PIEZAS PERDIDAS, OBJETOS ENCONTRADOS. EL VALOR DE LOS RECUERDOS CONVERTIDOS EN COLECCIÓN COMO VÍA PARA RECUPERAR LA MEMORIA

Natalia Juan García (CV)

Departamento de Historia del Arte
Universidad de Zaragoza


Resumen
Este artículo analiza la presencia de objetos en determinados museos y centros de interpretación vinculados a la Guerra Civil española. Se trata de piezas que pertenecieron a personas que vivieron el conflicto y cuyas pertenencias quedaron perdidas en algún lugar. En la actualidad, estos objetos han sido encontrados y se han musealizado. Este trabajo estudia determinadas colecciones de la geografía española cuyas instalaciones tienen un denominador común: recrear espacios para dar a conocer y documentar hechos históricos a partir de enseres personales. Mediante la exposición de diferentes piezas de uso cotidiano y la explicación de sus funciones, la cultura material permite recuperar la memoria de las vivencias ocurridas en España durante 1936 y 1939.

Palabras clave: Objeto, guerra, memoria, musealizar, colección.

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Introducción
La memoria social, colectiva e histórica en ocasiones está, desgraciadamente, vinculada a hechos traumáticos, represiones, opresiones y persecuciones 1. España no ha permanecido ajena a este panorama. De hecho, el siglo XX se considera como el período de mayor violencia y conflictividad en la historia de nuestro país2 . A ello contribuyó notablemente la Guerra Civil (1936-1939), una circunstancia excepcional en el ámbito de la Europa occidental no por el hecho de que estallara un conflicto bélico en un país “civilizado”, sino por las consecuencias que ésta tuvo al imponerse después una dictadura durante casi cuarenta años. La Guerra Civil marcó la vida y los proyectos de futuro de quienes la sufrieron en primera persona y frustró las esperanzas de quienes padecieron sus consecuencias3 . Tanto el estallido de la contienda como la posterior dictadura marcaron a generaciones de españoles, impidiendo la reparación social de las víctimas y provocando un conflicto de identidades que, en algunos casos, ha pervivido hasta la actualidad 4.

Con el inicio de la democracia, a partir del periodo conocido como Transición Española 5, fueron surgiendo distintas iniciativas para recuperar la memoria de los vencidos que eran, en la mayoría de los casos, supervivientes de la generación de la guerra, represaliados políticos y personas en el exilio a los que se les debía otorgar una reparación moral, política y jurídica6 . En este sentido, cuando se trata de la postura mantenida por el Estado frente a las víctimas,  algunos autores hablan de diferentes periodos que clasifican en: negación de la memoria entre 1936 y 1977, políticas del olvido entre 1977 y 1981 y, por último, suspensión de la memoria entre 1982 y 19967 . Así, a partir de 1996 se inició la etapa resurgir de la memoria que derivó tiempo después, en 2004, en la proposición no de ley aprobada por el Congreso de los Diputados el 1 de junio de dicho año. En ella se instaba al Gobierno a que se interesase decididamente por las personas que habían sufrido daños durante la Guerra Civil y perjuicios durante la represión de la dictadura, así como a facilitar a sus familiares el acceso a los archivos donde se custodian los documentos relativos a las víctimas8 . Esta situación dio lugar, en diciembre de 2007, a la aprobación de la ley de “Reconocimiento y ampliación de derechos y establecimiento de medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”, conocida popularmente como “Ley de la Memoria Histórica”9 .

FIGURA 1.-Cantimplora de agua agujereada por impacto de balas conservada en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García.

Uno de los propósitos de esta ley pretende dar a conocer los lugares vinculados al conflicto. Para este trabajo nos interesa particularmente aquellos que guardan objetos que tuvieron que ver con personas que vivieron la Guerra Civil. A este respecto algunos autores se preguntan si “la memoria propiamente dicha, la capacidad de traer el pasado vivido y la experiencia del mismo al presente, ¿sólo puede ser la memoria del individuo, del testigo, del que estuvo allí y nos relata lo que vivió” 10 o por el contrario, nos preguntamos nosotros, ¿puede ser recuperada para que quienes no lo vivimos podamos conocerlo?. La respuesta a esta segunda pregunta la tienen los museos y centros de interpretación que divulgan lo que ocurrió a partir de diferentes mecanismos expositivos en los que se exponen objetos y piezas que reconstruyen episodios históricos y vivencias personales 11.

Lugares de la memoria. Lugares que guardan objetos

Por lugares de la memoria se entiende aquellos espacios que, durante la Guerra Civil y la represión de la dictadura, se convirtieron en escenarios de crímenes contra los derechos humanos. Durante la represión franquista se actuó contra los defensores de la Segunda República española (iniciada en 14 de abril de 1931) mediante diferentes formas de violencia12 . La calificación de lugares de la memoria comprende, entre otros sitios, aquellos que fueron emplazamientos de fusilamiento de condenados a muerte por los llamados Consejos de Guerra. Bajo esta denominación se incluyen las fosas comunes clandestinas, centros de detención, cárceles, sitios de escenarios de trabajos forzados, oficinas de tortura, dependencias policiales y campos de concentración franquistas, en sus distintas modalidades13 . En estos campos de concentración (vigentes desde 1936 a 1947 y controlados por el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas) ingresaban excombatientes del bando republicano, disidentes políticos, homosexuales y presos comunes14 . En estos lugares quedó toda una cultura material que, en los últimos años, ha sido localizada y recuperada. Además de éstos, en nuestro país hay declarados otros lugares de la memoria que, debido a su abundante proliferación, se pueden clasificar en tres grupos diferentes.

