La propiedad de la tierra es un problema fundamental y, en ocasiones, una de las causas del conflicto, por lo que su resolución es imprescindible para evitar que el conflicto siga latente. Es preciso facilitar a los campesinos el acceso a la tierra, garantizar los derechos legales de la tierra, y en especial a las mujeres ya que suelen ser las principales productoras de alimentos y tienen a otras personas a su cargo.

La mayoría de las actuales guerras acontecen en países pobres, donde la mayor parte de la población está formada por campesinos. La agricultura es la principal fuente de empleo y sustento y proporciona la mayor parte del producto nacional bruto y de los ingresos en divisas extranjeras. La recuperación de la agricultura resulta, pue, fundamental en el proceso de recontrucción.

Resulta positivo que desde el principio el gobierno impulse los mercados locales para facilitar productos esenciales para la agricultura (pero también la pesca, la artesanía y otros sectores de interés) y bienes de consumo básico (vestido, calzado, aseo, etc).

Es igualmente importante el apoyo a los proyectos de reactivación agrícola mediante servicios de extensión e investigación agrarias, la reparación de carreteras comarcales y sistemas de riego, la provisión de servicios veterinarios y de alimentación del ganado, la reparación o construcción de instalaciones de almacenamiento, la adopción de reformas en el sector agrícola y el reforzamiento de las capacidades institucionales de los sectores públicos y privados dedicados a la agricultura. Conviene prestar atención al acceso al crédito, vital para financiar la adquisición de semillas, abonos y otros productos.