Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2007

 

ANÁLISIS CRÍTICO DE LA CULTURA. LAS 2 CELAYAS: CIRCUITOS DE CLASE
 

Ricardo Contreras Soto (CV)
Universidad de Guanajuato
Facultad de Ciencias Administrativas
Área de investigación

 

En la historia cultural de Celaya, hemos encontrado desigualdades económicas, sociales y culturales. Los testimonios señalan algunos antagonismos sociales de la vida cotidiana en diversos momentos históricos, hacemos referencia en este apartado a los espacios geográficos diferenciados que se dan entre las clases sociales como circuitos de consumos, recreación, de vida laboral, de estudio y formación, etcétera.

Desde la época de la colonia las diferencias sociales se matizan en la misma ciudad es el ejemplo del año 1777, en el espacio sagrado de lo religioso, nos cuentan el siguiente evento:

“Visita la región el investigador español Antonio de Ulloa, quien al llegar a Celaya observa que su vecindario ‘es bastante crecido, pero de gente humilde y de pocas conveniencias. Mucha parte se compone de indios: por esta causa la parroquia está dividida en dos iglesias, una para los españoles y otra para indios, aunque servidas por un mismo cura, con el auxilio de tres curas tenientes’. (AdU, 52-59)”. (Citado por José Antonio Martínez Álvarez suplemento viento armado, del Sol del Bajío 4-11-2007: 15).



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Contreras Soto, R.: Análisis Crítico de la Cultura. Las 2 Celayas: circuitos de clase., en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2007. www.eumed.net/rev/cccss/0712/rcs1.htm



La diversidad cultural coexistió (pero no en términos de igualdad y similitud), aún en la casa del dios cristiano donde supuestamente todos los hombres son iguales ante sus ojos, no fue así. La arquitectura de las diferencias demarcadas en las parroquias dadas por los espacios exclusivos y los masivos, ya señalados los circuitos desde las puertas y los lugares reservados, esta distancia en ese espacio marca dos mundos: los recién convertidos a la religión (indios) y los españoles, (por cierto en la época había un debate sobre el estatuto humano que tenía el indígena: si era más hombre o más animal), la discriminación nunca ha sido solo una idea, es un conjunto de prácticas en las relaciones sociales que se instituyen y objetivan en las estructuras arquitectónicas. Desde la colonia, la hacienda, hasta los VIP en la actualidad, señalan las diferencias del ejercicio del poder materializadas en los espacios públicos y privados: el balcón, la puerta, la puerta de la servidumbre (ahora llamada de servicios), el palco, plateas, gayola, luneta general, la entrada principal, acceso restringido, la cadenita del derecho de admisión, etcétera.

Los espacios públicos son abiertos y fueron diseñados con ideas de convivencia civilita, en ellos también había demarcaciones no tanto por la estructura, sino por la tradición de la diferenciación en las distancias sociales:

“Muy bonitas las tradiciones por decir los domingos se acostumbraba que las personas se puede decir que acomodadas que tenían más centavitos que las muchachas, los domingos y jueves daban la vuelta en lo que es el centro y uno de pobre daba la vuelta en los portales, eso era la tradición de Celaya…” (Entrevista 13) (Josefina García Palma, 69 años, femenino, 5º primaria, empleada doméstica, Celaya, Gto.).

“La Alameda, el jardín, los pobres daban la vuelta en el portal y los ricos en el jardín, uno mismo se apartaba, uno daba la vuelta con su novio”. (Aproximadamente 1946). (Entrevista 16) (Eva Montoya Hernández, 75 años, Celaya, Gto.).

“Y en el jardín la gente de la baja sociedad, los de segunda clase en el portal daban toda la vuelta así las mujeres al contrario, ….” (Entrevista 57, José González Valadez, 74 años, primaria, artesano y hojalatero).

“Si antes también íbamos al jardín a dar la vuelta en Celaya, se tenia la costumbre de dar la vuelta en el jardín, por arriba las personas que tenían dinero que eran ricas, y por los portales las dan las gentes que estaban más pobrecitas y eso es todo”. (Entrevista 51) (Rubén Galván Miranda, 60 años, masculino, contador publico).

