Contribuciones a las Ciencias Sociales
Abril 2009

 

HISTORIAS DE VIDA DE MUJERES ECUATORIANAS EN GÉNOVA. UNOS PUNTOS DE ANÁLISIS
 


Chiara Pagnotta (CV)
Universidad de Génova, Italia
cpagnotta@gmail.com

 

Resumen:

En este artículo se analiza el recorrido migratorio de las mujeres migrantes ecuatorianas, sus percepciones y representaciones construidas por el ambiente social en el que viven. Esto significa implementar las explicaciones económicas (en cuanto factor fundamental que empuja a la migración) con otros tipos de variables subjetivas y que, por ende, ponen en discusión la visión por la que la decisión emigratoria deriva de una decisión colectiva tomada al interior de la familia después de haber analizado los gastos y los beneficios.

A comienzo del proceso migratorio, la Italia es imaginada como el lugar de las oportunidades. Al contacto con la nueva realidad estas expectativas vienen frustradas también a causa de la tipología de inserción laboral en base a la que a las mujeres migrantes son reservados los empleo más descalificados en la escala social (cuidado de ancianos y limpieza).

Palabras clave: migración femenina, Ecuador, identidad, trabajos de cuidado.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Pagnotta, C.: Historias de vida de mujeres ecuatorianas en Génova. Unos puntos de análisis, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2009, www.eumed.net/rev/cccss/04/cp.htm



Introducción

Las migraciones no constituyen un acontecimiento reciente en la historia del mundo, sino que representan un fenómeno de larga duración, destinado a prolongarse independientemente de los eventos contingentes. En la historia del mundo moderno los estados nacionales siempre han tratado de refrenar y sedimentar la fuerza-trabajo, mientras que la movilidad de los trabajadores ha expresado la búsqueda de libertad en lugares en los que ésta fuese posible. Según M. Hardt y T. Negri (2001), el ejemplo más flagrante de dicho proceso está representado por la historia de la esclavitud de los negros en las Américas y por sus continuas deserciones.

La idea de este artículo parte del conocimiento de la importancia, no sólo numérica, que las mujeres comienzan a representar en las migraciones. Por el caso que presentamos en este articulo, destacar como los ecuatorianos residentes en Génova sean la nacionalidad inmigrante más numerosa en la ciudad, la mayoría son mujeres que se insertan en el campo de los trabajos domésticos y de limpieza (Pagnotta, 2005), (Pagnotta y Lagomarsino, 2009).

Este trabajo ha sido construido con las historias de vida de las migrantes provenientes de Ecuador y residentes a Génova que hemos entrevistado en los últimos años (2002-2005) . Se trata de dieciocho mujeres mestizas, originarias del Guayas y pertenecientes a una clase social medio-baja y que han emigrado posteriormente a la crisis económica de los años 1998-1999.

Para profundizar en los aspectos teóricos, hemos utilizado estudios que contemplan la creación de la identidad como una práctica social. Fundamental resulta, en tal aproximación, el trabajo de B. Anderson (1991) sobre el papel del imaginario en la construcción política de cualquier tipo de comunidad. Relacionados con la crítica de la tradición/identidad como factores inmutables y existentes a priori, independientemente de los eventos contingentes, son unos estudios (Hobsbawm, 1994), (Hobsbawm, 2002), (Appadurai, 2001), (García Canclini 1998) que evidencian la manera como muchos mitos de fundación de las sociedades actuales en realidad hayan sido inventados.

Nos hemos valido, para llevar a cabo nuestra investigación, de una metodología propia de la historia oral; es necesario especificar que la misma no capta la verdad inmediata de los hechos sino la narración de los eventos que los testigos me han transmitido a través del filtro de su propia objetividad, en base a lo que éstos desean dar a conocer a los demás, y silenciando los eventos que podrían perjudicar la representación que de sí mismo quiera dar hacia el exterior (Goffman, 2002). Por lo tanto, siguiendo el análisis de Portelli (1999) el objetivo de este articulo tiene que ver con la percepción y reelaboración que de los hechos hace cada una de las mujeres, como también con el significado que determinados sucesos han tenido para quien los ha vivido pero, sobre todo, con lo que querían hacer, con sus aspiraciones, con sus deseos, con las expectativas creadas en torno a un acontecimiento específico, con sus reconsideraciones, opiniones y juicios…

1) Unas líneas sobre las mujeres migrantes

Las mujeres siempre han sido consideradas de manera marginal en los estudios de los fenómenos migratorios. Sin dotarla de autonomía, se le imagina siguiendo al hombre que decide desplazarse de un país a otro. La mujer resulta ser la compañera del hombre, la que lo sigue hacia otro país.

