TASACIÓN DE FOTOGRAFÍA ARTÍSTICA

Rocío Alés Fernández (CV)

rocioalesf@gmail.com

RESUMEN

A pesar de que en nuestro país la introducción de la fotografía a nivel creativo y comercial haya sido tardía con respecto a otros países como EE.UU o Gran Bretaña, el panorama actual nos hace pensar en ciertos cambios a corto plazo. A nivel de oferta (artistas, galerías, ferias, festivales, comisarios) existe un crecimiento muy significativo que se traducirá en una necesaria consolidación de la demanda (coleccionismo institucional y privado). Se trata de un hecho que nos revela la importancia de contar, a nivel profesional, con las herramientas necesarias de cara a poder valorar artística y económicamente una de las principales expresiones creativa de nuestro tiempo.

Palabras clave: Tasación, fotografía, arte, mercado, valor

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Conceptos básicos de tasación artística

La Real Academia Española entiende por tasación  “la estimación de un bien o de un servicio”. Cuando extrapolamos este concepto al mundo del arte, entendemos que una tasación  constituye la fijación del precio de mercado que aplicamos a una pieza artística, en función de numerosas variables: situación del mercado artístico, situación económica internacional, modas, fuerza de mercado de la zona de venta…El resultado lo obtendremos gracias a la investigación de la pieza y su contexto, mezclando esta información con una serie de datos objetivos de índole mercantil.

En lo que a tasación de fotografía se refiere, es imprescindible tener en cuenta las particularidades propias del soporte, características que van a condicionar su catalogación y posterior tasación. Así, podemos dividir una pieza fotográfica en tres áreas concretas:

  1. El continente: soporte físico de la imagen, en el que hemos de tener en cuenta tanto el soporte como la técnica empleada.
  2. El contenido icónico: imagen como tal susceptible de ser reproducida.
  3. Contenido simbólico: el propio significado de la imagen.

No todas las obras fotográficas tendrán su valor estas tres áreas, destacando habitualmente una sobre otra en importancia. Por ejemplo, en los originales fotográficos, donde prevalecerá el proceso de creación y el valor histórico en sí mismo, destacará el aspecto físico frente al resto de áreas, ya que en ocasiones estas piezas constituyen un vestigio de técnicas fotográficas extintas. En el caso de la fotografía contemporánea, tendrá más peso el contenido icónico y simbólico, frente al aspecto material, por estar insertos en una época artística de tendencia conceptual.

Modelo de tasación fotográfica ideal

A continuación, exponemos un modelo de tasación denominada “ideal” ya que  aporta un esquema que recoge todas las variables existentes dentro del hecho fotográfico, algo que nos va a permitir aplicarlo a cualquier tipo de manifestación que esté relacionada con dicho campo de expresión. Articularíamos el modelo en cuatro fases de trabajo.

Primer paso: Catalogación

Una de las actuaciones prioritarias que hemos de llevar a cabo a la hora de tasar una obra de arte en general y una pieza fotográfica en particular, es realizar una adecuada catalogación, ya que solo de este modo vamos a disponer de todos los datos necesarios para efectuar una correcta valoración económica.

Aunque es necesario focalizar la atención en un aspecto u otro en función del tipo de fotografía, a continuación proponemos una ficha de catalogación estándar en la que se reúnen todos los campos de interés relativos a una pieza fotográfica,

  1. Autor. Creador de la imagen matriz; en el caso de desconocer su nombre exacto, lo calificaríamos como “Autor desconocido”.
  2. Titulo de la obra. Si no se sabe con exactitud, sería apropiado asignarle un titulo breve y descriptivo, especificando que no se trata del propio título de la obra.
  3. Fecha. Fecha de la toma de la imagen matriz o fecha aproximada si se desconociera. En el caso de copias, este registro se omitiría, o se especificaría que la fecha corresponde a la captación original.
  4. Procedencia. Fondo, colección pública o privada al que pertenecen.
  5. Soporte. Indicaríamos si se trata de metal, vidrio, papel o plástico.
  6. Dimensiones. Alto por ancho del total de la imagen.
  7. Formato. Puede ser panorámico, carta de visita, …
  8. Cromía. Ausencia de color, que denominaríamos como blanco y negro o monocromo, o presencia de color, denominado como fotografía en color o policromo.
  9. Técnica o procedimiento fotográfico. Daguerrotipo, calotipo, gelatino-bromuro de plata,…
  10. Intervenciones de origen. Destacar si la pieza original tiene algún tipo de retoque desde el negativo o el positivo, como virados, iluminaciones, retoques,…
  11. Anotaciones o firmas. Reseñar la presencia de posibles firmas o numeraciones escritas a mano.
  12. Estado de conservación. Destacar el tipo y grado de deterioro que la pieza presenta en el caso de que los hubiera, o indicar su óptima conservación si es el caso.
  13. Original o copia. Destacar si se trata de la imagen matriz, o en caso de copia disponer la fecha de impresión y número de la tirada, además del número total de impresiones.
  14. Difusión de la imagen. Prensa, publicidad, libros, en el caso de ser una fotografía no realizada con una intención artística; referencias en catálogos y presencia en exposiciones en el caso de obra artística.
  15. Bibliografía de la imagen. Cita de los libros en los que la pieza sea referida
  16. Intervenciones de cara a su preservación, o restauraciones. Indicar todos los procesos a los que la pieza haya estado sometida.
  17. Breve descripción de lo que representa la imagen. En este último apartado podemos destacar los elementos que observamos en la imagen, que ayuden a identificar y entender lo representado y que nos remitan al contexto social, histórico y cultural en el que se tomó la instantánea.

