Contribuciones a las Ciencias Sociales
Noviembre 2009

 

LA CORRIENTE HISTORIOGRÁFICA ROMÁNTICO NACIONALISTA. UN CASO PARTICULAR CUBANO
 


Duanys Hernández Torres
Universidad Central ¨Marta Abreu¨ de Las Villas, Santa Clara, Cuba
duanysh@uclv.edu.cu


 

Resumen:

En este trabajo se caracteriza la corriente historiográfica romántico-nacionalista con una panorámica histórica desde la América Latina y cómo se manifiesta en Cuba. Se toma como ejemplo un texto con una faceta casi desconocida de un patriota que luchó por la independencia de Cuba. Se demuestra con varios ejemplos del texto como el libro en cuestión se enmarca completamente en esta coriente. A partir de este análisis el lector llega a conocer al Gómez intelectual despojado de la única visión de guerrero que se posee del dominicano, así como pasajes importantes de la Historia de Cuba en el siglo XIX.

Palabras claves: corriente historiográfica romántico-nacionalista
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Hernández Torres, D.: La corriente historiográfica romántico nacionalista. un caso particular cubano, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, septiembre 2009, www.eumed.net/rev/cccss/06/dht.htm



La corriente historiográfica romántico-nacionalista

En América Latina se configuró en el siglo XIX una novedosa corriente historiográfica impactada por el romanticismo europeo y, muy en particular, por la teoría del color local, adaptado aquí para glorificar a los héroes de liberación anticolonial. Se encargaron de recrear la historia desde una perspectiva que recreaba ante todo la gesta independentista y exaltaba los valores patrios, para contribuir a configurar una conciencia propiamente nacional. Se narraba con lujos de detalles las luchas políticas, los hechos militares y las actuaciones personales adjudicando la causalidad de los acontecimientos a motivaciones subjetivas de las personalidades históricas.

Para la construcción de la historia patria se contaba con una literatura cuyos antecedentes remontaban a la obra primigenia de José Martín Félix de Arrate en el siglo XVIII y, sobre todo, con los estudios, crónicas y testimonios de la gesta independentista publicados por los protagonistas de esa contienda. Además en esta corriente la narración es basada en vivencias y documentos, de los cuales se reproducen fragmentos, como era frecuente en la época. Existe también una manifiesta voluntad de idealización. En la narración de estos hechos notables se engrandecen a las figuras grandiosas del proceso histórico cubano.

La historiografía romántico-nacionalista se caracterizó por glorificar las naciones que se acababan de fundar mediante el culto a las hazañas y epopeyas de la independencia. Estuvo marcada por los valores del romanticismo en el orden estético y en muchos casos confundida con la literatura. Poseía una íntima vinculación con los proyectos de los nuevos Estados y fue decisiva en el proceso de conformación de una conciencia histórica propiamente nacional en los países latinoamericanos.

La historiografía romántico-nacionalista se desvertebró en dos líneas fundamentales: la liberal y la conservadora. Según Picón Salas:

La Historia se coloreó con las pasiones políticas de la calle. Liberales románticos cerraban con muro de completa negación y desprecio la época colonial, mientras que, por contraste, conservadores igualmente ofuscados creían que todo el mal comenzó con la República y añoraban el orden aristocrático de los antiguos virreyes

La historiografía romántico-nacionalista conservadora se aferró a la tradición colonial, aunque convencida de le necesidad de ciertos cambios que deberían llevarse a cabo paulatinamente mediante reformas moderadas que no permitieran perder los valores de la herencia hispana.

La historiografía romántico-nacionalista liberal propugnaba transformaciones más radicales y la imitación del modelo constitucional norteamericano aunque ambas coincidían en su menosprecio por el mundo precolombino. Además proponía resaltar lo nuevo a través de todos los procesos trasnculturales: exaltación de la identidad nacional. En correspondencia con los demás países latinoamericanos es importante señalar que en Cuba esta tendencia tuvo un desarrollo tardío debido a que nuestras luchas por la independencia a diferencia de otros países (comenzaron en el primer cuarto de siglo los restantes movimientos independentistas) fructificaron a partir del 10 de octubre de 1868.

En esta corriente historiográfica hay una revalorización del pasado excluyendo a las culturas aborígenes:

De este modo los historiadores consagraron los gustos y mira de la élite y entregaron en su obra una representación totalizadora de la historia nacional, exacerbando el patriotismo de las masas populares con la mixtificación de individualidades ejemplares sobre quienes descansaba la responsabilidad histórica. El sector popular quedaba excluido, silenciadas sus manifestaciones culturales, borradas las etnias indígenas y afro-americanas.

Análisis de esta corriente en el libro El viejo Eduá y otros escritos de Máximo Gómez

En la corriente historiográfica romántico-nacionalista se enmarca el libro El viejo Eduá y otros escritos de Máximo Gómez . Este libro es una selección realizada por el prestigioso intelectual cubano Fernando Martínez Heredia que apareció en el año 2005 en homenaje al centenario de la muerte del patriota dominicano ocurrida el 17 de junio de 1905.

