11. El descenso de la fecundidad matrimonial en Francia en el siglo XIX: ¿Modelo
o excepción?
11.1. Francia y sus vecinos
Nos ocuparemos del caso especial de la antigua Galia, en virtud de que existen
notorios contrastes con el resto de los países europeos (1992: 370). Por otra
parte, todavía no está demostrado si la ausencia de estrategias para el control
de la fecundidad se debe al desconocimiento de las estrategias elementales, tal
cual lo plantean demógrafos como Van de Walle y Knodel, o a una lógica
malthusiana de crecimiento (1992: 369/370).
Si tomamos como referencia a Suecia, Alemania e Inglaterra, la población
francesa del siglo XVIII creció sólo un 35 por ciento, en comparación con el 72
%, 43 por ciento y 71 % de las otras naciones (1992: 371). En el siglo XIX,
mientras las cifras para los otros países treparon hasta el 119 por ciento, 172
% y 252 por ciento, Francia apenas llegó al 38 %. En los tres Estados-testigo
hubo emigración neta. Por consiguiente, el bajo incremento demográfico en
Francia se debió a un descenso de la mortalidad (1992: 373).
Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII, en Francia la esperanza de
vida al nacer era la más baja de todas (de 24 a 27 años). Luego sube con
lentitud hasta la tercera década del siglo XIX, en que se eleva en 12, 5 años.
Por ende, la mejora de la mortalidad en naciones como Inglaterra, aunque
sustancial para ella misma, fue relativamente modesta si tenemos por horizonte
lo acaecido en la antigua Galia. Ahora bien, quizá lo único que puede explicar
que la población no adopte la figura de una pirámide con una base amplia, esto
es, no registre desarrollo, en un contexto donde el índice de fallecidos se
contrae, es que haya caído la fecundidad (1992: 375). Al menos, para 1790
estudios recientes explicitan que la declinación del porcentaje de nacimientos
es general y que afectó en especial al campo (1992: nota 7 de pp. 379/380).
Entre los siglos XVIII y XIX, la tasa de crecimiento de Francia nunca estuvo
lejos de cero puesto que los cambios en la fecundidad y en el número de decesos
se compensaron (1992: 377-378, 422, 425). A pesar de que las series construidas
por el demógrafo Van de Walle principian en 1831, demuestran que la baja en los
nacimientos fue una tendencia dominante incluso luego de que el índice de
casamientos aumentara (1992: 380). Sin embargo, a raíz del caso/Colyton, sabemos
que lo anterior no implica un control del alumbramiento en seno de la pareja
(1992: 379, 426). Por ejemplo, la edad al casarse y la proporción de quienes
permanecían célibes podía afectar, con sus oscilaciones, la fecundidad.
Si denominamos Fm al índice de “fecundidad matrimonial”, a fines del siglo XVIII
aquél era del 75 por ciento del correspondiente a una comunidad conocida con el
nombre “hutteritas”, id est, de 100 casados, 75 daban a luz. Como puede
constatarse, el índice es importante lo que sugiere que la contracción en los
nacimientos fue rápida, amplia y brusca, pudiéndose diferenciar entre la fase
previa (en la que Francia seguía los patrones europeos) y la etapa posterior.
Hacia 1870-1880, las otras naciones/testigo tuvieron Fm en descenso de manera
que la antigua Galia no era muy distinta del resto de Europa. De ahí que haya
que matizar la impresión, sostenida por Van de Walle y Knodel, respecto a que
Francia era un caso particular (1992: 382). No obstante, se plantea una
pregunta: ¿Francia era la “avanzada” de un proceso común que se extendería a
toda Europa o era la protagonista de un fenómeno sui generis? (1992: 384).
11.2. El modelo en el conjunto de Francia
Uno de los mecanismos clásicos regulatorios en las poblaciones occidentales y
europeas era el casamiento (1992: 385, 425). Si la mortalidad era muy alta o la
fecundidad baja, la nupcialidad era elevada y viceversa, dando origen a tasas
intrínsecas de crecimiento próximas a cero. Empero, en la Francia del siglo
XVIII no se suscitó lo esperable y el número de casamientos fue reducido, por lo
que la proporción de quienes no se matrimoniaban era significativa (1992: 386).
La cantidad de solteros era abultada en las mujeres, las que además fueron
aumentando la edad al primer compromiso (1992: 387). El resultado fue que Fm
descendió, pero en la segunda mitad del siglo XVIII las restricciones al
interior de la pareja menguaron y hubo una leve aceleración en el desarrollo
demográfico, acompañado de una caída de los fallecimientos.