Mercado Primario y Mercado Secundario
Un mercado primario es uno en el que un emisor coloca nuevos valores a cambio de
dinero de un comprador (inversionista). Cuando, por ejemplo, Teléfonos de México
coloca una nueva emisión de obligaciones éstas se negocian inicialmente en le
mercado primario. Cuando los inversionistas adquieren estas obligaciones
Teléfonos de México recibe dinero por este concepto. Si el emisor está vendiendo
valores por primera vez, a esto se le conoce como oferta pública inicial (OPI).
Cuando se hace una nueva emisión de valores las casas de bolsa actúan como
intermediarios entre las empresas emisoras y los inversionistas, poniendo en
contacto a unas y otros, en un procedimiento conocido como “proceso de banca de
inversión”. Este tipo de operaciones se realizan de un modo impersonal; esto
significa que el emisor en muchas ocasiones no conoce a los inversionistas que
adquirieron sus valores puesto que el contacto se realiza exclusivamente a
través del intermediario. El papel de la casa de bolsa actuando en calidad de
banquero de inversiones implica asumir diferentes grados de riesgo, dependiendo
del arreglo al que se llegue con el emisor. Más aún, en ocasiones la casa de
bolsa en su calidad de banquero de inversiones no asume riesgo alguno en la
colocación y actúa simplemente como contacto entre los oferentes y los
demandantes de los valores.
Es posible que los compradores originales de los títulos quieran venderlos para
tener nuevamente el dinero en sus manos. Cuando se realizan estas operaciones
los títulos se negocian en el mercado secundario. Las transacciones realizadas
en el mercado secundario no aportan recursos a los emisores, sino que tienen por
objeto proporcionar liquidez a los inversionistas por medio de la venta de sus
instrumentos antes de su vencimiento. La gran mayoría de las operaciones
bursátiles se hacen en el mercado secundario y, puesto que los emisores no
reciben dinero por ellas, se podría pensar que el mercado financiero cumple una
función limitada para aportar recursos a las empresas productivas. Sin embargo,
cabe resaltar que sin la existencia de un mercado secundario tampoco podría
haber un mercado primario y, como consecuencia, se dificultaría el
financiamiento de las actividades productivas y el crecimiento de la economía.
Por ejemplo, supongamos que Lucía tiene un excedente de dinero que quiere
invertir en las acciones de una nueva empresa porque sabe que estos instrumentos
le pueden permitir el aumento de su patrimonio en un futuro. Si no existiera un
mercado secundario que le permitiera a Lucía vender sus acciones en el momento
en el que ella necesitara su dinero simplemente no las compraría; ni lo haría
ningún otro inversionista. Así pues, ni Lucía podría realizar sus planes
financieros ni el nuevo negocio podría emprenderse por falta de recursos. De
esta forma, el mercado secundario constituye un apoyo fundamental para el
financiamiento de las actividades productivas.