7.8. ¿Puede tener una empresa demasiado éxito?
Esta pregunta es muy atrayente, pero está mal formulada. En primer lugar, habrá
que preguntarse ¿demasiado para quién? Para sus propios intereses es difícil que
el capital obtenga una rentabilidad que se llegue a considerar excesiva. No
obstante, a nivel general, estoy convencido de que la mayoría de los problemas
de la sociedad se deben a que hay una concentración excesiva de las riquezas, es
decir, que hay personas que no saben qué hacer con el dinero (el capital), ya
sea suyo o de algún modo puedan decidir su destino.
De forma más concreta ¿Puede perjudicar a la empresa obtener un beneficio
excesivo en un año determinado? Esta pregunta está mejor formulada y puede
llevarnos a imaginar diversas situaciones adversas que demuestran por qué es
preferible obtener beneficios razonables durante más tiempo. Según hemos visto
en 5.3, es preferible obtener 100 hoy que 10 en los próximos 10 años, pero
también se ha dicho que la rentabilidad hay que medirla en términos relativos.
Más difícil es plantear la elección entre 100 hoy y 12 los próximos 10 años o
entre 100 hoy y una sucesión que va desde 8 hasta 18 (progresión aritmética de
diferencia 2).
Supongamos una empresa que no cotiza en bolsa, a fin de evitar hablar de las
posibles perturbaciones que un beneficio inesperado podría producir, sobre todo
cuando existe la expectativa de que no se mantenga la misma tasa de
rentabilidad. En tal caso, el inconveniente de obtener un beneficio demasiado
grande, en el marco de las teorías institucionales a que nos adscribimos, puede
venir desde el aspecto fiscal. La empresa tendrá que planificar bien la
tesorería para poder pagar, llegado el momento, el impuesto sobre ese beneficio.
Pero sobre todo, el problema será de ociosidad y este es un gran problema
económico, relacionado con muchas otras variables. Si pasa el tiempo y la
empresa continúa sin reinvertir ese beneficio (dejándolo como tesorería), el
costo de la vida (la inflación) y, sobre todo, el coste de la financiación
básica (pasivos a largo plazo), harán que ese dinero pierda paulatinamente
valor. Por eso, la empresa necesita invertir y plantearse nuevas alternativas de
expansión y/o diversificación, que deberá evaluar por métodos financieros. Pero
si las alternativas son todavía más caras de lo que la empresa puede permitirse
con esos remanentes o reservas, entonces se verá obligada a endeudarse (siempre
que tenga acceso al crédito), de forma que su ratio de endeudamiento (su efecto
apalancamiento y su riesgo financiero) puede cambiar.
La otra pregunta que podríamos formular sería ¿Puede la empresa disimular el
beneficio y distribuirlo en varios ejercicios consecutivos? En la práctica, sí;
a esto se le llama "maquillar" la contabilidad (y periodificar los impuestos).
Todas las normas contables son de difícil aplicación, debido a que, siendo
generales, su aplicación a cada caso siempre conserva cierto grado de
ambigüedad. Por ejemplo, la estimación de la vida útil del inmovilizado (que
influye en el reconocimiento de ingresos por subvenciones de capital), la
estimación de valores de mercado, a efecto de reconocer correcciones
valorativas, etc. El caso de las operaciones ficticias y fraudulentas con las
empresas del grupo y asociadas, para repartir (malos) resultados entre varias
contabilidades suele terminar en catástrofe (capítulo 10).