3.2. Testimonios empíricos y modelos históricos
Lo que asoma claro en los nexos entre modernización e industrialización es que
parece existir un vínculo entre innovación tecnológica y aumento de la
productividad (1992: 95-96), aunque no sea un enlace lineal, determinista y
mecánico. Por lo demás, encontramos inicios de modernización en zonas
pre/industriales que luego no dieron el “salto” hacia un mundo industrial (1992:
109). Igualmente, es probable que un cúmulo de enormes barreras en los
principios de la expansión industrial, en particular, el abastecimiento de
materias primas claves (f. i., el carbón), empujaran a agudizar el ingenio para
disminuir el tiempo de transporte (la invención del ferrocarril) y para explotar
las minas a mayor profundidad (la creación de la bomba extractora de agua). Al
respecto, es conocido que desde el siglo XVII la escasez de madera convertía a
Gran Bretaña en dependiente del carbón (1992: 96). A comienzos del siglo XVIII
las máquinas de Newcomen para succionar el agua, se empleaban como un
complemento ineludible de la explotación de las minas. Las innovaciones
introducidas por James Watt la convirtió en un medio para revolucionar el resto
de las industrias (1992: 96/97). Por ende, los inicios de la nueva tecnología de
la máquina de vapor y el ferrocarril se remontan a la industria minera del siglo
XVIII, y uno de sus principales puntos de apoyo fue a su vez el crecimiento de
Londres (cf. infra; 1992: 206).
Con una explotación más acabada de las minas se pudo solucionar el problema del
hierro. En la isla, la producción de dicho metal era pobre y no se la podía
incrementar sin elevar considerablemente los costos de producción. Con el uso
extendido del carbón, disponible en grandes cantidades y barato, la extracción y
fundición del hierro se elevó sin que se dispararan los costos. El trabajo
escapó de las limitaciones que impuso la productividad de la tierra en las
épocas pre-industriales (1992: 97). Estos dos ejemplos nos ilustran que la
máquina de vapor y el alto horno fueron resultado de una lucha agobiante contra
las fronteras que debía vencer la génesis de valores de uso.
Pero las primeras invenciones que apelaban al empleo del vapor tenían
necesidades energéticas modestas, de manera que se requería una expansión en la
escala de la producción para hacer preferibles las nuevas fuentes de energía a
la que proporcionaban los saltos de agua (1992: 98).
En otro orden de cosas, es dable constatar un fenómeno curioso. El tipo de
desarrollo que indujo la modernización en Londres fue suave y continuo (1992:
107). En el siglo XVIII, la ciudad inglesa estaba modernizada pero no
industrializada; en cambio, las áreas cuasi/industriales al estilo de Midlands
eran industriales mas no modernas (1992: 108). En dichos espacios, la producción
capitalista estaba bastante firme y avanzada; sin embargo, los salarios se
abonaban en especie, poniendo en peligro la circulación del dinero y la
expansión del mercado.