Revista: Caribeña de Ciencias Sociales
ISSN: 2254-7630


ACTITUDES Y COMPORTAMIENTOS AMBIENTALES EN ESTUDIANTES DE LA CARRERA DE LICENCIATURA EN ENFERMERÍA Y LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

Autores e infomación del artículo

Héctor Manuel Gil Vázquez*

Gloria Maricela Guerra Rodríguez **

Octavio Augusto Olivares Ornelas***

Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros, Mèxico

hectormgilv@hotmail.com

Resumen

Introducción: Las actitudes y comportamientos ambientales en estudiantes de la carrera de Licenciatura en Enfermería y Licenciatura en Psicología pueden  ser un buen indicador del avance que se ha logrado en materia de educación ambiental, ya que la educación superior constituye el espacio formativo responsable donde han adquirido los conocimientos y habilidades que les permita tomar decisiones e integrase de manera satisfactoria al desarrollo de nuestro país. El presente estudio tiene como objetivo determinar el nivel de actitudes y comportamientos ambientales en estudiantes universitarios.
 El estudio es descriptivo transversal con una población de 80 alumnos de nivel superior, se aplicó la escala para la evaluación de las actitudes pro-ambientales de alumnos universitarios (Rivera & Rodríguez, 2009). La actitud que destaca en los estudiantes es estar muy de acuerdo en lo relacionado a que el incremento de la contaminación podría ser perjudicial para la salud, y  un porcentaje alto apoyaría la sanción para  aquellos que originen contaminación.

Palabras clave: Actitudes – Comportamientos - Medio ambiente - Universitarios.

Abstract

Introduction: Environmental attitudes and behaviors among undergraduate students in Nursing and Bachelor of Psychology can be a good indicator of the progress that has been made in environmental education, since higher education is the responsible training space where they have acquired the knowledge and skills that allow them to make decisions and integrate in a satisfactory way to the development of our country. The present study aims to determine the level of attitudes and environmental behaviors in university students. The study is descriptive transversal with a population of 80 students of level higher, the scale was applied for the evaluation of the pro-environmental attitudes of university students Aryans (Rivera & Rodríguez, 2009). The attitude that stands out in the students is to agree very much about the fact that increased pollution could be harmful to health, and a high percentage would support the sanction for those that cause pollution.

Keywords: attitudes - behavior – environment - university.

 

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Héctor Manuel Gil Vázquez, Gloria Maricela Guerra Rodríguez y Octavio Augusto Olivares Ornelas (2017): “Actitudes y comportamientos ambientales en estudiantes de la carrera de Licenciatura en enfermería y Licenciatura en psicología”, Revista Caribeña de Ciencias Sociales (octubre 2017). En línea:
http://www.eumed.net/rev/caribe/2017/10/comportamientos-ambientales-estudiantes.html
http://hdl.handle.net/20.500.11763/caribe1710comportamientos-ambientales-estudiantes


