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Observatorio de la Economía de Venezuela

Datos Básicos


PRODUCTO INTERNO BRUTO (ICM)

PRODUCTO INTERNO BRUTO (ICM)

El tamaño de la economía venezolana, de aproximadamente 135 mil millones de dólares en 2005, representa alrededor de un 5% del tamaño de la economía de América Latina y el Caribe (ALC), ésta con un PIB global de un poco más de 2 billones de dólares. La economía venezolana sólo está por detrás de México, cuyo PIB representa alrededor de 35% del PIB de ALC, de Brasil (30% del PIB de ALC) y de Argentina (7,5% del PIB de ALC), lo cual la sitúa junto con Chile y Colombia entre las seis economías de mayor tamaño de la región.

Venezuela es un país que hasta finales de los años setenta del siglo XX exhibió una entre mediana y alta tasa de crecimiento de su PIB. Si tomamos el período que comprende prácticamente todo el siglo XX (1900-96) comprobamos que la tasa anual de crecimiento de la economía venezolana se situó en alrededor de 5,9%, superior en casi dos puntos a la tasa registrada por las principales economías latinoamericanas (4,3%). Este relevante desempeño económico tuvo efectos positivos en la modernización del país, lo cual se reflejó en el incremento sostenido de: la tasa de urbanización, la dotación de infraestructura, en el mejoramiento de los indicadores de calidad de vida, como el incremento de la tasa de alfabetización, de la expectativa de vida y en el aumento del nivel de ingreso per cápita. Las tasas de crecimiento para diferentes periodos del Cuadro 1 corroboran lo dicho.

Este crecimiento consistente contrasta agudamente con lo que ha sido la evolución del PIB venezolano desde finales de la década de los setenta, caracterizado por su comportamiento irregular, signado por una alta volatilidad, lo cual refleja la pérdida de dinamismo económico y el agotamiento del modelo rentista petrolero sobre el que se ha sostenido la economía venezolana. Durante la llamada “década perdida” para América Latina (1980-1990) la tasa de crecimiento anual promedio del PIB venezolano fue negativa (-0,7%). Durante el quinquenio de 1990-1995 esta tasa experimentó un repunte de 2,8%, para luego volver a retroceder en el período 1995-2002 donde el PIB experimentó un crecimiento nulo (-0,1%) (Cuadro 2). Este errático desempeño representa la más alta volatilidad del crecimiento del PIB entre los países de la región. Venezuela exhibió una volatilidad de 5% durante el período 1981-1996, frente a 1,9% para el resto de Latinoamérica en el mismo período (Thorp, 1998) [1].

Cuadro 1. Tasa de crecimiento del PIB (diferentes períodos hasta 1981)

1900-13

1913-29

1929-45

1945-72

1972-81

1960-70

1970-80

2,3

9,2

4,2

5,7

4,7

6,0

4,5

Fuente: CEPAL (1996), Thorp (1998).

Cuadro 2. Tasa de crecimiento del PIB (diferentes períodos desde 1980)

1982-84

1985-90

1991-94

1981-96

1980-90

1990-95

1995-02

-2,7

9,2

3,0

2,2

-0,7

2,8

-0,1

Fuente: CEPAL (1996), Thorp (1998).

 

Esta alta volatilidad en el desempeño del PIB está relacionada con la respuesta característica de los agentes ante los shocks externos, fundamentalmente los provocados en los términos de intercambio del petróleo. La conseja implícita en las recetas de los organismos multilaterales: financiar un shock transitorio, ajustarse a un shock permanente, no ha sido un modelo de política económica a seguir en Venezuela. Por esta razón, los necesarios ajustes del gasto ante la caída de los ingresos petroleros no se producen, éstos se han comportado de manera rígida a la baja, con el resultado de provocar los déficits fiscales que finalmente desembocan en devaluaciones y mayores tasas de inflación, fenómenos característicos de economías con alta volatilidad en el crecimiento de su PIB. Los booms de ingresos petroleros, por el contrario, han sido frecuentemente absorbidos como un ingreso permanente, posibilitando que se produzcan sobrevaluaciones recurrentes del tipo de cambio real, lo cual le ha restado competitividad a las exportaciones no petroleras y ha encarecido relativamente los bienes y servicios domésticos que no se comercializan internacionalmente. Por esta razón, la vinculación entre los efectos monetarios generados por los cambios en los ingresos petroleros y la economía real no necesariamente se han producido en la misma dirección. Como se colige del trabajo de Sáez (2006), aunque los precios petroleros han tenido efectos reales en la economía venezolana, los mecanismos de transmisión que actúan desde los términos de intercambio a la actividad económica han resultado relativamente complejos. Adicionalmente, este efecto perverso también se deja observar, como lo apunta Haussman (2006), en el hecho que, a contracorriente de lo que cabría esperar, la productividad por trabajador y el ingreso por habitante no aumentan significativamente en los periodos de auge. En la práctica, la recuperación económica de los tres últimos años se ha producido a la par de la continua caída relativa de la productividad laboral.