Sólo en los últimos veinte años se ha comenzado a revelar el papel protagónico de las mujeres que migran. Esto no significa que solamente en tiempos recientes hayan iniciado a desplazarse en forma autónoma, sino que es ahora cuando este papel les es más reconocido.

La condición de invisibilidad a la cual han sido relegadas durante mucho tiempo las migrantes probablemente sea debida, al menos en Occidente, al modelo típico de relación entre géneros: el patriarcal, en el que se piensa en la mujer como en condiciones de subordinación respecto al hombre. Tal dinámica se extiende a todos los campos de relaciones, por ende también a los fenómenos migratorios, en los cuales por largo tiempo la mujer no ha figurado como la que actúa sino como la que soporta la elección de otra persona. Además, según el análisis de E. Kofman y otras (2000) muchos estudios parecen neutrales en lo que atañe a los géneros, cuando en realidad están moldeados sobre un modelo de migrante que es masculino.

Los estudios académicos más recientes no sólo fijan su atención en las motivaciones económicas sino también en las aspiraciones, es decir en las subjetividades de los migrantes, lo que resulta particularmente importante en el análisis de las migraciones femeninas. De estos nuevos estudios (Mezzadra, 2001, Sayad, 2002) se desprende que para comprender realmente las motivaciones subjetivas que impulsan a las personas a trasladarse a otras partes, no se puede prescindir del análisis de las sociedades de partida. Esto significa atribuir una posición central al migrante, con sus deseos, que quizás no puede realizar en donde vive, precisamente debido a cierto tipo de factores económicos.

Luego del análisis de las relaciones familiares e inter-personales, los estudios de género (Kofman y otras, 2000) han evidenciado que para muchas mujeres migrar representa también un deseo de huir de un modelo de sociedad sexualmente jerarquizada. De lo contrario, en algunas investigaciones las migraciones son presentadas como estrategias familiares en las que se escoge en forma colectiva e igualitaria a la persona que deberá partir, para así contribuir al bienestar de los familiares que permanecen en el país. Basándonos en nuestras experiencias de investigación acerca de la migración ecuatoriana, nos interrogamos respecto a las diferentes interpretación que se puedan dar a la palabra «colectivo», mas sobretodo consideramos que un análisis de este tipo no sea universalmente aplicable, ya que idealiza a la familia como un nido en el cual refugiarse para protegerse de las incertidumbres de la vida, además de dar por asentadas unas idílicas relaciones entre parientes. La familia, en este caso la latinoamericana, que en este articulo sólo analizaremos superficialmente, por no estar el tema específicamente relacionado con nuestra indagación, se construye sobre relaciones de poder internas y la migración, además de estar influenciada por el sistema económico, también sufre la influencia de este tipo de relaciones, así como de una mezcla de exigencias, tanto personales como colectivas (Kofman y otras, 2000) (Moore, 2004). Sin embargo, veamos como por el caso ecuatoriano, no hay que pensar que para una mujer la migración sea siempre un recorrido de emancipación y de liberación y que, por otra parte, las sociedades de partida representen el retraso. Tal esquematismo denota un abordaje etnocéntrico, en el que la mujer migrante es «moderna» si se adapta al modelo emancipador occidental, y en caso contrario se le considera «sometida», atada a la tradición. El error reside en considerar un polo completamente positivo y otro completamente negativo, sin contar con las infinitas variables que se encuentran entre ellos. Por lo visto en nuestras investigaciones, el recorrido de la migración jamás es linear, de un punto a otro, como si al salir de un país se olvidaran completamente las costumbres que se han tenido y, como si fuésemos un vaso vacío o que al llegar al nuevo país nos uniformáramos a los usos ajenos. El recorrido se parece más bien a una continua hibridación (García Canclini, 1998).

