Revista: Caribeña de Ciencias Sociales
ISSN: 2254-7630


LA PROBLEMÁTICA DEL HOMBRE EN EL PENSAMIENTO ECONÓMICO POLÍTICO DE ERNESTO GUEVARA

Autores e infomación del artículo

Danay Porro Oliveros*

dporro@gest.cujae.edu.cu

Resumen
En el texto se expone la originalidad del pensamiento económico político del Che sobre la transición socialista que radica en comprender que el modelo económico que debe implementarse en este período debe propiciar al mismo tiempo la superación de la pobreza y la enajenación. Esta visión profundamente humanista de la economía política socialista es diametralmente opuesta a la economicista aplicada en el extinto campo socialista. Su humanismo praxiológico plantea una interrelación dialéctica entre las transformaciones sociales y del hombre nuevo, adquiere una connotación concreta en las ideas con que fue elaborando su experiencia en el sistema presupuestario de financiamiento, sistema que buscaba una organicidad interior de acuerdo a la naturaleza de la transición histórica en curso y que contó en su entorno con un fuerte debate teórico y la participación cada vez más amplia de los cuadros del Ministerio de Industria.
Palabras claves:
Enajenación, planificación, centralización, planificación socialista, socialización, Sistema de Presupuestario de Financiamiento, autogestión financiera, centralización participativa.
Abstract
In the text the originality of the thought economic politician of Che is exposed on the socialist transition that resides in understanding that the economic pattern that should be implemented in this period should propitiate the superation of the poverty and the alienation at the same time. This deeply humanist vision of the political socialist economy is diametrically opposed to the economicist applied in the socialist extinct field. Their humanism praxiologic outlines a dialectical interrelation among the social transformations and of the new man, he/she acquires a concrete connotation in the ideas with which it was elaborating its experience in the budgetary system of financing, system that looked for an interior organicidad according to the nature of the historical transition in course and that it had in its environment a theoretical strong debate and the participation every time but wide of the squares of the Industry Ministry.
Key words

Alienation, planning, centralization, socialist planning, socialization, System of Budgetary of Financing, financial self-management, participatory centralization

 

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Danay Porro Oliveros (2017): “La problemática del hombre en el Pensamiento Económico Político de Ernesto Guevara.”, Revista Caribeña de Ciencias Sociales (agosto 2017). En línea:
https://www.eumed.net/rev/caribe/2017/08/ernesto-guevara-pensamiento.html
http://hdl.handle.net/20.500.11763/caribe1708ernesto-guevara-pensamiento


