1.3. Reformas con monopolio o predominio del sector público
La reforma de la salud cubana tuvo lugar a principios del decenio del sesenta y,
siguiendo el modelo soviético, creó un sistema nacional de salud, con cobertura
universal, gratuito, totalmente administrado y financiado por el Estado, y que
prohíbe la medicina privada. A diferencia de otros países pioneros (como en
Uruguay) Cuba carecía en vísperas de la revolución de un seguro social de
enfermedad-maternidad, pero tenía una red esencialmente urbana de hospitales
públicos, cooperativas o sociedades mutuas de atención médica, y clínicas
privadas. Todas las instalaciones y servicios fueron estatizados e integrados en
el sistema nacional, el cual extendió considerablemente sus instalaciones (con
énfasis en el área rural), así como el personal médico. A fines del decenio del
ochenta Cuba tenía los mejores indicadores de salud de la región pero el costo
del sistema era altísimo. El colapso de la URSS y el socialismo provocaron la
crisis económica y sanitaria, y la mayoría de los indicadores de salud se han
deteriorado (una excepción es la mortalidad infantil, que continúa
descendiendo), aunque el personal sanitario aún es relativamente el mayor de la
región. La crisis severa de la salud en Cuba demanda una reforma integral pero
ésta no es siquiera tema de discusión (Mesa-Lago y Pérez-López, 1999; Mesa-Lago,
2000a).
Costa Rica comenzó un proceso de integración del sistema de salud en el decenio
del setenta con el traspaso de todos los hospitales públicos al seguro social,
el cual se hizo responsable de la atención curativa a virtualmente toda la
población. Los asegurados y los casos de asistencia social (gratuitos) eran y
son atendidos sin diferencia en las instalaciones del seguro social; el
ministerio de salud conservó unidades de primer nivel en las zonas rural y
urbano marginal, así como la prevención y la política general de salud. A partir
del decenio del ochenta, el seguro social desarrolló varios programas de
colaboración con el sector privado, que abarcan aproximadamente a menos de un
quinto de la población asegurada, pero la administración y financiamiento sigue
estando a cargo del seguro social. En el decenio del noventa, se completó la
integración del sector salud, unificando los servicios de primer nivel bajo el
seguro social (que también reúne las funciones de prevención, recuperación y
rehabilitación), y descentralizando la administración; el ministerio sólo
conserva el diseño de la política de salud y la supervisión del sistema y la
promoción de la salud. Combinando el seguro y la asistencia social, Costa Rica
virtualmente cubre a toda su población y sus indicadores de salud se colocan
entre los dos más altos de la región (CEPAL, 1997; Sojo, 1998).