1. Introducción
La conciencia por el impacto ambiental comenzó a extenderse y lograr importancia durante la década de los años 70s, a partir de ese tiempo la preocupación por el medio ambiente comienza a tomar forma de educación ambiental con el firme objetivo de formar ciudadanos con ética ambiental, comprometidos y que entiendan la relación  existente entre el ser humano y el medio ambiente.
La palabra ambiental se empieza a escuchar por primera vez en 1975 en la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), celebrada en Estocolmo (Suecia), en donde se reconoció la gravedad de estos problemas ambientales surgiendo un tema importante para poder cambiar estas actitudes o cambio de pensamiento a favor del medio ambiente y la necesidad de tener más Educación Ambiental (Vargas, Medellín, Vázquez & Gutiérrez, 2011).
En 1978 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró que la sociedad tenía como responsabilidad desarrollar una población consciente y preocupada por el medio ambiente, así como los problemas asociados a este. Para ello se consideró necesario que la población cuente con los conocimientos, habilidades, actitudes, motivaciones y compromisos necesarios para trabajar, tanto individual como colectivamente, hacia la solución de los problemas ambientales actuales y futuros  (UNESCO-PNUMA, 1978).
En el año 2007, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Secretaría de Educación Pública (SEP) firmaron convenios en el marco del Día Mundial de la Tierra, el cual ha servido para la promoción de una nueva cultura ambiental, así como también el planteamiento de un programa educativo enfocado en el desarrollo sustentable al incorporar en los libros de texto la importancia de preservar las riquezas naturales.
Con la firma de ese convenio, México inició el cumplimiento del compromiso adquirido ante el proyecto de las Naciones Unidas en el cual se iniciaba el impulso para las acciones a favor de una sociedad sostenible. Sin embargo se desconoce si las estrategias educativas implementadas hayan contribuido a formar ciudadanos con cultura ambiental, dado que existen pocos estudios al respecto.
En el año 2015, los Estados Miembros de la ONU aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y hacer frente al cambio climático (UNESCO-PNUD, 2015).
El medio ambiente presenta un deterioro debido a una falta de claridad en las legislaciones ambientales para el uso de los recursos naturales, nuestros malos hábitos y una falta de conciencia sobre el entorno, esto afecta a la flora y fauna de los ecosistemas junto al ser humano.  Por lo tanto se convierte en un problema de gran escala que requiere de soluciones, la comunidad científica internacional ha trabajado en la investigación y en la búsqueda de la concientización utilizando los conocimientos de los campos de la ciencia para poder encontrar respuestas a la degradación ambiental que afecta a los ecosistemas y la calidad de vida de la población. Es necesario tomar conciencia sobre el medio ambiente y atender las señales de alerta, porque la contaminación, la extinción o sobrepoblación de ciertas especies, los fenómenos naturales producidos por el cambio climático nos afectan a todos.
Si bien es cierto que hay fenómenos fuera de nuestro alcance que no podemos revertir, hay mucho trabajo por hacer, tomar conciencia, buscar alternativas para su solución y finalmente tomar acciones de acuerdo a nuestro alcance. Los estudios enfocados en adquirir información sobre las actitudes a favor de la conservación del medio ambiente se han abordado desde la psicología ambiental. Estos estudios evalúan las actitudes con el objetivo de obtener un conocimiento acerca de cuanto ha avanzado la conciencia de las personas sobre la preservación del medio ambiente.
Si se quiere lograr cambios profundos, hay que tener presente que los paradigmas de pensamiento realmente influyen en los comportamientos, por lo que se debe realizar esfuerzos por incorporar una visión sustentable en todos los ámbitos de la formación de ciudadanos consientes, que pueden configurarse como agentes de cambio y transformación social (Fuentealba, 2014). Por eso es prioritario integrar los valores, actitudes y conductas a favor de la conservación del medio ambiente dentro del programa educativo, para promoverse en la universidad de acuerdo a la percepción de los estudiantes con la finalidad de que ellos puedan profundizar en lo que la educación sobre el medio ambiente implica.
El tema ambiental ocupa un lugar controversial en la investigación social, debido a que involucra la participación de diversos actores, quienes en el mismo escenario desarrollan una serie de acciones en ocasiones sinérgicas, en otras contradictorias. Al respecto, los científicos sociales han desarrollado diferentes aproximaciones conceptuales para abordar el tema del comportamiento sustentable, reconociéndose la importancia de la conducta individual y colectiva en los resultados ambientales (Cruz, 2005). Uno de los dominios de interés en el que concurren múltiples acercamientos es el campo de la sustentabilidad, y los comportamientos que la promueven. La conducta sustentable se define como el conjunto de acciones efectivas cuyo fin es asegurar los recursos naturales y socioculturales que garantizan el bienestar presente y futuro de la humanidad (Corral-Verdugo, 2010).
 Existen muchos campos de estudio en la temática de cuidado ambiental, los aspectos personales  de educación y  conducta humana tal vez es una de las menos abordadas. Los diferentes estudios y estadísticas han demostrado que sumado a la normatividad que regula el aprovechamiento del ambiente y su efectiva aplicación, es la educación general de los ciudadanos, tanto en espacios formales como informales, la que determina las interacciones con los recursos naturales. De tal manera, se encuentran mejores indicadores asociados con el cuidado y aprovechamiento del ambiente en aquellos países cuyos indicadores en educación y cultura ciudadana son altos (Brandt, 2002; Lheman & Geller, 2004).
Si bien otros abordajes reconocidos desde esta perspectiva, se han centrado en el análisis del discurso ambiental y sus características, mostrando los principios que guían las políticas y prácticas educativas ambientales, así como los intereses económicos y políticos que las sustentan (Sauvé, 2004), no dan cuenta de las condiciones que facilitan o impiden el comportamiento sustentable y por ende, resulta difícil desarrollar programas de intervención a gran escala con base únicamente en el análisis del discurso.
La educación ambiental es un proceso que reconoce valores y aclarar conceptos centrados en fomentar las actitudes, destrezas, habilidades y aptitudes necesarias para comprender y apreciar las interrelaciones entre el ser humano, su cultura y la interrelación con la naturaleza. La educación es fundamental para adquirir conciencia, valores, técnicas y comportamientos ecológicos y éticos en consonancia con el desarrollo sostenible y que favorezcan la participación comunitaria efectiva en decisiones (Naciones Unidas, 1992).