El sistema de leyes y categorías económicas en la concepción guevariana debían reconstruirse con un nuevo contenido capaz de superar la pobreza y también la enajenación. De lo contrario, como él mismo expresara: “Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material como palanca, etc.).”1
Che creía que la equiparación de conceptos diversos como los anteriormente mencionados, pueden conducir a la formulación de modelos de construcción socialistas que no incluyan el elemento humanístico y que por referirse exclusivamente al nivel técnico económico olvidan la importancia de los factores superestructurales.
Esta comprensión del fenómeno base-superestructura en la etapa de transición, le permitía al Che asumir una posición revolucionaria en relación con la economía socialista en la que los indicadores económicos por si mismos no constituían medidores incontrastables del avance progresivo de la transformación revolucionaria.
El Che insistirá una vez más, en la dialéctica entre el ser social y la conciencia social y su consciente materialización en la práctica de un modelo emancipatorio, el objetivo estratégico de la primera sociedad construida concientemente ha de ser precisamente el desarrollo de la conciencia, como acción humana organizada, como palanca eficaz para que una realidad desconocida se transforme en otra realidad conquistada y creada. Es en este sentido que se reconoce la trascendencia del papel subjetivo y consciente que desborda en su apropiación revolucionaria la realidad objetiva existente. 
El plan en la noción guevariana es el vehículo histórico concreto a través del cual el sujeto revolucionario pone bajo el control de su voluntad y conciencia la dinámica objetiva a la que deberá atenerse la transformación del capitalismo en comunismo. Lejos estará esta noción de reducir la significación de la planificación a un asunto estrictamente técnico económico o administrativo. Lo último además de un inadmisible reduccionismo tecnocrático deformaría el contenido humano y emancipador de la planificación en la edificación de la nueva sociedad.
La planificación comprende en el Che el fundamento que posibilita acceder y desarrollar un nuevo sistema de relaciones de producción y sociales en general que superen la enajenación y fomenten nuevos incentivos del trabajo. “La ley fundamental, la de la Planificación sea una ley de contenido nuevo, donde el hombre aparece ya formando parte de la ley, que hasta ahora no aparecía, porque en la ganancia máxima el hombre sí que no interviene”. 2 Consecuente con la tradición de la Revolución y dando un significado básico la Resolución sobre los lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución plantea que: “La política económica del Partido se corresponderá con el principio del que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución, y que en la actualización del modelo económico primará la planificación, la cual tendrá en cuenta las tendencias del mercado.”  
Por esa razón la planificación debe conjugar dos elementos: primero, la creación de una plataforma para el desarrollo económico revolucionario que la nueva sociedad demanda, su regulación y control; y segundo, la creación de un nuevo tipo de relaciones humanas, del hombre nuevo. Observamos en esta posición que se asume ante la planificación la madurez y el rigor con los que el Che se atiene a la visión marxista leninista de la transformación revolucionaria del trabajo enajenado al libre asociado y su comprensión en las condiciones de un país subdesarrollado. 
Se deduce entonces que la eficacia del plan debe enjuiciarse por la optimización de la gestión económica, por la cantidad de bienes económicos que posea la sociedad, por el cumplimiento de las metas trazadas y junto a todo ello, la reproducción del tipo de hombre histórico que se corresponde con las aspiraciones socialistas, como dos caras de la misma moneda. El plan encierra también una aspiración humana.  Su eficacia estriba en la posibilidad de articular dialécticamente en el modelo de gestión económica tanto la elevación de la productividad material del trabajo con el crecimiento espiritual de quienes lo realizan: objetivo supremo de la sociedad comunista. Vale decir, en la medida en que logre que el aparato económico cree la base material de la nueva sociedad y al mismo tiempo coadyuve a la transformación de los hábitos y valores de los hombres que participan en el proceso productivo y ayuden a crear e inculcar los nuevos valores comunistas.
En la concepción del Che el Plan nace de las nuevas relaciones de producción, dado que los medios fundamentales de producción quedan en manos del pueblo y es necesario su uso de manera más racional. El Plan combina el análisis cuantitativo y cualitativo de la realidad social, para lograr llevar al pueblo a esa nueva etapa, a la conquista de nuevas realidades. La dirección del Estado, ejercida de manera centralizada, es decisiva, pero el Plan demanda de la participación de la masa de trabajadores, o no será auténticamente socialista.
La organicidad de su enfoque dialéctico lo llevó a considerar que la centralización no podía ser una verdad eterna, sino que el propio desarrollo de esa base democrática y participativa en la planificación, conllevaba a una descentralización paulatina y en dependencia del grado de desarrollo alcanzado en la conciencia y en los niveles técnicos productivos. Sobre esto Orlando Borrego nos expresa: “Precisamente, lo que pretendía –refiriéndose al Che- era la utilización de lo más adelantado en materia de técnicas de dirección, dentro de un cuerpo conceptual como sistema, para estar en condiciones de poder descentralizar al máximo las decisiones acorde con el nivel de dirección que exigían las condiciones reales de la producción y de la sociedad. La prueba más evidente de que este era su pensamiento fue que apenas a tres años de constituido el Ministerio de Industria y a solo dos de la creación de algunas empresas importantes, se decidió por el Ministro de Industrias otorgarles un alto grado de descentralización a algunas empresas por la efectividad que habían demostrado en su gestión y por el soporte tecnológico con que contaban en materia de medios mecanizados de información y otros recursos. Entre esas empresas se encontraba la industria del Petróleo, la Eléctrica, la Azucarera y otras.” 3
La planificación socialista aporta una forma de administración radicalmente diferente del manejo capitalista o burocrático de los organismos de gestión. El funcionamiento del mecanismo de gestión debería quedar sometido al control y la supervisión mayoritaria de la población. Este control generalizaría la propiedad social de los principales medios de  producción, comenzando por los bancos, las industrias y los servicios estratégicos de cada país.
El Che se conforma su criterio a partir de los hechos mismos. Para él la socialización de los medios de producción y su consecuente cambio en el sistema de distribución provocan variaciones en el mercado, induciendo cambios que afectan la acción de la ley del valor. Para sortear las contradicciones que esto genera en la economía, las decisiones tomadas por el poder revolucionario han de conllevar a la regulación consciente del modo de operar de la ley del valor en tales condiciones. Como plantea Martínez Heredia: “La posición del Che es inequívoca: en el socialismo, la ley del valor no opera a través del plan; no es posible utilizarla hábilmente, como método indirecto, para la dirección económica en el socialismo. La ley del valor actúa parcialmente, por todo lo que subsiste de relaciones mercantiles a escala internacional y nacional.” En nuestra opinión, para el che ocurre con la ley del valor algo similar pero de diferente signo a lo que ocurre con dicha ley en manos de los monopolios, que es tratada como una cierva dócil, en aquel caso para obtener ganancias y en este para asegurar la reproducción económica y social del socialismo, por tanto la ley del valor sí está presente, actuando a través del plan pero no del modo que lo determine, sino por el contrario, es determinada por él. Pero: “…La tendencia, expone el Che, no puede ser a fortalecer, sino «a liquidar lo más vigorosamente posible» aquellas relaciones y el mundo de predominio del interés egoísta que promueve.” 4
El resultado positivo que apunta a la superación del capital evidentemente no podrá acontecer por un decreto que iguale la socialización de la propiedad con su estatización, sino de la fuerza material de una sociedad capaz de rebasar en su propio proceso metabólico social al capital, sustituyendo conscientemente el dominio de la riqueza  enajenada sobre los trabajadores que la producen. Si esa sociedad no despliega esta capacidad durante el complejo período de transición, y supone como natural el momento estatal de gestión de la nueva propiedad en gestación, no puede haber esperanza alguna para la supervivencia del proyecto socialista, incluso para la supervivencia de la humanidad, vista hoy desde la perspectiva de la crisis integral y estructural del sistema capitalista. La insuficiente socialización dará siempre las señales de alerta,  por freno al despliegue de las fuerzas productivas, las formas  constituidas en que se han organizado    las relaciones de producción no han solucionado aún el problema del salto superador de la enajenación del viejo modo de producción capitalista, no son suficientes para producir una nueva actitud ante el trabajo de la masa del pueblo, que reproduce constantemente una mentalidad y una actitud pequeño burguesa frente a las condiciones de producción.
