LA ESCULTURA FUNERARIA EN LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE BEADE (OURENSE) COMO EJEMPLO DE LA DUALIDAD EXPOLIO VS. CONSERVACIÓN DE LOS BIENES ECLESIÁSTICOS

Fabio Carreiro Lago (CV)

fcarreirolago@hotmail.com

RESUMEN

La iglesia de Sta. María de Beade (Ourense) supone una interesante muestra de la dualidad en la gestión del patrimonio eclesiástico a partir del ejemplo de sus monumentos funerarios tardomedievales, debatiéndose entre el expolio y el abandono del mismo y la conservación de éste, partiendo de la base de la utilidad de estos bienes materiales como necesarios para la Iglesia para cumplir sus funciones pero teniendo en cuenta que por su extraordinario valor, este patrimonio ha trascendido para estar al servicio de la sociedad, pudiendo además ser una fuente de riqueza con unas adecuadas políticas culturales y por tanto debiendo las administraciones públicas contribuir a su adecuada conservación.

Palabras Clave: Patrimonio eclesiástico, monumentos funerarios medievales, conservación, expolio, Beade (Ourense)

La dualidad expolio vs conservación de los bienes eclesiásticos

Todo lo concerniente al patrimonio eclesiástico es un tema siempre polémico y últimamente de candente actualidad por una pluralidad de motivos (la reciente visita del Papa Ratzinger a España por la Jornada Mundial de la Juventud, el hurto del Codex Calixtinus en la Catedral de Santiago de Compostela, los conflictos en muchos lugares de nuestro país como consecuencia de la posibilidad de inmatriculación de bienes por la Iglesia en virtud del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, etc.) y siempre como telón de fondo aparece el incalculable valor económico que podría tener ese extraordinario patrimonio histórico-artístico si se pusiese en venta, por ejemplo en el mercado del arte.

Otro aspecto de gran importancia junto al hipotético valor del patrimonio de la Iglesia, sería la gestión del mismo, entendiéndolo como la conservación de determinados objetos especialmente considerados, productos de la actividad humana en un pasado más o menos lejano. Es un aspecto muy controvertido, cuando se trata de la Iglesia. En muchos casos resulta evidente el estado de abandono en que se encuentra o es significativo el expolio al que han sido sometidas destacadas obras de arte, pero tampoco se puede ignorar la relevante y eficaz labor de un sector de la jerarquía eclesial y de muchos párrocos rurales, custodios con sus fieles de la riqueza artística excepcional de la Iglesia.

En este aspecto de la gestión y conservación del patrimonio hay que tener  siempre presente el artículo 46 de la Constitución Española que establece que “los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que fuera su régimen jurídico y su titularidad.” Por tanto a tenor de este artículo habría que tener en cuenta que los bienes eclesiásticos, que por su valor formasen parte del patrimonio histórico español, no sólo sería obligación de la Iglesia como institución encargada de conservarlos, sino que las administraciones públicas tendrían que colaborar eficazmente en ello.

Es evidente que la Iglesia necesita bienes materiales para llevar a cabo su labor, que es fundamentalmente a la luz del Código de Derecho Canónico, en su canon 1254  § 2, principalmente “sostener el culto divino, sustentar honestamente al clero y demás ministros, y hacer las obras de apostolado sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados”. En el canon 1255 se aclara además que “la Iglesia universal y la Sede Apostólica, y también las Iglesias particulares y cualquier otra persona jurídica, tanto pública como privada, son sujetos capaces de adquirir, retener, administrar y enajenar bienes temporales, según la norma jurídica”. Pero, llegados a este punto, ¿Puede mantener la Iglesia actualmente una gestión de su patrimonio adecuada para su conservación, con los gastos ingentes que esto supone y a la vez obtener el lucro necesario para lograr sus fines?