La educación ambiental para el desarrollo sustentable puede considerarse entonces como un proceso de concienciación permanente de los individuos sobre su ambiente, a través del cual obtienen conocimientos, valores, habilidades y experiencias que los capacita para actuar, individual y colectivamente, y resolver los problemas ambientales del presente y del futuro (Carrillo & González, 2003). Las Instituciones de Educación Superior (IES), a través de sus funciones sustantivas de educación a nivel superior, de investigación básica y aplicada y de la capacitación y la divulgación del conocimiento, están llamadas a jugar un papel estratégico para la preparación de ciudadanos ambientalmente activos y comprometidos en el análisis y la solución de los problemas ambientales (Leff, 1993)
Si hablamos de actitudes y comportamientos ambientales, la literatura nos revela que existe gran variación en resultados relacionados con su lugar de residencia y el nivel académico; por ejemplo en el estudio de Chalco (2012), que se realizó en alumnos de nivel secundaria en Perú, los alumnos presentaron una baja actitud hacia el medio ambiente, lo cual podría atribuirse que uno de los factores que intervienen fue la falta de contacto de los alumnos con la naturaleza, así como la falta de inclusión del tema ambiental en el programa educativo.
Una variante que tuvo gran relevancia con respecto a las actitudes ambientales relacionadas con el contacto directo a la naturaleza, lo demuestran estudios que presentan tendencias positivas mediante sus actitudes hacia el medio ambiente para quienes residían en ciudades con más naturaleza en comparación con la capital y área metropolitana. Existe un gran impacto donde los estudiantes que residen en áreas rurales muestran mayor interés en aplicar acciones ecológicas que los que residentes urbanos como lo muestran los estudios de Galli, Bolzan, Bedin y Castella (2013), y de Baños, González y Álvarez (2013).
Además del contacto con la naturaleza,  el bienestar emocional también se asocia con las actitudes ambientales y el comportamiento ecológico, esto se pudo observar en los estudios realizados en la Universidad de Castilla en España por Amerigo, García y Sánchez (2012), donde los estudiantes que exhibieron apatía, tuvieron puntuaciones altas en cuanto a malestar personal, contrario a la satisfacción vital de los estudiantes de conductas pro-ambientales.
Sobre las actitudes ambientales relacionadas con la carrera profesional, se encuentra el estudio de Vargas, Medellín, Vázquez y Gutiérrez (2011), que se realizó con alumnos de diferentes carreras, en este no se encontraron diferencias entre la actitud de los alumnos y su carrera profesional.
En cambio en el estudio realizado en la Universidad Católica de Chile, se pudo observar que los estudiantes que cursan diplomas ambientales si tuvieron mayores actitudes positivas que los que cursaban otros diplomas (Heyl, 2013). Por otro lado en un estudio realizado en la Universidad Católica de Maule, se concluyó que el conocimiento sobre el medio ambiente fomenta la formación de conciencia ambiental sobre el impacto de las actividades humanas en los ecosistemas y el bienestar, a su vez que permite valorarlos lo cual conduce a la adopción de actitudes ambientales y sustentables (Fuentealba, 2014).
Considerando estos antecedentes, las actitudes y comportamientos ambientales de los estudiantes universitarios puede ser un buen indicador del avance que se ha logrado en materia de educación ambiental, ya que la educación superior constituye el espacio formativo responsable en el que los jóvenes están en edad de comenzar a ejercer sus derechos y obligaciones como ciudadanos, han adquirido los conocimientos y habilidades que les permita tomar decisiones informadas y responsables para integrase de una manera satisfactoria al desarrollo de nuestro país. Además, los estudiantes universitarios están  construyendo una visión muy particular del mundo y de toma de  decisiones trascendentales para su vida y su entorno.
Vargas, Medellín, Vázquez y Gutiérrez (2011) detectaron que los estudiantes de nivel superior en México presentan actitudes y comportamientos ambientales estrechamente relacionados con el desarrollo de la conciencia ambiental. Sin embargo, se desconoce en qué medida las estrategias educativas instrumentadas están contribuyendo a formar ciudadanos ambientalmente responsables, dado que existen pocos estudios al respecto (Isaac-Márquez et al., 2011).
Actualmente, si lo que se persigue, como fin último en un estudio de carácter  ambiental, es modificar o exhortar nuevas actitudes pro-ambientales, se considera entonces necesario indagar sobre las actitudes de las personas frente a los problemas relacionados con el medio ambiente (Fuentealba, 2014). La mejor solución a los problemas ambientales es la modificación del comportamiento humano, por lo que consideran necesario una estrategia de educación que logre un equilibrio entre el hombre y la naturaleza, fomentando la conciencia ambiental entre las futuras generaciones.
Castro (2006), revisado por Elia, Valery y De Martínez (2009), plantea que las actitudes pro-ambientales deben ser concebidas como un fenómeno propio del lugar donde se estudian, ya que se relacionan con los patrones de vida de las comunidades, es decir, estos procesos están relacionados con la cultura. Esto es consistente con el modelo diseñado por Stern, Dietz y Guagnano, quienes argumentan que para entender el comportamiento ambiental es necesario comenzar por entender los valores y posiciones sociales, así como las creencias que tiene la gente referentes al ambiente. En otras palabras, el hombre construye representaciones del mundo a través de sus creencias, valores y actitudes, y estas representaciones son los elementos que organizan y dan sentido a su comportamiento.
El problema del progresivo deterioro ambiental y social se ha atribuido a ciertas creencias o formas de ver el mundo que establecen, en gran parte, los valores y las actitudes con respecto al medio ambiente y a los otros seres humanos que generarán determinados comportamientos o conductas ecológicas. Todo esto en conjunto determina la cultura ambiental que identifica a los pueblos. Por tal razón es importante formar desde edades tempranas una adecuada cultura ambiental, como una alternativa para preservar el medio ambiente y garantizar la supervivencia de las especies (Miranda, 2013).
Cada ser humano, a lo largo de su historia de vida, construye su propio repertorio de valores individuales, los cuales determinarán su acción sobre el ambiente. Estos no solo afectan el comportamiento, sino también las otras variables, mostrando un modelo jerárquico de relación en la temática ambiental: valores-actitudes-comportamiento (Pato & Tamayo, 2006).

