Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2008

 

LA FILOSOFÍA Y LAS LETRAS MENORES DEL PENSAMIENTO
 


Edgardo Adrián López (*)
edadrianlopez@yahoo.com


 
“[... No] dejarnos fijar a un centro establecido, sino [...] adquirir la capacidad de [...] organizar conjuntos de relaciones simétricas y reversibles efectuadas por hombres libres”

Gilles Deleuze

“[... Volver]-a-juntarse sin con-junto, sin organización, [...] sin propiedad [...]”

Jackie Elyah Derrida

El problema que desearíamos hacer circular, desterritorializando aquello que no arriesga su posición, que no se arriesga en su posición, el Falo, el significante que permanece como nombre de sí, consiste en que el pensamiento sólo podría inscribirse en la filosofía, ese otro Nombre, si resigna sus potencias.

Pero las fuerzas de este concebir no son extremas, magnas sino, por el contrario, menores, sobrias, mesuradas y ello porque en un pensar materialista, las exageraciones de la Metafísica son obturadas, desviadas, curvadas. Una dialéctica de la mesura, más que una dialéctica negativa o que una deconstrucción opuesta a la crítica de la Economía Política, podría inaugurar un espacio por el que el pensamiento fugase de los órdenes semióticos de la Verdad.

Aunque el nacido en Tréveris no enunció de manera explícita lo que sostenemos, pareciera que, a partir de sus bocetos sobre la historia de las superestructuras, que hallamos en algunas de sus obras, habría dos grandes regímenes semiósicos: el de la Narrativización, que corresponde a la época anterior al surgimiento del Estado y a una fase previa a la racionalización del mundo a través de inferencias, y el de la “Representación”, el cual se vincula con el período que transcurre desde el modo de producción asiático sin clases y con Estado, hasta el capitalismo. Hemos procurado mitigar las resonancias logocentristas de una escisión que surge cuestionable; sin embargo, la gran etapa que Marx denomina “Economía de la Necesidad” no es sino Mitológica, ya que no hay una Razón que presuntamente sería opuesta de modo radical, a un alucinado Pensamiento “Salvaje”(1) (la clausura de estos órdenes mito/lógicos no implicaría a su vez, el arribo a la Tierra Prometida de un Saber al fin cercano al corazón opaco de los entes).



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Adrián López, E.: La filosofía y las letras menores del pensamiento, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2008, www.eumed.net/rev/cccss/02/eal.htm


Las lógicas míticas que controlarían la dinámica de las superestructuras semióticas de las formas serviles de vida históricamente determinadas, poseerían ese rasgo, no tanto por la “debilidad” de la Razón, cuanto por el carácter autoritario de los sistemas semiósicos. En las comunidades en las cuales no es posible todavía evitar adscribirse a algún centro, las narraciones (mitos, rituales) y las representaciones (religión, filosofía, ciencia) operan como potencias trascendentales que limitan la capacidad de crítica y la libertad de apartarse de cualquier poder que subordine lo singular. Epicuro, según lo que el compañero de Engels nos aconseja en su lectura, llamó a estos sis-temas que no toleran el Desvío, sistemas “mítico/astrológicos” dado que de cerca o de lejos, no cesan de suscitar trascendencias, órdenes de Verdad que bloquean las alternativas de elección. Ahora bien, la sobreestructura de significación de lo real nos envía a una desgastada interacción entre la base y lo supraestructural. Sin embargo, opinamos que uno de los motivos para articular dicha dialéctica, quizá sea el de que la “basis” ahoga la práctica, mientras que la superestructura constriñe el pensamiento, entre otros componentes. La interacción entre los términos citados sería algo que, en contextos en los que tenga lugar el derecho epicúreo de una libertad ajena a todo poder, debiera suprimirse, emancipando la acción de los límites de la base, y al pensar, de las fronteras impuestas por los estratos semióticos de la Verdad. La dialéctica entre “basis” y sobreestructura, se torna impostergable allí donde la práctica y la inteligencia colectivas resultan impotentes para la administración de la vida social. Por otro lado, la supraestructura es simultáneamente, una estrategia para suplir, en el nivel semiósico, las deficiencias funcionales de la base.

