LA UNIDAD NACIONAL
1984
Un serio deterioro está sufriendo la base material de la economía mexicana, cuyo
efecto primordial está siendo la degradación de las condiciones de vida material
de miles de pobladores de nuestro país, a la vez que se observa que la crisis se
vuelve incontrolable porque el país aparece desprovisto de una política de
desarrollo que carece de las más elementales propuestas de política económica
que dé solución a los problemas a largo plazo, puesto que la existente sólo se
preocupa de controlar los desequilibrios de corto plazo, paliando levemente una
crisis estructural que requiere para su solución de cambios que den nacimiento a
nuevas condiciones y nuevas circunstancias.
El presidente de la República ha hecho muchas veces el llamado a la unidad
nacional para resolver en forma conjunta la crisis y comprometer a todos los
mexicanos a aceptar los sacrificios que esto implica, pero es bien cierto que no
a todos afecta igual la crisis; es cierto que el país está dividido en clases
sociales determinadas por la posición que ocupa cada mexicano en el aparato
productivo. Unos son empresarios y otros obreros. Unos son dueños y otros no
tienen nada. Lo que para unos es bueno, para otros es malo, por eso la tan
llevada y traída teoría de la unidad nacional es engañosa y sólo provoca que el
sector más poderoso económicamente imponga, a través del Estado su “proyecto de
desarrollo”, subordinando al mismo al sector más débil y obligándolo a aceptar
sus condiciones y lo que es peor, bajo su propia voluntad.
En 1940, ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, esta consigna de la
Unidad Nacional fue lanzada por el entonces Presidente Manuel Ávila Camacho, con
el fin de unir a todos los mexicanos en un sólo frente para combatir el avance
del fascismo. Pactar la Unidad Nacional sirvió para que el gobierno y
empresarios obligaran a los obreros a aceptar sus condiciones y así subordinar
los intereses de estos en pro de los de aquellos, argumentando que no aceptar
sería ir en contra del interés nacional. No por nada en la época de guerra se
deterioró en un 50% el salario de los trabajadores, se intensificó la
explotación de la fuerza de trabajo, se amplió extraordinariamente la producción
manufacturera (gracias a una intensificación en el uso de la fuerza de trabajo o
sobreexplotación), se elevó a sus más altos niveles la acumulación de capital y
el movimiento obrero organizado recibió uno de los más duros golpes de los que
incluso no alcanza a recuperarse hoy.
Si debemos unir al país en un sólo frente, debe existir una idea clara de lo que
quiere y una equidad y justeza para que todos salgamos beneficiados y no, en
aras de un pacto nacional, para salvar la crisis lesionar los intereses de las
grandes mayorías del país.