En primer lugar hay que citar los refugios, prisiones, bunkers y trincheras como es el caso del refugio museo de la Guerra Civil de Cartagena (Murcia), el refugio 307 del Poble Sec de Barcelona, el refugio antiaéreo de la estación de La Garriga (Barcelona), el refugio antiaéreo de la Plaza Del Diamant de Barcelona, el refugio antiaéreo en Calella de Barcelona, el refugio antiaéreo situado bajo la iglesia de Santa María de Agramunt (Lleida), el refugio antiaéreo de la Placeta Macià de Sant Adrià de Besòs (Barcelona), el refugio de la plaza de la Font Gran de Benissanet (Tarragona), el refugio antiaéreo del Carrer de Sant Josep en Flix (Tarragona), el búnker de la playa de Las Dunas Santa Susanna de Barcelona, el refugio de la escuela Ruiz Giménez de Palamós de Girona, la Prisión-Museo Camino de la Libertad de Sort de Lleida, el búnker de Lanaja (Huesca) o las fortificaciones defensivas de Sarrión (Teruel) entre otros. Se trata de lugares en los que se refugiaba la población civil cuando se producían ataques y bombardeos aéreos que, en la actualidad, han sido recuperados para dar a conocer el uso que tuvieron y qué es lo que se vivió en el interior de estos muros.

FIGURA 2.-De izquierda a derecha vaso, cazo doblado y fiambrera localizados en Los Monegros y conservadas en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García.

Por otro lado también hay que tener en cuenta un segundo grupo que englobaría a los llamados itinerarios, rutas y recorridos, como es el caso del parque de los búnkers de Martinet i Montella (Lleida), las “casas caídas” del Pinell de Brai en Tarragona, el espacio Memorial Walter Benjamin de Portbou (Girona), la línea L-2 que recorre la comarca de Segarra (Lleida), el coll del Moro en Gandesa (Tarragona), el pueblo viejo de Corbera d’Ebre (Tarragona), el mirador del Bassot de Vilalba de los Arcs (Tarragona), las trincheras de los barrancos en Vilalba de los Arcs (Tarragona), las trincheras de las Devees La Fatarella en Tarragona, el memorial de las Camposines en La Fatarella (Tarragona), el campo de aviación de la Sénia (Tarragona), el campo de aviación de "Els Monjos" en Santa Margarida i els Monjos (Barcelona), las baterias antiaéreas de Sant Pere Màrtir en Esplugues de Llobregat (Barcelona), el campo de aviación de Rosanes en La Garriga y la Ametlla del Vallès (Barcelona), el memorial del exilio Collado de los Belitres en Portbou (Girona) el itinerario “El frente republicano de la posa” en Isona i Conca Dellà (Lleida), el camino de la Cassoleta en Rialp (Lleida), el camino del convoy en Rialp (Lleida), el frente de guerra en la zona de Biuse en Llavorsí (Lleida), el camino de la libertad en Alt Àneu (Lleida), la ciudad vieja de Belchite (Zaragoza), las rutas de Salamina en El Pla de l'Estany (Girona), la ruta Orwell en Los Monegros (Huesca), las Tres Huegas en Los Monegros (Huesca) y el montículo El Merengue en Camarasa (Lleida), por citar sólo algunos pocos. Se trata de lugares mucho menos tangibles que los anteriores pero importantes por ser rutas de paso, o por formar parte de líneas defensivas, zonas por las que tuvieron que huir de España muchas personas, algunas de las cuales para no volver hasta décadas después.

Por último, hay que hablar de los museos y centro de interpretación en los cuales vamos a centrar nuestro trabajo ya que éstos, a diferencia de los casos anteriores, contienen objetos y piezas musealizadas. Este el caso del museo de la Guerra Civil en Abánades (Guadalajara), el centro de interpretación de la Base de Instrucción del Ejército Popular de Pujalt (Barcelona), el museo Memorial de la Batalla del Ebro de Gandesa (Tarragona), el centro de interpretación “Los hospitales de sangre” en Batea (Tarragona), el centro de interpretación “Soldados en la trinchera” de Vilalba de los Arcs (Tarragona), el centro de interpretación “115 días” en Corbera d’Ebro (Tarragona), el centro de interpretación “Las voces del frente” en El Pinell de Brai (Tarragona), el museo en Bielsa (Huesca) y el centro de interpretación de Robres (Huesca).

FIGURA 3.- De izquierda a derecha tartera agujereada con las siglas “CNT” y “FAI”, vaso y cazo conservadas en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García.

Museos y centros de interpretación que contienen objetos. Los objetos como recuerdo

Los museos, por definición, son lugares en los que se guardan colecciones de objetos (artísticos o científicos) que han sido adquiridos, conservados y estudiados porque poseen un valor cultural o social, razón por la cual se exponen apropiadamente, para ser examinados y visitados por el público. Por su parte, los centros de interpretación son espacios con equipamientos culturales que promueven la investigación, la conservación, la divulgación y la puesta en valor de los bienes allí expuestos. La intención de estos últimos es acercar el legado histórico, cultural y patrimonial al público mediante un lenguaje divulgativo. De ahí proviene su nombre “centro de interpretación”, en el sentido de explicar con mecanismos contemporáneos y eminentemente didácticos un lugar, un objeto, o un conjunto de ellos, para informar sobre su conocimiento. Aquí queremos analizar determinados ejemplos, tanto de un caso como de otro, localizados en la geografía española que tienen un denominador común: documentar vivencias de la Guerra Civil española mediante objetos y piezas de uso cotidiano.

Este es el caso del museo de la Guerra Civil de Abánades (Guadalajara), que se ubica en la antigua escuela de la villa. En su interior se exponen objetos y documentos que nos aproximan a la experiencia de las trincheras que se vivió en torno a abril de 1938 en la zona de las riberas del Alto Tajuña, donde se produjo un grave enfrentamiento cuando el ejército republicano acometió una ofensiva para romper el llamado frente nacional. Tras realizar excavaciones en la zona se encontraron una gran cantidad de objetos que habían permanecido enterrados desde aquel episodio. Así, el museo de Abánades mediante la exposición de fotografías y, especialmente, a partir de la exhibición de objetos recupera y pone en valor vestigios que aún perviven en el terreno gracias a las prospecciones arqueológicas15 .

