Contribuciones a las Ciencias Sociales
Junio 2009

 

EL ERROR HUMANO
 


 

Maximiliano E. Korstanje
Universidad de Palermo, Argentina
MKorstanje@milletrentacar.com.ar
 



 

Toda cultura es un acto de violencia, es un rito por el cual el grupo se unifica, y siguiendo a Heidegger el Dasein pierde parte de su propia tradición. La historia y el horizonte “tiempo” están sujetos al ser y en cuanto a tal, lo distinguen del ente. No obstante, no siempre la línea divisoria entre la responsabilidad y la culpa quedan definidas. Si bien mucho se ha escrito sobre la culpa, ya no sólo dentro del propio existencialismo filosófico sino también desde la psicología, lo cierto es que aún no quedan del todo claro sus diferencias, sus aplicaciones y/o relaciones con el poder.

La responsabilidad en concordancia con Sastre corresponde a todos los miembros de la organización, cuando elijo entre mil opciones la angustia sobreviene pero no decido en la angustia sino en relación con “otros”. En ese vínculo con los otros, existe responsabilidad. Es decir soy responsable por mis decisiones; la culpa por el contrario uniteraliza la decisión y recae sobre un “chivo” específico. La cultura nace de la culpa, de la expiación, del culto y de la posibilidad de nombrar al “sacrificado” y sacrificarlo en el altar en honor a los dioses. La cultura olvida y a la vez reivindica, construye mitológicamente cierta realidad en detrimento de otra más extensa y profunda que podemos llamar realidad total. Cuando en un sentido, el-ser recuerda, en el mismo sentido olvida.  



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Korstanje, M.E.: El error humano, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, junio 2009, www.eumed.net/rev/cccss/04/mek2.htm



Ahora bien, existen circunstancias en las cuales la culpa se impone generando dos reacciones distintas: a) auto denigración y b) alegría por el fracaso ajeno. En la imposibilidad del ser de concretar, se antepone el fracaso del otro como una forma de placer. Dentro de esta lógica, se dan corporativamente dos tipos de culturas: una orientada a la responsabilidad como construcción ética, y la otra una cultura de la culpa cuya función es crear hegemonía. La culpa obliga al otro en subordinación mientras que la responsabilidad lo reestablece. La hegemonía crea un doble discurso en la organización, por un lado crea una pantalla ideal en la cual los actores simulan una realidad mientras por el otro, atan al ser a prácticas ocultas. Surge aquí el valor de la represión como un doble vinculo que por un lado niega a la otreidad mientras también lo pervierte. Por ejemplo, los primeros mandatarios son elegidos por voto popular o electoral –dependiendo de las circunstancias- en situación de igual libertad. El voto confiere al elegido una doble Posición, por un lado deposita la confianza necesaria para dirigir los destinos de un país mientras por el otro exime a los electores de cualquier responsabilidad por las malas decisiones del elegido. Esto se ve a menudo, cuando los presidentes terminan sus mandatos con una baja “popularidad” y sus votantes niegan haberlos votado. Uno se pregunta ¿Cómo es que entonces accedió a ese lugar?.

Particularmente, la culpa exime a todos los miembros de ejercer o asumir su propia responsabilidad. Cuando se busca un culpable, en el fondo lo que se teme es a la posibilidad de ser marcado. El culpable exime al grupo y deja el contador en cero. Por ese motivo, las organizaciones donde se buscan constantemente culpables crean círculos viciosos en donde no se pueden corregir los errores; estos errores funcionan por acumulación como una cañería que comienza a gotear, y que una vez saturada su capacidad de contención se debilita hasta llegar a romperse por acción y presión del agua. La represión no sólo habla de una norma que se ha quebrado, sino también de un sujeto que dialoga en oposición al orden vigente. Cuando por ejemplo encarcelamos a un delincuente, sin escucharlo, estamos encarcelando parte de nuestra esencia. Parte de lo que no aceptamos de nosotros y nos lleva a “demonizar” en el otro.

El delincuente asume su identidad en oposición al orden civil. Por ejemplo, si en el sistema carcelario los internos miden su poder en base a su fortaleza, en el ámbito civil se miden en cuanto al ingenio, si en la esfera civil se protege al más fuerte y se explota al más débil, en el sistema carcelario se abusa de aquel que se aprovechó del más débil. Básicamente, cada orden basa sus jerarquías en criterios que se contraponen discursivamente.

En ese contexto, cada vez más empresarios se ven atraídos por los aportes de la filosofía en el campo de la utilidad y la empresa. Siguiendo a esa necesidad, el libro de Jorge Etkin titulado doble moral en las organizaciones comprende sugerencias concretas que permiten comprender críticamente las razones por las cuales las organizaciones difieren su visión y su misión de las prácticas de sus empleados. Este punto aparece una y otra vez, a lo largo de todo el libro. En efecto, las compañías pueden ser consideradas fructíferas o peligrosas para la sociedad dependiendo de cómo alcanzan sus metas. Su trabajo versa, entonces, en tres propuestas: 1) determinar la causa de la doble moral en las organizaciones, 2) inferir explicar como las organizaciones sacrifican las posturas éticas en base a la concreción de sus metas, y 3) proponer una diagnosis para sobrellevar las consecuencias negativas de la doble moral.