En efecto, mientras la reproducción de lo comunitario se hace a través de la tiranía de la ley del valor, esta regla se manifiesta a los individuos como aquello que no pueden dominar, al igual que la “basis”, la que a su vez, resulta decodificada por una superestructura que tampoco se controla. Desde el punto de vista de ambos polos, lo sobreestructural asegura la reproducción material de lo comunitario mediante la reproducción semiótica legitimatoria de las relaciones no simétricas entre los agentes. Y es que la base por sí misma, se revela insuficiente para garantizar el reparto inequitativo de la riqueza entre la fuerza de tarea social y los no trabajadores (obreros improductivos privilegiados y no destacados, sectores independientes acomodados y no destacados, población inactiva privilegiada y no acomodada, y cuando existen, clases dominantes).

De lo anterior, puede inferirse que en las sociedades coordinadas de manera autogestionaria y cual si fuesen átomos epicúreos (2) que se apartan de cualquier Totalidad, la interacción entre “basis” y superestructura, en tanto dialéctica no libertaria, tendría que cancelarse. Entonces, podría aguardarse que el pensamiento adopte un rasgo deconstructor fuera del domino del mito o de la Filosofía.

Pero si la huida de las regiones grises de la metafísica nos parece hoy una necesidad, la salida no es lineal ni sencilla. El co fundador de la Internacional, problematizará la disolución de la filosofía, del poder-Filosofía sobre el pensar, recurriendo a lexemas de una estructura enmarañada. Uno de tales ejes consiste en que las Metafísicas detentan una conexión peculiar con el Nombre (3), dado que en ella no se trata sino de esa clase de sustantivo. El Inmigrado, el Forastero, nombres para otro nombre, Marx, habla de (San) Agustín y se refiere a él como Autoridad filosófica. A este patronímico se le añade otro, el del Padre, ya que “Santo” es un Pater sagrado, al cual se agrega un adjetivo: “Santo”, no como estado de ánimo sino en tanto Nombre. La filosofía está montada pues, en una máquina de decodificación compuesta por la metafísica, lo teológico y el capital de lo (a)firmado; una Estrella de seis puntas o cabos (4):

La cuestión radica en hacer la guerra, en enmascararse, en combatir ese conglomerado de instituciones impotentes, potentes, imponentes (5); en destruir la Estrella, su luz, los cabos de sus puertas, de sus puertos, a fin de leer, de pensar a ciegas, por rodeos, por trazos, creando interrogantes, nuevas condiciones para su formulación. Abandonar la filosofía (6), errar, errarla. Poseemos en nuestro haber tantas estrellas, nacimientos, tantos manteles de Última Cena, tanta Metafísica, colonizada como se encuentra por lo griego (Sócrates), por lo romano (cicerón) y por lo cristiano (San Agustín), que se nos impedirá viajar sin firmamento, sin guía, errando –la dicha, se supone, la dicha de lo cierto.

El segundo conglomerado de lexemas se enlaza con el desmantelamiento de lo griego, de lo que hay o habría de griego en la filosofía. Y Marx lo anuncia con una claridad de desesperado, antes que cualquier otro nombre, ojalá lo aceptáramos, para llorar con él por él, la fragilidad del pensamiento (7). Lo griego principia con Sócrates, el mito/Sócrates. Su nombre señala dentro de sí; indica el mito del Comienzo, el mito del Principio de la Filosofía. Es el Mito por otra parte, del Buen Sabio, del Sophos que es aplastado, envenenado por la no-verdad. A causa de que toda mitología exige un Sacrificio (por ello, la filosofía no es más que una mito/lógica...), aquel Ciudadano debía (ex)ponerse como Sacrificado. Pero el movimiento que tiene lugar con Sócrates, personaje antipático que atropellaba al resto con sus argucias, mientras era acompañado por algunos ocasionales discípulos que lo aplaudían, es el de la Dialéctica bajo la máscara, el simulacro hábil (la dialéctica es astuta como los brujos o los políticos (8)) de la Mayéutica, el arte de la “Iluminación” por la confrontación dialógica (que es una humillación del otro por el egocentrismo enfermo del maestro de Platón). La Filosofía comienza mítica-mente con la Dialéctica y con la figura del Polemos.

