Los problemas del sistema educativo
Escribió Enrique Ballestero (1985), en un prólogo a un manual de Contabilidad de
Costes (Iruretagoyena), que las “actitudes mágicas en la Universidad española…
podemos esperar que desaparezcan por completo cuando el estudiante vaya a la
Universidad con el único propósito de aprender, no de conseguir títulos y
diplomas [ya no tan] rentables” (1985). Este planteamiento es sin duda acertado,
pero no se puede adjudicar toda la responsabilidad al estudiante, puesto que
lleva menos tiempo que otros (por ejemplo, los profesores) u porque, en el
sistema educativo, se trata mayoritariamente de desempleados sin vocación por la
materia en que se matriculan. Cuando pensamos en las posibles soluciones, hay
que considerar un hecho consumado la voluntad instrumentalista de muchos alumnos
(sobre todo, en la nueva moral del EEES), pues éstos buscan su propio beneficio,
lo mismo que profesores (también a veces poco vocacionales), gestores y clientes
empresariales.
Tal vez por este motivo, el interesante prólogo de Ballestero ha desaparecido de
las ediciones más recientes de la obra, que ha pasado a formar parte de una
colección, dirigida por Suárez Suárez (1939-2005); tal vez se lo consideró
excesivamente crítico. También Einstein dejó un comentario en la misma línea,
olvidando que el alumno, no sólo tiene un conocimiento escaso de las
instituciones, sino que además, se ve avocado por éstas a implementar un
planteamiento oportunista. En vez de culpar al alumno, que es la parte débil,
del fracaso académico, prefiero hacer examen de conciencia o, en todo caso,
culpar a la parte fuerte: las universidades privadas y los agentes de las
grandes empresas en las universidades públicas.
Entre los problemas metodológicos que he tratado de solucionar con la
elaboración de este material, se encuentran disfunciones del propio sistema
educativo universitario; la excusa de unificar titulaciones a nivel europeo ha
llevado a las instituciones a una especie de paranoia comunitaria, llamada
Espacio Europeo de Educación "Superior" (consistente básicamente en una jugada
del sector privado contra la enseñanza pública), en la que se finge que es
posible aprobar una asignatura del tipo "normalización contable" sin tener una
mínima comprensión de la contabilidad, o que es posible comprender las finanzas
sin saber matemáticas. Todo ello incrementa la producción de títulos
universitarios, en detrimento del significado de los mismos, gracias a una
especie de leyenda acerca de la calidad en la docencia (y en la investigación).
De todos estos despropósitos que tienen lugar en la vida universitaria, algunos
alcanzan dimensiones paneuropeas y otros provienen de la imitación incorrecta y
compulsiva, en universidades masificadas, del estilo de "academia" de las
universidades de pago... y todo por falta de profesores, de estímulos verdaderos
y, en definitiva, de racionalidad en el gasto público. En algunos aspectos, las
Administraciones públicas (entre ellas, las Universidades) incurren en
despilfarro (vigilancia privada, equipos audiovisuales, libros lujosos y
pésimos, impresoras ineficientes, software de pago, jornadas de concienciación a
favor del proceso de Bolonia), cuando lo sencillo sería asignar menos alumnos a
cada profesor.
Entre las pocas cosas que puede hacer este autor para luchar contra el delirio
mercantilizador y la enseñanza "ocupacional", una de ellas es predicar con el
ejemplo. Manteniéndome al margen, en la medida de lo posible, de la
"implantación" y los "planes pilotos", me he propuesto enseñar de un modo que
sea útil y al mismo tiempo cómodo. Al elaborar estos apuntes, he tratado de
trazar un itinerario por la contabilidad y las finanzas que tenga sentido en sí
mismo y que proporcione una visión general del mundo, aunque ello ponga de
manifiesto determinados fallos del las instituciones. Con tal propósito, en este
manual se incluyen conceptos técnicos y jurídicos de contabilidad y finanzas que
complementan la comprensión de la aplicación al mundo financiero-contable de la
Teoría institucional de la empresa.