2. Metodología
El diseño del estudio fue descriptivo, transversal; la población de interés fueron estudiantes universitarios matriculados en segundo y cuarto semestre de las carreras de licenciatura en Psicología y Enfermería de la Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros– UAT, el muestreo fue no probabilístico por conveniencia, con una muestra representativa de 80 participantes. Para la presente investigación se contó con la aprobación de la Comisión y Ética de la UAMM-UAT.
El diseño es de tipo descriptivo, transversal (Hernández, Fernández & Baptista, 2014) en una población de estudio conformada por 80 alumnos de los cuales 40 son de la carrera de enfermería y 40 de la carrera de psicología del turno vespertino y matutino, los participantes fueron estudiantes, de ambos sexos, matriculados en sus respectivas carreras de la Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros-UAT de la Cd. de H. Matamoros Tamaulipas. El muestreo fue no probabilístico por conveniencia ya que se acudió directamente a las aulas donde toman sus clases para solicitar su participación.
El tamaño de la muestra fue de 80 participantes los cuales obtuvieron el consentimiento informado para participar en el estudio. Inicialmente se solicitó la autorización de las autoridades educativas de la universidad, para realizar el estudio de investigación, por medio de un oficio emitido por la dirección de la Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros UAT, posteriormente se abordó a cada uno de los participantes en la unidad educativa con la autorización previamente firmada por el director del plantel, se les explicó el objetivo de estudio y se les otorgó un consentimiento informado para poder participar en el estudio.
Una vez dada la autorización, se procedió a la aplicación de una cedula de datos personales (CDP) y a la aplicación de la escala para la evaluación de las actitudes pro-ambientales de alumnos universitarios (EAYCA), utilizando la versión que fue adaptada por Rivera & Rodríguez (2009) presentado una confiabilidad a través del coeficiente alfa de Cronbach de 0,793. El cuestionario consta de 8 y 12 ítems con respuestas cerradas, las cuales estuvieron dirigidas a determinar el comportamiento y actitudes ambientales.
Las escalas otorgaron una puntuación por ítem de 1 a 5, la calificación total se obtuvo mediante la suma de las puntuaciones obtenidas en cada uno de los ítems. Las calificaciones para considerar actitudes y comportamientos ambientales adecuados fueron ≥ 32 y ≥ 48, respectivamente. Además se aplicó la cédula de datos personales (CDP) a cada participante, cada uno con un código diferente, donde se les solicitaba la edad, sexo, estado civil y semestre en curso.