Se infiere entonces que la transición socialista desde sus primeros momentos tiene que proyectarse con miras a la superación gradual de la ley del valor y demás categorías mercantiles asociadas a la misma. El Che rechazaba la concepción que no solo preconiza la utilización de la ley del valor y las relaciones monetario-mercantiles en el sector estatal en el período de transición, sino que además se resiste a la idea de desarrollar dichas relaciones como vehículo para alcanzar la sociedad comunista, por ver en ello una clara inconsecuencia entre los objetivos estratégicos de la ideología comunista y los medios para materializarlos.
No es casual que en el núcleo de la visión guevariana sobre la economía política del período de tránsito socialista encontremos no ya la ley del valor, sino la planificación, que modifica las diversas ramas de la producción en función de las necesidades sociales y que desplaza a la ley del valor del lugar central que ocupa en la reproducción metabólica del capital. Al respecto expresó “La  ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción y su solución; podemos, pues, decir que la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y a punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista.”5 Aunque modificadas y desplazadas a un lugar secundario en el mecanismo económico de la transición socialista, el Che estima que las relaciones mercantiles conservarían cierta operatividad en la economía interna, incluso en mayor medida en la externa, dado sobre todo por  los desequilibrios globales.
Postular el libre juego de la ley del valor en el período de transición implicaría preservar “el cordón umbilical invisible”  que une al hombre enajenado con el mercado, conducente, cuando menos, a la aparición de una estructura económica híbrida imposibilitada de viabilizar un cambio humano trascendental en la naturaleza social del hombre y la sociedad. Esto significaría mantenerse dentro de los límites reproductivos de un sistema en el cual el hombre enajenado, subjetividad disconforme y disciplinada por la coacción de agentes externos a la producción,  supedita su comportamiento a la acción de leyes ciegas para el común de la gente y que constituyen una verdadera “jaula invisible” 6, donde los individuos dejan de ser sujetos activos para transformarse en meros objetos a merced de procesos que se han vuelto autónomos y que no controlan. El progenitor de la criatura termina convirtiéndose en esclavo de su propia creación. Frankenstein escapa al control y asume el timón. La incontrolabilidad natural de las relaciones de mercado y del valor a la larga termina restituyendo la enajenación y la división jerárquica del trabajo entre dominadores y sojuzgados.
Un aspecto crucial en la organicidad de pensamiento económico político del Che lo constituye la relación que establece entre la planificación y el resto de las   categorías económicas principales que integran su sistema teórico conceptual.
Su visión en este sentido esta libre de ambigüedades: los remanentes  de la producción mercantil en el período de transición durante un determinado tiempo no contradice la idea del papel que le atribuye al plan como mecanismo regulador fundamental en el funcionamiento y desarrollo de la economía de transición, único medio de fomentar los incentivos productivos propiamente socialistas portadores de una moral superior a la capitalista. Al respecto explica: “Entendemos que durante cierto tiempo se mantengan las categorías del capitalismo y este término no puede determinarse de antemano, pero las características del período de transición son las de una sociedad que liquida sus viejas ataduras para ingresar rápidamente a una nueva etapa. La tendencia debe ser, en nuestro concepto, a liquidar lo más vigorosamente posible las categorías antiguas entre las que se incluye el mercado, el dinero y, por tanto, la palanca del interés material o, por mejor decir, las condiciones que provocan la existencia de las mismas. Lo contrario haría suponer que la tarea de la construcción del socialismo en una sociedad atrasada, es algo así como un accidente histórico y que sus dirigentes, para subsanar el error, deben dedicarse a la consolidación de todas las categorías inherentes a la sociedad  intermedia, quedando solo la distribución del ingreso de acuerdo al trabajo y la tendencia a liquidar la explotación del hombre por el hombre como fundamentos de la nueva sociedad, lo que luce insuficiente por sí solo como factor del desarrollo del gigantesco cambio de conciencia que deberá operarse por la acción multifacética de todas las nuevas relaciones, la educación y la moral socialista, con la concepción individualista que el estímulo material directo ejerce sobre la conciencia frenando el desarrollo del hombre como ser social.”7    Es decir que en su visión de dialéctica de las transformaciones los cambios necesarios en la conciencia solo podrían producirse y ser asegurados si y solo si ocurren transformaciones sustanciales en las relaciones económicas, de lo contrario quedarían como aspiración de deber ser que no encontraría expresión en la práctica.
En el mismo sentido de negar que cualquier cambio social pueda dar lugar al socialismo, Engels afirmó en carta a Bernstein que: “Es  pura y simplemente una falsificación interesada que los burgueses de Manchester llamar «socialismo» a toda intervención del Estado en el libre juego de la competencia: tarifas proteccionistas, reglamentación de las corporaciones, monopolio del tabaco, nacionalización de ciertas ramas de la industria, el comercio marítimo, manufactura real de porcelana. Nosotros debemos CRITICAR este punto de vista, pero no AÑADIRLE CRÉDITO. Si lo creemos, si nosotros basamos en esto un desarrollo teórico, este se hundirá con sus premisas, tan pronto como se demostrara que ese pretendido socialismo no es otra cosa, por una parte, que reacción feudal, y por otra, un pretexto para echar a andar la máquina de hacer dinero, con la intención adicional de transformar lo más posible a los propietarios en empleados públicos y jubilados dependientes del Estado; es decir, de organizar junto a un ejército disciplinado de funcionarios y militares, un ejército disciplinado de trabajadores. Reemplazar la presión electoral de los contramaestres por aquella de los superiores jerárquicos dependientes del Estado -¡qué socialismo más bello!- A eso es a lo que se llega, cuando se confía en el burgués, cuando se cree en lo que el mismo no cree; pero que él finge creer: que el Estado es… el socialismo…”8  
El desafío en el orden teórico y práctico en este proceso es superar el mito del mercado, comprendiendo que esa institución no es un ente eterno e insuperable que garantiza per se la eficacia de relaciones económicas. Pensar que en el fetichismo mercantil como una visión abstracta, suprahistórica, de la economía de mercado capitalista desconociendo sus límites históricos y las premisas que la propia acción de la ley del valor crea para su autoliquidación. Aún cuando el Che no aborde en detalle la tesis anterior, su pensamiento reacciona contra la sacralización y endiosamiento de la ley del valor, equivalente al místico deslumbramiento que provocaba en la conciencia de los hombres primitivos las fuerzas de la naturaleza.
La eliminación del mercado es un objetivo estratégico que deberá alcanzarse a largo plazo pero materializable a través del modelo de gestión económica que se adopte desde el instante en que se emprenda la transición al comunismo. La superación de la alienación mercantil constituiría el corolario de un proceso que parte de la erradicación de la opresión laboral y transita por transformaciones en la desacralización del dinero, la desmitificación de la supuesta neutralidad de la tecnología y el consumismo como ideal supremo del bienestar social. Al bregar por estos objetivos se construye desde ahora la conciencia comunista que permitirá erigir ese porvenir. Hacia esos propósitos estaba dirigido el Sistema de Presupuestario de Financiamiento (SPF) creado por el Che.
La noción teórica sobre la economía socialista fue ocupando el centro de las preocupaciones del Che desde el mismo triunfo de la Revolución. Sus valoraciones tempranas sobre la naturaleza contradictoria de las experiencias económicas de los países socialistas europeos demuestran cuán importante fue para él la solución de la problemática económica dentro de la transformación radical que se planteaba la Revolución. Las ideas sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento  surgieron de sus hipótesis sobre la naturaleza de la economía comunista, de su profunda comprensión de la esencia crítica de Marx sobre las bases del capitalismo, de la asimilación crítica del funcionamiento de la socialización de los monopolios y de la esencia contradictoria de un período de transición de una sociedad a otra. La visión creadora y la voluntad experimental de Fidel en la primera década de la Revolución, favorecieron la realización de búsquedas de métodos nuevos de organización de la economía socialista e incluso de la prueba en nuestras condiciones de las experiencias de la URSS.