Las mujeres que llegan a los países del sur europeo por lo general se incorporan a un mercado laboral jerarquizado de acuerdo al género y a la nacionalidad y encuentran una sociedad que todavía es, por ciertos aspectos, patriarcal, y que las relega en oficios femeninos, principalmente como domésticas, enfermeras, prostitutas. En esto se puede ver (Gorz, 2001: 173) una «sur-africanización de la sociedad, es decir una realización del modelo colonial dentro de las metrópolis».

El recurso a las mujeres extranjeras, ecuatorianas en el caso genovés, para ejecutar este tipo de tareas se justifica por el hecho de que cierto tipo de trabajos están comúnmente inscritos en el ser mujer y que si las migrantes llegan a Europa es porque se considera que sólo puedan ser domésticas o prostitutas . Uno de los resultados de nuestra investigación (Pagnotta, 2008) fue aquello de relevar como también en algunos lugares del Ecuador sobre las mujeres que migran se perpetúa el estigma, cuando la mujer migra de manera autónoma sin la compañía de un familiar de sexo masculino, de salir del país para prostituirse:

«Muchas personas tienen una manera de pensar rara, ¿no?, decían: “No, Italia es un lugar al que solamente se va para prostituirse, todas las que van para allá se prostituyen, me decía una amiga, no vayas para allá porque allá todas se vuelven prostitutas y ese es un lugar de prostitución» Amelia.

«Lo siento, siento que nos tratan mal, dicen que venimos a prostituirnos. Yo digo que no es así, que para algunas será así, pero que son tan pocas…pero todos, todos dicen que venimos para acá para tener dinero dando nuestro cuerpo. Eso es lo que dicen. Siento mucho que no sepan». Ramona

2) Es que aquí no hay futuro…

Una ambigüedad de fondo, percibida en las historias de vida que hemos realizado, reside en la interpretación de la migración como una elección individual o más bien como una estrategia familiar de supervivencia. Lo que hemos podido constatar es que muchas veces ambas opciones, a pesar de ser diferentes, resultan igualmente válidas para una misma persona. Una migración que haya sido la consecuencia de una elección familiar puede transformarse rápidamente en una posibilidad de desarrollo independiente y autónomo respecto a las decisiones del grupo familiar y, viceversa, una decisión de emigrar que se haya debido exclusivamente a motivaciones personales, como puede ser una crisis matrimonial, en muchos casos se inserta, en los países de llegada, en una estructura de control - creada por compatriotas y familiares (hombres y mujeres) de mayor edad - respecto a las decisiones individuales, inclusive sexuales.

G. Campani (2000: 146-147) explica que estos dos tipos de opción migratoria no deban verse como opciones dicotómicas, ya que ambas pueden ser válidas, inclusive al mismo tiempo, y que probablemente lo escogido varía de persona a persona: «Antes que nada, hasta una migración inicialmente dirigida por la familia puede transformarse en un recorrido de liberación de la misma familia. (…) En segundo lugar, si existen casos de total ruptura con la comunidad de origen o con el grupo de compatriotas inmigrados, no se trata de la mayoría de los migrantes. En tercer lugar, ni siquiera la emigración por opción individual, motivada por la voluntad de emancipación entendida como liberación de los vínculos de la comunidad, está necesariamente en contradicción con la existencia de retículos sociales que se revelan indispensables tanto para garantizar la partida como para asegurar la supervivencia y el mantenimiento en el país de acogida, por lo menos en la fase inicial».

Lo que emerge en las dos entrevistas a María, una de nuestros testigos, puede servir para comprender que, en la elección de migrar, las opciones individuales y colectivas pueden estar presentes juntas. En la primera parte, ella misma se presentó como una persona que decidió emigrar para ayudar a su familia y por la necesidad de alejarse del marido. En la segunda entrevista predomina la necesidad de alejarse de su marido.

