CAPÍTULO II. FORMACIÓN PARA DESPERTAR LA CONCIENCIA
Quienes tienen una visión materialista de la existencia enfocan la muerte de una
manera negativa, pues no ven razón alguna para entenderla de otra forma.
Consideran que el hombre no es sino una masa de carne mantenida con vida por
ciertas funciones físico-químicas y controlada por una consciencia puramente
cerebral; limitan la vida humana a un proceso mecánico que conoce su fin
definitivo con la parada de dichas funciones y con la aniquilación de esta forma
de consciencia. O dicho de otra manera, piensan que la muerte sólo conduce a la
nada. Además, creen que el destino de cada ser humano está determinado por el
azar y que la humanidad evoluciona únicamente bajo el efecto de un instinto
colectivo de supervivencia.
Para quienes niegan la dimensión espiritual del ser humano, todo lo que ocurre
en el escenario de la existencia es incoherente e injusto. Si piensan así, es
porque viven constantemente en el mundo de los efectos, ignorando por completo
el reino de las causas. Dicho de otra forma, no comprenden que el universo de
las ilusiones y de las apariencias en el que permanecen, procede de una Realidad
Cósmica donde reina el orden y la armonía. No son capaces de captar que lo
visible, es la proyección de lo invisible y que lo finito no es sino una
emanación de lo infinito. Prisioneros de la razón, construyen su vida sobre
bases que juzgan racionales pero que, sin embargo, son tan frágiles como los
ideales que persiguen. Ven transcurrir sus días inexorablemente, y avanzan con
angustia hacia la muerte, ese fin último que ha sido como una cruz a lo largo de
su vida.
No entienden que el destino humano sobrepasa ampliamente el intervalo consciente
que transcurre entre el nacimiento y eso que llamamos impropiamente "muerte". Un
velo cubre su razón y les impide ver lo que es evidente; que el ser humano es
dual. En efecto, posee un alma que se encarna en el niño cuando inspira por
primera vez, haciendo de él una entidad viva y consciente. En el instante en que
el hombre exhala su último suspiro, el alma se disocia del cuerpo que había
animado a lo largo de la vida terrenal y continua su existencia en otro plano,
dimensión o universo. Así, la muerte no es sino el paso de un plano de
consciencia a otro, el retorno a una condición que existía antes de la
encarnación en este mundo de materia. O dicho de otra manera, corresponde a un
renacimiento en el mundo invisible.
En el interludio consciente que discurre entre el nacimiento y la muerte, el
hombre vive su destino tratando de soportar lo mejor posible las vicisitudes de
la existencia. Desde lo más profundo de su ser, aspira a la felicidad. Sin
embargo, no sabe dónde ni cómo encontrarla. La busca en los placeres que puede
procurarle su entorno material, pero la realidad cotidiana le demuestra que
estos placeres son efímeros y dejan siempre un gran vacío interior. Este vacío
es la dimensión del abismo existente entre el alma y el cuerpo en la mayoría de
los hombres. Precisamente, para que el hombre pueda reconciliarse consigo mismo,
y volver a ser un hombre entero o integral es que se plantea “la educación
holística”, una metodología integradora, que se preocupa por aquellos
conocimientos, destrezas y competencias que servirán a los seres humanos para
desenvolverse exitosamente en su existencia terrenal, pero también de aquellos
elementos, aprendizajes y vivencias que le servirán para su crecimiento y
evolución en el plano espiritual.
Si consideramos que solo el 3% de nuestra mente corresponde al conciente y por
tanto es lo que utilizamos y existe un 97% que corresponde al inconsciente y por
tanto no utilizamos. Esto significa que vivimos prácticamente dormidos o en el
terreno del inconciente. Entonces surge la necesidad de despertar, de traer el
inconsciente a nuestro consciente, de despertar la conciencia, por lo que
conviene preguntarse ¿Cómo desarrollarnos?, ¿Qué se debe aprender para
evolucionar en esta dirección?, ¿Cuáles son los pasos a seguir?. Para esto
existen tres grandes factores de desarrollo personal como son: el uso del
sentido critico, la transformación de las emociones y la disciplina interior.
Estos factores de trabajo sobre uno mismo, en la medida que los ejercitemos
continua y prolongadamente, nos ayudaran a ir progresivamente aumentando nuestro
nivel de conciencia despierta. Les contare algo más de cada uno de ellos.