Algunas de las piezas que se exponen han sido cedidas por los propios vecinos de Abánades, quienes las guardaban en sus casas particulares. En determinados casos estos objetos habían sido reutilizados para diferentes usos como ocurría con una caja de munición de máuser transformada en caja de herramientas, unos raíles de acero de las defensas antitanque republicanas convertidos en dinteles de corrales de ovejas, así como diferentes granadas y proyectiles de artillería que, desprovistas de su función destructora, pasaron a ser elementos decorativos. Además, en este museo se muestran otras piezas representativas de la vida en el frente como cascos, bayonetas, municiones y metralla, así como objetos de la vida cotidiana como latas, cucharas, cantimploras, una gran olla a presión para hacer el rancho o una marmita italiana con el nombre de su dueño grabado, Armando Stellani. Detrás de cada objeto expuesto en el museo de Abánedes hay una historia que nos acerca a las difíciles circunstancias que vivieron las personas que lucharon en aquellas trincheras.

En este mismo sentido hay que citar la loable tarea llevada a cabo por el Centre d'Estudis de la Batalla de l'Ebre (conocido como CEBE 16) cuyo principal objetivo es potenciar el conocimiento de la Guerra Civil en diferentes lugares de nuestro geografía. Para ello, han desarrollado diferentes actuaciones en distintas localidades como es el caso del centro de interpretación de la Base de Instrucción del Ejército Popular de Pujalt17 (Barcelona) donde, desde el 10 de octubre de 2010, se visitan las instalaciones del Campo de Entrenamiento y Base de Instrucción del XVIII Cuerpo de Ejército Popular de la República que estuvo en uso a partir de la primavera de 1938. Se situaba en medio del bosque debido al hecho de que estaba en un estratégico punto de una importante vía de comunicación, ya que Pujalt quedaba a medio camino de la carretera de Cervera a Calaf y a unos 60 kilómetros del frente. Allí todavía quedan vestigios de lo que en otro tiempo fueron el campo de entrenamiento y los refugios de Pujalt. Se trata de antiguas instalaciones (barracones, letrinas, refugios antiaéreos subterráneos, habitáculos o cocinas) ubicadas en el Bosc dels Obacs en la zona de La Muntada. Estas estructuras tuvieron un uso continuado durante la guerra. Tras quedar abandonadas han sido ahora recuperadas para convertirse en testimonio de las vivencias de toda una generación cuya memoria todavía se mantiene en este lugar. Para ello se han servido no sólo de las propias instalaciones sino también de los objetos y utensilios que se han conservado de aquellos años como testimonio de lo que allí ocurrió.

La visita al centro de interpretación de Pujalt se organiza a través de dos rutas complementarias, una urbana y otra forestal. La primera comienza en la iglesia de Sant Andreu y recorre algunas calles de la localidad por edificios dañados durante la guerra (casas, cobertizos, almacenes, edificios públicos civiles, religiosos y el refugio de la Plaça de Dalt). La segunda ruta parte también de la iglesia de Sant Andreu y conduce por el antiguo camino de Pujalt hasta la entrada de las instalaciones de la Base de Instrucción y el Campo de Entrenamiento, del que se visitan los distintos restos conservados por una ruta que se ha consolidado y reconstruido parcialmente.

Allí se recrea la vida en el campamento a partir de una serie de campañas arqueológicas que se han realizado in situ. Éstas se han complementado con el testimonio de personas que han permitido interpretar cómo fueron la instrucción militar, el vestuario, la higiene, la alimentación, la salud, así como la relación y contacto de los soldados con sus familias. Gracias a la gran cantidad de material encontrado y al cedido por familiares se ha podido desarrollar este centro de interpretación donde, en la actualidad, está trabajando para albergar un museo en el que se puedan exponer de manera permanente las piezas más representativas localizadas durante las distintas campañas arqueológicas. Se trata de numerosos objetos que hablan sobre la vida militar entre los que se pueden encontrar: puntas de hierro de los barracones, bisagras, uralitas de los tejados de los barracones, clavos de las uralitas, un enchufe y un aislante cerámico, un pestillo de puerta con agujero de bala, una edición de Los 13 puntos de Negrín, una camisa de soldado cedida por la familia de Cal Pont de Pujalt, una botas militares con la suela de madera donadas por Cal Cassana de Pujalt, unas cartucheras, una suela de goma, una puntera de hierro, balas y vainas, hebillas de cinturón, botones de la aviación, un botón de infantería, una anilla de fusil, balas, un peine de balas, cargadores, una insignia en la que se puede leer "Per Catalunya", una insignia del cuerpo de tren, una aguja imperdible, un galón de Teniente del Ejército Popular, unos botones de una guerrera, una bomba de mano de tipo "Lafitte", una anilla de granada, una espoleta de obús, diversos sellos rusos o una granada de mano.

También se incluyen objetos que utilizaban en eldía a día, entre los que hay muelles de colchón, un encendedor de gasolina, un mechero, un corchete de pantalón, un candado pequeño de maleta, suelas de calzado, un gemelo, botellitas de medicamentos, navajas suizas, una maquinilla de afeitar, una moneda de una peseta, una moneda de 15 copecs, unas tijeras, un calzador, un tubo de pomada, la maquinaria de un reloj o una cantonera de una maleta de madera. Del mismo modo, se han localizado numerosas piezas que permiten reconstruir cómo era la alimentación que seguían los miembros del Campo de Entrenamiento y Base de Instrucción del XVIII Cuerpo de Ejército Popular de la República. Así, se pueden ver la tapa de una fiambrera, una taza, vasos, platos, cucharas, un asa, numerosas latas de conserva, abrelatas, abridor de botellas, botellas de cristal y un tapón de porcelana. Por último, en Pujalt también hay enseres que nos hablan del contacto y la relación que mantuvieron aquellos hombres con sus familias mediante cartas, pues se han conservado diversos tinteros y un tapón de pluma estilográfica.

FIGURA 4.-Caja de metal de pastillas conservada en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García.