« (Decidí irme) En primer lugar, para mejorar la situación económica de mi familia. Y luego, para olvidarme de mi marido». María (Primera entrevista).

«Si no quiero volver es por él, porque tengo miedo, sabes, estuvimos juntos siete años, y siete años son muchos, y temo que si regreso a Ecuador vuelvo con él, porque le tengo cariño». María (Segunda entrevista).

Antes, ella había citado su deseo de volver a Ecuador cuando habrá alcanzado las posibilidades económicas para comprarse una casa y montar un negocio. En su primera entrevista, ella había decidido presentarse como una persona extremadamente ligada a las tradiciones y a la familia y que, precisamente para sostenerla económicamente, había decidido venirse para Italia. Durante la segunda entrevista la situación cambió. Nos habló de sus propios deseos, los que la condujeron a llegar a Génova. En la reelaboración de María acerca de su proyecto migratorio varios son los factores coexistentes que la han llevado a optar por dejar su país: la necesidad de ayudar a la familia, el deseo de dejar al marido y el de construirse un futuro económico propio. La inversión que su familia ha hecho en ella por ser el miembro destinado a ayudar al grupo desde el exterior, no parece resultar de una elección colectiva y paritaria de todos los miembros, sino ser una decisión tomada por una persona con mayor poder de decisión que ella misma respecto a su futuro.

« ¿Tú y tu familia decidieron juntas que tú partieras para poder ayudarlos en Ecuador? ¿Y por qué tú?

No lo decidí yo. Porque cuando yo decido una cosa no la hago» María (Primera entrevista).

Semejante respuesta revela cuanto sea equivocado analizar la migración desde el punto de vista de la supervivencia familiar, descuidando el análisis del grupo familiar como comunidad estructurada, con relaciones de poder entre sus miembros, y cuanto sea útil analizar las migraciones a partir de las subjetividades y singularidades de cada persona con sus diferencias. No sólo la familia está basada en relaciones de poder internas, según el género y la edad, sino también, de acuerdo con nuestras investigaciones, hasta el grupo de amigos y, más generalmente, la sociedad misma. E inclusive de estos últimos se puede desear de escapar:

«Muchas mujeres que conozco, hasta con cierto nivel de educación, socio-cultural, se vinieron porque allá ya no soportaban estar, y prefieren estar aquí, donde nadie las conoce y pueden hacer lo que…están más libres de hacer lo que quieren, porque allá también la sociedad, los vecinos, la barriada, son los que así como te ayudan a…te cuidan, también miran lo que tú haces. Y saben todo, ah, no es que uno pueda hacer lo que uno quisiera y que no quiere que los demás lo vayan a saber» Alba

Creo que la opción de dejar el propio país no se lleva a cabo de manera totalmente consciente ni en forma explícita. A. Sayad (2000: 187-189), en su estudio sobre la emigración argelina en Francia, explica que el trabajo siempre sea percibido como la única razón de ser de la migración y la única que valga la pena tener en cuenta. Hacer claramente explícito que se es migrante voluntario, en particular durante una entrevista con una persona extraña, podría querer decir que se opta por romper con la comunidad a la que se pertenece.

Muchas mujeres entrevistadas por nosotros, algunas de cuyas familias no habían compartido su opción migratoria, dejaron a sus hijos al cuidado de familiares que se quedaron en el Ecuador. Es por ello que hasta las que decidieron voluntariamente dejar el país no han cortado los lazos con la familia de origen sino que se apoyan en la misma para recibir ayuda o para mantener el contacto y no desvincularse totalmente de las comunidades de las cuales se marcharon. La exigencia que resalta en las entrevistas que he efectuado es la de no aparecer como mujeres que han olvidado a su país y a sus familiares. Para algunas ha resultado importante recalcar que sus recorridos migratorios no obedecen a opciones personales sino que han sido necesarios para el bienestar de la familia. La impresión que hemos tenido es que se trate de algo muy parecido al sentimiento de culpa por estar en Italia, país en el cual es posible alcanzar un nivel económico superior al de los que se quedaron en el Ecuador, así como de legitimar ante mí, y ante ellas mismas, la necesidad de partir.

3) ¿Comunidades imaginadas?