2.1 Análisis estadístico
El análisis de los resultados, fueron procesados por el paquete estadístico Statistical Package for the Social Sciences (SPSS), versión 20. Se utilizaron estadísticas descriptivas para conocer las características de la muestra, mediante frecuencias y porcentajes.

  1. Resultados

El 71.5% de los estudiantes presentaron actitudes ambientales adecuadas y sólo el 42.5% tuvieron comportamientos adecuados, resaltando que se observa una variedad de comportamientos con altos porcentajes de indiferencia. Del total de los alumnos participantes, en lo que refiere al perfil sociodemográfico, predomino el género femenino con un 76.3%, y el género masculino con 23.8%; la edad oscilo entre  18 y 34 años, con una media de 20.50 (DE=3.077) y en su mayoría mencionaron estar casados (86.3%).
En relación a  las actitudes ambientales mencionadas por los estudiantes con mayor porcentaje se reporta con un 85% que están de acuerdo que el incremento de la contaminación podría ser perjudicial para la salud y un 70% mencionan que apoyarían a que se sancionen a aquellos que originen contaminación. En el marco de las actitudes menos frecuentes reportadas por los estudiantes con sentido de indiferencia fueron: la contaminación que resulta de la producción y consumo de productos modernos sería más importante que sus beneficios, con una  media de 4.00 (DE=1.26) y creo que uso de químicos en agricultura y de aditivos en alimentos, sería peligroso para la salud; con una media de 3.85 (DE=1.26) (Tabla1).
Como resultados obtenidos relacionados con los comportamientos ambientales con más frecuencia se puede observar que un 57.5% no arroja papeles/ desperdicios al suelo; un 56.3% cierra el grifo de agua mientras cepilla sus dientes. Sin embargo resulta importante mencionar que el comportamiento relacionado con participar en actividades ambientales resulto de menor frecuencia con un 8.8% (Tabla 2).

