Contribuciones a las Ciencias Sociales
Febrero 2008

 

APUNTES SOBRE CIERTAS APORÍAS DEL “SOCIOLOGISMO” DE DURKHEIM, SEGÚN SUS REGLAS METODOLÓGICAS
 


Adrián López
Universidad Nacional de Salta, Argentina
edadrianlopez@gmail.com


 

“... (No) es (verdad) que haya pueblos industriosos y pueblos haraganes, pueblos cultos y pueblos incultos. Hay nada más que situaciones ...”

Ernesto “Che” Guevara

Una vez que se deslindó lo anormal de lo patológico, lo saludable de lo enfermo, se está en condiciones de “... mantener el estado normal (o de) restablecerlo, si se encuentra perturbado. El deber del estadista ya no consiste en impulsar violentamente a las sociedades hacia (las revoluciones, sino que) su papel viene a ser el mismo del médico: previene la aparición de enfermedades mediante una buena higiene, (e intenta) ... curarlas”

Émile Durkheim

“... Cuando sobre el abismo un sol reposa,

trabajos puros de una eterna causa,

refulge el tiempo y soñar es saber”

Paul Valéry
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
López, A.: Apuntes sobre ciertas aporías del “sociologismo” de Durkheim, según sus reglas metodológicas, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, febrero 2008. www.eumed.net/rev/cccss


Como hace años, en la época gloriosa en la que se alucina que la rabia es virtud, enunciaré proposiciones de combate y asumiré los riesgos que acarrean las “trincheras” . Así, afirmaré que habiendo aprendido de los consejos nada democráticos de muchos evaluadores , respecto a la “utilidad” de acotar los puntos a discutir, nos interesa mostrar algunas paradojas, contradicciones, “peticiones de principio”, etc., en las cuales incurre Durkheim al intentar fundamentar un método en Sociología. Pero y olvidando por independencia de criterios la “fusta” con la que se cercena la libertad de pensamiento en el campo intelectual, acaso el objetivo sea más ambicioso.

De un lado, queremos apuntalar una conocida y polémica afirmación de Manuel Castells , respecto a que la orientación sociológica que viene de nombres tales como Durkheim, Weber, Parsons, no alcanza el estatuto de ciencia sino que se empantana en cuestiones ideológicas (a); por eso es un “sociologismo” o una “mitosociología” . De otra parte, que hay una íntima solidaridad entre las empresas obsesivas con el carácter de un “Discurso del Método”, y reflexiones cuando menos “extrañas”, acerca de lo normal, anormal, moral, amoral, saludable, enfermo, débil, fuerte, locura, razón (b), conexiones que van más allá de lo señalado por la inusual crítica de Moya a un ideólogo tan prestigiado.

Por último, que las reglas metodológicas de Durkheim se enfrentan a dificultades insolubles, gestadas por ellas mismas, y que el “sociologista” galo únicamente atina a “exorcizarlas” apelando a un lenguaje médico (c).

I

Como sabemos, las Reglas del método sociológico fue una obra escrita luego de la División del trabajo social y de investigaciones “sueltas” acerca del socialismo , el delito , las clases de familia , el suicidio y ciertas reflexiones preparatorias de Las formas elementales de la vida religiosa, acorde a las huellas que el mismo Durkheim abandona en su escrito.

Según lo que nos informa Moya, las Reglas y Las formas son el paso de un positivismo organicista, colectivista, adaptacionista y biologicista , que inaugura el estructural/funcionalismo , a un idealismo sociológico que centra el estudio de lo colectivo en las representaciones o modos de conciencia intersubjetiva . Las marcas del siglo XIX y los albores del XX se perciben en las agitaciones de una escritura audaz a la hora de esparcir recomendaciones supuestamente “técnicas”, en torno a lo “idóneo” para la convivencia sin sobresaltos . Nuestro parecer es que las Reglas no son únicamente una “obra” de transición entre dos grandes etapas en el pensamiento del “sociologista” galo, sino que es una sintomática que no abandonará jamás y que, por ser casi un “manifiesto”, le otorga coherencia y cohesión a todo el derrotero durkheimiano.