En este libro el lector encuentra al Gómez desde el punto de vista intelectual alejado de esa imagen que pervive en todos como el héroe que luchó durante 30 años por la independencia de Cuba. La selección de Martínez Heredia contiene relatos acerca de hechos de otros combatientes, criterios sociales y políticos que el propio Gómez plasma con la sinceridad que lo caracteriza, pasajes autobiográficos donde el autor hace una revisión de su propia vida, sus objetos, motivaciones y andanzas, fragmentos reflexivos de su diario de campaña, un breve diálogo de aire teatral y escritos dedicados a sus hijos donde se descubre al padre tierno y amoroso.

Los textos seleccionados se enmarcan desde los inicios de la Guerra de los Diez Años (el primer texto que aparece es de 1869) y recorren incluso la etapa posterior a la contienda iniciada en 1895 y que terminó en 1898.El último capítulo del libro es un trabajo suyo titulado El Sargento Máximo Gómez que escribió en tercera persona para la obra de Vidal Morales y Morales Iniciadores y Primeros Mártires de la Revolución Cubana el 25 de octubre de 1901 por lo que aparece reflejada prácticamente toda su vida en Cuba.

La obra de Máximo Gómez indiscutiblemente se enmarca en la corriente historiográfica romántico-nacionalista liberal y esto se evidencia desde el propio enaltecimiento a las figuras del proceso revolucionario cubano con responsabilidad histórica e incluso a individualidades ejemplares que de alguna forma tuvieron una estrecha relación con él. Ocurre en la carta que Gómez envía a su esposa Bernarda Toro con fecha 27 de julio de 1896 donde destaca las características que hicieron de José Maceo uno de los hombres más temidos por los españoles: «Pocos cubanos he conocido más libre, más trabajador y más valiente; y más resuelto ninguno. Puedo decir que la Patria ha perdido en él a uno de sus mejores y más decididos probados servidores (…) Guarda estas líneas porque ellas significan mi duelo de guerrero por la pérdida del compañero y el amigo que murió en su puesto derribado de su caballo de batalla para aparecer mañana más alto y hermoso en la historia de su Patria. Guárdalas para que sean leídas en nuestro hogar con santo y religioso respeto cuando de las cosas grandes de tu Cuba redimida se trate» (: 81)

Esta carta es con motivo de la muerte de El León de Oriente el 5 de julio de 1896 en la Loma del Gato y aquí también hace una detallada y extensa descripción (otra de las características de esta corriente) de la odisea que vivió el general José posterior al desembarco por Duaba el primero de abril de 1895.

También se exaltan otras figuras menos conocidas como el Teniente Coronel Baldomero Rodríguez a quien Gómez dedica un escrito y le endilga el título de El Héroe de Palo Seco : «El Teniente Coronel Baldomero Rodríguez sobrevivió al acto de su heroísmo en Palo Seco, añadiendo siempre notas brillantísimas a su hoja de servicios (…) Duerme en paz atrevido y osado guerrero; tu memoria no ha muerto ni puede morir para tus compañeros que lidiaron junto a ti por la redención de la Patria» (: 63).Además resalta la figura del viejo Eduá (trabajo que intencionalmente le da título a esta selección) un negro esclavo de 60 años que le sirvió incondicionalmente como práctico y ayudante.

Otros ejemplos aparecen en los trabajos dedicados a sus hijos Clemencia y Francisco. En el capítulo titulado Recuerdos en páginas dedicadas a su hija Clemencia, Gómez narra exhaustivamente el difícil enfrentamiento de su esposa con la niña recién nacida (apenas tenía 30 días de existencia) frente a los españoles, y cómo le deben la vida las dos a un capitán y dos soldados que murieron por salvarlas : « El oficial muerto se llamaba Lorenzo Carmel ; fija, hija mía, este nombre en tu memoria y tu corazón, y pide a Dios que su espíritu se haya remontado a la región de la verdad y de lo impercedero» (: 27)

En el trabajo a su hijo Francisco el tono es mucho más familiar « Descansa en paz, héroe feliz(flor de un día que esparció sus perfumes entre los suyos); siempre te estaremos llorando, y la juventud cubana-tus compatriotas-y la juventud dominicana, regará flores de guerrero encima de tu tumba gloriosa, mientras que en el hogar que tu eterna ausencia ha dejado desolado y triste, eterno será tu duelo » (: 110) Incluso en este mismo trabajo pondera el Generalísimo la figura de unos de sus Ayudantes de Campo el capitán César Salas que muere como Panchito en la guerra del 95 «(…) tu pujanza, tu sacrificio, tus virtudes, jamás serán olvidadas por los que te conocieron, y la Historia, generosa y justa, que jamás olvida la memoria de los hombres que saben sacrificarse por el bien de los demás, no dejará en su día, de rendir tributo de veneración y respeto a tu nombre y a tu fama adquirida desde que te consagraste al servicio de la Libertad de tu Patria» (: 110)