El museo Memorial de la Batalla del Ebro de Gandesa (Tarragona) también ha sido potenciado por el Centre d'Estudis de la Batalla de l'Ebre dando a conocer un recorrido por Terra Alta y la Ribera de Ebro durante la Batalla del Ebro. La exposición permanente de este museo se distribuye en cuatro ámbitos que reúnen un total de 1500 piezas. El primero de ellos se denomina “La memoria de los edificios” y explica cómo el inmueble de las escuelas viejas tuvo diferentes usos durante la guerra y la postguerra pasando de ser hospital de sangre republicano a hospital franquista. Con la dictadura, el edificio volvió a ser escuela de los alumnos de Gandesa y en 1999 fue transformado en sede del museo de la Batalla del Ebro. Todas estas vicisitudes se explican en este primer ámbito, mientras que el segundo se ha titulado “La memoria del paisaje”. En él, mediante imágenes, fotografías antiguas y una maqueta se da a conocer cómo afectó la guerra al terreno, al mapa urbano y a la industrialización de la zona. En “La memoria de los objetos”, se narra cómo fue la vida cotidiana durante el conflicto a partir de paneles informativos y objetos expuestos en vitrinas que cuentan las vivencias de los soldados y de la población durante la guerra. Entre los objetos que se pueden encontrar en Gandesa hay uniformes de soldados, botas, cascos y máscaras, así como diverso material bélico tipo municiones, bombas, granadas de mano y balas. Por último, en este museo también se muestra, mediante audiovisuales una sección que ha sido denominada “La memoria de las personas” que da a conocer testimonios de primera mano de determinadas historias personales.

Muy interesante resulta el caso del centro de interpretación de los hospitales de sangre de Batea (Tarragona) centrado en la asistencia médica del ejército popular y el franquista. Por sorprendente que pueda parecer la Guerra Civil favoreció la innovación en nuevas técnicas sanitarias, tal y como se muestra en el centro de interpretación de Batea a partir de cinco áreas. La primera de ella se denomina “Hospitales de Sangre” y en ella se explica la red sanitaria creada en torno a la batalla del Ebro. Así, mientras la República innovó para suplir las carencias que generó la guerra, el bando sublevado heredó el sistema sanitario preexistente. Otro de los ámbitos se ha denominado los “Heridos en el frente” y en él se narra cómo durante la guerra, la asistencia médica se organizó desde el frente hasta la retaguardia, por lo que también la población civil formó parte de la red sanitaria. Otra sección se ha denominado “Medicina de guerra”, donde se muestra cómo se produjo la evacuación de los heridos durante la Batalla del Ebro, cómo se innovó con tratamientos nuevos para curar las heridas de arma de fuego y cómo se organizó el sistema de clasificación de los heridos. Mediante fotografías antiguas se da a conocer, en otro ámbito, los medios de que dispuso el “Personal sanitario” para atender a las diferentes necesidades de los heridos de guerra y de la población civil que, por otra parte, se implicó en la asistencia médica. Por último, la sección “Dos unidades enfrentadas” expone las diferencias y similitudes entre los servicios sanitarios republicanos y franquistas durante la Batalla del Ebro. A partir de mapas, fotografías, paneles informativos y objetos se enseña cómo fue la organización de las diferentes necesidades médicas para atender la asistencia a las personas heridas durante el conflicto.

El centro de interpretación “Soldados en la trinchera” de Villalba de los Arcos (Tarragona) ofrece al visitante una visión muy particular sobre lo que ocurría en las trincheras. En vez de centrarse en un punto de vista estrictamente bélico, se aproxima a las vivencias personales de los soldados en la cotidianeidad de las trincheras. Éstas conformaban la línea defensiva estructurada por las tropas republicanas entre Villalba de los Arcos y la Pobla de Massaluca de la que se conservan casi 700 metros de trincheras utilizadas desde finales de julio de 1938 durante la Batalla del Ebro. El principal objetivo de este centro de interpretación es dar a conocer la importancia de las mismas en el sistema defensivo republicano y cómo éstas condicionaron la vida cotidiana de los soldados que lucharon en ellas. Todo esto se consigue a partir de los objetos expuestos que muestran las situaciones y emociones vividas por los combatientes en el campo de batalla. La exposición está configurada a partir de dos grandes áreas. La primera se denomina “Ser soldado” y en ella se explica el día a día de la contienda: cómo eran los combates, cómo se articularon las trincheras y la red que éstas crearon. Además, se incide en la importancia de la vigilancia, ya que entre los combates podían pasar horas e incluso días. Durante este tiempo los soldados vivían en trincheras y, por ello, se explica qué ocurrió en ellas a lo largo de la Batalla del Ebro. La segunda área de este centro de interpretación se denomina “Ser persona” y en ella se da a conocer cómo los soldados, además de combatientes eran individuos que vivían con miedo e incertidumbre en las trincheras. Por ello se narra cómo era la vida cotidiana, esto es, qué comían, bebían y cómo dormían e incluso cómo era su higiene personal. Unos de los aspectos a subrayar de este centro de interpretación es que pone de relieve cómo las personas que lucharon en las trincheras de Villalba de los Arcos se mantuvieron en contacto con sus familias y seres amados a través de la escritura, tal y como documentan las cartas y documentos que se han conservado.