En un contexto genovés, pero no solamente en éste, en el cual al migrante no se le reconoce su profesionalidad ni sus estudios, sino que se le relega a la ejecución de trabajos de servicio no calificados, sufriendo constantemente de marginación de parte de los autóctonos, y en el que el tiempo del vivir coincide con el tiempo laboral, no son muchas las alternativas que se presentan a la agregación en un grupo referencial, con el fin de recibir apoyo moral y económico. Según M. Ambrosini (1999: 41) «La combinación de estos elementos transforma, en tiempos relativamente breves, a los grupos de inmigrados en comunidades étnicas».

Una tal topología interpretativa presupone en carácter artificial de las agrupaciones humanas; por B. Anderson (1996: 25) «… Imaginada es cualquier comunidad más grande de un poblado primordial donde todos se conocen (y puede ser que lo sea también eso)». Aplicar el término de comunidad a una agrupación humana evoca a la mente un ideal de paritaria camaradería entre todos sus miembros.

De las palabras de las mujeres que crujíamos aparece evidente como la comunidad es más un ideal que una real experiencia de igualdad primordial. En el caso específico de los ecuatorianos en Génova, no siempre la ayuda y el sostén material se cumplen cabal y gratuitamente, de acuerdo con las expectativas anteriores a la partida. Si bien es cierto que las diferentes informaciones circulan libremente y que hablar con los compatriotas ya establecidos es una ocasión para obtener informaciones acerca del nuevo contexto, no se puede decir lo mismo de la ayuda material. En particular en lo que hace al alojamiento parece existir un elevado grado de explotación: numerosos son los ecuatorianos que, aprovechándose de las dificultades para encontrar casa a bajo costo y de las pocas informaciones que manejan los recién llegados, sub-alquilan a sus propios compatriotas habitaciones o, más frecuentemente, simples camas a precios exorbitantes (Lagomarsino y Pagnotta, 2009).

La comunidad se funda sobre una solidaridad que en Italia no existe, mas, a lo contrario en Ecuador, por el hecho justamente de estar lejos, esta imaginada como real. Como nos explica Z. Bauman (2003: 5-6) «La cosa más extraordinaria de la comunidad es aquella que siempre existió. Podremos agregar: o que siempre está para crearse. Hoy comunidad significa paraíso perdido, más un paraíso en el que esperamos ardientemente de poder volver y de que buscamos ardientemente la ruta. “… Paraíso perdido o paraíso futuro: de una manera o de la otra no se trata del mundo en el que vivimos ni aquello que conocimos por experiencia directa…» El Ecuador aparece en ese sentido contrapuesto a Génova. En todas las entrevistas se encuentra cómo la sociedad de partida sea aquella de los afectos, de los sentimientos, de la solidaridad al interior y de los valores morales; la Italia representa, al contrario, el mercado económico.

Según mis testimonios, en el imaginario colectivo la Italia representa el lugar donde los deseos se hacen realidad, a lo contrario el Ecuador representan el lugar de las aspiraciones frustradas. Es en el pensamiento común retener que en Italia sea fácil enriquecerse, que corresponda a la tierra prometida.

«Por el hecho que enviabas dinero allá, porque se necesita, las personas pensaban que acá se gane harto, que la plata se encuentra en el suelo. Y cuando una persona encuentra la plata en el suelo: Ah, ¡entonces es verdad lo que se dice! Acá la plata se encuentra en el suelo” Y yo le he dicho: No, no tomarlos, que mañana nos madrugamos y vamos a recogerlos todos. Sí, eso…La gente decía: Eh, ¡chuta! Allá la plata se encuentra a montones» Luz

«Aun más ellos, aquellos que están allá siempre te piden…de ayudarlos a llegar acá, y si tu vas allá y cuentas “la situación esta difícil…” Yo creo que estén personas que se inventan las cosas por hacer creer a sus propios parientes que están bien acá, aun no sea verdadero, porque si tu cuentas que estas mal acá, ninguno te va a creer» Raquel

Como D. Gabaccia (2003) lleva a la luz, la figura del repatriado tiene una gran importancia en la decisión de emigrar por otras personas que pertenecen a la misma red de relaciones por el hecho de dar informaciones sobre la vida en los países de destino. Obviamente lo que se cuenta, por verdad o mentira que sea, influye en la decisión de salir, y al mismo tiempo tiene el papel de justificar, en una manera, la migración de parte de aquellos que ya han empezado ese recorrido.