La situación es tremendamente compleja, en muchas ocasiones la Iglesia no puede mantener ciertos elementos de su patrimonio y los abandona, existen en la actualidad numerosos edificios en nuestro país que cumplieron una función religiosa y en la actualidad se encuentran en estado de ruina, en otras ocasiones se ha acudido a la venta de este patrimonio inmobiliario o en un mercado más o menos legal de arte se han introducido obras provenientes de viejas iglesias o conventos. Pero sería injusto no reconocer que también en gran medida se ha realizado un esfuerzo por tratar de mantener y conservar el patrimonio eclesiástico.

Un buen ejemplo para comprender la dualidad entre el expolio y la conservación que ha supuesto en gran medida la gestión de los bienes eclesiales podría ser, entre muchas otras la Iglesia de Santa María en Beade, un pequeño municipio de la provincia de Ourense. En el interior de esta iglesia se encuentran dos conjuntos de escultura funeraria de finales del Medievo, que por la propia tipología de las obras, al estar realizadas en granito han podido ser conservadas, pese a ciertas intervenciones muy controvertidas y que las han dañado y donde se encontraba una talla de madera de un caballero orante que se ha interpretado como parte de un conjunto funerario desaparecido que en su momento fue vendido a un anticuario de Madrid y en la actualidad se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense y no por tanto en la iglesia donde primitivamente se encontraba.

Sólo cabría añadir para una mejor comprensión dada la localización del ejemplo tomado, que el marco normativo para la gestión del patrimonio en Galicia sería por una parte el artículo 27 del Estatuto de Autonomía de Galicia, regulándose el patrimonio entre las competencias de la Comunidad Autónoma, por otra parte el Convenio de colaboración con los obispos de la Diócesis de Galicia para garantizar la conservación y promover el enriquecimiento del patrimonio artístico y documental de la Iglesia de 17 de Abril de 1985, donde se reconoce la titularidad del patrimonio histórico, artístico y documental de la Iglesia, poniéndose éste al servicio de la sociedad, asumiendo la Xunta de Galicia el compromiso de contribuir en la conservación y adecuada protección del patrimonio religioso y finalmente habría que tener en cuenta la Ley 8/1995 de 30 de Octubre de Patrimonio Cultural de Galicia, que considera a la Iglesia Católica como depositaria de una parte muy importante del patrimonio cultural de Galicia además de contemplar la colaboración de la administración pública de Galicia para contribuir a conservar este patrimonio.

Contextualización: La Iglesia de Santa María de Beade (Ourense)

Iglesia de Santa María de Beade (Ourense)

La construcción de hermosos edificios, principalmente de tipología religiosa en la comarca del Ribeiro (Ourense) entre los S. XVI y XVIII recuerda una época de enorme abundancia, de riqueza fundada en el vino, un producto que tuvo un gran valor desde tiempo inmemorial, hasta el punto de considerarse que por la comarca corrió un río de oro. Pero muchas veces lo más relevante no está a la vista, sino que se encuentra en el interior de los edificios: hermosas obras de arte en forma de objetos de orfebrería, retablos, baldaquinos o como en el objeto de este artículo, monumentos funerarios que están relacionados generalmente con ofrendas y donaciones que sirvieron para la edificación de la iglesia.

En el centro del Ribeiro, destaca la iglesia parroquial de Santa María en el municipio de Beade, considerada por Otero Pedrayo junto con sus capillas, su atrio y su Vía Crucis como uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos del paisaje  de la zona. En esta iglesia se conservan dos interesantes conjuntos funerarios y también se expolió una destacada pieza escultórica de un caballero orante, siendo muestras de la escultura funeraria de lo que cronológicamente sería el final de la Edad Media y los inicios de la Edad Moderna, cuando los principios renacentistas supusieron un cambio en la mentalidad del momento y la nobleza y el clero más acaudalados mediante sus obras pretendían ser retratados y así preservar su memoria del inevitable paso del tiempo.