No obstante, si la Dialéctica es el principio de la Metafísica, algo hace andar sus pasos, “algo” que le es anterior y que encontraríamos en la lógica del Sacrificio: el que estaba seguro de ser al menos, un filósofo, es ofrecido a la Sabiduría y en ese acto, Sócrates y su nombre se diluyen en la partida (en el doble sentido de “irse” y de “jugada”). Al extraviarse, retorna en tanto Ciudadano que acata la voluntad de la sociedad ateniense institucionalizada; regresa, reaparece salvado de ese estado de pérdida. Sócrates es recuperado, retenido fuera de lo social, pero vivo en la filosofía; es tarde, ha comenzado la Dialéctica. Sin embargo, el percibir que la Dialéctica es el principio mítico de las metafísicas no puede ser un saber; apenas es la vocación de una crítica que desteje los hilos ritualizados del logos. Evitar entonces, el saber, alejarse de la certeza porque de otro modo, la figura del Sabio nos remitiría de nuevo a lo Dialéctico. Pero al enterarnos de la función mítica de la Dialéctica, nos posicionamos como lo otro de ella y en consecuencia, somos producidos en su movimiento. Una interacción “menor”, débil, una deconstrucción materialista, incomprendida por Derrida, no esquiva sencillamente la Dialéctica como Mito, sino que en algún instante, tiene que circular por lo dialéctico, aunque fuese menos consistente que el Devenir Abstracto del Concepto/su fuerza.

Cicerón, al igual que Sócrates, poco entiende de un suicidio efectivo contra la filosofía, pero su incapacidad lo lleva a crear sistema, a escribir libros, a generar un saber-Estado, un saber/Totalidad, a inducir un hacerse-Cicerón del pensar (9). (Re)produce su nombre en lo que articula, sin dejar espacio para otros nombres, como el de Epicuro, quien, tal cual el amigo de Engels, no ha sido escuchado por la Metafísica, por su pesada historia.

Para Cicerón, Epicuro es pueril, ingenuo ya que habla de lo que se Desvía e intenta fundar todo su pensamiento en esa “fatuidad”. No obstante, alguien nos advierte que es ineludible pensar en estado de clinamen para comprender lo que se Aparta; hay que desviarse a fin de lograr un ensamble productivo, inusual, fuera de cualquier meta/física que encauce lo torcido, el equívoco, el mal, el mal de pensar en las fronteras de su seno, allí donde brota el farmacon de sus sentencias (10).

En el tercer eje, Marx aboceta que la Filosofía no quiso atender lo que podemos denominar la “paradoja de Epicuro”, movida como está por los nombres, los que son reconocidos o conjurados; no podrá comprender pero es el desafío. Una frase inaugura la cuestión: únicamente sirviendo a la filosofía, se podrá obtener la verdadera libertad, pues la emancipación consiste en servir a la Filosofía (11). Para liberarse de todo, del Todo, incluso de las Metafísicas, no hay más que dejarse seducir por lo filosófico. La filosofía es lo que nos permitirá ser independientes, al extremo de estar emancipados de ella misma. El enunciado, en su vértigo de belleza inocente, se torna indecidible: si es verdad, entonces es falso, puesto que la Filosofía que nos regalará la libertad se hallará todavía en ese don (12). Su nombre sobrevivirá a su muerte, a la ausencia, a su esencia transmutada ahora en emancipación. Pero si es falso, también es verdadero porque filosofando es que podemos constatar la trampa suave del don de la filosofía (en el doble sentido de lo que ella nos regala y del talento para pensar). Hay que transitar por las horcas caudinas de la Filosofía, ocupar su “casa”, des-habitarla, llorar las sombras que la acunan, pasar por ella, como si fuese el fusil que nos dispara nieve, el calor de la soledad, su noche, para conseguir escapar, al fin, de tanto Sentido, aun cuando en esta apuesta haya todavía o pueda haber, metafísica (13).