Un caso realmente interesante es el del centro de interpretación “115 días” de Corbera d’Ebre (Tarragona) que precisamente recibe su nombre de la duración de la Batalla del Ebro. Ésta se inició en la medianoche del 25 de julio de 1938 y Corbera d’Ebre fue, posiblemente, uno de los pueblos más dañados. Por ello se ha ubicado aquí un centro de interpretación que explica qué es lo que ocurrió durante aquel centenar largo de jornadas. Se muestran aspectos no sólo puramente militares como la evolución de la batalla, los movimientos o los objetivos estratégicos de los ejércitos, sino también aspectos humanos como las consecuencias entre la población que resultó la verdadera perdedora de la contienda y que, en muchos casos, tuvo que abandonar la villa. El centro de interpretación “115 días” ofrece una información concisa a partir de un discurso ciertamente atractivo para el visitante. Para ello se han diferenciado siete ámbitos distintos. El primero de ellos se llama "La noche de San Jaime" por ser el día en el que comenzó la Batalla del Ebro, que inicia al espectador en la visita. Se continua por "El paso del río" donde se muestran cómo fueron los primeros días del conflicto y se explican los objetivos de los dos bandos enfrentados. Los dos ámbitos siguientes "Los preparativos de la ofensiva" y "115 días de combates" dan a conocer el transcurso de la batalla, las ofensivas y las contraofensivas, teniendo en cuenta los factores militares, humanos, políticos, estratégicos y territoriales. La sección quinta se ha denominado "El último día" y trata sobre el fin de la batalla y de la República. Los dos últimos ámbitos se titulan "La tierra herida" y "Rememorar, hacer futuro" donde se invita a la reflexión, a la recuperación de la memoria histórica y a la reconciliación con el pasado. El objetivo del centro es conseguir que el visitante sea consciente de que la batalla no consistió solo en una serie de acciones bélicas que se desarrollaron sobre un mapa, sino que en este territorio estuvo en juego la vida, los ideales y las esperanzas de mucha gente. Para ello se han instalado paneles explicativos, fotografías antiguas, banderas y vitrinas que exponen objetos como uniformes, botas, cascos, máscaras, hebillas de cinturones, alpargatas, platos, billetes, tarjetas de racionamientos, papel-moneda, chapas, municiones, bombas, granadas de mano, balas y diverso material bélico. Además de cinturones, botellas o cantimploras, esto es, objetos que nos remiten a las vivencias más personales de los soldados y su cotidianeidad en las trincheras mediante los enseres personales que dejaron en el camino.

El centro de interpretación “Las voces del frente” del Pinell de Brai (Tarragona) está ubicado en la primera planta del centro polivalente de la calle Mayor de la localidad. En su interior se muestra al visitante el papel que la prensa y la propaganda de ambos bandos jugaron durante la Batalla del Ebro. Sus contenidos se plantean a través de cinco ámbitos expositivos que permiten al visitante entender cuál fue la influencia de los medios de prensa y propaganda, así como los instrumentos utilizados y los mensajes ideológicos que se pretendían transmitir. Para ello, este centro de interpretación utiliza un lenguaje sencillo y claro, fácilmente comprensible para cualquier tipo de público que puede visitar los cinco diferentes ámbitos. El primero se denomina “En el interior del frente” y en él explica cómo las consignas eran fundamentales para mantener la moral y para evitar desviaciones ideológicas en los dos grandes ejércitos. Otro ámbito se ha denominado “Entre los frentes enemigos” y en él se muestra cómo el uso de la propaganda entre los dos frentes pretendía minar la moral con el fin de obtener deserciones del bando enemigo. Este método fue ampliamente utilizado en la Batalla del Ebro mediante megafonía, canciones, eslóganes e incluso con el intercambio de bienes como el tabaco. Existe otra sección denominada “Entre el frente y la retaguardia” que se ocupa de narrar la vida de los familiares de los combatientes. La comunicación entre ambas partes (mediante correspondencia, fotografías y pequeños recuerdos) era vital para mantener la moral y el espíritu de lucha de soldados en el frente. Por último, se explica cómo se vivía “En las retaguardias” donde la población civil buscaba noticias sobre el desarrollo de la batalla y las victorias en determinadas zonas. El gobierno de la República creó una amplia red de medios de comunicación (prensa, radio y cine) no sólo para atender a la elevada demanda social sino también para controlar la información, algo no tangible que, sin embargo, se plasma en diferentes objetos como folletos, periódicos, octavillas, salvoconductos, cartas o diversos documentos que quedan recogidos en Pinell de Brai.

FIGURA 5.- Vitrina con objetos y documentos expuestos en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García.

El museo de Bielsa (Huesca) divulga lo que se conoce como la Bolsa de Bielsa18 un movimiento que supuso la retirada del ejército republicano en la lucha contra el llamado bando nacional al ataque que éste último ejerció entre abril y junio de 1938 en la zona. A pesar de los esfuerzos de la sociedad civil, el ejército franquista conquistó este valle pirenaico. A raíz de esta circunstancia la suerte de las personas que habían luchado por impedir esta situación fue muy diversa, muchos acabaron en el exilio cruzando a Francia, tal y como ha quedado plasmado en numerosas fotografías. Otros acabaron en campos de concentración franceses, algunos estuvieron en prisión, hubo incluso quien volvió a Aragón y tuvo que luchar en el bando franquista y quien pasó por Cataluña para seguir defendiendo la República. Desde los años ochenta del siglo XX se han ido recopilando una gran cantidad de fotografías sobre la Bolsa de Bielsa que constituye un importante fondo gráfico con más de 20.000 documentos de muy diversas características19 . Los fondos de este museo se conforman a partir de colecciones de archivos tanto públicos como particulares. Los primeros provienen del Archivo Histórico Provincial de Huesca, del Archivo de las Administraciones Públicas de Alcalá de Henares, de la Biblioteca Nacional de Madrid y del Archivo General del Ejército de Salamanca. Los segundos proceden de fondos privados y de algunos habitantes del valle que los han donado para conocimiento del público. Estas dos vías han permitido configurar una amplia y variada colección de documentos y fotografías que han sido digitalizados, clasificados y catalogados. Así, en cuanto a fotografías antiguas el museo de Bielsa recoge las operaciones de los dos bandos, la evacuación a Francia de la población civil, el estado de los pueblos del valle tras los bombardeos y su reconstrucción por parte de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. En cuanto a documentos se pueden encontrar diarios de operaciones, partes de guerra, correspondencia, diarios personales y cartografía.