Además de la prosperidad que aportaba la producción del vino en esta comarca, otro factor imprescindible para comprender la existencia de la iglesia y sus monumentos funerarios es su ligazón con la Orden de Malta o de San Juan de Jerusalén. Beade, desde el S. XV (como recoge una escritura del administrador de la encomienda de Ribadavia) fue sede de una Encomienda de la Orden de San Juan de Jerusalén. Esta Orden poseía en la villa de Beade la iglesia parroquial además de entre otras edificaciones el palacio prioral, bodegas, lagares y una cárcel.

La iglesia de Beade es un edificio en cuyo interior se aprecian sucesivos estilos arquitectónicos que explican el largo período de tiempo necesario e invertido para construir el templo tal y como lo podemos ver en la actualidad, desde el románico que se observa en la amplia nave hasta el barroco de su fachada con su torre-campanario adosada a la izquierda, con dos altos corredores de piedra con sus correspondientes balaustradas y campanas.

Una parte muy importante de las obras que se realizaron en esta iglesia, se llevaron a cabo en la segunda mitad del S. XVIII siendo abad Antonio Panduro Morales. La torre, por ejemplo, se construyó en torno a 1757, mientras que el Vía Crucis y la ermita de San Roque, reedificada sobre otra más antigua, se construyeron alrededor de 1761, a expensas de los feligreses y las cofradías del pueblo.

El alargamiento de la nave tuvo lugar más o menos en ese momento, en pleno S. XVIII. En el lado opuesto se situaría el arco triunfal de la capilla mayor que es ojivo y presenta una decoración con hojas y frutos. También aparecen ensanchados, alzados y apuntados los arcos de las capillas en los dos primeros tercios de la nave, habiendo cuatro capillas en total, en otro tiempo cubierta de artesonado de madera. Se trata de uno de los momentos de auge de Beade como centro de la Encomienda de San Juan de Jerusalén, que ya se venía produciendo desde el S. XVII con la decadencia de Ribadavia.

Breves Referencias Historiográficas

El primer autor que se conoce que mencione los monumentos funerarios de Beade es Álvarez de la Braña a finales del S. XIX, aunque su descripción es bastante pobre. Hasta Otero Pedrayo, que consideraba que la iglesia no había sido muy estudiada, a principios de los años 60 del S. XX, no se encuentra una descripción realmente interesante y detallada de la iglesia y entre otros aspectos, de los monumentos funerarios que albergaba. Finalmente cabría destacar la labor de Chamoso Lamas, que aunque comenzó en los años 40 del pasado siglo su investigación sobre la escultura funeraria en Galicia, con el objetivo de preservar el patrimonio artístico gallego y orensano, no fue hasta los años 70 y 80 cuando fructificaron sus esfuerzos con la divulgación de este particular patrimonio con la publicación de su obra “Escultura Funeraria en Galicia”.

En los últimos años los monumentos funerarios de Beade han sido objetos de algunos estudios, aunque todos parciales, sobre una escultura o autor concretos, sobre heráldica, etc. Pero ninguno suficientemente exhaustivo sobre el conjunto, como sería necesario para una adecuada comprensión de los mismos.

Monumentos Funerarios en la Iglesia de Beade

Las tipologías de enterramiento nobiliario desde el S. XIII hasta los inicios del S. XVI en Galicia eran o bien lápidas, o bien yacijas exentas o protegidas por un arcosolio, es decir un sarcófago adosado a un muro con una cubierta abovedada, como ocurre en los monumentos funerarios de la iglesia de Beade.

Los sepulcros gallegos del S. XVI son muestras artísticas muy hermosas que normalmente se realizaban por las disposiciones testamentarias del difunto que establecía donde quería ser enterrado  cómo. En cambio parece ser que la elección del artista y las consecuentes condiciones contractuales eran cuestiones que correspondían a los albaceas o a los herederos.

