Marco Contextual
El mercado de trabajo es donde confluyen la oferta y la demanda de trabajo,
mismos que tienen como propósito principal la libertad de los involucrados, que
comprende tanto a los trabajadores como a los empleadores. Para el caso de los
trabajadores se refiere a la libertad de decidir qué tipo de trabajo aceptar o
rechazar, mientras que para el caso de los empleadores la libertad se refiere en
decidir qué producir, como también a quién contratar para ocupar un puesto de
trabajo, considerando por supuesto las habilidades y destrezas de los
trabajadores. La característica principal del mercado de trabajo consiste en la
existencia de trabajadores que prestan sus servicios, o mejor dicho su fuerza de
trabajo, en el proceso productivo, mediante un pago denominado salario, y por
otro lado, a la existencia de empleadores que demandan trabajo para llevar al
cabo el proceso productivo, que es retribuido a través de un salario (Wikipedia,
2007). Dicho acuerdo entre ambos da origen a la relación laboral, donde quedan
de manifiesto los derechos y las obligaciones tanto de los trabajadores como de
los empleadores. En este contexto también encontramos que los mercados de
trabajo tradicionalmente han sido regulados o mejor dicho influidos por el
Estado y los sindicatos, estos últimos mediante contratos colectivos de trabajo.
Ahora bien, a partir del proceso de globalización se han suscitado cambios
importantes en los mercados de trabajo; por un lado encontramos la pérdida de
participación por parte del Estado en el comportamiento del mercado de trabajo,
dejándolo al libre juego del mercado, es decir, al libre juego de la oferta y la
demanda. Y por otro lado, también encontramos la pérdida de participación de los
sindicatos en la defensa de los derechos laborales, mediante la eliminación de
los contratos colectivos de trabajo, por lo que podemos decir que en términos
generales el cambio de los mercados de trabajo en el nuevo contexto de
globalización se refiere a la desregulación (flexibilidad) del mercado de
trabajo. Asimismo encontramos que ante la liberalización de los mercados y la
competencia a escala planetaria, existe un importante crecimiento del sector
terciario, como consecuencia del nuevo patrón exportador, mientras que el sector
primario ha decrecido a partir de este nuevo escenario. “El año 2006 marcó un
hito histórico cuando el empleo global en el sector de los servicios superó al
de la agricultura. En la actualidad, los servicios representan un 40 por ciento
del empleo mundial, lo que representa un aumento en comparación con el 39,5 por
ciento registrado en el 2005, mientras que la agricultura ha disminuido del 39,5
al 38,7 por ciento” (OIT, 2007a, 3).
En este sentido, tenemos que a partir del crecimiento del sector terciario se
han generado nuevos puestos de trabajo, que si bien sirven para absorber una
gran cantidad de trabajadores, también es cierto que los nuevos requerimientos
implican mejores habilidades y más altos niveles de calificación de la fuerza
laboral, es decir, en la medida que crece el sector terciario esto ha implicado
que los puestos de trabajo que se ofrecen continuamente requieran de mejores
calificaciones, desplazando los puesto de menores niveles de calificación hacia
trabajos de menor escala e incrementándose cada día más las calificaciones para
mandos medios en adelante. Es por ello que se observa un crecimiento desigual
entre la oferta y la demanda, puesto que mientras la oferta de trabajo sigue un
crecimiento constante, la demanda de trabajo mantiene un aumento lento y en
ocasiones un decrecimiento; principalmente en los países en desarrollo en donde
la población es mayoritariamente joven y en consecuencia existe una población
importante que egresa cada año de las instituciones de educación superior.
Mientras que los países desarrollados, si bien no tienen una población joven
como en el caso de los países en desarrollo, lo cierto es que sí tienen una
población muy importante de inmigrantes, quienes llevan al cabo las labores de
menor calificación o aquellas intensivas en fuerza de trabajo. Dicha situación
ha ocasionado una precarización del empleo ante el exceso de oferta de trabajo
cada vez más calificado, desplazando a los menos calificados al desempleo o bien
al trabajo informal. Este último ha concentrado gran parte de la población
económicamente activa que no logra insertarse en el mercado de trabajo formal;
dicho sector informal ha servido como válvula de escape ante la creciente
población desempleada principalmente en el caso de los países en desarrollo, en
donde existe una población mayor de jóvenes, una desregulación del mercado de
trabajo y un crecimiento lento en la generación de empleo. En este sentido, en
el nuevo escenario de la economía mundial se considera necesario un desarrollo
económico, vía por la cual se pueda reducir la pobreza y el desempleo. Es por
ello que los países, principalmente aquellos en desarrollo, han puesto especial
atención en este tema, llevando al cabo recomendaciones de organismos
internacionales, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial,
entre otros. Por lo anterior, las economías han dirigido su atención hacia el
mercado exterior, liberalizando sus economías y flexibilizando el mercado de
trabajo, para con ello ser más competitivas en el nuevo escenario mundial, y así
permitirles participar en el mismo, y por consiguiente lograr un crecimiento
económico que se traduzca en aumento de empleo, mejores salarios y reducción de
la pobreza.