FIGURA 6.-Fragmento del diario de un soldado de los golpistas sublevados cuando se encontraba en el frente de Huesca el 5 de septiembre de 1937. Dicho diario se conserva en el Centro de Interpretación y Documentación de la Guerra Civil de Robres (Huesca). Fotografía Natalia Juan García

Por último, hay que citar el centro de interpretación de Robres en Huesca 20que está ubicado en el edificio de las antiguas escuelas. Su rehabilitación ha dado lugar a un centro de interpretación, documentación y estudios de la Guerra Civil un espacio que recupera las huellas que este episodio dejó en Aragón. Esto se consigue mediante un audiovisual y diferentes paneles que explican cómo la zona fue un importante enclave durante la contienda. De hecho, vinculados a este centro de interpretación también se han recuperado tres trincheras (Ruta Orwell, las Tres Huegas y posición de Santa Quiteria) y un búnker en Lanaja. Este centro de interpretación es un importante referente para historiadores, especialistas, estudiosos y para todos aquellos interesados en el periodo de la República, la Guerra Civil y el Franquismo porque muestra fotografías, periódicos, libros, banderas, insignias, así como cartas, documentos y diverso material localizado en la zona como cantimploras, platos, vasos, ollas o cazuelas que nos permiten acercarnos a las personas que vivieron el conflicto en Los Monegros.

Musealizar la memoria. Una vida de recuerdos, una vida llena de objetos. A modo de conclusión

Olvidar, borrar los recuerdos dolorosos, arrinconar las vivencias tristes de la memoria. Esto es lo que muchos españoles intentaron hacer después de la Guerra Civil para poder seguir con sus vidas. Era la única manera de sobrevivir al horror que habían tenido que presenciar en primera persona. El olvido como camino para algunos y tabla de salvación para otros muchos, pero principal enemigo de los historiadores, máxime con el paso del tiempo. Para no olvidar y, sobre todo, para mostrar lo que ocurrió a quienes no lo vivimos en primera persona existen diferentes recursos y uno de ellos lo constituyen, tal y como acabamos de comprobar, los museos y centros de interpretación relacionados con la guerra.

En los museos y centros de interpretación citados se exponen piezas no con la intención de convertirlas en obras de arte sino como recurso para poder reconstruir vivencias a partir de ellos y explicar con objetos tangibles lo que aconteció. De este modo exhiben testimonios materiales de la guerra en aquellos sitios que hace más de setenta años fueron trincheras, lugares de fusilamiento, refugios, prisiones o incluso campo de batalla. En la mayoría de los casos, la localización de objetos se ha llevado a cabo a partir de excavaciones arqueológicas en estos lugares, que han permitido sacar a la luz piezas de carácter bélico pero también una infinidad de enseres personales cuyo hallazgo hace que sus historias no se pierdan en la memoria. La arqueología no sólo recupera del olvido los objetos sino que nos habla de las personas que llevaban estos utensilios. Su exposición en museos y centros de interpretación nos permite reconstruir hechos y vivencias que narran historias íntimas. La mayoría de éstas nos acercan a una realidad compleja: el devenir cotidiano de los que tomaron parte en aquel suceso histórico trascendental para la historia de España, pero también para su futuro personal. Objetos que reflejan dolor, sufrimiento, miedo pero también hablan de amistad, de camaradería e incluso de amor en plena guerra. Se trata de enseres que pertenecieron a personas cuyos nombres posiblemente no aparecerán recogidos en ningún tipo de documentación -fueron intencionadamente silenciados- y por lo tanto, de difícil modo, quedarán reseñados en estudios y libros. Objetos que no escriben la Historia con mayúscula (aquella en la que se citan reyes o ministros, fechas de batallas, maniobras bélicas, estrategias o decisiones políticas de primera magnitud), pero nos ayudan a conocerla de una manera mucho más próxima, más humana y desde el punto de vista de las afecciones sociales.

No se trata de objetos de gran valor artístico, ni mucho menos económico, sino todo lo contrario, enseres humildes en cuya sencillez radica su principal valía. Objetos cotidianos, cosas sencillas propias de la incipiente sociedad de consumo que compartían una misma función: eran útiles para la gente que los llevaba. Todo lo útil que puede ser un encendedor de mecha que prendía los cigarros que consumían la espera en la trinchera. Una petaca roñosa que proporcionaba calor en las frías noches al raso. Una bota huérfana que cruzó ríos, subió laderas y, cuando la suela estaba tan desgastada que las piedras del camino se le clavaban como puntas, pidió clemencia para morir a la vera de un camino. La hebilla de un cinturón que no soportó más las bajas temperaturas del invierno, se desgastó, acabó desintegrándose y quedó tirada en el campo. Una lata de atún abierta y oxidada con la inscripción de una fecha que muchos no olvidan y cuyo contenido se compartió en una avanzadilla a cambio de un trozo de pan duro. Fragmentos de cristales de una botella que contenía el vino rancio que una noche se bebió alrededor de una hoguera. Una cuchara con la que se había compartido un insípido rancho y unas risas que, por un momento, hacían olvidar que se estaba en guerra.

Una carta doblada en un bolsillo que no hacía falta abrir porque se había leído tantas veces que sus frases se sabían de memoria pero que, sin embargo, se repasaba todas las noches cuando el resto de camaradas dormían. Una baraja de cartas que mataba el tiempo antes de que lo mataran a uno. Una fotografía medio rota de la novia con la que no había dado tiempo a casarse porque un mes antes unos militares decidieron sublevarse. Un broche femenino de poco valor mercantil, pero que tenía mucho de sentimental porque el día de la despedida había sido prendido en el interior de la chaqueta. Una caja de las pequeñas pastillas juanolas que más de una vez llegaron a salvar vidas y se convirtieron en algo tan importante como una bomba de mano, pues la tos producida por un resfriado mal curado podía ser el pasaporte directo al más allá, por lo que estas minúsculas pastillas jugaron un silencioso pero importante papel en el frente. Elementos todos que, por sí mismos, quizás no nos digan nada, pero que sirven para poner rostro y vida a algo tan deshumanizado como la guerra moderna, plagada únicamente de cifras, estadísticas y fríos datos de análisis. La labor que cumplieron éstos y otros muchos objetos cotidianos no aparece recogida en los libros, de hecho, quedaron semienterrados en la tierra como los recuerdos en la memoria. La recuperación de estos objetos perdidos que hablan de la guerra no nos dejan olvidar, sino todo lo contrario, evocan y rememoran. Así, musealizar estos objetos para su mejor interpretación por parte del público contribuye a preservar su memoria y la de las personas que los llevaban. Por ello, los museos y centros de interpretación son un recurso excelente para ayudar a recuperar la memoria colectiva de la Guerra Civil mediante piezas perdidas y objetos encontrados.