Verdad que lo prolijo sería efectuar una reseña atemperada de los capítulos que integran el texto que glosamos, pero varias “excusas” nos sirven de “estrategia” para eludir la objeción de colegas ansiosos por las génesis parsimoniosas de los asertos ajenos, quizá reproduciendo con ello lo que trajera a colación Deleuze sobre Foucault, según lo que nos informa Morey : vivimos en una sociedad donde lo importante no es entender y escuchar al otro, sino desear vigilarlo o impedirle que hable.

Para no agobiar con la melancolía, diremos que uno de los argumentos es que las Reglas son demasiado conocidas en ese modesto plano de acercamiento; tanto, que se alivia al simple comentador de incurrir en el tedio de un resumen. Por añadidura, las secciones “liminares” son los prólogos, la “Introducción” y los tres capítulos siguientes. Centraremos pues, nuestro análisis en lo que se enumera.

En el primer “Prólogo” se aborda apriorísticamente, la urgencia de apuntalar metodológicamente una nueva ciencia (que es la Sociología) para convertirla en saber capaz de predicciones, en el marco de una fe en la razón.

El segundo “Prólogo”, escrito luego de los impactos ocasionados en un ambiente intelectual finisecular, intenta (vanamente) justificar por qué la afirmación “los hechos sociales deben ser tratados como cosas” no supone materialismo (en especial, marxista) ni descomplejizar lo humano, convirtiéndolo en objeto inerte.

El “Capítulo I” argumenta a favor de un método en Sociología, que parta del aserto motivo del “escándalo”.

Al respecto, cabe decir que constatamos una anfibología sustancial en la exposición durkheimiana que consiste en el vaivén de postular que los acontecimientos sociales son cosas y que los hechos colectivos (en particular, por su resistencia al cambio, por su peso en contra de los individuos, etc.) pueden evaluarse “como si” fueran cosas .

Uno de los enormes peligros de esta ambigüedad, y a pesar de la advertencia del “doxósofo” francés respecto a que su principal axioma no implica la cosificación de lo social , es que el “sociologismo” termina por ser aliado de la cosificación capitalista al proclamar que, según lo estimó Comte, los fenómenos sociales son sucesos naturales . Verdad que el ideólogo reformista aclara que su realismo positivo, no significa solidarizarse con ninguna Filosofía del Ser que especularía acerca del fondo de los entes , pero la cosificación de los sucesos desmiente su declaración. Por el contrario, esa confesión indica la insistencia de lo que reprime: una Metafísica fundamental, fundamentalista y fundamentadora (cf. infra).

Prosiguiendo con el “orden” de exposición “fijado”, el “Capítulo II” gira en redor de tres normas metodológicas básicas, que en realidad son cinco: si bien no las explicita en calidad de tales, las “nóveles” reglas no pueden incluirse en ninguna de las ya desenvueltas. Así, la “cuarta” norma versaría sobre lo atinado de agrupar los fenómenos por un “sema” común y la quinta, se ocuparía del principio de causalidad .

A partir de la p. 68 comienza el “desopilante” capítulo III, el que guarda escasas relaciones explícitas con el corpus de este “Discurso del Método” y, sin que con lo sentenciado nos asociemos a las fuerzas que procuran separar lo “patológico” de lo “normal”, resulta “esotérico”. Durkheim procura “argumentar” la ilación de este demencial fragmento, insistiendo en que hay que distinguir la “salud” de la “enfermedad”, a los fines de conocer con rigor cuáles son las reformas necesarias que podrá justificar la ciencia: si no se sabe lo que es “bueno”, no será factible dar en el blanco con las modificaciones emprendidas. Arriba al “Capítulo IV” con la cita que encabezó el artículo: los “mandarines” políticos que gobiernan provistos de las intelecciones de una ciencia que se hace “medicina” para una “salud pública”, evitan el trago amargo de las revoluciones intempestivas.