Lo habitual son los sepulcros de concepción horizontal, con la piedra como material de construcción –en este caso se utiliza el granito, muy común en esta comarca- teniendo en común el uso del suelo como soporte y la escasez de iconografía en el monumento. Respecto a la representación preferida del fallecido es la de yacente, pero a medida que avanza el S. XVI aparecen con la mano apoyada en la cara como durmiendo y también se dan casos singulares, más novedosos en que se representa una figura orante, lo que supone una representación más activa y se desarrollará sobre todo en el S. XVII.

La iglesia de Beade es interesante porque incorpora estas dos tipologías de representación del fallecido y en definitiva allí nos encontramos con cuatro yacijas con arcosolio formando claramente dos conjuntos funerarios diferentes, ambos del lado del Evagelio, uno en la capilla conocida como del Espíritu Santo o de San Blas, con dos enterramientos de un matrimonio, ocupando dos de las paredes de la pequeña capilla y otros dos, en este caso uno sobre el otro, en la pared de la capilla mayor, junto al altar.

La capilla del Espíritu Santo, también conocida como de San Blas, es de las dos existentes en el lado del Evangelio, la más próxima al altar mayor. Consta en la actualidad de dos lucillos renacentistas, de la primera mitad del S. XVI, monumentos que representan a un matrimonio. Asimismo la capilla cuenta con un retablo barroco del S. XVIII consagrado a San Blas con esculturas de diversa consideración.

En el remate de uno de los arcosolios, el perteneciente al varón, puede leerse en una inscripción parcialmente mutilada y que conserva cierta policromía, una alusión a la fundación de la capilla edificada mediante una donación del caballero yacente y su esposa, que luego serían enterrados en ella.

Como corresponde a estos modelos de enterramiento, ofrecen un frente labrado, con la cabecera orientada hacia el altar mayor. Además el epitafio, en el caso de la mujer, en el frente del sarcófago, como ocurre en otras sepulturas similares, comienza con “S.” (Sepultura de…), sugiriendo que el monumento fue labrado en vida de la difunta , por lo tanto se podría pensar que su muerte fue posterior a la de su marido –se desconoce la fecha- y que ella fue la encargada de la realización del monumento por la voluntad testamentaria de su esposo. Respecto a la autoría de la obra, se desconoce por completo.

Respecto a la identificación de los yacentes, se corresponde con un matrimonio formado por Beatriz Afonso de Ribeira y su esposo Vasco Rodríguez de Esposende, también conocido como Vasco Rodríguez el Viejo.

> Beatriz Afonso da Ribeira. Era hija de Roy Suárez, merino del conde de Ribadavia y de Sande (Cartelle), una especie de juez con una jurisdicción limitada y de Leonor Álvarez de Quiroga.

Por línea paterna sus abuelos eran el escuedro Roy Suárez de Tangil, vecino de Ourense, que estuvo al frente de la regiduría de la ciudad entre 1421 y 1430 y de Guiomar Méndez de Ambía. A su vez, por línea materna era nieta de García Rodríguez de Quiroga, señor de Montefurado y de María Álvarez de Losada, hija del señor de la Puebla de Sanabria. Además su familia tenía un claro vínculo con la Orden de San Jan de Jerusalén, como su sobrino, como su sobrino Pablo Vázquez de Quiroga, Caballero de la Orden, a su vez tan estrechamente vinculada a la historia del pueblo de Beade y a su iglesia.

> Vasco Rodríguez de Esposende. Como indica su apellido, probablemente su origen familiar se encontraba en Esposende, aldea muy cercana a Beade, separadas por el río Avia. Se conoce que era escudero de profesión y que fallece en 1533.

Respecto a la interpretación del monumento funerario de los señores de Esposende, habría que tener en cuenta la idea y el sentimiento de la muerte como espejo de la vida social del momento, los nobles y los ciudadanos más acomodados manifestaban su voluntad de prolongar más allá de la vida y exhibir su privilegio por medio de la solemnidad de las honras fúnebres, del lugar escogido para el enterramiento y sobre todo de las características del monumento funerario. Al diseñar los actos litúrgicos, el cortejo y el monumento funerario, estaba presente la voluntad de permanecer, de ser reconocidos después.

