Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2009

 

LENGUA Y ESTILO EN LA PROSA DE JOSÉ MARTÍ
 

Evarista Ramírez Lafont
Teresa Beltán Vigó
evaristaramirez@yahoo.es
 


 

Estudiar a José Martí significa aprovechar una de las mejores oportunidades para la comprensión del proceso histórico y cultural, no solo de Cuba, sino de Latinoamérica. Los estudios sobre la literatura hispanoamericana y cubana señalan que, en las postrimerías del siglo XIX, más exactamente en su último tercio, se inicia en esta región del continente, un movimiento renovador en el campo de las letras, que se denominó “Modernismo”, y que alcanzó su más alto quilate en el campo de la poesía.

Esta voluntad de cambio, de búsqueda de nuevas formas de expresión, tuvo sus primeros brotes en varias naciones simultáneamente; algunas tienen el honor de haber sido las iniciadoras; y otras, el mérito de haberl elevado a su máximo esplendor los nuevos modos expresivos.

 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Ramírez Lafont y Beltán Vigó: Lengua y estilo en la prosa de José Martí, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, mayo 2009, www.eumed.net/rev/cccss/04/rlbv.htm


La pléyade de escritores que encabezan el movimiento modernista en Latinoamérica no es amplia; fueron solo siete autores, considerados como poetas y prosistas a la vez, y que representan a sus respectivos países en esa búsqueda de nuevos horizontes en la creación literaria. En este quehacer se incluye Cuba, pues en el Caribe no es amplia su repercusión. Los autores encargados de traer a la literatura de la región lo nuevo:

Cuba - Julián del Casal (1893)

Cuba - José Martí (1895)

México - Manuel Gutiérrez Nájera (1895)

Colombia - José Asunción Silva (1896)

Uruguay - Julio Herrera y Reissig (1910)

Nicaragua - Rubén Darío (1916)

México - Amado Nervo (1919)

Coincidentemente cuatro de ellos mueren en la última década del siglo. Cuba pierde sus voces mayores con la muerta de Martí y Julián del Casal; también Colombia sufre la ausencia de José Asunción Silva, y México, la de Manuel Gutiérrez Nájera. Después de 1896 solo tres países continúan el rumbo trazado por el Modernismo, único hecho cultural que logró invertir la dirección del influjo en la relación entre Europa y América.

Los críticos que se han ocupado del análisis de la creación literaria de José Martí, en los últimos treinta o cuarenta años, han demostrado que fue Martí el primero no solo en postular los principios de la nueva orientación estética que cambiaría el panorama de las letras en la América hispana, sino que, simultáneamente, ya venía introduciéndolos tempranamente en su práctica escriturar, durante el período de su estancia en México y Guatemala (1875- 1877). En esta etapa ya Martí exhibe una prosa rica y profunda por las ideas que expresa; pero, sobre todo, hermosa y auténtica por la forma de expresión que emplea para el tratamiento de cualquier tema de la realidad que lo rodea. Martí ya exhibe una prosa llena de vigor que se nutre de la dramática realidad de los pueblos del “sur del río Bravo”, y de la preocupación que tenía este intelectual, y político visionario, sobre el destino de estos pueblos en su relación con “el gigante de las siete leguas”.

Muestra de esa prosa renovada son sus crónicas periodísticas, escritas para la opinión pública hispanoamericana, a través de los órganos de prensa de mayor audiencia en la región:

La Opinión Nacional (Caracas)

La Nación (Buenos Aires)

El Partido Liberal (México)

La República (Honduras)

De 1881 son sus principales enunciados teóricos expresados, en primera instancia, en el segundo número de la Revista Venezolana, que fue fundada por él en ese año. En ella defendió el derecho que tienen los escritores de hacer uso del color, el simbolismo y la musicalidad, elementos que caracterizaron a la poesía francesa de la época y que él conocía muy bien.

1875 es el año en que, según el criterio general de los analistas de la obra martiana, Martí comienza a emplear en sus escritos, símbolos y colores de profunda connotación tales como: azul, blanco, oro, luz, porcelana, mármol, yugo, estrella, sol, etc. Como se puede observar, todos estos elementos nos llevan a evocar un campo semántico que tiene un vórtice, una idea central: la pureza, lo auténtico, lo incorruptible, lo resistente, lo hermoso; como lo es su propia ética y que van a ir marcando uno de los rasgos de su estilo propio.

El papel de Martí en ese renovación denominada Modernismo ha desatado muchas polémicas entre los estudiosos de su obra: Federico de Onís (1961), Juan Marinello (1965), Ángel Rama (1974), Roberto Fernández Retamar (1975) e Iván Schulman (1969), entre otros, y que, por razones obvia, no entraremos aquí en el análisis de los diferentes puntos de vista al respecto.

