10.3. ¿Hubo limitación de nacimientos?
A pesar de que así lo hemos asumido, las pruebas no son decisivas por sí solas
de manera que se vuelve imprescindible una argumentación en profundidad (1992:
357). En primera instancia, porque modificaciones en la fecundidad no implican
restricciones en los alumbramientos. Por consiguiente, no sólo hay que mostrar
que palpita una correlación entre ambos factores sino que anida un nexo causal
(1992: 358).
En segundo término, si negamos dicha alternativa habría que imaginar f. i., que
intervino una catástrofe económica de proporciones al punto de afectar la
fecundidad, sea por desnutrición de las mujeres, sea por carencia de los
elementos impostergables para una fertilidad elevada. Esta posibilidad podría
explicar incluso por qué hacia fines del siglo XVII la mortalidad infantil fue
aguda (1992: 357, nota 25 de p. 357, nota 28 de p. 359). Sin embargo, la
hipótesis tiene algunos defectos. Por ejemplo, un cambio económico que provocara
alteraciones tan sustanciales requiere de cierto ritmo y no puede actuar tan
veloz (1992: 358). Otra insuficiencia consiste en que al menos un buen
porcentaje de localidades tendría que verse afectada por la supuesta crisis;
empero, lugares más o menos próximos a Colyton no muestran un descenso tan
perceptible de la fecundidad en el mismo período constatado. Ahora bien, la
retracción existió; las series de trigo de Exeter indican que en esta región la
vida era cara y los precios abultados coinciden con la baja en nacimientos. De
modo que, aunque no poseemos datos acerca de la situación económica en Colyton,
es dable postular que pudo haber sido un poco mejor o peor que en el condado o
en el conjunto de la isla (1992: nota 28 de p. 359).
En tercer lugar, si creemos junto con Malthus que la “pasión entre lo sexos” fue
permanente a lo largo de la historia, entonces la frecuencia de contacto entre
las parejas, sin los métodos químicos y mecánicos de control de nacimientos,
tendría que haber más hijos de los que se alumbraron (1992: 359).
Cuarto, existe una desconcertante coincidencia entre la caída en la fecundidad y
el incremento de la mortalidad infantil.
Sin embargo, a pesar de los reparos no se puede aceptar la idea de que las
sociedades pre-industriales no fueran capaces de ninguna estrategia para regular
el alumbramiento. Vastos estudios (1992: 359, 368) demostraron que en colectivos
con un bajo despliegue de cultura material (como en caso de poblaciones rurales
indias contemporáneas –1992: 358), inciden fuertes prejuicios o tabúes sobre las
relaciones sexuales durante el matrimonio (1992: 359, 427, nota 54 de p. 427),
llegándose a practicar el aborto, la adopción o el infanticidio (1992: 359, nota
51 de p. 427). Por añadidura, en dichas comunidades el delicado equilibrio entre
cantidad de habitantes, recursos y deterioro del ecosistema se restablece de
forma malthusiana (1992: 360/362, 368), id est, por fallecimientos o, entre
otros mecanismos, por una natalidad encorsetada; en definitiva, de modo exógeno
(1992: nota 32 de p. 362).
Otra manera de controlar la natalidad son las prácticas sexuales mismas (coitus
interruptus o reservatus –1992: 363/364). Puede considerarse que tales métodos
estaban disponibles desde muchos siglos antes en toda Europa (1992: 363, nota 35
de p. 363, nota 37 de p. 364) y que sólo se requerían los desencadenantes para
utilizarlos.