La exaltación va más allá de las personalidades históricas y también el patriota dominicano lo hace a través de la Historia de Cuba repasando el proceso revolucionario en 1898 cuando Estados Unidos intervino en la isla: «La Historia de la Guerra de Independencia de Cuba, o la Historia militar de los cubanos, o bien la lucha cruenta por la emancipación de un pueblo esclavo-que todo viene a decir la misma cosa- es sin dudas una de las más bellas leyendas que se pueden legar a nuestros hijos y a los hijos de los que vengan después. Y debe ser así por lo fecunda en hechos históricos, en grandezas que dignifican y elevan el espíritu de las familias americanas, por el respeto y simpatía que justamente ha de inspirar a las generaciones que se sucedan, la gran obra emprendida por la generación presente, y por el sentimiento más noble que puede abrigar el corazón humano: la gratitud nacional» (: 112)

Otra de las características que destaca en este libro y lo sitúa en la corriente analizada, es la relacionada con las extensas descripciones de los escenarios de guerra así como de la exuberante naturaleza que tenía la manigua cubana en aquellos años de lucha. Incluso Gómez aprovecha estas descripciones para patentizar y configurar una conciencia propiamente nacional. Recrea la historia exaltando la gesta independentista y los valores patrios, y la naturaleza juega un papel fundamental en algunas ocasiones: «Ésa es una madre severa pero buena. España no supo lo que hizo. Nos enseñó a pelear de firme. Llegando a los extremos, nos hicimos seriamente cargo de nuestra situación, y la aceptamos. Hubo más, la amamos. іQué amor tan grande! El combatiente amó la montaña, el matorral, la sabana; amó las palmas, el arroyo, la vereda tortuosa para la emboscada; amó la noche oscura, lóbrega, para el descanso suyo y para el asalto al descuidado o vigilado fuerte enemigo. (…) Amó más aún la lluvia que obstruía el paso al enemigo y denunciaba su huella; amó el tronco en que hacía fuego a cubierto y certero: amó el rifle, idolatró al caballo y al machete. Y cuando tal amor a todas esas cosas fue correspondido y supo acomodarlas a sus miras y sus propósitos, entonces el combatiente se sintió gigante y se rió de España» (: 37-38)

Ese sentimiento patrio lo hace patente y llama a los españoles a cambiar de actitud porque sino los cubanos sabrán echarlos del país: «іAy de España si Cuba como deberá suceder, se levanta para que se cumpla su destino! іEspañoles, o quedaos con nosotros como hermanos, o arreglad la maleta!» (: 37)

La obra también presenta numerosos ejemplos donde se evidencian los presupuestos estéticos del romanticismo como el propio desprecio por la realidad: «La Revolución іfunesta ilusión! Se durmió sobre sus primeros laureles, y hasta llegó a ser- cosa extraña en aquellos momentos de loco entusiasmo- magnánima y generosa con sus propios enemigos, pagando más tarde, y muy caro, su cordial entusiasmo.¨іAy de aquel que es humano y conspira!¨ » (: 35)

Otra evidencia de este movimiento como presupuesto estético que plasma Gómez se refiere al coqueteo con la muerte y la glorificación de este momento por una causa justa: «Advierto que tampoco en una guerra como la que sostuvo Cuba pasaba nada insignificante y que no tuviera su importancia relativa, del propio modo que no hubo un solo hombre que fuera completamente inútil. De aquí aquel heroico axioma: ¨si no sirvo para matar, serviré para que me maten¨» (: 38) Ante la heroicidad Gómez se quita el sombrero y sus criterios indiscutiblemente son románticos: «El heroísmo-esto pienso yo filosofando a mi modo- es la abnegación completa, intencional y presentida de sí mismo. Al héroe que sobrevive al acto de heroísmo muy bien puede decírsele sin lisonja: ¨Perdonado sublime de la muerte, tuyos son mis respetos y mi cariño¨ El que sucumbe es un suicida sublime en aras del deber. Por eso nos parecen Dioses tendidos sin vida encima de tantas grandezas que nos encantan y asustan » (: 54)

La selección que hace Fernando Martínez Heredia con textos del ilustre Máximo Gómez refleja la corriente historiográfica que aparece en América Latina en el siglo XIX y que en Cuba como un caso particular de nuestro continente toma auge en el último cuarto de ese siglo.

Bibliografía consultada para el trabajo:

• Gómez Báez, Máximo: El viejo Eduá y otros escritos, Editorial José Martí, La Habana, 2005.

• Gónzalez Sthepan, Beatriz: La historiografía literaria del liberalismo hispanoamericano del siglo XIX. La Habana, Casa de las Américas, 1987, p. 95.

• Guerra Vilaboy, Sergio : Cinco siglos de historiografía latinoamericana (material fotocopiado)

• Picón Salas, Mariano: De la conquista a la independencia. Tres siglos de historia cultural hispanoamericana. México, Fondo de Cultura económica, 1958, p. 11.

• Zanetti, Oscar: «La historiografía cubana en el siglo XX» en Debates Americanos # 10, julio-diciembre de 2000 pp. 5-25.

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