 

  1. Discusión 

El presente trabajo en cuanto a actitudes, muestra al igual que el de Rivera & Rodríguez  (2009), un nivel de  preocupación elevado en lo que se refiere a la contaminación que afecta la salud humana, donde se puede observar que los distintos grupos estudiantiles tienen actitudes y comportamientos comprometidos con el medio ambiente; entre las actitudes que más destacan en ambos estudios son aquellas  relacionadas con estar de acuerdo que el incremento de la contaminación podría ser perjudicial para la salud  y referente al apoyo a sanciones para quienes contaminan. Por otro lado referente a los comportamientos más frecuentes, podemos encontrar con más alto porcentaje los que corresponde a: no dejo luces encendidas innecesariamente, evito usar desodorantes con espray y cierro el grifo de agua mientras cepillo mis dientes; ambos estudios concuerdan con el ahorro del agua.   
De acuerdo a la variable que corresponde a la actitud y comportamiento, se corre la prueba de Spearman la cual nos arroja una relación lineal estadísticamente significativa, moderada y directamente proporcional entre la actitud y el comportamiento hacia el medio ambiente en estudiantes universitarios ( rs=0.50, p<0.05). En el estudio realizado por Rivera y Rodríguez (2009), la prueba de Spearman muestra una correlación directa débil entre actitudes y comportamientos ambientales (rs= 0.30, p<0.05) de forma similar a otros estudios en universitarios.
 Esta relación de variables puede estar influenciada por otras de tipo motivacional, cognitivas, de creencias o perceptivas, que no han sido consideradas en este estudio; aun así, el comportamiento ambiental adecuado es más probable se manifieste entre los alumnos con mayores niveles de compromiso verbal o actitudinal. En todo caso, lo más importante es que los comportamientos poco adecuados pueden ser modificados, sobre todo durante los primeros años de formación universitaria. En el estudio realizado por Universidad Católica de Chile por Heyl (2013), se observó que en promedio los alumnos encuestados  tienen actitudes ambientales positivas, y  a nivel comportamental realizan conductas pro ambiental, pero no de forma muy frecuente y perciben correctamente los beneficios que las conductas que realizan afectan positivamente al medio ambiente.
Al igual que el trabajo realizado en la UAMM-UAT con alumnos de la carrera de Enfermería y de Psicología, se observa en algunos casos que a pesar de que los alumnos posean una actitud ambiental positiva no realizan la conducta relacionada con la misma frecuencia, esto se puede explicar debido a que el comportamiento pro-ambiental también se ve afectado por otros factores que no se consideran en esta investigación, como las normas sociales y obligación moral como lo propone Rivera y Rodríguez (2009). Además de factores contextuales o externos, como contar con la infraestructura adecuada, facilidades técnicas o de logística fundamental en el reciclaje.