El jardín y la Alameda eran los espacios públicos por excelencia, donde la gente de la ciudad socializaba: veía a la novia o al novio, a los amigos, a los compañeros de trabajo fuera de el, a los vecinos en plan recreativo, las familias paseaban. El espacio público era ese punto de encuentro común, sin embargo el reconocimiento en ese espacio era selectivo, el circuito del paseo o del recorrido estaba segmentado en clases sociales, los del centro (la plaza: jardín) eran los ricos, los del recorrido de los portales eran las otras clases subalternas. ¿Qué mecanismos utilizaban para mantener ese apartheid blando?, el reconocimiento/desconocimiento dadas por la mueca, la burla, el gesto del desprecio para edificar la frontera simbólica que separa a unos de otros. Las familias de los ricos se auto reconocen son pocas, son de piel blanca en general (herencia colonial), tienen apellidos extranjerizantes o conocidos distinguidos, bien vestidos (como anteriormente ya lo señalamos), con capitales culturales que los diferencian de los “incultos”, con un lenguaje y el manejo de él que los posesiona con recursos en un mercado lingüístico de diferencias.

“Si, Celaya era una ciudad pequeña muy pequeña, tranquila muy amable su gente, la mayoría se conocían, hacían grupos de personas y así algunas veces los hacían por los estatus económicos que había, este los que tenían más dinero no se juntaban con los que no tenían, pero aun así hablaban nada más”. (Entrevista 51) (Rubén Galván Miranda, 60 años, masculino, contador publico).

El acto de encontrarse con las demás clases y disgregarse en un espacio exclusivo enclasante dota de distinción social. Los domingos días de descanso, después de misa, reuniéndose en un sistema de solidaridades (cívicas y religiosas), pero distinguiéndose y diferenciándose en sistemas de estratificación social (dice paradójicamente una canción popular: primero muerta que sencilla). El desprecio de los ricos a los pobres a sido motivo de muchas novelas, el desprecio de los pobres a los pobres es un fenómeno en parte de encubierto por la auto discriminación ideológica y por dispositivos externos. El desprecio entre los ricos como regla es cuidarse de no juntarse (como amigos, como compañeros) con los pobres es una regla de oro, es una regla, que de vez en cuando se rompe, pero que demuestra una autoafirmación de “dones de piedad” condescendiente a reafirmar el estatus humano “noble” que los distingue.

“Recuerdo todo, pero principalmente que existía un café llamado el cisne al cual asistía la gente de una posición económica acomodada, y la armonía que había en toda la sociedad, ya que era muy pequeña en comparación con la actualidad”. (Entrevista 49) (José de Jesús Ávila Martínez, 57 años, maestro universitario).

¿Aspiraban algo mientras trabajaban?

Era mas que nada la necesidad, lo que pagaban era una miseria, si uno quería vestir bien, había que trabajar mas,...” (Entrevista 95) (José Irene Almaguer, 73 años, Masculino, Celaya), (Carlos García Solórzano, 75 Años, Masculino, 4to de Primaria) y (Raúl Guerrero Romero, 82 Años, Masculino, 2do de Primaria, Celaya).

Los espacios de consumo (restaurantes, tiendas, clubes, lugares para bailar, lugares para vacacionar, lugares para estudiar, etcétera), todas ellas requieren membresía y van a ser las fronteras de acceso “natural” entre los que tienen dinero y los que no lo tienen. Estos espacios van secularizando la vida cultural y social de la ciudad, en conjunto van haciéndose circuitos de presencia y participación. Dos mundos en las mismas ciudades. Recorridos, estancias, convivencias, espacios de resocialización.

“Que se marcaban mucho las clases sociales y mucha gente no convivían con las personas más pobres. Tampoco me gustaba que batallábamos más para tener algunos servicios como la luz y pues no se tenían tantas facilidades como ahora”. (Entrevista 48) (Guadalupe Rodríguez Patiño 81 años, mujer, comerciante).

No había pavimento solo en las zonas de gente con dinero. (Entrevista 64) (Maria Elena Cruz Sánchez, 67 años, femenino, tercero de primaria, comerciante).

El lugar donde habitan o ejercen actividades los ricos tiene la mayoría de los servicios públicos disponibles, agua, luz, teléfono, drenaje, pavimento, más otros servicios del sector privado: bancos, tiendas, restaurantes, (a propósito, la historia de vida de muchos negocios en Celaya es mantener a la “gente bonita” y a los aspirantes de estas clases de manera cautiva, pero es la clientela más difícil de mantener y más inestable [junto con sus comparsas], podríamos señalar muchos negocios que han muerto efímeramente: restaurantes, gimnasios, plazas, boliches, albercas, centros comerciales, discotecas, lugares de recreación, etcétera). En contraste las colonias y barrios pobres carecen mucho de los servicios básicos.