Lo que sí ha quedado claro es que la labor renovadora de Martí es de un alcance que va más allá de la literatura, se extiende a otras dimensiones de la sociedad: histórica política, ética, ideológica, educativa, etc. Para Martí el cambio que se necesitada no era solo de forma sino, sobre todo, de esencia. Por eso en 1881 escribirá: “…No habrá literatura hispanoamericana hasta que no haya Hispanoamérica”.(1)

Cómo llega José Martí a forjarse un estilo, una manera de escribir, que ha dado quehacer a sus lectores, tanto contemporáneos suyos como actuales.

La formación humanista que recibió José Martí, se inicia desde las enseñanzas de su maestro Rafael María Mendive y se van enriqueciendo hasta alcanzar sus títulos académicos, primero, de Bachiller, y luego, los de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, y Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza (en el breve lapso de un año y medio (mayo de 1973- octubre de 1874). Tantos frutos en tan poco tiempo nos habla de su acelerado desarrollo intelectual y de su madurez en el aspecto intelectual. Esta formación le permitió adquirir una conciencia de la importancia que tiene el esmero en el uso del idioma, de la lengua, lo que sería en lo adelante, su principal arma para lograr los altos objetivos que se proponía.

Múltiples son las reflexiones que hizo José Martí sobre el uso de la lengua; muestras de ello son las siguientes:

“¡Oh!, la palabra, como viento que enciende, saca las llamas del espíritu al rostro (…) Mas la palabra tiene alas, y vuela caprichosa, y se entra en mundos ignorados e imprevistos”.(2)

“No hay como esto de saber de dónde viene cada palabra que se usa, y qué lleva en sí, y cuanto alcanza, ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el uso esmerado y oportuno del lenguaje”.(3)

Martí tenía conciencia de lo difícil que resultaba su estilo al lector común; al respecto, expresó:

“(…) las sinuosidades de mi estilo, inevitables, por la armazón en que me ocurre el pensamiento”.(4)

Él mismo reconoce en estas palabras que su escritura es compleja, lo cual está dado, fundamentalmente, por dos factores que, en nuestro juicio, son los fundamentales: PRIMERO, la vastedad de su cultura que le permite establecer, constantemente, profusas relaciones intertextuales entre los más diversos campos del conocimiento, especialmente, la historia universal, la literatura y el arte; tres elementos que, integrados forman la base sustentadora de la amplia cultura que poseyó José Martí.

Martí contribuyó al aporte que hizo la América hispana a la lengua española, a partir de sus innovaciones y la legitimación de lo más puro de las raíces hispánicas, enriqueciéndolas con los elementos propios de la nueva realidad insurgente, de la América nuestra. Vivencias, conocimientos, motivaciones, emoción, y principios éticos profundos, están en la base de todo lo que escribió Martí en los diferentes géneros que cultivó: la crónica periodística, el ensayo, la poesía, la oratoria, el cuento, el teatro, la novela, el arte epistolar y, el apunte o notas ocasionales.

En la obra martiana se observa un estilo propio, inconfundible; cuando se lee una frase suya, una idea o una página entera, sobre cualquier tema, el lector entendido en la materia reconoce la presencia del Maestro, sin haber indagado antes sobre quién es el autor de lo que lee. Es que Martí logró un estilo, una manera peculiar de expresar sus ideas tanto en la lengua oral como escrita. Pues, el estilo de un escritor es su sello personal; es la manera propia que tiene de hacer y expresarse como individualidad humana y como sujeto social, lo cual se acentúa aún más en escritores y artistas cuya personalidad se revela con gran fuerza en toda su creación. Pero en Martí se integran esas cualidades y algo más; fue un pensador profundo, un político con visión de futuro y un sociólogo atinado.

SEGUNDO: la complejidad de la escritura de José Martí que es reconocida por los especialistas que se han dedicado y se dedican al estudio de este tema. Hay consenso sobre que lo que caracteriza su manera de escribir es la conjugación de elementos diversos, lo cual hace que el lector común al enfrentarse al texto martiano, muy frecuentemente, encuentre una barrera: la sintaxis, la manera peculiar de componer el período oracional en el cual son frecuentes las extensas oraciones psicológicas y el uso, muy marcado, del hipérbaton; por ello la lectura de la prosa con estas características se torna difícil, si el lector no está bien entrenado y conoce estos rasgos del uso del lenguaje en José Martí. A pesar de ello, hoy contamos con anécdotas sobre la magia del verbo martiano que han pasado a ser antológicas, porque nos hablan del poder de persuasión que tenía José Martí. Así lo confirman los ejemplos siguientes:

(…) Un mambí exclama: “¡No lo comprendíamos, pero estábamos dispuestos a morir por él! “ Otro asegura: “Me glorifico de haber nacido tan solo por placer de haberlo oído”.Un tercero, capitán del Ejército Libertador, declara:” Su decir era prodigioso sus palabras parecía que venían de un ser sobrenatural”, (5)

En su discurso del 10 de Octubre de 1990, Martí expresó:” Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están demás cuando no fundan… “ (6)

Hay en estas ideas una tácita alusión a su propia manera de de escribir, tiene conciencia de que su estilo causa asombro, tanto por las ideas como por la forma; por eso aclara:

“De esmerado y pulcro han motejado algunos el estilo de algunas de las sencillas producciones que vieron la luz en nuestro número anterior”.(7) Se está refiriendo al primer número de la Revista que había fundado en Venezuela en 1881. Y, seguidamente, se pregunta: “¿cuándo empezó a ser condición mala el esmero? Solo que aumentan las verdades con los días, y es fuerza que se abra paso esta verdad acerca del estilo: el escritor ha de pintar, como el pintor. No hay razón para que uno use de diversos colores y no el otro. Con las zonas se cambia de atmósfera, y con los asuntos de lenguaje. Que la sencillez sea recomendable, no quiere decir que se excluya del traje un excelente adorno.” (8)

En su manera de emplear el lenguaje Martí combina lo puramente castizo con nuevas maneras de expresión; por eso es que en toda su escritura podemos encontrar, indistintamente, arcaísmos y neologismos; ideas cuya elaboración se hace a través de la síntesis, la sentencia, lo aforístico, provocando una sintaxis breve y concisa; y otras, en las que se acude a una construcción de carácter argumentativo y, por tanto, la sintaxis es extensiva, por el uso de la subordinación, como el elemento gramatical fundamental en la estructuración del período u oración psicológica. En síntesis, en la prosa martiana se combinan los períodos largos y breves o cortos, según prefiera el autor, a la hora de comunicar con la intención de que llegue al destinatario lo más clara y precisa posible.

Conocedor profundo de la lengua española, Martí pudo manejarla con la soltura que nadie ha podido igualar, ni entre los contemporáneos suyos ni después; en este sentido, Martí no ha tenido continuador.

Para él la precisión en el lenguaje es de suma importancia: “el lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de cuajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.” (9)

En estas palabras subyace la voluntad, la decisión consciente que lleva a José Martí a escribir de la manera que lo caracteriza; por eso es que logra acuñar ese estilo que lo identifica en la misma medida que lo enaltece, a tal punto, de haber sido considerado como el latinoamericano que podía satisfacer la audiencia de un público universal.

Principales rasgos de la prosa martiana:

 Riqueza léxica: utiliza la palabra convenientemente, lo que sugiere al lector un mundo deposibilidades interpretativas;

 La iteración de palabras y estructuras como recursos que permiten enfatizar en las ideas que desea subrayar;

 Uso muy original de la puntuación;

 Combinación de cláusula extensa: justificación, causa-efecto, comparación, contraste, ejemplificación (estilo profuso); con fases sentenciosas, muy sintéticas.

 El uso de símbolos (luz, estrella, Sol, yugo, alas), colores (azul, blanco, negro oro), objetos de material precioso (porcelana, mármol, ónice), todo ello en correspondencia con la estética modernista que él preconiza, inicia y desarrolla, pero con características propias;

 Alto valor poético por la forma en que se construye (arquitectura) y la riqueza tropológica: símbolos, metáforas, alegorías; imágenes cromáticas, auditivas y sinestésicas que le aportan un valor pictórico al texto; el uso preciso del símil, el epíteto, la prosopopeya y la sinécdoque, entre otros recursos del lenguaje literario;

 Presencia de la intertextualidad como expresión de la amplia cultura del autor y de su talento creativo;

 Uso marcado del polisíndeton y el hipérbaton en la construcción de la cláusula, lo cual provoca que la sintaxis resulte compleja.

Los dos fragmentos siguientes, tomados de un mismo texto, sirven de ejemplos para demostrar el contraste entre una sintaxis muy sintética (período corto), y la sintaxis extensa (período largo) muy usado en la prosa martiana: (10)

a) “Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria”.

“No hay proa que taje una nube de ideas”;

“¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!”