En el orden práctico, aparecieron inicialmente como un conjunto de medidas prácticas encaminadas, por ejemplo, a centralizar los fondos bancarios de las empresas para resolver problemas concretos del sector industrial como eran las empresas con recursos financieros sobrantes y otras carentes de ellos, en momentos cuando la Revolución enfrentaba sensibles problemas sociales como el desempleo. Esas bases evolucionaron progresivamente respondiendo a la maduración de la concepción del Che sobre la construcción socialista, hasta formar un cuerpo coherente de consideraciones económico políticas consecuentes con su ideal marxista, y cuya formulación teórica comenzó a perfilarse precisamente alrededor de los años 1962-1963, quedando restringida su aplicación práctica al sector industrial hasta el año 1967.
Los antecedentes del SPF lo encontramos en el Departamento de Industria del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria). El 7 de octubre de 1959, Fidel anunciaba la designación del Che para ocupar el cargo de Jefe del Departamento de Industrias del INRA, creado para dar respuesta al desarrollo industrial que la Reforma Agraria generaba. En la práctica este departamento pasó a administrar una serie de industrias y pequeños talleres, que pasaron a propiedad del Estado mediante las intervenciones dictadas ya fuera porque sus propietarios, representantes del viejo régimen, se habían enriquecido a costa del tesoro público, o porque sus dueños los habían abandonado al marchar  hacia el extranjero, o incluso por la presencia en alguno de ellos de conflictos laborales.
En los primeros meses de la Revolución el peso de las industrias y fábricas que atendía el departamento fue creciendo. En la medida que el gobierno Revolucionario implementaba las nacionalizaciones y las intervenciones, el departamento  alcanzó el 60% del sector industrial para 1960, y ya en 1961 más del 70%. Un buen por ciento de este sector, que quedaba bajo la administración del departamento, carecía de fondos para su producción y el pago a sus trabajadores, tomándose  en este momento la decisión de unir  los fondos de todas las fábricas y pequeños talleres en un fondo centralizado, el cual quedará administrado por la sección de finanzas, contabilidad y presupuestos. Todos los establecimientos depositaban sus ingresos y extraían los recursos programados para su gestión en este fondo común, para lo cual se establecieron los presupuestos y un programa de ejecución acorde a un plan anual. Registrándose de esta manera los primeros pasos que se dieron en nuestro país en la planificación. 9
El Che consideraba que el SPF, como modelo de la economía socialista, debía mostrar su éxito en dos terrenos: primero, desde el punto de vista técnico debía demostrar su capacidad para realizar la gestión administrativa de manera eficiente; y segundo, desde el punto de vista estructural, debía integrarse de manera tal que cumpliese con los principios marxistas del período de transición en que se insertaba, impulsando de manera esencial la transformación comunista del conjunto de relaciones sociales. Sus éxitos en el campo económico garantizarían la posibilidad de construcción de un nuevo orden, sin embargo lo más importante en estos éxitos sería la manera en que se lograban, porque permitían la remodelación social a la que se aspiraba. O sea, los éxitos económicos serían realmente socialistas debido a que, sus resultados finales y la manera en que fueron logrados implicaban un impulso decisivo a la formación de relaciones sociales comunistas y, por tanto, de nuevas formas de conciencia social. El Che subraya la noción sistémica que caracteriza al SPF: “Yo no sé si se lo he dicho a ustedes, pero si no se lo he dicho se lo digo, el Sistema Presupuestario es parte de una concepción general del desarrollo de la construcción del socialismo y debe ser estudiado entonces en su conjunto.” 10    
Consecuente con su concepción general la efectividad del SPF no puede evaluarse exclusivamente por la optimización de los recursos a su alcance, ni por el monto cuantitativo de los beneficios y utilidades obtenidos  por sus empresas, sino además por su capacidad para optimizar la gestión económica en función del desarrollo de la educación comunista, por su efectividad para armonizar los objetivos estratégicos y tácticos, sociales y económicos; en suma, por su capacidad de llevar a la práctica el humanismo de nuevo tipo.
En su trabajo titulado, “Sobre el Sistema Presupuestario y de Financiamiento”, el Che señalaba el modo de utilizar las técnicas más eficaces en el modelo de gestión económica: “Las formas de conducción de la economía, como aspecto tecnológico de la cuestión deben tomarse de donde estén más desarrolladas y puedan ser adaptadas a la nueva sociedad. La tecnología de la petroquímica del campo imperialista puede ser utilizada por el campo socialista sin temor de contagio de la ideología burguesa. En la rama económica (en todo lo referente a normas técnicas de dirección y control de la producción) sucede lo mismo.”
“Se podría, si no es considerado demasiado pretencioso, parafrasear a Marx en su referencia a la utilización de la dialéctica de Hegel y decir de estas técnicas que han sido puestas al derecho.”  
“Podemos decir pues, que como técnica, el antecesor del sistema presupuestario del financiamiento es el monopolio imperialista radicado en Cuba, y que había sufrido ya las variaciones inherentes al largo proceso de desarrollo de la técnica de conducción y control que va desde los albores del sistema monopolista hasta nuestros días, en que alcanza sus niveles superiores.” 11      
Observamos en el Che una actitud desprejuiciada pero crítica al mismo tiempo ante los avances científicos tecnológicos que registra el sistema capitalismo. Ello le permite asimilar la herencia capitalista en el plano económico sin comprometer estratégicamente en su instrumentación práctica la esencia humanista de la transición socialista, plasmada en una ética que potencia la solidaridad en oposición al egoísmo mercantil.  O sea, no se le resta valor a los adelantos tecnológicos en la dirección y control económico aportados por el capitalismo, pero se rechaza su empleo y fomento dogmático que los convierten en  “armas melladas” carentes del necesario filo crítico-revolucionario que elimine las  altas cuotas de irracionalidad, fetichismo y alienación presupuestos en la “jaula invisible” de las leyes mercantiles.
El SPF debería someter el proceso de producción e intercambio al control racional y consciente de los seres humanos. A decir del Che, debía constituirse en “una gigantesca rueda bien nivelada, en la cual se podrían cambiar determinados ritmos más o menos automáticamente, porque el control de la producción lo permitiría”. Las escalas de decisión serían “más o menos elásticas, según la profundidad organizativa alcanzada, el tipo de producción o el momento del que se trate”. 12
En el SPF, la ley económica fundamental del socialismo se realizaba en la práctica a través de los principios de la planificación centralizada; el sistema financiero presupuestado; el sistema de precios centralizados; el sistema de dirección presupuestado; la formación del hombre nuevo. Todos perfilados en función de la negación dialéctica de la ley del valor y rechazo a la práctica de utilizar las categorías y mecanismos de la economía política del capitalismo, que comprendía una concepción de la empresa socialista en la cual esta se concebía como parte de un todo: el Estado.
El SPF otorga  a las finanzas un contenido y papel distintos al que desempeñan en una economía mercantil. Las finanzas dejan de ser el mecanismo preponderante mediante el cual se controla, dirige, organiza y valora la eficacia de la economía. La compulsión financiera que rige la reproducción del capital se modifica y restringe a un instrumento de control técnico- administrativo.
La función de las finanzas bajo el SPF en cuanto a mecanismos de control técnico- administrativo se pueden sintetizar en: 1. Control y medida de valor en la formación, distribución y redistribución de los fondos; 2. Medición exacta de los gastos del trabajo social en el proceso productivo y de servicios; 3. Análisis y disminución de los costos; 4. Disciplina financiera y 5. Formación del hombre nuevo: a favor del aspecto social de la ley económica fundamental del socialismo.  
 A partir de esta refuncionalización del papel de las finanzas el sistema bancario estará llamado a desaparecer en una etapa avanzada del período de transición al comunismo, pero sobrevivirá durante el período en que persistan las relaciones mercantiles porque “está condicionado a las relaciones mercantiles de producción por elevado que sea su tipo”.