El período 1995-2002, con su tasa de crecimiento de -0,1% representa incluso una volatilidad más acentuada que para períodos previos; volatilidad que también se refleja en las tasas de crecimiento del PIB desde 1999 hasta el presente (Cuadro 3 y Gráfico 1). En lo que va del presente siglo, el PIB venezolano ha estado sometido a significativas fluctuaciones con fuertes caídas durante los años 2002 y 2003. A partir del año 2004 se observa una recuperación importante del producto, la cual se mantuvo durante 2005, apoyada fundamentalmente en el fuerte aumento del gasto público, amparado en la tendencia favorable que ha mostrado la evolución de los precios del petróleo y la positiva dinámica de la economía mundial, entre otras causas, por el importante crecimiento de economías emergentes como China y la India. De los aproximadamente 55.500 millones de dólares de exportaciones venezolanas en el 2005, cerca del 90% correspondieron a las exportaciones petroleras, lo cual no quiere decir que no se produjera también un incremento significativo de la actividad económica no petrolera privada, pero ésta se produjo sobre todo a partir de la utilización de la capacidad instalada que se mantenía ociosa, la cual ya ha alcanzado niveles cercanos al tope de la capacidad productiva. Todo indica que el crecimiento del PIB se mantendrá durante el año 2006, con estimaciones que oscilan entre 6,5 y 7,5%. Aunque un poco ralentizado con respecto al año anterior, este crecimiento seguirá la tendencia de depender fuertemente del incremento del gasto público corriente, aunque también se ha incrementado el componente de gasto público destinado a inversión.

Cuadro 3. Tasa de crecimiento del PIB 1999-2006. (A precios constantes de 1997)

 

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006 (e)

Variación PIB (%)

-6,0

3,7

3,4

-8,9

-7,7

17,9

9,3

6,5-7,5

Fuente: BCV (datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve)

Gráfico 1: Tasa anual de crecimiento del PIB 1999-2006

Cuadro de texto: 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006

El fluctuante desempeño del PIB venezolano durante el periodo 1995-2005 tiene varias causas de las cuales se mencionan tres relevantes:

1) Desde finales de los años ochenta la economía venezolana fue sometida a reformas mediante la implementación en 1989 de un programa de ajuste estructural. Este programa estaba alineado con las recomendaciones salidas del Consenso de Washington, involucrando entre otras medidas: liberación de los precios de los bienes y servicios, liberación del tipo de cambio, un programa de privatizaciones, una política de apertura comercial, reestructuración y modernización del sistema tributario y del sistema financiero. Sin embargo, la aceptabilidad de estas medidas como la estrategia adecuada dirigida a cambiar el modelo rentista petrolero no se correspondió con la instrumentación de políticas sociales efectivas, que paliaran sus previsibles efectos adversos, fundamentalmente sobre la población más pobre y, por ende, con menor capacidad para proteger sus ingresos reales. Con todo, programas como la apertura comercial significaron la posibilidad de lograr una mayor inserción internacional de los productos venezolanos, lo cual permitió dinamizar algunos sectores económicos privados, encontrando éstos nuevos mercados, reflejándose en el aumento sostenido de los flujos comerciales de bienes no petroleros, especialmente hacia Colombia y el resto de los países de la Comunidad Andina de Naciones.