La ubicación de los sepulcros de la baja nobleza, como era el caso de Beatriz Afonso da Ribeira y de Vasco Rodríguez de Esposende, era normalmente en las iglesias parroquiales. En este caso se da la circunstancia que la iglesia de Beade, como iglesia de la encomienda sanjuanista tenía una importancia afectiva para la pareja ya que fue el lugar donde contrajeron matrimonio.

La representación de la difunta yace sobre una tela con numerosos pliegues y sobre dos almohadones, elemento imprescindible de las representaciones funerarias de este período.

La vestimenta es muy relevante en la representación del difunto ya que es expresión de su condición social. Generalmente las mujeres suelen vestir un hábito monjil en estas representaciones funerarias, así como suelen carecer de objetos exclusivos, la elección de la indumentaria conllevaría una cierta admiración por el modelo de vida de la orden elegida.

En este sentido, Beatriz Afonso da Ribeira aparece ataviada con un hábito de una orden religiosa, lo cual además es símbolo de humildad. En sus manos porta un sencillo rosario que aparece fruto de la extensión del rezo del rosario.

En general se podría considerar que la representación escultórica es muy parecida a otras esculturas funerarias femeninas existentes en la provincia de Ourense, especialmente guarda semejanzas con la de Sancha Bella Mosquera en la cercana iglesia de Santo Domingo en Ribadavia.

Lucillo de Beatriz Afonso da Ribeira

En el centro del frente del sarcófago y también en la parte superior del lucillo figuran un escudo partido con una torre sobre girones y cinco crecientes como símbolos de los linajes Deza y Ambía, a los que pertenecía la difunta .

La aparición de la heráldica pone de manifiesto lógicamente la importancia del linaje del fallecido. El escudo de armas aparece siempre visible. Además, la inscripción en la parte inferior normalmente, suele ser fundamental para identificar al personaje.

Tanto el lucillo de Beatriz Afonso da Ribeira como el de su esposo, Vasco Rodríguez de Esposende pertenecen al último gótico.

El fallecido es representado como yacente pero con una vestimenta que se ha interpretado como el hábito de la Orden de San Juan, cuyo collar también porta. Luce asimismo birrete en la cabeza, seguramente en consonancia con su posible condición de juez o merino de alguna localidad de la comarca, atribución que refuerza la espada que porta

La mano izquierda está sobre una espada y del cinto pende el puñal de la misericordia, con el que rematar a los malheridos. La mano derecha está junto a la cabeza. En su rostro luce una singular sonrisa.

Muestra unos largos y ondulados cabellos que descansan en dos almohadones al igual que su esposa.

A los pies, al igual que en el monumento de su mujer, reposa un pequeño león pétreo.

Lucillo de Vasco Rodríguez de Esposende

El león aparece representado a los pies de ambos difuntos. Este animal es considerado tradicionalmente como el rey de los animales, reconocido como signo de la fuerza, el poder, la luz, el sol, el oro, el verbo. Estos significados que provienen de tiempos remotos explican que el cristianismo se apropiase del león como símbolo de Cristo y la resurrección y tal es la razón de su presencia en sarcófagos cristianos.

Los bestiarios medievales otorgaron además este significado de resurrección al león porque se creía que las leonas daban a luz a los cachorros muertos y que permanecían así tres días hasta que su padre les devolvía la vida soplándoles en el hocico.

B) Monumentos de la Capilla Mayor

La capilla mayor y la sacristía de la iglesia de Beade fueron edificadas en el año 1539 con la donación aportada por Fr. Arias López Fandiño de Goyanes, comendador de Ribadavia, lo que se conoce debido a que su escudo familiar además de en su sepulcro se encuentra en las mencionadas sacristía y capilla mayor y por su característica estructura y las reminiscencias del arco del triunfo que conserva el estilo ojival, que pronto se abandonaría en la arquitectura de mediados del S. XVI.

