Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2008

 

ANÁLISIS CRÍTICO DE LA CULTURA. Cuantas personas ven la televisión en Guanajuato y la sospecha de los efectos.
 

Nicolás Gerardo Contreras Ruiz
Ricardo Contreras Soto
(CV)
Universidad de Guanajuato
Facultad de Ciencias Administrativas
Área de investigación

 

Época de la primacía de la imagen del mundo es la temporalidad a la cual nos ha tocado asistir.

En gran medida, el despliegue de nuestra existencia ocurre en el primado de la imagen que impera en la condición simbólica de nuestro tiempo actual (no hay mas referencias a: olores, texturas, ecos, otras miradas, otras visiones, mucho menos de la reflexión), llevándonos al territorio de lo irrelevante, de lo estereotipado, de lo “sensacional”, de lo sustituible comerciable a la atención en las zonas vitales de despliegue de la vida de los seres humanos.

La mirada pasa a instalarse en un espacio estrecho que impide visualizar la profundidad y complejidad de las vicisitudes, los intercambios, los entrecruzamientos, en que se manifiesta la movilidad de nuestra convivencia.

El universo de la imagen se ha instaurado como una tendencia dominante donde se garantiza la refuncionalización de un sentido unívoco de la vida (ejemplo la hegemonía de lo que se entiende ahora por “belleza”: blanca, rubia, rica, glamour, espigada, esplendorosa, etcétera).

El sometimiento del telespectador a un bombardeo continuo de elementos operados desde ese medio tecnológico, lejos de crear condiciones mínimas de posibilidad para la aproximación al entendimiento de las variadas formas de relación con su realidad natural y social, le aparta de la necesaria apertura al mundo. Peor, reforzada por “opinión pública” del discurso único (el predominante en los medios).



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Contreras Ruiz y Contreras Soto: Análisis Crítico de la Cultura. Cuantas personas ven la televisión en Guanajuato y la sospecha de los efectos, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, enero 2008. www.eumed.net/rev/cccss/0712/rcs6.htm


 “El sentido dado” sobre el “sentido amplio” de la obra abierta determina la significación ideológica en la interpretación, donde se van impedido desplegar sus alcances, se extravía en la unidireccionalidad del signo. El sentido dado al unísono de los comentaristas (lideres de opinión) es una cacofonía que trata de sustituir la “verdad”. El margen interpretativo se hace muy estrecho ante el medio y el discurso (o pensamiento) único.

Pérdida de la capacidad de comprensión de su situación, de lo que ha sido, de lo que es, de lo que está siendo y de lo que puede ser. Tal vez lo más de nuestro discurrir acaece en una especie de estrechez de miras vendándonos el acceso pertinente (racional) a los espacios físicos en que son constituidas las comunidades de carne y hueso, sustituyéndolos progresivamente por comunidades virtuales e imágenes interpretadas por el interés del emisor. Los mismos espacios que inscriben nuestra acción aparecen diluidos en una creciente privatización. Todo un panorama artificial o recodificado en entramados simbólicos ideológicos, abren paso a la anulación de las relaciones de encuentro tradicionales, a la extensión del predominio del interés económico y de la lógica del cálculo neutralizador del don (regalo) tan caro al existir transcurrido en los ámbitos de las comunidades naturales.

Los márgenes mismos de creación y recreación de lo humano, su carácter inacabado, cuyo supuesto se traduce en el despliegue de la imaginación y la fantasía, experimenta un desgaste en los modos en las transiciones operadas en nuestra coexistencia. Cuestión paradójica: el avance tecnológico posibilitado por la televisión, nos ha situado en un retroceso en cuanto a la aptitud para problematizarnos, cuestionarnos, para reflexionar, responder y salir al paso a los encuentros que nos desafían de cara a la realidad.

Como señala Sartori: “... frente a esos progresos hay una regresión fundamental: el empobrecimiento de la capacidad de entender” . Aparecemos desplazados de la órbita de las decisiones, nos disociamos del esfuerzo por pensar y actuar desde nosotros mismos, de la aptitud para asumir por cuenta propia compromisos y responsabilidades, incluso para sentir desde nosotros mismos. Limitados a la condición de espectadores, de receptores pasivos, acomodamos nuestras proyecciones a los dictados de un afuera que se nos impone imperceptiblemente.

El plano sociocultural de Guanajuato se muestra colmado, en gran medida, por la tendencia antes expuesta. Nuestra cotidianidad se percibe sumamente arraigada en la apuesta en el ver y escuchar las imágenes y discursos procedentes del medio televisivo muy al alcance de nosotros, un artefacto muy a la mano, dispuesto en una inmediatez sucinta. Las representaciones tejidas desde la red de diversos escenarios virtuales, nos dispone en un itinerario recorrido en gran medida en esa tendencia de atender y atenerse a la aportación recreativa de la tecnología televisiva. Recuperando los resultados de la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales realizada por la Unidad de Estudios sobre la Opinión, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el año de 2004.

De acuerdo con la pregunta ¿Ve la televisión?

Se aprecia que de un total de 3514432 personas, 2913631 manifestaban una orientación hacia el medio (el 83% aproximadamente), mientras que 600801 no (el 17% restante).

El estudio nos envía a una situación que exige la puesta en juego de la reflexión, a propósito de algunos de los modos en que se efectúan nuestros desplazamientos en las relaciones establecidas de frente a nuestra realidad social y cultural, en el plano geográfico que circunscribe nuestro existir.

Esos datos iniciales son reveladores en cuanto a las múltiples derivaciones suscitadas por el impacto cultural en los contextos vitales cotidianos. Es decir la predominancia de esta práctica cultural y sus efectos, las inversiones que hacen las personas en su práctica - consumo.

Gráfica 1 ¿Ve la televisión?

La imagen televisiva comercial ha instaurado pautas, modelos, “sentidos dados”, “modas”, sensaciones, “estados anímicos masivos”, configuraciones de entendimiento – obedecimiento, así como “determinaciones interpretativas” en la sociedad (a propósito, son responsables de la guerra sucia, de la reducción del la política al spot propagandístico, y del icono social como efecto en las recientes elecciones presidenciales, por su interés comercial, recuerden que los que ganaron realmente fueron los dueños de las televisoras).

Las posibilidades abiertas a partir de la difusión operada en la imagen, no apuntan únicamente a asegurar la llegada al vidente de elementos “comunicativos”, asimismo, garantizan la incursión de esa entidad a procesos de formación. Para colmo del cinismo, interpretan (ellos, los dominantes) la imagen.

Además la televisión es un medio accesible, cómodo, inmediato, que invade la vida privada del consumidor y rompe con la frontera entre el espacio público y privado, haciendo de todo un show del gran hermano.

En cuestión de prácticas culturales la televisión no aproxima al sujeto a las cosas (me refiero a la experiencia directa con la naturaleza, universo, sociedad o la cultura), lo mediatiza (le establece una representación, por lo general pobre y prejuiciosa), lo distancia (en el efecto real de la práctica). Tampoco lo satanizamos, hay que replantear al medio (del poder) y sus efectos.

De esta manera, asistimos a modelos de pensamiento trastocados, actitudes modificadas, intereses reencauzados, proyectos de vida o aspiraciones del carácter vital de los espacios reales de inscripción de las individualidades subsumidos a una suerte de apego excesivo a esquemas articulados desde perspectivas ajenas.

En suma, no sólo se ve y se entiende de otra manera, el influjo del mecanismo sometido a nuestro estudio alcanza actitudes y modos de comportamiento otros, en relación con los vivenciados por generaciones anteriores.

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