«Yo pienso que los nuestros (co-nacionales) sea mentirosos, no sé porque ni que se crean de ser, si acá todos hacemos el mismo trabajo, perdóname la mala palabra, mas todos lavamos el poto de aquella mujer. Si por si a caso tienes que ir a nuestro país, ¡Dios! Que cuentan. Son así, te juro, se creen… Yo por eso no soy muy amiga de nuestros paisanos, los alejo bastante» Estela

« ¡Ellos no cuentan! ¡Nunca cuentan! (de su situación). Pero yo que vivo acá la cuento, porque tengo que decir...cada uno tiene que contar la realidad en la que uno... del país, de la situación. Esta diferente. Porque están muchas personas que viven acá, y cuando van en Ecuador...están acá por dos o tres años y después vuelven... Cuentan de tantas maravillas, tantas... Dicen que tienen una oficina. ¡Todos tienen una oficina! Pero la realidad no es esa, porque todos tenemos vergüenza» Luz

Las mujeres ecuatorianas en Génova se enfrentan con una decualificación social en referencia al estatus que tenían anteriormente a la migración. De este, probablemente derivan las mentiras sociales en frente a la sociedad de origen de las que habla también A. Sayad (2002). De un lado, en nuestra investigación subrayar que si las ecuatorianas inmigrantes conocen un descenso a nivel de reconocimiento social simbólico (dado del insertarse en el trabajo domestico), acrecen sus posibilidades económicas (Pagnotta, 2008).

4) Entre dos mundos.

De las historia de vida emerge que el fruto mas positivo del vivir y trabajar en Génova es el acrecimiento económico; el poder aprovechar del superfluo es percibido como mejoramiento en referencia a la situación de vida en Ecuador, donde las mujeres debían cuidar el hogar y subyacer al control económico del hombre (marido y/o padre).

«El (mi marido) era demasiado celoso, no quería que yo trabajara porque él trabajaba en una empresa para encartonar el pescado. El tenia un buen trabajo que podía servir para satisfacer las necesidades económicas de los dos, y entonces él quería que yo dejara mi trabajo para permanecer en la casa. No me gustaba esta idea, yo quería comprarme las cosas que me gustaban, tener mi platita, no tener que pedir permiso a él para hacer cualquier cosa. El trabajaba en un país cercano a donde vivíamos y quedaba afuera para trabajar toda la semana; volvía solo el sábado y el domingo, y yo estaba muy bien cuando él estaba lejos». María (Segunda entrevista)

«Mi marido, en mi país se dice que es machista, que no quiere que una mujer trabaje, solamente él tiene que hacer todo. Pero las cosas no están así, por esta razón yo me fui. No solo él tiene que trabajar, yo dependo solo de aquella persona, y si un día el no estará, ¿qué hago yo? Que no sé hacer nada». Ramona

El modelo ideal vigente en Ecuador para ser lo por la que la mujer no trabaja afuera de la casa para ocuparse del hogar, pero esta norma social para ser superada en la práctica. Las mujeres de las clases bajas y medio-bajas no respectan este ideal porqué la necesidad las empujas a insertarse en el mercado del trabajo (Moscoso, 1996). Si el varón lo logra satisfacer las exigencias familiares, en este caso, a la mujer está concedido de sustentar económicamente el núcleo domestico. Por ejemplo, en el caso me muchas testigos que hemos entrevistados, subrayar como la figura masculina y paternal sea ausente y por ende el bienestar familiar sea una tarea propia de las mujeres.

Contemporáneamente, en Génova, estas mujeres se enfrentan con una situación particular en base a la cual desarrollan unos entre los trabajos menospreciados en la escala social y muchas veces en negro. Por el hecho que el trabajo no representa de hecho el canal para acceder a la ciudadanía, la integración se obtiene con la asunción de determinados modelos, también exteriores, de comportamiento que no se alejan de aquellos que es retenida la norma.

