2.3.4 Teorías Alternativas del Capital Humano
Sin embargo, existen algunos autores que contradicen los resultados de la Teoría
del Capital Humano, debido a la falta de correspondencia entre educación y
remuneraciones ante un crecimiento económico, dando pie a las diferentes Teorías
Alternativas del Capital Humano. “Las críticas pueden ubicarse en dos planos: el
cuestionamiento a los supuestos en los que se basa esta teoría (crítica
interna); y el planteamiento de teorías o enfoques alternativos que matizan la
idea central de la teoría u ofrecen explicaciones alternativas (crítica
externa)” (Cuamatzin, 2006). En lo que se refiere al primer plano de críticas,
tenemos que solamente es válido el principio de la productividad marginal de los
factores si se cumplen dos supuestos: la maximización de la utilidad y la
competencia perfecta. Considerando que la educación no siempre se basa en una
inversión de los individuos, sino que se puede asumir como una decisión de
consumo: se estudia por el simple gusto de estudiar, para ampliar la cultura y
los conocimientos.
Sobre el segundo punto, es claramente evidente que la realidad hace imposible la
realización de la competencia perfecta, puesto que, en la medida que el mercado
es el único regulador de la actividad económica, es imposible que los supuestos
de la competencia perfecta se lleven al cabo. Es decir, “sobre la capacidad de
los individuos para elegir opciones; éstas están condicionadas en forma
significativa por los antecedentes socioeconómicos de las personas” (Cuamatzi,
2006). La elección de opciones no es homogénea, de tal forma unas son las
opciones de los individuos que pertenecen a la clase social de mayor ingreso, y
otras, a los individuos que pertenecen a la clase social de menores ingresos.
Por último, se observa una gran disparidad con respecto al número de egresados
del sistema educativo y el número de empleos generados por la economía, lo que
genera desequilibrios permanentes del mercado de trabajo.
2.3.4.1 Teoría del Filtro
La Teoría del Filtro o de Selección, elaborada originalmente por Kenneth Arrow
(1973) y Michael Spence (1973) en Borges (Inédito), señala que los grados
académicos y las calificaciones poco tienen que ver con el aumento de la
productividad, es más bien a través de la obtención de grados académicos y altas
calificaciones que les permite a los empleadores seleccionarlos para un
determinado puesto de trabajo, es decir, filtra hacia las empresas a los mejores
individuos. Donde los empleadores no seleccionan aquellos individuos o
trabajadores con mayor educación en el sentido de que éstos aumenten la
productividad, sino más bien, es a través de los grados académicos obtenidos por
los trabajadores mediante los cuales los empleadores hacen su primera selección,
y una segunda tiene que ver con su desarrollo dentro del puesto de trabajo. En
el caso último, nos referimos a que después de pasar el primer filtro de los
empleadores, tienen que comprobar si en verdad son aptos para realizar su
trabajo y así mantener su lugar dentro de la empresa. “En este caso, la
educación sólo sirve como filtro o mecanismo de selección para identificar y
contratar a los trabajadores que, en teoría, tienen mayores habilidades
productivas” (Cuamatzin; 2006)
Como podemos observar en la gráfica 2, las variables consideradas en la Teoría
del Capital Humano, cambian drásticamente en lo referente a un aumento de la
productividad del trabajo, pasando a segundo término, y dándole mayor
importancia a los títulos obtenidos, que sirven como credenciales de acceso a un
puesto de trabajo y por consiguiente mayores ingresos, transformándose
gráficamente de la siguiente manera:
Dentro de esta corriente se acepta que lo importante no es estudiar para ampliar
los conocimientos y adquirir habilidades y destrezas, sino que se accede a la
educación para obtener un certificado o diploma que acredite qué tan capaz se
es. Aquí es donde los defensores de la Teoría de Capital Humano contradicen el
supuesto anterior, considerando que las nuevas tecnologías incorporadas al
proceso productivo, hacen necesaria una mejor calificación del capital humano
que permita aumentar su productividad.
Dentro de este enfoque pueden distinguirse dos versiones (Morduchowicz, 2004).
Una versión débil, en la que la educación funciona como el primer criterio de
los empleadores para contratar personal sobre la base de la productividad
esperada, convirtiéndose la educación en un criterio de selección rápida. La
versión fuerte se refiere al pago elevado a aquellos trabajadores más educados,
independientemente si en el curso de las actividades su desempeño sea positivo o
negativo. No obstante persisten las criticas o cuestionamientos con respecto al
enfoque del filtro, al considerar que el empleador puede renovar sus decisiones
de aceptar o rechazar al personal contratado, en la medida que el trabajador
demuestre su capacidad en el puesto de trabajo. Lo cierto es que este enfoque no
invalida el supuesto principal de la Teoría del Capital Humano que considera que
la educación incrementa la productividad y que la educación es una inversión.