Lo que sí enlaza el fragmento ahora “simplificado” en su estructura, es la íntima solidaridad entre el empeño metafísico-racionalista de administrar “burocráticamente” la polivalencia del devenir y del pensamiento (a), para resistir a ambos (b), y el Discurso obsesivo del Método y la lógica clínica (c), denunciadas por Foucault y Derrida . Ya Nietzsche nos mostraba que la ciencia es una “moral” (lo que vemos plenamente confirmado en Durkheim, aunque lo suyo no sea ciencia), en la medida en que asustada de la complejidad de la duración, inventa nociones “pulcras” no para aceptar lo intrincado y equívoco, sino para domesticarlos, mutilarlos y reducirlos en conceptuaciones inofensivas pero “asépticas”. No en vano concluye el vol. II de la División del trabajo social en la admonición de que tenemos que fabricarnos “... una (nueva) moral” .

Ese enmarañamiento entre los ítems a, b, c, no alcanza a explicarse por la dependencia de Durkheim del positivismo, del biologismo, del organicismo, del “medicismo” y del sociologismo a lo Comte o Spencer, tal cual esgrime Moya . Creemos que las razones estructurales de semejante compromiso entre coordenadas intelectuales que “donarán” consistencia a un discurso “medicalizante”, que excede con mucho lo indicado por Sir Popper , son las sintéticamente aludidas.

II

Ahora bien, uno de los aspectos productivos de las intelecciones de Durkheim, consiste en el consejo de que el investigador con mente científica no debe dejarse intimidar por los resultados de sus análisis . Tiene que estar en guardia frente a las “tentaciones” de una sociología “silvestre” provista por el sentido común . La metacognición de la propia práctica es una de las estrategias que asegura la independencia con relación a las pre/nociones , las cuales carecen de valor científico . Una estrategia adicional es la de ofrecer definiciones precisas de los términos que emplea .

Con respecto a los preconceptos, el empirista que lleva adelante un “concretismo” retórico opina que las pseudo categorías aportan impresiones confusas; no son ideas claras y distintas; son subjetivas, fugaces; no provienen del trabajo de elaboración de las nociones . Contribuyen a que nos adaptemos a lo instituido, armonizan nuestros actos con el entorno, se “desprenden” de las prácticas y las orientan ; son un velo entre los acontecimientos y su intelección científica . Son fantasmas o imágenes poco elaboradas que confundimos con los hechos . Son esquemáticas y sumarias ; dominan a los individuos y los impulsan a actuar. Resultan de experiencias repetidas que “parecen” confirmarlas .

Los pre-conceptos son puntos de partida axiomáticos que no acaban cuestionándose ; ocupan el lugar de pseudo argumentos y hasta parecen ser un método . Son prescripciones disimuladas o consejos . Funcionan como ideas a priori o que señalan lo que hay que entender . Son valoraciones implícitas con las que tenemos un compromiso afectivo, lo cual entorpece nuestro distanciamiento de ellas . Implican un pseudo empirismo y son ideas corrientes . Pueden gestar periodizaciones y/o “temporalizaciones” erradas .

Un saber metódico exige que no se apele a las prenociones para la descripción, análisis y explicación de los acaeceres . Empero, esta asunción se ancla en Descartes .

Otro de los rasgos positivos es que Durkheim aconseja que antes de emprender una investigación, es impostergable delimitar lo mejor posible el campo de estudio , lo que nosotros, apoyados en Magariños de Morentin , denominamos “tema”, “problema” y “objeto” .

Uno de los aspectos de consecuencias plurales es el enunciado de que la Sociología puede finiquitar el antropocentrismo que reina en las ciencias sociales, antropocentrismo que se aprecia en los conceptos que todavía contienen una carga subjetiva . Pero como si borrara con el codo lo que escribiera con la mano, afirma la existencia de una presunta “naturaleza” humana .

Otro lado disparador es que, frente a las aburridas y canónicas observaciones de Weber y Habermas respecto a la articulación de medios y fines, Durkheim considera que, en determinados contextos urgidos por la necesidad de intervenir, el criterio de “mejor” racionalidad puede no ser el que apunta la economía de recursos, dado que tales situaciones pueden exigir no el recorrido más sencillo, sino el más lento, el menos económico, el más inseguro y el menos simple . Pero esta conceptuación se olvida ante la posibilidad de que sean las violentas revoluciones comandadas por los grupos “dirigidos”, en particular, las clases dominadas, las que ofrezcan el “ensayo” más costoso para conseguir que el sistema social se altere.