No obstante, ese transitar por los senderos de la filosofía exige igualmente, la sangre tibia de la praxis. Un pensamiento que se hace sistema, Metafísica y que por consiguiente, se torna unilateral, no puede sino generar el deseo de mundanizar la Filosofía y de “filosofizar” el mundo. Con este anhelo en baile, el pensar acontece por fases estereotipadas, las que hemos visto, situados en la tradición de los escritores ciegos (14) (Homero, Borges), repetirse en la historia: una filosofía radical, crítica se opone al mundo, a su estado, a sus Estados.

Las etapas que se repitieron son básicamente, tres (15). La primera consiste en que el pensamiento radical contraría al mundo no en virtud de que el orden existente le provoque malestar, sino a causa de que una “parte” del mundo traslada a lo social, los horrores que esa filosofía crítica sería capaz de inducir. El mundo le explicita a tal pensamiento, que algo anida en él que puede gestar espantos. La crítica se opone al mundo porque se contraría a sí misma, dado que está avisada que ella puede ser potencialmente, igual de horrorosa que el perro mundo.

La segunda fase, radica en que algunos intelectuales perciben el límite terrible del sistema al que adhieren e intentan librarse de la Metafísica que los aherrojó en ese pensamiento/Estado. Sin embargo, en esta lucha caen en la paradoja de anhelar emanciparse de su propia filosofía con las herramientas de dicho sistema. Tales pensadores se distancian del mundo, quedándose en la Filosofía. Por añadidura y en medio de esa aporía, emergen aquellos que deciden conservar la filosofía, sus glorias, el pasado sagrado de su nombre –Absoluto.

La tercera etapa consiste en que asoman quienes procuran trocar sus signos, los ecos de sus palabras, las carencias, sin lograrlo, porque querrán disolver la Filosofía pensando filosofía, arrastrándola como la piel más honda, engarzada en la escritura más esquiva. Y es que un pensamiento que conjura sus devenires menores, las letras intranquilas de su marca, tiene que acabar, llegar a ser/siendo -metafísica. La energía teórica de ese pensamiento no sólo dará como producto una Filosofía, sino que el tránsito de lo teórico a lo práctico morirá con la puesta de sol.

Para salir de las Metafísicas, habrá que elegir tipos de estado del mundo y de pasiones que desencadenen la catástrofe precisa, a fin de que la teoría, el pensamiento no se enrede en otra catástrofe, en aquella que lo re/fuerza como sistema, en tanto filosofía. Una teoría será apta en abrir un espacio para la acción, para la praxis, en los márgenes de la metafísica, para la acción concreta y radical, cuando no se comporte a modo de sistema-Filosofía, id est, cuando el pensamiento opere como saber menor, local, fragmentario, epicúreo, no despótico. Será imprescindible poner en juego todas las fuerzas del pensamiento, con el objetivo de romper el Nombre, la Metafísica, ya que todo

“nombre [...] es una mendaz ficción [...]” (16).

Obras consultadas

Deleuze, Gilles Pericles y Verdi. La filosofía de François Chatêlet. (Pre-Textos, Valencia, 1989).

Derrida, Jackie Elyah, Espectros de Marx. El estado de la deuda, el estado de duelo y la nueva Internacional. (Trotta, Madrid, 1995).

Derrida, Jackie Eliahou “La Fenomenología y la clausura de la metafísica. Introducción al pensamiento de Husserl”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/husserl_fenomenologia.htm, documento capturado en setiembre de 2008.

Derrida, Jackie Elyah “Locura de la razón económica: un don sin presente”, “Capítulo 2” de Dar (el) tiempo. La moneda falsa, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/don_sin_presente.htm. Archivo “bajado” en octubre de 2008.

Derrida, Jackie Eliahou “Entrevista a Jacques Derrida”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/don_sin_presente.htm, documento capturado en noviembre de 2008.

Derrida, Jackie Elyah “Sobre la mentira en política. Entrevista a Jacques Derrida”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/husserl_fenomenologia.htm, archivo “bajado” en noviembre de 2008.

Lévi-Strauss, Claude El pensamiento salvaje. (Siglo XXI, Buenos Aires, 1980).

Mordejái Marx Levy, Karl Heinrich El capital. (Vol. III, Cartago, Buenos Aires, 1983).