2) Las políticas de ajuste no consiguieron anular la vulnerabilidad característica de la economía venezolana a los shocks externos, fundamentalmente los provocados por la caída de los ingresos petroleros. Las fluctuaciones del precio del petróleo de la segunda mitad de los años noventa demostraron una vez más la fuerte dependencia de la economía venezolana a éste. El desequilibrio entre gasto e ingreso se mantuvo dentro de un entorno signado por recurrentes sobrevaluaciones del tipo de cambio real, al utilizarse el anclaje cambiario como instrumento de control de la inflación, dificultando la inserción de la producción nacional no petrolera en los mercados internacionales. En este contexto, el programa de reformas sufrió reveses importantes, como la paralización del proceso de privatizaciones y el retraso en la implementación de las reformas en el sistema tributario y financiero, agravado en este último caso por la crisis bancaria del año 1994. Esta situación estuvo acompañada de la acentuación de la caída de la inversión doméstica, manifestada desde los años ochenta (Cuadro 4). En el caso de la inversión pública, su comportamiento fue relativamente estable durante las tres décadas previas a las reformas, situándose en torno a los diez puntos porcentuales con respecto al PIB. Pero, a partir de mediados de los noventa, la rigidez a la baja del gasto público en un escenario de menores ingresos se produjo en desmedro del gasto público en inversión, el cual experimentó, en términos reales, mermas significativas, sobre todo en sectores como infraestructura, la educación y la salud. Paradójicamente el ahorro bruto total, expresado como porcentaje del PIB, se ha situado de manera consistente por arriba de los requerimientos de inversión, lo cual explica, en parte, las recurrentes “fugas de capitales” características de la economía venezolana de las últimas dos décadas del siglo XX.

Cuadro 4. Ahorro privado e inversión privada (en % del PIB) Varios periodos.

Inversión

Ahorro

Ahorro Financiero

1970-79

19,6

22,0

2,4

1980-89

9,4

11,3

1,9

1990-99

5,7

28,7

23,0

Fuente: Velásquez (2001)

La caída de la inversión privada se reflejó, entre otros aspectos negativos, en un alto nivel de obsolescencia de las maquinarias y equipos utilizados (Baptista, 2000). Así, cuando se compara a Venezuela con Estados Unidos y Chile se tiene que la edad promedio en años de los equipos y máquinas utilizados para la producción en 1980 era de 5,35 y 5,95 años para estos países respectivamente, mientras que para Venezuela dicha cifra era de 4,89 años. Por el contrario, para 1999 la situación se había revertido; mientras el equipamiento norteamericano y chileno se reponía a tasas promedio de 5,01 y 4,54 años respectivamente, la edad promedio de los equipos y maquinarias en Venezuela representaba 8,19 años (Cuadro 5). No es de extrañar entonces que se haya producido igualmente una merma significativa en la productividad por trabajador del sector formal, agravado con la baja productividad exhibida por el empleo informal, en continuo ascenso desde comienzos de los años noventa.

Cuadro 5. Edad promedio en años de los equipos y maquinarias
(Sector Privado de la economía) 1980-1999

 

1980

1985

1990

1995

1999

Estados Unidos

5,35

5,62

5,77

5,76

5,01

Chile

5,95

6,79

5,59

4,46

4,54

Venezuela

4,89

6,90

7,97

8,05

8,19

Fuente: Baptista (2000)

Desde mediados de los años noventa se corrobora que el comportamiento de la inversión ha sido más errático que el del producto, la cual es de tres a cuatro veces superior a éste (Sáez, 2006). El Cuadro 6 presenta la variación porcentual anual de la inversión total desglosada en privada y pública, observándose la alta volatilidad de ambos componentes de la inversión. El Gráfico 2 muestra la relación entre el desempeño del producto, la inversión privada y la inversión pública para el período 1996-2002 a precios constantes de 1984. Efectivamente, la inversión tanto la privada como la pública han tenido un comportamiento más errático que el producto desde 1996. Ambas variables de inversión se relacionan, en el sentido que, dada la irreversibilidad de una parte de la inversión privada, que en Venezuela según Velásquez (2001) correspondería a aproximadamente un 50% de ésta, la incertidumbre asociada a la cuestión del financiamiento del gobierno alienta su comportamiento volátil.