Las razones de porqué son tales levantamientos los que en numerosas ocasiones “elige” la maga Historia , se hallan en que las comunas existentes hasta el momento están estabilizadas y reproducidas, mientras se disuelven –por la injerencia de alambicadas dialécticas sociales- con penosa tarea, por estructuras derrochadoras de fuerzas, materia y energía del calibre de la base y su correlato (dichos conjuntos de elementos se comportan acorde a las “estructuras disipativas”, aconsejadas por Prigogine ).

III

A los instantes en los que aflora con notable fuerza la ideología reaccionaria de Durkheim, podemos apreciarlos cuando emplea lexemas tales como “monstruoso” , “normal” , “vulgo” , “sabio” , “sociedad primitiva” , “anormal” , “inferior” , “patológico” , “castigo” , “pena” , “salvaje” , “enfermedad” , “delito” , “salud” , etc., que pueden asociarse con su declaración “conservadora” respecto al alcance de sus “creaciones” sociológicas.

En lo que hace a los tópicos en juego, tanto el delito cuanto el castigo, tanto las faltas como su represión mediante un sistema punitivo, son considerados inevitables; existieron siempre y son ambos indispensables para la salud colectiva . Con alguna probabilidad, acaso ello se deba a una resistencia al cuerpo y a lo vinculado con él, por el asco con el que Durkheim se refiere a sus funciones “repugnantes” . Quizá esta apología de la “sana” facultad de castigar , se vincule con el rechazo de lo revolucionario y de las revoluciones , que se enlaza con su crítica al socialismo.

En ese terreno, repite lugares comunes en su desmantelamiento , con lo que se deja capturar por los prejuicios y las pasiones que aconsejaba combatir en cualquier investigador.

En simultáneo, enarbola que no sabemos qué es el socialismo, etc.; con frecuencia poseemos de él pre-nociones ; no obstante, olvida lo dicho y se embarga en una deconstrucción exorcizadora .

Otro de los puentes en los que vislumbramos la crudeza de la ideología es cuando imposibilita, tal cual los más “queridos” mensajeros del Pensamiento Único (entre los que se hallan los afamados post-modernos), una concepción orgánica de la Historia de la especie, pincelando que lo observable es una mera sucesión de “unidades” colectivas que aparecen y mueren . Los jóvenes Engels y Marx, habían establecido que si a alguna ciencia social le cabía el título de ciencia era precisamente a la Historia , pero Durkheim carga contra ella desde un ideologismo sociológico y desde un “concretismo” empiricista.

En otro hojaldre de asuntos, Durkheim no acepta que se lo catalogue de “materialista”; reivindica la idea de que es “idealista” y/o racionalista . Acepta ser positivista , aunque a veces le dirija una que otra crítica a Comte .

Tal racionalismo positivista se observa en que anhela estudiar la conducta humana aun en sus aspectos más difíciles de entender, reduciéndola a mecanismos de causa-efecto . Por ende, es mecanicista , determinista, causalista, lineal, etc., a pesar de atender la complejidad de lo colectivo y lo intrincado de lo “real” sin más .

Su racionalismo también se aprecia, como lo hemos adelantado al enviar al primer “Prólogo”, en su fe en lo que denomina el porvenir de la razón .

Entre otros cabos, el “sociologista” francés se empeña en justificar la cientificidad de la ciencia. En su empresa, apela a la supuesta necesidad de los individuos de forjarse aunque más no sea imágenes acerca del mundo . Pero en ello apreciamos la emergencia de lo que, junto a Derrida y Marx , convocamos bajo el título de “Metafísica de la Representación”.

A una de las muestras de que se (a)lía con la Filosofía de lo Representable , emparentándose con el falogofonocentrismo de la Europa agresiva, la hallamos cuando Durkheim axiomatiza que en la vida social circulan representaciones comunitarias .

Otra de las “pistas” en las que emerge esta Filosofía del Ser es en la idea de que una cosa es un objeto de conocimiento . Acorde a la postura de Althusser que hacemos nuestra, un objeto de conocimiento es una construcción del pensamiento o “concreto espiritual” y nada tiene que ver con una cosa o ente . Pero ya el “¿qué es ...?” de la pregunta “¿qué es un hecho social?” denuncia esa metafísica.