En su capítulo introductorio, Etkin recuerda que la fragmentación social se encuentra vinculada a la manipulación política de las prácticas. El egoísmo permite al discurso partirse en dos generando dos tipos de alternativas coexistentes pero antagónicas. Por un lado, promueve la cooperación mientras por el otro genera competencia e individualismo. De esta manera, los empleados siguen sus propios intereses en detrimento de la organización. Aparece en escena una figura hasta ahora no mencionada, el cinismo.

En consecuencia, Etkin define a la perversión como un concepto a priori el cual es aplicado sin importar el contexto social. Cuando alguien dice que va a hacer algo, puede optar entre hacerlo o no; si lo hace será concordante con sus dichos, sino será un cínico. No obstante, la doble moral tiene su propia naturaleza y funcionalidad; dos razones entre otras muchas son las que pesan sobre este fenómeno: a) la sociedad es obligada a manipular en su propio beneficio el orden ético, b) la acción encierra consecuencias terribles. Por ejemplo, si el vecino no se hace responsable por su comunidad y no paga sus impuestos aduciendo que el otro vecino tampoco los paga, entonces la sociedad se ve impedida de cumplir con sus propios objetivos.

La búsqueda de objetivos requiere de la imposición de instrumentos coactivos incluyendo la irracionalidad, el miedo, la ansiedad y la impotencia. La falta de crítica en conjunción con la sumisión emocional da como resultado que todos los miembros de la organización elaboren una respuesta ambigua que actúa entre la resistencia oculta y la subordinación ingenua. Cuando en cualquier mandato confluye la ambición personal con la autoridad, el sistema auto colapsa en su propia irracionalidad.

Por ejemplo, ¿cual es el objetivo de un empresario cuyo patrimonio asciende a miles de millones de dólares ganar un millón mas?. Aún teniendo garantizada la subsistencia de 10 de sus propias generaciones, el ambicioso empresario continúa queriendo más. ¿Si el quiere mas entonces quienes quieren menos?. Cuando las normas éticas son relegadas a un rol secundario a la concreción de lo objetivos, se está en presencia de la perversión. Quizás esto sea una advertencia para todos aquellos que reivindican la eficacia y la eficiencia de la empresa privada en cuestiones que hacen a la política o a la República. Nuevos empresarios por medio de paradigmas basados en la racionalidad utilitaria, nos quieren hacer creer que son la solución para los problemas de la política. La doble moral se encuentra por doquier; su nacimiento es parte de la propia impotencia por comprender al otro. La idea de un partido político implica un quiebre, una confrontación, un conflicto. No se puede concebir a la cuestión pública fuera de la confrontación y el arreglo. Entiéndase al arreglo no como una “coima” sino como un puente de resignación y negociación. Nadie puede negociar si no sacrifica algo en ese proceso.

En cuestiones políticas de mayor profundidad, cuando se juzgan a “los militares argentinos” involucrando cuestiones de “genocidio” y “lesa humanidad” y se deja libre a los otros responsables, se cae en la doble moral. Cuando se aduce y se justifica “la violación de los derechos humanos” por motivos de “guerra” se cae en la doble moral, cuando se hacen desaparecer personas tildándolas de “enemigos” se cae en la doble moral, cuando se juzga a “todos” y todos son sentenciados como culpables se cae en la doble moral.

En efecto, el gobierno argentino desde el retorno a la democracia en 1982 hasta nuestros días promovió el juicio y castigo a los responsables por las desapariciones (no sólo en Argentina sino en el resto de Latinoamérica) pero por otro lado, obvió parte del sector civil armado que también participó en el proceso bélico. Los militares involucrados en su defensa adujeron estar en una “guerra” pero precisamente violaron los principios fundamentales de la guerra por el cual todo prisionero queda sujeto a derechos y obligaciones. Finalmente, la justicia humana se distingue de la divina y se caracteriza por su imperfectibilidad; a diferencia de Dios quien es “sabio y justo” el hombre es errático y no tan justo. Una casería de brujas se diferencia de de un proceso justo, no por condenar a los culpables en forma perfecta, sino precisamente por el error, por la posibilidad de dejar inocentes en las rejas, o dejar culpables en libertad. Cuando se condena a todos los enjuiciados, eso es un síntoma de que se está frente a un proceso autoritario. Por lo expuesto, parece cierto que la doble moral se encuentra presente en gran parte de la vida institucional y social de un grupo, es menester de la filosofía crítica desafía los paradigmas de la hegemonía manteniendo la imparcialidad propia del errar humano. Trató de imaginar pero ¡que triste y monstruosa sería una humanidad que no fuera capaz de errar!.

Referencia.

Heidegger, M. (1997). El Ser y el Tiempo. Santiago, Editorial Universitaria.

Etkin, Jorge. (1997). La Doble moral en la organización: la perversión y la corrupción institucional. Madrid, Mc-Graw Hill.

Sastre, J. P. (2007). El Existencialismo es un Humanismo. Madrid, Edhasa.

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