TASAS DE INTERÉS Y DESACELERACIÓN ECONÓMICA
1993
Según las estimaciones de los estrategas gubernamentales, para este año y el
próximo la economía nacional debería estar creciendo a una tasa del 6 por ciento
anual. Por desgracia esto no sucede ni sucederá el año que viene. La razón es
muy sencilla: no existen las condiciones para un despegue de tal magnitud. A
pesar de que hace dos años se alcanzaron tasas de crecimiento de hasta el 4 por
ciento, ese dinamismo se ha perdido. Un poco involuntariamente, otro poco
intencionalmente. A partir del año pasado la economía entró en un proceso que el
gobierno llamó “desaceleración” y los menos optimistas “recesión”. Como quiera
que se le llame, lo cierto es que el acelerado ritmo de crecimiento puso en
riesgo el control sobre variables económicas de cuya estabilidad depende la
estabilidad del país en su conjunto.
En buena medida el proceso de desaceleración” ha sido impulsado por las
autoridades monetarias a través del control de la liquidez, el crédito y la
demanda. en este sentido ha jugado un papel fundamental el manejo de las tasas
de interés y las restricciones para conseguir créditos. Justamente es una de las
razones por las cuales se espera que la economía no pueda crecer por encima de
2.5 por ciento este año por el elevado costo del dinero. Es decir, las tasas de
interés se mantendrán durante todo el año a niveles que desestimularán la
inversión y los gastos en consumo personal. Esto, dicho así, puede parecer un
contrasentido, si lo que necesita el país es, precisamente más inversiones para
crecer. Sin embargo, el crecimiento no se puede dar sobre bases inestables o de
plano ficticias. Lo que en realidad sucede es que el ahorro (tanto interno como
externo) captado dentro del país, es insuficiente para sostener un crecimiento
de la economía. Esto revela un problema estructural a nivel interno. La
inmadurez económica del país para generar recursos suficientes para auto
regenerar el crecimiento. Pero también revela la insuficiencia de los recursos
que han llegado del exterior para financiar el crecimiento. Esto, a pesar de que
las cifras de captación de ahorro externo en los últimos años no tiene
precedente. Lo anterior resulta preocupante por dos razones. Primero, al ser
insuficiente el ahorro interno para financiar la inversión, el crecimiento pasa
a depender de manera importante del ahorro interno. Segundo, si hasta el momento
los amplios flujos de ahorro externo que han llegado al país no han sido
suficientes para generar un proceso sostenido de crecimiento (cuanto más se
necesita y a qué precio habrá de conseguirse). Para poder seguir captando ahorro
(externo e interno) es preciso mantener niveles de tasa de interés real
positivos y por encima de los niveles internacionales. Esto significa que las
tasas de interés nominales internas se mantendrán a su nivel o al alza en todo
lo que resta del año. Ello atraerá capitales, estimulará el ahorro interno y, de
paso, mantendrá sin “sobrecalentamientos” la economía del país.
Sobrecalentamientos que se manifiestan en el crecimiento excesivo de los precios
y mayores desbalances en los déficits del sector externo. La búsqueda del
equilibrio y la estabilidad propician que la economía muestre este irregular
dinamismo que a simple vista no se entiende. Otros medios podrían ser usados
para manejar la economía con menos sacrificios. Sobre todo en esta época en que
se requieren más empleos más demanda e inversión. Pero la fórmula keynesiana
todavía sigue guardada como un castigo de la historia. La pregunta que ya
podemos irnos haciendo es: ¿las elecciones presidenciales obligarán a recurrir a
esas fórmulas con el fin de asegurar algunos millones de votos? La demanda clave
a satisfacer antes y después de las elecciones será más empleo y más salarios.
Saque usted sus conclusiones.