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”;

“Lo que quede de aldea en América ha de despertar”;

b) “Con los hábitos monárquicos y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por Sur. Cuando los dos héroes chocaron y el continente iba a temblar, uno, que no fue menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela fina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza; en los pueblos de piernas desnudas y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota de potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó en el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella…” (11)

Puede observase cómo en un mismo texto se utilizan dos maneras opuestas de construcción sintácticas; en el primer ejemplo, la economía de palabras hace que de condense al máximo la carga semántica de la comunicación; el sentido profundo hay que descubrirlo, y para ello el lector necesita tener conocimientos sobre la historia de América y otros aspectos de cultura general, lo que le permitirá poder establecer las posibles relaciones intertextuales que contribuirán a una mejor decodificación del mensaje y, como resultados de ello, a una clara comprensión de lo leído. En el segundo caso, aunque el estilo tiene un rasgo diferente, que es, desde el punto de vista gramatical, el uso continuado de las oraciones subordinadas, lo que hace que se extienda el período sintáctico. Si el lector no conoce estas características de los textos martianos; si no está familiarizado con la lectura de textos martianos, le resulta bastante difícil la comprensión de los mismos.

Un ejemplo del uso que hace Martí de la iteración y el polisíndeton (uso consecutivo de la conjunción copulativa “y“), como recursos de construcción textual, es el siguiente:

“(…) con cascos de oro muy labrados en le cabeza, y alas en la cintura, cuando son generales, y dos plumas muy largas en el casco, si son príncipes: y si son gente así, de mucho poder, no se sientan en las sillas de siempre, sino en sillas muy altas. Y cuentan, y pelean, y sudan, y conversan, hacen que toman té, y entran por las puertas de la derecha, y salen por la puerta de la izquierda: y la música toca sin parar, con sus platillos y su timbalón y su clarín y su violinete; y es un tocar extraño, que parece de aullidos y de gritos sin arreglo (…) pero no se ve que tienen un tono triste cuando se habla de muerte, y otro como de ataque cuando viene un rey de ganar una batalla, y otro como de procesión (…) y otro como de truenos…” (12)

Los elementos que se han tomado en consideración en este pequeño artículo, nos permiten afirmar que:

 La originalidad de la prosa martiana está dada en el modo peculiar del autor para integrar los factores: léxico, semántico, sintáctico y estilístico en el uso de la lengua española, muy en correspondencia con sus presupuestos estéticos y éticos de José Martí.

 Ante la prosa martiana el lector no debe quedarse simplemente con lo informativo, o simplemente anecdótico, sino que debe tratar de sumergirse en lo profundo para sacar, de entre líneas, el verdadero sentido que adquieren las ideas expresadas en cada texto; y para ello necesita sistematizar la lectura de su obra en los diferentes géneros y, adquirir una preparación elemental en aspectos importantes de la teoría literaria y de redacción.

 En cualquiera de sus páginas en prosa es fácil encontrar aquellas cualidades que permiten considerar a Martí como uno de los mejores prosistas en lengua hispana, de todos los tiempos.

Bibliografía

Dill Hans-Otto: “El ideario literario y estético de José Martí”, en revista Casa de las Américas, La Habana, 1978.

Domínguez Hernández, Marlen A. Lengua y crítica en José Martí. La Habana, Editorial Pablo de la Torriente, 1989.

Jorge, Elena. José Martí, el método de su crítica literaria. Ciudad de la Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984.

Letras. Cultura en Cuba 2. Ciudad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1990.

Martí, José. Páginas escogidas. Tomos I y II. Selección y prólogo de Roberto Fernández Retamar. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974.

NOTAS

1. Martí, José. O.C. Tomo 21. P.

2. __________.O.C Tomo 19.p.271

3. ___________O.C. Tomo 21.p.167 y Tomo 17.p.234

4. ___________O.C. Tomo20.P.125

5. Vitier, Cintio. Vida y obra del Apóstol José Martí, CEM, 2006.pp.104-105. Apud. Manuel Ferrer Cuevas. “ Ante los restos de Martí, en Revista Cubana, julio 1951-dic.1952.p.165

6. _________. Ob. Cit. P.82.

7. Martí, José. Ensayos sobre Arte y Literatura. Ciudad de La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1979, p. 49

8. Ibidem

9. Martí, José. O.C. Tomo. XXI.p.225.

10. Todos los fragmentos seleccionados para ejemplificar han sido tomados del ensayo “ Nuestra América”, en: José Martí: Páginas Escogidas. Tomo I, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1974, pp.157-162.

11. El subrayado es de la autora.

12. Tomado de “Un paseo por la tierra de los anamitas”, en José Martí: La Edad de Oro. Ciudad de La Habana, Editorial Gente Nueva, 200, p.218.

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