1 Este estudio se encuentra dentro de las líneas de trabajo del proyecto de investigación “Arte y memoria” dirigido por el Dr. José Prieto Martín, profesor de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza, conformado por un grupo interdisciplinar de profesores y financiado por la Fundación Universitaria Antonio Gargallo de la Universidad de Zaragoza.

2 J. J. CARRERAS ARES y C. FORCADELL ÁLVAREZ, (eds.), Usos públicos de la Historia. Ponencias del VI Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Madrid, Marcial Pons Historia-Prensas Universitarias de Zaragoza, 2003; J.CASANOVA, F. ESPINOSA, C. MIR, F. MORENO GÓMEZ, Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco, Barcelona, Crítica, 2004; F. ESPINOSA MAESTRE, “De saturaciones y olvidos. Reflexiones en torno a un pasado que no puede pasar”, en Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria Dossier de la Revista electrónica Hispania Nova, nº 7, 2007, pp. 413-440; J. CASANOVA y P. PRESTON (coords.), La Guerra Civil española, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 2008 y M. NÚÑEZ DÍAZ-BALART (coord.), La gran represión. Los años de plomo de la posguerra, 1939-1948, Barcelona, Flor del Viento, 2009.

3 J. ARÓSTEGUI, Julio y S. GÁLVEZ (eds.), Generaciones y memoria de la represión franquista, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2010.

4 M. PÉREZ LEDESMA, “La Guerra Civil y la historiografía: no fue posible el acuerdo”, en S. JULIÁ (dir.), Memoria de la guerra y del franquismo. Madrid, Taurus, 2006, pp. 128-129 y J. IZQUIERDO MARTÍN y P. SÁNCHEZ LEÓN, La guerra que nos han contado. 1936 y nosotros. Madrid, Alianza, 2006.

5 F. MORAL, Veinticinco años después. La memoria del franquismo y de la transición a la democracia en los españoles del año 2000. Madrid, CIS, 2001.

6 Algunos especialistas señalan que la memoria de la Guerra Civil resurgió en la transición cuando parte de la sociedad percibió un cierto paralelismo entre la situación de los años setenta y la década de los treinta por lo que se intentó que no se repitieran los errores del pasado. Uno de los objetivos de la transición era la consolidación pacífica de la democracia procurando que el pasado no se convirtiera en arma arrojadiza de adversarios políticos, aunque en la actualidad se piensa que no fue un proceso tan modélico como se creía, tal y como opina V. NAVARRO, “La transición no fue modélica”, El País, 17 de octubre de 2000. Para conocer esta situación en un contexto más amplio véase P. AGUILAR FERNÁNDEZ, Memoria y olvido de la guerra civil española, Madrid, Alianza, 1996 y G. GÓMEZ BRAVO y J. MARCO, La obra del miedo. Violencia y sociedad en la España franquista, 1936-1950, Barcelona, Península, 2011.

7 N. SARTORIUS y J. ALFAYA, La memoria insumisa. Sobre la dictadura de Franco. Madrid, Espasa, 1999; P. RICOEUR, La memoria, la historia, el olvido. Madrid, Trotta, 2003; J. ARÓSTEGUI Y F. GODICHEAU, (eds.), Guerra Civil. Mito y Memoria, Madrid, Marcial Pons, 2006; J. ARÓSTEGUI SÁNCHEZ (ed.), España en la memoria de tres generaciones: de la esperanza a la reparación, Madrid, Editorial Complutense, Fundación Largo Caballero, 2007; J. ARÓSTEGUI (ed.), España en la memoria de tres generaciones. De la esperanza a la reparación, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2007; J. CUESTA BUSTILL, “Las capas de la memoria”. Contemporaneidad, sucesión y transmisión generacionales en España (1931-2006)”, en Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria Dossier de la Revista electrónica Hispania Nova, nº 7, 2007, pp. 335-366; V.M. SANTIDRIÁN ARIAS, “Las cosas de la memoria (histórica)”, en Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria Dossier de la Revista electrónica Hispania Nova, nº 7, 2007, pp. 401-412 y J. MARCO y A. MARTÍNEZ RUS, “La Historia y sus Memorias”, en J. MARTÍNEZ MARTÍN, E. GONZÁLEZ CALLEJA, S. SOUTO KUSTRÍN y J. A. BLANCO (eds.), El valor de la Historia. Homenaje al profesor Julio Aróstegui, Madrid, UCM, 2009, pp. 363-370.

8 P. AGUILAR FERNÁNDEZ, Memoria y olvido de la guerra civil española, Madrid, Alianza, 1996.

9 La Ley de la Memoria Histórica está en vigor desde el 27 de diciembre de 2007. Para conocer más sobre esta ley que reconoce, amplía derechos y establece medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura remitimos a la página web http://www.memoriahistorica.gob.es/index [Fecha de consulta 8 de diciembre de 2011] en la que están involucrados los Ministerios de Ministerios de Cultura, Defensa, Interior, Economía y Hacienda, Justicia, Trabajo e Inmigración y el de la Presidencia.

10 Véase P. RUIZ TORRES, “Los discursos de la memoria histórica en España”, en Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria Dossier de la Revista electrónica Hispania Nova, nº 7, 2007, pp. 305-333, concre., p. 323. Revista digital que puede consultarse en http://hispanianova.rediris.es.