En la capilla mayor hay dos lucillos, uno con la representación de un orante y otros elementos bajo un arcosolio con rica decoración plateresca, bajo el cual el frente del arca presenta una división en dos partes con determinadas representaciones alusivas al difunto, sobre otro lucillo sin decoración, cubierto por una losa.

En cuanto a la identificación de los titulares de estos sepulcros, parece que serían dos destacados caballeros que en diferentes etapas dirigieron la encomienda de Beade.

> Fray Ares López Fandiño de Goyanes. Se sabe que era hijo de Ares Fandiño y hermano de Beatriz López Fandiño de Goyanes, mujer a su vez de Antonio López Mosquera, descendiente de las familias Albán y Ulloa.

Fray Ares López Fandiño de Goyanes fue Comendador de la Encomienda de Beade en la primera mitad del S. XVI, coetáneo por tanto de Vasco Rodríguez de Esposende y su esposa Beatriz Afonso da Ribeira. A López Fandiño se le atribuyen la construcción del a capilla mayor y la sacristía, como probarían la presencia de su escudo familiar en estas, así como probablemente también la construcción del palacio de la Encomienda, ya que en su pórtico de acceso también se puede identificar el escudo de su familia, muy peculiar al ser portado por una sirena.

Las sirenas suelen aparecer con cierta frecuencia en las heráldicas italiana, inglesa y germánica, bien dentro del campo del escudo o bien tenantes, sosteniendo éste, pero en la heráldica española son raras, salvo en Galicia, siendo características de los linajes de los Goyanes y los Mariños.

> Fray Fernando Manuel de Ludueña. De Fray Fernando Manuel de Ludueña se sabe que fue comendador de Beade, Ribadavia y Mourenton entre 1602 y 1611, año de su muerte, por lo que tuvo que ser quién contrató a Francisco de Moure para realizar el hoy desaparecido retablo del altar mayor, del que se conservan algunas destacadas tallas de gran valor como la de San Bartolomé.

Respecto a la interpretación de este monumento, cabe considerar en lo concerniente al lucillo de Fray Fernando Manuel de Ludueña que su sepulcro fue descrito por Álvarez de la Braña como una hornacina abierta en un muro, sobre cuya losa sepulcral destacaba una imagen de piedra de rodillas, orante con un traje de los caballeros de la Orden del S. XVI compuesta por casaca, gola y espada toledana. Asimismo contenía una inscripción que decía en letras mayúsculas “Frei don Fernan Manuel Comendador de Biade. Sierbo de Dios”.

En cambio, en la opinión del Profesor Gutiérrez Pastor, la estatua a la que se refiere Álvarez de la Braña en su descripción podría ser en realidad una talla del prestigioso artista Francisco de Moure, representando al Comendador Fernando Manuel, perteneciente al retablo de la Adoración de la Virgen, que habría desaparecido como objeto de un gran expolio artístico a lo largo del S. XX ya que es descrita por Álvarez de la Braña como perteneciente a un monumento funerario, pero Chamoso Lamas en cambio se refiere a ella como que estaba conservada en la sacristía de la Iglesia. Actualmente tras el expolio del que fue objeto finalmente la propia talla, se adquirió en un anticuario de Madrid por el Museo Arqueológico Provincial de Ourense, donde se encuentra en la actualidad.

La opinión sobre si esta talla pertenecía o no a un conjunto funerario es en la actualidad discutida. En cualquier caso parece que podría ser un retrato de Fray Fernando Manuel de Ludueña. Aunque también podría representar a Fray Luis de Ayala o a Fray Juan de Guzmán, anteriores comendadores de Beade cuyos sepulcros desaparecieron en las reformas del templo del S. XVIII.