“Mejor no, no sacamos temas pero lo que yo viví esto que les voy a contar, lo viví y si había camiones, había dos camiones que entraban a Celaya, uno a Cortazar que le decían el galgo, ese iba a Cortazar en otro camión, el que pasaba otro a Villagran que le decían la escoba, eran los únicos camiones que los que había, todos se trasportaban en carros en carros de mulas en burros, no había medio de transporte todavía, yo cuando conocí Celaya no había unas señales de la vía del tranvía, pues todavía alcance a ver los carros muy vagamente me acuerdo, pero las calandrias donde se paseaban los adinerados como los abuelos de Sarita Montoya, los Nieto, los viejos porque ya Don Ricardo Nieto ya eso, ya es de poco acá, Don Antonio Nieto fue el primero que llega a poner cañaverales a aquí al entorno de Villagran la Esperaza, es lo que yo me acuerdo”. (Entrevista 75) (Juana Hernández León, 64 años, Ama de casa, ninguno, La Palmita municipio de Celaya). (Se calculó aproximadamente en 1949).

No solamente eran los espacios, sino también los medios, las formas de transportarse en esos espacios, en esos circuitos, los camiones como transporte colectivo eran para las clases subalternas, las calandrias (en una época), los automóviles (en otra) fueron privilegios sobre todo para las clases ricas.

Antes para referirse a los ricos por ejemplo en los juegos de fútbol, les decían los “rotos” (en la barriada), esta palabra era una especie de abreviatura del mote que anteriormente les decían: los “curros” de la Alameda. (Juan Franco Saldaña, 65 años, técnico, del barrio de Santiago).

Es curioso, antes de que se secularizara demasiado la vida cultural en Celaya los ricos tenían que jugar con los pobres en ciertos deportes, como en el fútbol soccer (me recuerda que en Argentina se enfrentan el equipo de los ricos y el equipo del pueblo desde hace antaño, así como en México se decía que el América era el equipo de los ricos), las diferencias marcadas también se contrarrestan en las resistencias culturales en las denominaciones, por ejemplo “curros” más asociadas a los españoles, la cierta semejanza homófona también estigmatizaba las personalidades de estas clases. En alguna litografía de Posadas recuerdo que a ciertos ricos también les llamaban “chulos” por el refinamiento exquisito de su educación.

“Bueno, había familias de mucho dinero y había familias que no tenía nada, las familias de mucho dinero tenían mucho abolengo, tenían muchos años aquí, los Nieto, los Chaurand, los Suárez, eran los dueños de las tiendas grandes, casi todos tenían sus granjas sus ranchos, ya para eso eran gente grande de mucho tiempo aquí”. (Entrevista 59) (Doctor Carlos García Ruiz, residente de Celaya desde 1954).

Las clases eran familias que fueron diferenciándose en su trayectoria económica, a la par de su distinción cultural: abolengo, su historia permanece en la memoria colectiva, como una historia interpretada desde la carencia sobre los excesos de la opulencia. La historia de las desigualdades alimentada en el imaginario colectivo mitifica a los sujetos de la clase dominante. Mientras que la desigualdad real, realmente los hunde como sociedad, no se puede sustentar una sociedad con excesos y desigualdades abusivas.

“Es muy difícil encontrar algo que no me gustaba de Celaya, algo que no me gustaba era ver a la gente en las calles pidiendo limosna, eso es algo que no me gustaba, aunque siento que no era cosa de Celaya, esta gente normalmente venia de las afueras, a la mejor hasta de otras ciudades, es muy difícil encontrar cosas que no me gustan de Celaya”. (Entrevista 119) (José Antonio Acato Zúñiga, 67 años, Masculino, Ingeniero Industrial, originario del D.F.)

La pobreza no fue exportada, es generada, después de tiempo de diferenciación polarizada que aleja a los civilitas, esto es inadmisible en términos socioculturales, ha degenerado y agudizado las formas de vida social, son muchos y si seguimos así van a ser más antagónicos los contrastes.

“Pues eran sencillos, verdad, claro que siempre destacaban los ricos y eso, pero todas las demás familias a las que yo pertenecía pues era muy tranquilas, buenas gentes, casi todos nos conocíamos y nos ayudábamos”. (Entrevista 120) (Jesús Navarro Martínez, 63 Años, Masculino, Primaria, Varios Trabajos, Celaya)

Aún cuando existían las diferencias y las estratificaciones de clase, existía (existe) formas de solidaridad de las clases subalternas. Alguna vez se planteó como contraste esta visión del imaginario social en el cine: entre “Nosotros los pobres…” donde actuó Pedro Infante y los Olvidados de Luís Buñuel, el debate era ¿qué es la clase pobre?: si era un sistema de solidaridades o por el contrario la “ley de la selva” donde todo mundo abusa de todos y “al perro flaco se le suben las pulgas”, ejemplos hay de los dos casos, sin embargo actualmente hay una reflexión en diversos ámbitos de investigación que podría detonar el desarrollo, es el capital social: confianza, cooperación, apoyo, solidaridad, colaboración. En esto se podría potenciar la vida.

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