El hecho de que el SPF abogue por la centralización de la gestión económico- financiera, no significa que sea el banco precisamente el que asuma la máxima responsabilidad de la contabilidad y el control del Estado, ni que dicte la política económica de la nación. Aquí el banco no tiene como función la concesión de créditos, menos aun la de obtener dividendos por conceptos de interés. Si el banco cobra determinados interés a las empresas estatales –poco importa en este caso en que lo haga de acuerdo a un plan y no surja la tasa de interés de forma espontánea como sucede en el capitalismo- por los fondos suministrados a estas estaría cobrando por el uso de un dinero que no le pertenece, función típica de la banca privada. Los bancos socialistas efectúan una operación fetichista cuando prestan dinero a interés. Prestan el dinero de otra empresa y, en última instancia, es el trabajador el que efectivamente da el crédito.
La convicción del Che de que el dinero funcione como dinero aritmético viene avalada, entre otras cosas, por el desarrollo de las técnicas más modernas en lo que a organización, control de dirección y análisis económico ha desarrollado el sistema imperialista. El dinero al constituir un producto del desarrollo de las relaciones mercantiles y, por tanto, expresión de determinadas relaciones de producción es una categoría social históricamente condicionada por dichas relaciones. No es posible destruir en un acto las relaciones mercantiles. La presencia del dinero en la economía socialista será más o menos larga en dependencia del ritmo de desarrollo de las nuevas relaciones de producción y la política que se adopte hacia ellas, pero en todo caso encarna relaciones que deben ser superadas. La tendencia objetiva de las relaciones monetario-mercantiles en la transición socialista apunta a su refuncionalización y paulatina extinción, tal y como se desprende de la dinámica de  su desarrollo en el SPF.
Para el Che había que establecer el equilibrio global de la oferta y demanda mediante la fijación de precios por el plan establecidos con criterios político económicos y no tecnocrático- mercantiles ni tampoco burocrático-administrativos.
Partiendo de su concepción sistémica del socialismo Che incursiona en los mecanismos de formación de los precios. Toma en cuenta que en el contexto de una economía centrada en el mercado este tiende a la coincidencia espontánea entre la oferta y la demanda en cada unidad o mercancía, dejando incluso un margen de utilidad para la empresa. De hecho, el plan se doblega en esta concepción, a la ley del valor y no a la inversa. El mercado por tanto, sigue operando con la incomodidad propia de un capitalismo concurrencial que fuera víctima de la intromisión estatal en su gestión administrativa. En un sistema centralizado se podrían plantear otras soluciones.
En su artículo “Consideraciones sobre los costos de producción como base del análisis económico en las empresas sujetas al Sistema Presupuestario” plantea: “En el precio se reflejaría, en este caso, el análisis automático de la rentabilidad en relación con los precios mundiales. Para ello hay que trabajar más seriamente en estos problemas que todavía son tratados de forma esquemática y sin un profundo análisis. Es necesario elaborar todo un sistema de análisis de costos que premie sistemáticamente y castigue con igual perseverancia los triunfos y las derrotas en la lucha por rebajarlos. Es preciso también elaborar normas de consumo de materias primas y de productos terminados. Hay que sistematizar el control de inventarios y hacer un trabajo económico preciso sobre todos los índices en un constante proceso de renovación.” 13 A diferencia de una economía de mercado el SPF no tiene entre sus métodos el estímulo de la producción mediante la apelación al precio como resorte económico básico.
En  el SPF las empresas estatales forman parte de una única gran empresa que es el Estado, en contraposición al sistema de autogestión financiera (cálculo económico) en que toda unidad productiva constituye una empresa y las relaciones entre las estas son muy similares a las existentes en el régimen capitalista puesto que toda transferencia de productos entre las ellas se realiza bajo mecanismos de compraventa, de modo que los productos de una empresa estatal poseen las propiedades características de una mercancía. Diferencia imprescindible para comprender la incompatibilidad que poseen ambos sistemas de financiamiento empresarial, pues el SPF conjuga en su concepción los ángulos técnico-económico e ideológico donde “…una empresa es el conglomerado de fábricas o unidades que tienen como base tecnológica parecida, un destino común para su producción o, en algún caso, una localización geográfica limitada…”.14 Así el Estado aparece como el centro de las relaciones ínterempresariales fungiendo como una especie de gran monopolio que busca articular las empresas de manera tal que la relación entre ellas reduzcan al mínimo la acción de la ley del valor.
No podemos deducir que se trate de una centralización de la economía a ultranza, sino de una centralización participativa. Por que si el principio del SPF es la participación activa de los trabajadores en la planificación de la economía nacional  los individuos tenían que identificarse totalmente con la tarea de la producción social. Entonces la dirección por parte de los trabajadores significa la descentralización del control de la producción, pero ese proceso tenía que estar acompañado de una conciencia colectiva y unas nuevas relaciones sociales, de lo contrario el resultado sería la reproducción del antagonismo y el interés personal de la economía capitalista: “Nosotros planteamos … considerar el conjunto de la economía como una gran empresa y tratar de establecer la colaboración entre los participantes como miembros de una gran empresa, en vez de ser lobitos entre sí, dentro de la construcción del socialismo”15 por tanto la centralización resultaba necesaria hasta tanto la clase trabajadora hubiera adquirido la nueva conciencia y la destreza técnica. De lo que se trata es de centralizar pero sin estrangular la participación activa y creadora de los trabajadores a todos los niveles para lograr la descentralización sin perder el control.
 Por lo que el sistema de dirección de la economía debe promover un mecanismo que permita ese diálogo estrecho con las iniciativas propias de las nuevas fuerzas productivas que la Revolución se propone impulsar. Es por eso que hay que realzar la participación consciente, tanto individual como  colectiva, en todos los niveles de dirección y producción, ligada a la idea de la necesidad de  copropietarios de los medios de producción. Esta es una tarea económica y política ideológica de primer orden.
De esta forma la institucionalidad del país debía perfeccionarse, buscando un modelo de dirección basado en la toma de decisiones colectivas. Todavía hoy es esta una de las asignaturas pendientes que enfrenta nuestro proyecto socialista. Recientemente el General de Ejército Raúl Castro Ruz ha señalado que: “el modelo excesivamente centralizado que caracteriza actualmente nuestra economía deberá transitar, con orden y disciplina y con participación de los trabajadores, hacia un sistema descentralizado, en el que primará la planificación, como rasgo socialista de dirección, pero no ignorará las tendencias presentes en el mercado, lo que contribuirá a la flexibilidad y permanente actualización del plan.” 16
En el pensamiento del guerrillero heroico los parámetros para definir la calidad de la producción han cambiado en comparación a los estipulados por el sistema capitalista. Solo es posible referirse a ella mediante los resultados tangibles del funcionamiento del modelo económico y de la conciencia económica socialista que el hombre nuevo ha de alcanzar. La calidad intervendrá, por un lado, como medida del trabajo político ideológico dirigido a formar un hombre nuevo y por otro, como medida de la eficiencia y  criterio técnico dirigido a evaluar los propios resultados de la producción social: la calidad se convierte en la cantidad de servicios que este hombre puede obtener con su trabajo a través de la satisfacción colectiva, planificada, de sus necesidades individuales. En la visión del Che la satisfacción de las necesidades del pueblo, es parte del deber ser de los ciudadanos que incluye la elaboración con calidad de los productos y la prestación de los servicios sociales  que se brindan de forma óptima. Al respecto planteaba: “recordemos siempre que la calidad no está reñida, de ninguna manera, con estas etapas de construcción del socialismo; recordemos siempre que nuestra obligación de productores, productores de la sociedad que se libera, es dar a nuestro pueblo lo mejor que podamos, lo mejor de nuestro esfuerzo, nuestro esfuerzo convertido ya en productos de la mejor terminación y de la mejor calidad.” 17
En el pensamiento económico político del Che también hará hincapié en la necesidad del desarrollo científico- técnico, como elemento central para la industrialización del país y por ende para superar las condiciones de país subdesarrollado, al respecto señaló “… para desarrollar la industria tenemos que desarrollar la técnica, y para desarrollar la técnica, en los niveles que nosotros pretendemos, tenemos que desarrollar  simultáneamente la conciencia.” 18