Segundo paso: Sistematización

El segundo paso en todo proceso de tasación es tomar una perspectiva de la fotografía como hecho global y encuadrarla en una tipología u otra, de cara a poder llevar a cabo de forma precisa la investigación de nuestro objeto de estudio.

Para ello, proponemos varias sistematizaciones para agrupar la creación fotográfica teniendo en cuenta diversos parámetros: sistematización funcional básica, donde la ordenación se ha llevado a cabo basándonos en la funcionalidad que a priori tiene la fotografía; sistematización cronológica, basadas en las diversas etapas históricas, desde la invención de la fotografía, hasta nuestros días; sistematización temática, que divide los campos en función de los temas y géneros más frecuentes, tanto a lo largo de la historia de la fotografía como en la actualidad.

Consideramos la organización cronológica como la más apropiada para abordar una tasación artística, ya que evita encasillar al autor en una categoría temática o funcional específica, importante si tenemos en cuenta como es frecuente que los artistas toquen a lo largo de su carrera numerosos palos temáticos. Además esta sistematización va a tener en cuenta el contexto del autor y su importancia dentro de este, la posesión y creación de un estilo y lenguaje original, el hecho de formar parte de un grupo artístico determinado y activo en una época histórica específica, la influencia irradiada a los contemporáneos, así como en generaciones venideras.

La sistematización cronológica estará subdividida a su vez en una serie de etapas fotográficas, dentro de cada cual pondremos el acento en diferentes aspectos necesarios a tener en cuenta en el momento de la tasación:

Protofotografía”, compuesta por algunos de los precursores del siglo XIX, los cuales ya destacaban en su época por arriesgar y jugar con las posibilidades técnicas y expresivas que les ofrecía este nuevo medio.

Fotografía antigua”, formado por los pioneros de la fotografía artística y creadores de las primeras corrientes creativas dentro del medio, el Pictorialismo o la Fotografía Directa; se valorará la participación directa en la construcción de dichos movimientos, así como la concepción de obra original fiel a los nuevos principios y su influencia en generaciones posteriores, reseñando la contribución teórica-técnica en forma de publicaciones.

Fotografía de vanguardia”, corriente que pone la fotografía al servicio de experimentos como rayogramas o fotomontajes; en estos autores se priorizará la importancia creativa y revolucionaria dentro del movimiento de vanguardia del que formaban parte, destacando su participación en exposiciones que, por su relevancia, han pasado a la historia del arte como hitos decisivos en la consolidación de un lenguaje determinado.

Fotografía moderna”, llevada a cabo por autores de multitud de nacionalidades, pero entendida como patrimonio norteamericano por el desarrollo de la misma en el seno de las grandes urbes; tiene como particularidad el uso y explotación de todos los recursos expresivos de la fotografía, el empleo de multitud de géneros, tales como el retrato, la fotografía documental, la street photography,…; elementos como la participación en exposiciones colectivas, la celebración de retrospectivas o la influencia en generaciones jóvenes de fotógrafos, serán los principales elementos tenidos en cuenta.

Fotografía contemporánea”, donde se agrupan artistas activos en la actualidad, a caballo entre el mercado primario y el secundario, en los que priorizaremos la participación en exposiciones de relevancia y presencia en ferias y galerías de prestigio internacional.

Tercer paso: Investigación (fotografía contemporánea)

Después de encuadrar nuestra pieza a tasar en una de las subdivisiones de la sistematización propuesta, es indispensable realizar una investigación general del contexto en el que la encuadramos; de este paso se desprenderán aquellos aspectos que van a poner en valor a la obra en función de su pertenencia a una etapa cronológica u otra.

Para no extendernos de forma excesiva, seleccionaremos la subdivisión de fotografía contemporánea, estudiando sus cualidades y enumerando determinados aspectos que ha de reunir  una pieza contemporánea para cotizarse al alza en el mercado secundario de fotografía.