Un punto más de sutura en el que asoma la Filosofía de la Presencia, es en la subordinación de elementos de la existencia humana como las “prácticas sociales”, a las representaciones que circulan por lo colectivo, es decir, la subsunción de lo material a lo ideal, el sometimiento de lo sensible a lo inteligible, etc. Cierto que Durkheim se percata que en lo comunitario no hay sólo representaciones , pero allí donde enuncia lo que afirma no menciona la praxis sino que alude a ella en hoja separada , subrayando en ese desgarro el privilegio concedido a lo “espiritual”.

Nuestra postura no implica que lo materialista sea conceder un rol central a lo vagamente definido como “material” ; esto también sería metafísico e ideológico (a pesar de las encendidas protestas de un Lenin que lleva adelante, a cualquier costo, un materialismo ingenuo ). Una toma de partido materialista supone no caer ni en el idealismo ni en el materialismo desesperado por fundamentar la prevalencia de lo concreto , alucinando que la materia es un “cimiento” o principio (curiosamente, Habermas acusa de dar ese traspié a Marx ). Asimismo, también conlleva esquivar el practicismo dogmático de Lenin o de cierto Engels (lo que no nos conduce a tornar responsable a este amigo de aventuras, de una decadencia del marxismo ); enseñanza que la derivamos del metafísico Durkheim: la verdad de una sentencia no se demuestra siempre por sus consecuencias prácticas debido a que, por ejemplo, expresiones geocéntricas tales como “el sol sale, el sol se pone” son erróneas y no obstante, útiles en la vida diaria .

En un espacio disímil de cuestiones, es el pro-capitalista francés el que imagina que un cientista social tiene que conseguir la elaboración de leyes como si fuera un químico o físico . Marx, de quien generalmente se predica que es positivista , opina que en las asociaciones surgen automatismos por la violencia con la que se lucha para “ganar” la vida. Tales feedbacks adoptan el fiero rasgo de leyes a causa de que mujeres y varones son incapaces de sustraerse con libertad, de tales mecanicismos groseros .

Como si fuera poco lo anterior para develar lo errado de las objeciones de Moya al radicado en Londres, y al contrario de las aseveraciones del ideólogo francés, que presentan una confianza sin cortapisa con relación a la estadística , Marx apuntala que lo social es tan complejo y estocástico que ni siquiera la estadística, con sus potentes herramientas para ordenar las variaciones, es capaz de ofrecernos una orientación adecuada para comprender lo humano. El recurso que queda es el de usar categorías, finamente “pulidas”, sí, pero que con su artificiosidad abstracta sorteen el mutismo de aquella ciencia . Sin embargo, no hay en esta contraposición entre los dos “autores” el intento solapado de “medir” al doxósofo francés con el crítico materialista (tal como procede Moya respecto a Durkheim, Weber y Marx); deconstructor que sabemos acorralado por instituciones que en su autovalidación, se califican de polemizadoras libres de cualquier apuesta (camuflando con ello lo que efectivamente no realizan y hasta impiden...).

En lo que se refiere a la concepción de la Sociología, Durkheim amonesta con el juicio de que, cuanto antes, debe pasar de ser subjetiva , ideológica, pre-científica, carente de método , a ser objetiva , científica , con métodos rigurosos .

Pero la cientificidad de la ciencia se fundamenta apelando a la exclusión de la imaginación artística y a la marginación del arte , gesto que trae en su seno las dicotomías filosóficas de “lo serio vs. lo no serio”, “lo solemne vs. el juego”, “el logos vs. el arte”. Es que, dirá en otro texto, una “... sensibilidad artística excesiva es un fenómeno malsano ...” .

La ciencia es resguardada entonces como lo masculino, lo fálico, el orden, lo duro, lo recio, lo estático, que debe ser protegido de las potencias que invoca consigo el arte “invasor” , que es lo femenino, el desorden creador, lo blando, lo acuoso, lo dinámico, lo flexible. La misoginia, el patriarcalismo , la minusvaloración sexista de la mujer , se percibe en las “condenas morales” de una presunta época de “libertinaje” que es impávida respecto a la “frecuencia” de las “uniones” libres, sin la intercesión del matrimonio, o indiferente a la aceptación del “escandaloso adulterio” .