Cuadro 6. Variación de la inversión total, privada y pública 1996-2002.
A precios constantes de 1984

 

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

Total

-6,3

23,9

-2,5

-16,4

1,1

13,6

-22,0

Privada

-5,8

30,9

5,7

-18,0

0,9

11,9

-26,0

Pública

-6,6

18,9

-8,9

-15,0

1,2

15,1

-18,7

Fuente: BCV (datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve)

Gráfico 2. Variación del PIB, la inversión privada y la inversión pública 1996-2002. A precios constantes de 1984

Cuadro de texto: 1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002

Fuente: BCV (datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve)

3) Los primeros años de este siglo reflejan hasta ahora a una economía venezolana más dependiente del comportamiento del ingreso petrolero y, secundariamente, de la efectividad de la recaudación fiscal. La recuperación de la tasa de inversión, tal y como se observa en el Cuadro 6, sin discriminarla entre su componente público y privado, ha acusado el impacto de una mayor dinámica económica. Este escenario no ha implicado a priori el desplazamiento de inversión privada por inversión pública, pero tampoco se ha producido un proceso de efectiva retroalimentación entre ambos componentes de inversión, lo cual impulsaría aún más el crecimiento del producto. A pesar de la aparente existencia de un clima institucional desfavorable para la inversión privada doméstica, el aumento sostenido del consumo privado es un buen indicador de un entorno propicio para la realización de inversiones privadas. En efecto, esta es una variable que se comporta de manera procíclica, exhibiendo una dinámica de respuesta frente a la expansión económica de varios puntos porcentuales por encima de ésta, tal y como se observa en el Gráfico 3 para el período 1999-2005 [2].

Cuadro 6. Inversión como porcentaje del PIB 1999-2005
A precios constantes de 1997

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

Inversión/PIB

27,4

28,2

30,9

22,4

16,0

25,8

28,5

Fuente: BCV (datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve). Cálculos propios.

Gráfico 3. Variación porcentual del Consumo privado y del PIB 1999-2005
A precios constantes de 1997

Cuadro de texto: 1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005

Fuente: BCV (datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve)

Las expectativas para los próximos años parecen indicar que Venezuela se encamina hacia una economía más regulada en el nivel de las tasas de interés y el tipo de cambio, junto a un sistema de precios administrados para los rubros más sensibles en su impacto sobre la tasa de inflación. Aunado a ello, existe la percepción entre los inversionistas extranjeros que el clima para realizar inversiones en Venezuela está fuertemente influido por medidas de carácter unilateral que reflejan inseguridad jurídica y exceso de regulaciones para realizar dichas inversiones. Hay que tomar en cuenta, además, que la capacidad de absorción de gasto de la economía venezolana es limitada, por lo cual las presiones inflacionarias se convierten en una variable recurrente en épocas de boom de ingresos petroleros. La coordinación de política macroeconómica dirigida a sostener el necesario equilibrio fiscal y monetario se seguirá enfrentando al dilema de evitar la sobrevaluación del tipo de cambio real, que introduce un sesgo anticompetitivo a las mercancías exportables por la industria venezolana y encarece relativamente los bienes no transables, generando una matriz propicia para que se presente una espiral de alza de precios y salarios en desmedro del aumento del ingreso real.

En estos términos, la política económica del actual gobierno, a pesar que parte de postulados diferentes sobre el tipo de sistema económico que se persigue, fundamentado en una distribución más equitativa de las oportunidades y del ingreso, parece responder en cuanto a su acción sobre la actividad económica a orientaciones cuyos resultados fueron característicos de los obtenidos por gobiernos de las tres últimas décadas del siglo XX. Por esta razón, se estaría frente a un escenario similar a lo ocurrido en las décadas de los setenta, ochenta y noventa respecto a los cambios en el crecimiento del producto, la evolución del tipo de cambio real y la inflación, los cuales revelan un patrón característico donde las autoridades no tienen un compromiso con una estrategia de mediano plazo. De allí que, según Velásquez (2001), no resulte infrecuente una política permisiva de la sobrevaluación del tipo de cambio por períodos muy largos, lo cual prefigura un escenario donde en algún momento sobrevendrá, inevitablemente, una gran crisis, una gran devaluación y un doloroso y complejo proceso de ajuste.