En el muro lateral del Evangelio de la capilla mayor se halla una figura orante  arrodillado sobre un cojín que viste armadura y un birrete. Sobre el almohadón aparece un libro de oraciones abierto. Detrás, aparece echado un lebrel.

Resulta bastante innovadora porque la figura del orante pertenece a la primera mitad del S. XVI y en los monumentos funerarios en Galicia no se desarrolla hasta finales del citado siglo.

En la escultura aparecen tres elementos fundamentales de la iconografía funeraria en Galicia: la vestimenta, caracterizada en este caso por ser una armadura, un almohadón situado en las rodillas del orante y un perro detrás.

Con la armadura los difuntos intentaban inmortalizar su estatus, es la idea del hombre de armas con un sentido religioso.

Respecto al perro, parece que en su posición original dejaba apoyar sobre su lomo los pies del caballero, pero actualmente se encuentra más distanciado. El lebrel alude a la caza cuando va con un hombre de armas y parece indicar una relación de cotidianeidad con el difunto así como supone también una alusión a la fidelidad. Si está con un hombre de armas se elige un perro de caza por ser este uno de los pasatiempos de los nobles.

Lucillo de Fray Ares López Fandiño de Goyanes

Bajo el arcosolio se encuentra una arca, cuyo frente se encuentra divido en dos compartimentos, separados a su vez por tres columnas con abundante decoración, representándose a un doncel en el izquierdo, hincando la rodilla derecha en el suelo y sosteniendo con la mano derecha una espada mientras porta con la otra un yelmo. El compartimento de la derecha por su parte contiene una hermosa sirena que porta un escudo de las familias a las que pertenecía el Comendador Fray Ares López Fandiño de Goyanes.

Además en el friso superior que bordea el arca puede leerse una inscripción, en letras mayúsculas con policromía negra: “S. (Sepulcro) del noble caballero Frei Ares López Fandiño de Goyanes”. Asimismo, en la parte inferior, puede leerse: “Comendador de Ribadavia y Paradinas hecha en el año (…)”, y aquí aparece mutilada la inscripción que se sabe que concluiría por la documentación existente con la fecha de 1539, es decir, el año en que fue realizada.

CONCLUSIONES

En el Ribeiro (Ourense), una de las comarcas con más personalidad de Galicia por su historia y paisaje, concretamente en la pequeña localidad de Beade, se encuentran dos conjuntos de monumentos funerarios que aunque pueden carecer de gran importancia artística representativa, participan de forma relevante en el valor testimonial del conjunto de la historia del templo.

Pese al expolio que ha sufrido esta Iglesia con la desaparición de su altar mayor a principios del S. XX y de la mencionada talla del caballero orante que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense a finales del mismo siglo, así como la realización de obras de diversa consideración y dudosa factura que han dañado los conjuntos funerarios como la apertura en los años setenta de una ventana en el lucillo de Vasco Rodríguez de Esposende y pese a la mala conservación que han sufrido estos monumentos en la actualidad son una muestra muy interesante de los enterramientos y la evolución de la mentalidad de la baja nobleza de la zona durante los inicios de la Edad Moderna.

En la actualidad, la evolución de los hábitos sociales ha provocado que confluyan los intereses en torno a los conceptos de patrimonio, ocio y turismo, pudiendo ser estos monumentos un elemento a tener en cuenta en las políticas culturales del municipio, donde existe un gran patrimonio histórico que, adecuadamente gestionado podría ser un eje a aprovechar como base para el turismo local.

El sector cultural puede que no alcance por sí solo para generar un modelo económico perdurable al menos a medio plazo, pero puede y debe ser un buen factor de desarrollo local, especialmente en pequeñas localidades rurales como Beade, donde casi siempre se conservan algunos tesoros artísticos casi desconocidos, pequeños y hermosos rastros que ha dejado a su paso la Historia.

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