IV

Allende las críticas no arbitrarias que le dirigimos, el apólogo del statu quo reconoce que su definición de “hecho social” no es la única ni abarca todos los aspectos de lo que podría englobarse en tales lexemas ; incluso, acepta que un acontecimiento social poseerá tales o cuales “tonos” de acuerdo a los temas y problemas que se analicen . Mas, su Discurso (cartesiano) del Método se afinca en que dicha categorización es absoluta .

Sin titubeos, acusa recibo de la objeción que le apuntó que su visión es estrecha y, en ocasiones, demasiado amplia , pero no la integra y no la acaba por elaborar en sus reflexiones.

En otro registro de polémica, comprobamos que aflora una paradoja pragmática: mientras es intransigente respecto a que no se empleen nociones que provengan del sentido común y de un sentido “práctico” , utiliza ejemplos que no los elabora científicamente . El caso de la discusión respecto al establecimiento del valor de las mercancías lo demuestra, ya que allí asume en calidad de verdaderas (esto es, como pseudo argumentos) lo que opinan las corrientes adversarias a la concepción del valor/trabajo .

Asimismo, confunde lo dado con el dato , lo que viola su regla sacra de no asumir los pre-conceptos en tanto categorías científicamente pergeñadas.

Otra paradoja pragmática es que Durkheim estipula que un conocimiento que abusa de los pre/conceptos es logomaquia , no ciencia. Si le aplicamos su rasero, concluimos que su Discurso no se ubica en el espacio que anhelaba para sus ideologemas. Alguien astuto podría esgrimir la observación en nuestra contra, dado que si el enunciado del francés nacido en el siglo XIX es genuino, entonces practica ciencia. No obstante, los silogismos de las “tablas de la verdad” nos enseñan que es factible arribar a intelecciones ciertas desde puntos de partida falsos. Of course, no es éste o aquél yerro lo que convierte el decir del canonizado por las instituciones, en mera ideología sino la sistematicidad de lo deconstruido (id est, las isotopías, los lexemas recurrentes, los campos semánticos, los Interpretantes, los tópicos en la enunciación, etc.).

Por lo demás, es viable opinar que en su “terapéutica” (reaccionaria más que conservadora), Durkheim se contradice porque sentencia, casi sin meditarlo, que el delito y el castigo son inevitables, pero que la enfermedad, lo enfermo, lo insano, etc. (y, por la amplitud del campo semántico estudiado, el delito mismo) no son fatum .

Al sostener que la pregunta acerca de lo normal y lo patológico es una cuestión insoslayable en la justificación de la cientificidad de toda ciencia de lo humano (op. cit.: 68), implícitamente expresa que los principios no declarados, no fundamentados (puesto que son “cimientos”) y “apriorizados” (por cuanto se los introyecta en calidad de ideologemas indeconstruibles), son su “terapéutica medicalizante” (a), su “adaptacionismo” (b) y su reformismo timorato (c): el “comienzo” de la cientificidad es adocenado, inocente, de “buena” conciencia y liberal.

Por consiguiente, y de acuerdo a lo desmantelado con ayuda de la crítica deconstructiva, el Psicoanálisis, la teoría de la enunciación y la Semiótica, el intento del ideólogo galo de hacer avanzar la Sociología en dirección a la ciencia, no quedó más que en la palidez de una “gentil” intención.

A manera de “cierre” provisorio, inestable, multívoco, podríamos recordar que cuando en algunas de sus investigaciones, Chomsky ponía en tela de juicio a intelectuales y políticos que, abierta o encubiertamente, justificaban el avasallamiento de los pueblos en virtud de que en la Historia imperaba la “ley” de los más fuertes, tal cual lo hace el Durkheim de La división del trabajo social , diagnosticaba cuán deteriorado estará el pensamiento “universal” que tales individuos son consagrados “respetables”. De igual suerte y por motivos casi similares, podemos entristecernos por la “decadencia” de instituciones como las universitarias, por cuanto en ellas se rinden genuinos “cultos a la personalidad”: Durkheim y Weber figuran en calidad de “horizontes” de lo valioso en ciencia.

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