2007, 196). La reducción del consumo a niveles de sostenibilidad es indispensable para mitigar el cambio climático. Sin embargo, es fácil ver la contradicción de propuestas de valores en torno a la sostenibilidad junto a la incitación indiscriminada al consumismo, fácil de percibir en otras secciones o en la publicidad.

Un buen ejemplo se puede apreciar en ambos diarios el 18 de noviembre de 2007, día en que se presentó en Valencia del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC. El periodista ambiental de El País, Rafael Méndez abordó la información del día 17 con el siguiente título: “Ban Ki-Moon: Reducir e invertir el cambio climático es el reto que define nuestra época”; y el día 18: “Ocho años para evitar el desastre” . Resalta el día 18 la indicación del tiempo que queda para empezar a bajar las emisiones y así evitar “interferencias peligrosas sobre el clima”, esto es a partir de 2015.

Gustavo Catalán, de El Mundo, abordó la presentación del informe el día 17 con el título “Los expertos de la ONU alcanzan el consenso sobre el cambio climático”. El 18 de noviembre el primer editorial de El Mundo es dedicado al evento: “Cambio climático: habló la ciencia y es el turno de la política”. El reportaje de Gustavo Catalán se titulaba “La ONU reclama una «alianza mundial» contra el cambio climático basada en una «economía verde»”.

Pues bien, en El País, en la edición andaluza, la información de Rafael Méndez ocupó menos de una página, frente a páginas enteras de anuncios publicitarios de automóviles de amplia emisión de CO2. En El Mundo, los artículos de Gustavo Catalán, Antonio Ruíz de Elvira y José Martín abordaron el cambio climático en dos páginas, lo que ocupaban un anuncio a toda página de una compañía aérea anunciando: “Vivir en Madrid y trabajar en Barcelona, o viceversa. Sí, es posible ” y un automóvil de amplia emisión de CO2.

El discurso total de estos dos diarios, referentes de la mayoría ideológica de España, es polifónico, pero ¿qué parte de la balanza tiene más peso: la de los discursos favorables al consumismo o los discursos afines a un consumo responsable o al decrecimiento material (éste último es prácticamente inexistente)? Ambos periódicos no evitan tal publicidad ni se enfrentan a grandes empresas denunciando el impacto de sus servicios o productos sobre el cambio climático . A través de la información ambiental en la publicidad se esconden empresas inmovilistas que son ejemplo de la explotación irracional de recursos naturales o de la emisión de contaminación. Dichas empresas, tras el impacto ambiental, destinan cifras ingentes a campañas de publicidad para embadurnar su imagen. Se trata de un maquillaje estratégico.

Por tanto se puede observar que en estos dos diarios de referencia, aunque se reconozca la seriedad del reto del cambio climático en sus editoriales, el discurso que impera, tanto en otras secciones como a través de la publicidad, sigue siendo el de potenciar el consumismo. El resultado de los relatos es la de una construcción contradictoria que se asume como normalizada en la mayoría de los medios de comunicación y, posiblemente, en la audiencia. Entonces, ¿el reconocimiento científico de la realidad biofísica del cambio climático en los medios de comunicación ayuda a su resolución? Sin duda, es un paso muy importante para inducir a campos de acción en dirección a facilitar su resolución, pero mientras prevalezcan los discursos pro-consumistas (tan defendidos en tiempo de crisis económica desde el propio sistema) y dependan de campos de acción que inciten a un consumismo ilimitado, el resultado puede ser nulo o incluso negativo. Sería interesante investigaciones en esta línea.

Creemos también interesante estudios que analicen el tratamiento mediático de la mitigación y la adaptación . Observamos que la preponderancia del término adaptación puede ser una incapacidad o una rendición en el objetivo de lograr la mitigación. De hecho, apreciamos cierta evolución del negacionismo y del escepticismo hacia el adaptacionismo. Ante la evidencia de la realidad biofísica, se abren a reconocer la existencia del calentamiento global y defienden el libre mercado como solución . Esta postura descarta la mitigación y se centra en la adaptación . La adaptación se está construyendo como una meta estática, como un punto de destino. Sin embargo, el cambio global producido por el cambio climático puede generar un desequilibrio que implique readaptaciones continuas, o sea, que la adaptación sea la dinámica normal. El coste de ello es incalculable. La adaptación encaja bien con el status quo del sistema socioeconómico actual porque no se marca un límite en la dinámica de producción y consumo. La mitigación sí lo marca. Se puede tratar de una huida hacia adelante. La observación de la construcción social del cambio climático nos lleva a plantearnos que, al igual que consideramos que la estructura mediática actual es incompatible con la mitigación del cambio climático (Fernández, 2010, 12), apoya la adaptación desde el esquema de la estructura socioeconómica actual, por lo que reduce su efectividad en la resolución del reto ambiental.

En términos generales, consideramos que el cuestionamiento científico del cambio climático en España se debe, principalmente, a la influencia ideológica del liberalismo , que se apoya en el trabajo de una minoría científica. El problema no es el consenso científico, es la disensión ideológica en torno a una visión particular de la economía. Los medios de comunicación son la plaza donde se dirime esta confrontación, donde hay intereses en juego. Y hoy los grandes grupos empresariales son los propietarios mayoritarios de los grandes medios de comunicación no públicos. Esta realidad, como disfunción, genera una merma en las iniciativas que caminen hacia la mitigación y adaptación del cambio climático. El cambio climático afecta a la economía preponderante, la cual tratará de defender el capitalismo y el consumo mientras pueda. El País y El Mundo se alejan de la postura del liberalismo ideológico en el reconocimiento del cambio climático, pero ¿se alejan de igual manera del liberalismo económico?

El riesgo de cambios bruscos e irreversibles aumenta con el cambio climático. Si se cruzan puntos de inflexión en el clima de la Tierra, como la muerte de las pluviselvas del Amazonas o la liberación explosiva de metano (Flannery, 2007, 183), la velocidad del cambio global puede ir a un ritmo independiente del que infunda el ser humano, fuera de su control. Aunque es muy improbable (Sintes, Heras, eds, 2009, 39) que la cinta transportadora oceánica experimente durante el siglo XXI un cambio importante de forma repentina, el mismo PNUMA admitía que “las pruebas demuestran que la circulación de las aguas frías y profunda de la cinta transportadora del Atlántico Norte puede haberse ralentizado. Su detención podría precipitar un cambio abrupto en los regímenes climáticos de todo el mundo” (2007,199).

Las estructuras del sistema mediático actual y del sistema socioeconómico imperante son incapaces de afrontar el reto del cambio climático con eficacia . Urge repensar y actuar, mirando, sin dilación, hacia nuevos sistemas afines a una cultura de la sostenibilidad. El tratamiento mediático del cambio climático, y con ello su reconocimiento científico, ha de cuidarse de manera especial.

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