8.4. La formación de la familia
Dado que era muy difícil conservar hijos vivos y en particular, varones que
mantuvieran la descendencia patrilineal, un porcentaje considerable de las
poblaciones rurales de la Europa pre-moderna apelaban a estrategias que
afirmaban la supervivencia de herederos masculinos, arribando al punto de una
seguridad excesiva (1992: 285).
En la población de tipo “2”, de 1.000 familias 346 (es decir, un tercio) tienen
tres hijos o más. Esto implica dificultades para atender a más de un heredero
varón y un riesgo moderado de no contar con ningún heredero masculino.
En su conjunto, existen 276 padres que tienen la esperanza de que al menos dos
hijos los sobrevivan. Por ende, más de una cuarta parte de las familias se
enfrentarían con la dificultad de dotar a más de un hijo al fallecer el padre
(1992: 285). Sin embargo, había oportunidades para los retoños “sobrantes” ya
que éstos podían subsistir sirviendo en una casa ajena, aliviando a los padres
fecundos (1992: 286).
Empero, en una demografía estacionaria puede no resultar óptimo limitar los
nacimientos dado que los hijos ausentes dejarían “nichos” libres que los
descendientes de otras familias, acabarían por ocupar (1992: 287). Lo que sí
está claro es que no se puede asumir que pulsa una conexión directa entre
pobreza, ingresos, número de hijos y futuro económico de los descendientes:
habría que analizar la edad de incorporación al trabajo, la productividad con el
aumento de los años cumplidos, la clase de consumo, las alternativas reales de
labor en el mercado, etc. Bien puede suceder que, en una dinámica demográfica
estacionaria, una familia numerosa sea un beneficio para la sociedad necesitada
de mano de obra o que los hijos no sufran penurias si tienen muchos hermanos.
Cualquier comunidad no puede prescindir de hijos “sobrantes” ya que correría el
riesgo de debilitarse.
En una población en crecimiento, la natalidad excesiva conducirá a los
imprudentes a sanciones; sin embargo, la cuestión se resolverá por el retraso
del matrimonio, por el control de la fecundidad, por un aumento de la mortalidad
o por una combinación de estos factores. Otra alternativa podría ser el
desarrollo económico.