Ahora bien, para que se vuelva a cumplir este escenario recurrente de la economía venezolana, la prospectiva para los precios del petróleo en los próximos años tendrá que reducirse sustancialmente a la baja. De ocurrir lo contrario y mantenerse el actual nivel de precios, aún bajo un escenario de producción petrolera por debajo del tope establecido para Venezuela por la OPEP, el margen de maniobra para lograr sostenibilidad fiscal del gobierno probablemente seguirá siendo amplio. En principio la medida de adoptar un régimen de control del tipo de cambio desde el año 2003, dificultando la salida masiva de capitales, no ha estado reñida con el compromiso de corregir periódicamente su sobrevaluación. Por otra parte, el incremento sostenido de las reservas internacionales, aunado al férreo cumplimiento de los compromisos de deuda externa, ha colocado el riesgo país en una posición muy ventajosa con respecto a posibles operaciones de endeudamiento externo. Sin embargo, se ha señalado el explosivo crecimiento de la deuda pública interna y la consiguiente carga fiscal que ésta acarrea, como una situación que puede comprometer en el mediano plazo la sostenibilidad fiscal.

Si bien las políticas públicas implementadas en los últimos años hacen énfasis en programas sociales orientados a cubrir necesidades de los pobres postergadas por décadas, se ha puesto en duda la sostenibilidad de este modelo. Por una parte, a pesar que desde la perspectiva del financiamiento del crecimiento económico, el elemento determinante es que el ahorro se genera y está disponible, el problema son los mecanismos de asignación y transmisión de ese ahorro al proceso de inversión. Por otra parte, a pesar del fuerte dinamismo mostrado por el PIB no petrolero, paradójicamente se ha venido deteriorando la base institucional que posibilitaría acciones de política económica generadas a partir de la participación y el consenso entre entes públicos y privados, trabajando de manera conjunta y armónica hacia una estrategia de crecimiento y desarrollo que sea compartida por la mayoría de los agentes económicos.

Notas

[1] El trabajo de Agenor et al. (1999) citado por Sáez (2006) que analiza las principales propiedades de los ciclos económicos en las economías emergentes presenta suficiente evidencia empírica para señalar que la volatilidad del producto varía considerablemente entre los países.

[2] En Venezuela, tomando como referencia el período 1999-2005 con valores a precios constantes de 1997 y a partir de cálculos propios se colige que el consumo privado se ha comportado en un rango que representa aproximadamente entre 55% (1999) y 63% (2005) del PIB. Véase los datos disponibles en: http://www.bcv.org.ve

Bibliografía

Banco Central de Venezuela (BCV) 2006. Información Estadística. Disponible en: http://www.bcv.org.ve

Baptista, Asdrúbal. 2000. Venezuela y su Sector Privado. Revista Gerente. Noviembre.

Baptista, Asdrúbal. 2000. Un buen número = una buena palabra. En “Venezuela Siglo XX visiones y testimonio”. Ediciones de la Fundación Polar.

CEPAL.1996. América Latina y el Caribe. Quince años después. FCE. México.

Haussman, Ricardo. 2006. El retraso económico venezolano: sus causas de fondo. Analítica Premium. No. 1. Disponible en: http://www.novedadesanalitica.com/documentos/Premium-Nro-1.pdf

Sáez, Francisco. 2006. Patrones cíclicos de la economía venezolana. En Sáez, F. y Pineda, J. (compiladores) “Crecimiento económico en Venezuela: bajo el signo del petróleo”. BCV. Caracas.

Thorp, Rosemary. 1998. Progreso, pobreza y exclusión. Una historia económica de América latina en el siglo XX. BID. Washington.

Velásquez, Efraín. 2001. El financiamiento del crecimiento en Venezuela. En “Condiciones y perspectivas del crecimiento económico en Venezuela. Foros BCV. No. 6. pp. 117-131.


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