La necesidad del desarrollo tecnológico, de la preparación y superación de los obreros calificados y de los profesionales, artífices constructores de la nueva sociedad, se reafirma en las palabras del Che al plantear “Estamos entrando en la era de la automatización y de la electrónica; tenemos que pensar en la electrónica en función del socialismo y en el transito al comunismo. La electrónica se convierte en un problema político fundamental del país. Hoy y mañana hay que preparar los cuadros para que en el futuro estén listos para tomar en sus manos toda la gran tarea tecnológica posterior y de la automatización cada vez más grande de toda la producción: la liberación del hombre por medio de la máquina.”19
 En varios de sus escritos el Che se refiere a la importancia del perfeccionamiento administrativo para garantizar el desarrollo tecnológico desde el punto de vista de su dirección planificada con la participación activa de las masas, lo que demanda prestarle la máxima atención a los elementos técnico-administrativos, aspecto este que ha sido absolutizado por algunos autores al extremo de adjudicarle al Che un pensamiento tecnicista. Sin embargo él partía del criterio que el desarrollo de su modelo económico se encaminaría a perfeccionar la base productiva existente para viabilizar el tránsito gradual a una etapa de ampliación cualitativa y cuantitativa de los avances científicos-técnicos en la que paralelamente acontecería un proceso de  formación y ampliación de la conciencia y la moral comunista de los productores. Conjuntamente con los avances de la automatización esmero particular por introducirla en los más diversos sectores productivos, se implementarían los métodos más novedosos en el campo de la gestión de dirección o técnicas de dirección que ya se aplicaban en los monopolios.
Se trataba de una concepción de desarrollo que no asumía soluciones basadas en criterios exclusivos de eficiencia económica. Para aplicarse una propuesta tenía que estar ligada ineludiblemente con los principios rectores de la Revolución que tiene en la formación de un hombre esencialmente humano el objetivo fundamental de su obra económico-cultural. Por lo tanto no solo podían contemplarse simples cambios en los aspectos tecnológicos y científicos, sino que estos estaban acompañados de una nueva concepción de ver el mundo puesta en práctica por los propios artífices que llevaban a cabo con su acción revolucionaria masiva la transformación del capitalismo en comunismo.
Tirzo Sáenz guarda en su memoria como un verdadero tesoro el contenido profundamente humano que el pensamiento económico-político del Che  legara a la posteridad: “…En primer lugar- nos dice quien fuera su colaborador cercano- dada la propuesta de la Revolución, era indispensable que todo esfuerzo productivo, científico, técnico, organizativo o gerencial tomase como referencia primordial al propio trabajador, al ser humano, buscando la mejoría de las condiciones de trabajo, de salud, y de educación, entre otras, de forma accesible a toda la población. No estábamos delante de simples cambios en las técnicas de producción, sino delante de la creación de una base técnica, científica, organizativa, gerencial e incluso cultural, dentro de una nueva concepción política y social.” 20
Es notorio que, a pesar de tener Guevara un pensamiento avanzado en varios campos estratégicos del desarrollo de la ciencia y la tecnología de su época y de estar relacionado directamente con importantes procesos productivos del país, no encontremos en sus apuntes económico políticos referencias expresas sobre la problemática medio ambiental. Lo que sin dudas en nuestra opinión es un indicador fehaciente del tratamiento de estos temas y la poca conciencia ecológica que aún en la década de los años 60 existía  a nivel mundial.  
Podemos resumir que el SPF no podía verse como un sistema cerrado sin cabida para cambios, para el Che este sistema nunca sería un todo acabado, porque estaba concebido como un coherente conjunto orgánico de métodos dinámicos, flexibles que es susceptible a correcciones y perfeccionamiento, enriquecido con la participación real y efectiva de los trabajadores. El SPF tiene como reto el poder satisfacer las demandas tanto materiales como espirituales de la sociedad en construcción. Ese diálogo constante con las masas hacía que ese engranaje bien nivelado marchara por el camino correcto.
Es cierto que las limitantes del sistema en esos momentos hacía ver tanto para los tecnicistas como incluso para adeptos, al sistema como un sueño utópico que provocaría un descontrol de las finanzas, ausentes de un sistema de cálculo idóneo, y lleno de trabas burocráticas por la centralización que defendía. En este sentido Carlos Rafael Rodríguez nos dice: “…a la distancia del tiempo el sistema presupuestario nos parece como una contribución de excepcional valor”, y que “se acerca más a lo que tiene que ser la sociedad en el futuro, pero esto es solo una hipótesis, y se refiere a un futuro bastante lejano.”  Y expresando su visión de lo que se debía asumir en la economía cubana  nos señala: “…las condiciones históricas de nuestro país nos obligan a cosas tan sencillas, por ejemplo –y rechazadas por el Che- como admitir la categoría mercancía para las relaciones interempresariales”, y advierte a renglón seguido que “cuando aceptamos la vigencia de la mercancía, no aceptamos la vigencia principal del mercado […] como organizador de la economía nacional”. 21 
El Che siempre fue el primer crítico del SPF, reconocía las debilidades del mismo y las declara en su obra “Sobre el Sistema Presupuestario y de Financiamiento”. En el momento en que se comenzaba aplicarse el plan proyectado por el Che, las condiciones idóneas no existían, podrían mencionarse algunas: la falta de cuadros técnicos preparados; el atraso técnico del país; la falta de industrias, de recursos naturales, de mercado, de personal capacitado y el bloqueo impuesto por la mayor potencia del mundo; la falta de suministros al país; economía en cero; etc. Pero la proyección era estratégica.
Estas, quizás, son algunas razones por las que no se han realizado estudios detallados sobre la efectividad social del SPF durante el período que funcionó. Pero este análisis no solo se debería hacer con una visión técnico –administrativa sino que se hace necesario tener en cuenta un análisis dialéctico, humanista para valorar  en su justa medida el sistema, así como su influencia en la sociedad en su conjunto. Al respecto Fernando Martínez Heredia opina lo siguiente: “Antiguos compañeros del Che que han desempeñado funciones directivas en ramas de la economía desde entonces hasta hoy, han declarado públicamente que el sistema implantado en el Ministerio de Industrias por el Che era mucho más eficaz para la producción, control agilidad y gestión, correcta descentralización de responsabilidades, etc., que el que ha regido después, que ha recibido por cierto las más duras y diversas críticas en los últimos años. Hay que reconocer al menos que no se ha hecho todavía una valoración detallada y fundamentada de la historia económica de nuestra Revolución, que permita hacer comparaciones concluyentes.” 22
Dadas las características de la Revolución Cubana y las estrechas relaciones que se establecieron entre Fidel y el Che, donde ambos crecieron en un incesante intercambio de ideas sobre el socialismo, el pensamiento del Che no se puede ver desligado de las concepciones generales de Fidel sobre la transición y en particular sobre la economía política que debe corresponder a esta etapa. En estudios recientes sobre la naturaleza humanista de las ideas económicas de Fidel encontramos una caracterización resumida que nos parece interesante:  
1. La construcción del socialismo es, en esencia, una tarea política; debe ser fruto del desarrollo de la conciencia, de la educación del hombre. El socialismo no se construye con las mismas leyes ciegas del Sistema Capitalista
2. Los mecanismos económicos, el sistema de dirección de la economía, no pueden sustituir el trabajo político ideológico, ni el papel rector del partido en todas las esferas de la sociedad. Los mecanismos son un medio auxiliar del trabajo político revolucionario.
3. El socialismo tiene que crear riqueza con conciencia. No es esta una sociedad de consumo. Las aspiraciones por elevar el bienestar material del pueblo han de marchar al unísono con el crecimiento de los valores espirituales y la ética revolucionaria.23
Por lo que no se hace casual que Fidel haga un llamado incesante a estudiar en el reordenamiento interno de nuestra economía, el pensamiento económico de Ernesto Guevara de la Serna, tan reacio a utilizar las categorías económicas del capitalismo como instrumentos esenciales en la edificación del socialismo y de valor humanista. Coincidiendo ambos en estos elementos centrales de la economía política y el modo político de dirección de la economía.
En resumen, en Ernesto Che Guevara se integran orgánicamente teoría y práctica en su formulación economía-política, la propia experiencia revolucionaria lleva constantemente a un proceso de aprendizaje consciente de la economía política sobre las relaciones económicas en el ámbito nacional e internacional para incorporar ese nuevo conocimiento a su accionar político y contribuir a la negación del orden existente y acercarse al orden económico nuevo, pensado con realismo desde elevados ideales éticos, en un proceso que no conoce límites.