Por norma general son obras que constituyen una ruptura con la forma de entender la fotografía del periodo anterior. A pesar de que los artistas y las creaciones que se insertan en este grupo son de índole dispar tanto a nivel geográfico como temático, tendrán como nexo de unión el concepto fotográfico en esencia, desde el punto de vista técnico y formal. Así, podríamos incluir artistas europeos como el matrimonio Becher, cuyo estilo pionero dará comienzo a la llamada Escuela de Düsseldorf, de la que forman parte artistas como Candida Höffer; artistas americanos como Helmut Newton o Robert Mapplethorpe, ambos con un concepto similar del desnudo fotográfico; Stephen Shore, al cual se le considera uno de los padres de la fotografía artística a color; además de  fotógrafos como Morimura o David LaChapelle, cuya importancia reside más en la escenografía y el concepto aportado, que la propia fotografía y soporte. Por tanto, se trata de un grupo creativo muy heterogéneo, donde sin embargo trataremos de esclarecer una serie de características comunes de cara a su valoración.

Desde el punto de vista técnico, existen dos vertientes: una más clásica y tradicional que opta por el blanco y negro empleando para ello el gelatino-bromuro de plata, y otra que se decanta por el uso del color a través del Tipo-C o Cibachrome. En general, el hecho de que una fotografía sea a color tiende a devaluar su precio, dado que su conservación es siempre más delicada; no obstante, en el caso concreto de la fotografía contemporánea, es un argumento que no altera demasiado el precio de una pieza ya que por norma general son obras de reciente factura, pudiendo tomarse medidas de forma inmediata para su correcta preservación.

En cuanto a las dimensiones y al formato, en este periodo encontraremos un gran abanico de posibilidades, produciéndose desde ejemplares de pequeño tamaño hasta obras de gran superficie, pasando por diversos formatos que van a aportan un valor añadido. Normalmente las piezas de grandes dimensiones tienden a incrementar el precio de una obra, no solo por su valor excepcional, sino por los costes de producción añadidos.

Entramos además en un momento en el que será más valiosa la posesión de la imagen y su concepto que el propio soporte, que será relegado a un plano secundario; es por ello que el concepto original/copia pierde vigencia con respecto a divisiones cronológicas anteriores (por ejemplo, durante la Protofotografía o la Fotografía Antigua). En esta tesitura las ediciones y su numeración están muy cuidadas, tomando consciencia del concepto de multiplicidad de la obra fotográfica. Así, a pesar de que el valor de una fotografía contemporánea va a residir principalmente en la imagen, las ediciones estarán más controladas de cara a evitar una devaluación de precios por saturación de mercado y por la exclusividad que demanda el coleccionista.

Si en el resto de épocas anteriores hemos insistido en el hecho de que la autoría es casi un 40% del valor total de la imagen, en este periodo el porcentaje aumenta exponencialmente, ya que se trata de fotografía de artistas, pensadas única y exclusivamente para su contemplación y deleite estético, conceptos íntimamente ligados al concepto de creador. Digamos que cada autor impone una marca registrada en su obra, marca que posteriormente el coleccionista ha de pagar. Incluso la obra de vertiente más comercial, pasa por el filtro de la autoría a la hora de ser valorada.

Por último, se valorarán más aquellas piezas cuyas fechas sean más próximas a las etapas cronológicas de producción más apreciadas por los coleccionistas.

Cuarto paso: Testigos y Datos

Una vez completados los pasos de catalogación, sistematización e investigación, hemos de comenzar la búsqueda de datos de índole objetiva que entrecruzaremos con toda la información que se haya desprendido en los pasos previos.

Para ello, el tasador ha de localizar las llamadas “obras testigo”, piezas similares a la obra que vamos a valorar en diferentes aspectos. En primer lugar, han de ser del mismo autor, teniendo además que mantener cierta relación en aspectos formales tales como dimensiones, técnica y fecha de ejecución. Por otro lado, es imprescindible que se tengan en cuenta determinadas circunstancias de índole mercantil, como precios de salida y de remate de estas obras testigo, época y lugar en la que se llevó a cabo la subasta, así como gustos y modas asociados al momento de la venta. Solo de esta manera las obras testigos podrán servirnos de referencia a la hora de establecer un precio.

Una vez que tenemos esta base comparativa, el profesional ha de valorar en que situación de calidad se encuentra la obra a tasar con respecto a las testigo, estableciendo un precio inicial que se irá modelando en función de las investigaciones previas, que nos habrán revelado si esta cumple los requisitos o no que ponen en valor a una obra, en este caso y siguiendo el ejemplo, contemporánea.


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