11 I.ARRIETA URTZBEREA (ed.), Patrimonios culturales y museos: más allá de la historia y del arte, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2007.

12 La bibliografía sobre este tema es ciertamente abundante. Una visión sobre el mismo se puede ver en: F. ESPINOSA, “Historia, memoria, olvido: la represión franquista”, en F. ESPINOSA, Contra el olvido. Historia y memoria de la guerra civil. Barcelona, Crítica, 2006, pp. 171-204 y S. JULIÁ, “Memoria, historia y política de un pasado de guerra y dictadura”, en S. JULIÁ (dir.), Memoria de la guerra y del franquismo. Madrid, Taurus, 2006, pp. 56-69.

13 Campos de concentración franquista en España hubo en Los Merinales y La Corchuela en Dos Hermanas en Sevilla, El Palmar de Troya en Utrera en Sevilla, Miranda de Ebro en Burgos, Castuera en Badajoz, Llevant en Mallorca, Formentera, La Isleta Gran Canaria, Lazareto de Gando en Gran Canaria, Cartuja de Porta Coeli en Valencia, Los Almendros en Alicante, Albatera en Alicante, Camposancos en A Guarda en Pontevedra, Ronda en Málaga, Betanzos en La Coruña, Horta en Barcelona, Poblenou en Barcelona, Corbán en Santander, Soria y Burgo de Osma en Soria. A este respecto véase: GONZÁLEZ CORTÉS, José Ramón, “Prisioneros del miedo y control social, el campo de concentración de Castuera”, en Hispania Nova, Revista de Historia contemporánea, 2006, nº6, revista electrónica que se puede consultar en http://hispanianova.rediris.es/6/dossier.htm.

14 Sobre los campos de concentración franquistas véase J. L. GUTIÉRREZ CASALÁ, Colonias penitenciarias militarizadas de Montijo: represión franquista en el partido judicial de Mérida, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2003; J. RODRIGO, Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria, Madrid Siete Mares, 2003; C. MOLINERO,  M. SALA y J. SOBREQUÉS i CALLICÓ, Una inmensa prisión: los campos de concentración y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo, Barcelona. Crítica, 2003; M. NÚÑEZ DÍAZ-BALART, Los años del terror: la estrategia de dominio y represión del general Franco, Madrid, Esfera de los Libros, 2004; J. RODRIGO, Cautivos: campos de concentración en la España franquista, 1936-1947, Barcelona, Crítica, 2005; J. RODRIGO, “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de franco”, en Hispania Nova, Revista de historia contemporánea, vol. 6, Separata 2006, revista electrónica http://hispanianova.rediris.es/ G. GÓMEZ BRAVO, La redención de penas. La formación del sistema penitenciario franquista, 1936-1950, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2007 y G. GÓMEZ BRAVO, El exilio interior. Cárceles y represión en la España franquista, Madrid, Taurus, 2009.

15 Las excavaciones arqueológicas de Abánades han sido realizadas por un grupo un grupo de arqueólogos y alumnos de la Universidad Complutense de Madrid que, desde finales de 2008, estudian los restos de la Guerra Civil Española en aquel campus. Desde 2010, con base en el CSIC, comenzaron a analizar otros escenarios de la guerra y la posguerra siendo uno de ellos los alrededores de Abánades. Se puede conocer la labor de este grupo de investigación en este blog: http://guerraenlauniversidad.blogspot.com/2011/06/un-museo-de-la-guerra-civil-en-abanades.html [Fecha de consulta 18 de enero de 2012].

16 El Centre de Estudis de la Batalla de l’Ebre (CEBE) y el Consorci Memorial dels Espais de la Batalla de l’Ebre (COMEBE) han desarrollado una línea de recuperación de ciertos espacios vinculados a la batalla del Ebro diseminados por los lugares donde se desarrolló la contienda. Para más información sobre la labor que desarrolla esta institución consúltese http://usuaris.tinet.cat/cebe/ [Fecha de consulta 6 de febrero de 2012]

17 Para ver imágenes centro de interpretación de la Base de Instrucción del Ejército Popular de Pujalt (Barcelona) http://www.exercitpopular.org/Castellano/c-Centre-visitants.htm [Fecha de consulta 12 de diciembre de 2011]

18 A. GASCÓN RICAO, La bolsa de Bielsa. El heroico final de la República en Aragón, Huesca, Diputación Provincial de Huesca, 2005; A. FUENTES, “Puntos de vista. Fotografías de la Guerra Civil en Huesca”, en VV.AA. Signos de la Imagen, Huesca; Diputación Provincial de Huesca, 2006, pp. 193-235 y V. PARDO LANCINA, Tiempo Destruido, Huesca, Gobierno de Aragón, 2009.

19 Toda esta documentación dio lugar a dos películas documentales. Una dirigida por Eugenio Monesma en 1995 y otra de Mirella R. Abrisqueta, Maite Cortina y José Ángel Delgado en 2008.

20 J.CASANOVA, A.CENARRO, J.CIFUENTES, M.P. MALUENDA, M.P. SALOMÓN, El pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón (1936-1939), Madrid, Siglo XXI, 1992; A.CENARRO LAGUNAS Y V. PARDO LANCINA, (eds.), Guerra Civil en Aragón. 70 años después, Zaragoza, Gobierno de Aragón, Comarca de Los Monegros, 2006; M. CONTE LABORDA y J.M. MARTÍNEZ VAL “Patrimonio y Guerra Civil en Los Monegros”, en VV.AA. Actas de las Jornadas de Patrimonio y Guerra Civil, Ceder, La Serna, 2008, pp. 185-212; R. MATEO CABALLERO, Las batallas de Lanaja, Zaragoza, Gobierno de Aragón, Comarca de Los Monegros, 2008; P. PÉREZ ESTEBAN Y J. GIMÉNEZ CORBATÓN, Morir al raso, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2008.

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