Bibliografía:

  1. Acanda, Jorge Luís: ¿Qué marxismo está en crisis? Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1991.
  2. Alonso Tejada, Aurelio: El laberinto tras la caída del muro. Del debate de ayer al debate de mañana. Editorial Ciencias Sociales. Ciudad Habana, 2006.
  3. Álvarez Rom, Luis: Las finanzas como método de desarrollo político. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  4. Bettelheim, Charles: Formas y métodos de la planificación socialista y nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  5. Borrego, Orlando: Che el camino del fuego. Editorial Imagen Contemporánea. La Habana, 2001.
  6. Cossío, Miguel: Contribución al debate sobre la ley del valor. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  7. Fernández Ríos, Olga: Socialismo y democracia en el pensamiento político de Che Guevara (notas para el análisis).  Revista internacional Marx ahora, No. 3, 1997.
  8. Guevara, Ernesto: Apuntes críticos a la economía política. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 2006.
  9. Guevara, Ernesto: Consideraciones sobre los costos de producción como base del análisis económico de las empresas sujetas al sistema presupuestario. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  10. Guevara, Ernesto: El socialismo y el hombre en Cuba. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005.
  11. Guevara, Ernesto: La banca, el crédito y el socialismo. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  12. Guevara, Ernesto: La planificación socialista, su significado. El gran debate sobre la economía en Cuba 1963-1964. Editorial Ocean Press. Australia, 2006.
  13. Martínez Heredia, Fernando: Che, el socialismo y el comunismo. Casa de las Américas. La Habana, 1989. 