Como nos explica A. Appadurai (2001: 109-116) es justamente la mercancía, y la posibilidad de acceder a ella, que sustituye el trabajo como canal de inclusión y de igualdad; la aceptación esta filtrada con el hecho de poseer unos objetos retenidos occidentales.

La introducción de modelos culturales dominantes puede también llegar a un punto máximo, con el hecho de desear un cuerpo occidental, blanco. Según F. Fanon (1996: 86-87) «En otras palabras, yo empiezo a sufrir de no ser un Blanco en la misma manera es la que el blanco me impone una discriminación, hace de mi mismo un colonizado, me saca cualquier validez, cualquier originalidad, me dice que soy un parásito del mundo, me dice que se necesita que yo me ponga lo más rápido posible en acorde con el mundo blanco…»

Por ejemplo, en la entrevista a Rosa, ella hace coincidir el hecho de ser objeto de actitudes racistas con el hecho de ser percibidos, por ser extranjeros, como feos.

«En cualquier lugar está un poco de racismo, porque somos feos, porque somos negros, porque somos siempre diferentes, somos latinos » Rosa

Y aun mas, Rosa afirmó de estar de acuerdo con las rígidas medias de la ley italiana para otorgar los papeles a los extranjeros y disposición, insertada en la Bossi-Fini (Ley de extranjería del 2001) que inserta la toma de las huellas digital a todos los migrantes (y solo para los migrantes).

«Cuando he sabido que por la condenación te hacen un montón de preguntas, de donde eres, cuántos años tienes, cuántos hijos tienes, tienes esposo, que has hecho, yo he dicho: Estoy de acuerdo, deben saber quién eres y que has hecho en tu país» Rosa

La mujer parece haber interiorizado los modelos culturales dominantes. En toda la entrevista ella seguía mostrándonos como pensaba que muchos migrantes son malos, que los italianos no tienen toda la culpa de pensar eso, más que ella es diferente. Como nos explica M. Yung (1996: 185-186) «Los miembros de los grupos sometidos a imperialismo cultural frecuentemente exhibidos como síntomas de miedo, aversión y devaluación en respecto a los miembros de su propio grupo y de otros grupos opresos (...)Y aun cuando no asumen totalmente como su propia opinión aquella del sujeto domínate, ellos interiorizan el dato cultural que los grupos dominantes sienten miedo y desprecio por ellos y (…) asumen la posición de subjetividad dominante con respecto a si mismos y a los otros miembros del grupo en el que se identifican».

Unas testigos que hemos entrevistados parece aceptaron el modelo italiano que ve en la migración, en particular aquella del Magreb y de la Albania, un peligro:

«Demasiada libertad que llegue tanta gente... Que no todos quieren trabajar, la mayoría llega acá... y le gustan las cosas fáciles; esto es el problema, que lleguen muchos barcos de... albaneses, marroquíes».

María (Segunda entrevista)

Conclusiones

Como emerge de las descripciones de nuestros testimonios, no se puede prescindir de un análisis enfocado en las condiciones materiales y individuales sea en la sociedad de origen sea en aquella de destino; esos dos términos de confrontación están estrictamente juntos y las propias percepciones de las mujeres aparecen modificadas de la continua interacción de los dos.

El destino de las migrantes es aquel de estar en el medio entre dos “culturas”. De un lado ubicamos el Ecuador, que representa el pasado y los afectos, y unas formas de dominación masculina, del otro encontramos la Italia, que es el lugar de la vida cotidiana, de lo económico y de los trabajos menospreciados en la escala social. Las mujeres ecuatorianas viven por lo tanto en una constante nostalgia por el país dejado, y en la búsqueda de una posible inserción acá en Italia. Es evidente la similitud analítica en la comprensión por el alto nivel de expectativas que las mujeres ecuatorianas esperan de lograr a obtener con la migración e como muchas veces tengan que enfrentarse con un fracaso o en todo caso, como una rescritura del proyecto migratorio tal como se había pensando antes de partir.

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