Mordejái Marx Levy, Karl Heinrich Escritos sobre Epicuro. (Crítica, Barcelona, 1988).

NOTAS

* Edgardo Adrián López, Prof. Adjunto interino de Sociología, Carrera de Ciencias de la Educación, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta (UNSa.), Salta capital, Pcia de Salta, Argentina. E-mail: edadrianlopez@yahoo.com.

La comunicación fue interpelada en las V Jornadas Regionales de Filosofía del NOA “Problemática filosófica al fin del milenio”, organizadas por la Escuela de Filosofía, Facultad de Humanidades, las que se concretaron del 20 al 22 de noviembre de 1996 en Salta capital.

1. Claude Lévi-Strauss, El pensamiento salvaje. (Siglo XXI, Buenos Aires, 1980).

2. Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, El capital. (Cartago, Buenos Aires, 1983), 201.

3. Esto venía siendo formulado por el judío magrebí argelino, pero no lo pude consultar en esa época, Despertó en ciertos oyentes de la ponencia, “bostezos” y gestos de desprecio hacia lo que ni siquiera hubieran imaginado por sí solos, aun cuando otro lo haya enunciado.

Jackie Eliahou Derrida, “Entrevista a Jacques Derrida”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/don_sin_presente.htm, documento capturado en noviembre de 2008.

4. Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos sobre Epicuro. (Crítica, Barcelona, 1988), 58.

5. “Teóricos” vernáculos sobre el poder, se tornaron sus obsecuentes; se reivindican postestructuralistas… Foucault escribe su Tesis Doctoral contra el Psicoanálisis y la Psiquiatría, en pleno auge del lacanismo en la Francia del ‘68. Deleuze se rió de las instituciones y Guattari fue un autodidacta al estilo de Engels, intransigente hasta con su pasado trotskista. Con tales antecedentes, ¿cuál es el posestructuralismo que alucinan defender?; ¿con qué?

Algunos de ellos, anticipaban que me convertiría de un “portador” del Anillo para destruirlo en Mordor, en su usuario; por una “ironía” del destino y para continuar con la metáfora fílmica, tales adivinos se transformaron en los esclavos idiotas del Amo que orienta a los orcos, aunque sin renunciar a la portentosa “ética” que imaginan hilvana sus días pobres y desde la cual anatemizan a los demás.

6. Jackie Elyah Derrida, “La Fenomenología y la clausura de la metafísica. Introducción al pensamiento de Husserl”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/husserl_fenomenologia.htm, archivo “bajado” en setiembre de 2008.

También esta convocatoria a dejar la Filosofía para que se muera por sí misma, fue objeto de burla por algunos de los que permanecieron en medio de la lectura del artículo, nomás que para darse a sí mismos, la ocasión de violentar al expositor con desafíos que, por no provenir de él, le otorgan inconsciente e involuntariamente, ese “reconocimiento” (no buscado) que intentaban negarle.

7. Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos sobre Epicuro. (Crítica, Barcelona, 1988), 41.

8. Jackie Eliahou Derrida, “Sobre la mentira en política. Entrevista a Jacques Derrida”, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/husserl_fenomenologia.htm, documento capturado en noviembre de 2008.

9. Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos, 53.

10.Giros, vórtices, remolinos, circunvalaciones, que son ambiguas con el (des)propósito de dejar indeterminado lo que se cincela.

11.Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos, 47-48.

12.Aunque no compartimos lo que de cuando en cuando, le objeta al supuesto “economicismo” del compañero de Engels, consultar Jackie Elyah Derrida, “Locura de la razón económica: un don sin presente”, “Capítulo 2” de Dar (el) tiempo. La moneda falsa, en http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/don_sin_presente.htm. Archivo “bajado” en octubre de 2008.

13.Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos sobre Epicuro. (Crítica, Barcelona, 1988), 46.

14.Jackie Eliahou Derrida, Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo de duelo y la nueva Internacional. (Trotta, Madrid, 1995).

15.Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos sobre Epicuro. (Crítica, Barcelona, 1988), 87.

16.Karl Heinrich Mordejái Marx Levy, Escritos, 150.

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