* Profesora asistente, en el Instituto Técnico Militar “José Martí”, donde ha impartido clases de Economía Política y Filosofía durante 10 años. Es aspirante al grado científico de Doctor en Ciencias Filosóficas, por lo que es alumna del Doctorado Curricular “Teoría e Historia del Socialismo

1 Guevara, Ernesto: El Socialismo y el hombre en Cuba. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 228. 

2 Guevara, Ernesto: Reunión bimestral 2 de octubre de 1964. Apuntes críticos a la economía política. Editorial Ciencias Sociales, 2006, pág. 336.

3 Borrego, Orlando: Che el camino del fuego. Editorial Imagen Contemporánea. La Habana, 2001. Pág. 234

4 Martínez Heredia, Fernando: Che, el socialismo y el comunismo. Editorial Casas de las América.1989. Pág. 100-101.  

5 Guevara, Ernesto. Sobre el sistema presupuestario de financiamiento, Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 214 

6 Es una expresión del Che en su obra El socialismo y el hombre en Cuba. Ya citada.

7 Guevara, Ernesto: Sobre el sistema presupuestario de financiamiento. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 213 

8 Marx, Carlos; Engels, Federico: Cartas sobre “El Capital”. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1976. pág. 312.

9 Ver Tablada, Carlos: El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara. Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1989. Pág. 67-68.   

10 Guevara, Ernesto: Reunión bimestral 12 de octubre de 1963. Apuntes críticos a la economía política. Editorial Ciencias Sociales, 2006, pág. 253.

11 Guevara, Ernesto: “Sobre el Sistema Presupuestario y de Financiamiento”. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 203

12 Guevara, Ernesto: Sobre el sistema presupuestario de financiamiento. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 218 

13 Citado en la obra de  Borrego, Orlando: Che el camino del fuego. Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2001. Pág. 105

14 Guevara, Ernesto: Sobre el sistema presupuestario de financiamiento. Una antología mínima. Editorial Ocean. 2005. Pág. 204 

15 Guevara, Ernesto: Reunión bimestral 21 de diciembre de 1963. Apuntes críticos a la economía política. Editorial Ciencias Sociales, 2006, pág. 267.

16 Texto del Informe Central presentado por el compañero Raúl Castro Ruz al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, en el Palacio de las Convenciones, el 17 de abril de 2011, Revista Bohemia, Año 109, No. 9, pág. 12 

17 Guevara, Ernesto: Discurso en el acto de homenaje a obreros, empleados y administradores de las fábricas que rompieron records de producción, y para recibir las herramientas y equipos donados por trabajadores de la RDA. 21 de agosto de 1962. En “El Che en la Revolución Cubana”. Editorial MINAZ. La Habana, 1966, T. 4, Pág. 253.

18 Guevara, Ernesto. Discurso en el acto de entrega de premios a los ganadores de la emulación en el MININD, marzo 14, 1964., en El Che en la Revolución Cubana, Editorial MINAZ, La Habana 1966, T.  5, p 73-74.

19 Ídemen. Pág. 149.

20 Saenz, Tirso W.: El Che ministro. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005. Pág. 86-87

21 Carlos Rafael Rodríguez: “Sobre la contribución del Che al desarrollo de la economía cubana”. Revista Cuba socialista, No. 33 mayo -junio de 1988.

22 Martínez Heredia, Fernando: Che, el socialismo y el comunismo. Editorial Casas de las América.1989. Pág. 103-104.  

23 Castillo Cortes, Carlos: El pensamiento económico político de  Fidel Castro Ruz sobre la construcción del socialismo en Cuba. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Económicas. La Habana, 2011. Pág.107


Recibido: 05/05/2017 Aceptado: 09/08/2017 Publicado: Agosto de 2017

Nota Importante a Leer:

Los comentarios al artículo son responsabilidad exclusiva del remitente.
Si necesita algún tipo de información referente al articulo póngase en contacto con el email suministrado por el autor del articulo al principio del mismo.
Un comentario no es mas que un simple medio para comunicar su opinion a futuros lectores.
El autor del articulo no esta obligado a responder o leer comentarios referentes al articulo.
Al escribir un comentario, debe tener en cuenta que recibirá notificaciones cada vez que alguien escriba un nuevo comentario en este articulo.
Eumed.net se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios que tengan lenguaje inadecuado o agresivo.
Si usted considera que algún comentario de esta página es inadecuado o agresivo, por favor, escriba a lisette@eumed.net.
Este artículo es editado por Servicios Académicos Intercontinentales S.L. B-93417426.