  1. Recomendaciones

La necesidad de la Educación Ambiental (EA) se ha ido constatando y promoviendo desde la década de los setenta en todos los congresos y reuniones celebradas sobre el tema. Aunque la respuesta ha sido desigual, las distintas Reformas Educativas que se han producido en los países de nuestro entorno han incorporado a sus objetivos la protección del medio ambiente y la construcción de un modelo de sociedad acorde con la sostenibilidad, fundamentalmente en los niveles educativos correspondientes a la educación obligatoria. Si bien, los objetivos y metodologías aplicadas en su desarrollo han ido evolucionando al tiempo que lo hacían las concepciones sobre el medio ambiente y la percepción de la crisis ambienta Espejel y Castillo (2008).
La necesidad de la Educación Ambiental se ha ido constatando y promoviendo desde la década de los setenta en todos los congresos y reuniones celebradas sobre el tema. Aunque la respuesta ha sido desigual, las distintas Reformas Educativas que se han producido en los países de nuestro entorno han incorporado a sus objetivos la protección del medio ambiente y la construcción de un modelo de sociedad acorde con la sostenibilidad, fundamentalmente en los niveles educativos correspondientes a la educación obligatoria. Si bien, los objetivos y metodologías aplicadas en su desarrollo han ido evolucionando al tiempo que lo hacían las concepciones sobre el medio ambiente y la percepción de la crisis ambiental.Alvares y Vega (2009).
En la década actual se ha dado un nuevo “paso” en cuanto a los fines de la EA, pues se considera que, aunque debe seguir orientándose hacia un desarrollo sostenible, ha de centrarse en las personas y en la comunidad y no en el medio. Es decir, ha de ser una educación “para cambiar la sociedad”; una educación que ayude a los individuos a interpretar, comprender y conocer la complejidad y globalidad de los problemas que se producen en el mundo y enseñe actitudes, conocimientos, valores, comportamientos, etc. que fomenten una forma de vida sostenible, de forma que se procuren los cambios económicos, sociales, políticos y culturales que nos lleven a alcanzar un modelo de desarrollo que implique no sólo una mejora ambiental, sino también una mejora social, económica y política a nivel global. Así lo ha entendido la ONU que, en su 57 sesión (2004), declaró al periodo 2005-2014 como la Década de la Educación para un Desarrollo Sostenible.
Pero la introducción del paradigma de la sostenibilidad en los discursos y prácticas del mundo de la enseñanza está provocando un giro estructural que obliga a revisar la cultura educativa. Ello implica redefinir los nuevos escenarios educativos, sus tiempos y ritmos, el papel del profesorado y de todos los actores que intervienen en la práctica escolar, el currículo, su gestión y el ecosistema pedagógico actual. Supone el análisis crítico del marco socioeconómico que ha determinado las actuales tendencias insostenibles y preparar una ciudadanía responsable y capacitada para la toma de decisiones sostenibles en un mundo global y complejo. Los ciudadanos necesitamos, por tanto, adquirir urgentemente un conocimiento (alfabetización científico-ambiental) y un comportamiento “ecológico” que permita desarrollarnos sin crecer más allá de nuestros límites y desarrollar una nueva cultura intelectual, de consumo y tecnológica. En ello la educación, entendida como una “educación transformadora orientada hacia la sostenibilidad”, tiene un papel fundamental (Alvares & Vega, 2009).
La relación entre las tendencias culturales como sistemas de creencias, valores compartidos, actitudes podría dar cuenta de los comportamientos y estrategias que los individuos mantienen en la interacción con el medio ambiente. Por lo tanto, dichas variables, en su más amplio sentido, tienen un peso determinante en el desarrollo de una cultura ambiental sostenible. Ahora bien, el compromiso con valores, creencias y actitudes más próximos a una relación armónica con el medio ambiente podría convertirse en un poderoso predictor del cambio de los contextos en los comportamientos. Por ello, el análisis de la interacción entre las dimensiones mencionadas mostraría de una forma más amplia los aspectos más relevantes implicados en el desarrollo de una cultura ambiental (Miranda, 2013).
                                                                                                      
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* Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros UAT Ave del maestro s/n col. Alianza, H. Matamoros Tamaulipas hectormgilv@hotmail.com Maestría en gestión ambiental

** . Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros UAT Ave del maestro s/n col. Alianza, H. Matamoros Tamaulipas gguerra@docentes.uat.edu.mx Doctorado en ciencias de enfermería

*** Unidad Académica Multidisciplinaria Matamoros UAT Ave del maestro s/n col. Alianza, H. Matamoros Tamaulipas medicario12@hotmail.com Maestría en docencia


Recibido: 03/10/2017 Aceptado: 20/10/2017 Publicado: Octubre de 2017

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